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miércoles, 26 de agosto de 2026

Peregrinos y el libro de una coreana. Han Kang.

 


Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Unos porque no ven el momento de pillar el albergue. Ay este Burgos que, a lo largo, no se acaba nunca: río arriba, un puente y otro puente, los picos de la Catedral parecen estar cada vez mas lejos. Menos mal que no hace calor. "Buen camino" les dicen y te contestan con una sonrisa débil. 

Los no peregrinos también se apresuran, hay que hacer músculo, la vida es un arduo camino, si no de Santiago de otros santos. Una mujer comenta a otra que tiene al lado: "yo no me rio nunca". Y  sentada en el pretil del río, la miro con un poco de lástima. Buena mujer, no diga eso.

He cogido un libro en la biblioteca, de la Nobel coreana Han Kang. Leí "La clase de griego" y "La vegetariana", duros y poéticos, bien traducidos, lo cual se agradece. Los comentaré por aquí. Un profesor ciego con una alumna muda. Una mujer que deja de coner carne y quiere ser árbol. Más o menos. Mucho más. 



Leo un poco de este otro: "Actos humanos". Una sanguinaria matanza, Mayo de 1980, una ciudad que se moviliza contra una dictadura militar, los muertos en una pestilente morgue y alguien que los busca. 



Ay, no sé si debo leer esto ahora. Pasa una peregrina con aspecto de coreana. Pasan muchos por el camino, les podría preguntar...Ay, María Ángeles, que va cansada, tiene prisa, no está para literaturas y no te entendería. 

Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Una peregrina me dice "hola",  al notar mi curiosidad. Mira mamá, qué simpática.

María Ángeles Merino Moya

martes, 11 de julio de 2017

"En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas..."


"Inposivle" (Pintura de Agustín Merino, presentada al XXII Premio AXA de Pintura Catedral de Burgos)

En la entrada anterior, de la mano de Azorín, soñaba con La cabeza de Castilla "presidida por un lector". Imaginaba al monje Adelelmo, el abad San Lesmes, paseando y leyendo junto a las orillas del Arlanzón. No sabemos del  río medieval que conoció el "Santo Patrón de la ciudad". Aunque no podamos bañarnos dos veces en el mismo río, cambian las aguas y también las riberas, su visión no sería muy distinta a la de José Martínez Ruiz, en 1948:

 "El cauce del Arlanzón es anchuroso, en Burgos, con islitas, con verde herbazal"


"En el Arlanzón, quisiéramos bajar también al cauce; contemplando el cauce, con su herbazal, con sus islitas, parece que nos exentamos, un momento, de los cuidados en la ciudad."

Ignoramos de qué cuidados precisa exentarse Azorín, durante su estancia en  "la cabeza de Castilla". 1948, un tiempo difícil en que un capítulo titulado "Pasado y futuro" ha de rematarse así:

 "No salgamos de la Catedral, la amada Catedral de Burgos, sin proponernos a nosotros mismos, seamos ilustres o humildes-el autor es de estos últimos-, poner fe en la continuación de este resurgimiento, iniciado y propulsado por el Caudillo. Fe y constancia. Constancia y tesón."


La cabeza de Castilla y el plano de Burgos de 1953 (guía Fuyma)

Adelelmo, de vez en cuando, levanta la vista de la lectura, piensa en sus "cuidados": frailes, peregrinos, pobres, enfermos, cauces y esguevas que conduzcan las aguas pestilentes y también caudillos imposibles de encauzar. 

¿Bajar al cauce? En mis años infantiles, "el verde herbazal" era de difícil acceso, salvo en algunos tramos,  y escondía sorpresas vivas y poco gratas. Solo los chavales más ágiles y atrevidos salvaban el elevado pretil. Mi hermano era uno de ellos. 

Azorín baja, bajamos con él, le acompañamos: 

"Nuestro ánimo, momentáneamente se desenvuelve libre. En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas, podemos afinar las percepciones; el paisaje nos invita a la concentración. Nos esforzamos en hacer que el lenguaje sea la expresión exacta, inequívoca del pensamiento; pero el lenguaje nos depara, a veces, expresiones que nos hacen , oscilar, vacilar, ondular, entre el ser y el no ser; percibimos con goce o sin goce, la fusión de los contrarios en un punto...El poeta, un poeta dominador de la forma, dice una cosa y dice otra; afirma y niega al mismo tiempo; lo que quiere decir lo dice, pero vemos que también dice su opuesto...el poeta logra la expresión. "

No sin lucha, el lenguaje encuentra su cauce, "como este cauce bello del Arlanzón, en Burgos". 


El Arlanzón dibujado por Luis Sáez Díez, en la guía Fuyma, Burgos1953. 

