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jueves, 3 de marzo de 2011

¡A favor del amor, siempre!

Comentario a las últimas páginas del libro "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias.

La expedición llega a lo que queda de catedral y , allá en un agujero del muro , les espera regañando el estilita padre Talí. Quedan siete: Galaz, Formoso y cinco soldados. Recordáis que a Albiñana y a Garachana, Dios ya los tiene tirorí. Bueno, al doctor la divinidad lo tiene tirorí tirorí, dos veces muerto.

Llegan con la carroza del Corpus. En el lugar de la custodia han instalado al autómata Capablanca, una especie de robot , con aspecto de estufa de leña móvil y parlanchina.



Para salir del Purgatorio, alguien tiene que coger la llave de San Pedro, aunque no así como así. Talí les explica la necesidad de cumplir ciertos ritos. Si no los cumplen, la muerte y el Infierno les esperan. Ha de haber un mártir en carruaje de plata, un sacerdote verterá agua bendita y entonará la oración "Tribulare".



Al final del canto, el mártir puede agarrarla, mas perderá su alma, convirtiéndose en un bicharraco comedor de babosas.



Además, deberá entregar la llave a un enamorado porque sólo un enamorado puede abrir la puerta negra.

Como Villegas no especificó que tuviera que ser por mano humana, podrá el cacharro parlante arrancársela al medallón del primer Papa, en lo alto de la Escalera Dorada. Es muy trasto muy inteligente, ajedrecista con los "polillas", servicial camarero y defensor de utópicas doctrinas. Así se ahorran el mártir. Gil Formoso se libra, le había tocado la alubia negra.



Ahora falta el enamorado. Gil Formoso se ofrece como tal. Se considera enamorado de su Patria. Eso no vale, dice el fraile. Eso es como el amor a la zarzuela, al vino o a las malas mujeres.

Cuando Galaz declara que él girará la llave, Talí piensa que va a saltar con esa bobería de amor a la Patria, valiente mierda. Pero no, Galaz es un enamorado de "una persona", cumple el requisito. Se pone colorado, además.

Manos a la obra, hay que construir una rampa para entrar al autómata por el Claustro Bajo.



Ya están dentro, no hay quien aguante la utópica cháchara fourierana de Capablanca. Le tiran una piedra y se calla, qué alivio.



Entran por la sacristía, sus barrocas, amontonadas y coloridas figuras se persiguen a muerte. Falta de espacio en la cúpula.



El chubesqui agarra una trompa y toca fanfarrias de caza. Tutú tutúuuuu. Los soldados van a lo suyo y el brasero con pies de cabra huye, como alma que lleva el diablo. ¿O el diablo es él?



Llegan a la capilla de Santiago y , a partir de ahí, el suelo catedralicio se torna vegetal, bajo pétreas y hermosísimas bóvedas góticas. Charcas llenas de bicharracos, olor a aguas corruptas y un calor...Empantanado y selvático, el paisaje es de otra era geológica.





La carroza amenaza con hundirse. Tiran, empujan, apalancan las ruedas y consiguen llegar a un muro cubierto por la fronda.




El edificio tiembla, se abomba, respira,tiene vida. "Esta vieja se huele que nos vamos a escapar", declara el páter. Como tiene algo de gabacha y jacobina, es muy suya.



Hay que desbrozar una entrada taponada por la vegetación. Entre las hiedras, surgen dos atlantes que echan una mano con sus hercúleos brazos.Talí da una propina a los telamones, ahí tenéis un par de muelas para chupar.



Entran en una gruta que otrora fue fastuoso sepulcro...Empujan,¡culitos!, avanzan a ciegas. La carroza toma velocidad, los hombres no la controlan. Llega, ella solita, al final del corredor. Escorada, abollada,sin una rueda; pero consiguen ponerla en pie. El autómata se queja del "hostiazo", qué lenguaje; pero no tiene grandes daños y se encarama en su trono, muy digno.


Talí localiza, en el muro, a una ménsula que representa a Santa Lucía, con su pertinente bandejita con ojos. Introduce dos dedos en sus cuencas oculares vacías. La pobrecita mártir chilla de dolor y se desploma una pared, descubriéndose una capillita.


