domingo, 19 de enero de 2020

España invertebrada. Castilla y España. ¿Quién hizo y deshizo a quién?






En el Himno a Castilla de Antonio José, de 1929, la articulación continuista entre la madre Castilla y la hija España es la misma de la España invertebrada de 1921: 


Según Ortega, los castellanos mantenían una continuada lucha fronteriza con la civilización de la Media Luna y descubrieron su afinidad con las demás Monarquías ibéricas, a despecho de las diferencias en el rostro, el acento, el humor o el paisaje. La «España una» nace en la mente de Castilla, no como una realidad sino como un ideal, un proyecto que mueva las voluntades, un mañana imaginario que oriente el hoy. La "vulpeja aragonesa" comprendió que Castilla tenía razón, que era preciso incorporarse a una España mayor. Se logró la unidad española para crear un imperio, unificando las dos grandes políticas internacionales: la de Castilla hacia África y el centro de Europa y la de Aragón hacia el Mediterráneo. El proceso incorporativo fue creciendo hasta Felipe II; pero señala el año vigésimo de su reinado como el momento en que la historia de España pasó de ser "ascendente y acumulativa" a ser "decadente y dispersiva". El proceso de desintegración avanzó de la periferia al centro hasta quedarse, en 1900, en su desnudez peninsular. La desintegración no terminó ahí, es el momento en que empezó a oírse "el rumor de regionalismos, nacionalismos, separatismos...". 



Tenemos la impresión de que Castilla se fue diluyendo en España como un azucarillo en un vaso de leche. El historiador y político Claudio Sánchez-Albornoz fue más lejos y, en su obra "España, un enigma histórico", escribió: “ Castilla no se ha impuesto a España, se ha sacrificado por ella. En las Constituyentes de 1931, enfrenté la injusta frase orteguiana: “Castilla hizo a España y la deshizo” y acuñé esta otra, absolutamente exacta: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla ( y la sigue deshaciendo, también dijo)”. Y tuve el placer de que Ortega y Unamuno aceptaran tal definición”.




Castilla y España. ¿Quién hizo y deshizo a quién? ¡Quién sigue deshaciendo?

Seguiremos comentando España invertebrada. 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces

España invertebrada, Ortega y Gasset. 


Himno a Castilla de Antonio José

La  articulación de Castilla y España como tema  de la canción popular. The Articulation of Castile and Spain as a Subject of the Popular Song. Carlos Alberto Camazón Linacero CPEIP «Santiago Apóstol». Calzada de los Molinos, Palencia

Himno a Castilla (Antonio José)

Otro himno

Un alto en el camino (Lola Flores). Cifesa 1941.

A Castilla la hicieron España y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo. Claudio Sánchez Albornoz. 

miércoles, 15 de enero de 2020

Muestrario de lecturas para Sidi de Arturo Pérez Reverte.

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Comenzamos el curso en el club de lectura de La Acequia y Alumni UBU con la novela Sidi. Un relato de frontera, de Arturo Pérez Reverte (Alfaguara 2019). Nuestro profesor y director Pedro Ojeda nos escribe en el blog La Acequia:

"Este año ha tenido unas circunstancias especiales que me han hecho retrasar el comienzo. Pido disculpas a los seguidores habituales de este espacio, pero me ha sido absolutamente imposible dado todo lo ocurridoAhora, que comienza a normalizarse la vida, retomamos esta vieja iniciativa..."

Circunstancias que comprendemos con nuestro mayor cariño y no hay nada que disculpar. 

Pedro Ojeda nos presenta "una novela que se suma a una tradición literaria que trata la figura histórica de Rodrigo Díaz, conocido como el Cid". Su autor ya nos confesó que Sidi: "Es tan real y tan falso como todos. Porque en el Cid hay un 25 por ciento de historia probada y el resto es leyenda, suposición, reconstrucción...".  Y circulan  miles de Cides en España y en el extranjero, este tal vez con más "polvo, sudor y hierro" y una dosis extra de sangre.


Los lectores encontrarán trazas de historia, leyenda, literatura e incluso de "western". Armarán su Sidi y probablemente  intenten encajarlo en su idea previa del personaje. Si no es así, podrán entretenerse con una novela de aventuras sin más; aunque, en Burgos, será difícil no tener un Rodrigo Díaz de Vivar personal, aunque sea el de la escuela de antaño o el que sugiere su famosa estatua ecuestre.


Sidi. un relato de frontera tiene muchos niveles de lectura y aquel 2 de octubre encontré, sin buscarlo, un pequeño muestrario. Arturo Pérez Reverte presentaba la novela  en el MEH de Burgos y dicen que la cola llegaba hasta el puente de San Pablo, el de las estatuas cidianas, casi ante las barbas del mismo Campeador a caballo. Cuentan que una mujer la inició a las cuatro de la tarde y con su santa paciencia esperó hasta las ocho y cuarto. Hay quien añade que los guardias de seguridad pensaron en llamar a las fuerzas del orden, ante la avalancha de señoras indignadas porque una vez cubierto el aforo no podían entrar. No soy lectora habitual de Pérez Reverte y la perspectiva de montar guardia, a la intemperie frente al MEH, no me seducía; pero la casualidad me puso delante de la bulliciosa cola y la curiosidad me llevó a escuchar a admiradores y detractores. 



