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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a " Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez.


Gracias a Yolanda Delgado por sus fotos que tan bien reflejan el clima de la reunión.

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a Cien años de soledad , de Gabriel García Márquez.

El otoño en la ventana.

El martes, treinta de octubre, a las cuatro y media de la tarde, en el Seminario 119 de la Facultad de Humanidades, en la UBU, el Club de Lectura presencial de La Acequia y Alumni UBU,  dirigido por Pedro Ojeda Escuderodisfrutó de una animada reunión, en torno a Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Si alguien piensa que los clubes de lectura son aburridos es que no conoce éste. Divertida e interesante, me atrevo a decir que Gabo habría estado encantado. 


Pero antes de viajar a Macondo, nuestro profesor nos animó a visitar la exposición César Vallejo. En el corazón. Homenaje a Julio Vélez., en el Palacio de la Isla. Ese mismo día, por la mañana, a las once, nos había invitado a una visita guiada y a su clase sobre la trascendencia de la mitología de España en la literatura, destinada en principio a sus alumnos de grado. 


Pedro Ojeda nos muestra el catálogo de la exposición  César Vallejo. 

Comenzamos, los lectores (L) y Pedro Ojeda (P.O.) . He aquí el fruto de mis notas rápidas: 



-(L) Lo he releído, me ha gustado. El tiempo es circular pero no coincidente, se repite todo pero no es lo mismo.


Pedro Ojeda y Luz del Olmo de "En un acorde azul".

-(L) Me ha pasado igual que hace cuarenta años. Relaciono la lectura de algunos libros con los embarazos y la infancia de mis hijos. Recuerdo que mi hija  lloraba a todas horas y yo aprovechaba para leer. Uno de los que leí era Cien años de soledad que nos había recomendado en COU el profesor de Arte. Me gustó mucho al principio pero luego me cansó mucho. Repite, repite y se embarulla.


Pedro Ojeda y Paloma Fernández Villa, el alma del club.

-(L) Dicen que es una narración perfecta, con las mismas páginas en cada capítulo. Es circular, vuelve a lo mismo, llegas a entender lo que está contando. El comienzo es surrealista, hay una mezcla de sentimientos, muerte, vida...Hay que estar atento a su técnica de arquitectura, a su esquema, para poder entrar en el edificio. 

-(L) Entendí hasta aquí, luego un poco más, la última parte no entendí nada.

-(L) Los personajes se llaman igual.

-(L) Hay un poco de tomadura de pelo. Gabriel García Márquez lo confiesa.

-(L) Yo lo recomendaba, ahora más que la primera vez. Me ha dado pena: amor, muerte, raíces."Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muero bajo tierra".


Foto cortesía de Yolanda Delgado

-(L) Es más facil con guión: el árbol genealógico. 

- (L) En Cien años de soledad está la historia de Colombia. Y de Sudamérica. 

-(L) Mucha imaginación, descripciones fantásticas.

-(L) Las ciento cincuenta primeras páginas son fascinantes, luego me cansó la acción.

-(L) Describe lo que es Colombia y como se desarrolla el pueblo, como se ven cosas que son de ahora, gente que quieren aprovecharse de las riquezas,vividores y juerguistas.

-(L) Gracias por este club de lectura. Soy más simple que todos vosotros. Cuando lo leí por primera vez, me entusiasmó. Como una película de ciencia ficción, me está encantando, el personaje de Úrsula es el no va más. Me gusta, lo pasé bien, hasta ahí llego. Cuando lees algo bien escrito, disfrutas. En el año 69 me gustó mucho y ahora me ha encantado. Lo he leído con placer.


Foto cortesía de Yolanda Delgado

-(L) Leí el comienzo de Cien años de soledad a los doce años, en un libro de lengua y literatura. Me fascinó de tal manera que no lo olvidé nunca. Unos años después, lo leí con mis alumnos de séptimo de E.G.B. que reaccionaron como yo, les encantó...Sin embargo, mi primera lectura adulta de la novela fue fallida. Entre veinte y treinta años, no lo recuerdo bien, me debió pasar como a algunos de vosotros, al principio muy bien pero luego es un lío y...no sé si lo acabé. Mi segunda lectura fue muchos años después, con más de cincuenta, coincidiendo con la colectiva del Quijote, con la ayuda del árbol genealógico y mayor experiencia lectora...me gustó mucho, lo viví como el juego literario de un escritor irónico y bromista. Ahora mi tercera lectura...me ha pillado algo triste y he dado en la parte amarga de la obra. ¡Una novela con dos caras! Habrá una cuarta: de vez en cuando tiraré de la cincita y a leer un poquito, que su lenguaje merece la pena. 

"Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere."

Foto cortesía de Yolanda Delgado

-(L) Pesado, no he conseguido acabarlo, no lo relaciono.

-(L) Como a...me gustó la primera vez, ahora me resulta pesado por las repeticiones.

-(L) La muerte está muy presente en Cien años de soledad. 

-(L) Al principio me costó, me ha gustado. Montar la ciudad, algo muy de actualidad.

-(L) El esquema de mi hermana, mira lo que tengo aquí.

-(L) Me gusta, hay que empacharse.

-(P.O.) La gente evoluciona. Ya no nos choca. Cuando salió, no estábamos acostumbrados.

-(L) He escuchado en una entrevista a Gabriel García Márquez  y da la impresión de que no le gustaba que le hablaran de Juan Rulfo y su Pedro Páramo, anterior a su Cien años de soledad.

-(P.O.) El problema es que quería pasar a la historia con el boom hispanoamericano. El boom hispanoamericano lleva la marca de la editora  Carmen Balcells, la que lanzó el concepto.
Antes estaban Carpentier, Rulfo, Miguel Ángel Asturias...

Pedro Ojeda nos muestra un esquema muy completo de los personajes de Cien años de soledad, con flechas y descripciones, mucho más que un árbol genealógico. Lo hizo en sus tiempos de estudiante, cuando no había fotocopias y los folios eran más grandes.


El de Pedro Ojeda es mucho mejor que el de la edición de la RAE.

-(P. O.) Ahora comprenderéis mejor La Saga Fuga de J.B de Torrente Ballester, parodia de este tipo de literatura, con mucho humor y mucha coña.

La Saga Fuga de J.B. de G.Torrente Ballester.

-(P.O.) Lo primero es el lenguaje, se sostiene el texto con el lenguaje. Se nos atraganta si no vencemos la dificultad del lenguaje. Es una saga familiar, muy fácil de resumir. Cien años de soledad no era el título que pensaba. Lo iba a titular La familia.

El primer párrafo es abrumadoramente hermoso y nos mete de golpe. Los esquemas nos ayudan a entender y es importante la simbología. Hay que entenderlo con globalidad. Cada capítulo un tema: la pasión, la guerra, la construcción de un país...todo se ordena de pronto.

-(L) ¿El último es la muerte?

-(L) Hay soledad porque no hay amor. Mucha pasión, "aquí te cojo, aquí te mato",  pero poco amor. Y el que ama es la víctima, lo pasa muy mal. Pobre Pietro Crespi...

-(L) ¿Y acaso Úrsula no ama?

-(L) Sí, Úrsula los ama a todos con amor de madre, es otra cosa.

-(P.O.) El personaje principal está solo y le asaltan los recuerdos, un "flash back" dirían ahora.
Soledad de los personajes y soledad del pueblo entero. Úrsula representa el sentido práctico femenino, los hombres están en su laberinto, buscan lo complicado, se empeñan en hacer cosas imposibles. Úrsula encuentra enseguida el camino...

-(L) ¿España?

(P.O.) Es el galeón varado inexplicable, la historia de España que no va a a ningún sitio, un barco varado.


-(P.O.) La muerte es un tema recurrente. Primera muerte la de Prudencio Aguilar, primer entierro el de Melquiades. 

-(L) Llaman la atención las relaciones familiares, a todos acogen.



(P.O.) La familia está condenada, vive en un espacio mítico, a la manera de Faulkner. Todo lo que sucede tiene una simbología. Es un momento de la historia de América en que hay una necesidad de apertura, a otras cosas, a una renovación. Escrita en técnica de vanguardia, es una narrativa que parodia las novelas de las sagas familiares, lineales. Ha aparecido la postmodernidad, la vanguardia, con técnicas narrativas diferentes. No es realismo como el de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Un juego temporal, va y viene, juega con el espectador, en un ciclo cerrado en sí mismo.

