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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Homenaje a José Zorrilla (3): Casa Museo José Zorrilla.


Calesa a la puerta de la Casa Museo José Zorrilla. Foto cortesía de Yolanda Delgado.

Recordáis que nos hicimos la foto en torno a la foto de José Zorrilla, en la exposición "Mi exclusivo nombre de poeta". El escritor ya es de nuestro grupo y, por la tarde, el Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda, visitó la Casa Museo José Zorrilla. 

Entramos y nos saluda el profesor, filólogo, crítico literario, historiador y biógrafo y gran valedor de José Zorrilla y su obra: don Narciso Alonso Cortés (1875-1972), desde su pedestal en el jardín, romántico por supuesto. ¡Habría que verlo en primavera! 



A la puerta, una calesa espera al viajero. Nuestro grupo va a viajar con la imaginación a lo que pudo ocurrir en aquellas dependencias en vida de Zorrilla, de la mano de las explicaciones del actor Javier Calaveras y  de las ropas románticas que nos ofrece la muestra temporal de la diseñadora Inmaculada Cedeño. 


Vestido romántico de la diseñadora Inmaculada Cendeño

José Zorrilla nació el 21 de febrero de 1817 en la única casa que había por entonces en la calle Fray Luis de Granada (antes llamada calle de la Ceniza). En ella vivió Zorrilla durante los siete primeros años de su vida y, brevemente, a su vuelta a Valladolid en 1866 tras su regreso de México.


El Ayuntamiento de Valladolid adquirió el inmueble en 1917 para convertirla en Casa-museo en la que recibir los enseres del poeta donados, entre otros, por su viuda; y la biblioteca del ilustre "zorrillista" D. Narciso Alonso Cortés. En su casa natal se guardan numerosos objetos personales, distinciones, retratos, fotografías, instrumentos y mobiliario de su propiedad, junto a obras artísticas relacionadas con su obra, allí depositadas posteriormente con la intención de recrear el ambiente literario del poeta decimonónico que dejó tan importante legado a la ciudad.


Entramos y, en un momento en que me quedo rezagada del grupo, alguien tira de mi chaqueta. Es un niño vestido a la moda del XIX, pienso que es un pequeño actor y le sigo la corriente: 

-¡Hola! Veo que te gusta mi casa. 

-Sí, es muy bonita. 

-Yo nací aquí y vivo para siempre como niño de siete años, los que tenía cuando nos marchamos. Muchos años después volví; pero ya no era yo, era un señor mayor que está también por ahí. De vez en cuando nos cruzamos en las escaleras, en ese momento yo me fundo con él y ya no me veis. ¡Misterios de un fantasma doble! Zorrilla pequeño, Zorrilla mayor. 

(En ese momento, me doy cuenta: parece hecho de luz, no de carne y hueso)



-¡Ah! ¡Un fantasma!

- No te asustes. Soy un fantasma bueno. Me llamo José Zorrilla Moral. ¿No ves que soy un niño?

-Pero esa luz...y vas vestido como un hombrecito del XIX. ¡Como un señor mayor!


-Era la costumbre de entonces. Primero nos vestían de niña a todos, luego nuestra ropa era como la de los adultos, en miniatura. La niñez no era importante en mi tiempo, había que pasarla rápido y sin morirse. 

Te acompaño en la visita, Javier está ahora mostrando la pajarera. Mi madre se la enseñaba orgullosa a todas las visitas, que si los pájaros eran americanos, que si la señora marquesa tenía una igual, que si Josito no pongas los dedos en el cristal. Son de colores muy bonitos y no se mueven porque están...muertos.



-Tú estás muerto pero...

-...yo soy un fantasma, puedo moverme, soy de luz. Me gustan más los pájaros vivos, como uno muy grande y muy bonito que asomó por la tapia  del jardín el día en que nací yo. Decía el ama que nunca vio ninguno así y  muchos dijeron que traía buena suerte. Un día lo pregunté, a  padre, a madre y al tío Zoilo, el cura. Madre y el tío, que déjate de  supersticiones, Josito, no son de buen cristiano. Mi padre se quedó pensativo, un hijo como yo, tan sensible, no era ninguna suerte, no lo dijo, pero yo lo sé.