Adelelmo sigue su lectura y aquel niño que bajaba "al verde herbazal", logra su expresión: 

Canta mi río con voz de arrullo
con voz plata de agua canta
a sus pies la ciudad sestea, el largo letargo de su historia
En el teatro la farsa se representa
En esta ciudad de malos cómicos, todos interpretan un papel de figurantes
creyendo que son estrellas
En estas butacas vacías hace tiempo que se ausentaron los sueños. 

(Agustín Merino)


Agustín pinta con la espátula un "Inposivle". El cielo ya no es azul. 



Un abrazo para los que pasan por aquí de:

María Ángeles Merino

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo XXII, El Arlanzón, páginas 123, 124 y 125. 

domingo, 9 de julio de 2017

"Burgos, pues, está presidida por un lector"


Vuelvo a las palabras de Azorín, las de su libro La cabeza de Castilla, las que nos leyó Pedro Ojeda Escudero, en el homenaje del día 12, junto a las ruinas del monasterio de San Francisco, en nuestro Burgos:
No pude resistir la tentación de comprobarlo, en la iglesia de San Lesmes; como tampoco resistí la tentación de leer La cabeza de Castilla, donde Azorín nos muestra, en su magistral prosa, un Burgos muy literario y muy poco real. Me senté junto al sepulcro del santo, esquivando las miradas curiosas de las feligresas. 

Sepulcro de San Lesmes y La cabeza de Castilla.

El artista lo esculpió con un libro abierto en la mano. Curioseo y descubro que las páginas están en blanco, no importa. Imagino que Adelelmo, San Lesmes, tuvo que leer, y mucho, sabemos que no andaba escaso de conocimientos: 



Sueño al monje San Lesmes con tiempo de repartir el pan a los pobres, ayudar a los peregrinos  y planificar canales y esguevas para encauzar las pestilentes aguas estancadas, evitando fiebres malignas. 

Y Adelelmo leería mientras paseaba por las orillas del Arlanzón. Vamos a hacer como él. Venid conmigo:

Con María Ángeles Merino y Azorín.



Textos tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo XI, Burgos, páginas 79, 80 y 81.

domingo, 15 de septiembre de 2013

"Y me pregunto qué le importamos a las estrellas, no somos más que un poco de ellas".


El año pasado, un día de noviembre, Aitana se sitúa en medio de la rosa de los vientos, frente al mirador del Castillo de Burgos.

- ¿Qué es esa estrellita?

-Es una brújula. Sirve para orientarnos.

-Mira, Burgos por aquí, en el norte. Marbella, en el sur, justo al otro lado. Pero tienes que buscar por dónde sale el sol.

-"Ito" Agustín...¿por dónde sale aquí?

Aitana, niña marbellí de visita a la familia de Burgos.
 
"El sol sale cada día, siempre por el este,  ni nos mira, el "Pioner" acaba de salir del Sistema solar, primer aliento de la humanidad  fuera de nuestra estelar casa"
Aitana  mira a Agustín que sigue con sus reflexiones:

 -"Y me pregunto qué le importamos a las estrellas, no somos más que un poco de ellas".

-¿Nosotros somos un trocito de estrella?
-Somos muy poca cosa, al fin y al cabo cenizas, rastro de muerte.
"Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado."


"Polvo que sin ser nada, es capaz de admirar la belleza de una amante, que altiva nos desprecia"

Aitana mira como miran los niños cuando no entienden a los mayores. Ahora pone todo su esfuerzo en leer las letras que acompañan a  la "estrellita".

El "ito" sabe mucho pero es poco pedagógico. Se lo preguntará a la seño.

Y yo me pregunto qué España vivirán los niños que ahora tienen cinco años, como Aitana. Porque estamos ¡tan desorientados!

María Ángeles Merino
Nota: Como veis, esta entrada incluye las reflexiones de mi hermano Agustín.

viernes, 28 de junio de 2013

El pinsapo soñador


Demasiado árbol para poco claustro.

El árbol es un pinsapo. El claustro es de estilo herreriano y es uno de los dos que hay en el Monasterio de San Pedro de Arlanza, el más pequeñito porque era para los legos.

Ruinas hermosas que vieron nacer a Castilla. La sombra del Conde Fernán González se paseaba entre las viejas piedras.

El pinsapo soñaba con la sierra de Grazalema, despertó y se asomó al valle del Arlanza.

Ayer estuve allí.

Fin de curso

Google ha hecho un pequeño montaje con las fotos que tomé el 27 de junio de 2013, en las ruinas de San Pedro de Arlanza. Ha quedado muy bien, sólo un detalle: no es de noche...

https://plus.google.com/u/0/110268311467006824538/posts/YteWftKGqsp

jueves, 27 de junio de 2013

El aprendizaje del colegial Cipriano Salcedo y los colegios que llevan el nombre de su creador.