Las ruedas están inservibles, todos a empujar, Capablanca también.

Están en la capilla de San Nicolás, al lado de la Escalera Dorada. El padre la rocía con el agua bendita de una ampolla. Un esfuerzo más, se echan el carruaje sobre los hombros y lo llevan hasta el lugar indicado. Parece un paso de Semana Santa, con sus penitentes.



Talí comienza a rezar el "Tribularer" y le sigue un coro de voces purísimas. Es un motete de Peñalosa.





Todas las testas de piedra de la catedral entonan la polifonía. El pater interpreta que la "vieja perra" les quiere. Un rayo de luz ilumina la corona de San Pedro.

El medallón comienza a elevarse, ingrávido. Una de las llaves refulge, esa es.



Capablanca ha de cogerla, según se le ordena. Pero el autómata se hace el loco, ofreciendo ojimiel...Los soldados no pueden más. El sacerdote amenaza con una piedra al "trasto del demonio". Éste reacciona , alarga uno de sus brazos artificiales y obedece.

Silencio, estalla un estruendo, va decreciendo la luz y el padre está pletórico. El enamorado , se dirige a Galaz, que coja la llave y corra detrás de él. Olvídense del cacharro y dense prisa, que nos bombardean. El desventurado chubesqui llora y llama a su papi Teódulo.

Levantan una trampilla oculta tras un altar y acaban en un aljibe de aguas muy frías. La luz de la llave, que lleva Galaz , les sirve de linterna. El enamorado descubre en ella una inscripción latina. Dice que , con ella, le será franca "la negra puerta de las dos orillas".

Extenuados recorren un laberinto excavado en el corazón de los cimientos de la catedral. Dan en una cripta con dos ataúdes, llenos de huesos. Son los de los condestables de Castilla, que se chinche doña Mencía, que Talí no les dejó ni una sola pieza dentaria.



Como las losas están partidas, salen fácilmente al exterior. Se sienten como resucitados, abandonando el sepulcro.Y su alegría es como la de los marinos de Colón, al pisar San Salvador. Y van tan desastrados como aquellos.

La puerta, la puerta. Ahí está, Galaz ábrela.



Pero la cabeza de nogal se carcajea , les saca la lengua y les hace pedorretas.



El páter les ordena arrodillarse y reza la oración de San Lázaro. Ahora el Cupido Galaz ha de introducir la llave en la cerradura de la nogalina puerta. Pero el San Pedro cabezón amenaza con morder la llave. Sudando, reconoce que por ahí no se vuelve a casa. ¿Qué van a hacer ahora?

Galaz tiene una intuición, no hace caso a nadie y parece movido por una voluntad ajena. Según se va acercando al brazo meridional del transepto, se eleva el canto de las cabezas pétreas, otra vez el Tribularer. La catedral está de su parte, del bando del Amor.

Al llegar al brazo del crucero es como si despertara de una hipnosis. Pregunta ¿dónde está Rodrigo?



Un crujidoespantoso, los portones baten, rechinan las verjas, la nave central agita sus piedras...La construcción no puede más, se derrumba el presbiterio, la girola y las capillas del ábside.

Las cabezas cantan: "Ego sum hostium...". Yo soy la puerta, quien pase por mí, será salvo. Eso es ¡la puerta! El portón del claustro aparece medio sepultado por los escombros.




Galaz ilumina lo que queda de la imaginería de la puerta, le quita la gruesa capa de polvo y telarañas. El desfile triunfal de Cristo ante las murallas de Jerusalén y su descenso al Limbo.





Al páter le cuadran sus interpretaciones, aquí aparecen las dos orillas. La vida y la muerte. Jesús en vida y Jesús ejecutado, todavía sin resucitar, que baja a los infiernos y rescata a los justos.¡Están salvados!

¿Y lo del bautismo del agua y del fuego? Ahí lo tiene, coronando la obra. Cristo recibe las aguas del Jordán, no necesita limpiarse del pecado, pero se deja bautizar por San Juan, para enseñar a los hombres el camino de salvación.



La cerradura ¿dónde está la cerradura? Estará bajo los escombros. Efectivamente, debajo de otro dedicado a San Pedro, buen augurio, aparece la anhelada cerraja. Todos a casa.

