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viernes, 6 de noviembre de 2009

"Mire vuestra merced, señor mío, lo que hace: no se quiera sepultar en vida, ni se ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algún pozo."


Ilustración fotocopiada del Quijote de "Ediciones Cátedra".

Comentario al capítulo XXII, del Quijote, segunda parte: "Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha". Publicado en "La acequia".

Primera parte: El soltero don Quijote trocado en consejero matrimonial (recordemos a aquella Elena Francis del siglo pasado).

Lee, lee, paciente lector. Lee este capítulo, llegarás al punto final y la grande aventura de la cueva de Montesinos no ha hecho acto de presencia. El título promete dar cuenta de ella, pero hemos de esperar al siguiente capítulo para saber qué hace don Quijote allá dentro, como frasco puesto a enfriar en un pozo. Lo único que sabemos de lo que está pasando nos lo dice la soga…No es la primera vez que Cervantes nos toma el pelo con el título. Ya que no nos metemos en la cueva, metámonos dentro del capítulo y algo sacaremos en limpio.

Basilio y Quiteria están agradecidos al don Quijote defensor de su causa. Grandes y muchos son los agasajos que le dedican. Un Cid con las armas, un Cicerón con la elocuencia; así lo consideran…no es para tanto. Y el buen Sancho pasa tres días refocilándose, ya no se acuerda de las volátiles espumas del rico. Las de los pobres tampoco están mal. Y no hubo “traza comunicada” sino” industria” de Basilio, sólo de Basilio. Y qué bien salió todo, con la ayuda de algunos amigos conchabados, lo confiesa, que abonaron el engaño.

Un maquiavélico don Quijote niega que haya habido engaños, no lo son si los fines son “virtuosos”. ¿Virtuosos? Pues sí, que no hay mejor fin que el de casarse unos enamorados.¡Qué bien habla este pertinaz soltero!

Y, a continuación, un tironcillo de orejas para Basilio. El mayor contrario al amor es el hambre y la necesidad, así que el desposado debe abandonar la espada y la barra, que con eso no se come. Deberá dedicarse a ganar dineros, por medios lícitos “que nunca faltan a prudentes y aplicados”…como tú, Basilio. Después del tirón, le pasa la mano por el lomo… Así que nada de “contigo pan y cebolla”, que “donde no hay harina, todo es mohína”. Y, además, el marido pobre y la esposa hermosa ¡menudo peligro! A la mujer bella es acechada por las águilas; pero, si la bella es pobre, graznarán los cuervos a su alrededor.

El hidalgo solterón sigue con los consejos matrimoniales. El discreto Basilio ha de actuar como si sólo hubiera una mujer buena en el mundo y ésa fuera…la suya. El que ni es casado, ni piensa serlo se atrevería a dar consejos. Y, para elegir mujer, mejor mirar la buena fama que la riqueza y ¡vale más una malvada en secreto que una desenvuelta en público! Y, a una buena mujer será fácil conservarla y mejorarla, que si es mala llevará trabajo enmendarla. ¡Uy, qué mal me huele eso de enmendarla!
Sancho, oyendo a su amo, recuerda cuando éste le dice que podría tomar un púlpito en las manos e irse por ahí a predicar. Si el escudero puede llevar un púlpito en las manos, el caballero andante puede llevar dos en cada dedo ¡Qué pico de oro! ¡No sólo entiende de caballerías! ¡De todo opina!

Su señor le oye y pregunta qué murmura. Sancho le dice que sólo está diciendo, para sus adentros, que esos consejos quisiera haberlos oído antes, cuando era soltero. Tal vez ahora el escudero seria el buey suelto que bien se lame. Don Quijote pregunta si tan mala es su Teresa. No es mala, pero no es tan buena como él quisiera, o tan muda....Don Quijote le afea el hablar mal de la madre de sus hijos. Sancho considera que, tal para cual, ella también dice mal de él, de vez en cuando. Empate...