Comentario a parte de la novela "El hereje" de Miguel Delibes, la que corresponde a la etapa escolar del protagonista, Cipriano Salcedo. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

En la entrada anterior, dejamos al niño Cipriano, feliz con  la nodriza Minervina y sus lecciones cantadas de catecismo, mientras el terrible progenitor pensaba en un preceptor para su hijo, "un signo de distinción social que le aproximaba a la nobleza, el sueño oculto de don Bernardo desde que tuvo uso de razón".

Será un ayo externo que desaparezca a mediodía, la ignorancia del dueño de la casa podría quedar en evidencia en comidas y sobremesas. Grafías, sintaxis latinas, eso su hermano Ignacio, el intelectual de la familia, que él...

Un instructor de medio pelo, Don Álvaro Cabeza de Vaca, sayo raído y calzas negras ajustadas, enjuto y severo, distante con su discípulo desde el primer día. Cipriano contesta rápido a sus preguntas mientras estas discurren por las "trochas" ya recorridas con Minervina de la mano. Pero cuando el dómine le hace caminar más allá de "la cartilla de los moços", Cipriano no puede seguirle, no aprende nada nuevo porque constata "con espanto la inmediatez de su padre en la habitación vecina". "Y cada vez que le oía carraspear o arrastrar el sillón empalidecía y quedaba inmóvil, la cabeza hueca, a la expectativa". Y con los diecisiete estornudos mañaneros , temblaba la casa y temblaba el muchacho.


Tras varios meses de "¿Has entendido Cipriano? Sí, señor", don Álvaro, decepcionado, aborda al padre de la criatura y le confiesa que "el niño está en otra cosa". ¿El chiquillo es tonto? No, "es avispado como una ardilla" . Don Bernardo, "hombre rencoroso", piensa en una solución para "el pequeño parricida" : "un internado duro y sin pausas. Era hora de separarle de la rolla". Y la solución es algo extraña para un hombre de su posición: "el Hospital de Niños Expósitos... dedicado a la formación de niños abandonados". Su hermano Ignacio, patrono mayor de la benéfica institución, le duele la peregrina y vengativa decisión: "no es para personas de nuestra clase". 

La iglesia de San Lorenzo, a la que el Hospital de San José estuvo vinculado desde su fundación.

Está decidido, "hay que enveredarlo. Su niñera lo ha mimado demasiado. Y esto se acabó. Lo meteré interno y no disfrutará siquiera de vacaciones".

Don Ignacio informa a la Cofradía de la generosa disposición de su hermano: pagará por su hijo y por tres compañeros más, amén de las limosnas. Se admite a Cipriano, Minervina llora "hasta quedarse seca" pero esta vez no contagia al pequeño. A su niño  le resulta "audaz y apetecible" alejarse de casa y convivir con otros de su edad.

Cipriano pierde atuendo y nombre . Muda su ropa distinguida por un uniforme campesino. Nadie le pregunta su nombre; pero el Corcel, un chico grandullón, le bautiza como "Mediarroba". Mediarroba no es pobre ni expósito. ¿Qué pinta en un colegio así?

 
Doctrina, latín, redacción en romance y tablas aritméticas. Nace en él un repentino afán por ensanchar el mundo de sus conocimientos, ahora que puede dedicarse a ello sin temores. Y de participar en los juegos de sus compañeros, no deja de ser un niño.

Acompañamos a "Mediarroba" en los paseos por la ciudad y los campos que la rodean, con los expósitos en fila de a dos  y "el inevitable tutor". Delibes nos muestra el Valladolid de principios del XVI: Espolón Viejo, Espolón Nuevo, Puente Mayor y cerro de la Cuesta de la Maruquesa "donde vivían gentes necesitadas". "Por el camino de Villanubla se veían bajar reatas de mulas, pordioseros y algún que otro caballero apresurado". Descendían hasta la Corredera de la Plaza Vieja, las Tenerías...y vuelta al colegio.


Valladolid, 1572-1617, Civitates Orbis Terrarum, "...dibujo realizado desde la Cuesta de la Maruquesa, con las torres al fondo de los principales templos, parte de las murallas en los accesos al Pisuerga y campesinos trillando en primer plano en las proximidades de la actual Huerta del Rey".

"A los dos meses de ingresar en el colegio, Mediarroba fue nombrado limosnero por una semana". Con el alba, preparaba el carro con Blas, el asnillo. Y salía con dos compañeros, Claudio "el Obeso" y el "Niño", a recorrer la ciudad. Llegaban a la trasera del Hospital de la Misericordia y allí recogían cadáveres de pobres o ajusticiados.

 
Y Cipriano, el hijo de un rico comerciante, cargaba con el muerto al hombro y lo colocaba sobre las tablas del carro. Claudio estaba sorprendido:

-"Tú, Mediarroba, ¿de dónde sacas esas fuerzas? En mi vida vi un tipo más espiritado que tú."
-Atiende. Se había levantado la manga del sayo y le mostraba su bíceps estirado, un músculo bien formado de atleta.

