El trigo, las amapolas, las florecillas, los hierbajos, la tapia, el ciprés y el palomar. Pero me falta algo en ese querido rincón, al que yo llamo el de Sor Austringiliana; con todos los respetos hacia quienes viven detrás de esa tapia...
La amapola, vestida de rojo brillante, se sabe hermosa, destacando orgullosa en medio del verde. La vieja piedra, herida de tiempo y de erosión, la contempla, admirada de su belleza. ¡Pero será tan efímera!. En su permanecer, ¡ha visto tantas como ella!.