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martes, 20 de mayo de 2025

Crónica de la reunión en torno a "La ciudad que el diablo se llevó" de David Toscana.


Crónica de la reunión del 6 de mayo de 2025, del Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, séptima de este curso, en su formato presencial, dirigida por el profesor Pedro Ojeda Escudero. El libro comentado fue La ciudad que el diablo se llevó de David Toscana.

La sesión comienza a la hora habitual, las cuatro y media de la tarde, en la Facultad de Humanidades y Comunicación, en el edificio del antiguo Hospital Militar.

Es tiempo de lilas en el jardín. Junto a las vistosas y fragantes flores, antes de entrar en el aula, ya comentábamos el libro; mientras nos hacíamos algunas fotos, contando también cómo nos pilló a cada uno el "apagón", el que nos hizo retrasar la reunión programada para el 29 de abril. 

Pedro Ojeda nos pregunta si nos ha gustado el libro o, al menos, si nos ha sorprendido. También si vimos el vídeo que nos envió, con una entrevista al autor. Unánimemente, ha gustado y la mayoría escuchamos a David Toscana, entrevistado por nuestro profesor.

Comienza el diálogo entre Pedro Ojeda (P.O.) y los lectores (L).


-(P.O.): Quedan muy claras algunas cosas. Nacido en el 61, es mexicano y pertenece a una generación de escritores que reciben el impacto del "boom hispanoamericano" y buscan la forma de escapar, nuevas fronteras para escaparse y una voz propia. Como los peruanos que buscan ahora distanciarse de Vargas Llosa.


-(L.): O el también mexicano Volpi, que presentó hace poco aquí un libro, y recuerdo que manifestó ese deseo de huir del "boom"y del "postboom".

-(P.O.): Les condena a ser secundarios y poco originales. Todos ellos buscan una forma diferente de huir.

David Toscana en Santa María del Circo tiene mucho de Pedro Paramo. Los más jóvenes no tienen ese problema. Recordáis a la autora de Basura, Sylvia Aguilar Zéleny, que ya no tiene nada que ver y trata abiertamente la realidad de su país. 

A partir de El último lector se empieza a diferenciar. Le ayuda a que viene a vivir a Europa: Polonia y España. Rompe con la realidad de su país. En su última novela vuelve a México.

La ciudad que el diablo se llevó se localiza en Varsovia, después de la Segunda Guerra Mundial. Es la supervivencia de sus habitantes, marcados por los recuerdos de la guerra y el gueto judío, que ahora es un lugar de peregrinación. Una ciudad arrasada, con capas superpuestas: Polonia, invasión rusa, invasión alemana, invasión rusa de nuevo. 

Los supervivientes  intentan buscar formas de escapar con la imaginación, construyendo un mundo paralelo a través de la amistad, el alcohol, la parodia y la risa. Hay mucho del esperpento de Valle Inclán, también es muy cervantino.

-(L.): Feliks, Kasimierz, Eugeniusz y Ludwick, qué nombrecitos, conviven con las heridas de su ciudad. Y el barbero, cómo no. 

- (L.): Quiso juntar a un cura y a un barbero, como en el Quijote, deseo manifestado en entrevistas.

-(P.O.): La historia de la novela pide una máquina de escribir, el escritor escribe en realidad en una máquina Enigma y no lo sabe. Es genial, escribe una cosa y sale una diferente. 

Es la Literatura la que salva, hay mucha oralidad, con cuentos e historias de los reyes polacos. Es un festín literario, hacen ficción con la realidad del gueto. Los protagonistas tienen que sobrevivir a una situación cruel: el hambre, el frío, el pasado. El nexo de unión es absurdo, los van a fusilar de una manera absurda, escapan juntos de una muerte absurda. Les une el pasarlas canutas. 

-(L.): No sabes dónde está la realidad.

-(P.O.): El juego cervantino de la realidad.

-(L.): Muy bien escrita, muy bien estructurada, con capítulos cortos y muy dinámicos. Recrea muy bien el ambiente de la ciudad.

 -(P.O.): Ha gustado mucho. 

-(L.): El primer capítulo me gusta especialmente por la forma de contar las cosas, los varsovianos tienen su forma de contar las cosas, incluso la tragedia. Hay mucha lírica, hay muchas frases que te llevan.

-(L.): Es cómoda de leer. Engancha su lectura, aunque estés  cansado, si tienes que interrumpirla te cuesta dejarla. Un mexicano escribiendo de Varsovia de esta manera, quién nos lo iba a decir. 

-(L.): Está lleno de dignidad. No más hambre ni humillación. Mi personaje favorito es el barbero, es el que entra después y el que termina con más dignidad. 

-(P.O.): No se lavan ni comen, pero tienen dignidad.

-(L.): La que lían en el cementerio.

