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| "El viejo rosal de nuestros amores volvía a florecer ..." |
Un sol demasiado fuerte , a pesar de octubre, juega entre tilos y chopos. En un parque, ante una rústica mesa, comienzo a leer las "Sonatas de otoño". Hojas secas, una ramita asoma curiosa entre dos tablas.
La portada del libro dice: "Sonata de otoño-Sonata de invierno, Memorias del marqués de Bradomín". Pertenece a la colección Austral, es una edición de Leda Schiavo y reproduce el texto de las últimas publicadas en vida del autor (imprenta Rivadeneyra, Madrid, 10 de marzo de 1933). Es un dato importante porque, según esta editora, Valle Inclán las reescribe repetidamente, constituyendo todas sus variantes un "apasionante palimpsesto...que fascina a los críticos con lo que parece un perpetuo movimiento".
Este ejemplar conserva algunas anotaciones a lápiz. Lo compré hace unos años, no muchos, para echar una mano a mi sobrina, en un trabajo escolar. Es la vigésima sexta edición, con fecha de 9-XI-2000. ¿Tanto tiempo hace de eso? ¡No sólo la sonata es otoñal!
"Miedo, aristocracia, remordimiento, escrúpulos religiosos, imágenes sombrías y tétricas, pasión". Eso apunté entonces en una lectura rápida de las primeras páginas. Vamos a añadir algo más.
Concha, una mujer todavía joven, treinta y un años, aristócrata en una Galicia rural, feudal y lluviosa, escribe en una carta :"¡Mi amor adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!". Su destinatario, el narrador, la recuerda de memoria . Apenas leemos la primera línea de la novela y ya buceamos en el tristísimo reencuentro amoroso de la moribunda Concha con el marqués de Bradomín; ya sabéis: "un don Juan feo, católico y sentimental", aquel que Antonio Machado nunca fue.
En la lectura del redondo 2000, no subrayé esta frase clave : "El viejo rosal de nuestros amores volvía a florecer para deshojarse piadoso sobre una sepultura". Quince palabras hermosamente colocadas que contienen en sí el extracto de toda la obra.
Novela, prosa, prosa poética, prosa que quiere ser música, virtuosismo del lenguaje. ¿Qué mejor título que el de "sonata"? Y el protagonista narrador la interpreta en primera persona, con un ritmo muy pausado que sólo se acelera al dar rienda suelta a la pasión, al expresar los escrúpulos religiosos de Concha o los juegos y correteos de sus blancas niñas. ¿El marqués de Bradomín o el mismo Valle Inclán?
¿Cómo es Concha? La percibimos con colores desvaídos, los de una rosa marchita o el blanco de su camisón monjil. Mujer flor, mujer fantasma. Flor tronzada al final, cuando sus negros cabellos vuelen al suelo desmayados. Contradicciones, escrúpulos religiosos, así es Concha.
Xavier, el marqués de Bradomín, sabe que la bendición de la molinera es una cortesía servil y hueca. No la encontrará sana ni con los colores de una rosa. Pero él ama "locamente aquella boca dolorosa, aquellos labios trémulos y contraídos, helados como una muerta!".
Al llegar al Palacio de Brandeso, percibe una sombra blanca tras las vidrieras que le "saludaba agitando sus brazos de fantasma". Ha venido, ahora es feliz; mas "su boca, una rosa descolorida , temblaba".
Xabier la viste con "cuidado religioso y amante". Medias y ligas de seda de mujer seductora, túnica blanca monacal por encima, sepultando toda coquetería. Dos mujeres en una sola.
Ella, al recordar el pasado, ríe melancólica; aunque sus ojos brillen "con dos lágrimas rotas en el fondo".
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| Tomado de este blog. |
Aunque sus palabras estén "perfumadas de alegría", se desvanecen pronto en una queja. Su boca, "una rosa descolorida y enferma", palidece aún más y se desvanece . ¡ Él ama estas contradicciones!
Cubierto con "la onda sedosa negra" de su pelo, la besa con sus labios ,"ungidos de amor como de un bálsamo". Concha goza y se arrepiente: "¡Vete! Vete por Dios...Morir en pecado mortal...¡Qué horror!". Pero él sabe de sus escrúpulos religiosos.
La levanta en brazos como a una niña y juegan al "no te dejo ir". Y, después:
"... mis ojos reían sobre sus ojos, y mi boca reía sobre su boca... la llevé hasta la cama, donde la deposité amorosamente. Ella entonces ya se sometía feliz. Sus ojos brillaban y sobre la piel blanca de las mejillas se pintaban dos hojas de rosa... un poco confusa empezó a desabrocharse la túnica blanca y monacal...Abrí las sábanas y refugióse entre ellas. Entonces comenzó a sollozar, y me senté...consolándola. Aparentó dormirse, y me acosté."
Así es Concha, "tan bella, tan delicada, tan consumida, que mis ojos , mis labios y mis manos hallaban todo su deleite en aquello mismo que me entristecía". Él nunca la amó tan locamente como ahora, así lo confiesa.
Un abrazo para los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Pedro Ojeda dice en "La acequia":
"Mª Ángeles Merino comenta e ilustra el comienzo de la
Sonata de otoño y, en especial, la caracterización de Concha, con su entrega febril al Marqués..."