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lunes, 23 de mayo de 2016

Por los bosques de Sherwood

Buenas, amados lectores.

La Mosca Cojonera de este blog que viaja y viaja ha vuelto.

No es que hubiera dejado de viajar, pero han sido viajes cortos de poca enjundia y menor chicha. Pero, acabo de volver de un viaje de una semana a Inglaterra que da para contar varas cosillas, y echarnos unas risas a costa de la Pérfida Albión.

Lo primero, el destino. Se escribe Loughborough. Como se pronuncia ya... depende. Si eres inglés y lo quieres pronunciar mal aposta, entonces dices 'Lugaboruga'. Si lo quieres pronunciar para que te entiendan, entonces es algo así como 'loff-bra', o, 'loff-bora', pero con la 'o' de 'bo' muy cortita. ¿Y donde está Loughborough? Pues entre Nottingham y Leicester. Que no se pronuncia 'leisester', sino 'leister' o 'lester'. Y también cerquita está Birmingham, que se pronuncia 'bermingam'. Si es que el inglés a veces es más complicado que el alemán. En alemán una 'a' es una 'a', y un 'schw-' es un 'schw-' y todo el mundo lo entiende.

Pues aunque no lo parezca, el lugar este está un poco lejos. Son dos horas de avión a Londres. Luego, una hora de metro hasta la estación de St. Pancras, donde ya te coges el tren y tras otras dos horas de viaje en el East Midland Train, llega uno por fin a Loughborough. ¿Qué tiene este sitio de especial? Pues aparte de la peor pizza que un tío de Trip Advisor haya probado en su vida,

una universidad que es más grande que el propio pueblo. Un autobús te lleva de la estación a la uni en apenas 20 minutos. Pero ir andando de la uni al centro del pueblo son 30 minutos. 20 de ellos solo para salir de la universidad. Y del pueblo a la estación son otros 15 minutos más andando, por cierto.

Lo que me traía a estos lares es lo de siempre. Trabajo. Que como bien saben mis lectores, no impide mis ratos de turismo. De ahí que sepa perfectamente el tiempo que se tarda en llegar andando entre sitios.

La Universidad

Gigantesca. Creo que ese es el palabro. Amplias zonas residenciales, supongo que para estudiantes y profesores. Y muchas zonas deportivas. De hecho, para las olimpiadas de 2012 en Londres, el equipo británico estuvo en esas instalaciones entrenando. El vicerrector el primer día ya hizo loa y ensalce patrio de los logros de sus deportistas. Los más mejores, oigan. Y todo gracias a haber entrenado en L'boro. Os dejo por aquí unas fotitos de lo que parece el rectorado

y los verdes campos de fútbol, rugby y cricket. Ese deporte que nadie salvo los ingleses y sus colonias entienden. Una especie de Baseball (béisbol) raro. Se alternan quien batea, corren de un lado para otro, atrapan la pelota... pero después de cinco días de partido (sí, cinco días dura un partido) te ponen un resultado, y nunca sabes quien ha ganado hasta que lees la coletilla "India gana a Inglaterra gana por dos wickets". El caso es que mirando el marcador nunca sabes de donde sale esa diferencia de 2, y menos aún que es un wicket de esos.

Loughborough

Ya os digo que poca cosa que ver. Un centro peatonal pequeño, una pizzería muy mala (según un tío de Trip Advisor), y como toda localidad inglesa que se precie, un parquecito, Queen's Park.

Y algo de historia. Este lugar tiene una fundición donde se hicieron las campanas que hay en la catedral de St. Paul en Londres. El molde lo tienen en Queen´s Park. Y también tienen un carillón/monumento a los caídos durante la primera guerra mundial. Y un aviario con pajaritos. Al día siguiente, un australiano que había estado también por ahí me contó que le sorprendió ver en el aviario pájaros que eran típicos de Australia. Pero no me pregunten cual es.

Es un rinconcito bucólico donde tomarse unas 'chips'. Que por cierto, cada vez hay menos 'Fish & Chips'. Proliferan en cambio los kebabs y las pizzerías (incluidas las que sirven las peores pizzas según un tío de Trip Advisor). Se está perdiendo la rica cocina británica, consistente en pez con patatas fritas, y ... eh..., bueno..., las judiitas con tomate del desayuno (de las que dan gases), acompañadas de bacon y salchichas.

Otra cosa que también abunda en L'boro son aficionados de fútbol del Leicester City. Resulta que este año han ganado la liga contra todo pronóstico. Así estaban de contentos. El lunes hicieron el típico desfile de campeones. Lo ví en la tele. Y bueno, también lo noté porque estaba cerca de la estación y de pronto llegaron hordas de aficionados con sus colores, y bufandas y trompetas. Para tener una idea del acontecimiento, creo que sería el equivalente a que ganara el Alcorcón la liga. O algo así.

Leicester

No es que me fuera por mi cuenta y riesgo, sino que entre las actividades de ocio que nos habían programado (oiga, que cinco días de reuniones son muy pesadas!), pues nos llevaron al museo del espacio de Leicester. Allí estuvimos cenando, y luego pudimos ver un poquito del museo. Naves Soyuz, trajes espaciales, y trajes espaciales caninos. Muy útiles, creo yo, para los días de lluvia. Aunque no se si Shiro y Haru (mis dos perrines) pensarán lo mismo.

Viendo el fútbol

Entre día y día, las tardes se hacen largas si no hay gran cosa que hacer. Más aún si el pueblo, como ya he dicho es pequeño y se ve en un pis pás. y además está a 20 minutos andando. Podría haber ido a probar si la Pizza estaba tan mala como decían (de verdad, que me he quedado con las ganas), pero pa qué. En cambio, aprovechando que teníamos piscina gratis en el hotel me fui nadar un rato. Y luego a la sauna. Me sorprendió no ver al finlandés allí. Por lo visto no se había enterado de que había una.

