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miércoles, 3 de julio de 2013

Cipriano Salcedo se va haciendo adulto. Erasmista, abnegado, huérfano, estudioso y enamorado.


"El hereje" junto al Arlanzón que busca al Arlanza y al Pisuerga.


Comentario en torno a parte de la novela "El hereje" de Miguel Delibes, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

En la entrada anterior, dejamos al joven Cipriano Salcedo, en su colegio, muy interesado por la polémica creada en torno al gran Erasmo de Rotterdam, en el ambiente del Valladolid que vivió la Conferencia de teólogos sobre Erasmo, en 1527.

"Lutero se ha criado a los pechos de Erasmo" proclamaba el padre Arnaldo.
"Erasmo de Rotterdam era exactamente el reformador que la Iglesia precisaba" sostenía el padre Toval.

"Esta distinta apreciación de las ideas erasmistas, que era la que dividía a los adultos, acabó imponiéndose entre los alumnos que una semana antes ignoraban incluso la existencia de Erasmo".

Y en Cipriano se impone...Y unos años después, lo recuerda y hay alguien que recoge ávidamente sus palabras, Pedro Cazalla, el párroco de Pedrosa, el hermano del doctor Agustín Cazalla, aquel que fue capellán del Emperador y que será...Salcedo, ya adulto, lo revive con nostalgia, ante la extrañeza del cura:

-"Yo fui en tiempos un aguerrido erasmista...

-¿De veras le ha interesado a vuesa merced Erasmo alguna vez?

-Entiéndame, Padre. Le estoy hablando de mi infancia, de la Conferencia sobre Erasmo. En mi colegio se formaron dos bandos y yo pertenecía al de los erasmistas. Y, aunque ninguno de los grupos sabíamos quién era Erasmo, llegamos a pelearnos por él"


Pero el culto párroco atrapa a Erasmo en la conversación con el rico comerciante lanero y, entre estorninos pintos y estorninos negros, le pregunta por el centro donde se educó. La respuesta: el Hospital de Niños Expósitos, el padre Arnaldo, el padre Toval que "creía en la buena fe del holandés"...

Pedro Cazalla se sincera: "Aquellos fueron días de esperanza. El Emperador estaba junto a Erasmo...Ayer Erasmo era una esperanza y hoy sus libros están prohibidos. Nada de esto es obstáculo para que algunos sigamos creyendo en la Reforma que proponía. Quizá sea la única posible. Trento no aportará nada sustancial".


En las siguientes visitas a Pedrosa, Cipriano se ocupará de la plantación de pinos albares. Y Pedro Cazalla le llevará a cazar el perdigón y sembrará en él  otro tipo de semilla...la de aquello que en Trento proclamarán como  "herejía".


Volvamos a las controversias sobre Erasmo que pillan a nuestro pequeño hereje todavía en el colegio. Delibes nos pinta magistralmente una ciudad inmersa en una discusión teológica que roza con los dedos la temida herejía:

"La villa, cuna de la Conferencia, se dividía, discutía, se acaloraba y, en la Plaza del Mercado, junto a los puestos de hortalizas, al lado de la gran tertulia popular, se improvisaban otras de intelectuales gesticulantes y excitados."

Los erasmistas refutan brillantemente la proposición de los frailes sobre el libre albedrio y las indulgencias, que si la Biblia, que si los Santos Padres, bla, bla, bla. En esto estaban cuando Valladolid se despierta sobresaltada por una preocupación mucho más carnal e inmediata: la peste bubónica. Las temidas landres o bubones brotarán en cuellos, axilas e ingles. En cuatro líneas, el escritor da un volantazo y nos lleva desde "la discusión quedó decidida" a "un criado.. herido de una seca de pestilencia".

 
La pluma de Miguel Delibes nos ofrece un reportaje magistral, de tono periodístico,  sobre la peste de 1528, en Valladolid. 

