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viernes, 24 de octubre de 2025

Las croquetas de Galdós

  

El comienzo de Montes de Oca, octava novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales, tal vez pilló con hambre a don Benito Pérez Galdós y nos conduce, sin mas, a una fonda madrileña decimonónica; pero no una cualquiera sino a la llamada "Fonda Española", de "éxito tan rápido como lisonjero", "por el módico estipendio de doce reales", al alcance de "empleados y militares de mezquino sueldo, de calaveras sin peculio, o de familias que empezaban a gustar la vanidad de comer fuera de casa en días señalados o conmemorativos". 

Estamos en 1840 y pasamos del abrazo de Vergara, militar y traumático, a uno culinario. No nos extraña, sabemos que Galdós era de "buen diente". Comienza destacando algunas reformas, "no baladíes" de los cocineros italianos Perote y Lopresti que regentaban la citada fonda: "el sustituir la lista verbal, recitada por el mozo, con la lista escrita, "la introducción del precio fijo y la regla económica de servir buen número de platos por el módico estipendio de doce reales".

¿Innovadores? No, sino divulgadores de "aquel arte precioso en la vida de los pueblos". ¡Arte precioso! Seguimos leyendo y se nos abre el apetito:

"Ya Genieys había dado a conocer las croquetas, los asados un poquito crudos, las chuletas a la papillote y otras cosillas...los arroces a la valenciana y milanesa, así como en el bacalao en salsa roja; era maestro en el cordero con guisantes, en el besugo a la madrileña, en la pepitoria, en los macarrones a la italiana, y principalmente en los guisotes de pescado y mariscos a estilo provenzal o genovés".

¡Las croquetas! Sabemos que entraron en España en la Guerra de la Independencia, con los franceses. Para don Benito, no son "asunto baladí", seguro que le gustaban. Y aquí estoy yo friendo mis croquetas, un gran invento francés, sin duda, crujiente por fuera y blandito por dentro. 

Merece la pena leer y paladear este primer capítulo de Montes de Oca. También, aunque el tema sea militar y no gastronómica. el resto de la novela, dedicada a unos hechos ocurridos en Madrid, Vitoria. Pamplona y otros puntos de la geografía española, entre 1840 y 1841.

¡Ay que se me queman!  No, las croquetas, tengan el relleno que tengan, yo prefiero las de jamón, no son cosa "baladí". 

Ya veis, las croquetas, algo bueno vino con Napoleón. Galdós nos muestra que pueden andar entre los pucheros de la Literatura y también entre los de la Historia.

María Ángeles Merino

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/montes-de-oca--0/html/ff403840-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_1_

lunes, 17 de marzo de 2025

Membrillero japonés, sol y un poco de lectura: 'Vergara". ¿Es clásica o romántica la felicidad?

 



La "casi primavera" nos regala adelantos de color. Esta mañana descubro la flor del membrillero japonés, es bueno que detalles así no nos pasen desapercibidos. Le gusta el frío al membrillero, con un empujoncito de sol. Hoy el cielo estaba azul y mi ánimo tranquilo. 

En la mano, un libro que, en ese preciso momento, abierto, me decía: "La felicidad es clásica". 

Es el episodio Vergara de Benito Pérez Galdós, pasada La estafeta romántica, el protagonista Fernando Calpena escribe a su madre, preocupada ésta por las tendencias románticas del hijo, no fuera a pegarse un tiro como el famoso Larra. 

No se inquiete, doña Pilar, le va muy bien " con este "clasicismo a que hemos llegado", que se acabaron "las ideas audaces, las antítesis violentas...el centelleo de las pasiones". Y ahora no hay tal, le asegura, goza "de la inefable dicha". Es feliz y la felicidad no es romántica sino clásica. 

Romántica o clásica, la felicidad siempre interesa, aunque sea de papel.

Recuerdo los membrilleros del año pasado, tras una nieve que duró poco, a un lado y otro del Malatos.

Ya veis, un Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós, el número 27, tercera serie, Vergara, el que va a un famoso abrazo, el fin de la primera guerra carlista. Abrazo político y guerrero, poca felicidad, pero abrazo al fin. 

Membrillero japonés, sol y un poco de lectura. ¿Es clásica o romántica la felicidad? 

Es felicidad, en momentos serenos o turbulentos. 

Y todo empezó con un membrillero japonés. Y Galdós.

Un paseo, un poco de sol, unas flores recién abiertas. un poco de lectura, una palabra...y el pensamiento paseante de la que escribe. Neuronas. 

Un abrazo de María Ángeles Merino


"Vergara", Benito Pérez Galdós, capítulo 6, página 31, Alianza Editorial.

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/vergara--0/html/ff40308e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_3.html#I_6_

http://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com/2024/03/membrilleros.html

viernes, 14 de junio de 2024

Europa y "La Chata Berenguela".

 






Una entrada reciente de mi otro blog "El blog de Sor Austringiliana".  Sentimientos, recuerdos, política y literatura: Europa y " La Chata Berenguela".

El sábado tuvimos tarde de lluvias y llovió con ganas, que se lo digan a los bomberos. Fue una tarde de reflexión y lectura tras la ventana. 

Leía. Era mil ochocientos treinta y seis: Benito Pérez Galdós, en el episodio "Luchana",  me condujo por un Bilbao asediado por los carlistas, los "facciosos", los que solo cesaban de disparar a la hora del rosario. 

¿Quedan, en 2024, algunos lodos de aquel polvo carlista de guerra civil? Ahora, afirman los medios de comunicación,  estamos "polarizados". Ya llovió desde 1936, pero las dos Españas "se guardan aún el rencor de viejas deudas".Y las dos Europas, más enfrentadas que nunca. 

El domingo amenazaba lluvia y llovió,  apenas mojaba las patitas de los gorriones. Una mañana  meona que no puso trabas ni al paseo ni a las visitas a los colegios electorales. Estupendo.

