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jueves, 20 de enero de 2011

Las tentaciones de Rodrigo.


(Phovoir images)
"Los camareros barrían y apuraban las copas abandonadas por los invitados"


Comentario a parte del capítulo segundo del libro "Inquietud en el Paraíso", de Óscar Esquivias.


Rodrigo Gorostiza tiene dispensa, en el Seminario, hasta las doce. No quiere desperdiciar su tesoro de libertad concedida. No le importa vagar por las calles, sabe lo que hay tras los muros de San Jerónimo. Se queda, en el Salón Rojo, en compañía de un achispado Ontañón y de unos camareros que barren y apuran las copas de los invitados.

El librero poeta recita sus versos, tarínnn tarínnn, mientras simula tocar un imaginario y triste violín. Un camarero le aparta los pies, de un escobazo, qué poco respeto, y le anima a recogerse. El beodo le amenaza con meterle en uno de sus epigramas. El camarero, en venganza, le recuerda los chichones que le puede propinar su señora esposa.

Rodrigo le acompaña, menos mal que vive a pocos pasos de allí, encima de su librería del Espolón.



"Ontañón vivía a pocos pasos del Teatro, en un gran piso que tenía sobre la librería del Espolón".

Ontañón está chispo, pero sus palabras le hacen daño. El mujeriego Don Eduardo, le recuerda la suerte que tiene de no gustarle las mujeres. Si con una pócima se le secara la "colita", él se la tomaría, pero no existe tal pócima milagrosa. Rodrigo se pregunta de dónde habrá sacado el poeta eso de que a él no le atraen las chicas. Nunca se lo ha dicho a nadie y empieza a temer que haya algo, en él, algo que lo delate. También dice que la Conchitón se lo dijo; pero ¿cuándo ha estado Rodrigo con la Conchitón?

Cambiaría sus insaciables gónadas por las de Rodrigo, manifiesta lloriqueando el beodo y enamoradizo poeta. Llama al sereno para que le abra el portalón. Aparece , un Diógenes con gorra y bigote, por la esquina a la calle Carnicerias y le abre, tras reprocharle paternalmente su melopea.



"Pronto apareció un hombre por la esquina de la calle de Carnicerías y se acercó arrastrando los pies"



"...mientras abría la puerta y le dejaba una cerilla para que se iluminara. Ontañón desapareció en el portal..."

A Rodrigo le gusta caminar solo, alimentando su miedo en las calles más oscuras. Le atrae el Espoloncillo, por donde, diurnamente, pasean reposadamente los curas, que tienen prohibido el paralelo y mundano Espolón. Curas, abuelos, viudos, suicidas y gente triste; pero recuerda cuando don Eduardo dijo que, por las noches, se convierte en Paseo de los Chicos, con la complicidad de los copudos castaños.



Puente de San Pablo. "Entre los puentes de San Pablo y Santa María se extendía el Paseo de los Curas..."

Decidido, atraviesa el puente de San Pablo y se planta ante el edificio nuevo de Correos. Allí entre los castaños, una silueta y el chispazo de un mechero, repetido varias veces. Le llaman, no hay duda. Siente pánico y echa a correr hacia esa otra orilla, frecuentada por “graves personas sin sexo”.



Espoloncillo. "Ahora miraba el Paseo de los Chicos sin atreverse a entrar en él y cruzarlo"

A las doce, como Cenicienta, vuelve Rodrigo al seminario. El cura que le espera, en la portería, gruñe, por apurar tanto el tiempo y hacerle esperar. Mañana tiene que madrugar para tres misas tempranas: Salesas, San Esteban y San Gil. Luego dicen los anticlericales que no trabajan.



Iglesia de las Salesas."Mañana por la mañana, tengo que dar tres misas: sustituyo al padre Huidobro en la del alba de las salesas..."



Iglesia de San Esteban."...luego tengo otra en San Esteban"



Iglesia de San Gil."...y por fin la de las...las...bueno, ya sabe usted, en San Gil."

Hemos visto las tentaciones del poeta y del seminarista. Seguiremos con las del capitán Paisán.

Un abrazo , para los que pasáis por aquí, de.



María Ángeles Merino

domingo, 16 de enero de 2011

Paseo de una mañana de niebla.



Llego al puente de San Pablo (Burgos). Por aquí corría Rodrigo Gorostiza,el de "Inquietud en el paraíso", huyendo de sí mismo. El Espoloncillo a mano derecha, el Paseo de la Quinta y el Museo de la Evolución Humana, a mano izquierda.



Hago la foto al Espoloncillo o "Paseo de los Curas". Aquí se le representó la tentación: dicen que es el "Paseo de los Chicos", había una sombra bajo los castaños y una luz de mechero.Suficiente. Sintió miedo y huyó . En el "Espolón" hay más gente...



El agua de "La acequia" me trae a esta fuente, pero no hay niños pisando charcos.



Sigo mi paseo por la Quinta, frente al Museo de la Evolución. La estatua del homínido, el "Homo antecessor", con su niño sapiens ,nos conduce hacia el CENIEH.





Río Arlanzón. El nuevo puente de acceso al CENIEH y al Museo de la Evolución Humana.




Arlanzón. El nuevo puente "Gasset".



¡Qué grafiti más extraño! Claro, como no se puede fumar en bares y cafeterías...



Por aquí suele estar pescando la garza, ahí está. Alguien tiene la ocurrencia de aplaudir y emprende el vuelo. ¿Será la que fotografió Pedro Ojeda, en 2007?

Como veis, comienzo hablando de un libro y termino con una garza real. Cosas de la niebla.

Un abrazo de María Ángeles Merino