Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de enero de 2012

"Sonata de estío": "no eres la Marquesa de Bradomín".

Bosque de palmeras

Comentario a mi lectura de las páginas 160 - 175 de la "Sonata de estío", de Valle Inclán. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Retomo mi lectura donde la dejé. La Niña Chole alarga la mano al marqués, "para correr unidos". Salgo, salen, de un bosque de palmeras. Damos, dan, vista a una tablada "tumultuosa". ¿Tablada? La RAE me indica que es un lugar donde se reúne al ganado. Ahora me explico el ruido, tanto de animales como de seres humanos. Ni siquiera la llanura puede con su alma y  parece jadear ante el "eco retozón de los cencerros", las "apuestas y decires chalanescos" y el "marcial y fanfarrón estrépito de trotes y de colleras, de fustas y de bocados".



Se ven rodeados de una "monstruosa turba de lisiados", compuesta por "ciegos y tullidos, enanos y lazarados". El marqués y la Niña les arrojan monedas para quitárselos de encima y contemplan con desprecio, sin ninguna empatía, la desesperada lucha por atraparlas:

"... nos acosaban, nos perseguían, rodando bajo las patas de los caballos, corriendo a rastras por el camino, entre aullidos y oraciones, con las llagas llenas de polvo, con las canillas echadas a la espalda, secas, desmedradas, horribles. Se enracimaban golpeándose en los hombros, arrancándose los chapeos, gateando la moneda que les arrojábamos al paso."


Estas líneas, tan tremendas,  me llevan  a Mari Gaila, la de "Divinas palabras". aunque ella difícilmente podría participar en esa "astrosa turba", con su Laureaniño a cuestas.

Mari Gaila con Laureaniño (Vilanova de Arousa)

Llegan al jacal de un liberto negro. Su mujer fue doncella de la Niña Chole y se deshace en amabilidades serviles. Les hacen sentar y ellos se quedan de pie. Se miran y comienzan a contarles a la vez lo de unas lindas potricas blancas que tiene un jarocho, algo se traen entre manos. La Niña es caprichosa, quiere verlas, va a salir. No, le dicen, que "está muy calurosa la sazón". Irá el marqués con el antiguo esclavo.
Jacal
El liberto le sigue entre la multitud.  Le cuenta una y otra vez las infidelidades de su esposa: "¡Ella toda la vida con hombres, amito! ¡Una perdición!... ¡Y no es con blancos, niño! ¡Ay, amito, no es con blancos!... A la gran chiva se le da todo por los morenos". No le duele la afrenta de hacerle cornudo, le duele la baja elección que su mujer hace. El viejo marqués añade, con sorna, que Saint Simon lo alabaría...

Recorre toda la feria junto al "cornudo consentido". Criollos que beben y cantan, guitarras españolas, lamentos de
guajiras, mercaderes chinos; mas ni rastro de las jacas blancas. La que sí aparece por allí es la Niña; se aburría y ha salido, estuvo apostando en un reñidero de gallos y perdió.
Pelea de gallos
Vuelve la cabeza, señala a un bello y rubio adolescente´como su "acreedor ". Sí, el mismo del barco; aquel príncipe ruso que asía a un grumete por la cinturilla, el que honraba a Hebe y a Ganimedes.
El ruso sonríe y explica:
 "Antes de apostar, esta señora me advirtió que no tenía dinero. Entonces convinimos que cada beso suyo valía cien onzas: Tres besos ha jugado y los tres ha perdido."
"¡Yo pagaré! ¡Yo pagaré!" exclama la Niña Chole.
El marqués, enfadadísimo, convierte  las palabras en látigo : "Esta mujer es mía, y su deuda también." Y se aleja, arrastrándola. Ella murmura bajito: "¡Oh, qué gran señor eres!" Él no contesta, ella llora en silencio y exclama "con un sollozo de pasion infinita": "¡Dios mío! ¡Qué no haría yo por ti!".
Unas avejentadas mujeres indias, venden fruta a la orilla del camino.
"Eran viejas de treinta años, arrugadas y caducas...sus senos negros y colgantes recordaban las orgías de las brujas y de los trasgos. Acurrucadas al borde del camino... medio desnudas, desgreñadas, arrojando maldiciones sobre la multitud, parecían sibilas de algún antiguo culto lúbrico y sangriento."
 ¿Llegará  la Niña Chole a estar así? No hay cuidado, la pasión de un Bradomín se apaga pronto. No, nunca la verá arrugada. En su memoria será eternamente joven.
Llegan al jacal, hay que herrar a un caballo, el marqués grita a un criado. La Niña , asustada, le acaricia la frente "con dedos de hada" y  pregunta zalamera: "¿Serías capaz de matarme si el ruso fuese un hombre?"
Él contesta que no. Tampoco mataría al ruso. ¿Acaso la desprecia? La respuesta no puede ser más cruel: "Es que no eres la Marquesa de Bradomín".
Indecisa, sus labios tiemblan.  Le acaricia los cabellos, tal vez sus dedos consigan el perdón. El de Bradomín se ve a sí mismo como muy indulgente. "Curiosa y perversa", su pecado es femenino y bíblico, el de la mujer de Lot. No, no la convertirá en estatua de sal.
Porque  si ahora la justicia divina es más indulgente, proclama cínicamente, él no va a ser menos. Y murmura sonriente: "no sé qué bebedizo me has dado que todo lo olvido". Ella repone, sonrojándose: "Es porque no soy la Marquesa de Bradomín". Y espera de él una disculpa que no llega, un beso en la mano ya es desagravio... Ella no acepta ese gesto, llora. En el momento de partir, ya va más serena.