-(L) Es muy diferente a Crónica de una muerte anunciada.

-(P.O.) Gabriel García Márquez tiene historias anteriores sobre el mundo de Macondo. 

Macondo ya aparece en La hojarasca y Los funerales de la Mamá Grande.

Él no dejó nunca de ser un gran periodista, los capítulos están estructurados con la extensión de los folletines, juega con la técnica de los folletines. Juega con la prensa en Crónica de una muerte anunciada o en Noticia de un secuestro,  sobre un secuestro real publicado en las crónicas en su periódico.



-(L) ¿La muerte?

-Pedro Ojeda nos lee el final de Cien años de soledad:

"Abrió los ojos y se acordó del niño. 
No lo encontró en la canastilla. Al primer impacto experimentó una deflagración de alegría, creyendo que Amaranta Úrsula había despertado de la muerte para ocuparse del niño. Pero el cadáver era un promontorio de piedras bajo la manta. Consciente de que al llegar había encontrado abierta la puerta del dormitorio, Aureliano atravesó el corredor saturado por los suspiros matinales del orégano, y se asomó al comedor donde estaban todavía los escombros del párrafo: la olla grande, las sábanas ensangrentadas, los tiestos deceniza, y el retorcido ombligo del niño en un pañal abierto sobre la mesa..."

"Y entonces vio al niño. Era un pellejo hinchado y reseco, que todas las hormigas del mundo iban arrastrando trabajosamente hacia sus madrigueras por el sendero de piedras del jardín...".



La metaliteratura. La clave de todo. El fin. Aureliano Babilonia va a descifrar los pergaminos y se produce el paso del mito al logos, la muerte del mito.

"...empezó a descifrar el instante en que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos como si se estuviera viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte..."

(L) Sí, descifraremos la última página. Y todo desaparecerá como Macondo. 

Con la lectura de la última página, Pedro Ojeda da por terminada la reunión. Nos despedimos hasta el último martes de noviembre. Comentaremos la biografía de Filek, el estafador austrohúngaro que estafó al mismísimo Franco. 



Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

miércoles, 10 de octubre de 2018

"Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere."




Entro en Cien años de soledad, como en una rueda donde los Buendía, condenados a la soledad,  vuelven a las mismas historias reinventadas: el amor es un imposible y trae consecuencias trágicas a los que se arriesgan a él, la pasión es brutal y ciega, una sexualidad sin afecto, y la guerra misma es otra enloquecedora pasión, la del poder. Página a página vivo la decadencia de Macondo, hasta el momento de descifrar la última página de los pergaminos. La muerte no podía faltar, se ha paseado con toda naturalidad, es el gran personaje. Y me permito prolongar Cien años de soledad: absorta, no sentiré la arremetida del viento y, al igual que Aureliano Babilonia, me  profetizaré a mí misma y seré desterrada de la memoria de los hombres. 



Sin embargo, hace nueve años, en mi anterior lectura, la percibí llena de humor irónico, como un juego propuesto por un escritor guasón. Todo es posible si el lector accede a ser cómplice de la fusión de lo real y lo mágico, si acepta los "baciyelmos" que encuentre en el camino. Si Remedios la Bella, pongo por caso, quiere ascender a los cielos, que ascienda, bendita de Dios. No nos extrañamos de fantasmas, ni olvidamos que "las cosas tienen vida propia", que "todo es cuestión de despertarles el ánima", ni notamos las hipérboles, pues toda la novela es una gran hipérbole. 



¿Qué me ha pasado con Cien años de soledad?


No hay lectura igual a otra lectura, aunque el libro sea el mismo. Y si esta me ha salido pesimista, sólo se me ocurre apelar a la famosa frase de Ortega y Gasset:  «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo». Tal vez me ha pillado de bajón, la edad que nos moldea, a saber. 

Creo que es un buen momento para volver a una visión de " cuando el mundo era tan reciente", a la primera vez que leí el arranque de Cien años de soledad, sólo una página, en un libro de texto del instituto, con doce o trece años. No fue materia de clase, la leía y releía golosamente en clase de lengua, a hurtadillas. Entre el niño que no conocía el hielo y los sintagmas no había color. Deseé saber más sobre el coronel Aureliano Buendía que, eso creía yo, moría en el pelotón de fusilamiento. Se quedó para siempre en mi memoria, como una lectura pendiente.




