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jueves, 20 de octubre de 2016

Queremos que vuelvan: "Carne fresca, se van a poner muy contentos".



Comentario sobre la novela Queremos que vuelvan de Miguel Ángel Santamarina, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Ya huele a otoño de verdad en el Paseo de la Isla y, entre hojas caídas y olor por fin a humedad, Queremos que vuelvan me revela un sorprendente final. Pero Dios me libre de destripar o spoilear una novela que espera todavía multitud de buenos lectores.

 Me lo anticipó alguien cercano al Club de Lectura: ya verás cuando llegues al final. No eché en saco roto la opinión de quien había pasado su vida en juzgados, un lugar donde se destapan muchas sinvergüencerías, como hubiera dicho mi abuela. Bueno, ni mi abuela de Riocerezo, ni la de Córdoba, hubieran podido imaginar tamaño tinglado de crueldades; pero el caso es que mi amigo letrado tampoco. ¡Y en la gente más principal!

¿La gente más principal? Los villanos de la novela nos resultan muy familiares, aunque sean ficticios.

Como Rodrigo Carrascosa, banquero de muchas erres, que se preguntaba cómo esconder pérdidas de mil millones, que antes todo se podía achacar a lo de Leman Brothers, pero ahora "la fusión y creación del nuevo banco, y después la intervención del gobierno para evitar el colapso de una de las entidades financieras más importantes del país" le había dejado con el culo al aire. "Políticos de medio pelo, asociaciones de izquierdas, periodistas tenaces...", había gente decidida a destapar y a medrar "en aguas turbulentas". Mientras apuraba el tercer whisky, "sopesaba  las posibles salidas" y se convencía a sí mismo: "él sabía demasiadas cosas", "nada que temer", sólo cosas buenas: "una jugosa indemnización por su despido", "un buen puesto en una gran empresa", "varios sillones en diferentes consejos". Dejaría el montante a buen recaudo en Andorra o las Caimán, "dispuesto para costear sus pequeños excesos".


¡El lector no puede ni imaginar la índole de los pequeños excesos de Rodrigo y sus amiguitos! 

Amiguitos como Jorge Esparza, la gran esperanza de su partido, el político más deseado. Todo se fue al garete "por sus excesos" y "su impúdica ostentación". Pasearse de la mano de una yonqui de diecisiete años por el centro, en una capital de provincias, era un gran error en un país como España, donde tan importantes son las apariencias. "Verónica se cruzó en su vida y su carrera política se esfumó". Esparza se convirtió en un árbol caído del que su rivales hacen cachitos y Gómez, el inspector Gómez, un policia corrupto, se le tiró a la yugular:

"En plena exploración de nuevos mercados para surtir a sus retorcidos clientes, vio en Esparza un buen proveedor de material. A través de Verónica, el ex político había tenido acceso a lo más granado de los bajos fondos de los alrededores de la capital".  

¿Material fresco para retorcidos clientes? ¿Material humano para fiestas?

En relación a la desaparición de Bruno y Mario, el periodista Javier Redondo hablará de fiestas muy exclusivas, en el reality televisivo de Lisandro. Conducido arteramente por el locutor, al que imaginamos como una mezcla de Nieves Herrero y Jorge Javier Vázquez, dará cuenta de la misteriosa información recibida a través del misterioso ex policia:


-El conseguir acudir a esas fiestas, a esos ritos no está al alcance de cualquiera. hay que tener mucho dinero y muchas influencias. Estamos hablando de gente muy importante y muy relacionada con el mundo de la política y los negocios, incluso de la justicia.
...
-¿Esas personas de las que hablas tienen nombres y apellidos?

-Sí, y cuando sea el momento se sabrá-continuó el periodista espoleado por la promesa de Severino de entregarle una relación de todos los implicados en la trama...
...

-Una última pregunta: ¿qué pruebas tienes para afirmar que...?'

-Pruebas no tengo, pero estoy seguro de que así ha sido.

...Todas y cada una de sus palabras fueron refutadas y sometidas a un examen exhaustivo. Cuando terminó el especial, la conclusión a la que había llegado la audiencia era clara y unánime: Javier era un fraude.



Jorge Javier Vázquez

¡Qué plancha! Lo han de traicionado y ha de averiguar por qué. En la página siguiente, y en cursiva, leemos:

-...se acercó a la parte posterior del vehículo y golpeó el maletero con los nudillos:

-Carne fresca, se van a poner muy contentos.

¿Son Bruno y Mario "la carne fresca" que viaja en maletero? ¿Volverán?

¿Camina Javier Redondo hacia la victoria o hacia la derrota? ¿Triunfará la verdad o la mentira? ¿Será estéril la lucha contra la trama criminal? ¿Ganarán los que siempre ganan?

