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jueves, 10 de noviembre de 2011

"¡Todos los Santos...pudieron triunfar del pecado más fácilmente que yo! Aquellas hermosas mujeres que iban a tentarles no eran sus primas."


Comentario en torno al capítulo más extraño de "Sonata de otoño", de Valle Inclán (páginas 111-113 en la edición de la colección Austral). Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

En "Sonata de otoño", vivimos el último instante de Concha:

"Su cuerpo aprisionado en mis brazos tembló como sacudido por mortal aleteo. Su cabeza lívida rodó sobre la almohada con desmayo. Sus párpados se entrabrieron tardos, y bajo mis ojos vi aparecer sus ojos angustiados y sin luz"

Detalle de "La muerte de la Virgen", de Caravaggio.

El marqués de Bradomín permanece indeciso e inmóvil. Se desliza hasta el suelo, coge la luz, contempla "aquel rostro ya deshecho" y su "mano trémula" toca "aquella frente".


Aterrado, abre una ventana y mira en la oscuridad:
"El frío y el reposo de la muerte me aterraron...Pensé huir, y cauteloso abrí una ventana"


"Miré en la oscuridad con el cabello erizado, mientras en el fondo de la alcoba flameaban los cortinajes de mi lecho y oscilaba la llama de las bujías en el candelabro de plata."


Los perros aúllan, el viento se queja , las nubes pasan sobre la luna, las estrellas se encienden y se apagan . Desorientado, no sabe qué dirección tomar ; está atrapado en su laberinto interior:

"Los perros seguían aullando muy distantes, y el viento se quejaba en el laberinto como un alma en pena"


"...y las nubes pasaban sobre la luna, y las estrellas se encendían y se apagaban como nuestras vidas".

Ha de salir de la habitación y empujar la misma puerta que " momentos antes habían cerrado trémulas de pasión aquellas manos ahora yertas".

Anda a tientas en la oscuridad, en silencio; él oye ruidosamente sus pisadas:
"...me aventuré en las tinieblas. Todo parecía dormido en el Palacio. Anduve a tientas palpando el muro con las manos. Era tan leve el rumor de mis pisadas que casi no se oía, pero mi mente fingía medrosas resonancias"


De aquí.

Temblor, agonía, miedo, muerte. Allá lejos, en la antesala, un terrorífico Nazareno, con su lámpara siempre encendida. Más miedo aún.

"...temblaba con agonizante resplandor la lámpara que día y noche alumbraba ante la imagen de Jesús Nazareno , y la santa faz desmelenada y lívida, me más miedo, más miedo que la faz mortal de Concha"


"Nazareno del Deán"

Tiembla, vuelve al umbral de la alcoba de Concha. Se detiene, algo llama su atención:

"...una raya de luz, que marcaba sobre la negra oscuridad del suelo la puerta de la alcoba donde dormía mi prima Isabel".

Tal vez Isabel se sobresalte al oír sus pasos. Ha de entrar y contarle todo. Pronuncia con voz apagada su nombre, no contesta, duerme. El ritmo de la respiración, un cuerpo que se adivina bajo la colcha, cabello negro sobre blancas almohadas. Xavier mira embelesado:

"En medio del silencio, levantábase y decrecía con ritmo acompasado y lento la respiración de mi prima Isabel. Bajo la colcha de damasco, aparecía el cuerpo en una indecisión suave, y su cabellera deshecha era sobre las almohadas blancas un velo de sombra"



Sus manos se posan "al azar sobre los hombros tibios y desnudos" de la durmiente. Tacto y temperatura , ¿al azar?

Grita su nombre, despierta sobresaltada, le pide que no grite, Concha puede oír.

Los ojos de Xavier se llenan de lágrimas y murmura inclinándose: "ya no puede oirnos". Al inclinarse, el roce de un rizo es el detonante de la tentación:

"Un rizo de mi prima Isabel me rozaba los labios, suave y tentador. Creo que lo besé".