-(L.): La de la tumba de la señora Kukulska, quién se mete en la tumba de una difunta,  por buenorra que esté, por mucho alcohol que lleven en el cuerpo. 

-(L.): Es increíble pero lo ves.

-(L.): Lo de beber coñac en el corazón de Chopin es más que increíble.

-(L.): Y la señora que lo que le "pone" es la mano cortada a un muerto que fue su amante.

-(P.O.): Es genial. 

-(L.) El cuentacuentos en la cárcel: lo han torturado, teme por su vida, pero saca fuerzas para contar cuentos en Morse a los compañeros de la celda de al lado. Me recuerda al abate Faria del Conde de  Montecristo. 


-(L.) Lirismo cuando Feliks vuelve a casa y es la historia del desamor, él piensa en su mujer Olga y Olga piensa en otro. 

-(L.): El cura vive completamente fuera de las normas, pero se empeña en cumplir su función de sacerdote. Va con sus óleos y su hisopo. 

-(P.O.): Me gusta mucho el final. El novelista escribe una novela que no está escrita. Son personajes singulares, eran inmortales y lo serían siempre por su historia, por su amistad y por ser personajes de literatura.


El lenguaje, el estilo, cómo lo construye. Truculento, no hay señales de diálogo, es pura oralidad. Siguen vivos.

-(L.): Es genial porque él no vivía en Polonia. Hay muchas vidas aquí. Y muchos muertos.

-(P.O.): El espacio...

-(L.): Se mueven entre ruinas y tumbas. 

-(L.): Me duele que recurran al alcohol de una manera exagerada, me produce cierto rechazo. 

-(P.O): Te comprendo. En la próxima novela, Barrio Húmedo, también...Rusos y polacos beben bebidas muy duras, del 44% y más, alcohol prohibido de destilerías ilegales. 

-(L.): La situación en que están es el escape.

-(P.O): Parten de una realidad tremenda:

"Deme un poco de su calor, tengo un niño enfermo"

El cura rociando con agua bendita a los reservistas que iban a la guerra, aunque comprendía que lo que se hacía era inútil. Vertía su wodka por encima en vez de agua, como un acto de rebeldía. 

-(L.): Y el que busca trabajo, como conserje de un instituto, con el libro de Astronomía aprendido, aunque el trabajo consista en limpiar las letrinas. 

El que no ve con las gafas que le ha vendido cierto doctor, con la graduación equivocada, de otro, y le da la vuelta a todo. 

-(P.O): Dicen que la autoridad está contra el alcohol porque "es fácil domesticar a un pueblo sobrio".

En la entrevista le iba a preguntar si, al hablar de cosas tan duras, había recibido alguna crítica por la perspectiva de unos borrachos.

La novela, en Polonia, no había gustado. Para ellos es una historia brutal, la de Varsovia, sobre todo la del gueto. Les hace mucho daño. A nosotros no nos hace daño porque no es nuestra historia. Si fuera la guerra civil tal vez reaccionaríamos como ellos. 

Es una reflexión sobre la escritura: el "novelista" intenta escribir sobre una cosa y sale otra. Leo:

"Vi que la máquina tenía unos discos extraños. Les modifiqué la posición y resulta que ahora estoy escribiendo un clásico ruso. El novelista le arrebató el papel. Me encantaría ser Tolstoi o Kafka, pero sólo si Tolstoi o Kafka no hubiesen existido." 

"Sacó la hoja y leyó en voz alta:
Los pasos se fueron alejando. El olor a pólvora embriagado ...
No lo reconozco...pero hay tantos miles de libros que no he leído." 

Terminamos hablando de los peligros de la IA, aprovechemos a leer buena literatura, mientras la haya, con libros como éste.

Una novela muy recomendable. Y nos hemos reído mucho, palabra. 

La próxima lectura será Barrio Húmedo de Emilio Gancedo. También sus personajes  beben mucho y no precisamente agua. 

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible.

María Ángeles Merino Moya



martes, 6 de mayo de 2025

Lilas y lectura de abril en mayo.



Esta tarde, hemos tenido la reunión del Club de lectura de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. 

Es tiempo de lilas en el jardín de la Facultad de Humanidades  y Comunicación, el antiguo Hospital Militar. Junto a las olorosas y vistosas flores, antes de entrar en el aula, ya comentábamos el libro, mientras nos hacíamos algunas fotos, contando también cómo nos pilló a cada uno el "apagón".

El libro comentado ha sido la novela La ciudad que el diablo se llevó del mexicano David Toscana. Nacido en 1961, pertenece a una generación de escritores que reciben el impacto del "boom" hispanoamericano y han de buscar una voz propia, huyendo en parte de tal "boom", para no acabar de secundarios. Les ayuda el venir a vivir a Europa, en el caso de David primero en Polonia, casado con una polaca, después en España. 

