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miércoles, 18 de abril de 2012

"Urtain" (4): "Yo amaba levantar piedras, yo amaba mi vida en el campo"

"...simpático hombretón, rústico y sencillo, exponente de un pueblo noble y vigoroso...".
Entrada en relación con la obra de teatro "Urtain", de Cavestany, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

 
Quisiera  acertar con una  visión  global sobre la obra de teatro "Urtain", de Cavestany. Y no me resulta fácil, tan duro y amargo es su contenido. Urtain contra todos, asalto tras asalto, diez en total. Y él se defiende, exprimiendo  su verdad más  íntima. Desde la caída al vacío hasta la infancia, todo en un ring. Un trozo de historia de España, focalizada en un boxeador.

 
De aquí.

 
¿Asaltos? ¿Hablar de boxeo? Me pasa por la cabeza  lo mismo que a nuestra amiga Gelu. ¿Cómo iba a pensar yo que , un día, escribiría sobre algo relacionado con tan violento deporte?

 
 Así ha sido, gracias al singular viaje colectivo y lector de "La acequia", el que comenzó con los sueños caballerescos de don Quijote y, tras leer a  Esquivias, Bécquer, Mendoza y Valle Inclán, nos ha llevado junto a este "Urtain" visual , otro derrotado. No vamos a comparar al personaje de Cavestany con el Caballero de la Triste Figura, no. Mas no podemos negar  a José Manuel Ibar su miajita quijotesca, miajita que todo ser humano tiene, además.

 
"La derrota de don Quijote...", Ana Queral.

 
Por cierto, que si hubiera que dar un buen guantazo en este momento, el mío iría directo a los que quieren hacernos volver a la escuela de los setenta. Perdonadme la digresión, soy una pacífica docente que nunca cometería tal agresión; pero hay cosas que dan mucha, mucha rabia.

 

 
Volvemos a "Urtain". Ya nos hemos acostumbrado a la cronología regresiva. Llegamos al momento en que el personaje ha de encontrarse con sus orígenes, desaparece el odioso presentador cabaretero y se queda solo.

 
Para mí, a Urtain, al buen Urtain, siempre le quedó algo de "Josechu el vasco", el  de aquellas tiras cómicas, creadas por Muntañola, para el tebeo "TBO". Es el tópico del "chicarrón del norte", vasco y forzudo: antebrazos y cuello enormes, mentón prominente, ropa blanca, boina y faja roja. Como leemos en una de sus viñetas : "simpático hombretón, rústico y sencillo, exponente de un pueblo noble y vigoroso".

 
De aquí.

 
Tal vez a José Manuel Ibar le agradaba la imagen tópica y la explotara; aun cuando la ambición convirtiera  al "harrijasotzaile" en boxeador de combates dudosos. Pero algo conservará siempre de aquel muchacho sencillo que , tras el trabajo en la obra o en la fundición, levantaba piedras, deporte rural vasco sin posibilidad de trampa o de cartón. Y, como pago, la admiración de sus paisanos y muy poco más. Es suficiente, era suficiente, antes de lo de aquel bar donde se complicó todo. Le prometieron mucho, fue su perdición.

 
Harrijasotzaile

 
El autor Cavestany no olvida esa faceta , junto a otras menos atractivas. El actor Roberto Álamo la tendrá muy en cuenta: violento y ambicioso,  ingenuo y tierno a la vez. Las entrevistas que el Urtain real concede a los medios de comunicación así  nos lo confirman. Desde aquella  con su primera mujer Cecilia, timidísima, con los niños, en la puerta del caserío, hasta las últimas, abotargado y deteriorado. Nuestra amiga Gelu, del blog "Penélope aguarda en Itaca" recoge, en una interesante entrada, algunas muy significativas, os invito a acudir a ellas.

 
Porque a José Manuel Ibar no le gusta el boxeo y su personaje de ficción así lo proclama: "Me gusta el boxeo porque me da dinero pero amarlo no lo amo para nada. Yo amaba levantar piedras, yo amaba mi vida en el campo. Yo quisiera saber qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio".