En el rojo y polvoriento camino, hay unos jinetes apostados. La Niña Chole reconoce al más fiero, es el temido General Bermúdez, su esposo-padre. Lanza un grito, se arroja a tierra, implora perdón así:
"Vuelven a verte mis ojos!... ¡Mátame, aquí me tienes! ¡Mi rey! ¡Mi rey querido!"

El marqués dice sentirse conmovido al verla asirse de las riendas del jinete, para defenderle. "Desolada y trágica" le ofrece una " postrera muestra de amor". El general se conforma con lanzarle una mirada sañuda. Alza el látigo sobre la Niña Chole y le cruza el rostro. Gime y nos deja de piedra cuando la oímos otra vez lo de : "¡Mi rey querido!"

La alza del suelo y la asienta en la silla. "Como un raptor de los tiempos heroicos", huye lanzando "terribles denuestos".

¿Y qué hace el de Bradomín entre tanto? Pues...nada. "Pálido y mudo" contempla la escena. Y confiesa: "hubiera podido rescatarla , y sin embargo, no lo hice".

Y habla de arrepentimiento; que  la Niña Chole, por hija y por esposa, pertenece al Bermúdez. ¡Obsceno disparate! Y que su pobre corazón se humilla "resignado acatando aquellas dos sagradas potestades." Ahora ironiza con  escrúpulos religiosos. él tan irreverente... ¿Hay alguien  que pueda ver con  benevolencia a  este personaje? 
"Desengañado para siempre del amor y del mundo" galopa con su gente. Atraviesa un paisaje desértico en sintonía con el vacío que lleva dentro, viendo "eternamente en la lejanía el lago del Tixul". Nuestro protagonista expiará su falta...
"Sobre la arena caliente se paseaban los lagartos con caduca y temblona beatitud de faquires centenarios, y el sol caía implacable requemando la tierra estéril que parecía sufrir el castigo de algún oscuro crimen geológico."
Desierto mexicano
Horas y horas de "horizonte blanquecino y calcinado", los párpados pesan, hacen falta ánimos para "espolear el caballo", el "verdeante" Tixul siempre parece estar muy lejos...ya se percibe el "almizclado olor de los cocodrilos", lo cruzan...Es un lago encantado con sus "islas flotantes de gigantescas ninfeas". Acechan los cocodrilos...
Ninfea mexicana
Se pone el sol "entre presagios de tormenta". El terral sopla con furia. Pasan bandadas de buitres. Los relámpagos dan una visión temblona del paisaje. LLueve y las hogueras se agitan o menguan. Está entre "parajes quiméricos de las leyendas penitentes". Ahora le toca penitencia al señor marqués.
Cesa el aguacero. Pasan la noche entre gente extraña, "mitad bandoleros y mitad pastores". La luna deja caer "la tenue sonrisa de su luz". Ladridos, voces de pastores, ovejas, olor a establo, esquilas, fogatas... "el humo de los rústicos y patriarcales sacrificios".
"Entre las lenguas de la llama" ve danzar desnuda a la Niña Chole. Su carne flaca se estremece de celos y de cólera. Está "arrepentido de no haber dado muerte al incestuoso raptor". Llama al indio, han de ponerse en camino, su hacienda de Tixul sólo está a dos horas de camino.
 Llega a sus dominios, le recibe emocionado Brión, el mayordomo,  "un antiguo soldado de Don Carlos, emigrado después de la traición de Vergara" . Se acuesta rendido pero no duerme, el recuerdo de la Niña Chole le desvela, surge "ingrávido, funambulesco, torturador". Ladridos, voces, el galope de un caballo, escopetazos, golpes de azada en el huerto. Lo habrá soñado.

