Comentario, muy a mi manera, de algunos capítulos de la novela "Riña de gatos", de Eduardo Mendoza, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
Mientras leo "Riña de gatos", mi vecino Milo busca la sombra y se refugia debajo de mi tumbona veraniega. Sigo contándote, amigo gato.
Dejamos a Anthony Whitelands a punto de sopapo en la taurina taberna, menos mal que un "benefactor" le saca de allí a tiempo. Y recordamos como termina, borreguilmente, en una casa de lenocinio, de las de paredes desconchadas.
Su acompañante le dirige. Ha de subir y preguntar por la Toñina, él espera abajo; pero antes es mejor que deje todo lo que le puedan robar, no por las honradísimas chicas sino por los taimados descuideros. Así lo hace, entrega dinero, documentación, reloj y pluma. ¿Parker?
Pregunta y se acuesta con una chiquilla guapa y algo esmirriada. Emerge satisfecho, baja y en el zaguán no hay nadie. Ya en el hotel, le asalta la sospecha de haber sido víctima de un timo. Recordemos que el tabernero llenaba continuamente el vaso.
Al día siguiente, bajo el "calabobos", piensa que ha de acudir a la Embajada. No hay más remedio. Sueña con un café y unos churros aceitosos, pero está sin blanca. Se refugia en el Museo del Prado, ración de Velázquez en ayunas, toca "Menipo".
Cesa la lluvia, a casa del Duque. ¡Qué desilusión! La colección no vale gran cosa: Madrazo, Regoyos y otros pintores españoles del XIX. Tal vez en una casa de subastas y en otros tiempos...El de la Igualada agradece su delicadeza, se hace cargo.
El pinturero del plumero es un hombre de treinta y pocos, bien plantado, distinguido. ¡Cómo se miran la soprano y el barítono !
Al inglés se lo presentan como marqués de Estella, sin su nombre, el de José Antonio Primo de Rivera; lo cual despista bastante al lector. A los españolitos que ya no cumplimos los cincuenta, nos choca esta imagen de señorito elegante y seductor, acostumbrados al fascista arremangado y mitinero. Franco, crucifijo y José Antonio, ¿os acordáis?
El duque tira de la lengua a Whitelands : "Todo lo que no sea Velázquez lo arrojaría a la hoguera. ¿O no?".
En ayunas, el vino le nubla el entendimiento y le traba la lengua. ¿Apasionado o erudito? Anthony se considera sólo un "estudioso", pero se dispara apasionadamente cuando el marquesito califica a Velázquez como "pintor dramático".
¿Dramático ? Nada de eso. "Distante, tranquilo, pinta como a desgana, deja los cuadros a medio hacer, rara vez elige el tema, prefiere la figura fija a la escena de movimiento; hasta cuando pinta el movimiento lo pinta estático, como detenido en el tiempo."
Detalle de la mano de Velázquez", en "Las meninas". ¿A medio hacer?
¿Y su vida personal? " No le interesó la política, no participó en intrigas palaciegas y prefirió ser funcionario a ser artista . "
Paquita, al oír todo esto, le desafía. Le lanza la idea de que ,"a fuerza de conocimientos" se ha apoderado de Velázquez y "lo ha moldeado a su imagen y semejanza". Le plantea la posibilidad de que el pintor llevara una doble vida, metido como estaba en la corte española, "un laberinto de ceremonias, falsedades y ocultamientos".
Y Anthony se rinde ante "una mujer hermosa" que le plantea un cuerpo a cuerpo. Lo reconoce, Velázquez es un enigma y nunca podrá resolverlo.
Sigo leyendo, leyendo esta premiada novela; paso la veraniega tarde , al aire libre, junto al gato Milo.
Otra vez a casa de la Toñina, cena de potaje sin moje , aterriza en la Embajada inglesa, allí saben algo de lo que se trae entre manos, un funcionario le devuelve lo que dejó al anónimo benefactor, demostrado: aquel hombre no era un ladrón, ahora dispone de parné, recibe una mensaje de Paquita, caña y ración de calamares, entra en el Palacete de la mano de Paquita a través de un corredor, de allí a un almacén lleno de bultos y ...
Como un bulto más, surge fantasmalmente el señor duque que le muestra "el cuadro que... ha motivado su viaje a Madrid." Nadie conoce su existencia, nadie debe verlo. Es un Velázquez insólito, Anthony no puede creer lo que está contemplando. ¡Otra versión de "La Venus del espejo"!