Todo ello para hacer tiempo mientras llegaba el gran evento del miércoles: la final de la Europa League (anteriormente conocida como copa de la UEFA), que enfrentaba al Liverpool con el Sevilla. Me fui al comedor del hotel, con la esperanza de encontrar algún fan del Liverpool. Había uno. Con su bufanda y todo. Cenando con colegas. Me senté detrás, con mi cena y mi cerveza, en los pocos sitios libres que había. Y se me sentó al lado un Irlandés, también para ver el fútbol, aunque tampoco es que fuera un fan, fan. Pero bueno, para tener un poco de charla de vez en cuando, me valía.

Primera parte, Liverpool marca. El aficionado del Liverpool muy contento, saltando, dando botes de alegría.

Segunda parte. Mete el Sevilla uno. El Liverpuliano se lamenta.

Mete el Sevilla el segundo. El Liverpuliano ya despotrica "Fuck, fuck, fuck...". El irlandés y yo riéndonos discretamente mientras le vemos sufrir.

Mete el Sevilla el tercero. El Liverpuliano se levanta, agarra la bufanda, y a un tris estuvo de tirarla al suelo. Se aguantó, pero el pobre ya se hundió en el asiento y no se supo más de él. Consideré oportuno no acercarme a hablarle con acento andaluz, por si acaso.

Y así pasamos la tarde del Miércoles.

Nottingham

Viernes, por fin terminado el trabajo, y tengo la tarde libre, junto con el día siguiente antes de llegar a casa. ¿Qué hacer?. Pues ya que estas tierras están en las cercanías de lo que alguna vez fue el Bosque de Sherwood, me cogí un tren para ir a Nottingham en busca de Robin Hood. 20 minutos de tren, estaba cerca.

Nottingham es más grande que L'boro. Es ya una ciudad, con una amplia zona peatonal, y varias iglesias. Esta debía estar dedicada a San Baco, o San Dionisio, porque han acabado por convertirla en un bar restaurante.

Pero yo a lo que iba era a buscar un Errol Flynn en mallas verdes. Y lo encontré al pie del Castillo de Nottingham.

Luego, por la ciudad hay repartidos algunos carteles contando lo que es una leyenda, y lo que puede que haya de realidad en ella. Por lo visto Robin de Locksley era un chaval hábil con el arco. Un hombre le retó a que no era capaz de matar un ciervo del Rey. Como suele suceder, las palabras mágicas suelen ser "no hay huevos a..."... y los tuvo, cosa que enfadó mucho al hombre este, que intentó matar a Robin. Robin se defendió y se cargó al hombre. Y de ahí se convirtió en proscrito. Curioso lo de matar al hombre, pues lo de matar al ciervo ya estaba prohibido de por sí. Solo matar al ciervo ya le convertiría en proscrito. Había otros carteles que hablaban de cuando Robin se encuentra con John Little, un tío de 7 pies de alto, con quien se pelea con palos para pasar por el tronco que cruza un río. Robin acaba en el agua, y John Little acaba siendo Little John (Pequeño John).

No pude localizar todos los carteles con las historias de Robin Hood, así que no se mucho más. En total, estuve unas dos horas paseando por Nottingham. No mucho más, pues al día siguiente me volvía, y tenía prevista una parada mucho más interesante.

Bletchley Park

Porque de mi viaje a Inglaterra, lo que realmente me hacía ilusión era pasar por este lugar. Tuve para ello que madrugar mucho, y coger un tren a las 7.20 de la mañana con destino a Londres St. Pancras. Allí dejé la maleta en la consigna, y con el único peso de la cámara de fotos, coger otro tren desde la estación vecina de Euston hacia Bletchley.

En este lugar hay un parque muy especial. En 1938 se organizó una especie de fiesta, que en realidad era una visita encubierta del GC&CS (Government Code and Cipher School), una organización del gobierno dedicada a la criptografía. El objetivo era evaluar si ese lugar era apropiado para la que se venía encima, que era ni más ni menos que la segunda guerra mundial. El servicio de criptografía se estableció en una mansión de este parque, y alrededor construyeron una serie de barracones donde varios criptógrafos trabajarían durante la guerra para romper los mensajes interceptados a los alemanes. Entre estas personas, todo el mundo conoce a estas alturas a Alan Turing, y su papel en el descriptado de códigos alemanes.

Aunque el lugar se desmanteló tras el fin de la guerra, se han reconstruido varias partes. Entre ellas los famosos barracones ('huts'). Mientras la mansión principal se usaba para los menesteres administrativos, en los barracones de madera, supongo que bien fríos y húmedos, los criptógrafos se exprimían los sesos para descifrar los mensajes que continuamente iban y venían vía motoristas.

Aquí, el despacho de Turing:

Si Turing se ha llevado la fama por inventar una máquina, la 'Bombe', que permitía el descifrado de la máquina Enigma de los alemanes casi de forma industrializada, también se merecen una mención las WRNS ('wrens', Women's Royal Naval Service), las operadoras reales de las máquinas. Al final de la guerra había unas 200 bombes funcionando en barracones, que eran poco menos que pequeños infiernos con estas ruidosas máquinas, que generaban bastante calor. Las WRNS trabajan en turnos de 8 horas sin descanso, configurando las máquinas según les decían, y comprobando los resultados.

También hay que recordar a Gordon Welchman, quien contribuyó a mejorar la Bombe, y se centró en descifrar los mensajes de la Wehrmacht (Ejército de Tierra) y de la Luftwaffe (Aire). Turing se centró en la Kriegsmarine (Armada), que poseía la Enigma más complicada de todas.