-¿Qué pasa ahí?

-Es la presentación de un libro sobre el Cid.

-¿De quién? 

-De Arturo Pérez Reverte. 

-¡Nunca vi tanto público para un escritor!

-Me gustan mucho sus novelas de aventuras, son muy entretenidas. Disfruto como cuando era un crío y leía los tebeos del capitán Trueno. Espada va, espada viene, mi favorito es El capitán Alatriste, un mercenario pero con principios. Acabo de comprar Sidi. Un relato de frontera, aquí la tengo para que me la dedique. De Pérez Reverte y del Cid siendo yo de Burgos no me lo podía perder. 



-Yo soy muy de Pérez Reverte, hace muchos años empecé con El maestro de esgrima y seguí con La tabla de Flandes y El club Dumas. Y casi casi tengo leídas las veintidós que ha escrito. Me falta la última de Falcó y la de Sidi, a ver si puedo comprarla ahí dentro, antes del acto. 

-Me gustan las novelas de tema histórico, te entretienen y, ya de paso, aprendes historia que nunca viene mal. La Edad Media es muy interesante, todo eso de la Reconquista y los ochocientos años que estuvimos luchando, pim pam, contra los moros. Aquí tengo Sidi, calentita como recién salida del horno. 

-¡Lo que hay que oír! 



-"Sexista, machirulo, cuñado, cipotudo". No aguanto a ese tío pero me come la curiosidad y voy a verlo, qué demonios. 

-Yo no me pierdo el XL Semanal por los artículos de este hombre. Él mismo lo dice: "Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen". 

-Y qué me dices de sus demoledores tuits, pulla por aquí, pulla por allá contra los políticos "esa gentuza"" los talibanes de género y de génera", los independentistas y sus "basuritas político folklóricas", las feministas "esa panda de tontas de la pepitilla", la RAE a la que amenaza con salir dando un portazo, los tuiteros que le llaman machista, franquista o fascista...

-Esos son gilipollas, cortos de entendederas, analfabetos o "más simples que el mecanismo de un sonajero". ¡Qué deslenguado!

-No, sino que Pérez Reverte crea el personaje de Pérez Reverte y sabe lo que a sus lectores les gusta oír. Don Arturo, que para nada viene del franquismo, conoce muy bien el perfil de sus fans. 

-A mí de todas sus novelas me gustó especialmente El pintor de las batallas. Refleja su experiencia en las guerras donde fue corresponsal y cumplió una función terapéutica. Estuvo en muchas, dicen que la de Eritrea fue la que le dejó más marcado. 


-¿Que si es bueno este libro que tengo aquí? No sé, es muy entretenido, como las películas del Oeste que veíamos en el cine Rex, de críos, dos películas siete pesetas. Va un jinete que otea desde un cerro y ve allá una humareda. Han atacado a una pobre familia que vivía en una tierrecilla, con el arado, el buey, la espada y el ojo siempre abierto, en la mismita frontera donde atacaban los moros, igualito que los indios. Pero para eso está el Cid y sus valientes, para ayudarlos, y allá van, a ver si pueden rescatar a los que han quedado vivos. Y los rescatan y matan a los moros malos y se van a Zaragoza a trabajar con un rey moro bueno que tiene una hermana muy guapa que se enamora del Cid; pero Rodrigo no olvida a Jimena. Y lían una batalla para atacar  un castillo, el fuerte de los moros malos, y pagan al Cid con monedas de plata por su ayuda. Así puede pagar a los suyos y, además, se queda con la Tizona del rey catalán que ese también estaba con los moros. Me creo que continuará. 



-¡Ya se lo ha leído entero! Ande calle, no nos lo destripe.

-Yo lo compraré, me gustaba mucho cuando en la escuela nos hablaban del Cid. Los cristianos luchamos ochocientos años con los árabes que no eran cristianos. Por fin los echaron y el mejor guerrero  era el Cid que los venció en muchísimas batallas y les quitó Valencia. 



-Ruy Díaz, el de Sidi, no es como usted dice. Ese es el de la escuela franquista, el de la enciclopedia Álvarez que habría que quemarla. Mira lo que dice el escritor: 


-Yo lo estoy leyendo a gusto; a ver si me firma el libro. En EGB, leíamos los fragmentos del Cantar de Mío Cid más humanos, en los libros de Lázaro Carreter. En Sidi está lo de la niña de Burgos, la única que se atrevió a hablar con el Cid, aunque la lleve a Covarrubias y no diga lo de perder "los ojos de las caras". Echo en falta la despedida del Cid a su mujer y a sus hijas que se separan, qué fuerte, "como la uña de la carne". Cómo nos reíamos con lo del león que se escapaba de la jaula y el Cid lo manejaba como a un perrito y mientras tanto los infantes de Carrión, los muy cobardes, escondidos bajo el escaño, cagaditos de miedo, con el manto y el brial que "sucios de allí los sacó". Ahora no se leen los clásicos en la escuela ni en el instituto y es una pena. Mis hijos, en el insti, solo leen historias de chavales como ellos y del Cid mejor no les pregunto. 