La llave se encaja perfectamente, dulcemente. Un golpe de viento se lleva los escombros y la llave se convierte en una lengua de fuego mientras la catedral brama como un toro estoqueado. El fuego que purifica y no abrasa.



¡España! ¡Les espera su amada patria, su familia y amigos! Talí llora, todos se abrazan y besan.

Formoso quiere homenajear antes, a los caídos en estas tierras. El páter le aconseja que se deje de tontunas y se dé prisa. Los cinco soldados desaparecen en un mar de fuego. Sólo permanecen ya Galaz y el sacerdote. Éste le pide que salte y pise antes que él. No, Galaz se queda...

Qué disparate, ha perdido la chaveta. No, el cabo sabe muy bien lo que hace. Aquí se queda porque aquí está Rodrigo, su amor.

El cura manco desaparece por la lengua de fuego, al grito de ¡"A favor del amor siempre!

Galaz mira un buen rato aquella quema, la catedral se calma,el enamorado se duerme entre los cascotes. Se asoma al claustro, ve los magnolios en flor y el firmamento.



¡En qué momento tomó aquella amorosa decisión! No lo sabe. Avanza por la calle de la Paloma.



Su silueta es la de un ángel, un ángel puro y dispuesto a salir hacia a las estrellas.




Un abrazo a todos los que pasáis por aquí y,uno muy especial, a Pedro Ojeda.


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, sigue en su extraordinaria documentación gráfica y comentario de la trilogía de Esquivias: el despertar en el Purgatorio, el descubrimiento de una nueva ciudad que parece la misma (no se le escapa la oportunidad de unir el Greco a Esquivias), la vida en el Burgos paralelo, hasta la topera del padre Talín y el final de la novela (no se olvida de ninguno de los aspectos esenciales)."

lunes, 28 de febrero de 2011

Padre Talí ¿cómo salimos de aquí? ¿Un enamorado dice?

Comentario a parte del capítulo "La puerta negra", del libro "La ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias, ediciones del Viento.

Nos ponemos el casco...

El fraile manco de la cogulla, el delator padre Talí, recordemos, es un "intruso" como los de la expedición, con ombligo y todo; colado en la del "Gran Rey" antes que el dantesco grupo, un huido del otro lado.

Los escombros cubren casi toda la catedral: pero Talí ha construido una topera, un estrecho pasillo formado por sillas de coro, balaustres y ricas columnas arrancadas de los dorados retablos. Toda una obra de arquitectura.





A través de él, pisando escombros catedralicios, se introducen los cuatro que pronto van a ser dos: Galaz, Garachana, Albiñana y Formoso. Van en misión de reconocimiento. Les moja la lluvia que cae desde las bóvedas caladas.



Al pasar ante los restos del retablo principal, Talí les advierte de que no hagan caso a los ángeles desnudos, los guardianes del sagrario. Si se les molesta pueden ser peligrosos.



LLegan hasta un "pequeño postigo enmarcado por profusa decoración plateresca". Es una puertecita casi negra situada, a un lado, en la capilla del Condestable, en la que no se suele reparar.



Tiene tallada la cabeza de un barbudo, con la boca abierta, como si fuera una rana, de esas en las que hay que colar monedas.





Laurel flores, grutescos...parece "la entrada a la alcoba de una condesa adúltera". ¿O es un apuntador del Tenorio , con concha y todo ?



Talí se la muestra como "la estrecha vereda", la que conduce a España. Le preguntan cómo lo sabe y el fraile les expone toda una tomadura de pelo. Que si el tema que eligió Villegas es el de la Presentación del Niño, el mismo que en la de los Condestables, cuyo retablo convirtió en leña...





Pero que ,si se fijan en la clave gorda del techo, verán al anciano Simeón recibiendo al niño. Tan elevada, rota y chorreando...no ven nada.



Sigue con su retorcida interpretación. El retablo convertido en leña era obra de Diego de Siloé, el que diseñó la Escalera Dorada. ¿Van atando cabos? La capilla de los Condestables es el panteón de los Velasco, también duques de Frías.









¿Y quién encargó la traducción de Dante? La duquesa de Frías. ¿Y quién construyó la capilla? Simón de Colonia, el cual trazó también el sepulcro del arcediano. ¿Ven? Todos en el ajo.