-¿De verdad lo crees así, Josito? Es muy triste. No es malo ser sensible. 

-Sí, para mi padre. Me lo cuenta ese señor que anda por ahí en la casa y que soy yo de mayor. José Zorrilla escribía y escribía, en su escritorio, de cara a la pared, para no distraerse. Le gustaba inventar miles de historias y las ponía en los libros y las decían en los teatros. Todos le conocían y le querían, no ganó mucho dinero, como decía padre que ganaban los magistrados; sólo honores y coronas muy feas, pero fue feliz con su "exclusivo nombre de poeta", como decía. Murió escribiendo, sentado en esa silla.  Llegó a ser muy viejo, aunque su médico, el doctor Alonso Cortés,  no sabía que hacer con sus dolencias. Cauterios, papelinas, no comas esto, come lo otro...


https://jesusantaroca.files.wordpress.com/2014/12/21.jpg

-¿Dónde naciste exactamente? 

-Luego os enseñarán la habitación en que nací. Tenía una cama de hierro y una mesilla con vela, orinal y palangana, lo suficiente. Nosotros no conocíamos eso que llamáis baño o servicio, no sé, se lo he oído a los visitantes. Agua del pozo clarita.

Era un niño canijo que nació antes de tiempo, mamá rezaba y rezaba y pensaba que no viviría. Me envolvieron en algodones, me pusieron al calor y viví. Me bautizó el cirujano, "en caso de necesidad", por si moría, para ser angelito en el cielo y no niño atormentado en el limbo, me explicaba el tío Zoilo. 


http://vallisoletvm.blogspot.com.es/2010/01/la-casa-de-jose-zorrilla.html

Luego me bautizaron en San Martín, donde madre y yo ibamos a misa. Al salir, madre se juntaba con otras mujeres y hablaban de sus cosas . Me aburría de su cháchara y miraba y remiraba al santo Martín en su caballo blanco, blanquísimo, partiendo su capa y dando la mitad a un mendigo. Mi cabeza inventaba historias con el santo, el pobre y el caballo. Luego se las contaba al ama Bibiana o a la criada Dorotea o al tío Zoilo. Se hacían cruces una y otra vez. 



-Un día muy frío y de mucha niebla me asomé al balcón de la sala, oía los cascos de un caballo. Tocotó, tocotó, tocotó. Iiiiiii.


Iglesia de San Martín (Valladolid)

Esperé y vi a un enorme caballo blanco. Era el de San Martín y lo montaba el diablo y me sonreía. ¡Era el mismo que pisoteaba San Miguel! Corrí a contárselo a todos los de casa. 



-¿El diablo era el jinete?

-Madre quería que padre no tuviera que regañarme ni castigarme, me hablaba del diablo que venía a buscar a los niños malos. Yo debía ser bueno y obediente y no irritar a padre.  Había estado un poco enfermo, con mucha fiebre, me habían dado una medicina muy amarga. ¡Pero yo vi al mismo diablo en el caballo de San Martín! El tío Zoilo, tan serio con su teja y su manteo, se reía y no me creía. ¡Y me contaba vidas de santos que vencían a los diablos! ¡Y yo me inventaba otros con diablos que vencían a los santos! Por Dios, Josito, me decía, que no nos oiga Nicomedes, que se va a tener que tomar otro par de tilas. ¡Que hijo le ha dado Dios! ¡Jesús, Jesús!

-Mira ahora Javier os enseña la cocina pequeña, la de arriba. Las criadas subían y bajaban, con su cascabelito en el delantal, como el gato, para saber dónde estaban. 


¡Bibiana y Dorotea se enfadaban porque les rompía muchos cacharros, con mi magia potagia! Alguna vez me escondí tras sus faldas negras, para que no me viera mi padre. ¡Cielo santo, mi padre! ¡Josito, al cuarto oscuro! 


Moda romántica en la Casa Zorrilla: Bibiana, Dorotea y Zorrilla.

Mira, este pasillito que da a la habitación de los huéspedes era también mi escondite favorito y mi lugar de juegos. Un día pasó eso que está contando Javier, lo de mi abuela Nicolasa.

-¿Vivía la abuela contigo?