"En pocas horas, en las esquinas de las calles, florecieron hogueras donde se quemaba tomillo, romero y flor de cantueso...aunque las gentes caminaban desde días tapándose la boca con el pañuelo"

"El Concejo ...echó mano de los dineros de las sisas del vino y el pan...Publicó después un bando exigiendo limpieza en las calles, prohibiendo comer melones, calabazas y pepinos...organizando la atención médica, botica y alimentos para los pobres...los ricos...abandonaban furtivamente la villa..."

"La ciudad se organizaba para un largo asedio y un breve del Papa Clemente VII ponía fin sine die a la famosa Conferencia...la Corte se trasladó a Palencia y la Chancillería a Olmedo"

La enfermedad se extiende: médicos, curas y enterradores no dan abasto. Los cadáveres se amontonan  en los atrios de los templos. El Concejo funda nuevos hospitales y moviliza a los colegiales de los Expósitos; son casi unos niños, pero al ser huérfanos no hay reclamaciones familiares. Así que entierran, trasladan y vigilan el aislamiento de la villa; incluso clavan tablas en las puertas de las casas infectadas.

Y Cipriano se especializa en "la delicada tarea de separar las tejas de los tejados para dar de comer a los emparedados". Se desplaza "con el carro del colegio, tirado por Blas, el borrico rezno". Reparte bolsas de comida y establece controles entre los inmigrantes de las barcazas, el muchacho actúa ya como un adulto: "les exigía informes sobre su procedencia o sobre el estado sanitario de los pueblos del trayecto y los conducía, acto seguido, a un lazareto allende el río".

Un burro con carro, como Blas
 
Las expulsiones no arreglan nada, crece la avalancha de menesterosos y crece la peste. Se atraviesa  el Pisuerga en barca, a nado o por los vados.
 
Un día, en la última fase de la epidemia, Ignacio Salcedo, su tío, se presenta en el colegio. Viene a despedirse de su sobrino, se desplaza a  Olmedo con la Chancillería. Le comunica también que su padre, el terrible don Bernardo, padece la peste, "con el cuerpo cubierto de landres abiertas, purulentas". No ha de visitarlo; pero sí acompañarlo con los expósitos, en caso de óbito. A Cipriano no le entristece la noticia , "ni una brizna de amor por su padre". Sin embargo, llora cuando transporta el cadáver de su compañero Tito Alba. Aquí, se da la vuelta a un  tema, la orfandad, muy de Delibes. Recordamos que:
 
 
Don Bernardo entrega su alma, por fin entrega algo,  y su retoño " ayudó... a meter el cadáver en el coche y a atarle y, luego, le acompañó en silencio, con la antorcha encendida, escuchando las salmodias del coro".
 
Un muerto más. Asiste al funeral y , con aquello  de "Libera me, Domine, de morte aeterna", Cipriano divisa a Minervina. Trata de acercarse a ella pero ha de salir para entonar la letanía alrededor de la fosa.  Cuando terminan, Minervina ya se ha marchado.


 
El huérfano no tiene tiempo, durante los meses siguientes, tan atareado está, para reflexionar acerca de su orfandad y liberación. Por fin, la peste remite y un día de primavera aparece el tío Ignacio en el colegio. Le felicita por su comportamiento y le propone doctorarse en leyes. Vivirá en su casa hasta la mayoría de edad. Cipriano acepta.

La vida en familia le resulta "poco confortadora", echa de menos la convivencia con sus compañeros. Su tía, Doña Gabriela se desvive por atenderle, un día le pregunta si no echa en falta a Minervina, Cipriano asiente.


Por otro lado, la casa de su tío "alentaba a Cipriano. No era como cabía pensar, la casa pretenciosa de un gran burgués sino el refugio atractivo y sereno de un intelectual". El muchacho va a pasar muchas horas en su biblioteca, en compañía de Juvenal, Salustio, o la Iliada. Y descubre "el placer de la lectura, el acto íntimo y silencioso de desflorar un libro". Este último verbo...tal vez suene un poco extraño hablando de libros; sus razones tendría don Miguel, tal vez nos esté insinuando otros apetitos no intelectuales de Ciprianillo.


Cipriano encaja con su nuevo preceptor y sus progresos son notables en latín, gramática y leyes. Olvida "el temor al tabique", don Bernardo ya no está allí, tranquilo.