 A la mañana siguiente, Brión le comunica, con los ojos llenos de lágrimas, que han matado al capitán de los "plateados". Secuestraron  a una criolla  y la dejaron desmayada en el camino. Si quiere verla, él la trajo hasta aquí, puede verla en el huerto.

En una hamaca estaba tendida la criolla, al verlo lanza un grito: "¡Mi rey!... ¡Mi rey querido!"

Él le tiende los brazos. Ella le muerde las manos. Muy lentamente, desabrocha su corpiño, destrenza su cabello, se mira en el espejo, sonríe. Se desnuda, se unge con esencias, se tiende, espera:

"Los párpados entornados y palpitantes, la boca siempre sonriente, con aquella sonrisa que un poeta de hoy hubiera llamado estrofa alada de nieve y rosas"

El marqués goza con verla "y con la ciencia profunda, exquisita y sádica de un decadente, quería retardar todas las otras, gozarlas una a una en la quietud sagrada de aquella noche".

Bello escenario. Balcón abierto, "cielo de un azul profundo apenas argentado por la luna", "aromas y susurros" del jardín donde se deshojan las rosas.



"Es la hora nupcial y augusta de la media noche".  La Niña Chole murmura: "¡Dime si hay nada tan dulce como esta reconciliación nuestra!"

Él no contesta, sella su boca con la suya. Ella suspira y le dice: "Tienes que perdonarme. Si hubiésemos estado siempre juntos, ahora no gozaríamos así. Tienes que perdonarme"

Él perdona, sus labios buscan "aquellos labios crueles". Ay, el encanto de las palabras apasionadas y perversas, de la boca que besa y muerde...Nunca se han querido así, la gran llama de la pasión les da " la noble resistencia que los dioses tienen para el placer".

Florecen los besos, "rosas de Alejandría" sobre sus labios, "nardos de Judea" sobre sus senos.

Nardos

La Niña Chole se estremece en delicioso éxtasis. Él ve siempre en sus ojos la traición, no puede ignorar "cuánto cuesta acercarse a los altares de Venus turbulenta". Pero ella aún no sabe
"que el supremo deleite sólo se encuentra tras los abandonos crueles, en las reconciliaciones cobardes". Al de Bradomín le corresponde la gloria de enseñárselo.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino



sábado, 7 de enero de 2012

"Sonata de estío": "las mayores venturas amorosas, urdidas con el hilo dorado de la fantasía"

Río Grijalba (México)

Comentario a mi lectura de las páginas 153- 159 de "Sonata de estío", de Valle Inclán. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

El marqués de Bradomín y  la Niña Chole viajan en cubierta. La  fragata da “bordos en busca del viento” y  las estrellas palidecen. El velamen flamea indeciso, se acercan a la costa y nos fundimos, con ellos, en un "amanecer cargado de pólenes misteriosos y fecundos".

Pólenes
Un "Golfo Mexicano" humanizado, un poco harto, "en sus verdosas profundidades", de llevar tan pesada y voluptuosa carga.

Golfo de México
Recordamos . En aquel crepúsculo tropical, en medio de unas ruinas mayas,  el marqués conoce a la  Niña Chole y sintoniza con una tierra pansexual, "negra enamorada", que se estremece deseosa "al acercarse la hora de sus nupcias". Ahora, en la fragata, bajo el sol riente del amanecer, el aire es vehículo de  "estremecimientos voluptuosos":

Amanecer en México
"Ráfagas venidas de las selvas vírgenes, tibias y acariciadoras como aliento de mujeres ardientes, jugaban en las jarcias, y penetraba y enlanguidecía el alma el perfume que se alzaba del oleaje casi muerto."