-¡Ahí va, si tiene bola! ¿Te has fijado Niño?, el Mediarroba tiene bola".

Subían hasta la Calle Imperial. Cipriano armaba un túmulo en el centro de la calle y colocaba encima los cadáveres. Los tres colegiales se turnaban llamando  a la caridad de los viandantes, con una fórmula gastada, a la que añadían letanías y algo de cosecha propia:

"Hermanos: aquí tenéis los cuerpos de dos desdichados que pasaron a mejor vida sin conocer los beneficios de la amistad...No les neguéis ahora el derecho a la tierra sagrada"

Algunos transeúntes depositaban algunos maravedíes en la bandeja.  Una hora y Cipriano con los muertos al carrito, otra vez armar el túmulo,  en Huelgas, Zurradores y Espolón Viejo. Y otra vez el mismo rito. Enterraban a los muertos en la iglesia indicada y depositaban los donativos en el Arca de las Limosnas, en la capilla del colegio.


La fuerza física e intelectual de Cipriano nos sorprende, lejos de su padre parece otro. Pero le quedan algunas lecciones de vida por aprender.

Todas las noches, los alumnos  caían rendidos nada más acostarse. De ahí la sorpresa de aquel día en que oyó un bisbiseo que se transmitía de cama en cama:

-"Niño, el Corcel te necesita".

Cruza una sombra, crujen los muelles de la cama del "Corcel", se oyen cuchicheos y risas apagadas. Al día siguiente, pregunta a Tito Alba qué hacía el Corcel con el "Niño" en el dormitorio. Tito le mira asombrado y le pregunta si se ha caído de un nido o sólo lo aparenta.


Cipriano recurre Claudio el Obeso que le explica:

-"...cuando tiene necesidad, el Corcel recurre al Niño. Es lo más parecido a una mujer que tenemos en el colegio"

El Rústico termina de informarlo. El Niño tolera los abusos porque el Corcel es el más fuerte, el que manda. El sexo y la ley del más fuerte.

Al día siguiente toca entierro y las plegarias de los expósitos son muy apreciadas. Sus voces, entre infantiles y adultas, son el pasaporte ideal para el tránsito de los vallisoletanos ricos. Las disposiciones testamentarias requieren la presencia de los colegiales en el entierro, a cambio de sustanciosas limosnas. Uniformados, alineados, con las botas limpias y antorchas en la mano; lúgubre e infantil procesión. 

Así fue aquel día, en el entierro de un caballero que había dejado "un pingüe juro" para el colegio.  El maestro, el Escriba, los estimula a comportarse con entusiasmo y esmero. Acompañan al cadáver con aire contrito y cantan el terrible Dies irae y las letanías, en medio de un pesado hedor, una mezcla del sudor de los fieles, el humo de las antorchas y el tufo de los enterrados en el templo. La muerte.

Termina el funeral y Cipriano descubre, en el templo, a su tío Ignacio; nota su mano en el hombro y se estremece. Un pariente mudo y afable, pero no espera nada de él, tampoco él es capaz de afrontar la dura mirada de don Bernardo. Le pregunta si está contento, si le gusta estudiar. El sobrino titubea al hablar, le considera un enviado de su padre.

 Don Ignacio ha recibido informes muy favorables : "número uno en doctrina, latín y escritura, notable en tablas de cálculo. Intachable en urbanidad y disciplina." Ante un cuadro así, piensa que habría que exponer la situación a su padre. Y le pregunta si le gustaría dejar el colegio y volver a casa. Se queda asombrado ante la respuesta de su sobrino. No,  le gusta el colegio y tiene buenos amigos. 

Su tío le expresa  preocupación por su porvenir , no cuenta con que Cipriano tiene  ideas propias y ha pensado en ello: "...puedo ingresar en la Escuela de Gramática del Cabildo". Don Ignacio le sugiere doctorarse en  leyes y le da un excelente consejo: recibirá una importante herencia pero "al dinero hay que ennoblecerlo. El dinero en sí no tiene importancia y menos aún si no se debe a tu esfuerzo". Y le ruega que no diga nada a su padre.

 Pasa el tiempo: "por segundo año consecutivo desde su ingreso en el colegio, llegado agosto, Cipriano participó en la Ceremonia de las Eras...La clase...visitaba las eras y pedían a Dios prieta espiga y grano abundante". Los campesinos les entregaban unos fardillos de trigo que depositaban en el Arca de las Limosnas. Cipriano es elogiado por el Escriba, en clase; había quedado a un celemín de distancia...


Cipriano madura, aprende mucho, pero ha comenzado ya con sus escrúpulos de conciencia, un tormento para el resto de sus días. Atiende a las clases de doctrina pero considera que su formación religiosa deja mucho que desear. El padre Arnaldo le habla de oración mental y Cipriano comienza a visitar la capilla durante los recreos, para estar solo y en silencio, con dos peticiones obsesivas: Minervina y su futuro más allá del colegio.

