Las hojas del magnolio tenían , ese día, un brillo especial.
Al final del camino florecido , los molinos esperan a su don Quijote.
Amapolas y esas flores que no sé su nombre...
Otra amapola sola...
Espigas ¿trigo o cebada?
Estate quieto, bichillo, mientras hago la foto.
Victoriano Crémer, en un retrato de 1973, donado por Rosa Crémer, al centro que lleva su nombre y que, a partir de ahora, custodia un pedacito de su biblioteca personal