Una mañana recibe una sorpresa: "...se encontró en el salón con Minervina. Conservaba la elasticidad de cuatro años antes, la misma viva cintura, el mismo cuello largo y delgado, y la misma boca, de labios gruesos. Doña Gabriela la escoltaba sonriente y Cipriano no supo qué hacer, ni qué decir"

Minervina toma la palabra, le dice que se está haciendo un hombre y eso le apena. Pasan los días y se alza entre ellos "una barrera de pudor". Hasta una tarde de jueves, sus tíos han salido y las compañeras de Minervina también.

"...los pequeños pechitos apenas insinuados en la saya de cuello cuadrado, experimentó la misma atracción imperiosa e ingenua que sentía de niño"

 
Minervina desfallece al notar los pechos en los cuencos de su manos: "Oh, tesoro, no seas loco!"

Los sentimientos de Cipriano se desbordan: "Te quiero, te quiero, eres la única persona a la que he querido en mi vida". Minervina sonríe aturdida, se entrega, retozan, se abrazan, se besan, ruedan por la alfombra. Pero Delibes  señala con una exquisita delicadeza: "el muchacho advertía que un nuevo elemento había entrado en su relación". Al día siguiente, confesión con el padre Toval:

"-H...he yacido con mi nodriza, padre, con la muchacha que me amamantó"

El padre lo reprende, "es casi como yacer con la propia madre".


La cabeza de Cipriano da vueltas a su confesión. El padre Toval no puede entender su relación con Minervina y , si no la puede entender, no puede juzgarla.

El jueves siguiente, "se refugiaron el uno en el otro como la cosa más natural del mundo". "La tomó hasta tres veces y, al concluir, experimentó como un hastío de sí mismo, pensando que estaba prostituyendo a la muchacha. Le constaba su amor, la pureza de su inclinación hacia ella, pero, detrás de todo, no dejaba de ver la sórdida aventura del joven amo que se aprovecha de la criada".

En la obra de Delibes hay muchas tatas de pueblo, como la inolvidable Desi de "La hoja roja", pero no recuerdo, en ninguna, un amor así entre el señorito y la sirvienta.


 Cipriano se busca otro confesor que, ante su falta de arrepentimiento, no pude absolverlo. Es terrible, para un atormentado como él, quedarse sin absolución.


Pero los jueves se convierten en el día de la cita obligada de los amantes. "Era un encuentro inevitable y, con el sexo añadido, la viva reproducción de las expansiones de antaño entre el niño y la nodriza". Se hablan de sus cosas y Minervina dice algo muy significativo: "tú eres como el hijo que perdí, tesoro mío". ¿Qué confesor podría comprender algo así?

Las relaciones duraron cuatro meses; pero un jueves doña Gabriela regresa inesperadamente y los descubre apareados, desnudos en la cama, no entiende nada.  Expulsa a Minervina con estas palabras:

"Ha abusado usted del niño y de mi confianza, Miner; ha deshonrado esta casa y nos ha deshonrado a todos. ¡Váyase y no vuelva más!"

Minervina, culpable por pobre y por mujer, toma la galera de Santovenia y desaparece de la vida de su "Niño".

De los catorce años a la mayoría de edad de Cipriano  nos dice poco don Miguel, se doctora en Leyes y nada más. Después buscará a Mina y se asentará económicamente. En el primer objetivo, fallará. La "herejía" le proporcionará una solución  a sus remordimientos, pues basta con la fe en Cristo. Será una solución para su amor por la nodriza y su desamor hacia la esposa Teo.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

 

lunes, 21 de junio de 2010

Por fin mi padre se ha caido del burro...


Foto de la exposición "Caminos", en el Consulado de Mar, en Burgos.

Ele Bergón, mi amiga Luz del Olmo, dijo:

Hola troncos:

Por fin mi padre se ha caido del burro, o mejor, se ha vuelto con él.Es decir, que se ha dado cuenta de que cuando pruebas otras cosas nuevas, te percatas que las antiguas no eran tan malas. Aunque soy muy joven, alguna experiencia tengo en ello.