Unos años después, tenía delante de mí no al pelotón de fusilamiento sino a una clase de veinticinco niños, niños y niñas, también de doce años y vivía con ellos aquello de "Muchos años después...". Era una maestra inexperta y temía aburrirlos o, peor aún, que la clase se me fuera de las manos. No os podéis imaginar el miedo que da eso...Afortunadamente las palabras de García Márquez cumplieron con su fama de mágicas. No se me ha olvidado porque después de séptimo A, vino séptimo B y el C y el D y el E. Y durante cuatro cursos más...La chiquilla de 1969 no resultó ser muy distinta a los chavales de los ochenta y pico. 

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

 -Alguien nos está contando un cuento de hace muchos, muchísimos años.

-¿Qué ha hecho? ¿Por qué lo van a matar?

-Frente al pelotón qué miedo, como el preso número 9.

-Aureliano mayor recuerda a Aureliano pequeño y a su padre.

-Dicen que cuando te vas a morir recuerdas toda tu vida.

-¿No había visto nunca el hielo? ¿Dónde vivía Aureliano? Seguro que en un lugar muy caliente. 

"Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos."



-Un pueblo muy pequeñito, sólo veinte casas muy pobrecitas, de barro y cañas.

-Las cañas eran bravas, como Aureliano. 

-Diáfanas. Aguas que dejan ver el suelo del río, como en una poesía antigua que habla de aguas cristalinas.

-El lecho del río, la cama donde descansa el río.

-Rio dormilón. Luego se despierta y se precipita.

-Se ven las piedras.

-Pulidas, el agua las ha acariciado mucho.

-Y las ha limpiado mucho. 

-Enormes como huevos prehistóricos. ¿Cómo huevos de dinosaurios?

-¿Dónde has visto tú huevos prehistóricos?

-En un libro de Ciencias Naturales.

-No, éste los ha visto en los Picapiedra, ja, ja.



 El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

-Dios acababa de crear el mundo.

-Poco después de la gran explosión del Universo. ¡Bang!

-Adán y Eva no habían tenido tiempo de bautizar muchas cosas.

-Pero pronto se cansarían de señalar con el dedo y pensaron nombres.

-Oye que el cuento no parece tan antiguo...El cuentacuentos es un exagerado.



"Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cercade la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban aconocer los nuevos inventos."

-¿Para qué querían los gitanos ir a un pueblo tan pobre y con tan poca gente?

-Porque eran más pobres. 

-Montaban un circo.

-No, una carpa. Hacían mucho ruido con pitos y timbales como el flautista de Hamelin, para atraer a la gente que se iba detrás.

-Pasen, señores, pasen, verán los más grandes inventos.

"Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabiosalquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aún los objetos perdidos desde hacíamucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas, tienen vida propia –pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima”."



-El imán, vaya invento. Mi madre tiene uno en el costurero para recoger los alfileres.

-Melquíades era corpulento pero con manos pequeñitas, como un gorrión.

-El gitano le echaba mucho cuento: la octava maravilla...

-Eran unos imanes grandes, pero no sé si tienen tanta fuerza.

-Veo la cara de susto de la gente.

-Y todos corriendo detrás de los calderos, las tenazas...

-Y los clavos y los tornillos desenclavándose.

-Y lo que dice mi madre: lo que no se llevan los ladrones, aparece por los rincones.

-Los de Macondo se creían que Melquíades podía dar vida a las cosas. 

"José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aún más allá del milagro y lamagia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: “Para eso no sirve”. Pero José Arcadio Buendíano creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así quecambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, noconsiguió disuadirlo. “Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrarla casa”, replicó su marido."

-José Arcadio Buendía sería el padre de Aureliano, el que le llevó a conocer el hielo.

-Pensó que si servía para buscar hierro, podía servir para buscar oro. ¿Era tonto?

-Tenía demasiada imaginación el hombre. Era ignorante.

-El gitano le dijo que para eso no servía, José Arcadio no le creyó, pensaba que un gitano no podía ser honrado.

-Cogió su mulo y sus chivos y los cambio por los lingotes imantados.