-No, yo no la conocí nunca en vida. Murió antes de nacer yo, pero un día la puerta estaba abierta y entré. Allí estaba la abuela Nicolasa que me acariciaba y me decía que yo iba a quererla mucho. ¡Ahora entiendo que era un fantasma como yo soy ahora! Mi madre lloraba, qué va a ser de este niño que sueña despierto y le puede la imaginación. Mi padre montó en cólera, me llamaba embustero y clamaba que a ver si los jesuitas hacían carrera de mí. El señor relator de la Chancillería quería mandarme a un buen colegio, decía, para poder estudiar Leyes. ¿Leyes? Si eso era lo que había estudiado mi padre, yo no quería estudiar Leyes. 

Luego, muchos años después, reconocí su foto. 


Foto tomada de https://jesusantaroca.wordpress.com/2014/12/26/casa-de-jose-zorrilla-aire-de-romanticismo/
Habitación de huéspedes, donde según la leyenda se apareció la abuela al poeta. 

-¿Y ahora dicen que hay un fantasma? ¿O fantasmita?

-Luces que se encienden, cajones que se abren, objetos que se desplazan, dicen unos, otros no lo creen. Yo no sé nada. Es mi abuela Nicolasa que se enfada. Todo empezó cuando quisieron cerrar la habitación de huéspedes. Mira, ahora han puesto sus pantalones y su velo de ir a misa. 



-¡No te vayas, Josito! Nos falta el salón y el gabinete. Muebles, cuadros, el papel pintado, los instrumentos musicales y ahora también la moda. Todo nos ayudará a contextualizar. ¡Mira el vestido de la debutante quinceañera! ¡Y el caballero decimonónico! 



http://vallisoletvm.blogspot.com.es/2010/01/la-casa-de-jose-zorrilla.html

-Sí, tengo que irme, no me dan más tiempo. Adiós. Si le cuentas a tus compañeros que has estado conmigo no te van a creer. Mejor, escríbelo. 

-Así lo haré. Adiós, Josito, digo don José Zorrilla.

-Adiós, fue un placer.

Por último, nos detenemos ante la máscara mortuoria; pero José Zorrilla es inmortal. 


Un abrazo de María Ángeles Merino para los que pasáis por aquí.

martes, 28 de noviembre de 2017

Comentario a la lectura del drama "Don Juan Tenorio" en la Casa Museo Zorrilla (4): Don Juan o la palabra.

María Ángeles Merino Moya tomando notas en la Casa Museo Zorrilla, con su pluma zorrillesca. Cortesía de Paloma Fernández Villa.

Como dice Pedro Ojeda, en La Acequia:

"Y en la sala Narciso Alonso Cortés celebramos la sesión académica con el comentario de la lectura del drama Don Juan Tenorio que nos ha ocupado los pasados días."


Comienza la sesión la que esto escribe, la cronista oficiosa de reuniones lectoras. Pedro Ojeda, me pregunta por mi visión de Don Juan Tenorio que más o menos es la que ya expresé en mi entrada:

-Mis recuerdos del Tenorio van unidos a las versiones televisivas en blanco y negro, cuando asistíamos a la actuación de magníficos actores y actrices expertos en declamar textos de rotundas rimas consonantes que hacían eco en nuestros oídos. 


Era muy popular, la fraseología del Tenorio circulaba en nuestra vida cotidiana, en boca de quienes, como mi padre, si oía gritos le faltaba tiempo para meter la cuña de "¡Cuál gritan esos malditos!". Incluso había versiones escatológicas para patios de colegio. 

Leerlo, lo leí por primera vez para un trabajo de estudiante, algo que parecía escandalizar al conserje que me prestó el libro, en la biblioteca pública. Al final, lo compré y aquí veis mi Tenorio de la colección Austral, edición de 1974. De mi primera lectura, se me quedó el don Juan que, a los pies de de doña Inés, se sienta "capaz aún de la virtud". Nunca lo vi en el teatro y espero poner remedio pronto.



-¿Dónde habéis visto el Tenorio?

-En el Calderón.