Ya me parecia a mi que mi padre no tenia ni idea donde se encontraba-"que el nunca se puso a averiguar, si era ciudad, o villa o lugar lo que gobernaba-" a mi eso de la insula es que nunca me sono bien.

Lo que son las cosas, resulta que en el camino se encuentra con el padre de la Fatima, la chica del verano pasado que me molaba cuando ibamos a la piscina. No la llama asi, pero yo os digo que ella me dijo que se llamaba Fatima. Y gracias que se encuentra a este vecino que pudo ser mi suegro, porque este peregrino o lo que sea y sus compañeros, le han dado bien de comer y de beber. ¡Que bien se lo ha pasado con ellos! y cuanto me alegro ¡Por fin, por fin, ha dejado de ser gobernador!

Parece que El Ricote le esta contado toda su historia de inmigrante. Oigo algunos de mis amigos, hablar mal de ellos, pero habria que verlos a esos que protestan, en su situacion.

Otra vez el Ricote le quiere liar con el tesoro. Menos mal que ya ha aprendido y lo que quiere es volver con el Alonso, porque ya se sabe que " Mas vale lo malo conocido que lo bueno por conocer".Aunque no se si esto siempre resulta ser asi o no.

Bueno coleguis, definitivamente repetire curso otra vez y es que nunca crezco.

Choque de manos

El Sanchico


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega inicia su comentario del capítulo (en el que no falta su pesar por Curry y desde aquí le mandamos un fuerte abrazo) ilustrándolo con imágenes de peregrinaje burgalesas para hablar del encuentro de Sancho. Después, publica la nota del Sanchico -gracias a Ele Bergón-, que se alegra de que su padre se haya caído del burro además de dar cuenta de sus amoríos de verano -de los del mozo, no de los padre."

Abejita de la Vega contestó en el mismo blog:

Cervantes tiene aquí la osadía de mostrarnos que no todo es blanco o negro, que hay matices, en esa España de falsos peregrinos que explotan una falsa devoción. Soñaba una utopía, tal vez.

Me ha encantado tu confesión de lector a lector. Aunque en tus entradas siempre leo a un lector,buen profesor y buen universitario, pero lector. Y de frío , nada. No seguiría yo aquí, ni hablar.

Gracias por tu mención a mi perrillo.A Curry le encantaba estar a mi lado mientras le daba a la tecla, no sé qué música captaba él en el ruido del ordenador. He escrito tanto a su lado...

Completé el comentario, con más esfuerzo del habitual y me sirvió de terapia, como otras ocasiones en que lo he pasado mal. El valor terapéutico del Quijote.

Un abrazo, Pedro.

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0rbzoV29z
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viernes, 27 de noviembre de 2009

El "primo" nos cuenta lo que contó el de las lanzas.



El burrito de Isar (Burgos) saluda a los visitantes de este blog. Vuestras mercedes me conocen de este verano. Recuerden: fui una hacanea. Ahora soy un asnillo que acabó sus días comido por los lobos. Pobre.

Primera parte del comentario al capítulo 2, 25 del Quijote titulado "Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino"

Publicado en "La acequia".



Sigo siendo el primo del señor licenciado,aunque en este capítulo sólo sea espectador. Alguien decidió convertirme en narrador y aquí me tienen, otra vez, con mi visión humanista y libresca de los acontecimientos.

Don Quijote no se despega del transportista de lanzas y adargas. Impaciente, desea escuchar lo prometido. El hombre da de comer a su jumento y sólo pide, muy cortésmente, que le dejen acabar con su tarea. Nuestro andante caballero se presta a mancharse sus hidalgas manos, en serviles tareas, tan impropias de su condición social. Ahecha la cebada y limpia el pesebre.

Tanta humildad ablanda al hombre que, instalado en el poyo, a modo de tribuna, nos va a relatar las maravillas prometidas, yendo de camino. Don Quijote, Sancho Panza, el paje, el ventero y yo vamos a ser su “senado y auditorio”.

