lunes, 23 de febrero de 2026

Ya no llueve, salen las margaritas y me voy con María Zambrano a un centro que lleva su nombre.



Ya no llueve, el sol anima a las margaritas a salir y voy buscando el cauce molinar. Sigo a unos patos azulones, hasta una casa con los pies de agua y el mismo nombre de la autora del libro que llevo en la mano: Maria Zambrano. Es un centro de "personas mayores". De oídas, sé que se imparten clases de pintura, trabajos manuales, Gimnasia, Arte..."Envejecimiento activo", dicen, a mí me suena mal y debe ser porque lo entiendo al revés.


Mayores, ancianos, viejos, tercera edad, eufemismos mil. Confieso que muchas veces me sorprendo como el ratón del cuento, el que nunca sospechó que era un ratón. 

Me acerco al agua para hacer unas fotos y charlo con un hombre que me habla de clases de talla en madera y de las margaritas que acaban de salir  y yo de cuando "todo esto eran huertas", concluyendo él que "ya tenemos una edad". Sí, recuerdo el olor a cebollas, no había calle, era un atajo con un puentecillo endeble y mucho barro. Era "La Canal", la del crimen que inspiró la película "Amantes", me lo contaba mi padre, no lo viví, mayor pero no tanto. 




Es un buen lugar para abrir el libro y seguir los laberintos filosóficos de María Zambrano. Recordáis que dediqué la entrada anterior al nacimiento: "Se nace, se despierta. Se despierta, se nace." Ahora viene "la respiracíón" y "el despertar de la palabra"

"Y tendrá que esforzarse para respirar, oprimido...lo que le rodea...su propio sentir...su propio pensamiento...su sueño que mana sin cesar envolviéndole...Y suspira...

Indecisa, apenas articulada, se despierta la palabra...como un ave ignorante que no sabe dónde ha de ir, más que se dispone a levantar su débil vuelo. 

Viene a ser sustituida...por la palabra que la inteligencia despierta profiere como una orden...Y la palabra primera se recoge, vuelve a su silencioso y escondido vagar...Mas no se pierde...germinar lento de la palabra en el silencio...

Pues la verdad llega, viene a nuestro encuentro como el amor, como la muerte...Y así, su presencia es sentida como que al fin ha llegado...se ha ido engendrando...en lo escondido del ser en sueños...

La preexistencia de la verdad que asiste a nuestro despertar, a nuestro nacimiento. Y así, despertar como reiteración del nacer es encontrarse dentro del amor...con la presencia de la verdad...

Y en cada despertar...el ser preexistente, emerge...como llamado por una luz que no ve, por una luz que lo toca y se derrama hasta una cierta profundidad en ese lugar, nido quizá, donde alienta...

Y el ser escondido alentará de nuevo en una vida recóndita, junto a la fuente de la que no siempre...podrá beber. "

Agua. Miro el agua del cauce molinar, que pasa por debajo del edificio y luego va al encuentro del rio Vena. 




La fuente de Maria Zambrano mana como la de San Juan de la Cruz: 



Me siento en un banco cercano, a mi lado se sienta una señora de pelo gris y ropa algo anticuada, me cuenta que va a clase de pintura y yo que voy a un club de lectura. Ve la portada de Claros del bosque y me pregunta qué dice "esa escritora". Y yo le resumo algo así:

Nacemos, despertamos, respiramos, suspiramos, brota la palabra, la inteligencia, el amor, la verdad. Porque la verdad estaba ahí ya, antes de la tiranía de la individualidad y el imperio de Cronos, el tiempo. 

Emergerá el ser preexistente, como llamado por una luz. En un nacimiento al revés, buscamos los "Claros del bosque", un paraíso perdido donde habita nuestra conciencia primigenia, la fuente está escondida, no siempre podremos beber de ella. 

No somos filósofos ni místicos, podemos tener la tentación de considerar Claros del bosque solo como literatura, poesía en prosa, o como un mar de palabras en el que naufragamos y nos ahogamos. 

Mi compañera de banco me escuchó atentamente, pero se despide sin comentarios  y se va con prisa. Se daba un aire con María Zambrano, en sus últimas fotos, pienso ahora. 


Seguiré buscando "claros". ¿Qué propone la pensadora malagueña para entrar en esos paraísos primigenios? ¿Música tal vez? 

Mañana tenemos la reunión del Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda. 

Os contaré. 

María Ángeles Merino Moya

domingo, 15 de febrero de 2026

Se nace, se despierta. Se despierta, se nace. María Zambrano.

