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miércoles, 14 de agosto de 2024

Sentimientos que no se ponen de acuerdo

  







Viene de "El blog de Sor Austringiliana"

Ayer paseaba por la orilla del río Vena, con casi frío y era un placer. Iba dándole vueltas a un microrrelato que había leído en el libro "Los ojos de los peces" de Rubén Abella, finalista del Nadal en 2009 y excelente narrador.

 En la página 46, la lectura del microrrelato "El club" me llevó a a los sentimientos contradictorios que, en ocasiones, nos asaltan y, aunque  nos hagan daño con sus peleas, cargamos con ellos.  En este momento de mi vida personal, mujer mayor que cuida a una madre muy mayor, lucho con dos que, tal vez, me harían socia de "El secreto Club de los Contradictorios". Leo: 

"Una vez al mes se reúne en la carnicería de Onofre Sánchez el secreto Club de los Contradictorios. El presidente es el propio Onofre, en virtud de su dos veces discordante condición de carnicero vegetariano y romanticón misógino. Entre los miembros hay un bombero con vértigo, un socorrista que no sabe nadar, un pastelero  diabético, un cura que no cree en Dios, un escritor analfabeto, un médico que siempre está enfermo, un sindicalista rico y un políglota incapaz de entenderse..." (Rubén Abella)

Son microrrelatos para una sonrisa cómplice, a veces un gesto de sorpresa. En cada uno de ellos, en muy pocas líneas, cabe toda una novela, los leemos y probamos a imaginarlas.  Los seres humanos somos complicados, nos identificamos con las  lecturas que dicen de nuestra complejidad.

Ya ve, Sor Austringiliana, sentimientos que no se ponen de acuerdo. 

María Ángeles Merino


jueves, 20 de junio de 2024

Lectura en San Amaro. "Ictus" de Rubén Abella.




 






 


 


 Ayer pasaba por delante de una tapia bien conocida, pero unas amapolas tiraron de mí. Adentro, vamos a pasar, aunque solo sean unos minutos, a un recinto de silencio y paz, junto a la ermita de San Amaro. No importa la fe ni la "no fe". 

Tras una mirada al yacente y pétreo santo y un saludo a las "custodias", de los Custodios de San Amaro supongo, que no sé si me oyeron, busqué un banco al sol y sombra, como a mí me gusta.

 Un momento, he de visitar al ángel de la antigua  tumba enrejada, el que yo siempre imaginé, equivocadamente, como de pobrecito niño fallecido a muy tierna edad; mas es de mujer adulta, hace poco lo sé. La vegetación lo abrazaba y  mostraba sus púas de rosal, ahora se ve todo mejor cuidado.

Un poco de lectura, llevaba en el bolso la novela "Ictus" de Rubén Abella, la segunda que leo de este autor recién conocido. Uno de los protagonistas, en un día muy difícil, comparte un amargo calimocho con un antiguo compañero al que no reconoce.

Está tan bien escrito que reconozco el gusto del vino malo, malísimo, con muy poca cocacola. Una bebida que desconozco, por cierto, pero es el poder de las palabras, de la literatura. Sí, le faltaba dulce. La vida y sus malos sabores, sus "ictus" y desilusiones. Y nos priva de los sabores gratos, no los reconocemos, aunque estén ahí. 

Miré el reloj y rodeé el recinto del antiguo cementerio de peregrinos, ya no es tal. Junto a una cruz oxidada alguien había colocado unas flores contra el olvido. La tapia de la salida mostraba también amapolas. 

Salgo, el Parral está candado y paseo junto a la tapia. Una amiga me llama por mi nombre, también ha estado en San Amaro, al frente de una visita con un grupo de mujeres  Es un placer hablar con ella, de literatura y de más cosas. Nos despedimos junto al puente Malatos, el de los leprosos. Peregrinos y leprosos también padecieron su "ictus" por estas tierras del Camino. Enlazo con el libro, os aconsejo su lectura. 

Mi visita a la UBU, a resolver un pequeño trámite, tuvo esta coda.

María Ángeles Merino

jueves, 23 de mayo de 2024

"Dice la sangre" de Rubén Abella.

  





Ahora estoy con Rubén Abella en Fundación Círculo. Nos va a hablar de su novela "Dice la sangre".

"¿Me atrevo a perturbar el Universo?", una pregunta al comienzo del libro.

"El silencio emocional de las familias." El Universo que alguien osa perturbar. 

La memoria, el recuerdo. Veintiún personajes que narran los mismos hechos ocurridos, un día concreto de 1985, alrededor de una familia, en una ciudad imaginaria llamada Tabira. ¿Astorga?  Algunos no dudan: "No hay cosa que más miedo me dé que la gente que no duda."

 "Dice la sangre". La sangre es el vínculo, mirad la flor roja de la portada, una madre un día deja caer, en la cocina, que esta gravemente enferma. Y, a partir de ahí, cada uno cuenta lo que pasó en aquella fecha y lo cuenta distinto, como cuando niños jugábamos al  "teléfono escacharrado". 

¿Una historia verdadera? Sabemos que la literatura cuenta mentiras para contar una verdad. 

Rubén Abella, además de profesor y escritor, es fotógrafo. Disfruta de sus tres oficios. Nos habló de sus alumnos y nos hizo una foto. 

Fue un placer conocerlo, en un animado diálogo con Jesús García, de la "Escuela de escritores". Y Marigel, creo que se llama así, nos leyó algunos fragmentos del libro.

Pido perdón por las posibles imprecisiones, puesto que no he leído el libro. Lo leeré, sin duda.

Ya veis, la sangre. 

María Ángeles Merino