Comienza con ese “sabrán vuestras mercedes” tan manoseado y equivalente a “vuestras mercedes desconocen absolutamente”. ¡Qué desilusión! Nos despliega lo acaecido en una aldehuela, distante cuatro leguas y media de la venta. Lanzas, alabarda…nuestra imaginación ya veía a los Tercios Viejos, de incógnito por la Mancha, con un don Lope de Figueroa al frente. Y no digamos lo que veía la imaginación de don Quijote.

Sucedió que le faltó un asno, aun regidor del pueblo. Parece ser que fue por una criada engañadora, pero eso es largo de contar y no lo cuenta.Hacía ya quince días de la desaparición del borrico cuando otro regidor le dio albricias porque su jumento ha aparecido. El “perdidoso” prometió dárselas muy buenas, si le indicaba dónde. Le contó que lo vio en el monte, flaquísimo y desnudo, que intentó traerlo pero huyó despavorido; así que decidieron patear juntos el monte para agarrar al montaraz animal. No lo hallaron y al segundo regidor se le ocurrió repartirse el monte para buscarlo, comunicándose con un rebuzno, rústica habilidad que ambos dominaban. El animalito respondería al oír a unos compañeros y ...si son compañeras borricas, mejor que mejor.

Pero sucedió que, al rebuznar casi a la vez, cada uno pensó equivocadamente que el asno había respondido. Acudieron a buscarse y, al verse, se alabaron mutuamente los rebuznos, concediéndose recíprocamente el título de perito rebuznador. Decidieron dividirse otra vez, con la contraseña de rebuznar dos veces, una tras otra. Rodearon todo el monte, con el roznido doblado y nada…hasta que lo encontraron comido de lobos. ¡Demasiado tarde!

Tras el hallazgo, vuelven a echarse flores en relación con la calidad de sus rebuznos. Con el gaznate hecho polvo volvieron a su aldea, donde les faltó tiempo para relatar, con abundantes hipérboles, lo sucedido.

Y desde allí se extendió por los lugares circunvecinos y ahí aprovechó el Maligno insomne y enredador, para sembrar discordia y enredar. Así que, en cuanto los lugareños divisaban a algún paisano de los regidores, les faltaba tiempo para entonar un rebuzno.

Gracias a los mozuelos, cundió tanto el roznido que perdieron el gentilicio y dieron en ser los del rebuzno, algo así como "rebuznenses" o "rebuzninos". Y llegó a tanto la burla que, con armas y en escuadrón, batallaron los burlados contra los burladores. Pensaba yo que a estos villanos les bastaba con una buena “sopa de arroyo”, guijarro va, guijarro viene…

Mas no, que el de la carga lleva compradas lanzas y alabardas para la campaña contra los de otro villorrio distante dos leguas. Y, con estas maravillosas maravillas termina el hombre su plática.

Tengo costumbre de sacar provecho a todo lo que me relatan, no doy puntada sin hilo. La historia de los rebuznadores no cae en saco roto, me puede servir para un libro titulado: “Motivo de pendencias entre rústicos”. Ya compuse, en su día, un volumen analizando las causas de conflicto armado entre las naciones, desde la Antigüedad. No hay gran diferencia entre unas y otras, si las analizamos con detenimiento. Un gran humanista como yo ve las similitudes en los comportamientos humanos.
(Continúa)

jueves, 13 de agosto de 2009

“...que es tan verdad que son borricos, o borricas, como yo soy don Quijote y tú Sancho Panza; a lo menos, a mí tales me parecen”



¿Y es posible que tres hacaneas, o como se llaman, blancas como el ampo de la nieve , le parezcan a vuesa merced borricos?

Como en este capítulo los burros, desempeñan un importante papel, pongo aquí a este burrito, natural de Isar (Burgos).¿O es una hacanea?

Comentario al capítulo X del Quijote, segunda parte. Publicado en http://laacequia.blogspot.com/

Al comenzar el capítulo, se dirige a nosotros el morisco Cide Hamete. Se muestra miedoso y receloso, teme que no le crean, tan grandes son, aquí, las locuras de don Quijote; pero nos asegura que ni quita ni pone nada, tal es la verdad que siempre flota por encima de la mentira.