Galaz no está muy convencido, no sabe nada de esos ilustres citados, escruta la puerta y dice que no ve la cerradura. Camuflada está entre las barbas del San Pedro bocazas. Sigue Talí con sus argumentos: la cabeza es Jano, el dios de las dos caras. Aquí vemos una, la otra está al otro lado, en España.



Albiñana recuerda que Dante decía algo de las dos orillas y del "bautismo de fuego y agua". Talí lo encaja, se trata de una llave de oro que abre la negra puerta de las dos orillas, donde se nace a la vida por el fuego y por el agua. Pues...aquí tienen la concha para el bautismo. Y si abren , encuentran las llamas, seguro. El fuego les purificará como el agua del bautismo y todos para España.



Se oye un gran estruendo, la artillería del Gran Rey vuelve a atacar. Ya tienen fuego. Talí se disculpa por ir al grano, que le digan de una vez si alguyno está enamorado; que , si es así, ahora mismito pueden regresar.

Galaz , antes de que sus compañeros abran la boca, supone que alguno habrá con novia y todo, en el blocao. Mañana volverán con el resto del grupo. Tendrá que fiarse el manco, puesto que se necesitan mutuamente. Mañana todos en la catedral.


Aquí os espero, yo también, para acompañarles a pasar al otro lado. Con el casco, no lo olvidéis.

Un abrazo de María Ángeles Merino, uno muy especial para Pedro Ojeda.

viernes, 25 de febrero de 2011

Son “intrusos”, unos repugnantes “vivos”, “sacos de mierda ambulante”, con el ombligo intacto.



Comentario al libro "La Ciudad del Gran Rey", de Óscar Esquivias, relacionándolo con "Inquietud en el Paraíso", del mismo autor.

¡Un enamorado! ¿Dónde está? Precisan de él, para salir de la ciudad del Gran Rey. Pero el amor no abunda en la expedición que, tras atravesar la Escalera Dorada en llamas, se encuentra en un desconocido lugar parecido a Burgos.

¿Burgos? Sí, pero no. Las mismas calles, los mismos edificios, las mismas esculturas…Mas las calles viajan como si flotaran sobre un lago, los caminos de ida no sirven para la vuelta, las esculturas toman vida y sopa, las dimensiones se estiran, se estiran y la perspectiva es la de una hormiga.



Por el cielo vuelan frailes y grifos, arriesgándose a ser alcanzados por disparos de artillería. En las ruinas de los templos, ladran las gárgolas y montan guardia los castigados ángeles adolescentes, con cara de pocos amigos.



¿Cómo sobrevivir? ¿Cuál es la moneda oficial? No hay tal sino que se paga con muelas, propias o ajenas. Si no se dispone de efectivo, han de dejárselas arrancar con unas tenazas. Se mata por un rosario de treinta y dos "proserpinas".



¿Seguridad? No hay más protección que los orines de murciélago, para espantar con el mal olor, suponemos. Y en este remedo de la Cabeza de Castilla, no faltan la persecución y la muerte. Toda la expedición corre grave peligro. Son “intrusos”, unos repugnantes “vivos”, “sacos de mierda ambulante”, con el ombligo intacto. Eso sí, si son asesinados no será por odios personales ni políticos…



Además del Purgatorio general, cada uno vive el suyo propio, el que se ajusta a su personalidad y circunstancias. Los personajes son los de “Inquietud en el Paraíso”, con su realidad deformada, como tamizada en un espejo de feria. Abandonaron un Burgos provinciano, conservador y opresivo, inmerso en una guerra fratricida.



La ciudad que encuentran tras la Escalera Dorada es un lugar todavía más amenazante.

Rodrigo Gorostiza, Julián Bayona, don Agustín Garrús, los militares del blocao con Paisán, Garachana y Galaz a la cabeza , el doctor Albiñana, el redactor Gil Formoso, don Cosme Herrera…¿Qué encuentran tras los arcosolios?



Rodrigo Gorostiza, el adolescente seminarista, en busca de amor y de libertad. Podemos mirar el temblor de sus ojos. Del órgano de la catedral al piano de “El Rombo Altruista”, singular ONG, a las órdenes de una dantesca Beatriz que reparte sopa a las estatuas.