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dice en "La acequia":

Mª Ángeles Merino constata lo duro que es el mensaje de la obra en su visión global del montaje en una excelente entrada que habla desde dentro de Urtaín pero también desde dentro de quien comtempla la violencia que sobre él se ejerce.

viernes, 6 de abril de 2012

"Urtain" (3): el actor Roberto Álamo no deja "hueco para la mentira"

De aquí.
Aportación a la lectura colectiva de la obra de teatro "Urtain", de Cavestany, dirigida desde el blog "La acequia", por Pedro Ojeda.

El actor Roberto Álamo no deja "hueco para la mentira"

En el “Urtain” de Cavestany nos sorprende extraordinariamente el trabajo de Roberto Álamo, el actor protagonista. ¿Interpretación? Leamos en “El País”, 5 marzo 2010, un artículo de Rosana Torres:

“Su trabajo no parece que consista en interpretar sobre los escenarios, desde hace más de un año, al tigre de Cestona. Simplemente lo ha abducido o, como él dice, trata de encarnarlo… según Álamo "domar la carne, sentir que en aquello que haces no hay hueco para la mentira".

Legrá y Urtain, marionetas.

En la citada entrevista,  el actor recuerda que  vio fugazmente a Urtain, cuando era un preadolescente, amigo del boxeo. Y, en su retina, queda grabada esta imagen del “tigre de Cestona”:

“Sudaba, contestaba a regañadientes, pasando una y otra vez el pañuelo por la frente y el cuello. Yo era preadolescente y él tendría unos 43 años, pero muy machacados, como tengo buena memoria emocional recuerdo al personaje con ternura, quizá con compasión, con aquella timidez, totalmente abotargado..., es un recuerdo agridulce".

Sudoroso, tímido, abotargado y machacado. La imagen grabada coincide con su encarnación, que no interpretación, del boxeador. Y   la acompaña de buenas dosis de ternura y compasión, a pesar de la dureza y la acidez de la obra de Cavestany.

La transformación psicológica va acompañada de una dura transformación física.

“Meses antes de empezar los ensayos adelgazó 17 kilos y mientras, a base de cinco horas diarias de gimnasio, se fue modelando. Llegó al estreno con cuerpo y maneras de boxeador. Ahora sigue entrenando entre tres o cuatro horas diarias y está más mazas que al principio de la gira.”

Su voz también se entrena. Escucha, observa.

“Juega con todos los registros que tuvo Urtain al hablar. Saca de su garganta la voz de Ibar, cuando es joven y apenas hablaba castellano. La transforma cuando se supone que la vida le ha pasado por encima como un tsunami: "Es más grave, se le ha metido la arenilla que da el alcohol, el tabaco, los accidentes...".

Baserritarras

Roberto pasa horas en los bares de Zestoa, oye a la gente de allí, aprende a hablar como ellos. Pero no consigue que le hablen de José Manuel: "es como si nadie quisiera saber nada de él, como si fuera un hombre maldito". No hay estatuas del púgil, nadie apoyó el proyecto de erigir una. Ya oímos decir a su personaje: "un apestado".

Plaza de toros de Zestoa
Álamo  calla, se mete  dentro de ese dolor y suelta aquello tan repetido en la obra:"¿Qué he hecho yo para que lo que hago sea tan sucio?".

Para él, la obra "nos enseña a comprender el desastre de educación que había...en la que todo consistía en educar a la gente en la violencia y el miedo, todos los personajes que aparecen en la obra necesitan un abrazo". Y nos propone la "única revolución posible y verdadera...la educación afectiva, emocional".

De aquí.
El actor "ha estudiado minuciosamente a José Manuel Ibar Azpiazu recopilando entrevistas e información". Le ha llamado la atención "lo mucho que escucha y lo que no dice, cómo se defiende con una levísima sonrisa y con la manera de mover los brazos".

De aquí.

No es de extrañar que estemos ante "un actor al que le piden abrazos y no autógrafos". Alguien  capaz de ver poesía en el boxeo:

"Cuando acaba un combate, los púgiles se dan el abrazo más sentido que he visto en mi vida. Yo he visto poesía en el boxeo: he visto al gran Mohamed Ali bailando con la muerte"
Mohamed Alí

Aunque, tal vez, la mayor popularidad le venga a Roberto Álamo de la serie televisiva: "Águila roja", ambientada en el siglo XVII español. En ella, su personaje es un médico noble, con un pasado oscuro.