Fragata
Con el alma enlanguidecida por perfumes tibios y  acariciadores, el de Bradomín contempla la ciudad de Grijalba, con sus casitas de colores, como recién salidas de un dibujo infantil.

Casita de colores

La metáfora nos la transforma en sonriente muchachita, vestida de trapillo, refrescándose un poco en el mar:

"Grijalba, vista desde el mar, recuerda esos paisajes de caserío inverosímil, que dibujan los niños precoces: Es blanca, azul, encarnada, de todos los colores del iris. Una ciudad que sonríe. Criolla vestida con trapos de primavera que sumerge la punta de los piececillos lindos en la orilla del puerto"

Foto tomada de Internet
 El viejo marqués conserva "reminiscencias voluptuosas" de  "Tierra Caliente", siempre unidas al recuerdo de la Niña Chole; aunque ya no desee hacerlas revivir:

"¡Aquella calma azul del mar y del cielo, aquel sol que ciega y quema, aquella brisa cargada con todos los aromas de la Tierra Caliente, como ciertas queridas muy amadas, dejan en la carne, en los sentidos, en el alma, reminiscencias tan voluptuosas, que el deseo de hacerlas revivir sólo se apaga en la vejez. "

De aquí

Desembarcan y se alojan en un parador vetusto;  donde continuamente entran y salen "caballerangos, charros y mozos de espuela". Allí están también los dos jarochos tahúres que conocieron en el barco. Ambiente ruidoso y masculino.

Habrá partida de naipes. Pero lo que de verdad ansía el de Bradomín es verse a solas con la Niña Chole. Aquella "noche de bodas" en el convento se le aparece lejana "con el encanto de un sueño". En el parador, gusta" las mayores venturas amorosas, urdidas con el hilo dorado de la fantasía".

Hilo de oro

Juegan a yo soy un capitán conquistador y tú una princesa prisionera, tienes que hablarme en tu vieja lengua maya. Destrénzate el cabello y luce el  hipil. Y ella le sigue el juego, con una sonrisa. Él la besa sobre  música de palabras desconocidas:

"Yo la tenía en mis brazos, y las palabras más bellas y musicales las besaba, sin comprenderlas, sobre sus labios."

Después,  Pietro Aretino es el hilo dorado que urde sus fantasías. Él recita en italiano sus siete sonetos, "uno distinto para cada sacrificio". Pone una especial atención en el último, aquel tan "divino" que "evoca la figura de un centauro, sin cuerpo de corcel y con dos cabezas". Con una pizca de imaginación...

"Sonetos lujuriosos"


Centauro (San Pedro Samuel)
Duermen. La Niña Chole se levanta al amanecer, abre los balcones y  penetra  "un rayo de sol tan juguetón, tan vivo, tan alegre, que al verse en el espejo se deshizo en carcajadas de oro". ¿Es el rayo de sol o es la Niña la que ríe?


Gorjea un sinsonte dentro de una jaula. Ella gorjea también, canta un estribillo, arrebujada en una túnica de seda que envuelve "en una celeste diafanidad su cuerpo de diosa".



Sinsonte

Despliega todo su poder seductor:  le mira, guiña los ojos, besa jazmines, ríe, canta, se destrenza el cabello, le salpica la cara con agua de rosas...

La Niña Chole alborota con sus trinos, salta de una canción a otra, "como el sinsonte" de un travesaño a otro de la jaula; su  gozo es infantil .

Bajo los balcones, se oye la voz del  caballerango; han de  partir. El de Bradomín se arregla ante el espejo. Ella sigue su ritual de coquetería:  vanidoso,  para quién te acicalas... Entorna  los ojillos  y  le arremolina el cabello. Ríe y le alarga "un espolín de oro para que se lo calzase en aquel pie de reina, que no pude menos de besar."

Montan y parten. Montes vestidos de luz, ráfagas de brisa y volvemos a esa Naturaleza pansexual que participa de lo que la pareja está viviendo:

" El alba tenía largos estremecimientos de rubia y sensual desposada. Las copas de los cedros, iluminadas por el sol naciente, eran altar donde bandadas de pájaros se casaban, besándose los picos."