El de Bradomín justifica su flaqueza, las tristezas lo arrastran, Concha lo sabía y le habrá perdonado:

"Yo soy un santo que ama siempre que está triste. La pobre Concha me lo habrá perdonado allá en el Cielo".



Isabel no escucha, está encantada de no haber echado el cerrojo. Tal vez ha envidiado secretamente a Concha. En lugar de exclamar un ¡por fin!, murmura sofocada:

-"¡Si sospecho esto echo el cerrojo!"

Y, Xavier le sigue la corriente, no quiere ni puede contrariarla. Un don Juan es un don Juan, no importa que sea "feo, católico y sentimental"; aunque todos coincidamos en lo inadecuado del momento. ¡Concha acaba de morir!

"¡Hubiera sido tan doloroso y tan poco galante desmentirla!"

Los santos resistían las tentaciones, pero no se las veían con fogosas primitas:

"¡Todos los Santos...pudieron triunfar del pecado más fácilmente que yo! Aquellas hermosas mujeres que iban a tentarles no eran sus primas. ¡El destino tiene burlas crueles!"


Isabel, entre besos, murmura:

"¡Temo que se aparezca Concha!"

Y, al oír el nombre de la muerta:

"Un estremecimiento de espanto recorrió mi cuerpo y apenas pude sofocar un sollozo..."

Isabel encuentra natural la actitud de su primo y piensa, o quiere pensar, que son "muestras de amor". ¡Ella nunca hubiera soñado con algo así!

A nosotros, los lectores, sí nos extraña este capítulo de la "Sonata de otoño! Tanto que se nos hace necesaria una segunda lectura, para ver si hemos entendido bien. Bueno, hablo por mí...

Pasamos la página, Xavier vuelve a ver "la faz amarilla y desencajada de Concha", siente terror y de nuevo le acude "la tentación de huir por aquella ventana abierta sobre el jardín misterioso y oscuro".

Y miró "con horror el cuerpo inanimado de Concha", tendido en su lecho. No, no puede estar ahí.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino nos lleva con palabras e imágenes al capítulo central de Sonata de otoño, en el que el laberinto interior del Marqués se hace visible en el Palacio... "

lunes, 31 de octubre de 2011

"...aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre"










Ayer, treinta de octubre, paseaba por la orilla de la carretera, en Palacios de Benaver, un pueblecito del páramo burgalés. Tras las primeras lluvias, era el día adecuado para arar. Olía intensamente a tierra . Y yo acababa de releer aquel discurso que don Quijote pronuncia ante los cabreros, el de la Edad de Oro:

"Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados , y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna...Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre ; que ella sin ser forzada ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían..."

¿Existieron aquellos siglos dorados? Los del tráctor dirían que sólo a un loco se le ocurre tamaña idea...

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

Y Mª Ángeles Merino, nuestra Abejita de la Vega, nos lleva a reflexionar sobre la Edad de oro quijotesca...

martes, 20 de septiembre de 2011

Un inglés impasible y un inglés apasionado que sorprende la riña de los gatos.

Milo asoma en el trigal ya segado (Palacios de Benaver)


Comentario en torno al personaje Anthony Whitelands, de la novela "Riña de gatos", de Eduardo Mendoza, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Dicho comentario lo presento cruzado con otro, en torno al viaje en tren que relata Gustavo Adolfo Bécquer en "Desde mi celda" (Carta primera).


Lo siento, Milo, ahora no voy a contarte lo que le ofrecen al británico Anthony, dentro de la señorial casa de la Castellana. Ya, ya te contaré cómo reñían aquellos "gatos", tigres más bien, en el 36. Bueno, a ti te da igual, te basta con oír mi voz y que te deje sentarte a mis pies, al lado de  la puerta de la cocina, en el pueblo , frente al trigal segado. Es septiembre, pero el tiempo lo permite. Aprovechemos, Milo.



Milo a mis pies .