Don Quijote queda emboscado y manda a Sancho volver al Toboso. Y que no vuelva a su presencia, sin haber hablado con su señora, a quien pedirá que se deje ver de su “cautivo caballero” y le bendiga.

¡Vaya encargo, Sancho! ¿Cómo vas a salir de ésta? Y a la vuelta tienes que darle todos los detalles: cómo te recibe, si se pone colorada, si el nombre la turba y la perturba, si la almohada de su estrado no para quieta, si la parte que descansa encima de la almohada también está inquieta, si apoya un pie u otro, si te repite la respuesta, si cambia el tono, si se atusa los rizos…

¡Qué palabras tan tiernas para levantar el ánimo del viejo hidalgo! Le dices:”ensanche vuestra merced, señor mío, ese corazoncillo, que le debe de tener agora no mayor que una avellana”. El tuyo, tu corazoncillo, no es malo… Y desgranas el rosario de refranes al pelo, siempre dispuestos. Le aseguras que, de día, hallarás el palacio, saltará la liebre.

Dejas a tu triste amo y cuando ya le has perdido de vista, te apeas del jumento para iniciar tu soliloquio, a la manera de los pastorcillos literarios. No vas a buscar algo sencillito, esta vez no has perdido ningún burro. Ay, que este Cervantes se ríe de él mismo. Debes llevar a cabo la ardua empresa de hallar a la “princesa “Dulcinea y hablarla en nombre del famoso caballero que “desface tuertos”.

Lo habéis confesado ambos: ni tu amo, ni tú, la habéis visto jamás. A estas alturas ya sabes que el único palacio habitable para tan irreal dama es la imaginación de tu don Quijote. Mas tus costillas doloridas no quieren ser machacadas por tobosinos recelosos que, garrota en mano, se puedan plantear qué querrá éste que viene preguntando por nuestras mujeres. Eres el mensajero sin culpa, como los de esos romances que tú sabes, pero haces bien, no te fíes. Deja al demonio en paz y piensa.

Tu amo es un loco de atar. Ya está, lo has soltado, te habrás quedado a gusto. Y reconoces que tú mismo participas en su locura, siguiéndole. Y, quién dijo que eras un mentecato… Piensas que, si para tu amo, los molinos eran gigantes, las mulas dromedarios, los carneros soldados…no te sería difícil hacerle creer que una labradora sea la señora Dulcinea. Y si no lo cree, insistirás y terminará por echarle la culpa a algún maligno encantador que lo muda todo. Mira por dónde, en este capítulo, el sabio encantador vas a ser tú, ya nos lo indica el título, tú vas a encantar a Dulcinea.

Loco no sé, pero cuco…Esperas hasta la tarde que si te presentas ahora, aunque parcialmente loco, no se creerá que has ido y has vuelto. Pasan las horas. Ya puedes volver. Pero ¿qué ven tus ojos? ¡Qué idea! Vienen hacia ti tres labradoras, sobre sus pollinos o pollinas. ¡Ya tienes a Dulcinea con toda su corte principesca!

Deprisita vas hacia donde dejaste a tu señor. Suspira, se lamenta mas tú le confortas: este día estará marcado con la V roja de la victoria. Sólo tiene que salir al raso y verá a la mismísima Dulcinea con sus dos doncellas, cubiertas de oro, perlas, diamantes, rubíes, brocados…los cabellos al viento y montadas en unas “cananeas remendadas”…

Don Quijote te promete, en premio, por la buena nueva, el mejor despojo que gane en la primera aventura o las crías de tres yeguas preñadas. Te atienes a las crías, que lo de los despojos no lo ves tú muy claro, ya sabes tú que, aparte de la leña, poco se saca en limpio de esas aventuras…y no siempre se encuentra una maleta como la de Cardenio.

Pero tu señor sólo ve a tres labradoras montadas en borricas y ahora eres tú el sabio Frestón que ha de realizar el encantamiento. ¿Borricos dice vuesa merced? No, tres hacaneas blancas como la nieve. Abra bien los ojos y venga a hacer reverencia a la señora de su pensamiento. Y te apeas de tu jumento, te arrodillas ante ella y ¡cómo hablas ahora Sancho! “Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza…” ¡Esto es el Reino del Revés!