Mientras tomaba un segundo desayuno dominguero, es mi costumbre cuando voy a votar, tomarlo allí, en la que sigo llamando cafetería Milán, ahora franquicia panadera. Eché un vistazo al periódico recién comprado: "Europa mide la ola ultra". Uy, Europa tendrá que surfear, dije para mí. 

Y a mi colegio fui, el mismo de mis años escolares, el que cambió el nombre del dictador por el de mi río Arlanzón; pero a mí me tocó el general superlativo, qué suerte los niños de ahora en un cole con tantos colores. 

 Era inevitable, entro por el patio y soy una niña de bata blanca y chalina cantando en un corro cancioncillas como lo de la Chata Berenguela. Como es tan fina, güi güi, güi, se pinta los colores, güi, güi, güi, con gasolina, o brillantina, y su madre le dice, güi, güi, güi, quítate eso, que va a venir tu novio, güi, güi, güi, a darte un beso, trico, trico, tri. 

Entro, cojo la papeleta, a la vista del que me quiera mirar, y sigo a una vecina hasta la mesa que nos toca, el DNI y adentro el voto. 

Europa comienza una aventura, se ha pintado los colores como la Chata Berenguela y espera a unos novios que van a darla un beso. Nunca tuve claro por qué la Chata Berenguela, o Merengüela, terminaba con un carrillo muy colorado, si fue un beso u otra cosa. Hay novios y novios. 

"Bienvenidos a una nueva aventura" dice la coloreada puerta de un aula. Dejo allí a la niña de bata blanca, anda, María Ángeles, vuelve a tus sesenta y pico tacos. 

Hago una foto al río Vena: cae agua sobre el agua y pasa un autobús a Cortes.

Cumplí con mi deber ciudadano. 

A Europa le toca, nos toca, surfear. Ya ve, Sor Austringiliana. Oui, oui, oui. 

María Ángeles Merino

martes, 19 de marzo de 2024

"Detritus de odio ibérico" ("Tirad de la cadena")



Tomado de mi otro blog : "El blog de Sor Austringiliana"

El domingo, 17 de marzo, el escritor Manuel Vicent se expresaba así en su columna del suplemento dominical de "El País". El título "Tirad de la cadena":

"Al final de cada sesión de control al Gobierno en la que algunos diputados de uno y otro bando sacan lo peor que llevan dentro, como sucede en las letrinas, debería haber un ujier encargado de tirar de la cadena. El espectador echa de menos que suene una cisterna que se lleve hacia la alcantarilla este detritus de odio ibérico que les sale del alma a algunos padres de la patria..."

Sacan lo peor y esto ya huele bastante mal. "Detritus" y "odio ibérico", qué entrada más ajustada la de Vicent, también nos recuerda que no todos los políticos son así y el riesgo que corremos. 

Reflexionó sobre lo que he leído, abro el Episodio Nacional 23 de Galdós, "De Oñate a la Granja" u encuentro la respuesta que daban a esto los  románticos: batirse en duelo con pistolas, como hizo el célebre Mendizábal con su oponente Istúriz. Leo: 

"Para que el romanticismo, ya bien manifiesto en la Guerra civil, se extendiese a todos los órdenes, como un contagio epidémico, hasta los Ministros Presidentes iban al terreno, pistola en mano, con ánimo caballeresco, para castigar los desmanes de la oposición. En los campos del Norte, la cuestión dinástica se sometía al juicio de Dios. Los políticos, ciegos, medio locos ya, no pudiendo entenderse con la palabra que de todas las bocas afluía sin tasa, apelaban a la pólvora..." (De Oñate a la Granja) 

Unos disparos sin intención de herir y el honor recuperado, así se saldó aquel duelo. En otros, hubo heridos y muertos. En fin, no me parece solución la romántica, que nadie me malinterprete, pero es que ahora...

Aplaudo a Manuel Vicent. Tirar de la cadena, ahora no hay cadena siquiera. 

Ya ve, Sor Austringiliana, a ver si los románticos van a ser más civilizados que nosotros.  

María Ángeles Merino

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/de-onate-a-la-granja--0/html/

jueves, 7 de marzo de 2024

Paseo al sol de la tarde en marzo, con sol, nueces y libro.

 




Tomado de El blog de Sor Austringiliana, mi otro blog.

El sol de tarde, en la Quinta, animaba pero calentaba poco, bueno para andar, sentarse... mejor no. Encima de un banco de piedra alguien había dejado una piedra, el mejor cascanueces, el de la piedra contra la piedra, una herramienta eficaz y paleolítica. Partí unas nueces y acudieron unos pajarillos muy rápidos, qué reflejos los suyos, vestidos de blanco y negro, no sé el nombre. Ni rastro de las ardillas.

Como hago a veces, paseaba leyendo un poco. Llevo conmigo el Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós número 23, De Oñate a la Granja. Es 1836, el tiempo de la primera guerra carlista con un rey de cartón, un Carlos V "absolutamente absoluto"  que nunca fue, y una reinita Isabel regentada por mamá y los "moderados". Leo: 

"De todo se le echa la culpa al pueblo. El pueblo es el gato, el pueblo es el niño mal criado, mocoso y llorón que trastorna la casa. Pues si quieren que el pueblo aprenda a desempeñar su papel político, enséñenle los de arriba con el exacto y honrado cumplimiento del suyo...". 

Vaya, amigo Benito, esto también cuadra con lo de ahora. Doy la vuelta, paso otra vez donde dejé las nueces, no hay ardillas, solo palomas.

Vuelvo junto al pretil del río, florecen algunos arbolillos de la ribera. Cierro el libro, al romántico Fernando Calpena y su tutor Pedro Hillo con los pies en la tierra, un Quijote y un Sancho. Y una madre controladora en la sombra. Os lo aconsejo. Sí, pasear abrigados al sol de la tarde todavía invernal, con un libro, el que sea. Y el paisaje, cada uno el suyo.

Ya ve, Sor Autringiliana, una amiga me dice que lis pajarillos blancos y negros, los espabilados, son carboneros.