Después de leer las leyendas de Bécquer, recordé algo de  sus "Cartas desde mi celda", escritas desde el Monasterio de Veruela. Las leí  hace mucho tiempo, en un ejemplar de la colección Austral.  Ahora, después de  comentar las Rimas y las Leyendas, siento curiosidad hacia ellas y las busco en Internet. Es posible acceder  a través de varios enlaces. Elijo el de Wikisource




Pero no, así no, esto he de leerlo en libro de papel. Así que paso por la Biblioteca del Teatro Principal, donde me prestan "Desde mi celda", en una edición de Cátedra. Acompaño al poeta en su viaje hacia un monasterio cisterciense, medio en ruinas, al pie del Moncayo.


Pero  las lecturas , en ocasiones, se me cruzan y tras escribir el primer comentario a  "Riña de gatos", salto felinamente a la primera de las  "Cartas desde mi celda". Porque  Bécquer cubre una etapa del viaje hacia Veruela en un tren, en compañía de un estirado caballero británico, tan opuesto a Whitelands que, por contraste, me da pie a esta entrada. Así lo he pensado y así lo escribo. Que el espíritu de Gustavo Adolfo sea benévolo con tamaña herejía.

Libros cruzados.
¡Todos al tren! Milo, menudo susto te llevarías si vieras este tren de carbón que pone en marcha Bécquer:



"La locomotora arrojaba ardientes y ruidosos resoplidos, como un caballo de raza, impaciente hasta ver que cae al suelo la cuerda que lo detiene en el hipódromo. De cuando en cuando, una pequeña oscilación hacía crujir las coyunturas de acero del monstruo; por último, sonó la campana, el coche hizo un brusco movimiento de adelante a atrás y de atrás a adelante, y aquella especie de culebra negra y monstruosa partió arrastrándose por el suelo a lo largo de los rails y arrojando silbidos estridentes que resonaban de una manera particular en el silencio de la noche. La primera sensación que se experimenta al arrancar un tren es siempre insoportable. Aquel confuso rechinar de ejes, aquel crujir de vidrios estremecidos, aquel fragor de ferretería ambulante, igual, aunque en grado máximo, al que produce un simón desvencijado al rodar por una calle mal empedrada, crispa los nervios, marea y aturde. "

¿Veis al monstruo de hierro? ¿Lo oís, verdad?  El tren está vivo y nosotros vamos dentro. Veamos quién viaja en el compartimento de Bécquer.

Delante de él, va  una aristocrática jovencita , "sentada de modo que los pliegues de su amplia y elegante falda de seda me cubrían casi los pies", Va acompañada de un aya francesa "atildada y fruncida". Cuando todos duermen, esa falda que roza y cruje, habla a la imaginación del poeta y le hace soñar imposibles. Un sueño, un imposible...

Anthony Whitelands no es ni rico ni gentleman, su trabajo de experto en pintura española le apasiona, aunque  le proporcione  poco dinero; mas dispone de algunas rentas, diríamos que es de clase media. Su atuendo dista mucho de ser  impecable y hay huellas de cansancio en su rostro. Leemos:

"De resultas del viaje la ropa está arrugada y, aunque la ha cepillado concienzudamente, no ha podido borrar las trazas de hollín. Este atuendo, unido a su rostro macilento y a su aire fatigado, le confiere un aspecto muy poco acorde con la gente a la que se dispone a visitar y muy poco adecuado para la impresión que debe causarles"

El gentleman becqueriano  no muestra el menor interés ni por el paisaje ni por el paisanaje español, su actitud es desdeñosa. El escritor sevillano se venga colocándole una grotesca nariz roja como una remolacha. ¡Y unos ojos de gato como los tuyos, Milo!



"... el inglés, desde todo lo alto de su deslumbradora corbata blanca, paseaba una mirada olímpica sobre nosotros, y luego que su pupila verde, dilatada y redonda, se hubo empapado bien en los objetos, entornó nuevamente los párpados, de modo que, heridas por la luz que caía de lo alto, sus pestañas largas y rubias se me antojaban a veces dos hilos de oro que sujetaban por el cabo una remolacha, pues no a otra cosa podría compararse su nariz."