-Todo un carácter Rodrigo Díaz de Vivar. Cómo amenazaba a Alfonso VI en el romance: "Villanos mátente Alfonso, villanos que non fidalgos, de las Asturias de Oviedo que non sean castellanos...". Me han dicho que en Sidi está también la jura de Santa Gadea, como un recuerdo del fiel Minaya que se ríe recordando cuando el jefe consiguió sacar "los colores a un rey", "ante la flor y nata de León y Castilla". Pero no hay color, mira tengo señalada la página 23: "Y como al rey don Sancho, también os maten a traición villanos, no caballeros". Ni "cuchillos cachicuernos" ni nada, estas juras no "ponen espanto", me gusta más el romance. 

Iglesia de Santa Águeda o Santa Gadea (Burgos) 

-Y el rey aguantando todos esos improperios de un infanzón. Todo es más falso que Judas porque no hubo tal jura, ni como la del romance ni como la de Sidi. Es dar una patada a la historia, lo mismo que lo del engaño a los judíos, aunque esté en el Cantar. Eso sí, en la iglesia de Santa Águeda, una inscripción asegura que allí "prestó el rey Alfonso VI ante el Cid Campeador su famoso juramento". Y en la Catedral tenemos el cofre del Cid, cualquiera les dice a algunos que nada de eso es verdad, se enfadan si les rompes los esquemas. En Burgos, como dijo Azorín,  "la leyenda contrabalancea la historia". 

-¿Fue desterrado de verdad el Cid?



-Sidi comienza con el Cid al principio del destierro, 1080 más o menos, viviendo en la frontera del Duero y sus aledaños, con su mesnada al servicio de quien los contrate, ya sean moros o cristianos, para ganarse el pan. Mercenarios, gente dura en un mundo duro, la vida al límite. Algunos son parientes cercanos  y amigos de la infancia de Ruy que no admite familiaridades. Huele a sudor, a hierro, a cuero, a sebo, a cuerpos mal lavados, a estiércol. Leo y es como si cabalgara con ellos, con el paisaje por delante muy bien descrito, los ojos en la distancia y en la cercanía a la vez, atentos a las trochas por donde puede sorprendernos el enemigo. Dan con los moros, pelean, matan y el botín cambia de manos, además de liberar a la pobre gente que llevan esclava. Luego vamos a Zaragoza pero hasta ahí he llegado. Siempre me han gustado las de guerras, soy muy guerrero. 


-Pues ya verás la que te espera. Contratado por el rey moro Mutamán pelean contra aragoneses y navarros, ya ves, contra cristianos. Vives la guerra, al grito de "¡Santiago, Zaragoza y Castilla!", relinchos de caballos, suena el cuerno de guerra, "tunc chas tunc chas", el acero contra la carne, corren las  sombras despavoridas, es una carnicería, las espadas son "el látigo del diablo", aúllan los jinetes y los hombres que mueren. Tiene un ritmo trepidante, te va a gustar. No te cuento más. 

-¡Castilla que hizo a España! 

-El Cid es un líder que sabe gobernar a sus hombres en un mundo durísimo y hacer que mueran por él. Duerme, come, se expone, pasa penalidades como ellos. Los moros le respetan y admiran, él se presta incluso a rezar a Alá. Un caballero de segunda fila consigue que su nombre perdure en la historia más que el de un rey. Sidi podía entenderse como  "un manual de liderazgo".  Y se ha basado en su propia experiencia como corresponsal de guerra. Espero que nos lo cuente en la presentación. 

-Aunque su rey le destierre, él siempre fiel a su señor natural. "¡Dios qué buen vasallo si hubiera buen señor!" Así somos los burgaleses...

-Un mundo de hombres, no podía ser de otra manera. He empezado a leerlo y la primera mujer que aparece es una víctima de las algaras, muerta en el portón de su casa, con las piernas abiertas. Doña Jimena y sus hijas se quedaron en Cardeña "al amparo de los frailes", con dinero solo para medio año. 


-Me han dicho que luego aparece un personaje femenino. Se inventa a Raxida, una hermana del rey moro. Una mujer muy bella e independiente que hace caer al Cid, que no es de piedra, en un hammán, un baño árabe, ya sabes. Le da un buen baño.

-Falta le haría. A ver si entramos y nos cuenta todo eso. Y le tiramos de la lengua cuando llegue el momento de las preguntas. 

-Aquí tengo mi colección de palabras: algaras, aljubas, virote, aceifa, gonela, almogávar, palenque, lorigas, ruana, cordobán...

-A ver si vamos entrando, que tenemos ya aburridas a las estatuas. 

No podía quedarme y me marché. Allí los dejé en la cola, confío en que por fin pudieran entrar en el salón de actos del MEH. Les agradezco que me ofrecieran un muestrario de lecturas de Sidi. Un relato de frontera. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya

En literatura, se cuentan mentiras para contar verdades. 

martes, 31 de diciembre de 2019

Crónica de la primera reunión del curso 2019-2020 en el club de lectura de La Acequia y Alumni UBU. Sidi de A. Pérez Reverte.


Crónica de la primera reunión del curso 2019-2020, en el Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por el profesor Pedro Ojeda Escudero. Tuvo lugar el día 17 de Diciembre, de 16:30 a 18:00 horas en el seminario 1046 de la Facultad de Humanidades (primer pabellón a la izquierda del antiguo Hospital Militar). El libro comentado fue la novela Sidi. Un relato de frontera de Arturo Pérez Reverte. 