Pero alguien muy olvidado es Dilly Knox. Dilly Knox fue quien contrató a Turing y Welchman. Trabajó como criptoanalista durante la primera guerra mundial, y fue capaz de descifrar códigos Enigma ya en 1937 sólo con papel y lápiz. La importancia de Turing y Welchman está en poder 'semiautomatizar' el proceso de romper los mensajes, pero desde luego, sin el trabajo de Knox hubieran tardado bastante más en hacerlo. Por desgracia, Knox murió en 1943, y no llegó a ver el fin de la guerra.

Y a su vez, Knox hubiera tardado un poco más, de no haber sido por el trabajo previo de Rejewski, Zygalski y Rozycki. Matemáticos polacos, que a principios de los '30 ya habían roto el código Engima. También ellos tienen su rincón de reconocimiento en Bletchley Park.

Un lugar con mucha historia, y que merece la pena visitar.

Vuelo de vuelta

Si alguien se cree que esto ha terminado, se equivoca. Queda la traca final.

Porque tras estar varias horas paseando entre máquinas y barracones, tenía que volver a Londres para recoger mi maleta, montarme en un metro que tardaba una hora hasta el aeropuerto, cenar algo rápido y montarme en el avión que me llevaría de forma rápida y segura a casa.

Pues ni rápida, ni segura.

19:10 hora local de UK. Montados en el avión, comenzamos a rodar de camino a la pista de despegue. Entretenido leyendo el libro de Dilly Knox que me he comprado en Bletchley, de pronto me doy cuenta que llevamos un rato parados.

Nos habla el comandante, que debido a lo que en un alarde de imaginación sin precedentes denomina "problema técnico", nos vemos obligados a volver a la puerta de embarque para solucionarlo antes de despegar. Murmullo generalizado en el avión, porque resultó estar lleno de españoles. El típico grupo de excursión, no se si del imserso o similar. "...que nos cambien el avión..."

Sin bajarnos del avión, estamos un rato esperando, y por fin el comandante vuelve a hablar: "Ha venido un ingeniero, ha reiniciado el sistema y ya no salta la alarma que teníamos. Vamos a volver a intentar despegar, y esperemos que esta vez no haya problemas".

Ojo al lenguaje: yo al menos, noté que el comandante no estaba muy seguro de que el problema estuviera solucionado. Al fin y al cabo, lo que el ingeniero ha hecho es simplemente apagar y volver a encender el ordenador de abordo. Es de primero de informática. Si algo no funciona "sales y vuelves a entrar"

Pues nada, volvemos a rodar hacia la pista... y tal como temía el comandante el "problema técnico" volvió a aparecer, con lo que dimos media vuelta sin intentar despegar. En este punto, los nervios del grupo de españoles estaban a flor de piel "que nos cambien el avión", "esto no puede ser" "que traigan otro desde Madrid"... todo el mundo sabe lo que debería de hacerse. Los pobres azafatos y azafatas se las veían negras: "Por favor, manténgase sentados hasta que lleguemos"... na, todos los españoles levantados y pululando arriba y abajo del avión.

Como parecía que iba para largo, me puse a hablar con mi compañero de asiento. Era un americano, iba con su hermano a Madrid desde Chicago, vía Londres. Habían llegado a las 9 de la mañana para poder ver un poco la ciudad antes de ir a Madrid. Yo estaba ya cansado y deseando llegar a casa después de una semana en Inglaterra. Pero creo que lo suyo era peor, porque llevaban ya casi 24 horas de viaje.

Pues llegamos por fin a la puerta de embarque, y de nuevo, sin bajarnos del avión, comienzan a trabajar en él otros ingenieros. Al menos nos sirvieron agua, pero mi intento de que nos sirvieran la cena gratis no coló.

Otro ratillo después, por fin se oye que nos abrochemos los cinturones que nos vamos. Esta vez con seguridad, parecía que ahora sí, estaba todo arreglado. A la tercera. Comenzamos a retroceder, ya los 10 o 20 metros paramos, y el comandante nos comunica que volvemos a la puerta de embarque... (aplausos, risas, sornas varias) ... porque no es que el avión no esté reparado, sino que un ingeniero se ha dejado algo sin terminar. Algo así como que de pronto se llevó la mano al bolsillo, y se preguntó:

- ¡Anda! ¿Y esta tuerca de donde ha salido?

Así que volvemos los 10 o 20 metros que había salido, a que aprieten la tuerca, y ya por fin salimos de camino a la pista. Cuarto intento ya. Y esta vez sí! Despegamos! Viva! Vamos a casa! Por fin!

Y cinco minutos después el comandante de nuevo hablando

- Señoras y caballeros, vamos a volver al aeropuerto de Heathrow [Londres] porque el tren de aterrizaje no se repliega y no podemos volar en estas condiciones.

Aplausos, risas, gritos, abucheos... de todo se puede escuchar en un avión lleno de españoles, mientras los guiris se miran extrañados porque el ruido no les deja oír lo que el comandante está repitiendo en inglés.

Así pues, tras 18 minutos de vuelo y 107 km recorridos, llegamos a Londres desde Londres. Probablemente el vuelo más corto que haya hecho nunca.

El aterrizaje, hay que decirlo, fue muy suave, de los mejores que he tenido últimamente. No se como lo vivió el americano, pero posteriormente le oí decir que habíamos hecho un "Aterrizaje de emergencia". De aquí a dos semanas se convertirá en un "sobrevivimos por los pelos", y en un mes en un "¡¡¡íbamos a morir todoooooos!!!".

Esperen, no cambien de página, que hay más. Porque tras aterrizar y frenar, miro por la ventanilla y parecíamos estar en medio del campo.

- Señoras y señores, les habla en comandante de nuevo. Tal y como temía, el problema técnico del principio acaba de aparecer de nuevo, y nos hemos quedado sin dirección, por lo que no podemos mover el avión. Estamos en medio de la pista de aterrizaje esperando que vengan a remolcarnos.