-Es una obra para ser representada y ha ganado con las representaciones. Hubo muchos Tenorios famosos. Está en nuestro inconsciente. Una obra correcta, pero dudosa, que ha trascendido de manera que todo el mundo sabe quién es el don Juan. Es cuestionable por qué es tan popular. En el teatro cautiva.

-Tenemos recuerdos de la televisión.

-No nos obligaban a leerla.

-¿Don Juan Tenorio está muerto, al final de la obra?

-¿?

-Está muerto. Es el alma de don Juan. La Teología: si el alma está cerca del cuerpo y hay un punto de contrición, el alma puede salvarse. 



-Sí, nos decían de pequeños que si en el último momento te arrepentías te podías salvar. 

-Tema ciertamente trascendente para una iglesia de cierto oscurantismo Don Juan era una forma de mantener vivo el tema. Era catequesis religiosa para los que iban al teatro.

-¿Catequesis?

_¿Tuvo problemas el Tenorio con la Iglesia?

-¿Arrepentimiento de don Juan en el último momento? 

-Zorrilla tiene un concepto de la religión que no encaja con la religión del castigo: una religión del amor o del perdón. 

-Don Juan salva al mundo. Don Álvaro condena al mundo (¿Don Álvaro o la fuerza del sino?)

-Zorrilla no es un integrista religioso, un integrista es incapaz de meter en un momento de gran tensión aquello de "llamé al cielo y no me abrió..." Magistral.

Como en todas las grandes obras, se hace algo distinto, innovador, el perdón por amor.

-Triunfo del amor.

-Zorrilla presumió de que su gran creación fuera doña Inés. Don Juan se enamora de la pureza de doña Inés. 

-Quién no se enamora de Enma Cohen en sus buenos tiempos...



-No lo habéis visto. Cuando dicen: "¡Justicia por doña Inés!". Doña Inés, con su padre muerto, contesta: "Pero no contra don Juan". Nunca lo ponen en el teatro, ni en el cine. Se cargan una frase. En el manuscrito, Zorrilla dice que se puede eliminar.

-La sexualidad de don Juan da para libros enteros. A mí me parece posible homosexual. No se contenta con doña Inés. Marañón propone su posible homosexualidad.

-¿Complejo de Edipo?

-Insatisfacción con respecto a su propio padre. Ese vacío lo lleva siempre.

-Una obra teatral que funciona con dos elementos represores: don Gonzalo y don Diego.

-Son el sistema establecido. 

-El represor comendador se convierte en convidado de piedra.

-Perdedor en el sentido de los personajes actuales de cómic. Un Batman, un Spiderman. El sentido moral que va cambiando.

-Hoy no encaja. El sentido del honor era todo.

-Doña Inés es la pureza, la candidez.

- Doña Inés es la primera dama, tiene diecisiete años de edad. En un juego muy bien establecido, los muertos no han crecido en edad, don Juan sí, ha madurado, ha envejecido. Algunas versiones alternan dos actores: uno maduro y uno joven. Cuando vuelve al panteón, Inés sigue siendo una adolescente. Don Juan es un adulto cansado de su pasado. Don Gonzalo es un convidado de piedra, no ha cambiado. Es un juego muy sutil. Zorrilla es un hombre de teatro, pisaba el teatro. La gente ha ampliado las críticas de Zorrilla. En el teatro arrolla, te lleva, funciona.

¿Funciones? Las ha habido malas, incluso en el Calderón. La segunda parte es muy difícil de hacer. Recomendable la de los "Amigos del Teatro", en Valladolid.



Los que habéis leído la obra...

-Se lee muy bien, la métrica es variada y arrolla.

-Ha tenido tanto éxito por la métrica, porque son versos muy fáciles de recordar. La fraseología, como la del padre de María Ángeles. Muy popular y muy fácil de recordar.

-Tiene partes magistrales. Los ovillejos, Don Juan con Lucía, velocidad y gracia, retranca, arrastra, pura oralidad.

-Sentido del ritmo, oralidad pura. Os aconsejo Recuerdos del tiempo viejo.

"¡Ah! ¡Callad por compasión!, que oyéndoos me parece que mi cerebro enloquece..."

El poder seductor de la palabra. Criticada por facilona. El personaje de don Juan es la palabra.

-El demonio arrastra con la palabra.