Después de dar la bienvenida a los "nuevos", Pedro Ojeda nos recuerda el funcionamiento del club de lectura y un poco de su historia. A continuación, comentamos Sidi , la novela que hemos leído este mes. 

-Pedro Ojeda: Comenzamos con una obra de éxito, un best seller. ¿Cuál es vuestra opinión?

-Me está encantando.

-Una novelita.

-Flojita.

-Yo soy muy de Pérez Reverte.

-Me ha gustado, me encanta Pérez Reverte.

-¿En dos tardes decías? Soy muy límite.

-Todavía no me ha enganchado.

-Como articulista me gusta, como novelista no he podido con sus novelas.

-Estoy muy guerrera, me gustaba la novela antes de verlo en el MEH y después también.

-Sidi contiene trazas de historia, de leyenda, de literatura, incluso de "western". Cada lector tiene su propio Cid y si no tiene ninguno, lo cual sería raro en Burgos, lo lee como simple novela de aventuras y tan contento. Lo tiene fácil: comienza como una película de indios, un jinete que otea el horizonte y una humareda a lo lejos, seguimos el rastro, los moros han atacado a unos colonos que se habían instalado peligrosamente en una tierrecita de la frontera...del Duero. 

-Estoy encantada de cogerlo, para leerlo.

-Muchas palabras para buscar en el diccionario.

-Me he divertido un montón con el héroe, he ido con ellos a la guerra.

-No entré en la estructura, como novela hay muchas cosas que decir.

-Entretenimiento.


Entretenida

-Sencilla, floja. Se anuncia como una novela de fronteras, con un personaje de fronteras, y yo esperaba algo nuevo. No veo una explicación de qué pasaba en las fronteras, no me queda clara la situación de los distintos reinos. Respecto a Cataluña, se ensaña un poco con el conde Berenguer. El Cid tenía que volver a Castilla donde quedaban su mujer y sus hijos, se veía obligado a rendir pleitesía a Alfonso VI, aunque se fuera con el moro. 



-Hace poco acompañé a unos alumnos de un instituto de Alicante a una excursión aquí y les pregunté qué sabían del Cid. Algunos contestaron que era un mercenario y se preguntaban qué hacía en la Catedral. Para estos chicos,  Sidi sería genial: se pega un paseíto suave por tres sitios y casi baja a Valencia.



-Un Cid mercenario y hombre de frontera no exitoso, no es un héroe.

-Se centra en los condados francos, huele a trilogía.

-Pedro Ojeda: Él no lo ha negado.

-No ahonda en la historia del Cid, no es su objetivo.

-Sin ser una novela histórica se aprenden cosas de historia. Soy quinto de Arturo Pérez Reverte, he aprendido mucho de él y de Santiago Posteguillo, aunque soy de ciencias.

-Me parece bien, es una novela y no se  plantea una biografía del Cid. Me gustan los caballos.

-Es un best seller con mucha publicidad y marketing.


Escaparate de la librería "Luz y Vida" de Burgos.

-Como guía de turismo, he podido comprobar que los extranjeros conocen al Cid, especialmente los franceses con Corneille, preguntan y buscan la tumba. Los alumnos españoles de fuera de Burgos ni idea. El marketing que ha tenido Sidi lo va a dar a conocer, incluso a esos profesores que decían que el Cid no había existido. Ha existido históricamente y la gente se va a acercar gracias a Sidi, didáctico y sencillo para gente que no sabe nada de él.




-Pero algunas palabras: cordobán, velmez, algara, ruana...

-Me encanta, me da igual si existió o no existió. No me planteo si es histórica, a mí qué me importa. Es una obra que me está gustando y me entretiene. Acababa de terminar una agradable novela de aventuras El diamante de Moonfleet, ahora otra, qué bien. 

-En resumen, hay que separar lo histórico de la novela.

- Pedro Ojeda: La jura de Santa Gadea no la ha quitado, si la quita la novela pierde enganche para vender.



-Me gusta buscar palabras, me obliga a perseguir su significado.

-La novela es novela, la historia es historia.

-Dijo que había escrito una novela.

- Pedro Ojeda: Paco Cuesta tiene un blog El Alfoz y os aconsejo que leáis sus dos últimas entradas. María Ángeles Merino también tiene un blog La arañita campeña.

-En él publicaré la crónica de esta reunión y también otra entrada que estoy preparando, basándome en lo que pude oír en la larga cola que esperaba escuchar a Pérez Reverte el día 2 de octubre en el MEH. Hay muchas lecturas de Sidi. Es una entrada un poco cotilla.

-Me he leído la de Corral, me estoy empapando de Cid y yo no soy de empapar.




-Están reinventando el mito del Cid.

-Una novela de entretenimiento con un Cid reconocible.

-Azorín escribió en su libro La cabeza de Castilla: "en el Cid la leyenda contrabalancea la Historia; al estar en Burgos, nos sentimos zarandeados entre lo ficticio y lo real, llevados y traídos de la leyenda a la Historia". Imposible escapar: yo tenía dos abuelas de muy distinta procedencia: para la de Córdoba el Cid no había existido, para la de Riocerezo era de la familia puesto que nos apellidamos Rodrigo. Aquí, el Cid es un vecino más que no solo está en las estatuas o en los cofrecitos que compran los turistas sino que acompaña al  burgalés en su vida cotidiana; así si se ve obligado a ganarse el pan fuera se siente "desterrado" o si no se lleva bien con su jefe dice "ser buen vasallo si hubiera buen señor". 