María Ángeles Merino 

http://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com/2024/03/paseo-al-sol-de-la-tarde-de-marzo-con.htm

viernes, 2 de febrero de 2024

Paseo embozada

 




Tomado de El blog de Sor Austringiliana, mi otro blog, el de los sentimientos.

Ayer paseaba junto a un parque infantil solitario, embozada con mascarilla, no fuera a complicarse con el frío el catarro tontorro que acabo de pasar. Los pocos  paseantes de la Isla se apartan, cielos, ante una mujer enmascarillada. 

Fue un paseo interesante, encontré a quien no veía hace tiempo, y eché un vistazo al libro que acababa de comprar: "Mendizábal", episodio galdosiano, veintidós, tercera serie. Acabé con el de la boina, "Zumalacárregui", otro que tal, cuánta sangre y crueldad por otro Dios, otra patria y otro rey. 

¿Quién era aquel Mendizábal tan denostado por desamortizador? Si me ve un cura de los  que pasan por aquí, como escarpias se le ponen. El de la portada encajaba con el alcalde gigantillo, al menos en la vestimenta. Lo coloqué para la foto, son de un tiempo, pero no es el susodicho, es un tal Vicente Blasco García, vaya...

Ay, el siglo XIX, un tiempo que prepara este otro que estamos viviendo. Ahora a las desamortizaciones las llaman privatizaciones. Y las carlistas no fueron sino guerras civiles. 

Leo: 

" -¿Qué le parece usted, amigo don Fernando?- dijo Hillo-. ¿Nos cumplirá ese señor Mendizábal todo lo que ha prometido? Porque ya ve usted si ha venido con ínfulas. Que acabará la guerra carlista en seis meses, y que para entonces no veremos un faccioso ni buscándolo con candil. Que pondrá término a la anarquía, cortando el revesino a todas las Juntas. Que arreglará la Hacienda, y pronto rebosarán las arcas del Tesoro. Que hará de la España una nación tan grande y poderosa como la Inglaterra, y seremos todos felices, y nos atracaremos de libertad y orden, de pan y trabajo, de buenas leyes, justicia, religión, libertad de imprenta, luces, ciencia, y, en fin, de todo aquello que ahora no comemos ni hemos comido nunca."

Mucho prometía, ya sabemos lo que hubo. Y para lo que no sabemos, tenemos los libros de Historia. Sí, también en los canalículos de Internet, Sor Austringiliana.

Sigo paseando y leyendo. Y parece ser que empezamos el Club de Lectura. 

María Ángeles Merino

https://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com/2024/01/paseo-embozada.html


sábado, 26 de marzo de 2022

"El hombre mojado no teme la lluvia" de Olga Rodríguez. El drama de los desplazados.




 El hombre mojado no teme la lluvia de Olga Rodríguez.

Para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda. Este mes corresponde la lectura de El hombre mojado no teme la lluvia (Voces de Oriente Medio) de la periodista Olga Rodríguez. que, en este libro, "nos muestra la sangre y la vida que fluyen por las calles de Oriente Medio", "nos acerca a esta conflictiva región a través de sus habitantes, hombres y mujeres aparentemente comunes cuyas vidas conforman sin quererlo la Historia con mayúsculas". 

En el primer capítulo, Irak, conocemos a un traductor, Yaser Alí, que participó en la resistencia armada iraquí y es uno de los protagonistas del libro. En una ocasión, Olga le preguntó si prefería ocultar su identidad, para publicar su historia. Yaser contestó "Como dice el refrán iraquí, "el hombre mojado no teme la lluvia". Ya no tengo nada que perder. No me preocupa que aparezca mi nombre, y si quieres, con fotos". La periodista enseguida supo que ése sería el título de su libro, un poco chocante para una española  como yo,  acostumbrada desde siempre al refrán que viene a decir justamente lo contrario: "gato escaldado del agua fría huye". Un título acertado porque, como explica en el prólogo, en Oriente Medio hay muchos hombres y mujeres "mojados" como Yaser que ya no tienen nada que perder;  los ha ido conociendo en Irak, Israel, los Territorios Ocupados Palestinos, Líbano, Siria, Egipto y Afganistán. 
 
Yaser y su familia tuvieron que huir:

"Rida y él decidieron abandonar inmediatamente el país. Apenas les dio
 tiempo a llevarse nada. A primera hora de la mañana metieron ropa y calzado en un par de maletas y cogieron la escritura de propiedad de su vivienda. Yaser dejó a su madre Noor con su hermana mayor y volvió a su casa, donde le esperaban  ya metidos en el coche Walid, los niños y Rida. Se aseguró de que la reja principal del jardín quedara bien cerrada y se metió la llave de su vivienda en el bolsillo. Después salieron rumbo a la vecina Siria, el país del mundo que más iraquíes acoge desde el inicio de su éxodo y el que menos obstáculos ha puesto a su entrada. Durante el trayecto vieron dos cadáveres abandonados en la autopista y fueron retenidos en varios controles militares. Llegaron a la frontera cuando el cielo ya había oscurecido.

Allá se encontraron con dos largas hileras de coches que esperaban su turno para acceder al otro lado, Siria. Eran familias que, al igual que ellos, optaban por el exilio. Más de dos millones y medio de iraquíes han terminado abandonando su país a causa de la violencia, para instalarse en los Estados vecinos, principalmente en Siria y Jordania. Y más de dos millones de iraquíes se han desplazado dentro dentro del propio Irak. En 2006, Naciones Unidas alertaba ya de que se trataba de uno de los mayores éxodos del mundo. Y Yaser formó parte de él."
(Copiado de la página 62 de El hombre mojado no teme la lluvia)

Me cuesta leer, ahora, precisamente ahora, este libro y huyo a una lectura diferente, a Galdós,  al Episodio Nacional número 11, El equipaje del rey José, Y la casualidad quiere que no sea tan diferente: 