Anthony Whitelands escribe, en el mismo tren,  una carta a su "adorada Catherine". Le cuenta cómo vive su viaje. Se queda dormido "al borde de las lágrimas", bajo un cielo nublado y un sol mortecino. Despierta  y su reacción apasionada, ante el sol, el cielo y el desnudo campo castellano, nos sorprende.
 "Al abrir los ojos, todo había cambiado. Lucía un sol radiante en un cielo sin límites, de un azul intenso, apenas alterado por unas nubes pequeñas, de una blancura deslumbrante. El tren recorría la yerma meseta castellana. ¡España por fin! ¡Oh, Catherine, mi adorada Catherine, si pudieras ver este magnífico espectáculo comprenderías el estado de ánimo con que te escribo! Porque no es sólo un fenómeno geográfico o un simple cambio de paisaje, sino algo más, algo sublime. En Inglaterra, como en el norte de Francia, por donde acabo de pasar, la campiña es verde, los campos son fértiles, los árboles son altos, pero el cielo es bajo y gris y húmedo, la atmósfera es lúgubre. Aquí, en cambio, la tierra es árida, los campos, secos y cuarteados, sólo producen mustios matojos, pero el cielo es infinito y la luz, heroica."



Y tras  comparar los paisajes , compara la actitud de los hombres:


Y todo eso para desembocar en una ruptura sentimental:


¿Alguien entiende las cosas  raras que dice este hombre? ¿"La pequeñez de nuestra mediocre climatología moral"? ¿El sol de España es el chivato? ¿Ha tenido que venir hasta  España para romper con una  relación que le une a su Catherine, residente en Inglaterra?

No sabe este enamorado de España y de Velázquez los peligros que le amenazan por sorprender a  los "gatos", los partidarios de la revolución y los que quieren evitarla. 

 En la mansión del duque de la Igualada, su cliente, contempla una buena  copia del cuadro "La muerte de Acteón", de Tiziano :  el cazador  sorprende desnuda a  Diana y es cruelmente castigado por la diosa,  que lo transforma en ciervo, siendo despedazado por sus propios perros. Le mueven a reflexión algunos detalles pictóricos de la obra, como la cabeza de ciervo demasiado pequeña. Pero no imagina que él mismo puede ser Acteón. Aunque dijo Ovidio que no es un crimen equivocarse de camino... se pueden sufrir las consecuencias. ¿Quién no ha sido Acteón alguna vez?







A su decimonónico y literario compatriota , el  que viaja con Gustavo Adolfo hasta Tudela, seguro, seguro, que no le hubiera pasado algo así.  Impasible ,"se durmió grave y dignamente, sin mover pie ni mano, como si, a pesar del letargo que le embargaba, tuviese la conciencia de su posición."

¡Cómo nos complicamos la vida los de dos patas! ¿Verdad, Milo?

Perdonadme, amigos, el que esta vez me haya ido por los cerros de Úbeda.

Un abrazo para todos los que tenéis la paciencia de pasar por aquí :

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, juega de forma inteligente y divertida proponiendo en un comentario uno doble sobre Mendoza y Bécquer.

Bécquer: Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos propone la lectura del inicio de Cartas desde mi celda, de Bécquer, jugando a interferirla con Riña de gatos. No os lo perdáis.

 

martes, 17 de mayo de 2011

"Que por mayo era, por mayo..."




Orillas del Arlanzón (Burgos). Iris pseudacorus.


Pardilla (Burgos), foto de Ele Bergón titulada "Amapolas"


Pardilla (Burgos), foto de Ele Bergón titulada "Cerrillos".


Pardilla (Burgos), foto de Ele Bergón titulada "Cardos".


Pardilla (Burgos), foto de Ele Bergón titulada "Otras amapolas".


Pardilla (Burgos), foto de Ele Bergón titulada "Monet".


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Campo Real (Madrid), foto de Pilar Medina.


Palacios de Benaver (Burgos) en mayo.