¡Parados en medio de la pista sin poder movernos! Apasionante. Apasionante el rato que debieron pasar los controladores aéreos. Nosotros al fin y al cabo estábamos sentaditos en nuestros asientos. De hecho, Ele Bergón, informada a través de wassap de mis aventuras y desventuras, estuvo más intranquila que yo mismo.

En el siguiente mensaje del comandante, nos comunica que el vuelo quedaba definitavamente cancelado, entre la ovación y vítores del pasaje.

Bueno, nos remolcaron por fin a la puerta de embarque, desembarcamos. Más de uno intentó pillar la matrícula del avión, no fuera que al día siguiente nos pusieran el mismo.

Eran ya las once u once y media de la noche. Y nos tocó el pegarnos por que nos dieran un hotel y un nuevo vuelo. Lo cual no era problema, el procedimiento está muy bien establecido. El problema en realidad era la cola de españoles que no hablaban inglés, mientras que de los asistentes sólo uno hablaba español. Pobrecillo. Hasta los c******s acabó de los españoles.

Porque claro, empezaron a protestar: "¿Y a mí por qué me das el avión de las 9 y a ese el de las 10?", "¿Y por qué no nos poneis otro avión?"... Cuando por fín me tocó a mí, me dijeron que automáticamente me habían asignado un avión a las 6.15 de la mañana (eran ya cerca de las 2), dije tan alegramente "Pues vale, ese mismo". Claro, se sorprendieron de un español que no protestara.

"¿No prefieres uno más tarde, para dormir un poco?". Al final me cogí el vuelo de las 9.15. dormiría unas 3 o 4 horas al menos. Desayuno incluido en el hotel. Y un cupón para comprar algo de cena en el Marks&Spencers del aeropuerto.

Vamos al M&S, ¿y qué había allí?.. pues la marabunta de españoles saqueando el supermercado. 10 libras nos daban en el cupón, que por supuesto no son reembolsables. Si sobra no te dan las vueltas. Pues allí estaban todos, con las dos manos llenas. "Coge que sobre para mañana" "Mira, yo me llevo las lonchas de queso". Hasta latas de atún se llevaban. Que espero que se las cenaran esa misma noche, porque intentar pasarlas por rayos X al día siguiente debió ser igualmente divertido.

En cuanto pude comprar mi cena (piezas de fruta, un bollo y batido de chocolate. 4 libras), me largué no sea que se confundan y piensen que soy español. O que soy de "esos" españoles.

Al día siguiente, me levanté a las 6, bajé a desayunar, y a las 7.30 ya estaba en la puerta de embarque. El hotel estaba en el mismo aeropuerto, y se iba andando.

Esta vez, el avión pudo despegar... una hora más tarde de lo previsto, pero despegó. Y llegó a Madrid a las 13 hora local, con unos pocos botes antes del aterrizaje por la tormenta que azotaba el norte de Madrid. Pero en casa al fin y al cabo.

Y aquí se acaba otra crónica viajera de la Mosca Cojonera de este blog.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Luces de Salerno

Después de casi todo el año sin moverse de casa, ya iba tocando otro viajecito de la Mosca Viajera del este blog. Esta vez el destino era Italia. A Salerno, una localidad a 50 km de Nápoles y en las cercanías del Vesubio.

Lo cierto es que las desventuras comenzaron antes de empezar el viaje. Yo ya tenía mi ruta bien preparada y planificada: a Nápoles vía Munich, y luego un trenecito para llegar sin apuros a media tarde a un hotel en primera línea de playa. Pero justo el día anterior recibo un mail indicando que mis vuelos se habían cancelado. La razón, una huelga de pilotos de Lufthansa. Así que rápido y corriendo reprogramando los vuelos para finalmente ir vía Roma, llegando a Nápoles a las 22:20. Problema ¿resuelto?. 

Pues no. Justo tras conseguir los billetes, me surje la siguiente duda: ¿y el tren? Corro a consultar los horarios de trenes, y resulta que el último sale de Nápoles a las 23:07. Muy justito.

Así, con la preocupación de mis medios de transporte empezó el viaje. Llegué a Roma si problema. Me comí una pizza cutre, y busqué la puerta de embarque para Nápoles. Nada más llegar, más preocupaciones: se anuncia que el vuelo se atrasa 10 minutos... que finalmente se convirtieron en 60. Para cuando estaba despegando, era la hora a la que tenía que llegar a Nápoles. 

El vuelo... bueno, más que vuelo fue montarse en la montaña rusa. Volamos a través de la tormenta y la lluvia, con sacudidas y caídas. Muy entretenido, pero aún lejos de aquella vez en Washington donde tuvimos que aterrizar a la segunda. Llegamos finalmente a las 11 de la noche a Nápoles. Y aún quedaba el asunto de llegar hasta Salerno. El tren ya quedaba descartado, y la única opción era cojer un taxi.

De mis anteriores periplos por Roma, sabía que cruzar la calle era un deporte de alto riesgo. Al lo largo de este viaje he descubierto: 
a) que es un deporte nacional
b) que existen modalidades asociadas, como viajar en transporte público.

Porque meterse en un taxi a las 11 de la noche, con lluvia, el taxista conduciendo con una mano, la otra con el móvil, a 120 por el medio de la autopista... es un deporte de riesgo. Así que tras encomendarme a Júpiter, cerré los ojos y llegué por fin a medianoche a Salerno. 

Ya saben que mis viajes no son por placer, pero eso no quita que busque mis ratos de asueto. Y estando a los pies del Vesubio no podía perder la oportunidad de ver Pompeya.

