miércoles, 28 de octubre de 2026

Con la lectura de "El viaje de los niños sin nombre" de Yolanda Izard (1).

 




Ayer, por la tarde, tuvimos la reunión mensual del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por nuestro profesor Pedro Ojeda Escudero, a la hora y lugar habituales,  las cuatro y media de la tarde, en la Facultad de Educación, aula 2B. Ha sido la primera de 2026-2027 que, estoy segura, será de buenas lecturas y comentarios, algunas inolvidables, como fue en cursos pasados, que ya tenemos una larga trayectoria. 

Recibimos a los nuevos compañeros, uno de ellos nos sugirió presentarnos uno por uno y así lo hicimos. Pedro nos recuerda las normas del club, lo de obras en castellano y demás.  A continuación, enseguida entramos en harina porque El viaje de los niños sin nombre de Yolanda Izard  no podía dejarnos indiferentes y llegamos ya, la mayoría, con la emoción puesta. Gracias, amiga Yolanda, tu libro es para leer, releer y reflexionar. En la contraportada leemos:
-(P.O.): De Yolanda Izard ya hemos leído dos obras: la novela La hora del sosiego y los relatos de Solo triste de oboe.  Es una escritora bejarana, con especial atención a los débiles y al sufrimiento para encontrar la paz, una actitud ascética que no masoquista. Ella no se ha centrado en una historia concreta, no hay una historia detrás, es una historia de historias que trasciende la guerra de Ucrania. No quería poner Putin, se le escapó una vez.

 ¿Alguna dificultad? ¿Qué os ha sorprendido?

-(L.): Ese paso, atrás adelante, el uno con el otro, es muy bonita. Es triste decir que es bonito algo tan fuerte. 

 -(L.): Admite una segunda lectura. Me ha gustado cómo está escrito. Es una novela antibelicista.

-(P.O.): Un posicionamiento.

-(L.): El personaje de Fédor, un pacifista obligado a ir a la guerra, con sentimiento de culpa en su carta a Irina. 

-(L.): Peculiar el del manzano, habla un árbol. También el de la abuela, hay variedad de estilos. Impactante el testimonio del final de la familia Petrenko, contado por su hija Tamara. O los mellizos Aleksei y Oleh que pueden prever las enfermedades.


-(L.): Pero no pueden salvar vidas si no tienen título. 

-(L.): Un tema de actualidad: el de la no identidad, es un mecanismo de defensa. 

-(L.): Me ha gustado muchísimo, la he leído y releído. Cosas tan sensibles, la defensa del indefenso. 

-(P.O.): Sentir no, acompañar. La compasión.

-(L.): Compasión: la palabra preferida del Papa Francisco.
 
-(L.): Me parece una novela floja, me ha costado hasta el capítulo 10. En cualquier guerra hay destrucción, despersonalización. Siento tener que decir que está mal estructurada, cuesta seguir el argumento. No crea personajes, el mejor el de los gemelos, Utiliza recursos del realismo mágico: el manzano, la abuela muerta. La enfermera está sin definir, numera a los niños del 1 al 6 y ella se pone el 7, por solidaridad. ¿Es española?

-(L.): Es antibelicista. El tema del anonimato, la guerra te borra todo. El manzano puede simbolizar el pecado. 


-(P.O.): Lo que dividió a la humanidad. No era una manzana.


-(L.): Viaje para atrás, para adelante. El perro tiene nombre. Me ha gustado, aunque la veo más de ensayo que de novela. 

-(L.): Prosa poética y bien poética. 

-(L.): El mundo de los cuentos está muy presente. La casita abandonada, los niños abandonados por sus padres.

-(L.): La guerra arranca hasta el nombre. Y la enfermera los llama por un número, del uno al seis. Me recuerda a los campos de concentración, les ponían un nombre para despersonalizar. 

-(L.): `Personajes que están medio vivos o medio muertos, como el gato aquel. O viven en un inframundo como los de Pedro Páramo de Juan Rulfo. La niña Pietra que está muerta pero no está sola, está con la ratoncilla embarazada con los ratoncillos no nacidos y la culebrilla de plata que se acababa de comer, las hojas, el roble...

-(L.): Cuando yo me enfrento a una novela no analizo personajes ni estructuras, no me importa que rompa las reglas. Lo más importante es que me tocó tremendamente. Para mí eso es más importante que el personaje esté más definido. Una belleza, una sensibilidad, algo que me toca. 

-(P.O.): Trabaja desde la poética los mayores dramas. 

...

 
Seguiré pasando e interpretando mis notas, con la mayor fidelidad posible. Un abrazo a los que pasáis por aquí:

María Ángeles Merino


miércoles, 23 de septiembre de 2026

La flor del camino. ¿Qué le diera yo al otoño?

 





Platero y yo: 50 – La flor del camino.







Leo en mi viejo libro escolar y vuelvo a ser una alumna de la señorita Felicidad. Leo y pasan delante de mi pupitre " tropeles" y lo busco en el diccionario: abundancia y multitud de personas o cosas..

