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viernes, 23 de agosto de 2024

"...cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca..."


Leo un poema de Gabriel Celaya, en Facebook. Es "Educar". 

Me gusta mucho como maestra que fui y además me recuerda un día de Tamborrada Infantil, en San Sebastián.

 Vi a Gabriel Celaya muy viejecito ya y con el "tambor de oro", en el Ayuntamiento. Yo iba acompañada de unos niños que tenían el privilegio, bien merecido, de ver la fiesta desde el balcón, una imagen que no se me olvida, una imagen de oro. 

Un poeta muy grande. Gracias, Javi Ssntamariana, amigo de Facebook, por traérmelo aquí.

Ya veis, un poema me llevó al poeta y a mis recuerdos de maestra. Unos niños de los que llamaban "especiales", un cielo de niños, solo cuatro, una Tamborrada Infantil inolvidable, miles de tambores, miles de colores y un mar azul enmarcado en su Concha. 

Gabriel Celaya murió poco después y la televisión mostró a su Amparitxu, abrazada al bote triste de las cenizas, algunos gritaban, no sé lo que gritaban.

Como maestra, cometí algunos errores, lo confieso, pero confío en que las barcas hayan llegado tan lejos como hayan deseado y que, cuando duerma mi barca, quede un poquitirrín en barcos nuevos que surquen los mares. Sueños. 

Agustín Merino me envía estas barcas.

Una estrella apagada que todavía emite luz, el sueño del docente. 

Ya veis, ponemos música adecuada al recuerdo, una marcha de Sarriegui, la de Donostia San Sebastián.

María Ángeles Merino


martes, 8 de febrero de 2022

Cruzamos el puente de la Zurriola y entramos en "El escenario" de Karmelo C. Iribarren.

 

Cielo, mar y tierra en Donosti/San Sebastián. Fotografía cortesía de Paola Merino. 

Comentario sobre El escenario de Karmelo C. Iribarren, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Este mes de febrero vamos a leer poesía, en mis manos tengo El escenario de Karmelo C. Iribarren. En la portada nos recibe Temps de pluie à Paris de Gustave Caillebotte, sí, Donosti siempre fue un pequeño París con mar y más lluvia. En las dedicatorias, tres poetas de categoría: Luis Antonio de Villena nos habla de vejez y fronteras, Luis García Montero de un lunes vagabundo de andar por la ciudad y Ángeles Mora del río que nos lleva. Ya tenemos algunas pistas. ¡Ah y es el volumen MCXL de la Colección Visor de Poesía!

Conozco un poco Donosti/San Sebastián, y aunque no la conociera, salir con el poeta a su espacio contemplativo y emotivo es lo más natural, como si fuera el paisaje de cada lector, el mío, por ejemplo, que no tiene ría, ni mar, ni tanta lluvia. Abrimos el paraguas, siempre a mano de los donostiarras, y salimos a atrapar sentimientos desde el Urumea, que en el puente de la Zurriola "quiere irse y no puede, quiere quedarse y tampoco", su "llanto eterno filosófico" es el nuestro. Y fluyen, un verso, otro verso, la vida misma, la voz poética nos acompaña con su ritmo, seguro que los acentos están en su sitio y las palabras bien medidas, bien escogidas; los lectores solo nos ocupamos de leer, el pensamiento del poeta y el nuestro se deslizan a la par. El oído queda agradecido. 

Es materia delicada la poesía, doncella tierna, no quiere ni admite explicaciones, es un mundo de sentimientos que calan en nuestro interior.¿ Calan? Tal vez no haya verbo más adecuado para la poesía de Karmelo C. Iribarren, la lluvia  le va calando y nos cala de punta a punta de su ciudad, San Sebastián, su "espacio de contemplación y de emoción contenida", "al mismo tiempo luz y oscuridad", como señala José Luis Cancho.  