Madrugué al día siguiente y a las 7 ya estaba desayunando, porque tenía que coger un tren a las 7.45 que me dejaría en Pompeya a las 8.30, la hora a la que abrían las puertas para las visitas. Pompeya es hoy día un pueblo como otro cualquiera, con su estación de tren, iglesias, escuelas, pero además, con una zona de excavaciones arqueológicas. Y por si fuera poco, un monumento llamativo a los atentados del 11 de Septiembre: 

Debí ser el primer visitante de Pompeya aquel día, porque no tenían ni listo el sistema informático para sacar las entradas. Pompeya era una población romana a los pies del Vesubio, y allá por el año 79 DC fue destruida por una erupción del volcán. No sólo Pompeya, sino Herculano, Estabia, y alguna más que no recuerdo, pero curiosamente, Pompeya es la más famosa a pesar de que Herculano por ejemplo está mucho más cerca del Vesubio.

La erupción fue de un tipo muy particular que provocó que las ciudades fueran sepultadas por ceniza ardiente. De esta forma, las ruinas se han preservado muy bien y pasear por Pompeya es muy distinto a pasear de otros lugares como Itálica o Clunia. Allí donde sólo quedan los restos de suelos y mosaicos, aquí tenemos calles con sus pasos de cebra, paredes, pinturas en estas, grafitis, e incluso techos en muchos casos.





Además de poder ver la estructura de la ciudad, parece notarse la diferencia entre la zona más noble, y la del populacho. En unos lugares están las casonas, con su atrio de entrada, y sus viñedos en la parte trasera. 




En otros lugares se observan tiendas, o algo parecido a restaurantes, donde tenían mostradores donde ponían la comida.Luego dentro, existían los triclinium donde comían. En una de estas apareció una bolsa con monedas que un pompeyano escondió con la esperanza de recuperarlos cuando pasara el cataclismo que Júpiter les mandaba.



Uno de los edificios más enteros eran las termas. Dentro se hallaban expuestos un par de pomepyanos que no pudieron huir. La nube de ceniza ardiente, que cayó por la ladera a alta velocidad, se depositó sobre ellos, dejando grotescas "esculturas" en la que se pueden apreciar detalles tales como las sandalias.




El último sitio al que llegué fue el foro, desde donde se ve el Vesubio al fondo. La típica postal pompeyana.



Por desgracia, sólo tenía una hora para un paseo que bien merece 3 o 4 acompañado de un buen zapatófono que te cuente las cosas. Habrá que volver algú día. 

Y así me cogí el tren de vuelta para ir a mis quehaceres laborales. Terminado el trabajo, la noche la pasamos paseando por Salerno. Es típico de esta localidad colocar luces de Navidad...

 - Pues como en todos lados, tú

Sí, pero no. Las luces se las curran, y cada año las hacen nuevas. Escogen un tema en particular, y decoran las calles. Este año tocaba algo así como flores y jardines. Todo el centro histórico está decorado con luces que asemejan flores o almendros en flor. 





Algún dragón perdido, 


Y finalmente, un parque dedicado a cuentos infantiles, con el barco pirata del Capitán Garfio, o la carroza de Cenicienta.






Unas luces  muy bonitas, sin duda. (Y como toda comparación siempre es odiosa, no hablaremos de las de Madrid)


El día siguiente la jornada laboral comenzó desde primera hora, lo cual me dejó toda la tarde libre. La opción uno pasaba por meterme a remojo varias horas en la piscina-spa del hotel. La segunda era irme con un colega a pasear por Nápoles. Ganó la segunda opción. ¡En que hora!. 


A esas horas se estaba desarrollando una tormenta del copón, pero sólo lo supimos tras estar montados en el tren. Que estuviera retrasado nos debería haber hecho sospechar. Pero nos dimos cuenta tarde, cuando el tren comenzó a pararse a mitad de trayecto. Un viaje originalmente de 36 minutos que se convirtieron en hora y media. Y aparecimos en la estación Nápoles con una curiosa serie de escaleras que por momentos recuerda a las escaleras imposibles de Escher.


Lluvia, obras, tráfico,... ¿tienen la imagen de ciudades de la India, o El Cairo de tráfico caótico, todos cruzando y girando donde Júpiter les da a entender, pero sin accidentes? Pues algo parecido es Nápoles. Allí nos doctoramos en "cruce de calles" mi colega y yo. Estamos ya en disposición de presentarnos al Mundial de esta disciplina deportiva de alto riesgo. El truco está en no mirar. Cruzar y confiar que alguien frenará. El tráfico es una especie de organismo vivo que se autoregula. 

Pero sigue siendo un caos. Y muy descuidado. Desconchones en las paredes, sucias... No. No me gustó Nápoles. Lo que no quita que tenga sus curiosidades. Estábamos buscando el centro antiguo de la ciudad, pero lo que nos topamos es con mercadillos, una especie de rastro, pero donde exponen pescaco, frutas y verduras en plena calle, por donde pasan continuamente coches y motos. 

Pensábamos que era sólo un barrio chungo con el que nos habíamos topado en ese momento, pero luego en el casco histórico volvimos a encontrar estos puestos, que no parecen recomendables precisamente. En todo caso, la ciudad es que ni fú ni fá. Aún así, el paseo nos duró un par de horas, y llegamos al tren un poco antes de lo previsto.

Y ahí empezó otra odisea, pues las tormentas que había en la zona del Vesubio habían hecho retrasarse a casi todos los trenes. Trenes a Roma llevaban unas 3 horas de retraso. Una hora esperamos nosotros hasta que por fin salimos de vuelta a Salerno, donde pudimos cenar un algo. Que rematamos con un heladito. Limón con chocolate, que siempre me dicen que es una mezcla muy rara, pero a mi me encanta.