-Experiencia de este día: maravillosa (nuestra buena amiga sefardita Myriam Goldenberg de Argentina a Israel, pasando por Valladolid).

-No se representa de don Juan Tenorio: 

(...De sus bocas salen sus almas, representadas en dos brillantes llamas que se pierden en el espacio al son de la música. Cae el telón.)


Pedro Ojeda en la Casa Museo Zorrilla. Cortesía de Paloma Fernández Villa.

-Triunfo del amor.

-El mundo entero hubiera sido castigado.


-Don Diego y don Gonzalo son el mismo personaje.


-Ultracatólico-moderno.


-Es un personaje trasgresor. 

-Zorrilla sorprende más que don Juan Tenorio, revalorizado por la persona de José Zorrilla. Me maravilla su psicología, su forma de ver el mundo.

Acercaos a la vida de Zorrilla (un buen consejo).


No hay mucho tiempo, tenemos que coger el autobús de regreso a Burgos. Damos por terminada la reunión lectora, tenemos que dejar tiempo para el sorteo de dos ejemplares de Zorrilla, su vida y sus obras, de Narciso Alonso Cortés, en una cuidada edición facsímil, con estudio introductorio de Pedro Ojeda. Una monumental obra que ahora nos va apeteciendo leer, al principio su tamaño imponía un poquillo. 



Unas papeletas, una mano inocente y dos afortunados ganadores. ¡Enhorabuena! ¡Uno de ellos volará lejos! 

Nos vamos, con el mejor sabor de boca. Un día inolvidable. Para completar la crónica, me falta la de la visita a la Casa Museo Zorrilla, estoy en ello. Es que...se me ha aparecido un fantasma, bueno no, un fantasmita, encantador. Ya veréis.

Un abrazo de María Ángeles Merino

viernes, 24 de noviembre de 2017

Homenaje a José Zorrilla (2): "Mi exclusivo nombre de poeta".


El Club de lectura junto a Zorrilla, en "Mi exclusivo nombre de poeta". Foto cortesía de Paloma Fernández Villa.

Recordáis de la entrada anterior:

El sábado, día 18 de noviembre, el Club de lectura de La Acequia viajó a Valladolid, para homenajear al poeta José Zorrilla, con motivo del año de su bicentenario (1817-2017). ¡Y nuestra lectura de Don Juan Tenorio!


Seguimos: 

Después de la visita a la tumba de Zorrilla, en el Panteón de vallisoletanos ilustres., nos dirigimos al centro de la ciudad, para visitar la exposición Mi exclusivo nombre de poeta, en el Archivo Municipal. 

Tras la parada obligada a tomar café, paseamos por Valladolid guiados por Pedro Ojeda, un enamorado de su ciudad. Todavía recordaba sus explicaciones de cuando la "Ruta del Hereje". Una breve visita al impresionante Patio Herreriano del Monasterio de San Benito, Museo de Arte Contemporáneo Español, con algunos ¡oh! y ¡ah!

Foto cortesía de Yolanda Delgado

El gigante grupo escultórico de los reyes Juan Carlos y Sofía, obra de Antonio López y otros, no deja indiferente. Tampoco los "cabezones" de Antonio López: Carmen dormida y Carmen despierta. ¡Qué cosas hacen estos contemporáneos! 

Grupo escultórico de los reyes Juan Carlos y Sofía, ahora reyes eméritos (Antonio López). 

Bueno, que hemos venido por un escritor romántico, del XIX. Míralo, ahí está, en la iglesia de San Agustín, sede del Archivo Histórico Municipal de Valladolid. Todo un señor archivo que alberga documentación desde el siglo XII hasta la actualidad. De nuestro homenajeado, guarda la "Colección Casa de Zorrilla" que incluye, en otros, el legado de Narciso Alonso Cortés.


La exposición reúne cartas, escritos, libros, objetos, grabados y fotografías, carteles, etc., en su mayor parte pertenecientes a los fondos de la Casa de Zorrilla. Su título "Mi exclusivo nombre de poeta" se refiere al deseo de Zorrilla de ser únicamente poeta, voluntad que mantuvo toda su vida. Seguimos las explicaciones de la guía en torno a cinco capítulos: "Un lustro y medio de voraz trabajo" (1837-1850), "Veinte años de mi patria viví lejos" (1850-1866), "Una gloria nacional "(1866-1893) y "Después de la muerte"(1893-1917). 