El final está en manos de Javier o tal vez de Lucía. No me parece oportuno contarlo, sólo os diré que me gusta porque deja una débil luz de esperanza. Una luz que se enciende después de ver amanecer en la playa fluvial de Fuente Prior, un lugar solitario y gélido a esas horas:

Playa fluvial de Fuente Prior

"A las ocho, aterida de frío, tomó la resolución de ir hacia el centro...Las lágrimas volvieron a aparecer en su rostro. Al sacar un paquete de kleenex para secarse la cara, vio en el fondo de su bolso el resguardo de la empresa de mensajería...Se quedó helada al descubrir el nombre del remitente: Javier Redondo".

"Un paquete para Lucía". Porque Lucía, a pesar de la separación y de la fuga, sigue enamorada del periodista Javier, con todos sus defectos. Y Javier sólo confía en Lucía.

¿Se cuelan los sentimientos en esta novela negra? Como dice Pedro Ojeda "aún les queda un resquicio para creer en el bien, en la solidaridad o en el amor".


Playa fluvial de Fuente Prior

Me resultó difícil esta entrada porque me propuse contar sin desvelar. Disculpad a la autora que ha hecho lo que ha podido. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Palabras en naranja tomadas de Queremos que vuelvan, de Miguel Ángel Santamarina, primera edición abril 2016, editorial Círculo Rojo, ISBN 978-84-9126-733-1. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Queremos que vuelvan de Miguel Ángel Santamarina. "Que se jodan".


Comentario inicial sobre la novela Queremos que vuelvan de Miguel Ángel Santamarina. para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Aquella tarde soleada de septiembre, compré Queremos que vuelvan en la librería Luz y Vida. Entré en la cafetería Viva la Pepa, pedí un café con leche y un vaso de agua y me puse a leer un poco, frente a mi catedral. Salió a mi encuentro Lucía que había decidido viajar de Madrid a Burgos y le sobraba una hora antes de que arrancara su autobús. ¡La Continental! Sale del intercambiador de la Avenida de América, el ambiente allí no es muy agradable, y se mete en una cafetería, con la intención de comer un poco. ¡Vaya! Algo que hice yo tantos años, los viernes, cuando trabajaba en un pueblo de Madrid. Esa chica huye de algo, sí, un día observé a una así, en Hontanares, mientras devoraba un pincho de tortilla...La tarde es soleada y nada negra, un perrito beagle me distrae del libro. Saco la cámara. Hago la foto. Sigo leyendo. Ese Lisandro se parece a...No, es otro. 

Como os decía, nos quitamos la peluca dieciochesca y de cabeza al XXI, para leer y comentar Queremos que vuelvan del burgalés Miguel Ángel Santamarina, una novela tan actual que nos parece conocer ya a los personajes. 

Como en otras aventuras lectoras, lo primero es presentar al autor. Googleo y encuentro:

"Miguel Ángel Santamarina (Burgos, 1972), responsable digital en el grupo editorial de prensa laguiaGO! y travel blogger en elviajedesofi.com, debuta en el mundo del libro con el thriller Queremos que vuelvan. Actualmente, colabora en el proyecto literario Zendalibros.com con el blog La Orquesta del Titanic". 

Voy a elviajedesofi.com y descubro que se trata de un "blog de un viajes y recomendaciones para chicas". ¡Interesante! Pincho en la pestaña ¿Quiénes somos? y allí me encuentro con una presentación que hace de sí mismo Miguel Ángel Santamarina:


"Soy y vivo en Burgos. De hecho, conservo los amigos del barrio y de la escuela de toda la vida. Mi hija estudia en el mismo colegio en el que estudié yo, de pequeño. De hecho, mi vida ha transcurrido entre dos manzanas de un barrio del centro de la ciudad; a excepción de un pequeño período en la que me mudé al extrarradio"

Formado en el mundo del turismo. Experiencia comercial, en ventas y departamento financiero en el grupo Marsol. Actualmente, responsable online de Laguiago. Webmaster, editor y responsable de marketing en el blog de viajes elviajedesofi.com. Vicepresidente de la Asociación de Castilla y León TB. Blogger en Zendalibros.com y autor de la novela "Queremos que vuelvan”.

Tecnología variada, el equipo para correr, libros, los por si acaso… me llevo de todo en la maleta...


Tengo una predisposición natural por organizarlo todo y hacer de guía explorador...me gustan los retos y los desafíos. Por eso, si no estoy organizando un maratón mientras entreno para correr otro, estoy pensando en los cinco libros que voy a escribir. O en cambiar el running por el trail… El café sin azúcar es otro de mis vicios y no tomar mi dosis diaria afecta a mi carácter. La música, es otra de las cosas que me apasionan y sin la que no puedo vivir. Muchas de nuestras escapadas son para arrastrar a las chicas a algún concierto o festival."



¡Cuántas palabras en inglés! Trail, running, blogger, webmaster, marketing, on line...Cadalso no entendería ni papa, a pesar de que la aspereza británica formó parte de su educación cosmopolita; pero entendería el espíritu viajero y explorador de Miguel Ángel Santamarina. 