Y con esto, al  día siguiente comenzó el viaje de vuelta. Todo minuciosamente programado: cojo un tren en Salerno, llego a Nápoles. Autobús al aeropuerto en 15 minutos, avión a Roma, y avión a Madrid y descansando en el sofá a las 5 de la tarde... pues no. 

Llego al tren, y resulta que los regionales todavía iban con los retrasos del día anterior. Así que me cogí otro que iba hasta Milán, pero paraba en Nápoles. En la estación, veo un lugar con gente con maletas esperando... pero resulta que de ahí no salía en autobús, que lo habían cambiado de sitio hacía unos meses. Bueno, da igual. Llego por fin al aeropuerto, y conseguimos salir y llegar a Roma más o menos en hora. 

Para la conexión a Madrid tenía 50 minutos. Así que busco la puerta de embarque, y ya relajado me pongo a comer algo. Según termino de comer, observo que me han cambiado la puerta a una zona totalmente distinta, y además se ha retrasado el vuelo 20 minutos. Pues hale, paseito de nuevo. Y al llegar a la puerta veo que está anunciado un vuelo a Copenhague. ¿Donde acabaría? ¿En Copenhague, Australia, Madagascar...? Finalmente, se abren las puertas de embarque al mismo tiempo que cambia el cartel para Madrid. Que alivio. Pero todavía quedaba llegar al avión, porque en Italia he ido todo el tiempo de jardinera en jardinera. Que son los buses que ponen en el aeropuerto para llevarte al pie del avión.

Como decía, en Italia todo lo relaciondo con ruedas son deporte de riesgo. Cruzar la carretera, montar en taxi... y montar en jardinera. Normalmente, en los aeropuerto está todo señalizado: por donde ruedan los aviones, donde se colocan, por donde circulan los coches, autobuses y jardineras... pues nada, en Italia como si no existieran. Las jardineras van por medio de los carriles, o cortando las curvas metiéndose en zonas reservadas para aviones. Lo dicho, deportes de riesgo. 

Al final salí con una hora de retraso. Y al sofá llegué a las 6 y media. Ahora, a descansar. 

Reportaje ofrecido por Julio Plaza, "La mosca cojonera" de este blog.

sábado, 13 de abril de 2013

El maravilloso viaje de la Mosca Cojonesson

 
Julio Plaza, nuestra mosca viajera, nos ofrece este interesante reportaje sobre su viaje a Suecia, con la "chispa" que le caracteriza y que ya conocéis. No, la abejita sólo vuela en el área comprendida entre San Amaro y Fuente del Prior, los de Burgos entienden, como mucho seis kilómetros siguiendo el río Arlanzón. Gracias, Julio, por compartir tu viaje.
 
Había una vez un niño muy gamberro, que le daba por hacerle perrerías a los animales. Un día, aprovechando que sus padres se fueron a misa, volvió a las andadas, y de casualidad, se encontró un duende al que también le hizo pasar un mal rato. Como venganza, el duende le convirtió en un gnomo. Entonces pasó una bandada de gansos salvajes, y el ganso doméstico que tenían en la granja quiso irse con ellos. El niño trató de impedirlo, subiéndose a su cuello, pero el ganso consiguió remontar el vuelo, y se fueron los dos a recorrer el país.

Este es, de forma resumida, el comienzo de "El maravilloso viaje de Nils Holgersson", escrito por Selma Lagerloff a principios del siglo pasado (que dicho así, parece que fue hace mucho), y eso es lo que ilustra el billete que encabeza esta entrada.

Tranquilos, que no me he subido a ningún ganso, sino que me metí en las tripas de un pájaro de metal para volar a las tierras de Nils, y de un tal Gustavo Adolfo, que no era poeta, sino rey de Suecia, para luego cogerme otro avión y darme otra vuelta más por Bruselas antes de llegar finalmente a casa. Sí, un viaje tipo, "si hoy es Jueves, esto debe ser Göteborg".


Salí de Madrid a las 12 de la mañana, y a las 14.30 estaba en Bruselas. Tenía que hacer cambio de avión... Me puse a buscar la puerta de embarque, y resultó ser la misma que por la que acababa de salir. Es decir, que me tenía que montar en el mismo avión del que me acababa de bajar. Es como para decirles "oiga, que si eso ya me quedo aquí sentado en mi sitio". Pero como no iba a colar, me fui a comer algo rápido, y esperar que me dejaran montar de nuevo. A las 15.30 estaba ya de nuevo en el aire de camino a Suecia.

Contrariamente a lo que uno podría suponer, lo primero que se ve cuando llegas a Suecia no es un almacén gigante del IKEA. Lo que se aprecia desde el avión a estas alturas del año es una tierra amarilla y seca, con tristones árboles sin hojas. Que uno se piensa que debe de estar haciendo un calor sofocante, hasta que ve el primer lago congelado. ¡En pleno Abril, y los lagos todavía congelados!. Es más, yendo del aeropuerto a Göteborg, pasamos por zonas donde las rocas todavía conservaban unas capas bastante gruesas de hielo.

Es la tercera vez que voy a Göteborg. La primera, tenía 2 años. Llegué con alergias, y me fui sano como una rosa. O eso dice mi santa señora madre, que yo no me acuerdo. La segunda fue hace (...raíz cúbica de ocho, dos, con dos de chica y tres de duples, más la integral cúbica del seno cuadrado.... mejor saco la calculadora) 23 años, en el 89. Vinimos de vacaciones en coche desde Madrid. Pero el caso es que a pesar de estas dos visitas anteriores, no recordaba nada de la ciudad.