Atrapamos algunas pinceladas de una vida. En 1817 nace, en Valladolid, un niño "sietemesino" que recibe el bautismo del cirujano, por si acaso. 



Pequeñito, débil, arrastra siempre una mala salud de hierro. El padre de su biógrafo fue su médico y en la exposición nos fijamos en una receta. 



Un padre de rígidos principios que nunca acepta a un hijo que no se le somete. ¿Tanto como el ficticio don Diego que califica a su hijo de "monstruo de liviandad"? Algo de eso hay: absolutista, superintendente de la policia en Madrid, cuando el indeseable Fernando VII, absolutista en casa y fuera de ella. El cargo de su  severo progenitor´permite a Zorrilla estudiar en el Seminario de Nobles, con los jesuitas, y acceder a una educación vedada a un joven de clase media. Después estudia Leyes con muy escaso aprovechamiento. Dicen que Zorrilla no quiso a Burgos, sí...vive su primer amor, una prima, la mujer que evoca en Un recuerdo de Arlanza. 



Zorrilla en Lerma, a orillas del Arlanza. Cortesía de Agustín Merino.
Malísimo estudiante, huye de la casa paterna (1836), ante la perspectiva de cavar viñas. Roba una yegua y se planta en Madrid, donde lleva una vida oscura, llena de privaciones. ¡Pero no renuncia a ser sólo poeta! En 1837, se revela como poeta, al pie del sepulcro de Larra, donde lee: "Ese vago clamor que rasga el viento...". 

Al salir del cementerio, es ya un poeta famoso. Conoce a Hartzenbusch, a Martínez de la Rosa y a Espronceda. Le ofrecen trabajo en El Porvenir, nada menos que seiscientos reales, y El Español, en la vacante de Larra. Su carrera literaria va a ser vertiginosa desde entonces: Poesías, El zapatero y el rey, Sancho García, Traidor, inconfeso y mártir, El puñal del godo, Don Juan Tenorio...

Se casa con Florentina O’Reilly, viuda y mucho mayor que él. La buena señora, llevada de los celos, indispone al poeta con su familia y le hace abandonar el teatro. Zorrilla huye del infierno familiar, emigra a Francia y a México; mas hasta allí viajan las cartas y los anónimos difamatorios. 



Durante una de sus visitas a Francia, muere su madre y, tres años después, sin llegar a reconciliarse, fallece su despótico padre. Escribe con amargura: "Mis padres mueren sin llamarme en su última hora ¡Dios me deja en la tierra sin el último abrazo y sin la bendición de mis padres! ¿Qué le he hecho yo a Dios? ¿Están malditos mis pobres versos?"

En París ama apasionadamente a Laila...La lista de don José no es, ni mucho menos, la de don Juan; pero camina en la misma dirección. En la exposición, nos muestran un retrato de la dulce Laila.

Pasa muchos años en América, entre negocios imposibles y lecturas poéticas en Cuba y México. Cuenta con la amistad del emperador Maximiliano, quien le nombra director del Teatro Nacional mexicano. El fusilamiento de Maximiliano, abandonado por el Papa, le produce una profunda crisis religiosa. Recordamos que su madre, doña Nicomedes, mujer muy religiosa, le había inculcado la fe católica desde niño. 


Muerta su esposa, regresa a España, donde es recibido con entusiasmo. Muerta doña Florentina, víctima del cólera, que no de la cólera, se casa con la bella Juana Pacheco. 

Alterna el éxito con los apuros económicos. Le reciben triunfalmente en la Academia Española y le coronan solemnemente en Granada, donde recibe el homenaje de catorce mil personas, nada menos. 



Muere en Madrid, el 21 de enero de 1893, tras una operación para extraerle un tumor cerebral. En Recuerdos del tiempo viejo habla de alucinaciones y sonambulismo. Nos podemos preguntar cuándo aparece el tumor cerebral y cómo afecta a su vida y a su obra. Ya en 1853, se había inventado un doble, loco (Cuentos de un loco). Desde luego, la fantasía es un componente en su obra pero...