De aquí.

En el teatro o en la televsión, un gran actor, sin duda.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces utilizados:

 "Roberto Álamo no deja espacio para la mentira"

"Un actor al que le piden abrazos y no autógrafos"

«Yo he visto poesía en el boxeo del gran Ali»

"Urtain" (2) “El oro conseguí pero el amor perdí"


Comentario en torno a la obra de teatro "Urtain" de Cavestany para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

“El oro conseguí pero el amor perdí"

Mientras buscaba el arranque para una entrada en torno a  ”Urtain”, qué difícil sin texto, ronda por  mi cabeza insistentemente una sentimental canción. Son las bellas voces  de Amaya Uranga y Plácido Domingo en “Maitechu mía”.  
De aquí.
Como os decía, “Urtain” me trae de la mano esta canción tan triste:
“Buscando hacer fortuna como emigrante se fue a otras tierras, y entre las mozas una quedó llorando por su querer. Vuélvete al caserío no llores más mujer que dentro de unos años muy rico he de volver, y si me esperas lo que tú quieras de mi conseguirás. Maitechu mía, Maitechu mía. Calla y no llores más”.

El casero Urtain tiene  poco en común con el indiano Santi, como es obvio. Mi asociación de ideas viene de su condición de vascos que buscan fortuna fuera de  Euskadi. Un emigrante y un boxeador. En los dos personajes puede encajar aquello de “El oro conseguí pero el amor perdí”. En el caso del boxeador, el ansiado dinero desaparece pronto, en negocios ruinosos que precipitan su suicidio. 

De aquí mismo.

Manipulado, convertido en un juguete roto, así es;  pero "la ingenuidad del Morrosco se sostiene a medias, pues éste habría peleado en diversos combates amañados, tongos que le ayudarían a ascender en el escalafón del boxeo profesional...Urtain muestra una gran avidez de dinero".

En ese ring de boxeo, donde va destapándose cruelmente su lado oscuro, el “Urtain” de Cavestany da rienda suelta a  los viejos sufrimientos, ante un grupo variopinto de personajes. No faltan famosos, políticos, los  impulsores de  su carrera, un paisano vasco...Urtain padre (Aita), Urtain niño, Marisa la primera mujer y Cecilia la segunda.Unos deslenguados periodistas dan el tono  ácido a la obra, qué mala leche se gastan. Y ese presentador tan fino que rezuma maldad. Y la chica contoneante del cartelito y un público que le jalea. Todo con muy pocos actores y con un único escenario. Muy buenos son los de "Animalario".  Roberto Álamo, un diez.


Roberto Álamo (Wikipedia)

Ponemos el vídeo. Música vasca. Qué ha hecho para que todo  sea “tan sucio”; por qué sus amigos, “que no hablan español”, le miran como un apestado, como si les fuera a contagiar algo.  Sí, “Urtain fue España. España acabó con Urtain”. Vasco españolista e icono del franquismo, todo un estigma en la Guipúzcoa interior. Y esa foto, dichosa foto. El presentador extiende el brazo, al contarlo.

De aquí.

En la obra de teatro, lo seguimos en sus intentos de darse ánimos a sí mismo y de quedar por encima, como el aceite. Su discurso se compone de subidas y bajadas, de la chulería al desánimo:

Estoy como un toro, sólo tengo un derrame y sudo. Sudo hasta debajo de la nieve, tengo que llevar un pañuelo porque hace mucho calor, en Madrid en julio hace mucho calor, ahí está Marisa, Marisa en qué mes estamos, Marisa se marchó con los hijos, me había jurado que no me abandonaría y, al final, se ha ido. Tiene cojones, dice.


De aquí.

Mientras escribo esto recuerdo de la Wikipedia que Urtain tuvo tres hijos con Cecilia y dos con Marisa. Cinco.
 
