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sábado, 9 de mayo de 2009

El cabrero que zurra y los flagelantes que se zurran.

"...yo sacara del monesterio...a Leandra, a pesar de la abadesa y de cuantos quisieran estorbarlo"
"El canónigo pidió al cura le avisase el suceso de don Quijote, si sanaba de su locura o si proseguía en ella, y con esto tomó licencia para seguir su viaje"


Comentario al capítulo LII del Quijote, último de la primera parte.
Publicado en http://laacequia.blogspot.com/

De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor.

El cabrero, la procesión y la vuelta de don Quijote a la aldea. Son las tres piezas que Cervantes encaja en este último capítulo de la primera parte.Todo parece ir como la seda. Sentados en el prado ameno, comen las abundantes viandas canónigas, escuchan con gusto el cuento de Leandra y el cabrero invita al postre… ¡Tenía razón el señor cura! Los montes crían letrados Pero Cervantes va a poner esto patas arriba. Va a hacer trizas la placidez bucólica y se va armar una que nos va a dejar temblando. Contraste barroco habemus…

Don Quijote se disculpa, por no poder emprender aventura alguna. Le gustaría, pero no puede, liberar a Leandra de su encierro conventual. Pero, el cabrero señorito pregunta quién es ése, con tan mala pinta, que habla así. Tras recibir una irónica información por parte del barbero, se dirige al extraño personaje, calificándolo de cabeza vacía. El de la Triste Figura contesta que la vacía, puta e hideputa será la madre que parió al que así le habla y lanza un pan que casi deja chato al deslenguado.

A partir, de lo del pan, sobre platos y tazas, llueven los mamporros, mojicones, arañazos y coces. Y menos mal que al cabrero, ensangrentado y coceado, se le impide coger el cuchillo. Don Quijote y Sancho también salen muy mal malparados y llueve sobre mojado, que sólo con sus lesiones antiguas ya se llenaría un libro de Traumatología. ¿Cómo sobreviven así, sin un mal servicio de Urgencias? nos preguntamos...

Llama la atención la insensibilidad de los que les contemplan el combate, incitándolos como a perros de pelea. El cura y el canónigo, muy cristianamente, revientan de risa. Los cuadrilleros, la ley y el orden, saltan de gozo. Aquí Cervantes carga las tintas…

El sonido tristísimo de una trompeta da la vuelta, otra vez, al capítulo. Cesan los contrincantes, entre otras razones porque ya no pueden más, y desfila ante sus ojos una procesión de flagelantes , con una imagen de la Virgen llorona. El narrador sabelotodo nos aclara que aquel año había sido de sequía, en esas tierras. El cielo había negado su rocío a los campos y, los de la aldea .venga latigazos, venga paseos hasta la ermita con la señora enlutada, a ver si la voluntad divina cambia y se abren las nubes con el preciado elemento. ¡Ay Erasmo, Erasmo! ¿Religión por fuera o por dentro?Parece ser que estas procesiones de flagelantes eran algo habitual, algo que don Quijote debía haber visto muchas veces. Gente abriéndose las carnes con un latiguillo acabado en púas, normal….

Pero él lo interpreta en la clave de su locura y se lanza a liberar a la pobre señora que llevan cautiva. En el intento, recibe un golpe tal que Sancho, dándole por muerte recita un planto, al más puro estilo caballeresco, que, a pesar de sus cómicas equivocaciones, muestra su calidad humana.

Los de la procesión, ven a los cuadrilleros con sus ballestas, no quieren que les carguen con el muerto y echan a correr cobardemente, con la falda y los capirotes arremangados, luciendo los cirios y las disciplinas.. ¡Ay Erasmo, Erasmo! ¿Religión por fuera o por dentro?

El cura conoce a otro cura de la procesión y tanto unos como otros se sosiegan. Aquí no ha pasado nada.