La muchedumbre acude a su entierro. El pueblo español ama a su poeta.


Era ingenuo, bondadoso, amigo de todos, ignorante del valor del dinero y ajeno a la política. Así lo describe Narciso Alonso Cortés, su biógrafo. Muy orgulloso de su independencia, confiesa, como Machado, que a su trabajo lo debe todo y que rechazó lucrativos puestos por no sentirse preparado. 

Nos hacemos la foto con una silueta de Zorrilla que ahora es como uno más de nuestro club. Ya sólo nos queda ir a su casa. Lo dejo para la próxima entrada.

Un abrazo de María Ángeles Merino a los que pasáis por aquí. 

Gracias a Paloma Fernández Villa y a Yolanda Delgado por la cortesía de las fotos.

martes, 21 de noviembre de 2017

Homenaje a José Zorrilla (1): "Ese vago clamor que rasga el viento..."

Club de Lectura de La Acequia junto al Panteón de vallisoletanos ilustres.

El sábado, día 18 de noviembre, el Club de lectura de La Acequia viajó a Valladolid, para homenajear al poeta José Zorrilla, con motivo del año de su bicentenario (1817-2017). ¡Y nuestra lectura de Don Juan Tenorio!

La primera parte de nuestra visita tuvo lugar en el Cementerio El Carmen, en el Panteón de vallisoletanos ilustres. José Zorrilla fue el primero, Miguel Delibes el último, diez "ilustres" en total. 

El sol suavizaba el frío. Nos colocamos frente a su tumba, en un lado del octógono, a la sombra de Castilla en bronce. Sobre la losa, encontramos sencillas y efímeras ofrendas: un poema y unas  flores sueltas pilladas con un humilde guijarro. Claveles, una malva y un diente de león.


Pedro Ojeda nos habla de José Zorrilla y nos lleva hasta el día 13 de febrero de 1837: van a enterrar a un famoso escritor suicida, en un cementerio madrileño. Sí, Mariano José de Larra será enterrado en sagrado, se había vuelto loco...Entre la multitud, avanza un desconocido, lee una elegía que había escrito para la ocasión:


...

No puede más, se desmaya. ¿Emociones? ¿Sueño y hambre? Sí, emociones pero también sueño y hambre, lo confiesa. Zorrilla pasa sus días en la Biblioteca Nacional y sus noches en el chiribitil de un compasivo cestero. Aquella lectura le abre las puertas del mundo literario. Muere un escritor y nace otro.


Nuestro club de lectura desea resucitar, aunque sólo sea un poquito, aquel momento, dos siglos después; nos conduce el recitado y la capacidad evocadora de Pedro Ojeda. Nos acompaña el entusiasta concejal de cultura de Torquemada, pueblo donde los Zorrilla tuvieron su casa solariega. También contamos con la valiosa presencia de Paz Altés, directora de la Casa Museo de Zorrilla. 

Mi amiga, la poeta Luz del Olmo, la de En un acorde azul, había escrito, para este día,  un hermoso poema que nos reúne a todos en torno a un "misterioso canto". La escuchamos: 


Luz del Olmo lee su poema


...

Luz del Olmo recita su poema 

Los lectores,"muy diversos", nos hacemos la foto de grupo. El concejal de cultura de Torquemada nos cuenta que el padre de Zorrilla se hizo enterrar sin lápida para que su hijo no pudiera localizar su tumba. La sombra paterna siempre acompañó dolorosamente a nuestro poeta homenajeado: 

Mi homenaje a Zorrilla con mi viejo ejemplar de Austral.

Una mirada a la tumba de Miguel Delibes. Saludos, don Miguel, buena compañía. Presente mis respetos a su señora, mi tocaya Ángeles Castro, y a doña Rosa Chacel, que tengo pendiente leerla.


Tumba de Miguel Delibes y Ángeles Castro

Abandonamos el cementerio y nos dirigimos al centro de Valladolid. Nos espera la exposición: "Mi exclusivo nombre de poeta" en el Archivo Municipal. Seguiré en otra entrada.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino. 

Gracias a Paloma Fernández Villa y a Yolanda Delgado por las fotos.