 


Era un día "entresemana", llovía dentro y fuera. Hay días así, las palabras explotan y causan dolor, los almendros se anegan, se ahogan, en un mar de malentendidos.

A mitad del paseo, me desvio de mi querencia cotidiana, tal es para mí el Paseo de la Isla, cruzo la pasarela, el Arlanzon baja con brío, hinchado de lluvias. 

Mis pasos me llevaron junto a una residencia de ancianos, la del Carmen, clínica y maternidad  en otro tiempo, en la Castellana de Burgos, en la zona señorial, de "chalés", de toda la vida. 

Allí nací, un día de finales de abril, pasada la mitad del siglo pasado. 

Mi madre me contó que nací en el "antequirófano", con una comadrona muy vieja  que le dio mala espina, largo y penoso el parto, pero normal. 

Desperté mi primer despertar, sin imagen, sin nombre, ni para mí ni para las cosas, con la ingenua pretensión de "ser por separado", pobre niñita "deslumbrada y ofuscada", salida de un "baño de purificacion" en el "amor preexistente". 

-¿Qué dices? 

-Escucha. Leo  a Maria Zambrano, en sus Claros del bosque:


"Un despertar sin imagen, así como debemos de estar cuando todavía no hemos aprendido nuestro nombre y nombre alguno.

Se nace, se despierta. El despertar es la reiteración del nacer en el amor preexistente, baño de purificacion cada despertar y transparencia de la sustancia recibida, que así se va haciendo trascendente


Y la existencia, surgia de la pretensión de ser por separado, deslumbra y ofusca al individuo naciente que, sin ella sería como una aurora...". 

"Y el existir lo arranca del amor preexistente, de las aguas primeras de la vida y del nido mismo donde su ser nace invisiblemente para él, pero no insensiblemente...

Y él, el que nace en cada despertar surgiría por levemente que fuese, en una especie de ascensión...en ese lugar primero que parece sea como un agua...

Mas el ímpetu del existir se precipita...se ve arrastrado hacia la realidad, lo que lo pone frente a ella, a que se las vea con ella...

Y la luz tendrá que ser por el ser humano reducida...y el milagro...tendrá que ser tenido por deslumbramiento, del que hay que huir y hundirnos en el olvido. Y asi el olvidar desconociendo comienza..."

-Pero Maria, en cada despertar, se dejará "alzar desde el insondable mar de la vida":

"Una centella del fuego que no abrasa, aunque traiga a veces pena, la fatiga de respirar por entero, como si el respirar todo de la vida atravesara ese ser que entra en ella...Y la respiración se acompasa por esta luz ...El que así alienta el encuentro de la luz es alumbrado por ella, sin sufrir deslumbramiento...vendría él a ser como una aurora...".

-El "fuego que no abrasa", a la manera de la "Llama de amor viva" que "tiernamente hieres", de San Juan de la Cruz. 


"Se nace, se despierta". Se despierta, se nace de nuevo, se sale al encuentro de la luz, en un claro del bosque. Volvemos al "amor preexistente", sin ser deslumbrados. ¿Las "lámparas de fuego" de las cavernas de Platón? Los "amigos de la sabiduría" nos podrían explicar. Yo solo estudié retales de Filosofía, casi siempre en relación con pedagogías.

Sigo con la lectura de Claros del bosque, no es fácil. Ahora viene la " inspiracion" y "el despertar de la palabra". Leo un poco y tengo que detenerme, corro el riesgo de ahogarme en un mar léxico.

Vuelvo a casa, ya no miro el río. Me sale al encuentro el homenaje a Trótula de Salerno, una mujer médico del siglo XI que escribió el primer tratado de Ginecología, cuando el nacer podía llevarse una vida, o dos. 

Se nace, se despierta. Se despierta, se nace. Y a "los claros del bosque".

Ya veis, una filósofa muy poeta: Maria Zambrano. 

María Ángeles Merino Moya

Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda. 

(Entresacado de las páginas 39, 40, 41 y 42. El amor preexistente. El despertar. Claros del bosque. María Zambrano. Alianza editorial)



lunes, 9 de febrero de 2026

Soledades y claros del bosque.