Don Quijote pide a Sancho que le coloque en el “carro encantado”, dado el estado de su dolorido hombro. Sancho lo hace de buena gana y, de paso, nos anuncia una nueva salida, tras la estancia en la aldea. Don Quijote atribuye su mala racha a un “mal influjo de las estrellas” que hay que dejar pasar. ¡Cervantes astrólogo!

La procesión sigue su camino y s la hora de las despedidas. Se despide el cabrero y los cuadrilleros no quieren pasar adelante, cobran y se van. ¡Por fin perdemos de vista a este pelmazo de canónigo! El cura le informará si don Quijote sana de su locura. Se quedan solos el cura, el barbero, don Quijote y Sancho. ¡Ah! y el bueno de Rocinante, tan paciente como su amo.
Seguiré con la llegada a la aldea.
Un saludo para Pedro y los que nos visitan.
Pedro Ojeda Escudero dijo en http://laacequia.blogspot.com/
Abejita se ha fijado en las zurras del capítulo para escribir el título de su entrada. Además de su comentario, dejadme hoy que os recomiende las imágenes. Graciosísima esa ensalada de canónigos sobre fondo quijotesco. También nos regala una visión primaveral de la estatua cervantina del burgalés Paseo de la Isla.
En este blog dijo:
El comentario, muy bueno, como siempre. Pero déjame que te alabe lo divertido del título y de las imágnes. Qué divertidos los canónigos con fondo quijotesco.
GRACIAS, PEDRO

sábado, 25 de abril de 2009

Una cabra pendona y un cabrero muy tierno, pero misógino él.


Comentario al capítulo L del Quijote (primera parte)




Regresan los criados del canónigo con la acémila del repuesto y se ponen a comer sobre la hierba. Entre la maleza suena una esquila y aparece una cabra, tras ella un cabrero dando voces. El bicho se detiene ante los comensales, llega el cabrero, la agarra de los cuernos, hasta aquí lo normal; pero, a continuación, el perseguidor se dirige a la fugitiva “como si fuera capaz de discurso y entendimiento”. A todos hace gracia y a todos sorprende el tono de cariñosa reprimenda que el pastor emplea para dirigirse al animal. Parece que está hablando a una mujer… Manchada es hija, es hermosa y es amiga. La pobre cabra no puede remediarlo, no es que la espanten los lobos, no, es su condición de hembra lo que la lleva irremediablemente a no poder estar sosegada, a ser arisca y desagradecida. Misóginamente exclama: ¡mal haya vuestra condición, y la de todas aquellas a quien imitáis! ¡Qué le pasa a este hombre con las mujeres? Pronto lo sabremos…



Al canónigo le causa especial contento esta escena y, con mucha guasa, le pide que se calme y no meta prisa al bichillo, que como hembra ha de seguir su instinto natural. Le ofrece un bocado de carne, animándole a comer, beber, templar la cólera y descansar. El cabrero quiere explicarse, él no es un hombre simple, él distingue perfectamente el trato con las bestias del trato con los hombres y quiere acreditar como verdad lo que, irónicamente, ha dicho el cura acerca de los montes que crían letrados. Nos va a contar su historia, lo cual no nos sorprende a estas alturas del Quijote. ¿Cuántas historias nos ha contado ya este escritor, partero de miles de historias?



Don Quijote ve lo suyo en todas partes, en este caso ve “un no sé qué de sombra de aventura de caballería”. Oirá de buena gana la historia del cabrero y aprovecha Cervantes para animar a sus lectores: “amigos de curiosas novedades que suspendan, alegren y entretengan los sentidos”.



Sancho se va al arroyo con su empanada de conejo, que no siempre se dispone de comida en este oficio caballeresco…ya lo dice su señor.



Don Quijote ya ha alimentado su cuerpo, ahora alimentará su alma con el cuento de este buen hombre. El canónigo está de acuerdo en eso del alma, “nihil obstat”, y anima al cabrero a que comience.



El cabrero da dos palmadas a la cabra que tranquilamente se recuesta junto a él y le mira. Te estoy escuchando, parece decir. La cabra cerrera parece ahora un perrito faldero. Me recuerda a uno que tengo a mis pies.