Mientras reza, se mantiene sereno, pero con el agua bendita de la salida surgen las dudas: "¿había pensado en el sacrificio de Nuestro Señor o en el juego de zancos que le aguardaba en el patio?". Los escrúpulos no le abandonan, vuelve a la capilla, se santigua lentamente, llega a la conclusión de que sus peticiones son egoístas...Decide pedir por el Corcel, para que no se haga "pajas" ni obligue al Niño, pide por unos y por otros. Sus visitas a la capilla abarcan todo su tiempo libre, se confiesa e insiste en el egoísmo de sus peticiones.


El padre Toval le ayuda en su examen de conciencia pero, al llegar a lo de "honrar padre y madre", Cipriano ha de confesar el odio que siente por su padre y  el confesor encuentra materia grave. No ha de rezar por el Corcel sino por don Bernardo y sus sentimientos hacia él. Mienta maquinalmente a su padre, en las oraciones, pero no lo siente, "no puede amar y odiar a una persona al mismo tiempo". Deja de ir a comulgar, el padre Toval advierte su desconcierto y llega a decirle que ofrezca a Dios "el asco de su odio como una expiación". A Cipriano no le convence, sería engañarse a sí mismo y a Dios.

El tercer año en el colegio resulta inquietante para el muchacho. Empieza "a atormentarle la injusticia humana, que don Bernardo pudiera pagar la beca de tres compañeros que, por añadidura, desconocían a su padre, para que él pudiera estudiar; el que el Niño tuviera que acudir a las llamadas del Corcel...y que aceptara ser humillado...el que su carne empezase a despertar y notase una extraña fuerza...".

 Siente arrebatos de agresividad...se sorprende al arrogarse un papel justiciero que nadie le atribuye. Una noche detiene al Niño cuando acudía a la llamada del Corcel y reta a este:

-"Corcel, no le esperes. El Niño no va contigo esta noche-dijo."

Un gran revuelo, el Corcel se mete en su cama y "Sintió su salvaje aliento, sus palabrotas, su dureza viril, sus brazos desmañados abrazándole, y entonces Cipriano, con gran serenidad, flexionó la pierna , le propinó un rodillazo en los testículos y le empujó con todas sus fuerzas..."

Al día siguiente, pelean en el patio, una pelea magistralmente contada, no conocíamos la faceta pugilística del bueno de don Miguel:

"En lo que el Corcel levantaba un brazo, los puñitos pequeños y duros como piedras de Salcedo se disparaban tres veces sobre la nariz de su adversario...

David contra Goliat... El sayo del Corcel se llenaba de sangre y, entre dientes, provocaba a su rival llamándole enano y cacho cabrón, pero Mediarroba no caía en la trampa, evitaba lanzarse sobre él a ciegas...Sus puñetazos eran como las picadas molestas de un insecto que iban minando la moral del otro..."

Cipriano sale vencedor de la pelea, su rival se retira jadeando y limpiándose la sangre. Pero Mediarroba gana un motivo de remordimiento más. Se confiesa, su mente la ocupa la soledad tremenda de un compañero al que nadie quiere. Un día, en el paseo, se acerca a él, le pide disculpas. La reacción del matón es la propia:

-"Y ¿a ti qué te importo yo? ¡Ya te puedes largar!"

Cipriano le contesta que le importan todos los mortales. El Corcel, tras fijarse descaradamente en los traseros de dos mujeres que pasaban por allí, remata:

"-Que te vayas a tomar por el culo; quiero hacerme una paja."

Nuestro héroe todavía añade tímidamente:

-"Volveré a buscarte, Corcel. Si algún día me necesitas, llámame."

A la semana siguiente de la pelea,  la ciudad se llena de curas y frailes, se celebra "la Conferencia". Y, en todas partes, en el colegio también, se habla de erasmistas y antierasmistas. Dejamos a Cipriano muy interesado por la figura de Erasmo de Rotterdam. El padre Arnaldo decía que Lutero se había criado a los pechos de Erasmo...

 Lo vivido en el Colegio de Expósitos de San José marcará mucho a nuestro hereje Cipriano. Ha aprendido mucho, de libros y de la vida. En la etapa escolar todos realizamos una parte importante del aprendizaje vital, un colegio siempre es importante Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a hablar de los colegios que llevan el nombre del creador de estas páginas que hemos comentado: Miguel Delibes. Burgos, Campo Real, Collado Villalba, Móstoles, Aldeamayor...


En España, abundan los CEIP "Miguel Delibes". Pero este, el de Nava del Rey (Valladolid) cuenta con un maestro llamado Germán Delibes, nieto del escritor, todo un lujo. ¡Cuántas historias de su abuelo podrá contar a esos niños de quinto curso de Primaria!