Pedro Ojeda, en La metáfora del mirlo, no recuerda ningún otro poeta en cuyo obra llueva más apropiadamente sobre una ciudad "para que el poema tome nota de la lluvia y la lluvia explique la razón del poema mejor que las palabras", llueve "como no pudiendo hacer otra cosa, es parte de la realidad y la mirada poética". Siempre llueve, aunque no llueva. Y, en el caso de El escenario, la mayor parte de sus versos fueron escritos durante la pandemia, un chaparrón que todavía nos cala. Porque la lluvia es mucho más que agua, más que un "bruit doux", no veo a Karmelo C. Iribarren con la melancolía y la languidez del conocido poema de  Verlaine. Estamos ante un hombre que está de vuelta de todo, pero de vez en cuando cree en el amor y en la alegría "una ola repentina llena de luz". "Ficción realista autobiográfica" en la cual importa dónde sucede, el escenario. Su ciudad de punta a punta, reconocemos hasta los cisnes de la Plaza de Guipúzcoa.


¿Quién es Karmelo C. Iribarren? 

Nacido en Donosti/ San Sebastián en 1959. Tras la muerte de su padre, "un buen tipo sin suerte" del que conserva la C., lo internaron con siete años en algo parecido a un orfelinato de novela decimonónica. No fue a la universidad ni perteneció a círculo literario alguno,  pero leyó mucho y vorazmente, "la Biblia en verso" asegura. Comenzó a trabajar muy pronto. Fue fontanero, vendedor de enciclopedias y camarero en una residencia de ancianos. Pero sobre todo fue el tabernero sombrío del Akerbeltz, en la Parte Vieja...un antro inolvidable...tiempos duros, sexo, droga, terrorismo de ETA y rock and roll...tras la barra, en los tiempos muertos, Iribarren escribía...Se hizo alcohólico, lo cual ya pasó...Ahora pasea, toma cafés, da lecturas por España y es una voz imprescindible en nuestras letras. Los que viven en Donosti lo ven,  a menudo, en sus paseos y en su cafetería favorita. 

Sus primeros poemas fueron publicados sueltos en distintos fanzines, pero una noche de 1989 destruyó casi todo lo escrito. En 1995 logró editar su primer libro  La condición humana, en la editorial Renacimiento. Ahora cuenta con más de una veintena de obras e importantes premios, ha sido inevitable el intento de catalogación: realismo sucio, minimalismo y realismo limpio, poeta de la experiencia, poeta social...Karmelo asegura: "Yo quería ser el poeta callejero que soy, pero mejor". Comenta que, en sus inicios, escribía sonetos, décimas, octavas reales..."para conocer en profundidad la métrica y, después, poder prescindir de ella sin comprometer el ritmo ni la esencia de los poemas".  

¡Un poeta que se le entiende! exclamé aquel día de 2017, en el Teatro Principal de Burgos, cuando nos presentó El amor, ese viejo neón. Pero hay muchas capas debajo, lo claro no impide lo profundo. Cruzamos el puente de la Zurriola y entramos en El escenario.

El puente

"...el agua que pasa por debajo,
por los ojos del puente,
puede verse también
como un inmenso llanto del río,
un llanto eterno,
filosófico:
quiere irse y no puede,
quiere quedarse y tampoco."

Seguimos. Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

El escenario, Karmelo C. Iribarren. Colección Visor de Poesía. 2021.


martes, 7 de septiembre de 2010

Burgos y San Sebastián,según el "Civitates Orbis Terrarum"


Burgos y San Sebastián,según el "Civitates Orbis Terrarum"


Ayer, lunes 6 de septiembre, Pedro Ojeda, en "La acequia", incluyó un "bello grabado de Barcelona tal y como era en las décadas finales del siglo XVI, cuando la conoció Cervantes". Pertenece al libro "Civitates Orbis Terrarum" y su autor es el alemán Georg Braun.

Burgos y San Sebastián figuran en la misma página de esta especie de Atlas de finales del siglo XVI. Son unas imágenes muy curiosas.

¿Qué reconocéis en ese Burgos y en ese San Sebastián del XVI?

La catedral de Burgos está...


"Recluta pardillo" me envía esta imagen de Burgos, mucho más moderna, tomada también desde el sur. Podéis comparar. Gracias.