-Menudo disgusto tenía su mujer. La pobre Úrsula necesitaba esos animales para trabajar y para leche.

-Es que los hombres no hacéis caso a las mujeres (lo dice una niña). Y os creéis más listos y os damos mil vueltas.

-El muy tonto decía que pronto iban a tener oro para empedrar la casa. 

"Durante varios meses se empeño en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonanciahueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticularla armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevabacolgado en el cuello un relicario de cobre, con un rizo de mujer."

-José Arcadio arrastra que te arrastra los imanes y sólo encontró una armadura.

-Muy antigua, toda roñosa. 


-Parecía hueca como una calabaza llena de piedras.


-No, como un calabazo que es una calabaza que han vaciado para meter cosas. 


-Pero no estaba hueca, encontraron...a un muerto.


-Un esqueleto que llevaba al cuello como una cajita con un rizo de mujer.


-El pobre soldado murió pensando en su novia y en su pelo rubio.


-Nadie ha dicho que era rubio...


-Era una prueba de amor.


-José Arcadio Buendía buscaba oro y encontró una prueba de amor.

-Seño, seño, quién era el de la armadura, cómo se llamaba.

-¿Y su novia? ¿Le esperó a que volviera de la guerra? 


-Me parece que María Ángeles no puede respondernos a eso.

-Pero cada uno nos lo podemos imaginar. 


-El amor vale más que el oro. ¿Es esa la moraleja, seño?


El amor es la clave. Aquel soldado del siglo XV no padeció de soledad. No estaba solo en medio de las selvas y las ciénagas colombianas. Algunos de mis alumnos y alumnas de séptimo, los más imaginativos,  fantaseaban acerca de la historia amorosa del de la armadura oxidada; aprendí de ellos que es buena cosa ir más allá de las historias que nos cuentan las libros. Al fin y al cabo, la literatura es un juguete, Gabo lo decía así.

Espero poder compartir algo más de mis lecturas de Cien años de soledad. En total fueron tres, pero a la primera se la tragó el olvido. ¡Y fuera bajones! 

"Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere."

Un abrazo de María Ángeles Merino


domingo, 23 de septiembre de 2018

"Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez: una historia reinventada.


Mi lectura de este verano con gorriones

En la entrada anterior, "acompañada de varios grandes nombres de la literatura", proponía, como señala Pedro Ojeda, "comenzar la lectura de Cien años de soledad, como la reinvención de la historia, una reescritura bien quijotesca". Sí, la del Quijote americano que proclamó Carlos Fuentes, el que recrea un universo inventado y reinventado, una realidad alterada, pero tan real que Álvaro Mutis no la puede leer "sin cierto sordo pánico", pues toca "las vetas más profundas del inconsciente colectivo americano". 

La historia reinventada de los Buendía, en Macondo, una aldea imaginaria del Caribe colombiano que tiene mucho de una reinventada Aracataca, donde el escritor vivió sus primeros años de vida, con el abuelo coronel Márquez, "Papalelo", y sus reinventados relatos que le hacían feliz, como luego él haría felices a sus lectores. La historia reinventada de un pueblo, de un país, de todo un continente donde se reconocen a lo vivo los puntos más dolorosos: pobreza, explotación, revoluciones, dictaduras, guerras civiles, colonización bananera...violencia en suma. Gabriel García Márquez alcanza vetas profundísimas.



Estamos con un libro que puede parecer caótico, que nos mete en un laberinto circular donde conviven presente, pasado y futuro, donde lo real se funde con lo fantástico, donde se repiten los mismos nombres, con algunas variaciones, para las siete generaciones de Buendías y ...echamos una ojeadita al árbol genealógico. Seguimos con la lectura y llegamos a un punto donde los personajes van a tropezar irremediablemente con la misma piedra que sus antepasados porque viven una rueda trágica de eterno retorno, vuelven a las mismas historias pero reinventadas. Parece lo mismo pero el mundo de los Buendía va a peor, Macondo tuvo un principio y tendrá un fin. Y los temores de la primera generación se cumplirán. 