Me pareció ver a una amiga de lecturas, desde Barrantes, en la pequeña cuesta que sube a Santa Águeda, hacia un pequeño ultramarinos que abre los domingos y es amigo de los peregrinos. Subí, me asomé al interior de la tienda, a la cola de los "olvidos". No estaba allí, en otro momento hablaré con ella de los Claros del bosque, de la Zambrano

Seguí por la calle de Santa Águeda, camino de Santiago al revés, que santos aquí, en Burgos, no nos faltan. Abria el suplemento dominical, hablaba con Rosa Montero, a través del artículo: "Sobre las soledades". Sí, Rosa, convivir con la soledad, un aprendizaje esencial, muchos no dominan la vital asignatura, conocemos a "demasiadas personas estupendas atrapadas en esa mutilación existencial que es el miedo a estar solas". 

Viene de la niñez. Maria Ángeles nunca fue de mucha calle, ni de muchas amigas, amigos menos, qué brutos los chavales de mi tiempo.   Mejor buscar un rinconcito para los  libros, las muñecas y los cuentos. Jugaba, me hacía compañía. 

Y ahora juego con este aparatejo, engancha, más de lo que quisiera, luego dicen de los niños. Paseo sola y leo, andando, no importa. Cuidado con las piedras del camino, dicen que, por aquí mismo, el Cid hizo jurar al rey Alfonso si fue o consintió en la muerte de su hermano. Buena literatura, excelentes cuentos para mayores, por qué necesitamos que nos cuenten, buena pregunta. 

Buen camino, va algún peregrino y gente a misa a la iglesia de Santa Águeda, hace poco fue su día, recuerdo los hermosos cantos nocturnos de una noche del 4 al 5, coros en la calle, en el  valle guipuzcoano donde viví mis veintitantos y mis treinta y pocos, con ruido de bastones despertando a la tierra, llamando a la primavera. Recuerdos encadenan recuerdos. 

La memoria, buena compañera también. Esta tarde, pienso, correré por los claros del bosque, voy muy lenta, cuesta. 

Acelero el paso, me esperan. A ratos,  disfrutamos del soliloquio con nuestro yo. Nuestro mejor amigo, el que lo sabe todo de ti o cree que lo sabe, también distorsiona, enmascara, borra, cuidado. La conciencia, ahí dentro vive el pensamiento, el que corre "por los claros del bosque", "en instantes como centellas de un incendio lejano". 

Leo:

"Y así se corre por los claros del bosque...abriéndose así un claro en la continuidad del pensamiento que se escucha: la palabra perdida que nunca volverá, el sentido de un pensamiento que partió..."

"Y de lo que llega, falta lo que iba a llegar, y de eso que llegó, lo que sin poderlo evitar se pierde."

"Y de lo que apenas entrevisto o presentido va a esconderse sin que se sepa donde, ni si alguna vez volverá ese surco apenas abierto en el aire, ese temblor de algunas hojas, la flecha inapercibida que deja, sin embargo la huella de su verdad en la herida que abre, la sombra del animal que huye, ciervo también él herido, la llaga que de todo ello queda en el claro del bosque. Y el silencio..."

¿El ser de las cosas? "La pregunta clásica que abre el filosofar."

"¿Adónde te escondiste?...". 

¿Un ciervo herido? Salto, como con un resorte, a otro libro que guardo en la estantería desde 1978. San Juan de la Cruz, en la colección Austral, Obras escogidas.

"¿Adónde te escondiste, 

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido,

salí tras ti clamando, y ya eras ido..."

(Cántico espiritual. Canciones entre el Alma y el Esposo. San Juan de la Cruz)

María Zambrano "tras el maestro que nunca se le dio a ver: el Único, el que pide ser seguido y luego se esconde detrás de la claridad..."

¿Qué busca la filósofa María Zambrano?

"Y al perderse en esa búsqueda, puede darsele el que descubra algún secreto lugar en la hondonada,que recoja el amor herido, herido siempre, cuando va a recogerse."

¿La Conciencia? ¿El ser de las cosas? ¿Dios? ¿El Amor? Filosofía, Mística y Poesía. Así es. O así me parece, María Zambrano.

Ya veis, yo, buscando claros en un bosque filosófico.

San Juan de la Cruz, una fuente donde bebió esta gran filósofa, poeta y amiga de los místicos. El ciervo huía, Maria herida.

¿Era Dios lo que buscaba María en los intermitentes claros del bosque?

El sol entra en mi habitación, después de tanta lluvia.

Ya veis, las soledades de un domingo. Oigo una voz: ¿Me llevas a la cama? Mi madre se aburre con la televisión, no entiende, me dice. ¿Quién entiende algo?

Mañana vuelvo a la calle Santa Águeda, a ver si encuentro a mi amiga lectora y charlamos en torno a Claros del bosque de María Zambrano, entre las dos mejoraremos nuestras entendederas filosóficas. 