El Cid pasó por esta librería

-Pérez Reverte dice de su Cid "es tan real y tan falso como todos. Porque en el Cid hay un 25 por ciento de historia probada y el resto es leyenda, suposición, reconstrucción...".


-Van a rodar una serie sobre el Cid.

-Me estoy sintiendo inculta, el Cid me la trae al pairo.

-Pedro Ojeda: En enero, voy a hacer una ruta cidiana por la ciudad, con un grupo de estudiantes de la universidad de Michigan. Empezarán con la construcción del mito del Cid y pasaremos a la deconstrucción (jura de Santa Gadea, espada Tizona, etc). Podéis venir con nosotros.

-Fuera del mundo virtual, la primera vez que vi en persona a Pedro Ojeda fue precisamente con el Cid, creo que estaba "deconstruyendo" la jura de Santa Gadea delante de la iglesia de Santa Águeda, con un grupo de estudiantes jovencillos.


-Si queremos saber del Cid de Sidi podemos encontrarlo en el libro El Cid Campeador. Historia, leyenda y mito de Francisco Javier Peña. 



-Había que sacar a una mujer e inventa a la hermana del rey moro de Zaragoza, el Cid se resiste pero , al final, cae.

El Cid y doña Jimena en el óleo "Figuras de romance" de Marceliano Santamaría (Sala de Poridad, Arco de Santa María)

-Hay demasiadas referencias repetidas a los olores: cuero, sudor, hierro...

-En las descripciones también hay repeticiones.

-Los moros admiran al Cid y se muestran aduladores.

-Pedro Ojeda: La mayoría de los musulmanes eran de origen hispanorromano, del norte de África eran muy pocos y no hubo Reconquista. La realidad de la ocupación musulmana fue una guerra civil entre visigodos, los partidarios de Witiza que eran arrianos y los de Rodrigo que eran cristianos. Los arrianos negaban la condición de Dios a Cristo, a un paso del Islam. 

-Me llama la atención el recuerdo a los versos de Manuel Machado o la niña de Covarrubias.

-El final es de trilogía, parece decir "continuará".

-El final es bastante tonto, relacionado con la espada Tizona que el Cid real nunca tuvo.


Estatua del Cid en Burgos. La espada en alto.

-Pedro Ojeda: Relativo a la religión, depende de lo que te toque. Si tu reino era cristiano eras cristiano, si era musulmán eras musulmán. La entrada de árabes fue mínima, el componente mayoritario era hispanorromano, no hubo Reconquista.

 -Los de África eran los malos, los andalusíes eran los buenos y Ruy Díaz les perdona la vida.

-En la historia, todo puede ser verdad y no haber ocurrido. Como el rey Arturo en Inglaterra que posiblemente no existió.

-Pedro Ojeda: Hay una construcción de mitos pero los pueblos no construyen ni héroes ni mitos. Se construyen después, como a Suárez en la transición: se le ha mitificado pero la verdad es que a Suárez no lo veía nadie...¿Habéis visto la película El Cid con Charlon Heston y Sofía Loren


El Cid en la pantalla del televisor.


-¿El Cid tenía su "señor natural"?

-Pedro OjedaSegún las normas feudales, tiene "un señor natural". Era una especie de mafia, el que es más fuerte que tú.

-Lo deja bien claro, nunca irá contra el rey Alfonso, a pesar de todo. Es su "señor natural".



-(Pedro Ojeda) Hay gente que antes de leer la novela de Arturo Pérez Reverte sabe que le va a gustar o sabe que no le va a gustar. Sus artículos de prensa y el Twitter han construido un personaje. Cuando tuvo malas ventas, empezó a preocuparse, había bajado mucho el nivel, bajó mucho el nivel, su Trafalgar es infumable. Ahora me he reconciliado con la literatura de A.P.R. Ha recuperado su tono narrativo en las últimas novelas, ha encontrado el tono en la novela de entretenimiento, había perdido al público que busca entretenerse.

Se enfrenta con el Cid, después de escribir Una historia de España. Una de sus obsesiones es la construcción histórica de España, no la del franquismo. Piensa que  todos los gobernantes han sido una porquería y el proyecto de España se debe a los españoles. Es lógico que se encontrase con el Cid porque el Cid está en el inicio del concepto de España. Todo el Cantar de Mio Cid se justifica en los últimos versos:

"Veed qual ondra creçe  al que en buen ora naçió,
quando señoras son sues fijas  de Navarra e de Aragón.
Oy los reyes dEspaña  sos parientes son,
 a todos alcança ondra  por el que en buena naçió."



La honra de los reyes de España viene porque son descendientes de las hijas del Cid. Los reyes descienden del Cid, es un proyecto de unificación de España que ya existía a finales del XII cuando no había España. Fernando III el Santo aspira a ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y uno de los documentos que presenta es el Cantar de Mío Cid, alegando que somos descendientes de los godos, una mentira pero que está dentro de esa construcción. El Cantar es importantísimo como construcción legendaria de España: un manuscrito del XIV que copia un texto del XIII, existente en el XII y que será cuestionado en el XIX . Cataluña y el País Vasco  se sienten excluidos de ese proyecto y odian al Cid.