Pájaros enamorados

 En el camino se cruzan con alegres cabalgatas de criollos y mulatos. Las vemos y las oímos, nos deslumbran sus brillos:

"Desfilaban entre nubes de polvo, al trote de gallardos potros, enjaezados a la usanza mexicana con sillas recamadas de oro y gualdrapas bordadas, deslumbrantes como capas pluviales. Sonaban los bocados y las espuelas, restallaban los látigos...".


Charro

Todos van  a las famosas ferias de Grijalba. Los dos amantes refrenan los caballos. La Niña Chole alarga la mano al marqués, "para correr unidos".

Les acompañaremos en su última etapa.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino




miércoles, 14 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": mar esmeralda, mar de plomo, rojas espumas, dorada playa y venerable parador.

San Juan de Ulúa.

Comentario a mi lectura  de las páginas 112- 125 de "Sonata de estío", de Valle Inclán, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

En la última entrada, dejamos a la niña Chole subiendo a cubierta, en " los hercúleos hombros de un marinero negro".  El de Bradomín la observa: "asustada y divertida" se agarra a los cabellos del gigante, que la toma al vuelo. Ambos ríen cuando el agua  les salpica. El corazón del marqués late violentamente. Oigo unas risas divertidas  y veo la cara lívida de un celoso marqués. Esto último no está en el texto, por cierto.


No, el contenido de la "Sonata de estío" no es especialmente interesante, sólo fija los mimbres que el autor necesita para tejer su preciosísimo lenguaje . El lector , a menudo, queda prendado por la música de las palabras ;  vuelve a ellas  y su imaginación construye una imagen mental en sintonía con lo leído. Cada uno lee su "Sonata de estío", no hay una lectura igual a otra. Es la magia de los libros.

Leo. El protagonista huye a su camarote, mientras "las luces del amanecer cabrilleaban en los cristales". Releo. suena bien el verbo "cabrillear" ¿Cómo cabrillean las luces del amanecer en los cristales? Tengo que recurrir al diccionario. Cabrillean, rielan, brillan con luz trémula. Cierta  vez vi cabrillear la luz del sol en  el mar, ni amanecía ni había cristal; pero me hago una idea.

Luz del sol cabrilleando sobre el mar


Oigo"voces y gorjeos". ¿Cómo suena un gorjeo? Es una voz humana que recuerda a la de un pájaro, pienso en voces femeninas de algún coro aficionado.

De pronto un rayo de sol toma vida y se convierte en un niño juguetón. La niña Chole es una visión fugaz en un espejo. Más o menos, como Felipe IV y doña Mariana reflejados en el espejo de "Las Meninas".

"Un rayo de sol más juguetón, más vivo, más alegre, ilumina la cámara, y en el fondo de los espejos se refleja la imagen de la Niña Chole."

 A continuación, vivimos un día lento, tedioso y sin viento que mueva las velas. Hay días así, nos dan ganas de soplar a ver si algo se mueve.

"Fue aquél uno de esos largos días de mar encalmados y bochornosos que navegando a vela no tienen fin. Sólo de tiempo en tiempo alguna ráfaga cálida pasaba entre las jarcias y hacía flamear el velamen."


"Avizorado y errabundo" espera que la Niña Chole se deje ver sobre cubierta. "Desengañado", se sienta en la popa, a contemplar un  mar dormido. Pero los rizos de la estela bullen. ¿Hierven, se agitan, se mueven, no paran quietos?

 "Sobre el dormido cristal de esmeralda, la fragata dejaba una estela de bullentes rizos"

"Al declinar el sol se levantó una ventolina" y la fragata da "fondo en aguas de Veracruz". La contemplación del mar y  la ciudad de Veracruz le inspira esto:

"Vi la ciudad que fundaron, y a la que dieron abolengo de valentía, espejarse en el mar quieto y de plomo como si mirase fascinada la ruta que trajeron los hombres blancos"

San Juan de Ulúa
¿Racismo? Acompaño al protagonista en el recuerdo de aquellas lecturas infantiles "medio históricas, medio novelescas".

 "...en que siempre se dibujaban hombres de tez cobriza, tristes y silenciosos como cumple a los héroes vencidos, y selvas vírgenes pobladas de pájaros de brillante plumaje, y mujeres como la Niña Chole, ardientes y morenas, símbolo de la pasión que dijo un cuitado poeta de estos tiempos."