-¡Oh, qué horroroso aspecto ofrecen esas pobres gentes!... Fíjese usted e aquella pobre mujer que abraza llorando a sus niños...Estos otros no hablan más que de huir...¡Jesús crucificado! ¿Adónde iremos nosotros?...Será preciso abandonarlo todo. ¡Aquí están diciendo que no hay esperanza!... Allí gritan: "¡Sálvese el que pueda! ". Miren usted a ésos sacando atropelladamente su ropa de las arcas. Será preciso llevarlo todo a cuestas... ¡Oh! Los que por allí vienen, ¿no son los heridos de la batalla? …¡Malditos ingleses!...Por piedad... no me abandone usted…Es imposible huir en coche…Yo no sé montar a caballo…¿Podré ir a la grupa?...¡Qué desolación!...Vamos por aquí…Los gritos, las blasfemias, los juramentos de esos hombres desesperados que parecen demonios me hacen temblar y me pongo mala…Por aquí…¡Qué bullicio, qué algarabía!...¿Y mis alhajas, y mis encajes, y mis ropas?...Corramos allá, corramos...Mas no veo a mi marido por ninguna parte...

-Vamos por aquí...En estos casos es triste llevar consigo el valor de un alfiler. Pobre y desvalido yo, lo mismo tengo vencedor que vencido.

-¡Qué felicidad!-continuó la dama, que por no encontrarse bien en ninguna parte quería estar al mismo tiempo en todas-. Así quisiera ser yo: libre como el aire y con la galana pobreza de los pájaros, que no tienen más que un vestido y adondequiera que van llevan consigo todo su ajuar...Huyamos de este sitio. Los llantos de esas mujeres me hacen llorar también a mí...Dicen aquéllos que los ingleses nos sorprenderán aquí...Me parece que muchas personas han emprendido la fuga por el llano adelante...¿No ve usted? Llevan un lío a la espalda, y los zapatos en la mano para correr mejor...Observe usted a aquélla infeliz que se da de cabezazos contra un cañón...Éstos de aquí hablan de quitarse ellos mismos la vida... (Copiado de las páginas 174 y 175 de El equipaje del rey José, Alianza editorial). 

Palabras que son literatura, ficción; pero confiamos en que Galdós entrevistaría a los mejores  testigos de aquel horror que siguió a la batalla de Vitoria y se documentaría impecablemente.  Huían los franceses y huían los españoles afrancesados, la pluma de don Benito nos dejó para siempre la más viva pintura. Era a principios del siglo XIX. 

Siglo XXI, ahora mismo en Ucrania: seis millones y medio desplazados internamente, tres millones y medio que  han cruzado las fronteras. El drama de diez millones de "mojados" que no  temen a la lluvia, veinticinco mil  han llegado a nuestro país. 

Leo a Manuel Vicent en El País ("Para huir", 13-3-22) :

"Todos los días a la hora del telediario debo elegir entre la compasión que me producen las pobres gentes que huyen de los bombardeos en Ucrania y el equilibrio que requiere mi estómago para que me siente bien el almuerzo. He aquí el dilema, una de dos, los misiles rusos o la sopa de fideos. Todos los días antes de sentarme a la mesa apago el televisor , más que nada para que las bombas sobre Kiev no caigan también en mi plato, pero ignoro si este hecho es una operación de salvamento o una cobarde deserción. Esta crueldad humana tan radiada y televisada remueve hasta tal punto la conciencia que dudo si es lícito mirar hacia otro lado..."

¿Mirar hacia otro lado?

Un abrazo de María Ángeles Merino

martes, 1 de marzo de 2022

"...y las mariposas, que alzaban el vuelo, con sus alas, teñidas de sangre..."



El domingo leía: "El conflicto bélico en Europa que tiene al mundo en vilo" y me fui a Galdós, junto a "dos desconsoladas mujeres", tras la batalla de Arapiles, la misma pero paralizada, congelada ya por la muerte. Volvía a la emoción de unas mariposas con las alas teñidas de sangre. Así son las emociones que nos regalan los buenos libros: se guardan, esperan su momento y despiertan. 

"Siguieron ellas y Tribaldos, y recorrieron el campo de batalla, que la luz del naciente día les permitió ver en todo su horror; vieron los cuerpos tendidos y revueltos, conservando en sus fisonomías la expresión de rabia y espanto con que los sorprendiera la muerte. Miles de ojos sin brillo y sin luz, como los ojos de las estatuas de mármol, miraban al cielo sin verlo. Las manos se agarrotaban en los fusiles y en las empuñaduras de los sables, como si fueran a alzarse para disparar y acuchillar de nuevo. Los caballos alzaban sus patas tiesas y mostraban los blancos dientes con lúgubre sonrisa. Las dos desconsoladas mujeres vieron todo esto y examinaron los cuerpos uno a uno; vieron los charcos, las zanjas, los surcos hechos por las ruedas y los hoyos que tantos millares de pies abrieron en el bailoteo de la lucha; vieron las flores del campo machacadas , y las mariposas, que alzaban el vuelo con sus alas, teñidas de sangre. Regresaron a Salamanca volvieron por la noche al campo de batalla no ya conmovidas, sino desesperadas; rezaban por el camino; preguntaban a todos los vivos y también a los muertos."

(Capítulo 40, La batalla de los Arapiles, Benito Pérez Galdós).

Una impresionante pintura de la guerra, sin pintura. La destreza literaria de Galdós insufló vida a lo que le contaron los mejores testigos, uno de ellos su padre. Merece la pena leer los Episodios Nacionales, aunque no seamos muy amigos de los relatos de guerra, como me pasaba a mí, que dudaba ante Trafalgar. 

No a la guerra. ¿Verdad, don Benito? 

La batalla de los Arapiles, Episodios Nacionales, 10. Primera serie, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, tercera edición, 2016). Pagina 305.

viernes, 17 de septiembre de 2021

La tentación de leer un libro sin haber acabado otro...u otros.