Continuaré con la segunda parte en que me convertiré en el primo…secundario habemus.


Abrazos


Pedro Ojeda dijo aquí:

Leído. Lo de hidalgo solterón le viene como anillo al dedo, pero no sé si a él le gustaría...

Tal vez, Pedro. El solterón estaba mejor visto que la solterona. Un abrazo.

sábado, 31 de octubre de 2009

Soy el cura que los casó...¿a Camacho y a Quiteria? (3)




Los funestos cipreses cuyas ramas servían de corona funeraria a Basilio. Son unos árboles muy literarios: su "sombra es alargada"," creen en Dios" y alguno, incluso, es un "enhiesto surtidor de sombra y sueño". Para Cervantes es "funesto ciprés"

Tercera parte del comentario al capítulo XXI de la segunda parte del Quijote.Publicado en "La acequia"
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Muda y afligida se acerca a su moribundo enamorado que murmura entre dientes: Quiteriaaaa. Por señas, le pide la mano. Éste no se ha de morir como gentil, que para eso estoy aquí, para que sea un muerto como Dios manda. La mira ¡con unos ojos! y habla, ¡cómo habla! , a pesar de su aliento corto y apresurado. Dice cosas como: “Tu piedad ha de servir de cuchillo… la gloria que me das… la espantosa sombra de la muerte, oh fatal estrella mía”. Y le pide que manifieste la libertad con que actúa…

Se desmaya. ¡Ay que se nos muere! La “vergonzosa” Quiteria coge la mano del agonizante y dice que, con libre voluntad, da su mano de legítima esposa y recibe la que él le da de su libre albedrío. Basilio se entrega por esposo, ella por esposa y añade: “ahora vivas largos años, ahora te lleven de mis brazos a la sepultura”.

Ese tal Sancho Panza me ha leído el pensamiento: cómo le da a la lengua este malherido. El sensato rústico me pide que le haga atender a su alma y “se deje de requiebros”. Así que se me saltan las lágrimas, soy un sentimental, les doy la bendición y pido al cielo que dé buen alojamiento al nuevo desposado. Pero el cielo no debe desear, de momento, recibir a tal huésped…El agónico se pone en pie de un brinco y extrae limpiamente el estoque de su cuerpo. Ya me parecía a mí…La parejita estaba conchabada. ¡Ay, Camacho, macho!

Todos los presentes quedan con la boca abierta y los simplones gritan: ¡Milagro! A lo que Basilio replica que no hay milagro sino industria. Lo compruebo, soy un nuevo Santo Tomás que ha de tentar la herida. La cuchilla no había atravesado el cuerpo de Basilio sino un cañón hueco de hierro que, lleno de sangre, habíase colocado en el lugar preciso. Parece ser que se lo prestaron unos cómicos ambulantes que andaban por allí. Ya decía yo que en qué comedia había visto esto…

El rico Camacho, los invitados y yo…todos burlados. Muchos dicen que el matrimonio por engañoso no es verdadero; pero la flemática esposa dice que ella le confirma de nuevo; de lo cual deducen el consentimiento y sabiduría de los dos.

Camacho y sus valedores, qué vergüenza, remiten su venganza a las manos y las manos, a las espadas. Y muchas espadas se dirigen hacia Basilio, aunque Inmediatamente se desenvainan otras que le defienden.

No habíamos tenido en cuenta a don Quijote que toma la delantera a caballo, con su lanza y su escudo. Sancho corre a esconderse tras las olorosas tinajas, las que contienen gallinas y gansos en pepitoria, qué pena de comida…

Don Quijote, a grandes voces, nos exhorta a guardar las armas, con el razonamiento de que el amor y la guerra son una misma cosa y en la guerra se usan estratagemas. Por lo tanto, en las contiendas amorosas se han de tener por buenos los embustes y marañas. Este loco no habla tan desatinado…

Nos dice que, “por favorable disposición de los cielos”, Quiteria era de Basilio y Basilio de Quiteria. Que Camacho es rico y se puede comprar lo que quiera., que Basilio sólo tiene una oveja, que lo que Dios ha unido… ¿Pero cuándo lo unió Dios? No entiendo nada…Y lo de comparar mujeres con ovejas…No dejan de ser seres humanos, aunque sometidas al varón.