Flores del camino: amarillas, malvas o blancas, tiernas y débiles, pero siempre enhiestas. Por mi paseo de la ciudad, la Quinta o la Isla, los "tropeles" son otros, ni toros, ni cabras ni potros sino jubilados en grupo y en soledad, parlanchines o silenciosos, peregrinos de "buen camino", algún "atleta" aficionadillo y muchas sillas de ruedas empujadas por mujeres de probada paciencia. 


Las flores ahí, a un lado, sin vallados, a la espera del agua de la nube, la abeja, la mariposa...¿Por qué se levanta el pajarillo? Del animal de cuatro patas nada bueno puede esperar. Pisamos y rara vez miramos. Tropeles.


¿Tropeles? Por el campo, en la carretera a Palacios de Benaver, ayer, solo vi al águila y al aguilucho que  siempre se niegan a salir en mi fotografía. Ni un humano,  Vuelan guardando las distancias, alguna vez oigo su ruidito; los ratoncillos y conejos andarán bien escondidos, las flores pueden servir de escondite, junto al campo casi desnudo. Se salvaron de los herbicidas, escoltaron los cultivos y la carretera. El trigo cayó en el rulo de la cosechadora y espera el girasol. Tal vez pasen corzos, jabalíes, zorros, a beber al Ruyales...¿Tropeles? 


La flor del camino de Juan Ramón es una flor literaria, vive un día de primavera y, sin embargo, es eterna. Y el poeta le hace preguntas.


 
La niña María Ángeles se queda pensativa. Platero y yo no es un libro para niños, aunque se leyera en las escuelas. 

¿Qué le diera yo al otoño? 



María Ángeles Merino



Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.



domingo, 20 de septiembre de 2026

"El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel..."

 

 "Otoño al rescate" (Manuel Vicent, 20 de septiembre de 2026)

En su columna del domingo, Manuel Vicent toma su atinada paleta de palabras y nos anuncia la llegada del "Otoño al rescate". 

"...El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje son los mismos que se pisaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darte cuenta ya es de noche y oyes la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a una mañanita de niebla dorada por un sol muy amable. Bandadas de garzas cruzan el cielo hacia el sur y en los valles suena la berrea de los ciervos."

¡Yo quiero un otoño así, Manuel Vicent! "Después de los violentos aguaceros" de este verano que se va. ¡Qué venga a nuestro rescate!

Huele a otoño, mamá. Pronto, la "luz de moscatel" en nuestra ventana y en el campo. 

María Ángeles Merino Moya





https://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com/2026/09/el-otono-llega-para-salvarnos-con-los.html?m=1

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas...

 


Imagino que estoy en el colegio, soy alumna de la señorita Felicidad, tengo diez años y me gustan los dictados. Escribo, palabra a palabra, "El otoño" de Juan Ramón Jiménez que le dice a Platero:

"Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas y los labradores madrugan más que él. Es verdad que está desnudo y que hace fresco.

¡Cómo sopla el norte! Mira, por el suelo, las ramitas caídas; es el viento tan agudo, tan derecho, que están todas paralelas, apuntadas al sur.

El arado va, cono una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz, Platero; y en la ancha senda húmeda, los árboles amarillos, seguros de verdecer, alumbran, a un lado y otro, vivamente, como suaves hogueras de oro claro, nuestro rápido caminar. "

(Platero y yo, Juan Ramón Jiménez)

El otoño se anuncia en mi paseo, en el pueblo y en la ciudad. Más que el sol soy yo la que siente pereza de salir de mis sábanas y los labradores de Palacios de Benaver ya recogieron y empacaron, el campo quedó con unos pocos pelillos ralos, otro color, otra luz. 

Solo los girasoles montan guardia, secos y cabeza abajo. No se ve un alma, la cosechadora guardada, no madrugan, descansan en espera de octubre , cuando toque levantar la tierra. ¡Arriba terrones!


Hace fresco, sopla el viento, un vuelo de hojas secas, a la espera de los "árboles amarillos" y las "suaves hogueras de oro claro". Lento caminar hacia el otoño. 

 Se estrella la primera castaña, florece en fucsia el árbol de Júpiter, las bayas del acebo van del amarillo al rojo. 


10 de septiembre. Mamá, los niños vuelven al colegio, me gustaría volver a mí también. Sentarme en un pupitre y leer Platero y yo: "El otoño". La señorita Felicidad lleva moño y bata muy blanca, le gusta leer. Empieza tú, María Ángeles: 

"Ya el sol, Platero..."

María Ángeles Merino Moya


Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.

https://aranitacampena.blogspot.com/2011/10/aun-no-se-habia-atrevido-la-pesada-reja.html?m=1


sábado, 5 de septiembre de 2026

Redescubrí el mar.

 







"El mar es muy grande y tiene mucha agua" 

Aquí estoy, en la otra punta, en la playa de Cancelada, en Estepona (Málaga). 


A lo lejos, a un lado, puedo ver Algeciras y el peñón de Gibraltar, enfrente asoma brumosa la costa de África. ¡Ay ese salto mortal que busca la vida y encuentra la muerte y el odio!