Un saludo para Pedro y todos los que nos visitan


María Ángeles Merino Moya

Qué buen título de tu entrada: explica en buena medida el final de este capítulo. Veremos qué nos depara el siguiente con este cabrero...
Gracias Pedro. Veremos a ese cabrero...

domingo, 12 de abril de 2009

¡Este canónigo es más falso que Judas!


Comentario a la parte final del capítulo 1.47 y al 1.48  (el cura y el canónigo) del Quijote. Publicado en "La acequia", en la entrada "Continúa la lección de teoría literaria, con toques de polémica y una caída en la realidad más cruda", correspondiente al día 9 de abril de 2009.


¡Este canónigo es más falso que Judas!

Veíamos, en el capítulo anterior, en su charla con el cura, como confiesa haber leído los perjudiciales libros de caballerías ¡Pero ninguno entero! ¡Sólo el principio… de casi todos los que se han impreso! ¡Qué lector más extraño! ¡Un lector de primeros capítulos! Su crítica es exhaustiva, sin embargo. Deleitan y no enseñan, están llenos de disparates, son inverosímiles sus torres viajeras, gigantes troceados, millones de combatientes contra un solo caballero…Pero se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Fijémonos en que dice “No he visto ningún libro de caballerías que haga un cuerpo de fábula entero con todos sus miembros, de manera que el medio corresponda al principio, y el fin al principio y al medio” ¿Cómo sabe de medios si sólo lee los comienzos? No escatima adjetivos: duros, increíbles, lascivos, malmirados, necios, disparatados… “dignos de ser desterrados de la república cristiana, como a gente inútil”.No disimule, señor canónigo, es usted un adicto…

El cura le cuenta lo de los libros de don Quijote, especificando los condenados al fuego. El canónigo se ríe, y no poco; pero su crítica da un giro inesperado y, ahora, empieza asomar lo positivo. Les concede el valor de su fuerza imaginativa: “daban largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiese correr la pluma”.

¡Ya ha encontrado la fórmula para conseguir una novela de caballerías perfecta! Si a la ingeniosa invención le añadimos una buena ración de verosimilitud y unas cucharadas de apacibilidad de estilo, tendremos un escrito perfecto que enseñará y deleitará, mostrando lo bueno de cada género…

Pasamos al siguiente capítulo .El cura da la razón al canónigo y considera dignos de reprehensión a los prosistas, sin arte ni reglas. Y nos sorprendemos con la sinceridad de este personaje. De golpe, Cervantes convierte al puntilloso y crítico eclesiástico en escritor frustrado, con más de cien hojas escritas .Un incipiente libro de caballerías sometido a sus infalibles teorías y…no cuaja, la fórmula falla. Tal vez, el intento del canónigo sea el reflejo de algo que el mismo Cervantes experimentó. vamos a hacer un poco de "Literatura ficción".Tal vez,quiso someter a reglas a un embrión novelesco caballeresco y el resultado no le gustó. Tomó un camino diferente, decidió contar la historia de un hidalgo que enloquece leyendo estos libros, escribió el Quijote…

El canónigo, o tal vez el mismo don Miguel, se niega a someterse al juicio del vulgo, dejando a un lado los preceptos. También rechaza la idea de seguir las reglas y no sacar ganancia alguna con sus escritos, como el “sastre del cantillo” que cosía gratis y ponía el hilo.

Y de las novelas caballerescas se pasa a las comedias, aprovecha que el Ebro pasa por Zaragoza, que Cervantes no se aguanta sin hablarnos de Lope…

CONTINUARÁ

Un saludo a todos.

María Ángeles Merino

¡Feliz domingo de Resurrección!

Pedo Ojeda Escudero en http://laacequia.blogspot.com/ dijo:

ABEJITA: en efecto, el canónigo no quiere confesar lo que deja claro Cervantes: que le gustaba mucho esta literatura.Y, como bien dices, Cervantes no puede aguantarse sin hablar de Lope... era demasiada su influencia. Saludos.

Gracias Pedro