El caballero andante blande su lanza con tal fuerza y destreza que causa pavor a los de las espadas. A Camacho se le fija tan intensamente el desdén de Quiteria que se le borra de la memoria, se le acabó el caprichito. Le hablo como sacerdote prudente y bien intencionado, que esa fama tengo.

Las espadas vuelven a sus vainas y Camacho culpa ahora más a la facilidad de Quiteria que a la industria de Basilio. Estas mujeres…E incluso razona que debe dar gracias al cielo por habérsela quitado. Consolado y pacificado, el rico ordena que siga la fiesta, aunque no haya boda.

Como es natural, ni Basilio, ni su esposa, ni sus secuaces, se quedan a celebrar las no bodas. Se van a la aldea de Basilio proclamando a voces el triunfo del Amor. Se llevan consigo al caballero andante, ahora muy estimado por su valor. A su lado va Sancho, algo triste, diciendo no sé qué de las “ollas de Egipto”. La locura se contagia…
Y este cura acabó su relato.

Un abrazo a todos y, en especial, a los de Priego.


Pedro Ojeda Escudero dijo el 2 de noviembre de 2009, en la entrada El español y Cervantes, más fotos bejaranas con un tesoro (El Quijote de Calleja) y noticias de nuestra lectura" de su blog "La acequia":

Abejita, a su vez, nos regala otra voz de secundario: ahora nos habla el cura de las bodas de Camacho, que relata a su manera lo sucedido, aunque no sé si se guarda algo y ni en el final nos lo cuenta. No os perdáis las imágenes.

Gracias Pedro, le estoy cogiendo cariño a los secundarios. Mi curilla asegura que no se guarda ningún as en la manga.

Soy el cura que los casó... ¿a Camacho y Quiteria? (2)



El Quijote coronado de funesto ciprés, como Basilio.



El cura en su capítulo.

Continuación al comentario del capítulo XXI,de la segunda parte del Quijote. Publicado en "La acequia".

Se dirige a ella, a la “desconocida Quiteria” y le advierte de que no puede tomar esposo mientras él viva, según la “santa ley” profesada por ambos. ¿Santa Ley? ¿Acaso están casados ante la Santa Madre Iglesia Católica? Porque si no es así, aunque Quiteria le hubiere dado, en alguna ocasión, su palabra…sigue siendo una mujer libre. No sé de qué obligaciones habla este muchacho, que si ha estado esperando a mejorar sus bienes de fortuna… ¿Para ser tan rico como Camacho? Necesitaría vivir cien vidas…por lo menos.

Vamos, pequeña, no atiendas las razones de este loco y cásate con el que te ofrece seguridad y bienestar. El amor surgirá más adelante…una obediente y sumisa esposa puede ser muy dichosa.

Pero ¿qué dices? ¿Qué te vas a quitar la vida para que Camacho tenga colmada la ventura? ¡El suicidio es un pecado grave y no podrás ser enterrado en suelo sagrado! Basilio, hijo mío, encontrarás otra mujer, la pobreza no tiene por qué ponerte en la sepultura. Parecerás rico a una esposa de más humilde condición. Te olvidarás de la ingrata…mujer al fin y al cabo, no hay que pedirle firmeza.

¡Ay! ¿Qué haces? ¡Ay, que el bastón escondía un estoque! ¡Ay, que se ha arrojado sobre él! ¡Traspasado de sus mismas armas! ¡Bañado en su sangre! ¡Misericordia, Señor, Misericordia! ¡Acudid! Aún no ha expirado… ¿Dónde va el caballero andante? Señor, no le quitéis el estoque, que he de confesarle y si se lo sacáis morirá.