En la entrada anterior, apunté la posibilidad de que don Benito me tuviera abducida, palabra que suena a cosa de extraterrestres, pero me salió así. Por cierto, en Fortunata y Jacinta, aparece un personaje que trae a cuento ese tema en una charla de café, así de avanzado era Galdós. ¿El de los extraterrestres? Sí, ya os contaré, y por si no os lo cuento, os animo a la lectura o relectura de tan grande novela, el más vivo retrato de la España de la segunda mitad del XIX,  con personajes en absoluto extraterrestres. En este verano que ya se va marchando, alterné la relectura de Fortunata y Jacinta, mirad qué viejito está mi ejemplar de la editorial Hernando, con la lectura de nueve Episodios Nacionales posteriores a Trafalgar, a los que nunca había osado entrar. Debe ser que cada lectura tiene su edad, qué empecinada estaba yo en que no aguantaba libros de guerras. Entré.


Ahora estoy con Juan Martín el Empecinado, el noveno Episodio Nacional, y de la guerra he pasado a la guerrilla. Gabriel Araceli hace mucho que dejó de ser pilluelo de la playa y grumete en Trafalgar. Qué trajín, pasó por las intrigas de La Corte de Carlos IV, se amotinó un 19 de marzo, fue fusilado y resucitado un 2 de mayo, perdió a su Inés, siempre la pierde, batalló en Bailénvivió el Madrid situado en Napoléon en Chamartín,  resistió en Zaragoza, nos contó lo vivido en Gerona por su amigo Andrés, asistió a las sesiones de las Cortes de Cádiz y de la guerra a la guerrilla con Juan Martín el Empecinado que, al principio, puso en duda que el fogueado militar Gabriel pudiera combatir como guerrillero. Y con el noveno  estaba cuando pasé por la librería, a por el décimo y último de la primera serie: La batalla de los Arapiles

No sé cómo fue,  pero salí con el episodio de marras y con otro tomo mucho más gordo: Los vencejos la última novela de Fernando Aramburu. La tentación fue demasiado fuerte. Mi amiga Austri me hubiera dicho: "María Ángeles, un poco de seriedad y termina un libro antes de comenzar otro". 

Que sí, Austri, que es mi costumbre, que poco a poco voy rematando las lecturas, voy a sentarme en un banco y le echo un vistacito.

"A la extrañeza inicial siguió la decepción y luego ya todo ha sido un arrastrarse por los suelos de la vida.

...

No voy a durar mucho. Un año.

...

No me gusta la vida. La vida será todo lo bella que afirman algunos cantantes y poetas, pero a mí no me gusta. Que no me venga nadie con alabanzas al cielo del ocaso, a la música y a las rayas de los tigres. A la mierda toda esa decoración. La vida me parece un invento perverso, mal concebido y peor ejecutado. A mi me gustaría que Dios existiera para pedirle cuentas. Para decirle a la cara lo que es:un chapucero. Dios debe ser un viejo verde que se dedica desde las alturas cósmicas a contemplar cómo las especies se aparean y rivalizan..."

(Los vencejos, Fernando Aramburu, colección Andanzas, Tusquets editores, primera edición, septiembre 2021).

El personaje habla en primera persona, no le gusta la vida y se propone quitarse de en medio. A ver...Caí. 

No hay problema, Galdós y escritores de ahora mismo. Don Benito, tanto en sus novelas como en sus episodios, nos da muchas claves para entender la España crispada y enfrentada que estamos viviendo. Y la naturaleza humana es siempre la misma, aunque no sé qué personaje galdosiano podría tener algún parentesco con el protagonista de Los vencejos, solo he leído las primeras páginas. Seguro que alguno cuadra...

Sigamos leyendo. Confío en que el Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, el del profesor Pedro Ojeda, vuelva a las gestas lectoras de antaño, virtuales y presenciales. Y a ver si van desapareciendo las telarañas de La arañita campeña. 

Un abrazo a todos los que llegan hasta aquí, un blog un tanto abandonado:

María Ángeles Merino

martes, 23 de marzo de 2021

Trafalgar: doña Francisca, la voz del sentido común ante la locura de la guerra.

Mi madre colabora en mis entradas

 Comentario parcial sobre la novela Trafalgar de Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales), para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda. 

Recordáis aquel domingo, último día de febrero mocho, en que me sorprendió de nuevo la voz de Austri, cuando miraba unas violetas, no muy lejos del pino donde suelo encontrarla. Ya sabéis, la amiga misteriosa que me sale al paso en mis paseos, sobre todo si me siento a leer en un banco o en la orilla del río. Siempre demuestra estar muy informada de los libros que comentamos en el Club de Lectura de La Acequia. Me consta que los lee, a juzgar por sus comentarios.

El domingo 14 de marzo, primer aniversario del confinamiento de la pandemia, volví a escuchar su voz, cuando miraba los árbolillos floridos de la orilla del río. Pensaba en la primavera del año pasado, cuando el único paisaje fue mi casa, mi calle y el cerro de San Miguel como implacable telón. Y los arbolillos se quedaron sin mirones. 


-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?

-¡Austri! Sí, todo bien. Salud y ánimo, compañera de lecturas.

-Amiga, vamos a comentar otro poco Trafalgar (1873), la primera novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, la lectura de marzo...Que, como sueles decir, siempre estoy al día de las actividades del Club de Lectura de La Acequia. 

Recuerdas que el protagonista es Gabriel de Araceli, un anciano que escribe su vida, desde la niñez, en primera persona, y contempla los años pasados "como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó".  Mientras le dura" la superchería de la imaginación" , le parece como si un genio amigo le quitara de encima la pesadumbre de los años. Es joven, "el tiempo no ha pasado".

-¿Dónde lo dejamos? 

-Era a primeros de octubre de aquel funesto 1805, nuestro héroe volvía a tener catorce años cuando le pilló desprevenido la pregunta de su "noble amo":


-No había tenido tiempo, pero don Alonso Gutiérrez de Cisniega, capitán de navío retirado, le había llamado "hombre" y no podía negar su valor ante "quien había derramado su sangre en cien combates gloriosos". Así que el muchacho contestó "con pueril arrogancia". 