A Pérez Reverte le viene muy bien el Cid, un personaje muy novelesco, más que el de Corral, más fiel a la historia. No ha renunciado a la jura de Santa Gadea ni al engaño a los judíos. Parte de lo legendario: la idea del hombre duro, líder de su gente que duda y su gente le empuja. Al final esa promesa de que va a ir hacia Valencia y empieza a ser consciente de que es leyenda.

He disfrutado, es una novela de aventuras entretenida y muy eficaz, como las que leía a los dieciséis años. La idea del honor y del compañerismo. Compañerismo hasta en la traición, fidelidad a los suyos, a las grandes ideas, asesinos hijos de puta con principios, peligrosos los que no tienen principios...



-Hay mucho de su experiencia en la guerra de Bosnia. Este es un mundo en el que se mueve como pez en el agua.

-Pedro Ojeda: En cuanto a las palabras que os han sorprendido es típico de las novelas históricas de antes, utilizan palabras de la época que dan el tono.

-Al final, el Cid cae con la hermana del rey moro. En la leyenda no está pero le da ese toque humano.

-Un libro decisivo en su vida fue La leyenda del Cid de José  Zorrilla. Lo leyó cuando era niño, en la biblioteca de  su abuela. Es una visión romántica que fue el inicio de su aventura con el Cid. 

-¿De derechas o de izquierdas?

-Pedro Ojeda: Los medios de comunicación juegan a encasillar. Así, todos tenéis la idea de que Juan Manuel de Prada es muy de derechas y no es así. Umbral que era de izquierdas se fue a la buena sociedad de Madrid. A Pérez Reverte se le nota, se relame con lo de Cataluña.

En enero, leeremos La España invertebrada de José Ortega y Gasset. Un liberal conservador que realiza un análisis del problema de España. Frase por frase es lo que vivimos hoy.



Un abrazo para todos los que pasáis por aquí y feliz año 2020 os desea:

María Ángeles Merino

Mi crónica está redactada, como otras veces, siguiendo mis rápidos apuntes tomados en la reunión, con la voluntad de acertar con su espíritu, ya que con la letra, toda la letra, es humanamente imposible. 

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Las confesiones de una cernedora de recuerdos (3). "Las cosas tienen vida propia...".


La cernedora de recuerdos (3)
"Las cosas tienen vida propia".

El pasado domingo, 10 de noviembre de 2019, es bien conocido que se celebraron elecciones generales y, cómo no, cumplí con el deber ciudadano que, por circunstancias que no vienen a cuento, lleva camino de convertirse en rutina. Acudí al colegio electoral que me corresponde, el CEIP Río Arlanzón, el antes llamado Generalísimo Franco, mi viejo cole de la infancia, casualidad que me permite votar y recordar. Y, aunque lo haya visitado muchas veces después de mi último curso allí, no dejo de sentir extrañeza: qué pequeñito es todo, qué grande me parecía de niña.



Ya lo sabéis: me declaro “cernedora de recuerdos” y me gusta tamizar pequeñas porciones de vida, luces en la niebla de la memoria que aprisiono en el papel para que no se pierdan; porque vivo esa edad en que los flashes del pasado me sorprenden. Y, además, acabo de leer y releer Las confesiones de un pequeño filósofo, donde Azorín rememora y nos abre el apetito de rememorar.



El escritor no pudo resistir el deseo de visitar el colegio de su niñez, aunque una voz interior se lo desaconsejase:

«No entres en esos claustros…vas a destruirte una ilusión consoladora. Los sitios en que se deslizaron nuestros primeros años no se deben volver a ver; así conservamos engrandecidos los recuerdos de cosas que en la realidad son insignificantes».

Pero no atendió “esta instigación interna” e “insensiblemente” se encontró en la puerta del colegio y subió “lentamente las viejas escaleras”. Todo estaba en silencio, se oía “el coro monótono, plañidero, de la escuela de los niños”. Después oyó una campana, vio cruzar “una larga fila de colegiales” y se estremeció porque tuvo un instante la percepción de que “todo es uno y lo mismo” y era él “en persona que tornaba a vivir en estos claustros”.

No, el domingo entré en el mi antiguo colegio, ya sin riesgo de destruir ilusiones ni de empequeñecer recuerdos porque, aunque salí de allí a los once años, hube de volver a los diecinueve, en 1976, cuando todavía era Generalísimo, para realizar mis prácticas de los estudios de Magisterio. Recuerdo mi sorpresa ante el amplio vestíbulo, encogido como por arte de magia, y ante un espejismo similar al del “pequeño filósofo”: que era yo que volvía a la fila de colegialas de bata blanca.



Una vez dentro, lo de siempre: coger la papeleta blanca y la de color salmón, los sobres correspondientes, el DNI y a la mesa. En el vestíbulo montaban guardia los interventores con sus tarjetones, ya iba a ponerme a la cola cuando oí mi nombre.

-¡María Ángeles Merino!

-¿Quién eres?