La de "el mar es muy grande y tiene mucha agua" la convertí hace tiempo en frase mía, remedando, con cariño y el mayor de los respetos, a aquellos niños que contaron cómo sería el mar que nunca habían visto, los alumnos del maestro Benaiges que prometió el mar. 



Es un recuerdo al escritor amigo José Antonio Abella que lo investigó, documentó, narró y nos emocionó, en su inolvidable libro "Aquel mar que nunca vimos". Sí, hay película, pero si habéis leído el libro sabe a poco.




Porque no ha habido mar en muchos años, en mi vida y yo manifestaba así mi nostalgia: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". A mi sobrina no le hacía gracia oírmelo. 



El mar no defrauda nunca. Pueden hacerlo la arena y las piedras, nunca el agua y, menos aún, en nupcias con el cielo y las nubes. Mi hermano, mi sobrina y yo asistimos a un impresionante despliegue de azules, blancos y amarillos. ¡Qué fotaza la de Agustín!



Allá fui a redescubrir el mar. Las olas que vienen y van, la mirada absorta de una mujer de tierra adentro, sinfonía de azules para una meseteña de amarillos y pardos.  Las "ondas", como la cantiga que me pusieron en el lejanísimo examen de Reválida y yo nunca olvidé, qué susto, quién podía ser ese tal Martín Codax:



Mi amigo lleva tardando toda la vida sin mi. Debe haberse perdido en algún naufragio o lo retiene alguna Calipso. 

Mi hermano Agustín señala, la foto va con aumento, sí, es África. Una chica se hace "selfies" bailando cara al mar. Un hombre pasea a un perro salchicha y a un galgo. Pasa un pescador de caña, la Costa del Sol luce su montaña y me sale una rima facilona. El agua está fría, un bañista se atreve y no es ningún niño. 


Nos descalzamos y sacudimos la arena de las sandalias. Luego te paso las fotos, tita, dice Paola. 

Comparto una foto, la mejor, en el Facebook y escribo mi cantinela: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". 

¿Qué mejor descripcion que la de un niño que nunca lo vio? 

Adiós, mar. Hasta el próximo redescubrimiento. Si, mamá, hemos estado con Alex, Aitana, Ale y Olivia, muy bien y muy guapos. 


María Ángeles Merino

miércoles, 26 de agosto de 2026

Peregrinos y el libro de una coreana. Han Kang.

 


Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Unos porque no ven el momento de pillar el albergue. Ay este Burgos que, a lo largo, no se acaba nunca: río arriba, un puente y otro puente, los picos de la Catedral parecen estar cada vez mas lejos. Menos mal que no hace calor. "Buen camino" les dicen y te contestan con una sonrisa débil. 

Los no peregrinos también se apresuran, hay que hacer músculo, la vida es un arduo camino, si no de Santiago de otros santos. Una mujer comenta a otra que tiene al lado: "yo no me rio nunca". Y  sentada en el pretil del río, la miro con un poco de lástima. Buena mujer, no diga eso.

He cogido un libro en la biblioteca, de la Nobel coreana Han Kang. Leí "La clase de griego" y "La vegetariana", duros y poéticos, bien traducidos, lo cual se agradece. Los comentaré por aquí. Un profesor ciego con una alumna muda. Una mujer que deja de coner carne y quiere ser árbol. Más o menos. Mucho más. 



Leo un poco de este otro: "Actos humanos". Una sanguinaria matanza, Mayo de 1980, una ciudad que se moviliza contra una dictadura militar, los muertos en una pestilente morgue y alguien que los busca. 



Ay, no sé si debo leer esto ahora. Pasa una peregrina con aspecto de coreana. Pasan muchos por el camino, les podría preguntar...Ay, María Ángeles, que va cansada, tiene prisa, no está para literaturas y no te entendería. 

Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Una peregrina me dice "hola",  al notar mi curiosidad. Mira mamá, qué simpática.

María Ángeles Merino Moya

martes, 25 de agosto de 2026

No es tan fácil papar moscas.



Contesto a Pedro Ojeda, en su entrada "Papar moscas".

 "Papar moscas", lo decía mi madre y creo recordar que también mi abuela. Estar papando moscas era una inactividad censurable. Ahora, en tu escrito, me aportas una nueva visión, positiva y filosófica. No pensar en nada, no es tan fácil, ni con la mosca...

Refresco esa "deliciosa lección poética", lo de Bergson que es un tuno y demás, y ese reloj tic tac, ritmo e ironía y mucho más. Y hay quien desdeña a Machado por no ser críptico, mucho pedante suelto.

Las moscas de Machado, las tenemos interiorizadas con la versión de Serrat y el moscardón de Rimsky Korsakov. Inevitable, "inevitables golosas". Ya no hay moscas como antes, aquellas que mataba el sastrecillo valiente, en los cuentos de mi infancia. No, no es fácil estar "papando moscas", mamá, abuela.

Y aquí tenemos el famoso Papamoscas de la Catedral de Burgos que nos invita a abrir la boca más que él.

Papar moscas, no pensar en nada, no es fácil.¿O sí?

María Ángeles Merino