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miércoles, 28 de diciembre de 2011

"Sonata de estío": solo rosas de Venus...


Comentario a mi lectura de las páginas 137 - 153 de "Sonata de estío", de Valle Inclán. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.


El de Bradomín y la Niña Chole, "ya dispuestos para la jornada de aquel día", se asoman a un sensual jardín. Junto al alegre saludo de los pájaros al sol, las húmedas albahacas lo hacen con una evocadora fragancia.

«Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos  y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas  habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora..."

¡No! eso no es lo que iba a  copiar, ahora no toca Quijote. ¿En qué estaría pensando? ¿En la fecha de hoy? Es este otro:

"Comenzaban los pájaros a cantar en los árboles del jardín saludando al sol... Las albahacas, húmedas de rocío, daban una fragancia intensa, casi desusada, que tenía como una evocación de serrallo morisco y de verbenas."



Pero la Niña Chole está triste. La cabeza sobre su hombro, un débil suspiro, los  ojos "lánguidos y brillantes" le acarician con "una mirada larga e indefinible". Deben separarse, su vida corre peligro, los criados podían irse de la lengua. Confiesa , con lágrimas en los ojos, haber cometido "el más abominable de los pecados"y  solo el Papa puede absolverla.

Irán juntos a echarse a los pies de Gregorio XVI, propone él, antiguo capitán de la Guardia Noble. No, replica ella, ha de ir sola; el pecado es solo suyo.

Gregorio XVI (1831 -1846)
Él nos deja con la boca abierta cuando propone cometer otro pecado igual, "por amor y por galantería". Ella le suplica que no diga eso, es un disparate, y explica:

"Yo era una pobre criatura inocente cuando fui víctima de aquel amor maldito".

 Él adivina, es "el magnífico pecado de las tragedias antiguas". Las relaciones incestuosas , como las  de Mirra o Salomé.


Y pone en sus labios "un beso de noble perdón". Dulcemente le dice " Todo lo sé. El general Diego Bermúdez es tu padre."

Conmovida, ella  oculta la cabeza en su hombro. Sus "labios temblaron ardientes sobre su oreja fresca nacarada y suave como concha de perlas".


La Niña teme  acompañarlo,  el general los mataría. Se enlaza a su cuello,  lee en sus ojos. Él los cierra  teatralmente, fingiéndose deslumbrado. Ella pregunta si la llevará consigo sin saber toda su historia. Y le asegura:

"Eres el único hombre a quien he querido, te lo juro, el único... Y, sin embargo, por huir de mi padre, he tenido un amante que murió asesinado".

Bradomín vive apasionadamente el presente y no desea saber "toda su historia", eso lo aplaza para cuando dejen de quererse, "si llega ese día". Bien sabe él que llegará.  "Tembloroso de pasión" , la besa  en "aquellos ojos sombríos" y en "aquellos labios sangrientos".


Las campanas tocan a misa de difuntos. En la iglesia del convento, ante el cadáver de una monja , tiene lugar un episodio con balas, cuyo protagonista es un bandido "plateado" llamado Juan Guzmán.


El de Bradomín lo defenderá sin conocerlo, solo porque "tenía el gesto dominador y galán" de un capitán del Renacimiento. Alguien que " mató siempre sin saña, con frialdad, como matan los hombres que desprecian la vida, y que, sin duda por eso, no miran como un crimen dar la muerte". Y, por supuesto, "también tenía una leyenda de amores".
El viejo marqués narrador admira los  rasgos aventureros y  donjuanescos del bandido. En su opinión, solo le faltó acabar sus días en olor de santidad, el broche final para un don Juan:

"Qué hermoso destino el de ese Juan de Guzmán, si al final de sus días se hubiese arrepentido y retirado a la paz de un monasterio, para hacer penitencia como San Franco de Sena!"


Después tornan a Veracruz y embarcan en la fragata Dalila. 


Hay una partida de naipes a bordo. Bradomín gana a los tahúres "jarochos" , hasta el momento en que su mirada se cruza con un "adolescente taciturno y bello"que atrae la atención de la Niña y provoca sus celos. Alto, rubio, blanco, con ojos azules"...y al mirar entornaba los párpados con arrobo casi místico". ¡Y , además, el muy eslavo consigue burlar a los jarochos ganando setecientos doblones!



La Niña Chole, reclinada en la borda "apartábase lánguidamente los rizos que, deshechos por el viento marino, se le metían en los ojos, y sonreía al bello y blondo adolescente". El marqués palidece de celos y de cólera, mata con la mirada.
La Niña  se le cuelga del brazo "como una gata zalamera y traidora". Él se muestra altivo, ella le clava los ojos "con tímido reproche". Le besa celosa; le pregunta si está triste, si está enojado. Se cuelga de sus hombros e intenta el chantaje emocional:

"Ya no me quieres! ¡Ahora qué será de mí!... ¡Me moriré!... ¡Me mataré!... Y sus hermosos ojos, llenos de lágrimas, se volvieron hacia el mar donde rielaba la luna. "

Con voz "apasionada y contrita" murmura un "perdóname". Él contesta que no hay nada que perdonar. Ella se sonríe , aliviada, y deshace el malentendido:

"Estás enojado conmigo porque antes he mirado a ése...Como no le conoces, me explico tus celos."

Y contempla, con asombro, al "blondo adolescente" conversando alegremente "con un grumete mulato", al que luego asirá por la cintura. La Niña le confirma  "con picaresca alegría"; así es, le habré sonreído unas tres o cuatro veces. El rubio ni caso, seguramente le conmueve más una sonrisa masculina, la del marqués mismamente.

Él sonríe y le advierte que debía tener celos , que "puede sacrificarse a Hebe y a Ganimedes". La alusión mitológica tal vez no sirva de mucho a la Niña, seguramente desconoce que  " Zeus hizo a Ganimedes su amante y copero, suplantando a Hebe.

Zeus y su copero Ganimedes.
De repente se entristece, no creo que la causa sea  la ignorancia mitológica de la criolla. Y medita y afirma amar "a los clásicos casi tanto como a las mujeres". Es "la educación recibida en el Seminario de Nobles".  Oímos la voz del viejo marqués meditando en torno a  sus amados clásicos y a la homosexualidad. Aquellos primeros lectores  se escandalizarían al leer lo de "Aquel bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas..." La burguesía quedaría impresionada.

Siguiendo al "amable Petronio", lamenta que " los siglos hayan hecho un pecado desconocido de las divinas fiestas voluptuosas". Que ...las sombras de algunos escogidos ...renacen el tiempo de griegos y romanos... los efebos sacrificaban ..." ¿Cómo se atrevió Valle Inclán a escribir esto en 1903?




Por si fuera poco escribe: "El cielo, siempre enemigo..." Y el enemigo dispone que "sólo las rosas de Venus floreciesen en mi alma". Envejece y eso le desconsuela, considera que debe ser grato ahora "penetrar en el jardín de los amores perversos."

Sobre su alma han pasado todos los pecados, todas las virtudes. Ha conocido todos los dolores, todas las alegrías. Todas las fuentes, todos los caminos. Fue amado de las mujeres. Sólo dos cosas  han sido misteriosas para él: el amor de los efebos y la música de Wagner.

Solo rosas de Venus...

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":


"Mª Ángeles Merino comenta el inicio de la relación del Marqués con la Niña Chole: ni el jardín, ni los pecados ni los rizos se le escapan, aunque está a punto de hacer quijoterías. Allí encontraréis también a una Abejita aficionada al juego y peligrosa..."