Es la lectura de febrero, en el Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda.

María Ángeles Merino Moya

Claros del bosque, María Zambrano, Alianza Editorial, páginas 34 y 35)





viernes, 6 de febrero de 2026

Cronica de la reunión de lectores en torno a Los hijos muertos de Ana María Matute.

Crónica de la reunión de 27 de enero de 2026, del Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, cuarta de este curso, 2025-2026, en su formato presencial, dirigida por el profesor Pedro Ojeda Escudero

El libro comentado fue la novela Los hijos muertos de Ana María Matute. El lugar, el habitual: en la facultad de Humanidades y Comunicación de la UBU, aula 5 2, en el edificio del antiguo Hospital Militar. 


Comienza Pedro Ojeda (P.O.), en diálogo con los lectores (L.):

-(P.O.): Los hijos muertos de Ana María Matute, una novela clásica del siglo XX, de la nueva narrativa española, una novela que se va transformando, que empieza de una manera y sigue de otra. Parece que va de una saga familiar, pero surge un elemento externo que nos lleva a otro lugar. 

De los años cincuenta, nos propone una reflexión:  el olvido y  el recuerdo de un mundo distinto, con gente anclada en el pasado, con una forma de ver la vida y no solo la política. Enfrentamientos políticos y familiares con una gente nueva, como el personaje de Mónica, en Hegroz, un espacio ficticio que es real (Mansilla de la Sierra). Un mundo que lucha por desaparecer, en una novela que nos lleva a Los Pazos de Ulloa y La Madre Naturaleza de Emilia Pardo Bazán: en el núcleo, la casa, nada cambia y todo se transforma porque entra lo externo y provoca grietas.

Es el testimonio de los protagonistas, no de un narrador omnisciente. Personajes que no están a gusto, que no encajan: Daniel, Miguel, Verónica, Mónica. Trabaja mucho ese naturalismo de la postguerra. Tremendismo de La Familia de Pascual Duarte, en el fondo es lo mismo, simbolismo, determinismo.


El pastor que va a acabar con todo, el pueblo, los animales, la vida. Hay un espíritu común, el alma de los personajes y el bosque , el alma de la casa y los lobos. Al final el lobo muere, es un símbolo.

Una forma de tratar una situación histórica, los personajes están muy bien retratados, como Isabel, como su padre. Nos lo dice desde sus acciones y sus pensamientos. Es muy interesante, no ha envejecido.

-(L.): No he podido. Ante la dificultad, no he cogido el libro. 

-(P.O.): ¿Qué te ha pasado? 

-(L.): No sé de qué va, no veo el hilo. No lo he podido terminar. 

-(L.): Hay que leer despacio.


(L.): Me ha costado entrar, luego entré y me gusta. Te metes entre saltos temporales, te despista, gusta más al final.

-(P.O.): Cuesta y yo lo entiendo. 

-(L.): Lo he abandonado. Prefiero leer otras cosas. 


-(L.): Vaya tarea difícil que os han puesto en el club de lectura, me comentó la librera.

-(L.): No me ha costado nada, pero al principio despista, me ha gustado al final. 

-(L.): Me ha bajado la moral, muy duro, lo cogías, lo dejabas.

-(L.): Al final, he tenido que releer el último capítulo, quería más. La descripción de las situaciones es preciosa.

-(L.): No lo he podido leer, he tenido unas navidades movidas. 


-(L.): Me ha llamado la atención que en los talleres de escritura nos aconsejaban evitar el exceso de adjetivos, aquí hay muchos.

-(L.): El adjetivo "extraño" aparece muchas veces. Las mujeres qué extrañas, los hombres qué extraños, la vida qué extraña...

-(L.): El principio es inconexo, deslavazado.

La palabra "sol" que sale doscientas veces. 🌞 

-(L.): La figura más interesante para mí, por razones personales, es Diego Herrera, el capataz. 

- (L.): El "baranda" de los prisioneros que trabajan en el pantano, uno de ellos, Miguel. Las aguas del pantano cubrirían Hegroz (Mansilla), un pueblo llamado a desaparecer. 

-(L.): Me gustaría que incidiéramos en dos personajes: Daniel y la Tanaya. La Tanaya es un gran personaje, la mujer que lucha contra todo y contra todos y sigue adelante 

-(P.O.): Son personajes de características reconocibles, pensáis que no existen, sí existen. 