¡Qué difícil es contar qué es Cien años de soledad! ¿Soledad? Sí, viven aislados en una aldea perdida entre selvas y ciénagas, pero su mayor selva impenetrable está dentro de ellos mismos, por incapacidad de amar o por una pasión enloquecedora. Ensimismados en la búsqueda del conocimiento o en las luchas civiles, unos son Aurelios y otros son Arcadios, el discurso de las letras y las armas, bien quijotesco. El único personaje sensato es mujer, la gran Úrsula Iguarán, con la música laboriosa de sus "pollerines de olán", el escritor la concede ciento y pico años de vida para poner orden, y algo de dinero, en el caos de los Buendía. Y aguanta el sometimiento y le quitan los chivos y las monedas y ella a fabricar y vender animalitos de caramelo. 

Y todo lo cuenta un narrador omnisciente que no está muy seguro de unos documentos que maneja, a guisa de Cide Hamete.  Ya escribí que "del Alcaná de Toledo a los pergaminos de Melquiades" y no digo más. Quijotesco sí, aunque Gabriel García Márquez no tenía mucha simpatía en sus años de estudiante por el Quijote, incluso lo tuvo en el retrete, al final entró y haber intertextualidades, haylas. La primera podía estar en la famosa primera frase:

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo."

Los grandes libros tienen comienzos inolvidables que nos empujan hasta adentro. Esta lectora entró, del todo, no ha mucho tiempo, cuando estábamos con la lectura colectiva del Quijote, un verano con trigales y dos libros gruesos, contundentes. Hubo una muy anterior fallida. Ahora estoy finalizando mi segunda lectura y compruebo, una vez más, que los libros cambian porque cambiamos los lectores. 




Pero ha mucho tiempo que yo leí el arranque de Cien años de soledad , sólo una página, en un libro de texto del instituto, con doce o trece años. No recuerdo que la leyéramos con el profesor, no. La leía a hurtadillas para escapar de los sintagmas, aquel niño que no conocía el hielo era mucho más atractivo y no lo olvidé. Me lo apunté mentalmente, tenía que saber la vida de ese niño que acababa, eso creía yo, en el pelotón de fusilamiento. Me he propuesto no hacer entradas largas y dejo para la siguiente lo que imaginé con aquel texto diferente. Una visión "de cuando el mundo era tan reciente".


Unos años después, tenía delante de mí no al pelotón de fusilamiento sino a una clase de veinticinco niños también doceañeros y leía con ellos aquello de "Muchos años después...". Es bien sabido que enseñando se aprende mucho y los alumnos de séptimo completaron certeramente mi visión.  Contaré aquella lectura, la novela no, la novela os animo a leerla. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. ¿El Quijote americano?


En verano Cien años de soledad, para comentarla en otoño.

A modo de introducción a la lectura de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

¿El Quijote americano?

Era un tiempo de "intenso intercambio epistolar con los amigos". Gabriel García Márquez, "Gabo", envió a Carlos Fuentes, "Fontancho", el manuscrito de Cien años de soledad. 

Entusiasmado, lo buscó desde Venecia para felicitarlo y no lo encontró. Entonces escribió a su grande y común amigo Julio Cortázar, "impulsado por la necesidad imperiosa de compartir un entusiasmo". Acababa de leer Cien años de soledad:

"He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar el mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!"


Carlos Fuentes definió Cien años de soledad como "una generación y una re-generación infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin". 

La sintió como una propuesta y una tarea común para los escritores "amigos"

"Y qué sentimiento de que cada gran novela latinoamericana nos libera un poco, nos permite delimitar en la exaltación nuestro propio territorio, profundizar la creación de la lengua con la conciencia fraternal  de que otros escritores en castellano están completando tu propia visión, dialogando contigo. Dialogando con nosotros."

(Palabras en cursiva tomadas de Carlos Fuentes: Para darle nombre a América, HOMENAJE. 2007. Incluido en la edición conmemorativa de Cien años de soledad, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, editorial Alfaguara. Páginas XXII Y XXIII.)



"La existencia convertida en discurso literario", sí, como Don Quijote. Del Alcaná de Toledo a los pergaminos de Melquiades. 

"Para darle nombre a América". La que liaste, Cristóbal Colón.



Este verano han coincidido en mi mesilla los dos, "en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario". ¿Quijote americano?

Un abrazo de María Ángeles Merino

Para darle nombre a América, Carlos Fuentes.