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miércoles, 23 de septiembre de 2026

La flor del camino. ¿Qué le diera yo al otoño?

 





Platero y yo: 50 – La flor del camino.







Leo en mi viejo libro escolar y vuelvo a ser una alumna de la señorita Felicidad. Leo y pasan delante de mi pupitre " tropeles" y lo busco en el diccionario: abundancia y multitud de personas o cosas..

Flores del camino: amarillas, malvas o blancas, tiernas y débiles, pero siempre enhiestas. Por mi paseo de la ciudad, la Quinta o la Isla, los "tropeles" son otros, ni toros, ni cabras ni potros sino jubilados en grupo y en soledad, parlanchines o silenciosos, peregrinos de "buen camino", algún "atleta" aficionadillo y muchas sillas de ruedas empujadas por mujeres de probada paciencia. 


Las flores ahí, a un lado, sin vallados, a la espera del agua de la nube, la abeja, la mariposa...¿Por qué se levanta el pajarillo? Del animal de cuatro patas nada bueno puede esperar. Pisamos y rara vez miramos. Tropeles.


¿Tropeles? Por el campo, en la carretera a Palacios de Benaver, ayer, solo vi al águila y al aguilucho que  siempre se niegan a salir en mi fotografía. Ni un humano,  Vuelan guardando las distancias, alguna vez oigo su ruidito; los ratoncillos y conejos andarán bien escondidos, las flores pueden servir de escondite, junto al campo casi desnudo. Se salvaron de los herbicidas, escoltaron los cultivos y la carretera. El trigo cayó en el rulo de la cosechadora y espera el girasol. Tal vez pasen corzos, jabalíes, zorros, a beber al Ruyales...¿Tropeles? 


La flor del camino de Juan Ramón es una flor literaria, vive un día de primavera y, sin embargo, es eterna. Y el poeta le hace preguntas.


 
La niña María Ángeles se queda pensativa. Platero y yo no es un libro para niños, aunque se leyera en las escuelas. 

¿Qué le diera yo al otoño? 



María Ángeles Merino



Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.



miércoles, 26 de agosto de 2026

Peregrinos y el libro de una coreana. Han Kang.

 


Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Unos porque no ven el momento de pillar el albergue. Ay este Burgos que, a lo largo, no se acaba nunca: río arriba, un puente y otro puente, los picos de la Catedral parecen estar cada vez mas lejos. Menos mal que no hace calor. "Buen camino" les dicen y te contestan con una sonrisa débil. 

Los no peregrinos también se apresuran, hay que hacer músculo, la vida es un arduo camino, si no de Santiago de otros santos. Una mujer comenta a otra que tiene al lado: "yo no me rio nunca". Y  sentada en el pretil del río, la miro con un poco de lástima. Buena mujer, no diga eso.

He cogido un libro en la biblioteca, de la Nobel coreana Han Kang. Leí "La clase de griego" y "La vegetariana", duros y poéticos, bien traducidos, lo cual se agradece. Los comentaré por aquí. Un profesor ciego con una alumna muda. Una mujer que deja de coner carne y quiere ser árbol. Más o menos. Mucho más. 



Leo un poco de este otro: "Actos humanos". Una sanguinaria matanza, Mayo de 1980, una ciudad que se moviliza contra una dictadura militar, los muertos en una pestilente morgue y alguien que los busca. 



Ay, no sé si debo leer esto ahora. Pasa una peregrina con aspecto de coreana. Pasan muchos por el camino, les podría preguntar...Ay, María Ángeles, que va cansada, tiene prisa, no está para literaturas y no te entendería. 

Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Una peregrina me dice "hola",  al notar mi curiosidad. Mira mamá, qué simpática.

María Ángeles Merino Moya