Técnicas que habéis detectado. No podía ahondar en la guerra civil, según algunos es la primera novela antifranquista que existe. Decir lo que no se puede decir. 

Va haciendo descripciones, el mundo va creciendo, la naturaleza profusa va creciendo, vamos perdiendo capacidad de atención. Para abordar la época se vale de una saga familiar, es de donde parte. Había entonces muchas novelas de sagas familiares. En un mundo mítico aborda la historia reciente, es un paso hacia Cien años de soledad, tiene mucho de eso. Matute va cambiando. 

Los Corvo son una familia de indianos que compran las tierras de un duque. Los aristócratas de los señoríos vendían a los burgueses con dinero y se superponía ahí la dominación al dinero. Los Corvo se arruinan y algunos se resisten: el padre, Isabel viven en el pasado. Conocemos el retrato de una familia que vive en el pasado y otra parte que rompe con aquello: Daniel no puede pensar cono Isabel, César se escapa. Están los sirvientes como la Tanaya. 

Entra la historia y rompe eso. Todas las tensiones de los años 30, los conflictos y la guerra civil, acaban de romper la novela.

 Estrategia: en letra redondilla la historia, con la cursiva nos introduce los recuerdos de los personajes. así han vivido la guerra civil.

 La novela se ha ramificado, de lineal pasa a encrucijada, con los sentimientos en cursiva. De repente nos despista. Quiere continuar e introduce una nueva generación: la historia de Miguel que cayó prisionero, la historia de Mónica de pronto adquiere un protagonismo. Acaba de unir otro tercer bloque, los dos chicos, los pensamientos de Mónica y de Miguel, ha puesto todo en juego.

Fácil de seguir en línea recta: enfrentamientos, historia familiar, Daniel apartado. En Isabel se mezclan el odio y el egoísmo, tiene celos brutales de su hermana. Daniel vive para más gente, llega a la realidad de una sociedad en conflicto. Anarquista, lucha en la guerra civil  y acaba en el exilio, llega a trabajar en minas y contrae la silicosis, le quedan dos años de vida y acepta vivir en Hegroz acepta porque va a morir.

Gente que no cree en nada, Daniel no tiene esperanza en nada, persigue a los tramperos. Surge Diego, no es un santo, no entiende lo que está pasando, lo ve desde una parte. Miguel con Mónica  introduce un paso más, no acepta el pasado.

Sin leyes ni trabas surge el amor. A todos no les frustra el amor, estos dos quieren vivir con esperanza. Daniel no sabe definir el amor, no sabe si está enamorado. Vive el amor pero no lo sabe. Hay pasajes bestiales. 

-(L.): Y descripciones bestiales, como la entrada en Barcelona. La estación de tren, las calles, el humo, el ruido, el asfalto... como cuadros impresionistas.

-(L.): Daniel no conoce el amor pero conoce el odio, hacia la Amelia.

-(P.O.): El argumento es muy fácil, lo que dificulta son las estrategias de vanguardia: muchos adjetivos, nada sobra, un bosque que crece...

En general, ha gustado. Alguno se perdió y ahora la retomará. A otros les costó entrar y luego le  cogieron gusto. A muchos nos ha parecido extraordinaria. También hay quien la ha abandonado una vez empezada y ha preferido otras lecturas. O ha tenido una Navidad ajetreada. Libertad, siempre. 

Como siempre, tomé apuntes y redactaré mi crónica, con la mayor fidelidad posible.


Gracias al profesor y a mis compañeros lectores que lo han hecho posible. Un abrazo a los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya


lunes, 2 de febrero de 2026

Febrerillo loco, un sorbito de café y otro de filosofía.



 "Febrerillo loco que sacó a su padre al sol y luego lo apedreó". 

Loco, con excepción de la piedra, de todo nos ha dado hoy el tiempo. Llovía, el viento en la cara, salía el sol, volvía a llover, me pareció  ver algún granicillo, frío por supuesto. El suelo se volvía espejo de agua y sol para la coquetería de la Catedral, contagiada a sus vecinas de al lado. Dos plazas del Rey San Fernando, una arriba y otra abajo. 

Me refugio en una cafetería, tan "cuqui" que incluye fuego de verdad en chimenea de verdad, pido un café con leche, me siento y María Zambrano sale de mi bolso. 


A mi lado, un profesor jovencito corrige exámenes junto a un Cola Cao, otro chico mira absorto su ordenador, una mujer con cerveza mira aburrida, qué ambiente más intelectual.