De aquel “tutti” que hacía temblar el rosetón al coro de lagarteranas. Un purgatorio con mucha zarzuela, qué infierno para un enamorado de Bach.



Mas Rodrigo, afortunado, tras ser herido, encuentra lo anhelado. Deserta y desaparece en aguas subterráneas…Tal vez la trilogía dé en tetralogía. ¡Quién sabe!



Julián Bayona, relojero independiente y sindicalista, felizmente liberado de las tinieblas de la ignorancia, brevísimo y entusiasta maestro de su sobrino Román. Ahora, tras la muerte de éste, cae en el pesimismo más amargo. Y termina sus días, con la garganta desgarrada, a manos, a boca, de su pariente alumno, convertido en muerto viviente. Tú, tío, tienes la culpa de que me fusilaran en Estépar…

Julián Garrús, masón, filántropo, catedrático de volapuk, financiado por los dólares de una marujil y bastarda sociedad filantrópica.



¿Cotilla o espía? Lo vemos optimista, ya no le persiguen los militares fascistas, qué alivio. A pesar de su odio a los derechistas, permanece en la enfermería militar, para cuidar a los heridos, sobre todo a Gorostiza. Una vez que éste se recupera, abandona a los “carcundas”. El filántropo se nos pierde en las páginas del libro y no sabemos más de él. ¿Se reunirá con el acuático Rodrigo?

Los militares de la Comandancia se instalan en el “blocao”, un ático camuflado en el pasaje de la Flora.



Muertes, fusilamientos y la búsqueda infructuosa de Sanjurjo…Aquel que descargaba su violencia sobre las prostitutas de la mancebía, el capitán Paisán, ahora comandante, muestra su crueldad, matando a quemarropa a un soldado, por guardarse unas pocas pesetas en el calcetín. Pero la melancolía acaba con su vida y asume la comandancia el sargento Garachana. Y menuda sorpresa se lleva éste al leer el mensaje de la paloma mensajera, la de Paisán. Le comunican que su misión queda desautorizada por el Generalísimo Franco.



Han de regresar o se les considerará en rebeldía. Les urge salir de allí.

El ya extravagante doctor Albiñana, con su bata camisón imprescindible, ha estado ejerciendo la medicina al servicio del blocao. Ha de disimular su condición de auténtico difunto. Cuando Garachana consigue conferenciar con el general Dávila en Burgos (el Mundo), se entera de que, en realidad, murió linchado en la cárcel Modelo, poco después del golpe.



¡No reparamos en el detalle de su aparición en una vagoneta de la Casa del Terror!



Al fin, descubrimos que su pretendido estreñimiento encubre que…no caga, como finado que está. A pesar de sus súplicas, un furioso Garachana comprueba su falta de ombligo y le dispara entre los ojos, matando… a un muerto.

El cabo Galaz, horrorizado, se le subleva. El sargento le apunta con el revólver pero el reportero Gil Formoso lo impide. El resto de los militares lo mata a navajazos. Galaz llora, rodeado de la gran mancha de sangre.

¿Y don Cosme Herrera, el origen de toda esta loca aventura? El Penitenciario permanece inconsciente.



Hay que suministrarle la Triaca de Silos, para que recupere la consciencia y les explique, siguiendo a Dante, cómo salir de la Ciudad del Gran Rey.

El maestro Ventura, un singular músico, director de un agonizante hospital, el que subcontrata a Rodrigo, consigue que la Millonetis Beatriz, la de la sopa, se lo proporcione…aunque el padre haya de morir envenenado unas horas después. Tal es su efecto.



El canónigo despierta y les interpreta las palabras de Dante. Espera que encuentren la salida del Purgatorio, mas él no les acompaña. Desea caminar a solas por la ciudad Purgatorio, hacer cuenta de sus pecados y elegir donde morir. Les bendecirá.

No todos salen, alguno se queda. La clave está en el Amor. ¿Un enamorado?

Sólo queda encontrar la salida, desde una catedral que se derrumba. En la próxima entrada. Traed un casco.



Un abrazo de María Ángeles Merino para todos los que me visitáis.

Uno, muy especial para Pedro Ojeda.