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martes, 25 de noviembre de 2025

En torno a Luces de bohemia y una buena mesa.



Foto cortesía de Ángel Alonso.

Esta tarde, disfrutamos de la reunión del Club de lectura de La Acequia yAlumni UBU , dirigido por Pedro Ojeda Escudero. El libro comentado ha sido la obra de teatro Luces de bohemia de Ramón del Valle Inclán. 

La de hoy ha tenido un carácter especial: en lugar del aula de la Facultad de Humanidades y Comunicación, nos hemos reunido en la Cofradía de la Buena Cocina, donde nuestro compañero Fernando nos había preparado una riquísima comida, con platos nacidos de su creatividad. A uno de ellos lo hemos bautizado Salmón de bohemia, con una salsa de champiñones y mantequilla  que nunca hubiera soñado un Max Estrella, pobre, qué hambre pasaba. El otro plato era una "lágrima", no de llanto, sino de cerdito rico rico. 

La compañera Pilar nos ha traído un delicioso postre: un pastel de receta persa, que reunía sabores de mazapán, flores, naranja y agua de rosas. 

 Y después de la comida, la reunión lectora. La obra ha gustado y le hemos sacado jugo, todavía más con las explicaciones de nuestro profesor. Al final, la obra de Valle Inclán nos ha conducido a esperpentos muy actuales, por todos conocidos. Otras luces de bohemia las de ahora, en nuestro país. Es lo que tiene un clásico, va más allá de su tiempo. Bueno, nos hemos reído y sin acritudes.

Un clásico creado en aquel pazo gallego donde se refugió el autor, huyendo de los efectos de la  epidemia de gripe de 1918, la mal llamada "gripe española". 

Valle Inclán ya era famoso y allí confinado, sin hablar con nadie, lejos de la presión de las escuelas, escribe varias obras importantes.

Evoluciona y se le ocurre  el "esperpento": los héroes clásicos reflejados en espejos deformes, como los de la Calle del Gato, como los que vemos en las ferias. 

La historia de España no es una tragedia, es un esperpento, donde vemos a los personajes de rodillas, desde abajo, deshumanizados, caricaturizados, con toda su verdad, exagerada pero verdad. 

Y así, en Luces de bohemia, lo aplica a la realidad española,  basándose en dos personajes reales: el anarquista Mateo Morral autor del atentado contra Alfonso XIII, al que aplican la ley de fugas y el escritor bohemio Alejandro Sawa. Del primero nace el personaje del anarquista catalán, un idealista, y del segundo el desdichado  Max Estrella, un creador de belleza. En el pazo, Valle mezcla todo eso y retrata a una sociedad que no premia el talento ni la belleza, que no merece la pena. No hay solución...

Hablamos mucho, tomé apuntes, publicaré la crónica, como en otras ocasiones. A ver si me sirven mis rápidos apuntes, casi garabatos.

Seguimos leyendo. Gracias a Pedro Ojeda Escudero y a todos los compañeros lectores. Una mención especial para Fernando y la Cofradía de la Buena Cocina y a Pilar, la de del impresionante  pastel persa.

María Ángeles Merino Moya

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Expuestos al "esperpento".

 



Ayer hacía frío, saqué los guantes con brilli brilli de mi sobrina. El paseo de un día sí y otro también, los jardineros no daban abasto con tanta hoja otoñal. Recuerdo a un alumno, de hace muchos años, espantado de oírme hablar de la poesía de las hojas caídas. "¡Yo las odio! ¡Soy barrendero!" Te comprendo, acerté a decir. 

Todo guarda dos caras, o tres o muchas más. Y de todo se puede encontrar el " esperpento", pensaba ayer mientras leía a Valle Inclán. Basta con colocarlo delante de un espejo de feria, como los de la calle del Gato. Algunas imágenes que nos ofrece la actualidad informativa llevan el esperpento incorporado, sin espejo. No es menos esoerpéntico el rey emérito en sus loas a Franco que su tatarabuela Isabel, la segunda, bebiendo un dedal de "marrasquino", emocionada por las palabras de Su Santidad o por la opresión del corsé. A saber por qué yo me quedé con ese texto, valleinclanesco, de libro de texto de mi lejano bachillerato. El marrasquino era un licor donde se bañaban las cerezas en lata, creo recordar. El Papa aquel conocía muy bien las andanzas de aquella reina  "putana ma pia". Creo que eso último lo leí en un libro de historia "contada para escépticos" de Eslava Galán. Era El Ruedo Ibérico:

"Isabel II abultaba con una sonrisa de pícaras mieles el belfo borbónico heredado del difunto Rey Narizotas:

-Mira, dame un dedal de marrasquino. Se me barre la vista y creo que va a darme un vahido.

La Doña Pepita pasó del remilgarse compungido al remilgo consternado:

-¡No es de extrañar con tanta opresión del talle!

-¡Y la emoción oyendo leer aquellas expresiones cariñosísimas del Santo Padre

-¡Eso lo primero!

-¡Naturalmente, tarambana!"

(El ruedo ibérico. La corte de los milagros, Ramón del Valle Inclán)

A lo que íbamos, por el Paseo de  la Isla, frente a los arcos de Castilfalé, con mucho frío, guantes de color de rosa y un libro. 

El autobús llegó lleno de universitarios, de negro y enormes mochilas. Un chaval me ofreció su asiento y no me hizo gracia, disimulé, no gracias. Todos tenemos nuestro lado asomado al espejo del esperpento. Mientras más viejos, más expuestos.

Ayer hacía mucho frío, qué gusto llegar a casa. La televisión mostraba también esperpentos, Valle Inclán hubiera sacado mucho partido de tamaños personajes: ayusos, koldos y cerdanes, jueces despeinados...

Sigo leyendo Luces de bohemia, para el Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda Escudero. Y el sesudo estudio de la edición de Cátedra. Leo...El último Galdós se adelantó al esperpento, con su Tito Liviano, burgalés de Oña, por cierto. Esto me gusta, don Benito, mi debilidad. 

Esperpentos.

María Ángeles Merino Moya

https://laacequia.blogspot.com/2025/11/el-estilo-al-servicio-de-la-comprension.html

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-ruedo-iberico-primera-serie-i-la-corte-de-los-milagros-876743/html/6cdfd8a0-cce6-457d-ac90-f9a10586f57e_2.html