Una visión de la Historia de rancia enciclopedia escolar, unas selvas como las de una colección de cromos, para desembocar en la Niña Chole, "ardiente y morena". ¡Y aterriza en las Rimas de nuestro Bécquer! ¡Y lo llama cuitado! Gustavo Adolfo bubiera exclamado: "¡No es a tí, no!"

´Su "imaginación exaltada" le hace sentirse un conquistador, un Hernán Cortés quemando las naves. Triunfalmente dice:


" Yo iba a desembarcar en aquella playa sagrada... y al perderme, quizá para siempre, en la vastedad del viejo Imperio Azteca, sentía levantarse en mi alma de aventurero, de hidalgo y de cristiano, el rumor augusto de la Historia."

Cortés quema sus naves

Pero, en lugar de tan augusto rumor, oye un griterío  en  español, inglés y chino. Son los nuevos conquistadores, los buscadores de oro.

Oscurece y "el deseo ardiente" se metamorfosea en  "ansia vaga de amor ideal y poético".  Algo más puro y más valioso. Todo es calma en una bella noche literaria, la "noche americana de los poetas":

"Gime la brisa, riela la luna, el cielo azul turquí se torna negro, de un negro solemne donde las estrellas adquieren una limpidez profunda".


Acaba de bajar a su camarote cuando su esclavito mulato le avisa de que suba a cubierta, para ver a "un moreno que mata los tiburones en el agua con el trinchete". Es el "negro colosal" que "se sacude como un gorila" y "sonríe mostrando sus blancos dientes de animal familiar". "Un tiburón medio degollado" se balancea en cubierta. De repente rompe el cable y desaparece. Se oye una voz femenina, es la niña Chole, cruel e insensible.

Ofrece más dinero al negro para que cace el tiburón. Va a tener lugar un episodio sangriento que no pega ni con cola respecto al resto de la sonata, como si lo hubieran extraído a la fuerza de una novela de aventuras. El moreno no las tiene todas consigo pero, presionado por la Niña, se lanza a las oscuras aguas y:

"...salió a flote la testa chata y lanuda del marinero que nadaba ayudándose de un solo brazo, mientras con el otro sostenía entre aguas un tiburón apresado por la garganta, donde traía hundido el cuchillo... Tratóse en tropel de izar al negro...y cuando levantaba medio cuerpo fuera del agua, rasgó el aire un alarido horrible, y le vimos abrir los brazos y desaparecer sorbido por los tiburones. "


De aquí.

La Niña Chole arroja las monedas prometidas al agua y exclama : "¡Bien se lo ha ganado!". Aunque el marqués está horrorizado, una mirada y una sonrisa lo convierte en sumiso esclavo. Esta mujer no me gusta nada. En cuanto a él , calificaría su entontecimiento con una palabra grosera que nunca escribiría en un blog.

"Yo debía estar más pálido que la muerte, pero como ella fijaba en mí sus hermosos ojos y sonreía, vencióme el encanto de los sentidos, y mis labios aún trémulos, pagaron aquella sonrisa de reina antigua con la sonrisa del esclavo que aprueba cuanto hace su señor".

Desembarca con el alba, siente "terror de amar"; mas se siente débil como una débil mujer:


 "... llegado al trance de poner tierra por medio, siempre me habían faltado los ánimos como a una romántica damisela. ¡Flaquezas del corazón mimado toda la vida por mi ternura, y toda la vida dándome sinsabores!"



Cuando llega  a la playa en su esquife, acaba de varar otra embarcación. "Una mujer blanca y velada" salta a la orilla. Es ella, caerá en la tentación;  pero no ha sido el diablo quien le ha robado  la palma del mártir que nunca fue. Leo con una sonrisa irónica:


 "Hay mártires con quienes el diablo se divierte robándoles la palma, y desgraciadamente, yo he sido uno de ésos toda la vida. Pasé por el mundo como un santo caído de su altar y descalabrado."

San Sebastián con su palma.
¿Santo? De santo a "conquistador antiguo", "orgulloso y soberbio", como cierto antepasado suyo, ante "las princesas aztecas sus prisioneras". Con idéntica sonrisa leo:

"...y sin duda la Niña Chole era como aquellas princesas que sentían el amor al ser ultrajadas y vencidas, porque me miraron largamente sus ojos y la sonrisa más bella de su boca fue para mí."