El enamorado vuelve en sí y se dirige a Quiteria, calificándola de cruel. ¡Y le pide la mano de esposa! No está dispuesto a emprender su viaje al más allá, sin casarse con ella. Uy, que esto tiene truco…Le pido que atienda a la salud de su alma y me chantajea: si Quiteria no le da la mano de ser su esposa, no se confiesa. Un moribundo exigente, lo nunca visto.

El que se hacía llamar don Quijote se pone a decir en altas voces que el herido pedía una cosa justa y hacedera. Que Camacho quedaría tan honrado recibiendo a Quiteria como viuda de Basilio que como soltera. Camacho no sabe qué hacer ni qué decir. Los amigos de Basilio piden, a voces, que Quiteria consienta para que su alma no se pierda. Piadoso deseo , mas…

Camacho se ve forzado a decir que “si Quiteria quería dársela, que él se contentaba”. Ahora hay que convencer a la novia. Para ello, los amigos del herido se dirigen a ella con lágrimas o con razonamientos. Me parece haber visto esto en alguna comedia… Más dura que un mármol a sus quejas, como diría el gran poeta Garcilaso. Ella como una estatua y yo pidiéndola que se apresure, que su alma…

(Continúo, que los curas vamos despacito)

viernes, 30 de octubre de 2009

Soy el cura que los casó... ¿a Camacho y Quiteria?( 1)




Comentario al capítulo XXI, segunda parte de "El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha"Publicado en "La acequia"

"Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos"


“Los novios venían acompañados del cura”…y ese cura soy yo. Llego acompañado de los escandalosos jinetes que reciben a los contrayentes. ¿La hermosa Quiteria y el rico Camacho son los contrayentes? Bueno, no adelantemos acontecimientos.

Ustedes disculpen, me presento. Soy un personaje secundario del Quijote. No se oye mi voz, aunque el escritor cuenta lo que hago y digo, no mucho. Vivo en el segundo tomo del Quijote, esperando a que alguien llegue al XXI. Lo confieso: me hubiera gustado ser como Pero Pérez, el cura de la aldea quijotesca, el amigo del barbero. Aparece con voz propia, en varios capítulos y ¡en los dos libros! No me quejo, peor lo tiene el “mozo de campo y plaza”, el que ensillaba y podaba, al comienzo de la obra.

Como decía antes, llego acompañado al “teatro que a un lado del prado estaba, adornado de alfombras y ramos, adonde se habían de hacer los desposorios”. ¿Teatro? No adelantemos acontecimientos…

Espera allí la gente honrada de pueblos cercanos y no tan cercanos; junto a…mendigos, truhanes, mozas del partido, lazarillos con ciego, peregrinos desviados…y ¡un caballero andante! Sí, como recién salido de esas novelas que, ya en el seminario, y a escondidas, llenaban mis escasas horas de ocio. Armadura, lanza, algo metálico en la cabeza, un rocín y un labriego como criado…o escudero. Éste repite lo que las mujeres comentan, comiéndose a la novia con los ojos. Corales, terciopelo, lienzo blanco, sortijas de azabache, anillos de oro, perlas, cabellos rubios, dijes, pendientes, el brío, el talle… Chapada, chapadísima, como para desposar con un banquero flamenco…pero con la cara descolorida, como de no haber dormido. Lo natural en una doncella…

Oímos grandes voces, aparece un apresurado personaje, pide que lo esperemos. ¡Es Basilio! ¡El viejo amor de Quiteria! Viene con un sayo negro y carmesí, va coronado con una corona de ciprés y porta un bastón acerado. Todos estamos suspensos y temerosos, esperando en qué va a parar todo esto. Hinca el bastón en el suelo, mira a Quiteria y le expone sus razones con voz temblorosa y ronca.

(Continuará, que los curas vamos despacito)


Un abrazo

viernes, 23 de octubre de 2009

Febo enjuga líquidas perlas,el buen patrono se estira y el proletario Sancho ronca tranquilo.