Bueno...y aquí lo dejamos por hoy, junto al río Arlanzón.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino


 Enlaces sobre la ciudad de Valladolid
Noticias históricas del doctor Zumel (Hospital de la Misericordia)
Lo que ya no está. El Valladolid desaparecido.
Arte en Valladolid. Dibujos de monumentos vallisoletanos.

jueves, 6 de junio de 2013

"Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario", el peligro de trillar los versos y el albur de mis pensamientos.

 
 
 

Una nueva entrada girando en torno a "Campos de Castilla". Y no sé, de verdad, qué giro darle.

Junio, huele a tila y canta el mirlo. ¿Cuándo calentará el sol aunque solo sea un poquito? ¿Para cuándo una tibia mañana?



Paso la semana con este pequeño  libro grande a mano, conoce muy bien las arboledas de mi ciudad y tiene un rincón reservado en mi cartera, junto al ordenador y el "pincho", camuflado entre libros sin poesía. Leo y releo, cuidado, no pierdas el respeto a  versos tan queridos, tan familiares. No los trilles, saborea, mira que han de ser nuevos en cada lectura, no los conviertas en topicazos. Machado no se lo merece. Es poesía con mayúsculas, aunque tú te lo lleves a la sala de espera del dentista. Ahora escribe y busca un hilo conductor que le dé coherencia.

Abro "entrada nueva". Me detengo en la última imagen de una entrada anterior, la del hombre de casino provinciano .  Las cigüeñas de las ruinas del monasterio de  San Francisco, en mi ciudad,  me guían hasta: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario...".

Espera, me digo a mí misma; que ese poema, "Orillas del Duero" no es de "Campos de Castilla", sino que está incluido en "Soledades". Pero tiene mucho que ver:

Un encuentro con la primavera soriana de 1907, embrión de todo lo que vendrá después: Soria y su flechazo de amor, Castilla como símbolo, España, la ideología del momento. ¿Leonor? Tal vez ya ha puesto Antonio  los ojos en una humilde flor, en aquella pensión...

Me gusta, sigo los dibujos en el aire de las cigüeñas, oigo chillar a las golondrinas, siento en la cara las nevascas y las ventiscas, me parece sentir ese rayo de sol tibio.

¡Cuidado! ¿Qué te he dicho antes?

Los machadianos "verdes pinos", todavía sin "las polvorientas encinas", chopos... ¡El paseo junto al Duero!


Río Duero, a la altura de San Saturio.


Algo asoma entre las hierbas. Una humilde flor, las chiribitas de mi infancia. O la florecilla azul que no sé como se llama.



¿Por qué es mística la primavera soriana? ¿Asceta tal vez? Chopos, álamos, montaña, lejanía, un poeta enamorado y optimista. ¿Leonor?


Río Duero, a la altura de San Saturio.

Abro "Campos de Castilla". Lo cierro, me abandono a los caprichos de mis neuronas. Ya está, fluye el primero. Lo localizo en el libro, para transcribirlo correctamente, lo asocio con una imagen.  Piensa un poquillo, qué quiso decir Machado... Luego otra y otra. Procuraré ponerlas a salvo del trillo y del desgaste. Ahora no, Joan Manuel. Vamos a la faena...poética.

"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón"


¿Con qué mundos sutiles soñaba don Antonio? ¿Con qué mundos de pompas de jabón sueña mi pequeña?

Y de un mundo pequeñito, puro e ingrávido, paso, vete tú a saber por qué, a un verso duro para los castellanos:

"y atónitos palurdos sin danzas ni canciones"

  
¿Por qué, Antonio?¿Atónitos palurdos? ¿Sin danzas ni canciones? ¿Por qué "Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora? De acuerdo, solo es la primera parte del libro. Leonor te  hará  dar un giro copernicano a tus poemas. Déjate de tópicos y símbolos regeneracionistas.

Y ahí va el que más peligro corre de ser trillado, el más repetido, el que muchos conocen solo por la canción:
 
"Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar."

 Camino de la Vega en Campo Real.
 
Aquí tenéis un camino que yo hice mío, en Campo Real, en Madrid. ¡Cuántas veces lo recorrí ! Y lo llamaba camino. Y lo pisaba rastreando "estelas en la mar".
 
Y sigo en la mar y su camino imposible:
 
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
 
 
El día de la foto, víspera de Reyes, me asomé al mar de invierno. Ni rastro de caminos, solo espuma y unas olas enfadadas.

 
Las aguas iban y venían, en un incesante movimiento que, con ojos de niño, contemplamos atónitos los meseteños. Sí, ante el mar nos quedamos atónitos los castellanos. No hacía frío.

Frío...  un día me  encontré con una bella rosa escarchada. Y la aterida flor, me traía otros versos, "amarguras viejas":

Rosa de invierno, en Palacios de Benaver.
 