Palacios de Benaver (Burgos) en mayo


Una mirada a las flores de mayo, antes de seguir con los libros : Burgos, Pardilla, Campo Real y Palacios de Benaver. Gracias a Ele Bergón (Luz del Olmo) y Plar Medina, por prestarme sus fotos. Las demás son de esta abejita, María Ángeles Merino.

El título de la entrada es el de un romance antiguo que siempre me gustó mucho, el del prisionero:

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

sábado, 30 de abril de 2011

"Yo creo que Jaime es un muchacho normal. Habrá nacido así y hay que apoyarle"



"Viene la noche", imagen tomada en Burgos, junto al Arlanzón, en el paseo de la Quinta, un día de lluvia. La utilicé ya en una triste ocasión.

Comentario al capítulo undécimo de la novela "Viene la noche", de Óscar Esquivias.

Lunes, 1 de enero 2007, Año Nuevo.

¡Hola Sara! ¡Vaya nochecita! ¿Verdad?

Tu Jaime se despierta, en medio de veloces pesadillas, con una tremenda resaca; te busca, no te encuentra. Ha dormido sobre una colchoneta, en la habitación de tu hermano Juan José. A su lado, en la cama del difunto, duerme Felipe, desarropado, babeante y con una "prominente erección". Anoche, se puso a vomitar en el búcaro nuevo.



Felipe estaba completamente borracho, así os lo confesó, se mamó a conciencia. Ya había regado de vómitos el tren cercanías destino Madrid y el taxi que le llevó a la casa de tus padres.



Daba pena verlo abrazado al jarrón, lloroso e implorando perdón,como si hubiera matado a alguien.



Felipe desea llamar a su casa, el "entontecimiento" no le deja. Tu padre llama a su familia, que, en esos momentos, ya estaba alarmadísima. No tenían idea de dónde podía estar. Lo habían buscado por todo San Fernando de Henares, habían llamado a todos los amigos, a los hospitales y , por último, a la policia. Les dicen que tengan paciencia y esperen, que están acostumbrados a ese tipo de "desapariciones", sobre todo en Nochevieja.



Una vez que reciben la llamada de Acacio, todo aclarado; pero tu padre no pierde ocasión de loar la arriesgada y sacrificada labor policial, regañando a la portavoz familiar, una tal Loli, por insultar a la policia. "La Nochevieja es una noche muy difícil para el servicio", si lo sabrá él.

Colgado a los hombros de tu padre y de tu marido, aterriza en la habitación museo de Juan José: fotos, diplomas, trofeos deportivos, escasos libros, muchos juguetes , pósteres del Real Madrid y material de "inglés. Le desvisten, quedan al descubierto sus cicatrices y su muñón de cangrejo.

Ya , ya sé que todo eso es muy doloroso para ti, Sara. Como no disponen de un pijama, no encuentran otra cosa mejor que una camiseta vieja de Juanjo, de sus tiempos de academia, gris con escudo y bandera. Otra igual para tu marido.

Mientras Felipe duerme tranquilo, tu Jaime no pega ojo. Da vueltas a la conversación de la cena, la frialdad con la que se despidió Benjamín, su mirada triste. ¿Decepción? ¿Reproche?

Mamá Julieta pasa la noche vomitando, ay el champán, nunca más.



Acacio reza su peculiar letanía, quejas y lamentos ora pro nobis, mientras chirrian los muelles de su cama.

Jaime se levanta, teme encontarse a solas con su suegro; mas ha de escapar de aquel cuarto "tórrido y maloliente". En la casa no hay señales de lo de ayer, el búcaro sólo contiene margaritas artificiales. Entra en el servicio, menuda meada, huele a alcohol. Ay, su cabeza. Mira por la ventana, ni un alma, sólo revoloteo de plásticos.



Alguien entra en casa, es tu padre , cielos. Trae churros y anuncia que va a hacer chocolate. El estómago de Jaime se revuelve de pensarlo. Como dice preferir algo más suave, Acacio le ofrece una infusión. Pero el olor de los churros le provoca nauseas, sale corriendo hacia el water; esta vez no vomita.



