Hemos recorrido unos dos o tres kilómetros desde el pueblo. Al final del camino, está la ermita de San Pelayo.
Nos encontramos con la estela epigráfica dedicada a Bernabé Pérez. Dicen que estaba cortando un árbol y tuvo un desgraciado accidente.
La puerta con su ramita seca.
¿Nos asomamos al ventanuco? Las esculturas de los capiteles son centauros o centáurides.
Aquí los capiteles están decorados con motivos vegetales.
Hay rostros humanos en los canecillos. ¿O son máscaras?
Si alargamos la vista vemos los molinos eólicos, esos que proliferan por todas partes. ¡Si los viera don Quijote!
Descubro la parte trasera de la ermita. Cuando la visité sola no me atrevía...Es un paraje muy solitario.
En la parte trasera descubro este capitel con decoración floral.
Una nube gris que nos refrescará con unas gotas de lluvia, muy poca cosa.
La cebada juega al corro.
En este paseo me acompañó E., con su perro Rufo. Hablamos un poquillo...Gracias por la compañía.
Ya conocía esta solitaria ermita, con sus restos románicos. Pero siempre es distinta. La última vez fue en invierno...y estaba Curry.
¿Qué tiene el románico?