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viernes, 6 de febrero de 2026

Cronica de la reunión de lectores en torno a Los hijos muertos de Ana María Matute.

Crónica de la reunión de 27 de enero de 2026, del Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, cuarta de este curso, 2025-2026, en su formato presencial, dirigida por el profesor Pedro Ojeda Escudero

El libro comentado fue la novela Los hijos muertos de Ana María Matute. El lugar, el habitual: en la facultad de Humanidades y Comunicación de la UBU, aula 5 2, en el edificio del antiguo Hospital Militar. 


Comienza Pedro Ojeda (P.O.), en diálogo con los lectores (L.):

-(P.O.): Los hijos muertos de Ana María Matute, una novela clásica del siglo XX, de la nueva narrativa española, una novela que se va transformando, que empieza de una manera y sigue de otra. Parece que va de una saga familiar, pero surge un elemento externo que nos lleva a otro lugar. 

De los años cincuenta, nos propone una reflexión:  el olvido y  el recuerdo de un mundo distinto, con gente anclada en el pasado, con una forma de ver la vida y no solo la política. Enfrentamientos políticos y familiares con una gente nueva, como el personaje de Mónica, en Hegroz, un espacio ficticio que es real (Mansilla de la Sierra). Un mundo que lucha por desaparecer, en una novela que nos lleva a Los Pazos de Ulloa y La Madre Naturaleza de Emilia Pardo Bazán: en el núcleo, la casa, nada cambia y todo se transforma porque entra lo externo y provoca grietas.

Es el testimonio de los protagonistas, no de un narrador omnisciente. Personajes que no están a gusto, que no encajan: Daniel, Miguel, Verónica, Mónica. Trabaja mucho ese naturalismo de la postguerra. Tremendismo de La Familia de Pascual Duarte, en el fondo es lo mismo, simbolismo, determinismo.


El pastor que va a acabar con todo, el pueblo, los animales, la vida. Hay un espíritu común, el alma de los personajes y el bosque , el alma de la casa y los lobos. Al final el lobo muere, es un símbolo.

Una forma de tratar una situación histórica, los personajes están muy bien retratados, como Isabel, como su padre. Nos lo dice desde sus acciones y sus pensamientos. Es muy interesante, no ha envejecido.

-(L.): No he podido. Ante la dificultad, no he cogido el libro. 

-(P.O.): ¿Qué te ha pasado? 

-(L.): No sé de qué va, no veo el hilo. No lo he podido terminar. 

-(L.): Hay que leer despacio.


(L.): Me ha costado entrar, luego entré y me gusta. Te metes entre saltos temporales, te despista, gusta más al final.

-(P.O.): Cuesta y yo lo entiendo. 

-(L.): Lo he abandonado. Prefiero leer otras cosas. 


-(L.): Vaya tarea difícil que os han puesto en el club de lectura, me comentó la librera.

-(L.): No me ha costado nada, pero al principio despista, me ha gustado al final. 

-(L.): Me ha bajado la moral, muy duro, lo cogías, lo dejabas.

-(L.): Al final, he tenido que releer el último capítulo, quería más. La descripción de las situaciones es preciosa.

-(L.): No lo he podido leer, he tenido unas navidades movidas. 


-(L.): Me ha llamado la atención que en los talleres de escritura nos aconsejaban evitar el exceso de adjetivos, aquí hay muchos.

-(L.): El adjetivo "extraño" aparece muchas veces. Las mujeres qué extrañas, los hombres qué extraños, la vida qué extraña...

-(L.): El principio es inconexo, deslavazado.

La palabra "sol" que sale doscientas veces. 🌞 

-(L.): La figura más interesante para mí, por razones personales, es Diego Herrera, el capataz. 

- (L.): El "baranda" de los prisioneros que trabajan en el pantano, uno de ellos, Miguel. Las aguas del pantano cubrirían Hegroz (Mansilla), un pueblo llamado a desaparecer. 

-(L.): Me gustaría que incidiéramos en dos personajes: Daniel y la Tanaya. La Tanaya es un gran personaje, la mujer que lucha contra todo y contra todos y sigue adelante 

-(P.O.): Son personajes de características reconocibles, pensáis que no existen, sí existen. 

Técnicas que habéis detectado. No podía ahondar en la guerra civil, según algunos es la primera novela antifranquista que existe. Decir lo que no se puede decir. 

Va haciendo descripciones, el mundo va creciendo, la naturaleza profusa va creciendo, vamos perdiendo capacidad de atención. Para abordar la época se vale de una saga familiar, es de donde parte. Había entonces muchas novelas de sagas familiares. En un mundo mítico aborda la historia reciente, es un paso hacia Cien años de soledad, tiene mucho de eso. Matute va cambiando. 

Los Corvo son una familia de indianos que compran las tierras de un duque. Los aristócratas de los señoríos vendían a los burgueses con dinero y se superponía ahí la dominación al dinero. Los Corvo se arruinan y algunos se resisten: el padre, Isabel viven en el pasado. Conocemos el retrato de una familia que vive en el pasado y otra parte que rompe con aquello: Daniel no puede pensar cono Isabel, César se escapa. Están los sirvientes como la Tanaya. 

Entra la historia y rompe eso. Todas las tensiones de los años 30, los conflictos y la guerra civil, acaban de romper la novela.