-El bueno de don Alonso, severo y blando, sonrió y le hizo seña de sentarse, le iba a  contar algo importante; pero, en ese momento, entró "iracunda" su mujer, doña Francisca:


-Parece que el chaparrón también cae sobre nosotros, los lectores. La oímos y la vemos imponente: "con su gran papalina, su saya de organdí, sus rizos blancos y su lunar peludo a un lado de la barba". Solo con cuatro pinceladas y el retrato de la doña es completo, incluso un poco cómico. 

-Sí, nos parece ver la enorme cofia y los pelos del lunar. 

-Y las sayas crujen de puro almidonadas. El lector siempre añade algo de su cosecha.

-Don Alonso decía que necesitaba ir, que le había escrito Churruca, que la escuadra combinada debía salir al encuentro con los ingleses y provocar el combate. Doña Francisca replicó, ahora les tocaba a otros machacar duro a "esos perros ingleses"Ahí estaban "Gravina, Valdés, Cisneros, Churruca, Alcalá Galiano y Álava".



-Es la voz del sentido común, como tantas veces lo es la de la mujer, como tantas veces lo es la del pueblo, ante la locura de sus gobernantes. Qué sabía Francisca del sentimiento patriótico y militar de su esposo, qué sabían el ama y la sobrina del espíritu caballeresco. Don Alonso, marino quijotesco, necesitaba ir, no podía eludir la aventura, tenía una cuenta pendiente. Movió el brazo con un gesto forzado que no convencía,  ella seguía chillando. 


-Él no hará ni caso y ella lo sabe, aún así desplegará toda su artillería. No, no irás, allí no hace falta una "estantigua como tú", "ese calzonazos de Marcial" te ha calentado los cascos con las batallas, que vaya él a perder la pierna que le queda. Si "a sus quince" hubiera sabido lo que era casarse con un marino, ni un día de reposo, que viene un despacho de Madrid y se lo mandan "a la Patagonia, al Japón o al mismo infierno"...Y "si no se le comen los señores salvajes" vuelve "enfermo y amarillo" y, como el ama de don Quijote: "no sabe una qué hacer para volverle a su color natural". 

-Había quien se había ganado, tiempo ha; todas las iras de doña Francisca: Napoleón, "ese caballerito que trae tan revuelto al mundo". Llegaron los despachitos y allá que voló don Alonso: a Tolón, a Brest, a Nápoles, acá o acullá, donde le diera la gana al "bribonazo". Ay, si todos hicieran lo que ella dice, pronto las pagaría todas juntas...

-No sabemos muy bien qué solución proponía Francisca. Don Alonso, ante la ingenuidad de su mujer, miraba sonriendo una estampa mal pintada del Emperador Napoleón, clavada en la pared. Gabriel había dejado de verlo como un contrabandista, ahora se lo representaba de cardenal, con su famoso redingote colorado y subido a un caballo verde.



-El pacifismo no estaba muy bien visto en tiempos de Galdós y don Benito aprovecha el personaje de Doña Francisca para despacharse a gusto. El mar es una de las mejores obras de Dios pero los barcos de guerra no merecerían sino ser quemados. No se puede expresar mejor la inutilidad de la guerra:


-Es algo que se podía poner en boca de una débil mujer, no en la de un aguerrido varón. Se le estremecían las carnes cuando oía un cañonazo, convertiría los cañones en campanas, mujer tenía que ser, ajena al varonil ardor guerrero, tan insensato. 

-Al final de la bronca, lo que más le podía escocer: 

"Mira, Alonso...me parece que ya os han derrotado bastantes veces. ¿Queréis otra? Tú y esos otros tan locos como tú, ¿no estáis satisfechos después de la del 14?"

-El 14 de febrero de 1797 fue un triste recuerdo, don Alonso reprimió un juramento de marino, por respeto a su esposa. La dama estaba cada vez más furiosa pero no quería seguir hurgando en la herida. Desvía la culpa al "picarón de Marcial",el "endiablado marinero" que quería embarcarse con "su pierna de palo, su brazo roto, su ojo de menos y sus cincuenta heridas, que vaya en buena hora". 
-A continuación suavizó el tono, asomó el cariño. No irá porque está enfermo, ya ha servido bastante al Rey y no le han recompensado, muchos galones y ni siquiera le hicieron almirante. 


-Don Alonso estaba decidido: debía ir a la escuadra, no podía faltar a ese combate, tenía una cuenta pendiente con los ingleses. 

-Enfermo y medio baldado, don Alonso irá a la batalla de Trafalgar, Gabriel le acompañará. 

-Un adolescente y dos minusválidos se escaparán de casa, a la manera quijotesca, para embarcarse en una cruenta batalla naval que ni siquiera era cosa de España, arrastrada por una alianza forzada y forzosa con la Francia de Napoleón, el genio de la guerra que el niño Gabriel imaginó como contrabandista en potro jerezano. Galdós no podía contar mejor el triste momento histórico que vivió España a principios del XIX.
-

-El "amor santo de la patria" todavía hacía llorar al anciano Gabriel de pluma temblona. Nos contará una catástrofe y muchas más, pobre España en manos de tan malos gobernantes. Enganchan los Episodios Nacionales. Galdós cuenta la historia insuflándole vida, la de la gente corriente, la que no figura en los manuales. 

-A ti te han enganchado, de tal manera que, mientras tratabas de confeccionar una entrada sobre Trafalgar, andabas con la lectura de El 19 de marzo y el 2 de mayo. Y, claro, cuando tenías que subir al Santísima Trinidad en Cádiz, estabas en el motin de Aranjuez, mucho ruido. Últimamente, escribes poco y te cuesta más. O estás más perezosa.

-Así es. No he escrito nada de Rosita, la hija de don Alonso y doña Francisca, el primer amor de Gabriel. Amor infantil, pero amor. Luego será Inés...