Se ducha en una bañera diminuta, de las de antes, con su correspondiente cortina de plástico atrapahongos y atrapapelos. ¿Cómo demonios se ajusta la temperatura? ¿Cuál es la llave de la ducha? Se enjabona, sale espuma y más espuma...¿qué clase de gel es éste? Al fin, consigue aclararse, aunque sale del mismo color que los langostinos de ayer.



En el salón, le espera una taza de manzanilla y una amistosa partidita de ajedrez con su querido suegro. Se ha agachado a recoger una torre negra, luego jugará con las negras. Olor a manzanilla, Acacio le ofrece chocolate , qué mala leche. Sabor amargo en la boca; sale corriendo hacia el cuarto de baño. Vomita y lo remata con bilis.



Se siente muy malito pero no se va a librar de tu padre; el cual no se aguanta sin hablar de lo vuestro, eso de "sin genitalidad". Está muy preocupado por vosotros dos. Lo que le manifestastéis ayer no le parece sano. Piensa que ,aunque decís estar bien, deberíais consultar a...Duda antes de pronunciar una terrible palabra: un psiquiatra.

Jaime proclama que no tenéis ningún problema, que os queréis y sois muy felices juntos; siente que esté tan preocupado y agradece su interés. Es vuestra vida.

Pero tu padre ni puede ni quiere entenderlo. Vale, no queréis hablar de ello y deseáis que calle. Jaime replica, no es eso, hay que respetar a dos personas adultas. Ahora Acacio quiere saber qué dice Benjamín al respecto. Y que si vais a separaros.

Que no, que este padre tuyo, tan espinoso, no ha entendido nada. Os queréis y vais a tener un niño. ¿Un niño? Se tapa el rostro y rompe a llorar, Jaime no sabe si está reprimiendo el llanto o la ira. Sí, está llorando, menudos lagrimones.

Cuando el llorón huye al baño, tu marido no sabe qué hacer. Pasea por el salón, mira el retrato de Juan José, se sienta a cambiar los canales del televisor. Lo de siempre, concierto de Año Nuevo en Viena o misa en el Vaticano.



Finalmente, se detiene en la triple bendición del Papa a los fieles. Se persigna, se siente mal, contempla la retirada del Papa, entre un pasillo de fieles turistas, más turistas que fieles. El coro canta "Noche de paz", precisamente.



A Jaime le vuelve la nausea y no le queda más remedio que vomitar en el sufrido búcaro burgalés. Después de quitar las flores, claro.

Mientras tanto, en la otra orilla de Bravo Murillo, tu suegra Teresa saluda al sol, embutida en su chándal fucsia. Benjamín desayuna, delante de la tele, con resaca champanera y de muy mal café. La misma misa, el mismo Papa avanzando por un pasillo, saludando sólo a los tiernos infantes, rehusando la mano de los adultos que se han de conformar con una cruz en el aire. O los bendice, o los exorciza o los aparta a manotazos. Vete tú a saber.

Benjamín dedica comentarios mordaces a los orondos cardenales y a las sonrientes monjitas. Ahora cambia de canal y carga contra la "murga" de esos "graciosos " vieneses, que suprimieron , en 2004, la marcha Radetzky, por respeto a las víctimas del maremoto de Tailandia. Precisamente Tailandia, un país llenito de "austriacos que violan niños a ritmo de polca". ¡Qué burradas dice este hombre cuando se enfada!



Como ves, está que no se aguanta a sí mismo y arremete contra todo lo que tiene delante.

Y , más chocante todavía, rompe la barrera de incomunicación que mantiene con Teresa para ¡pedirle opinión! Teresa, sorprendida, no sabe qué decir. Su hijo es normal pero "habrá nacido así y hay que apoyarle". ¿En qué quedamos?

Tu suegro, furioso, no quiere ni oír hablar de que su hijo haya nacido de una forma u otra. Su Jaime, tu Jaime, tiene un problema grave llamado...Sara. ¡Este viejo testarudo y machista! Lo siento, amiga.