Una ilustración del Quijote de la "Biblioteca didáctica Anaya" "La acequia" al fondo.

Comentario al capítulo XX, de la segunda parte del Quijote : "Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre".Publicado en "La acequia"

Divido el capítulo en estas dos partes:"Febo enjuga líquidas perlas,el buen patrono se estira y el proletario Sancho ronca tranquilo"."Habla el cocinero que espumó tres gallinas y dos gansos de una vez".

Febo enjuga líquidas perlas, el buen patrono se estira y el proletario Sancho ronca tranquilo.

Amanece mitológicamente. Contemplamos a la blanca aurora y al luciente Febo licuando las perlas de sus áureos cabellos. Pero el rubicundo Apolo no va a perseguir inocentes ninfas, de esas que luego se convierten en laurel, sino que va a extender sus rayos. ¿Qué vamos a ver los mortales? Don Quijote se estira, un brazo por aquí, otro brazo por allá. ..Al mismo tiempo oímos resoplar a Sancho. Y, tras el barroco contraste, escuchamos el exclamativo discurso de un seráfico caballero andante convertido en ejemplar patrono. ¡Qué bienaventurado es Sancho! ¡Qué suerte la suya! No le acosan los encantadores, los celos de su dama no le quitan el sueño…Hasta aquí, el mundo irreal del caballero andante.

Bajamos a tierra… ¡Qué feliz el escudero sin deudas que pagar! Sí…mejor no tener deudas ¡Y sin preocuparse de lo que ha de hacer para comer él y su “angustiada familia”! Alto ahí. Con todos los respetos, me parece que lo de llenar el estómago, el de su Teresa, el de su Sanchico, el de su Sanchica…eso no se le olvida. Se nota que, vuesa merced, no nació pobre, ni comió nunca con la salsa que mejor adereza las viandas: el hambre. Y eso de que no le inquieta la ambición…recuerde aquellos cien escudos de la maleta. ¡Menudo anzuelo! Y, ahora, sueña con ser gobernador de una ínsula, algo que ni siquiera sabe lo que es. Sus deseos no son tan simples; van más allá de pensar a su rucio mientras vuesa merced piensa. ¿O piensa que Sancho no piensa?

La naturaleza puso sobre los hombros de los señores una pesada carga. La naturaleza o la costumbre les libraron de otras muchas gabelas. Han de sustentar a sus criados, mejorar su vida y obsequiarles. Mientras los servidores duermen, velan sus patronos…Y miran acongojados al cielo que no derrama el “conveniente rocío”. ¡Qué vida tan dura la suya! Subrayo las palabras que deberían grabar en oro los “señores”, en tiempos de crisis: “ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y abundancia”.

Sancho sigue durmiendo y no se entera del angelical discurso de su angelical patrono. Al fin, despierta soñoliento. ¿De dónde viene ese olorcillo? Vaya, vaya…no huele a tomillo, por aquí sale un olor de torreznos asados, tan rico. Buena boda la que huele así. ¿Basilio o Camacho? Camacho, por supuesto. El pobre “debe contentarse con lo que hallare” Y Basilio es pobre. “Bien boba fuera Quiteria” si eligiera mal. ¿Galas y joyas? ¿O buen tiro de barra y gentil treta de espada? ¿No eras tú el que decías que “el amor mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas”? Unos buenos torreznos hacen milagros…
Don Quijote ya se cansa del parlanchín escudero, y le pide que deje la “arenga”. Sancho se saca de la manga un capítulo en el cual, su amo, manifestó que le dejaría hablar, con la condición de no atacar al prójimo ni menoscabar su autoridad de señor.

El de la Triste Figura responde que no se acuerda del tal capítulo; pero que le permita oír los instrumentos musicales que, ahora, vuelven a alegrar los valles. Camacho y Quiteria se casarán con el fresquito matinal. Montados en sus jumentos, entran por la olorosa enramada.
(Continúa)


Un abrazo