Tu asendereado amo también se pone de hinojos, con ojos desencajados mira a la moza carirredonda y chata, se ha quedado sin habla. Las aldeanas pasmadas contemplando a los dos de rodillas, hasta que la detenida les pide, en un falso lenguaje rústico, que se quiten de en medio, que tienen prisa.

Y sigues asombrándonos, Sancho, dirigiéndote a la “princesa y señora universal del Toboso”, que si su magnánimo corazón, que si la columna de la caballería…Y otra de las labradoras que exclama no sé qué de la burra de su suegro y se queja de estos señoritos que se burlan de las aldeanas. Os invita a que sigáis vuestro camino, como aquellas serranas del marqués poeta.

Don Quijote te pide que te levantes, se da por vencido, la fortuna no le permite ningún contento. El maligno encantador ha mudado el rostro sin igual de Dulcinea en el de una labradora fea .Y, cuando se dirige a ella con dulcísimas y caballerosísimas palabras, la contrahecha aldeana le manda a paseo con sus rústicas exclamaciones, no sé qué de su agüelo…Las dejas ir y no sabes cómo disimular tu contento, qué bien has salido de ésta, pillín.

La que hizo de Dulcinea pica a su burra con un aguijón y el animalito, agobiado, se arquea y la tira al suelo. El amante caballero va a recoger a su dama -labradora y tú a recoger la albarda -silla de montar. Mas ella ya sabe lo que hacer en estos casos, coge carrerilla y, de un salto se sube a la pollina- hacanea, montándola a la jineta y haciéndola correr más que el viento. Al verla, te acordabas de los famosos jinetes cordobeses y mexicanos. Y sus compañeras no se quedan atrás. Menudo cuadro cómico.

El de la Triste Figura está más triste que nunca. Los encantadores le quieren tan mal que le privan de ver a su señora tal y como es. Proclama que nació para ser el blanco de las desdichas. Incluso le han privado de lo que es tan propio de las señoras principales: su buen olor. Hay que ver qué peste a ajo llevaba la saltarina.

Ahora te toca a ti echar las maldiciones a esos encantadores. Exclamas que quisieras ver a esos malintencionados ensartados , como sardinas espetadas. Para consuelo de tu amo le das un repaso a las partes que componen su belleza: los ojos de perlas trocados en agallas, los cabellos de oro en cerdas, sus facciones de buenas en malas…Pero rectificas, no si…tú nunca viste su fealdad, casi metes la pata. Y añades que, además de hermosa, poseía un lunar de los que puntúan mucho a la hora de calificar beldades: sobre el labio derecho, con unos siete u ocho cabellos rubios de más de un palmo…Muy largos nos parecen, y a nuestro hidalgo también. Pero le quedan muy bien esos pelillos ,se pueden hacer trenzas, que no puede haber nada imperfecto en la que es perfecta. Todo un experto en altas bellezas, te señala la correspondencia de ese lunar con otro en el muslo. ¡Qué atrevimiento el de vuesa merced!

Y, por último, te pregunta sobre la silla que él vio como albarda. Silla rica y cubierta que valía más de un reino, mira que eres exagerado, y don Quijote, compungido, se declara como el más desdichado de los hombres. Mientras , tú haces enormes esfuerzos para disimular la risa. Ay, Sancho…

Subís en las bestias y tomáis el camino de Zaragoza. Sucederán grandes cosas antes de llegar a vuestro destino.

Un abrazo para todos.
María Ángeles Merino.

Pedro Ojeda Escudero. dijo en este blog:
Vuelto tras unos días sin conexión.
Excelente tu perspectiva desde el pobre Sancho, que sale del apuro con mentira...
Y la foto: hacanea, hacanea.

Pedro: ya lo creo que es una hacanea blanquísima y esbeltísima.¿Quién dijo que era el borriquillo de Isar?
Lo de la conexión, ha sido el sabio encantador Frestón que nos tiene envidia...
Un abrazo .