-¿No te acuerdas de mí? Soy Mari Carmen P…, de tu clase, aquí en el Grupo.

-¡Sí! ¡Cuánto tiempo! Desde cuando estábamos con la señorita Felicidad.

-¿Qué te parece si subimos por la escalera y fisgamos un poco? ¿No te hace ilusión?

-Pero, Mari Carmen, nos van a echar el alto.

-Venga, no seas miedica, el de seguridad no mira ahora.



Dicho y hecho, me vi de la mano de Mari Carmen en un aula del primer piso. Nada que ver con la clase de la señorita Felicidad: colores vivos, personajes de dibujos animados, palabras en inglés, pupitres movibles, pizarra electrónica, estanterías y botes desbordados, ordenadores “zapaterines”, lo normal en una clase de ahora. De pronto, Mari Carmen descubrió algo que le llamó la atención, era una puerta gris con un calendario de 1967. Muy decidida, me empuja y exclama:

-¡El túnel del tiempo!  ¡Mira, esta sí es una clase de las nuestras!



La clase comenzaba siempre con rezos, el crucifijo en medio y los retratos de Franco y de José Antonio a los lados, como si de santos se tratara. Y la mesa de la maestra encima de la tarima, el puesto de vigía. Los pupitres dobles e inamovibles, mal lo teníamos si nos enfadábamos con la "compa". A final de curso, lijábamos y encerábamos su madera vieja y nos parecía divertido. 

-Como decía el gitano Melquíades, en Macondo: “Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima”. Vamos a dar vida a objetos escolares desconocidos para niños de enormes mochilas y deportivas fluorescentes. Mira, las niñas han dejado aquí sus batas con las chalinas y los cuellos postizos. 

 Las batas blancas, el esfuerzo de nuestras madres, sin lavadoras ni tambores de Colón. No todo era blancura, te acordarás de Milagritos que se ponía guarrísima y, en su casa, la castigaron  con una coletilla en la carta a los Reyes Magos que leyeron en Radio Castilla: “Milagritos lleva la bata hecha un asquito”. Entonces nada nos creaba traumas, no nos mandaban al psicólogo.



-Yo me acuerdo de Belén que todos los días se levantaba la bata para que la viéramos bien el modelito que llevaba debajo, era una chula, decíamos. Había niñas que, por el contrario, procuraban ocultar vestidos viejos y recosidos. Recuerdo que algunas no tenían abrigo.

¿Y las chalinas azules de lunares blancos? Acababan mal paradas después alguna batalla en el patio y nos reñían por conducta "poco femenina”. A mí me llamabais chicazo porque llevaba el pelo corto.

-Y a mí porque llevaba unos pantalones que mi madre encargó a la sastra "para no coger frío". A las maestras tampoco les hacía gracia, las mujeres con faldas, por Dios. Otra cosa que no toleraban era el  pelo suelto, yo eso sí, muy femenina, con cola de caballo y lazo. ¿Y el horroroso cuello de plástico rígido? Agobiaba pero estábamos acostumbradas, hoy dirían tortura infantil.

-Vamos a sentarnos en nuestros pupitres. Nos colocaban aritméticamente, por puestos, según las notas, en tres filas: la de las listas, la de las medianas y la de las tontas. Para coger un complejo y no soltarlo en toda la vida. Yo estaba aquí y tú ahí, me acuerdo. Eras más aplicada que yo y en tu casa te ayudaban más. No me quejo, peor lo tenían las últimas de la tercera fila, se portaban mal y recibían tortas a diario.



-Sí, como Teresina que no atendía a  nada, se aburría y claro “hacía el tonto”. Teresina, al pasillo o al rincón. Ahora recibiría atención psicopedagógica y  clases de apoyo, tal vez la diagnosticarían como TDH y a pastillazo limpio. El niño que no seguía la clase era tonto o vago o desobediente, ya sabes el tratamiento.

-Vamos a abrir nuestras carteras. Mira, mi enciclopedia escolar, el libro que lo traía todo: el ojo de Dios en un triángulo, los Reyes Católicos, Franco, la bola del mundo, el análisis morfológico y sintáctico, los cuerpos geométricos, las cuatro reglas, el sistema métrico decimal, los seres vivos regalo de Dios, la higiene sin ducharse mucho y como ser una niña bien educada. Los dibujos eran muy simplones pero fáciles de copiar.


-El ojo de Dios miraba y la señorita Felicidad no nos hablaba mucho de yugos y flechas, ella era más de Quijote, Azorín y Platero, bendita sea. Teníamos un cuaderno apaisado, mira aquí el mío, donde reflejábamos las festividades patrióticas y religiosas, con dibujos y  frases pomposas. Eran para la exposición de fin de curso: muchas banderas, cruces y santos con aureola.


Platero y yo

Mi estuche de cremallera, mira qué nueva la pintura negra y qué corta la roja y la amarilla. Y, un rinconcito, junto a la escuadra, un estuchito con el rosario de cuentas azules.

-Y mi plumier, con los lápices mordidos y las pinturas enanas. Cuando rezábamos el rosario, contaba con los dedos. El lujo era el estuche de cremallera de dos pisos y el bolígrafo de diez colores, gordísimo. Los Reyes Magos iban a su aire.