Esta novela, ambientada en la Varsovia destrozada tras la Segunda Guerra Mundial, nos sorprende  con unos personajes supervivientes del horror que buscan escapar a través de la imaginación, construyendo un mundo paralelo con la amistad, el alcohol, la literatura, el sexo, la risa...Medicinas contra el hambre, el frío, el pasado...

Una novela muy recomendable, muy bien estructurada, con capítulos cortos y dinámicos. Y nos hemos reído mucho, palabra. 

Como en otras ocasiones, queda pendiente la publicacion de una crónica, siguiendo mis rápidos apuntes, con la mayor fidelidad posible.

María Ángeles Merino Moya

Foto de la tocaya María Ángeles Antón, gracias amiga, compañera de lecturas. 

lunes, 28 de abril de 2025

"La ciudad que el diablo se llevó" de David Toscana, en un "gmail" y poco más.

 

A mis amigas, Luz y Carmen, les contaba mi lectura, en un "gmail". Nos gusta contarnos el día a día en correos electrónicos y, en ellos,van incluidas las lecturas, parte importante de la vida. 

"Yo estoy con La ciudad que el diablo se llevó del mexicano David Toscana, un libro de polacos borrachos de noventa y nueve grados, amigos de los amigos y de los cuentos, del sexo llegando a la necrofilia y sobre todo de la supervivencia entre ruinas. Resulta que se fueron los nazis y los rusos no son precisamente hermanitas de la caridad. Un libro quijotesco, con un cura y un barbero...Y los judíos, ay."

Suficiente como resumen, para un libro que me ha gustado, y además me he reído. Recordáis aquí, cuando llegó abril, comencé a leerlo y escribí junto a mi ventana: 


"1 de abril y leo, con el Club de lectura de La Acequia, La ciudad que el diablo se llevó de David Toscana, un escritor mexicano que, ante mi sorpresa, me lleva a la Varsovia devastada tras la Segunda Guerra Mundial. Un coro de personajes que usa la imaginación como medio de supervivencia, con historias de vivos y muertos. 

Imaginación y adelante. Feliks, Kasimierz, Eugeniusz y Ludwick, qué nombrecitos, conviven con las heridas de su ciudad. Y Olga, y Marianka y las hermanas Kasia y Gosia. Todos buscan el sentido de la existencia en la belleza. Y, todo hay que decirlo, con algunos tragos de alcohol..."


Y al final, Feliks, Kasimierz, Eugeniusz y Ludwick se van al mar, al Báltico, en un barco que no sabemos a dónde los lleva y si los lleva a alguna parte. Son "inmortales". 

La vida por muy puñetera que se presente, entre hambre, ruinas y cementerios, casi mierda, hay que exprimirla y buscar el imposible lado bueno. Con alcohol y necrofilia, no sé yo...Bebiendo coñac en el corazón de Chopin o en la tumba de la buenorra señora Kukulska, increíble pero incierto, tal vez "realismo mágico". 

Y el escritor escribe en una máquina "Enigma" pensando que es una simple máquina de escribir. 


Mañana, tenemos la reunión del Club de Lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda. La reunión promete. 

Ya veis, en un "gmail" y poco más.

María Ángeles Merino

martes, 1 de abril de 2025

Se va marzo y viene abril. Y leo "La ciudad que el diablo se llevó".

 


Y se va marzo y viene abril.  Y aunque no sea santo de mi devocion, vamos con él, "tempus fugit" y aquí estamos. 

Los niños van al colegio frente a mi ventana, en una dirección al público, en otra al privado. Las mamás y los papás, y algún abuelito o abuelita, empujan somnolientas sillitas. 

Los ciclámenes apuran su mejor momento, no son amigos de calores. Los sufridos geranios siempre sacan flores de las "mangas" con brotes, aguantan lo que les echen. Belleza y supervivencia. 

1 de abril y leo, con el Club de lectura de La Acequia, La ciudad que el diablo se llevó de David Toscana, un escritor mexicano que, ante mi sorpresa, me lleva a la Varsovia devastada tras la Segunda Guerra Mundial. Un coro de personajes que usa la imaginación como medio de supervivencia, con historias de vivos y muertos. 

Imaginación y adelante. Feliks, Kasimierz, Eugeniusz y Ludwick, qué nombrecitos, conviven con las heridas de su ciudad. Y Olga, y Marianka y las hermanas Kasia y Gosia. Todos buscan el sentido de la existencia en la belleza. Y, todo hay que decirlo, con algunos tragos de alcohol...

¿Aquella fue Segunda? ¿Tercera? ¡No, por Dios! 

Ya veis, comienza abril. Así se siente. 

María Ángeles Merino Moya