¡Qué escritor tan cercano! Burgalés de la zona centro, profesional del turismo, bloguero, viajero, organizador y explorador, amigo de los desafíos, los maratones, la música, la literatura y el café sin azúcar. Seguro que su barrio no cae lejos del mío, de los Vadillos. 

Me pongo con su libro, el primero de los cinco que va a escribir, ingresando en la corte literaria que él tanto admira, la de los "trovadores, bardos, rapsodas, prosistas y creadores de rimas que siguen tocando y entonando mientras nuestras vidas se dirigen hacia el iceberg". Para que los lectores soñemos con ser "algo más que una marioneta biológica", olvidando las cuerdas. 



¿Qué tipo de novela vamos a leer? Pedro Ojeda nos la encuadró ajustadamente, el 15 de junio , cuando la presentó en el MEH:


Queremos que vuelvan es "una novela ambientada en la España de 2012 con el mejor pulso de la novela negra". Pertenece a un género que "siempre ha tenido la intención de mostrarnos los lados menos amables de nuestro mundo, aquellos en los que son norma la hipocresía basada en las relaciones de poder y dinero, el cinismo, la tendencia a la violencia"

Bruno y Mario, dos adolescentes, carne fresca para unos degenerados y para los realitys televisivos, desaparecen una noche de 2012. ¿Secuestrados?¿Muertos?

"Cuando se despertó un haz de luz le cegó, devolviéndole a la oscuridad de la que creía que ya nunca saldría. Las costras de sangre, las lágrimas resecas y la intensa claridad del amanecer le impedían conseguir que sus doloridos párpados se mantuvieran abiertos más de tres segundos."(Página 31)

"...un aullido agónico recorrió el improvisado plató de televisión..."Queremos que vuelvan, queremos que vuelvan", ese era el estremecedor grito que salía del pecho de Rosa mientras se desplomaba al suelo entre los fallidos intentos de su marido por evitarlo. Un primer plano recogía la dramática escena...La escena era perfecta para este primer especial..."(Página

Hay un periodista parado y desgalichado, Javier Redondo, obsesionado por averiguar su paradero. Javier está "solo en esto" y tememos que se meta en la boca del lobo. ¿O no?  No lo sé, no puedo spoilearlo, que no he llegado todavía. Lo he hecho a posta, para evitar que se me escape y me tachen de "boca chancla". Spoiler, spoilear, si Cadalso levantara la cabeza. O Unamuno, que es el que viene después. 

"Eran las cuatro de la mañana y Javier seguía con los ojos fijos en la pantalla del ordenador, enrojecidos después de más de diez horas buscando en Internet..." (Página 17)

¿Existe realmente una organización dedicada al secuestro de jóvenes?-

"Al reunir toda la información, salió un patrón inquietante: todos eran jóvenes, de no más de diecinueve o veinte años, todos varones, todos con buena presencia, era como si alguien se hubiese esforzado por elegir a los más guapos..."(Página 103)

¿Un hombre misterioso?¿Conduce a alguna pista la abultada carpeta que Severino, un policia jubilado y senil, entrega a Javier?

"Eres un chico listo, saca titulares, coge algo de aquí y de allí y crea un bonito relato que no necesite ser contrastado con pruebas." (Página 104)

"Para el final...había una hoja suelta. En ella, en poco más de media cara, se hablaba del hombre misterioso. Se podía ver un número de expediente y las palabras información reservada al final del documento. (Página 105)"

La novela había arrancado con el grito de rabia acumulada de Lucía, su novia, ante la televisión que da la noticia: "Que se jodan". Unas palabras clave porque Santamarina nos ofrece un retrato de la sociedad española en crisis donde proliferan los "que se jodan", muchos han de joderse irremediablemente, no sólo los dos muchachos desaparecidos. Serán el alimento de voraces periodistas, políticos, banqueros, jueces, mafiosos...o el mismo sistema económico. "Que se jodan" podría ser el lema del liberalismo salvaje. 

"Para que la clase adinerada pudiera seguir siéndolo los próximos años, la clase media debía empobrecerse las siguientes décadas y la clase baja pudrirse en la miseria hasta el final de los tiempos" (Página 140)

"En el fondo, me dan mucha pena todos esos chicos con dos carreras y no sé cuantos másteres sirviendo pintas y beans en los pubs de Londres-explicó Rodrigo." (Página 70). 



¿Hay alguna esperanza? ¿Esta novela negra es negra del todo? ¿O encontramos algún resquicio donde asome el amor, la empatía, la solidaridad? ¿Es Javier Redondo un don Quijote que irremediablemente camina hacia la derrota? ¿O, por el contrario, ganará el bueno? 

Hasta la próxima entrada. 

Un abrazo de María Ángeles Merino para los que pasáis por aquí. Escuchamos la "pieza musical más triste de la historia", Adagio para cuerdas de Barber, la que el personaje de Lisandro insistía en utilizar en su programa como "la música del desastre".




Palabras en naranja tomadas de Queremos que vuelvan, de Miguel Ángel Santamarina, primera edición abril 2016, editorial Círculo Rojo, ISBN 978-84-9126-733-1.