Niños inflando una vejiga (Goya)

¡Austri! 

Ha desaparecido.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

Libro: Trafalgar. La Corte de Carlos IV. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial. 2008.

martes, 9 de marzo de 2021

La voz de Gabriel de Araceli: ni niño ni pícaro.



Recordáis aquel domingo de Carnavales sin Carnaval  en que me sorprendió la voz de Austri, bajo un pino llorón del parque. Ya sabéis, la amiga misteriosa que me sale al paso en mis paseos, sobre todo si me siento a leer en un banco o en la orilla del río. Siempre demuestra estar muy informada de los libros que comentamos en el Club de Lectura de La Acequia. Me consta que los lee, a juzgar por sus comentarios.

Este domingo, último día de febrero mocho, volví a escuchar su voz, cuando miraba distraída unas violetas, no muy lejos del pino habitual.


-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?

-¡Austri! Sí, todo bien. Salud y ánimo, compañera de lecturas.

-No llevas el libro en la mano, ni en el bolso, pero es igual, mira lo llevo yo. Este mes de marzo estáis leyendo Trafalgar (1873), la primera novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. 

-Austri, tú siempre al día de las actividades del Club de Lectura de La Acequia. 

-Trafalgar se te cayó hace un tiempo, cuando compraste ese tomo que contiene Trafalgar y La Corte de Carlos IV. Ya ni te acuerdas con qué periódico se vendía, no seguiste la promoción. Decías que no podías con tanta guerra, que te pasaba lo mismo que en tus años de adolescente pedante, cuando no habías sido capaz de leer Guerra y Paz de Tólstoi, que tanta batalla se te había indigestado. 


-Ahora me ha enganchado y siento no haber seguido la colección. Desde aquel día del confinamiento en que eché mano, al azar, a la estantería y saqué El doctor Centeno, no he dejado de leer y releer novelas de Galdós y, al principio, no pensaba en el centenario (1920-2020), aunque bien está celebrarlo así, que bien lo merece el mejor escritor español, después de Cervantes. 

Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial, 2008. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, 23 volúmenes (con El Mundo).

Pero, bueno, ¿quién te cuenta a ti eso? Es cierto, ahora no entiendo por qué se me resistía Trafalgar. En esta lectura,  Gabriel de Araceli me atrapó enseguida y le acompañé sin resistencia a la batalla. Y, a continuación, a La Corte de Carlos IV,  donde se empapa de teatro, intrigas y acontecimientos históricos en primera línea, además de enamorarse de la juiciosa Inés. 

-Y de cabeza con él al tercero: El 19 de marzo y 2 de mayoLa pobre Inés cae en manos de unos malos malísimos y don Benito arma un buen folletín. Atrapada estás y, a falta de libro, bueno es un enlacepero ahora toca hablar solo de Trafalgar y no adelantarte como el almendro.


-De acuerdo. Comenzamos a leer Trafalgar y nos recibe una voz muy cortés y comedida. 


Es la voz de un adulto que casi se disculpa por decir "algunas palabras" sobre su infancia, "ruda" y "soez", en el  barrio gaditano de la Viña que no era precisamente "academia de buenas costumbres"; pero el "gran suceso" del que fue testigo , "en la primera edad", merece todas las explicaciones: la batalla de Trafalgar.

-..."la terrible catástrofe" en que sucumbió la marina española, en alianza forzada y desastrosa con Francia, contra la armada británica. Algo que sigue muy presente, a pesar de las inexactitudes, en la memoria del anciano que nos escribe con las manos heladas y el "entendimiento aterido", intentando recalentar sus "mustios pensamientos" "con la representación de antiguas grandezas". 


-Para dar principio a su historia, imita el arranque del Buscón, más amargo aún que el Lazarillo. Declara no tener noticia de ninguno de sus ascendientes, si no es su madre a la que conoció por poco tiempo o a Adán, linaje indiscutible para quien toma la Biblia al pie de la letra. Solo ese punto tiene en común con el pícaro de Segovia, "afortunadamente", dice , nada más. Gabriel de Araceli es un "antipícaro" que, al contrario del pícaro, va en busca del honor y prestigia el honor. 


-Nos va a contar su vida y su ascenso social, desde la nada de un pilluelo de la playa. El joven  Gabriel es un ingenuo que se empeña en cumplir lo que para la mayoría es un sueño. Modela su personalidad, se educa con escasos medios y, sobre todo, se autoeduca en el trato con los demás. Confía en el barniz que disimule su humilde cuna. Practicará virtudes impensables en un Pablos o en un Lázaro: el patriotismo, el deber, la conciencia, la ayuda a los demás. No olvidemos que tiene nombre de ángel y apellido celestial. 

-Araceli es el pueblo y la historia le roza siempre, en los acontecimientos históricos clave ahí va a estar, lo va a ver con sus ojos y oír con sus oídos. El escritor  se las tendrá que ingeniar para hacer posible el cameo o tirar de lo que le cuentan. Hará lo mismo en las series siguientes con el liberal Salvador Monsalud, el romántico Fernando Calpena, el provinciano moderado José García Fajardo y el periodista republicano Tito Liviano. 

-En primera persona es más difícil, el escritor tiene que organizar los pertinentes traslados. Los del Cuéntame son herederos de los Episodios Nacionales, por supuesto sin la calidad literaria de don Benito. 

-El anciano dirige la mirada hacia lo que fue y se ve jugando junto al mar, con otros de su edad. Ahora sí, ahora es un niño inocente que no concibe otra vida distinta a la suya, junto al mar. Nadar y coger cangrejos para vender sus ricas "bocas" o comerlas, esa era la vida normal de cualquiera, eso asignó "la Providencia" al hombre. No, la palabra "Providencia" nunca hubiera salido de la boca de un niño. 

-Y, de vez en cuando, las pedreas contra los del barrio rival. Con espíritu guerrero, tanto que "manchaban el suelo de heroica sangre". Este muchacho tiene vena militar. 

