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jueves, 9 de mayo de 2013

Machado sueña a Soria

 

Arruinado castillo de Soria
 
Comentario en torno al poema "Campos de Soria" (CXIII), "Campos de Castilla", de Antonio Machado. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
 
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero arruinado,
 sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
 
Contemplo el "castillo guerrero arruinado". La fuerza de las erres machadianas me acompañan: Extremadura, guerrero, arruinado, roídas, denegridas. Rrrrrrrr. La poesía ha de entrar por el oído, "es, primero, ritmo" nos  dice  Pedro Ojeda. Después, nace la imagen mental: ruina, negrura, el paso del tiempo que roe y roe. Soria y su cabeza en extremo dura. ¡Extremadura? ¿No queda eso un poco lejos? La criba de la razón no corre prisa, gocemos de la belleza.

Palacio de los Ríos y Salcedo.



Palacio de los San Clemente (Marichalar)

¡Muerta ciudad de señores
 soldados o cazadores;
de portales con escudos
 de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,
que pululan por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
 cuando graznan las cornejas!
 
Eles, ahora son las eles. Lllllllll. Soldados, portales, linajes, hidalgos, famélicos, galgos, flacos, pululan, ululan. Y, al final, se vengan las erres y graznan las cornejas. Me asomo a sus oscuros portales, uuuuuuu, me detengo en los pétreos linajes , oigo ulular a unos imaginados galgos. ¿Cómo graznan las cornejas? Ríos y Salcedo, San Clemente, Marichalar...linajes que pululan por las calles sorianas.

 

Al fondo, el Duero y San Saturio.
 
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
 su curva de ballesta
 en torno a Soria, obscuros encinares,
 ariscos pedregales, calvas sierras,
 caminos blancos y álamos del río,
 tardes de Soria, mística y guerrera,
 hoy siento por vosotros, en el fondo
 del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
 donde parece que las rocas sueñan,
 conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!..
 
Desde la parte alta de la ciudad, descubro las "colinas plateadas", los "grises alcores" y las "cárdenas roquedas". ¡Y la famosa " curva de ballesta! Viejas y bellas palabras que me saludaron por primera vez en mis tiempos de estudiante: folios, bolígrafo  y un esfuerzo al  redactar. Y se quedaron ahí dentro. Hasta un día de finales de junio, en 2012, en que pude contemplar el paisaje que enamoró a Machado. 

 ¿Sueñan las rocas de Soria?  Cárdenas, álamos, mística, las esdrújulas marcan un ritmo. Palabras que quisieron expresar "tristeza que es amor".


Colinas en torno al Duero
 
¿Y los "álamos del amor"? ¿Dónde están mis  "álamos del amor"? Aquellos con las ramas  cuajadas de ruiseñores, metamorfoseadas en "liras del viento perfumado en primavera".
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
...
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;


San Saturio
...
Álamos, amór, ayér, tuvísteis, ruiseñóres, vuéstras, rámas, llénas, álamos, seréis, mañána, líras, viénto, perfumádo, primavéra. ¿Oís la música de los acentos? No, no se me ha olvidado la ortografía de la tilde, solo señalo las notas para las liras machadianas. La música de un poeta.
 
¿Más música? La del agua del Duero "que corre y pasa y sueña":
...
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
 álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
 

"que corre y pasa y sueña"
 
Sueño con el agua que soñaba Antonio Machado. 
 
Soria, sueño de un poeta: piedras, rocas, álamos, Duero...y Leonor. Sueño, no hay palabra más machadiana.
 
Leonor junto a la iglesia en que se casó. Era una niña vestida de anciana.
 
Un abrazo, para todos los que os detenéis aquí, de:
 
María Ángeles Merino
 
Los versos están tomados de: © RinconCastellano 1997 – 2011 www.rinconcastellano.com

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lunes, 16 de julio de 2012

"Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán" (3)

Río Duero, a su paso por Soria.



Viene de la entrada anterior.

Dejamos atrás los abrazados arcos de la iglesia de San Juan del Duero con su Monte de las Ánimas tan poco tenebroso, a pesar de Bécquer y su leyenda. El autobús nos lleva junto a las orillas del río donde buscaremos  ecos y  huellas de Antonio Machado, poeta que amó, sintió  y escribió  junto a sus aguas.

Pero aquello fue un 27 de junio y escribo esta entrada un 16 de julio.
El día 11 me dejó un regusto tan amargo que, en mi cabeza, no han rondado últimamente  más versos que estos de Quevedo:


Y aquí tengo la imagen ruinosa del castillo de Soria que bien nos podría servir para ilustrar tan  pesimistas palabras.
"Miré los muros de la patria mía" (Castillo de Soria)
No perdamos la esperanza, digamos como don Antonio:


Perdonadme la digresión, vamos de nuevo a Soria. Un camino sembrado de palitroques  luminarios  nos lleva hasta el puente  que conduce a la ermita de San Saturio.

Desde el puente, contemplamos y comprobamos como:

...El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
...




...


Junto a la ermita de San Saturio, colgada sobre el roquedal, chopos y versos en piedra nos dan la bienvenida:


...



Entramos en la misteriosa gruta visigoda sobre la que se levanta la ermita de finales del XVII que acoge los restos del anacoreta San Saturio. Pero el tiempo se nos echa encima, son las dos, nos cierran y no podemos acceder a la iglesia. Las pinturas de la bóveda nos esperarán hasta nuestra  próxima visita a Soria. Salimos, alguien comenta algo sobre energías telúricas, fuerzas del interior de la tierra...de eso no entiendo nada.

Gruta de San Saturio

 Una última mirada. Aquí terminaba el paseo preferido del poeta: "entre San Polo y San Saturio".  Leo y me despido:
...
...


 El autobús nos lleva al monte Valonsadero, para comer contundentemente en "La casa del guarda".  Por la tarde, tenemos prevista una visita a las ruinas de Numancia. Os lo contaré en la próxima entrada. Ya sabéis: resistencia numantina.

Desde las orillas del Vena, un bisnieto del río Duero, recibid un abrazo todos los que me visitáis:

María Ángeles Merino