Pero él supo" permanecer desdeñoso". ¿Desdeñoso? ¿Cómo puede ser tan cínico?

Coinciden en " aquella playa de dorada arena" los dos cortejos, sobre sus cabezas vuelan  pájaros de mal agüero:

 "... la Niña Chole entre un cortejo de criados indios, yo precedido de mi esclavo negro. Casi rozando nuestras cabezas volaban torpes bandadas de feos y negros pajarracos. Era un continuado y asustadizo batir de alas que pasaban oscureciendo el sol."

Pajarracos negros.

 Tocan a misa en una iglesia que está al paso, la Niña Chole antes de entrar en el templo le envía una sonrisa. Ahora lo remata así:

" ¡Pero lo que acabó de prendarme fue aquella muestra de piedad!"

De aquí
Se aloja en un venerable, muy venerable parador. Espera reunir una escolta y ponerse de camino en pocas horas. Desea llegar pronto a las tierras que fueron su mayorazgo. En los caminos mexicanos abundan los bandoleros, no es conveniente ir sin protección, aunque los asaltadores ya no son lo que antaño eran.

De pronto, aparece en el patio la Niña Chole, dando órdenes a sus séquito. Le envía "tres indias núbiles" con el recado de que junten las escoltas en el camino, pero no hay quien entienda a las muchachitas.

La Niña le recibe "con  voz de sacerdotisa y de princesa". Le comunica que  va a Necoxtla. "Haciendo una cortesía versallesca" responde que eso "está seguramente en su camino". Cuando la Niña conoce su verdadera ruta le ruega que siga su camino.

Camino mexicano.
La respuesta asombra a la Niña: "Tengo el propósito de secuestrarla a usted apenas nos hallemos en despoblado". 

Ella pregunta si son locos todos los españoles. Él, arrogante, contesta:
"Los españoles nos dividimos en dos grandes bandos: Uno, el Marqués de Bradomín, y en el otro, todos los demás."

Elle le mira risueña. Le dicen que todo está dispuesto para el camino. Harán parada en el convento de San Juan de Tegusco. Le advierte que va a reunirse con su marido, no vaya a ser que se balee con él. Si preguntan le dirán quién es el general Diego Bermúdez.

El marqués sonríe desdeñosamente. Ella le pide que le calce la espuela. Le calza el espolín y lo besa tan apasionadamente que ella exclama risueña:  "Señor, deténgase en los umbrales". Y deja caer la falda "levemente alzada".

El ruido de la fuente ofrece un alivio "en medio de aquel ambiente encendido".

"... la fresca música del agua me recordaba de un modo sensacional y remoto las fatigas del desierto y el delicioso sestear en los oasis"


 Las dos huestes se reúnen. Mercenarios, "antiguos salteadores...fatigados de la vida aventurera" que han de escoltarles "a través de los arenales de Tierra Caliente".


 La Niña Chole reaparece en el patio, él se acerca sonriendo y ella  "fingiéndose enojada, batió el suelo con su lindo pie". El marqués de Bradomín traduce, no le importa el camino...


Un abrazo para los que pasáis por aquí de:


María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"También tiene razón Mª Ángeles Merino al comentar la importancia del lenguaje como tema mismo de la obra en su reseña de lo que ocurre tras la subida al barco de la Nina Chole."

miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": "vaho caliente", "susurros nupciales", "esencia suave", "delicioso estremecimiento", "víbora de plata" y "pies de reina".

Comentario a las páginas 106-110 de la "Sonata de estío", de Valle Inclán, edición de la colección Austral, prologada por Pere Gimferrer. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.


Dejamos al de Bradomín, embriagado con los  "lánguidos efluvios" de la "Niña Chole". Ahora, descansa en medio de aquellas ruinas mayas.  Se adormece en una  hamaca junto a un bohío.
Bajo el ardiente crepúsculo tropical , la tierra se personifica en "negra enamorada" que se estremece deseosa:

"La campiña toda se estremecía cual si al acercarse sintiese la hora de sus nupcias, y exhalaba de sus entrañas vírgenes un vaho caliente de negra enamorada, potente y deseosa."

Atardecer mexicano.