 Entro en "Claros del bosque", un sorbito de café y otro de filosofía. A ver:

"...Y  los colores sombríos aparecen como privilegiados lugares de la luz que en ellos se recoge, adentrándose para luego mostrarse junto con el fuego en la rama dorada que se tiende a la divinidad que ha huido o que no ha llegado todavía...".

(Claros del bosque, María Zambrano, Alianza Editorial, página 30)

¿Un claro del bosque? No sé, habrá que buscar el "incipit vita nova". 

¿Pero qué dices? 

El principio de una vida nueva, ya ves. 

Ya veis, un día muy de febrero y la lectura del Club de lectura de La Acequia. 

María Ángeles Merino Moya





jueves, 29 de enero de 2026

Con dos me levanto.

 


Con dos me levanto. Lo mío es vicio.

Y ahora a la cocina a cacharrear un poco.

Musiquilla nórdica, la mañana de un tal Grieg, muy socorrida.

Febrero y marzo en el Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda Escudero, pero yo voy y me adelanto como el almendro. 

Entro, de puntillas, en "Claros del bosque",,de María Zambrano. Filosofía y poesía, también mística. No leía a un filósofo desde mis tiempos de pedante estudiante, cuando no me daba miedo acabar como en las viñetas del genial Forges: "no entiende ni peñazo pero trasponerse se traspone".

"Claros del bosque. En el claro del bosque de María,  buscamos con ella el momento del despertar de la conciencia, antes que el tiempo nos encadenara, jodido Cronos. ¿Que había ahí? Y no había nada o había mucho. Una luz discontinua, a ver los amigos de la sabiduría que en este mundo han sido. 

Despacito con esta lectura. La filósofa despertó con un limón muy machadiano. Yo solo recuerdo los plátanos del Espolón y mucha gente. Ahí empezó todo. Los presocráticos estaban en el ajo, el principio del principio, qué listos.

Y María Ángeles Merino Moya hablando de filosofías, cielos.

El otro libro es "La península de las casas vacías" de David Uclés, un joven escritor ahora muy de actualidad. 

Un miliciano moribundo y una familia andaluza, un alumbramiento en una casa todavía sin luz...Todo pobre y antiguo, atrasado, pero la belleza de las palabras, en la evocación de un mundo perdido, nos regala el goce literario. Nurstra península fue así. Alfanhuí de Sanchez Ferlosio o Cien años de soledad de García Márquez son los ríos que más suenan en Jándula. A mí me recuerda más al de Ferlosio.  

Los que se molestan, incluso indignan, y vociferan, por un libro así, se retratan, nostálgicos tal vez de un paraíso que nunca existió. Bueno, de todo tiene que haber en la viña del Señor. 

Ya veis, una mañana con dos.

Vete a cacharrear, María Ángeles. Y levanta a tu madre.

María Ángeles Merino

martes, 27 de enero de 2026

Una novela que se rompe y nos despista.

 



Esta tarde hemos disfrutado de la reunión del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. El lugar ha sido el habitual, en la Facultad de Humanidades y Comunicación de la UBU, en el edificio del antiguo Hospital Militar. 

El libro comentado ha sido "Los hijos muertos" de Ana María Matute, una novela clásica del siglo XX, de la nueva narrativa española, una novela que se va transformando, que empieza de una manera y sigue de otra. Parece que va de una saga familiar pero de pronto aparece un elemento externo que nos lleva a otro lugar. 

Escrita en los años cincuenta, nos propone una reflexión sobre gente anclada en el pasado y no sólo en el aspecto político. Nos encontramos enfrentamientos políticos y familiares, en una familia, los Corvo, indianos arruinados que mantienen su poder y prepotencia, donde surge gente nueva, con personajes como Mónica y Daniel. Entra la historia: las tensiones de los años treinta, los conflictos, la guerra civil...La novela se rompe y, de repente, nos despista. 

Ana María Matute no podía abordar directamente la guerra civil pero, según algunos, es la primera novela antifranquista que existe. Echó mano de sus técnicas para decir lo que no se podía decir. No era tarea fácil. 

En general, ha gustado. Alguno se perdió y ahora la retomará. A otros les costó entrar y luego le  cogieron gusto. A muchos nos ha parecido extraordinaria. También hay quien la ha abandonado una vez empezada y ha preferido otras lecturas. O ha tenido una Navidad ajetreada. Libertad, siempre. 

Como siempre, tomé apuntes y redactaré mi crónica, con la mayor fidelidad posible.

María Ángeles Merino Moya