Y aquella noche soñé...soñé con don Diego de Silva y Velázquez, tal y como aparece en "Las Meninas".
Muy irritado, don Diego hojeaba la novela y decía algo parecido a esto:
¡Vive Dios! ¿Cómo es posible que esto haya sido dado a la estampa?
¡Que si no soy dramático, como lo era el gran Caravaggio! ¿Cómo puede dedicarse al dramatismo un retratista de la familia real? ¿Creen acaso que me quedaba tiempo para pintar sangrientas escenas? Dicen que el claroscuro de mis primeras obras, las sevillanas, recuerdan al maestro romano.
¡Que si dejé los cuadros a medio hacer! ¡ Ignorantes! A la pincelada suelta de mis últimas obras se llega después de muchas pinceladas apretadas. De mi aprendieron muchos pintores que vivieron muchos años después de mi muerte...
¡Que rara vez elegí el tema! En Sevilla lo decidía la clientela. En la corte, lo determinaba Su Majestad.
¡Que hasta cuando pinté el movimiento lo pinté estático, como detenido en el tiempo! Y citan al del príncipe Baltasar Carlos a caballo. Me dijeron que el heredero habría de mostrarse majestuoso, como el futuro Rey que nunca fue. Si le hubiera pintado esforzándose en sostener las riendas su gesto habría sido otro muy distinto. ¡Y el caballo estaba disecado! ¿Es que no se nota?
Príncipe Baltasar Carlos a caballo (Velázquez). Movimiento detenido en el tiempo.
¡Que pasé toda mi vida en la corte sin participar en las intrigas palaciegas! Las intrigas palaciegas en que intervine...algunas, esas forman parte de secretos que me llevé a la tumba y ahí siguen.
¡No! ¡No tuve roces con la Inqusición! Buen cuidado puse en ello. Fui buen cristiano y puse freno a mi lengua.
¿Funcionario o artista? Deberían conocer lo que me costó ocupar un lugar en la corte, un nido de envidiosos. En aquel tiempo un pintor era un artesano, nada más.
En eso sí estoy de acuerdo. Soy un enigma, así quise que fuera. Soy persona reservada. ¿Doble vida? Tal vez...
Me ha dolido mucho que entren en si soy buen o mal marido. Retraté a mi joven esposa, Juana Pacheco, en "La adoración de los Magos". Ella es la Virgen María, mi pequeña hija me sirvió de modelo para el niño Jesús. No la llevé conmigo a mis viajes a Italia por razones personales que no deseo explicar, hubo correspondencia entre nosotros, cómo no. No siempre se conservan las cartas ni quedan registradas.
¡El tema más espinoso! ¿A quién utilicé como modelo para mi "Venus del espejo"? Una prostituta, no, por Dios. Tampoco fue una amante del libertino don Gaspar Gómez de Haro, valido de Su Majestad. ¿La esposa de don Gaspar posando desnuda? No...y no lo voy a revelar. Sí, atravesé una tremenda crisis después de pintar ese cuadro. De hecho, no levanté cabeza, mi muerte no estaba muy lejos.
Lo reconozco, pinté más de una Venus. La que vuestras mercedes conocen, con las facciones difuminadas. La mitología es un buen subterfugio, tiene razón quien lo dice. Y otra, con las facciones claramente definidas, nada mitológica, mi amor...Me estoy ablandando. ¿Qué les importa lo que pintó un "mequetrefe" muerto y bien muerto? Ni polvo queda ya...
Me despierto al mismo tiempo que la figura velazqueña se deshace en polvo y desaparece. No contaré más de "Riña de gatos". el inglés se mete en un montón de líos, a causa del inédito cuadro. Todos le quieren matar, el tren será su salvación. Pero todo eso está en la novela y lo podéis leer.
¿Era falso el cuadro? Velázquez no me lo dijo, pero Mendoza sí lo dejó escrito.
¡Adiós Milo! Has sido un gran oyente, tal vez el próximo verano me siente otra vez a leer algún libro, frente al trigal de las monjas.
Adivinad dónde está Milo.
Un abrazo para los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Mª Ángeles Merino, tras comentar la opinión del inglés protagonista de Riña de gatos sobre Velázquez tiene un sueño en el que el pintor protesta y con razón.






