Sueña que traspasa los umbrales del Paraíso mahometano. Las siete huríes no son sino siete criollas, con la sonrisa de Lilí y la mirada de la Niña Chole.


Este cínico don Juan no desea enamorarse demasiado. Lo haría  locamente si volviera a ver aquellos ojos. Y eso le preocupa , le aterroriza. "Afortunadamente", piensa, esas féminas cautivadoras son fugaces:

La mirada de la Niña Chole remueve memorias que encienden deseos y excitan  su imaginación:

"Aquella sonrisa, evocadora de otra sonrisa lejana, había encendido en mi sangre tumultuosos deseos y en mi espíritu ansia vaga de amor...¡Ay, era delicioso aquel estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba a los nervios!"

Cabalga bajo  la sombra de la noche y  un horizonte de  relámpagos y resplandores rojizos.
Hay una calma solo aparente. La naturaleza "lujuriosa y salvaje" semeja dormir como " una fiera fecundada", entre  "susurros nupciales"" moscas de luz que danzan entre las altas yerbas".


 
Al de Bradomín le parece respirar una "esencia suave, deliciosa, divina", la misma que " la madurez estival vierte en el cáliz de las flores y en los corazones".



El de Bradomín se siente en sintonía con una naturaleza "pansexualista"(*), a la que percibe con una enorme tensión erótica. ¡Aquel  delicioso estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba a sus nervios!

Imágenes curiosas


"Ya metida la noche", llega al poblado. Precipitadamente, se dirige a  la playa y otea el horizonte. La fragata puede haber zarpado ya.


Se le acerca un indio "ensabanado" que se le ofrece empalagosamente como guía y como proxeneta, para acabar amenazándole con una "faca".


Rodeado de arenas movedizas y aguas negras,  siente miedo. Si el ladrón le hubiera amenazado con arrancarle las entrañas, quizás se dejara robar. Pero un marqués no puede  dejarse intimidar por  alguien que le llama "amito" y le previene de que "puede clavarse".

No lleva armas, pero tiene un bordón.  El ladrón va a herirle de lado;  pero la luz de la luna le permite ver y reaccionar a tiempo. Intenta desarmarlo.


Al final, una visión como de pesadilla. El indio "se encorva y salta con furia fantástica de gato embrujado".


Cuando va  a quedarse desarmado, el ladrón huye y la faca "queda temblando como víbora de plata clavada en el árbol negro y retorcido de una cruz hecha de dos troncos chamuscados."
El del bordón  no entiende lo que ha pasado. Huye y llega a punto de subir a un bote de la fragata.


Recogido en su camarote, reviven en él " las víboras mal dormidas del deseo".  Le persigue el recuerdo de la Niña Chole:

" Su belleza índica, y aquel encanto sacerdotal, aquella gracia serpentina, y el mirar sibilino, y las caderas tornátiles, la sonrisa inquietante, los pies de niña, los hombros desnudos, ...todo era hoguera voraz en que mi carne ardía."

Sueña despierto con un jardín de amor donde florecen "las formas juveniles y gloriosas" de la yucateca, como "rosas de japonería". Poco a poco, se va durmiendo arrullado  por el agua y las ondulaciones de aquella falda.

Despierta al amanecer, con las voces del baldeo. Sube al puente y allí en el horizonte, "envuelto en el rosado vapor que la claridad del alba extendía sobre el mar  azul, adelantaba un esquife".


Llegamos a un punto en que el escritor se burla del escritor.  Así el esquife:

"Era tan esbelto, ligero y blanco, que la clásica comparación con la gaviota y con el cisne veníale de perlas."

Bajo el palio de lona, va sentada una blanca figura. ¡Es ella, la musmé de los palacios de Tequil! Su alma lo adivina antes que su vista. Ese borde de  la falda y esos "pies de reina calzados con chapines de raso blanco". Es la Niña Chole, "velada apenas en el rebocillo de seda."

Sube a la fragata "apoyada en los hercúleos hombros de un marinero negro". Ahí dejamos, de momento,  al de Bradomín.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino
Nota: (*)Pere Gimferrer habla de "naturaleza americana pansexualista", en el prólogo de su edición de la "Sonata de estío", para la colección Austral (página 13)

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino comenta e ilustra el primer contacto del Marqués con Tierra Caliente: aventura, peligro y amor, en este don Juan tan suyo... "