Teresa entiende que a su hijo no le atraigan las chicas, pero de inmediato añade "ni los chicos". Está pensando en la posibilidad de un hijo homosexual, pero eso es algo que nunca reconocería.

El viejo refunfuña. ¿Que no le gustan las mujeres?. Y sorprendentemente evalúa : "a ningún hombre sensato le gustan" Y expone toda una teoría de los hombres como "reos, esclavos, galeotes" de las féminas.



La cruz de los pobres hombres. Y , en su caso, las mujeres han hecho de él lo que han querido.

¿Qué? Teresa, estupefacta, protesta, eso no es verdad.¿De qué mujeres está hablando? De ella, no, desde luego.

Balbucea, aclara que está hablando de su vida, pero antes de conocer a su legítima. Se casó tarde, ya muy toreado; no empecemos el año con reproches, que fluya la energía positiva. ¿Benjamín hablando de "energías positivas"? ¿No son esas las "brujerías" de tu suegra?



Positivo, eso es. Teresa le pide que piense algo positivo del hijo. Y Benjamín reconoce ahora, menos mal, que Jaime y tú os queréis; no como esas parejas, con hijos y todo, sin afecto, siempre hartas o enfadadas, como Acacio y Julieta, lo peor.

No, replica acertadamente tu suegra. Lo peor no es que dos no se quieran sino que haya dos y sólo quiera uno. No sabemos si el viejo capta la indirecta de su mujer. Medita silencioso, ha de huir, ya.

Sale de casa, Magaly no está. Se fija en un preservativo pisoteado, una huella del dios Amor que solía agradarle; pero que hoy mira con desagrado, pensando en su hijo.
Clarita, quiere ver a Clarita. Rumbo a la calle Topete.


Foto tomada de "En un acorde azul", de Ele Bergón.
Toca el timbre con insistencia. Clarita le saluda desde el balcón, muy contenta. Le besa en la boca, los periquitos cantan y Zapatero lo recibe festivamente.

Feliz Año, qué tal la cena,cómo no estás en Coslada. Clarita le cuenta que su cena fue un horror, se quemó el besugo, cenaron espárragos de lata con mahonesa de bote, patatas fritas, frutos secos rancios y dos botellas grandes de Coca Cola. Noche de pedos y eructos, como efecto de las gaseosas bebidas.



Menos mal que a la una vino el "guapetón" y "grandote" novio de su Águeda. No sabe si es búlgaro, rumano o polaco. Lleva más joyas encima que madre e hija juntas. El "guapetón" lleva a la hija a un cotillón y a la madre a su casa. Una bendición, así pudo dormir en su cama, con sus muñecas y sus animalitos. Por último, pregunta cómo le fue a él.

Benjamín le dice que su cena fue una catástrofe, que hubiera preferido una cena de eructos y pedos. Clarita está muy sorda y no se entera. Al final, tu suegro le dice que lo pasasteis estupendamente. Clarita envidia tanta felicidad.

Sara, lo vuestro sí es envidiable. Hasta otro día.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta los capítulos sexto y séptimo de Viene la noche con tanta gracia y tanto acierto en la ilustración, que nos lleva incluso a Michael Jackson (también sale el autor). El capítulo octavo lo ilustra con tanto acierto y trabajo, que por sí solas las ilustraciones resaltan el esfuerzo. En el resumen del capítulo noveno, quiero reseñar su forma de enfocar el atentado terrorista y la excelente perspectiva de la música como hilo de unión de la trilogía. Su comentario del capítulo diez (primera y segunda parte) de la novela recrea magníficamente la exploración en las relaciones personales y familiares que hace Esquivias. Finalmente, el resumen ilustrado de las fiestas navideñas es el de sus efectos físicos, como no podía ser menos. No os perdáis tampoco la dedicatoria que nos dirige Esquivias a todos gracias al esfuerzo de nuestra amiga."