"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón."
 
  Alguien  me heló el corazón. Fue un deshielo duro. Sé muy bien a qué España pertenecía. Españolita, al fin.

 
¿Y todo para qué? Nos preguntamos con el poeta:

"¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad,
vanidad de vanidades."
 
Porque un día, bajo un puente, me encontré con ellas, y mi entrada se tituló "Machado bajo la autovía". Los grafiteros tienen su corazoncito. Y leen a Antonio Machado. Algunos.

Leer a Antonio Machado y sus preguntas:

Sí, hay ciruelos en flor, quedan violetas.


Y siempre habrá un buen amigo que suba al Espino, a depositar unas flores en la tumba de Leonor. Los lectores de "Campos de Castilla" componemos los mejores ramos para Leonor. Y para Antonio.
 
“Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...”
Tal vez siga con este juego otro día, en otra entrada. El albur de mis pensamientos.
 
Un abrazo de:
 
María Ángeles Merino
 

jueves, 24 de enero de 2013

A la busca de Manuel Alcázar y el trapero señor Custodio.

 
 
Manuel encuentra en un trapero bueno a su ángel custodio. Se le habían ido encadenando las desdichas. Veamos.

 Muere suicidado el primo Leandro, el zapatero cae enfermo de tristeza, ya no se regeneran zapatos y la tía Leandra le invita a irse, no le puede mantener.

La Petra le acompaña al puesto del  tío Patas, despachará pan y verdura hasta que un día se le ocurra reivindicar la "absurda" pretensión de ganar un jornal. 

 Como con el tío tacaño no se gana ni el pan que se come, la madre le acompaña a una tahona "horriblemente penosa" donde bregará a pie de horno. Bien sabe Baroja lo que se cuece allí.

Los Baroja regentaron "Viena Capellanes", pionera del llamado "pan de Viena"
Manuel se marea, se le queman los dedos pringados de hollín y grasa, le tratan como a una mula sin nombre propio  y, al final de la jornada, sólo le resta  dormir con música de esputos enharinados. Menos mal que el hornero alemán Karl, lector infatigable de dos únicos libros, se hace su amigo y comparte con él sus reflexiones literarias, aunque se quede perplejo ante el escaso romanticismo del muchacho. Goethe no vivía a orillas del Manzanares. Ignoro si los suburbios parisienses, conocidos por Balzac, puedan compararse al barrio de las Injurias.


Agotado, cae enfermo, deja el trabajo, se arrastra hacia la casa de huéspedes, su madre le hace acostar, fiebre, delirio...Se levanta desmadejado, llora por todo. La patrona permite que se restablezca. Paseos por el Retiro, trabajos de copia para el periodista que llaman "Superhombre", días agradables y lectura de novelas "verdes". Pero se le ocurre llevar a la práctica las lecturas con la sobrinita de doña Casiana, le plantan en la calle, ya no tiene a donde ir. Ni la tahona ni la Salomé.

Ilustración de novela "verde" de Paul de Kock


Pobre Manuel, nuestro Lazarillo de 1900, a la ventura le sucede la desventura. Deambula por Madrid, ay si fuera más mayor y tuviera un buen oficio,  se casaba con la guapa costurera Salomé. No debe ir al Puente de Toledo ni a la carretera de Andalucia, que allí vive la tentación; pero allí aterriza. Y...vuelve con el Bizco y Vidal, con los randas."El trabajo pa los primos". "Una vida de chipendi" desde la Casa de Campo a Puerta de Hierro.

Durante mucho tiempo no se atreve a asomarse por la pensión. Cuando lo hace, descubre que su madre está gravemente enferma de tisis. El cura Jacinto ya la había confesado "una porción de veces",  va por la Unción, Petra es fiel cumplidora de los trámites religiosas.

"Mandó el cura callar...no se oyó entonces más que ruido de pasos, abrir y cerrar de puertas y luego el estertor de la moribunda y el tic tac de un reloj del pasillo"

Tras ese silencio, Manuel se ha quedado sólo en el mundo. Pide limosna, come del rancho que sobra en los cuarteles, se une a las cuadrillas de golfos y no dejan de sorprenderle las maldades que cuentan, como aquella del Mariané, lo del sargento a caballo encima de una prostituta, con las espuelas sueltas; es que para tenerlas contentas "no hay como hacerlas sufrir". Al muchacho le queda un fondo bueno y piensa que él no disfrutaría martirizando a la Salomé.

Pasa los días en sus correrías y las noches refugiándose donde puede, en cuevas, junto a las tapias, en bancos, en sillas, al calor de otros golfos amontonados.