Pero nada puede con él, asegura, mira que ha tenido accidentes, ni los coches pudieron con él, aquel Pegaso, se le clavó el volante  y no puede respirar bien.


Aunque las de los accidentes fueron importantes, las heridas del boxeador fueron tres: el amor, el dinero y su propia identidad.

Sigamos escuchando el "Maitetxu mía":

"No volveré a quererte con toda el alma Maitechu mía, ni volveré a cantar zortxicos al pasar..."

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Entre músicas y recuerdos, Mª Ángeles Merino anda con mucho acierto en el comentario inicial de Urtaín. Tiene razón al ponerle esa banda sonora."

miércoles, 21 de marzo de 2012

"Urtain" (1)

"A beneficio de los niños s...de Bérriz"
¿Urtain? Un nombre unido a los años de televisión en blanco y negro, los últimos de la dictadura franquista, los de "las quinielas, el turismo, los marcos del emigrante. Viva el milagro español, viva la tele y el cante". No me preguntéis de donde es eso último; me ha salido así, de un tirón. A ver el Google...Sí, es una canción de Pablo Guerrero, la sintonía de una serie de televisión: "La España de los Botejara" (1978), dirigida por Alfredo Amestoy.

De aquí.

"Viva la tele y el cante". Finales de los sesenta, setenta. Y en aquella de canal único, el boxeo tenía su lugar: Pedro Carrasco, José Legrá, José Manuel Ibar Urtain...No me acuerdo a que horas retransmitían los combates; horario infantil o adulto, eso daba igual. Qué fino juega Carrasco, qué simpático el negrito Legrá, el "morrosko de Cestona" que los deja K.O a todos. Se hablaba de boxeo de la misma manera que se hablaba de toros, fútbol , flamenco o el último festival de Eurovisión. ¿Política? Nunca. Pan y circo.

El boxeador Urtain fue especialmente  popular. Tal vez alguien recuerde que el plato combinado compuesto de filete, huevos fritos y patatas fritas era un "Urtain".

Desayuno Urtain

O sus anuncios del brandy Soberano, "cosa de hombres", por supuesto.

De aquí.

Ya retirado, y arruinado, se le recuerda en Burgos como portero de la discoteca Pentágono. Así nos lo comenta el blog Blogochentaburgos:

"José Manuel Urtain fue portero de unos de los templos de los 80; la discoteca Pentágono. Allí pudimos ver a este juguete roto (hay muchos en el boxeo) ejerciendo con su presencia de chicarrón del norte y el recuerdo intimidatorio de sus certeros golpes en el ring, las labores de seguridad interna de la discoteca"

Tomado de "Blogochentaburgos"

Pedro Ojeda nos propone ahora una lectura colectiva relacionada con el desafortunado boxeador. Lectura de imágenes y sonido, pero lectura. Se trata de la obra de teatro "Urtain", de Juan Cavestany. Para ello, nos proporciona el enlace de la grabación realizada para TVE, para el programa "Estudio 1". Según sus palabras es "una de las mejores obras del teatro reciente español".

Tomado de "La acequia"

La obra es un viaje regresivo desde la muerte de Urtain hasta su origen. El escenario es un ring de boxeo donde los actores, desdoblados en personajes distintos, van destapando cruelmente  las sombras del mito.

Zestoa-Cestona (Guipúzcoa)

Música vasca. Urtain boxea a ciegas, su rostro está cubierto con una toalla. No, no es Urtain, es una mujer sexy y contoneante que anuncia un asalto. Un locutor, más propio de un cabaret que de una velada de boxeo , da la noticia de su suicidio: se arrojó desde un décimo piso. Urtain sube y baja en un artilugio, el público que le hizo subir le hace bajar mortalmente. Jalean al boxeador. Tongo. Tongo. Unos periodistas, dignos predecesores de norias y sálvames, comentan regocijadamente la noticia, mientras teclean una máquina de escribir imaginaria. Problemas económicos. No sé qué de una foto con Franco. Siguen hiriendo las teclas. Hay muchas formas de matar.

Seguiremos con "Urtain".

Un abrazo para los que me seguís de:

María Ángeles Merino