Normalmente, uno tiene imágenes o recuerdos de las ciudades que ha visitado: piensas en París, y recuerda la Torre Eiffel, los campos elíseos, el Louvre. Londres, el Puente de la Torre, y el botellón en Trafalgar Square. Oslo, el puerto visto desde el castillo de Akhersus. Roma, el Coliseo y el foro. Washington, el Mall y el Pentágono visto desde el avión. San Francisco, el Golden Gate y un edificio con forma de pirámide muy estrecha y alta. Pero, ¿Göteborg?... Los columpios que había detrás de la casa de mi tía. Y un erizo que nos encontramos en el jardín. Es todo lo que recordaba.

Y seguiré sin recordar nada en especial, porque la ciudad no tiene mucho que ver. Tiene algún rinconcito de donde se puede sacar alguna foto mona, un canal que atraviesa el centro...

 
Un puerto donde está la ópera, al lado de un edificio horrible que no sé lo que es...

 
La estación central. Y esta estatua ecuestre de un tío que lleva por arma unas varillas de batir huevos.

 
Y las obras. Muchas obras. Hay ciudades, que si las pillas en un mal día, es difícil tener un buen recuerdo. Me pasó con Amsterdam hace ya ... la tira de años, que la visitamos bajo una pertinaz lluvia, y no me entró. Göteborg entre las obras, y los parques secos, tampoco me ha entrado.

Aparte de estas cosas, lo que más me ha llamado la atención es la infraestratructura dedicada al deporte. Hay dos estadios juntos. Uno es el estadio de Ullevi, y a lo largo de la misma avenida hay varios pabellones y polideportivos. Uno de ellos llamado Vallhala, que para quien no esté versado en mitología escandinava, es el equivalente al Olimpo, pero con Odin, Thor y Loki entre otros dioses. En otra avenida, cercana a mi hotel, había varios campos de futbol a pleno rendimiento con varios partidillos sumltáneos. Al día siguiente, a las 8 de la mañana ya había gente entrenando. Así que Göteborg es una ciudad muy deportiva.

También tiene su rinconcito para los deportes de motor: aquí, el troncomóvil de los Picapiedra en versión monoplaza para la Fórmula 1. Y la versión biplaza para el campeonato de rallies. Creo que estas es una de las pocas nuevas imágenes que tendré de Göteborg.

 
Antes he hablado de la casa de mi tía. Sí, tengo familia en Göteborg. Mi familia por parte paterna siempre ha estado muy dispersa. Tengo primos en Suecia, uno en Brasil, y otros más por México y Alemania, pero que hace tiempo vivían en Albacete. Aquí la gente se suele reír sin pensar primero en que hay más Albacetes en otros países que no son España. Pero no es el caso. Era el Albacete español, sí. El gen viajero, y el de los idiomas me vienen por parte paterna. Lo siento, Mami.
El caso es que dado que no voy todos los días por Suecia, aproveché para ver a mis primos los suecos. Me recogió mi prima a la salida de mis reuniones, para llevarme al teatro de la ciudad, donde trabaja mi primo, para charlar tranquilamente tomando un té. A mi primo debe ser la tercera o cuarta vez que le veo en toda mi vida. A mi prima la habré visto un cuatro o cinco veces más, porque ha venido más veces a España. La última vez que les ví fue en 2006, cuando la arañita y yo pasamos por el juzgado. ¡Para casarnos, no piensen mal!

El día siguiente fue muuuuy largo. Comenzó a las 4 de la mañana. Salí del hotel, y estaba nevando. Sí, en pleno Abril. Ahí estaba yo, en la parada del autobús, bajo la nieve y al lado de un cartel que ponía "Hej Sommar!". Premio para el que entienda la gracia del asunto.

Tenía que coger un vuelo a las 7 para Bruselas. Me subí al autobús del aeropuerto a las 5, con un conductor extrañamente jovial. Todavía me pregunto por qué. Imagino que es adaptarse o morir, porque en los meses de invierno la luz diurna se reduce a unas pocas horas entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde. Junto con el frío y la nieve, es un lugar no apto para maníacos depresivos.

El caso es que ahí estaba yo en el aeropuerto... y para ser las 6 de la madrugada había mucha gente. Y jaleo. Qué activos estaban los niños, leche. Aquí uno luchando por no quedarse dormido, y los niños montando escándalo, corriendo, jugando... El avión salió con media hora de retraso porque tuvimos que esperar a los técnicos que tenían que quitar la nieve de las alas del avión. Por fín salimos, y llegué a Bruselas a las 9. Justo a la hora a la que comenzaba la reunión. Que iba a llegar tarde de todas formas, porque aún llegando a la hora prevista, todavía tenía que coger el tren para ir al centro. Al menos, en Göteborg facturé la maleta (cosa que no suelo hacer) hasta Madrid para no tener que cargar con ella.

Esta reunión afortunadamente era corta. A la 1 y media estábamos fuera y comiendo en un restaurante cercano. Teniendo en cuenta que mi desayuno había consistido en una magdalena y un té de aeropuerto, mis tripas agradecieron la carbonada flamenca, y la Creme Brulee (como la crema catalana, pero en belga) que me metí entre pecho y espalda. Luego no sé exactamente que pasó, pero nos quedamos 4 españoles y un italiano hablando en inglés.

El Rinconcito Bruselitano

Creo que voy a tener que hacer un sección específica en las crónicas de mis viajes. Con tanto paso por Bruselas, la verdad es que no hay mucho que contar, pero siempre hay algún rinconcillo o anécdota nueva. Hoy les presento esta tienda: La Cure Gourmande.
 
 
Es una tienda de galletas y pastas variadas que están muy ricas. La descubrí en Estrasburgo hace ya... algunos años. Ví otra igual en París, y en Bruselas también la encontré en nuestra primera visita. A la Arañita no le gusta que me vaya de viaje. Pero si me voy, me tiene prohibido volver sin galletas de estas.
¿Y os acordáis en mi último viaje, de las bicicletas del aeropuerto de Bruselas?.