 Estrategia: en letra redondilla la historia, con la cursiva nos introduce los recuerdos de los personajes. así han vivido la guerra civil.

 La novela se ha ramificado, de lineal pasa a encrucijada, con los sentimientos en cursiva. De repente nos despista. Quiere continuar e introduce una nueva generación: la historia de Miguel que cayó prisionero, la historia de Mónica de pronto adquiere un protagonismo. Acaba de unir otro tercer bloque, los dos chicos, los pensamientos de Mónica y de Miguel, ha puesto todo en juego.

Fácil de seguir en línea recta: enfrentamientos, historia familiar, Daniel apartado. En Isabel se mezclan el odio y el egoísmo, tiene celos brutales de su hermana. Daniel vive para más gente, llega a la realidad de una sociedad en conflicto. Anarquista, lucha en la guerra civil  y acaba en el exilio, llega a trabajar en minas y contrae la silicosis, le quedan dos años de vida y acepta vivir en Hegroz acepta porque va a morir.

Gente que no cree en nada, Daniel no tiene esperanza en nada, persigue a los tramperos. Surge Diego, no es un santo, no entiende lo que está pasando, lo ve desde una parte. Miguel con Mónica  introduce un paso más, no acepta el pasado.

Sin leyes ni trabas surge el amor. A todos no les frustra el amor, estos dos quieren vivir con esperanza. Daniel no sabe definir el amor, no sabe si está enamorado. Vive el amor pero no lo sabe. Hay pasajes bestiales. 

-(L.): Y descripciones bestiales, como la entrada en Barcelona. La estación de tren, las calles, el humo, el ruido, el asfalto... como cuadros impresionistas.

-(L.): Daniel no conoce el amor pero conoce el odio, hacia la Amelia.

-(P.O.): El argumento es muy fácil, lo que dificulta son las estrategias de vanguardia: muchos adjetivos, nada sobra, un bosque que crece...

En general, ha gustado. Alguno se perdió y ahora la retomará. A otros les costó entrar y luego le  cogieron gusto. A muchos nos ha parecido extraordinaria. También hay quien la ha abandonado una vez empezada y ha preferido otras lecturas. O ha tenido una Navidad ajetreada. Libertad, siempre. 

Como siempre, tomé apuntes y redactaré mi crónica, con la mayor fidelidad posible.


Gracias al profesor y a mis compañeros lectores que lo han hecho posible. Un abrazo a los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya


martes, 27 de enero de 2026

Una novela que se rompe y nos despista.

 



Esta tarde hemos disfrutado de la reunión del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. El lugar ha sido el habitual, en la Facultad de Humanidades y Comunicación de la UBU, en el edificio del antiguo Hospital Militar. 

El libro comentado ha sido "Los hijos muertos" de Ana María Matute, una novela clásica del siglo XX, de la nueva narrativa española, una novela que se va transformando, que empieza de una manera y sigue de otra. Parece que va de una saga familiar pero de pronto aparece un elemento externo que nos lleva a otro lugar. 

Escrita en los años cincuenta, nos propone una reflexión sobre gente anclada en el pasado y no sólo en el aspecto político. Nos encontramos enfrentamientos políticos y familiares, en una familia, los Corvo, indianos arruinados que mantienen su poder y prepotencia, donde surge gente nueva, con personajes como Mónica y Daniel. Entra la historia: las tensiones de los años treinta, los conflictos, la guerra civil...La novela se rompe y, de repente, nos despista. 

Ana María Matute no podía abordar directamente la guerra civil pero, según algunos, es la primera novela antifranquista que existe. Echó mano de sus técnicas para decir lo que no se podía decir. No era tarea fácil. 

En general, ha gustado. Alguno se perdió y ahora la retomará. A otros les costó entrar y luego le  cogieron gusto. A muchos nos ha parecido extraordinaria. También hay quien la ha abandonado una vez empezada y ha preferido otras lecturas. O ha tenido una Navidad ajetreada. Libertad, siempre. 

Como siempre, tomé apuntes y redactaré mi crónica, con la mayor fidelidad posible.

María Ángeles Merino Moya





martes, 6 de enero de 2026

"Los hombres, sobrándose siempre, los unos a los otros" (Ana María Matute).


 "Los hombres, sobrándose siempre, los unos a los otros"

Lo escribió Ana María Matute, en Los hijos muertos,1958, Cátedra Letras Hispánicas, página 307.

Una buena lectura para una Navidad o para cualquier otro tiempo. La del Club de lectura de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda Escudero, para el mes de enero.


Los hijos muertos de Ana Maria Matute, la mirada asombrada de una niña de la guerra y la posguerra, como mi misma madre. Niños que, con los ojos muy abiertos, vieron a los mayores "sobrándose". Vieron cómo todo se daba la vuelta y no entendían nada.

"No hay sitio para todos: hay que abrirse paso".

Es lo que ha movido siempre la historia de la humanidad.

Seguimos sobrándonos. 

Ya veis, una línea y media. Voy por la página 351, unas gotas de agua en un océano de la mejor literatura. El lector no sale tampoco de su asombro, palabra a palabra, cómo escribía esta dama de las letras españolas. 

Me puse también a escucharla, un bálsamo en estos días protagonizados por un loco que se cree amo del mundo, en fin.


"Los hombres, sobrándose siempre, los unos a los otros"

María Ángeles Merino Moya