-No te adelantes. Cuando tuvo edad de ganarse unos cuartos, servía de "introductor de embajadores" a los visitantes ingleses. Con ironía habla del muelle como "escuela ateniense para espabilarse en pocos años", él fue alumno aprovechado, así como "en el merodeo de la fruta". Pero de pronto, el Gabriel anciano recuerda con vergüenza tales actividades y da a gracias a Dios de haber ido por "más noble camino". 


-No nos va a dar detalles de su habilidad para merodear fruta, prefiere contarnos el placer que le causaba contemplar los  barcos de guerra fondeados, afición premonitoria. Como no podía verlos cerca, ponía en marcha su fantasía. Jugaba a las batallas navales con otros chicos, era la época de los grandes combates navales. Ellos mismos se fabricaban sus pequeñas naves, las velas eran de trapo o papel y el mar era cualquier charco. Si "venía algún cuarto" compraban pólvora  y la fiesta naval era completa.

-Creo que Galdós era muy amigo de observar los juegos callejeros de los niños. Recuerdo, en El doctor Centeno, la pintura inolvidable de unos  chavales jugando a las corridas de toros, uno se colocaba una cabeza de toro de cartón, otro hacía de toro, había picador, banderilleros, público...Me quedé pensando cómo me podía gustar tanto ese pasaje si yo odio los toros. En el libro que nos ocupa, la batalla naval de juguete también es de antología:

"Nuestras flotas se lanzaban a tomar viento en océanos de tres varas de ancho; disparaban sus piezas de caña; se chocaban remedando sangrientos abordajes..."


-Aquellos niños de la playa  se figuraban que las escuadras se batían con otras porque les daba la gana o para probar su valor, como dos que se citan "para darse de navajazos". El viejo Araceli se ríe de las ideas que el chiquillo Gabriel se hacía de las cosas. Así, oía hablar de Napoleón y se lo figuraba como un contrabandista de los que veía procedentes de Gibraltar: "caballero en un potro jerezano, con su manta, polainas, sombrero de fieltro y el correspondiente trabuco". 


-Y el del potro conquistaba Europa que era una gran isla. Y dentro de la isla las naciones que él iba conociendo a través de  los  pasajeros que llegaban en los barcos. España era la mejorcita y por eso los ingleses querían quedársela, un patriotismo primitivo el de los chicos de La Caleta que nuestro héroe abandonará en cuanto conozca la guerra de verdad. 

-Ese patriotismo primitivo de "España es la mejor", no ha desaparecido...

-El narrador se ha recreado en sus recuerdos infantiles y ahora le llega el turno a los sentimientos. El único ser que le compensaba de la miseria era su madre, con su "desinteresado afecto". No hay cariño en la madre del Buscón  ni en la madre del Lazarillo, lo hay en la de Gabriel de Araceli. Muy hermosa, viuda, lavaba y componía la ropa de los marineros. Lo mantenía con un trabajo duro y el amor por su hijo "debía ser muy grande"

-También recuerda cuando cayó enfermo de la "fiebre amarilla", una epidemia que asoló Andalucia. Cuando sanó hubo de llevarlo en procesión a la Catedral, a cumplir la promesa de andar de rodillas durante más de una hora. En el retablo dejó un ex-voto,un niño de cera que él creyó su "perfecto retrato". 


-Nos puede parecer extraño pero aquella promesa constituía una gran manifestación de cariño. Su madre era buena pero tenía un hermano muy malo y cruel, no puede recordar a su tío sin espanto. Era marinero y cuando estaba en Cádiz llegaba a casa "como una cuba", maltratando a su madre de palabra y a él de obra. 

-El trabajo penoso y mal retribuido, junto con las atrocidades de su hermano, aceleraron su fin. La muerte de su madre le presentó la vida humana "bajo un aspecto muy distinto". La impresión sentida no se borró nunca de su alma, recuerda "oír lamentos de dolor, y sentirme yo mismo en los brazos de mi madre; recuerdo también, refiriéndolo a todo mi cuerpo, el contacto de unas manos muy frías, pero muy frías". 
 
-Dice también haber visto entrar en casa "unas mujeres, cuyos nombres y condición no puedo decir". ¿Por qué estos remilgos después de tantos años? 

Después, las velas amarillas, rezos, cuchicheos de viejas, carcajadas de borrachos y la idea de la orfandad, hallarse "solo y abandonado en el mundo".


-Cansado de los malos tratos de su tío, se fue de la casa, en busca de fortuna. En este momento corre el riesgo de caer en la picaresca. Se fue a San Fernando y a Puerto Real, se juntó con "la gente más perdida de aquellas playas, fecundas en héroes de encrucijada". Con ellos fue a parar a Medinasidonia, donde tuvo que huir de unos soldados de marina que hacían la leva.

-Su buena estrella le llevó a casa de los que serían sus "ángeles tutelares". Se apiadaron de él y mostraron interés "por el relato que de rodillas, bañado en lágrimas y con ademán suplicante," hizo de su triste estado, de su vida, y sobre todo de sus desgracias.

-Lo libraron de la leva y quedó al servicio de Alonso Gutiérrez de Cisniega, capitán de navío retirado, y su mujer, ambos de avanzada edad. Enseñáronle muchas cosas que no sabía y, como le tomaron cariño, adquirió la plaza de paje de don Alonso, al cual acompañaba al paseo, pues no movía el brazo derecho y con mucho trabajo  la pierna correspondiente. 

-No podía imaginar que el minusválido don Alonso iba a preguntarle un tiempo después: 


- El anciano narrador, mira con curiosidad y asombro los años que se fueron "como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó". Mientras dura el embeleso de esta contemplación, parece que un genio amigo viene y le quita de encima "la pesadumbre de los años, aligerando la carga de su ancianidad".

-Nos hemos engolosinado con el primer capítulo. Seguiremos, Austri. ¡Austri!

Ha desaparecido. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

Libro: Trafalgar. La Corte de Carlos IV. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial. 2008.