 
Confieso que me he montado. E incluso, reconozco que he dado pedales. Más aún, vestido con chaqueta, ni siquiera iba en chándal. Pero ya entiendo por qué hay cola para subir: porque hay un cable con conexión gratuita a internet.

Llegué a Madrid por fin a las 11 de la noche. Que desde las 4 de la mañana que llevaba despierto, significa que apenas podía con mi alma.

Pues nada amiguitos. Hasta el próximo viaje.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El más difícil todavía


Collage de París.
Ya saben los que por aquí revolotean, que la Arañita y la Mosca se van al extranjero de vez en cuando. Unas veces por vacaciones, otras por ocio y negocios juntos.

El caso es que hasta ahora, hemos sobrevivido a los horarios. Porque no es fácil eso de comer a las 12 de la tarde, y cenar a las 7.

Hemos sobrevivido a las comidas sorpresa, porque hay que reconocer que aunque tiene su encanto, también tiene su peligro andar pidiendo moules de boef tartare à la Bourgignone avec finnes herves au lait aux trois fromages et h'uile d'olive sans remanguillé

Hemos, incluso, sobrevivido a la megafonía, porque no es como para fiarse de ella en el metro, si anteriormente en el ascensor al llegar a la 5éme etage te anuncian que llegas al piso "cuartoymitad"

Hasta hemos conseguido salir ilesos de la falta de gasolineras en Francia, que cuando llevas en reserva casi 80 km, pagarías una cucharada de gasóleo A como si fuera un barril de Brent.

Pero eso no era nada comparado a lo de mañana.

Misión: Volver a Madrid en avión desde París
Hora de salida: A las 10:05
Dificultad: Huelga general
Hora de llegada: ¿...?

Si salimos indemnes de esta.... ¡aprendo francés!

Si el aeropuerto tiene wifi, a lo mejor actualizamos la situación.

Actualización 23:28: Fiu! que susto. Leo por ahí que Iberia ya ha cancelado algunos vuelos, pero en aena el nuestro aparece programado. De momento, vamos bien.


06:26: Nos levantamos... y el vuelo sigue programado. Al menos en Barajas se anuncia su llegada a la hora prevista. Por desgracia, la red libre a la que nos hemos conectado no nos deja ver los vuelos programados desde Orly, pero no debería haber problema. De momento. Seguiremos informando.

09:41Hemos conseguido llegar al aeropuerto, a pesar del atasco en la periferica, que viene a ser como la m-30 en madrid. Nuestro vuelo lleva ya un retraso de 45 min. Pero aun no tenemos puerta asignada. Hasta más ver
10:07 A ver, ahora que nos hemos sentado y tomado un chocolatito. Seguimos sin puerta de vuelo. El paseito al aeropuerto ha sido en taxi, porque cualquier se fía del metro, como hemos dicho. Además, que con lo que hemos tardado en pagar el hotel, hubieramos llegado sobre las 9 o así. Claro, que con el retraso que hay, poco nos hubiera importado.

El caso es que la Periferica iba hasta los topes, que uno piensa : "Pero coño, ¿no había huelga general? ¿Donde van todos estos? ¿A los piquetes?"

Y luego en la facturación, han abierto tarde la taquiella. Y como no, hemos escogido las más lenta. Eran ya casi las 9:15 cuando hemos facturado, y normalmente, cierran la facturación 45 minutos antes de la salida del vuelo. Hasta ese momento, no sabíamos nada del retraso, porque no lo indicaba en las pantalla. Ha sido la azafata la que nos ha dicho que eran 45 minutos de retraso lo que llevaba. Así que por lo menos hemos podido desestresarnos por el tema de horarios, y ahora nos armamos de paciencia a ver qué pasa. Pues eso, a ver que pasa. Ta luego.

10:33 Hurra!! ya tenemos puerta de embarque!!

19:02 Bueno. Pues ya estamos en casita. Conseguimos embarcar en el avión a las 11,y poco antes de las 12 despegábamos. A Madrid hemos llegado a las 2 de la tarde. Comer, la Arañita a trabajar, y la Mosca a descargar bultos, y a descansar, que ha sido un día pesado

Aún así, sólo dos horas de retraso sobre el horario previsto, no está mal, para haber sufrido una huelga general.

21:07 Y ya que estamos todos en casa, después de que la Arañita haya regresado de trabajar, coloquemos algunas fotitos:

Aquí, un auterretrato en la Geoda que está en La Villete (La ciudad de la ciencia y la industria)


Como no, no puede faltar la Torre Eiffel en los Campos de Marte:



Y para terminar, un atardecer en las pirámides del Louvre:


miércoles, 7 de octubre de 2009

...hazta la siudá de Burgoh, donde me apozenté en un monazterio con pinta de frezquito.



El 14 de septiembre, este blog, "La arañita campeña", cumplió dos años. Esta entrada tiene fecha de 14 septiembre de 2007.

Así hablaba la mosca cojonera,creadora del blog, entonces:

Bzzzz, .... bzzzzz.... bzzzzz

Zolo por dejá conztansia. Zoy la Mozca Cojonera. Nasí en Zeviya, de padre seseante, y madre zezeante. Por zi no ze ha notao aún.

De jovensita zalí huyendo de loh caloreh de Zeviya, hazta la siudá de Burgoh, donde me apozenté en un monazterio con pinta de frezquito. El rezto de la hiztoria, ya la conozeih por el relato de la Arañita Campeña.

Zor Auztringiliana, no me tome a mal la ortografía.

Bzzzz... bzzz.... bzzzz.

¡Cuánto ha llovido, amigos!

Un beso y felicidades para la arañita campeña Esther y la mosca cojonera Julio.

María Ángeles Merino,la abejita que fue, y a veces es, Sor Austringiliana.