-Aquí está mi catecismo de segundo grado, con preguntas y respuestas: “¿Eres cristiano? Soy cristiano por la gracia de Dios.” Yo tenía buena memoria y me libraba de copiar no sé cuántas veces.



-Rezábamos, estudiábamos el catecismo y eso que no íbamos a las monjas. Mira, aquí está algo que odiabas: el costurero con el “tú y yo”. Me acuerdo que no acertabas a enhebrar la aguja, que siempre te salían “trampas” en el punto de cruz y la señorita Rita te mandaba deshacerlo todo.

-Con lo cual, ya no cosía, todo era tirar del hilo y esperar a que volviera Felicidad y nos pusiera, qué felicidad, con el dictado o la lectura. El delantal de labor, creía que lo tenía en mi casa.


"Tú y yo" a punto de cruz.

-En el mío he encontrado chapas de los botellines de la leche. Cuando me aburría, las aplastaba y me hacía pulseras y collares. No me faltaba imaginación.

-Los botellines vinieron después de la llamada “leche americana”. Cuando éramos parvulitas, la conserje Begoña la preparaba  en el servicio, echaba la leche en polvo a un enorme perol con agua del grifo y la calentaba en un infiernillo. Cada una llevábamos nuestra taza, la mía era de plástico y me parecía de juguete. No me hacía mucha gracia beber aquel líquido tibio llena de grumos, pero había que tomarlo o fingirlo. Supimos su procedencia mucho después, se decía que era un regalo a cambio de las bases militares.



- A mí me gustaba, le echaba un poco de Cola Cao a escondidas. Era americana, pero procedía de una ayuda de la UNICEF. Todo era obligatorio en el cole.

-¿Y qué es esto? ¡La bolsa con los bombachos de la gimnasia! Los ridículos “pololos” que nos poníamos debajo de la ropa, de tela azul mahón, con unas gomas ajustadas a la pierna, para que no se nos vieran las bragas. El bombacho y las zapatillas de lona blancas era todo el equipo, no conocíamos el chándal ni las deportivas.



-Y si te daba miedo saltar el potro, te aguantabas. Todavía me acuerdo de la cara de susto que ponías. Sólo tenían un poco de consideración con las que habían tenido “la polio” y llevaban unos armazones de hierro en las piernas. En nuestra clase había una y se gastaba mucha mala leche, pero nos aguantábamos porque estaba “malita”.

-Todavía había niños con poliomielitis, parálisis infantil, en los años sesenta. A nosotras nos vacunaron en el colegio, la vacuna era una gota  milagrosa en un terrón de azúcar. Parece que estoy viendo la gotita aquella y su color rojo brillante, toda una novedad que no nos pinchasen. ¿Qué más cosas hay por ahí?



-Por aquí están los “tesoros”. La goma y la soga de saltar, los cromos Maga Color, la pelota verde de los zapatos “Gorila”, los hilos plásticos para trenzar llaveros, los cuentos troquelados, los cuentos “pulga”, los tebeos de hadas para niñas y los del Capitán Trueno para niños, los recortables, las calcamonías, las postales con rosas perfumadas para el día de la madre, los chicles “Bazooka” siempre en la boca. Y al patio, a jugar al corro con la “chata Berenguela” que “se pinta los colores con gasolina” o con la “jardinera” que entró "en el jardín del amor” o “el patio de mi casa” que “es particular” y “cuando llueve se moja como los demás”.



-Y al escondite, y a pillar, y a la tanga. La campana del recreo era la mejor música. Mira por aquí alguien ha dejado un monedero: duros, pesetas, dos reales, céntimos y perras gordas. Vamos a echarlas al  negrito del Domund, por la ranura que tiene en la cabeza, o al chinito de la señorita Marina. Había que echar una monedita para que se salvaran del infierno.

-Y si Dios era tan bueno ¿cómo iba a mandar a niños inocentes al infierno?



-Eso también me lo preguntaba yo, Mari Carmen. ¡Eh! ¡Mari Carmen!, ¿dónde te has metido? De pronto, ya no estoy en la clase de la señorita Felicidad, estoy en el vestíbulo con la gente que va a votar. Y a mi lado, un guardia de seguridad me pregunta: “señora ¿qué le pasa?”. Eso me pregunto yo.



Cumplí mi obligación del voto y busqué a Mari Carmen. Me fui a casa pensativa. Leí un poco más a Azorín, el pequeño filósofo:

«Casi todos los colegiales teníamos nuestras arquillas. ¿Qué encerraba yo en la mía? Ya no lo recuerdo; acaso un álbum de calcomanías, un lápiz rojo, un espejico de bolsillo, un membrillo, que yo voy partiendo poco a poco y comiéndomelo; un libro pequeño con las tapas pajizas, que yo leo a escondidas con avidez...Las arquillas eran unas cajas de madera, cerradas, con un asidero en la tapa…»

Me puse a escribir: “Las cosas tienen vida propia”.

María Ángeles Merino (ejercicio de escritura)


Ver también http://aranitacampena.blogspot.com/2012/11/el-placer-de-la-lectura-primeras.html

(Palabras en rojo tomadas directamente de  Las confesiones de un pequeño filósofo, Azorín, Narrativa Austral, edición de José María Martínez Cachero, 2014.)