 Golfillos durmiendo juntos.
 La "sociedad" integrada  por Vidal, el Bizco y Manuel entra a robar una vivienda:

"Entraron los tres llenos de miedo, atortolados, cogieron una servilleta y metieron dentro lo que encontraron a mano, un reloj de cobre, un candelero de metal blanco, un timbre eléctrico roto, un barómetro de mercurio, un imán y un cañón de juguete"

Un trapero malo les paga una peseta, tras un tira y afloja de chantajes y amenazas. Ochenta céntimos para cada uno y una frasca de vino. Vidal resume la jornada: riesgo de ser mordidos por un perro, de ser apaleados, de ir a presidio para toda la vida y..."ser miserablemnte engañados".

Una peseta de 1900

El trío se inicia en el mundo de la prostitución, la carrera de chulo tampoco debe estar mal. Los tratos con "las vestales del arroyo" tampoco convencen a Manuel porque en el reparto a él le corresponde la "Mellá", la más fea. Pobres muchachas que llaman libertad al hambre y al frío, cualquier cosa con tal de no ser encerradas en el convento que la autoridad ha dispuesto para ellas. El negocio sale mal, otra vez en la calle.

A finales de verano, se puede dormir al raso. Manuel sobrevive llevando maletas en la estación, gana unos céntimos y alterna los tronchos de berza con opíparos banquetes de taberna. Pero llega el frío, se hiela por las noches, a pesar de la bufanda y el gabán que le proporciona su hermana, que no sabemos de dónde ha salido.

Y un día, casi muerto de frío, sueña:

"Manuel soñó con una mujer muy blanca y muy hermosa, con cabellos de oro. Se acercó a la dama, muerto de frío, y ella le envolvió con sus hebras doradas y él se fue quedando en su regazo agazapado dulcemente, muy dulcemente."

De su dulce sueño le despierta una voz que le  pregunta "qué haces ahí" y le llama golfo. Es "un viejo de barba entrecana y mirada adusta, con un saco al hombro y un gancho en la mano". Es el señor Custodio, el trapero bueno  que aparece "deus ex machina" y pronuncia las palabras mágicas:"te daré de comer". Le ofrece trabajo y se lo lleva a su casa.

Ángel custodio.

Allí donde se vierten las basuras de la ciudad, en una hondonada, entre cascotes y escombros, vive un hombre bueno, en una casa tortuga fabricada con una extraña mezcla de estacas embreadas, casetas de baño, pedruscos, chapas, pizarras, paja...Pero no le falta corral y cobertizo adosado. Una mujer que le da pan y queso, un perro peludo y simpático, un cerdo, un borrico y lo mejor de todo:

 "En el fogón, sobre la ceniza blanca, un puchero de barro hervía con un glu glu suave". La gloria terrenal.

http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/2012/04/puchero-del-blog.html
 
Y regreso al principio. Manuel encuentra en el trapero a su ángel.

El domingo salgo de casa con la máquina de fotos en el bolsillo. Porque  pienso en personas como el señor Custodio que extraen utilidad a lo desechado por otros, el llamado "Mercadillo de antigüedades"; el rastrillo que todos los domingos se levanta en la burgalesa Plaza de España. No importa que mi ciudad no sea Madrid ni que vivamos en 2013, que no en 1900. Voy a la busca de custodios y manueles, entre un batiburrillo de objetos dispares.

 
Cables, enchufes, cargadores, gafas, jarras y encuentro sentada a la inolvidable Andrea, protagonista de "Nada", de Carmen Laforet, premio Nadal en 1945. Tan hambrienta como Manuel, pero nos faltan muchos años para llegar a la posguerra civil. 
 

Platos, cuadros, muebles, novelas, libros de texto, relojes, algún instrumento musical, vinilos, herramientas, objetos que pretendieron un día ser decorativos,viejos periódicos, muñecas, juguetes, miles de cosas en un espacio muy reducido.


 
 
 


  
 
 
 

No, busco: "barretinas y boinas rojas, trozos de mantones de crespón... ventrudas damajuanas...botellas de azumbre...agua de Seltz...botellas de Vichy, de Mondáriz, de Carabaña...tarros y botes de pomada, de crema y de velutina" No hay nada de eso.

¿Ese hombre que se oculta detrás del cuadro? ¿Es el señor Custodio? ¿Es Manuel?


No, por fin los encuentro. Manuel Alcázar y el señor Custodio están aquí. ¡Por fin ! Sólo en libros los podemos hallar. Aquí los tenemos en la mítica colección RTV, que se vendió al módico precio de 25 pesetas.



Aquí están Manuel y el señor Custodio
 En una cesta de plástico azul, de las que se usan para fruta, los libreros de ocasión ofrecen "La busca", junto a "Alfanhui" de Sánchez Ferlosio y la "Metamorfosis" de Kafka. No es mala compañía.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino 

 Las palabras directamente extraídas del texto se corresponden con el enlace:http://www.escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/PioBaroja-LaluchaporlavidaI_Labusca_.pdf