La Arañita Campeña
El rinconcito de María Ángeles Merino.
jueves, 5 de noviembre de 2026
Tarde de octubre: "Las lumbres del ocaso prenden las últimas rosas...".
miércoles, 28 de octubre de 2026
Con la lectura de "El viaje de los niños sin nombre" de Yolanda Izard (1).
"Una enfermera y seis niños a los que ha rescatado de las ruinas de una ciudad bombardeada huyen por tierras ucranianas. En su deambular por lugares devastados, se cruzarán con otros seres también desvalidos, despojados de nombre y de épica, de los que conoceremos sus vidas, la que les fue arrancada y la que sufren a causa de una guerra que no entienden..."
-(L.): Admite una segunda lectura. Me ha gustado cómo está escrito. Es una novela antibelicista.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
La flor del camino. ¿Qué le diera yo al otoño?
La niña María Ángeles se queda pensativa. Platero y yo no es un libro para niños, aunque se leyera en las escuelas.
Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.
domingo, 20 de septiembre de 2026
"El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel..."
"Otoño al rescate" (Manuel Vicent, 20 de septiembre de 2026)
En su columna del domingo, Manuel Vicent toma su atinada paleta de palabras y nos anuncia la llegada del "Otoño al rescate".
"...El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje son los mismos que se pisaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darte cuenta ya es de noche y oyes la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a una mañanita de niebla dorada por un sol muy amable. Bandadas de garzas cruzan el cielo hacia el sur y en los valles suena la berrea de los ciervos."
¡Yo quiero un otoño así, Manuel Vicent! "Después de los violentos aguaceros" de este verano que se va. ¡Qué venga a nuestro rescate!
Huele a otoño, mamá. Pronto, la "luz de moscatel" en nuestra ventana y en el campo.
María Ángeles Merino Moya
jueves, 10 de septiembre de 2026
Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas...
Imagino que estoy en el colegio, soy alumna de la señorita Felicidad, tengo diez años y me gustan los dictados. Escribo, palabra a palabra, "El otoño" de Juan Ramón Jiménez que le dice a Platero:
"Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas y los labradores madrugan más que él. Es verdad que está desnudo y que hace fresco.
¡Cómo sopla el norte! Mira, por el suelo, las ramitas caídas; es el viento tan agudo, tan derecho, que están todas paralelas, apuntadas al sur.
El arado va, cono una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz, Platero; y en la ancha senda húmeda, los árboles amarillos, seguros de verdecer, alumbran, a un lado y otro, vivamente, como suaves hogueras de oro claro, nuestro rápido caminar. "
(Platero y yo, Juan Ramón Jiménez)
El otoño se anuncia en mi paseo, en el pueblo y en la ciudad. Más que el sol soy yo la que siente pereza de salir de mis sábanas y los labradores de Palacios de Benaver ya recogieron y empacaron, el campo quedó con unos pocos pelillos ralos, otro color, otra luz.
Solo los girasoles montan guardia, secos y cabeza abajo. No se ve un alma, la cosechadora guardada, no madrugan, descansan en espera de octubre , cuando toque levantar la tierra. ¡Arriba terrones!
Hace fresco, sopla el viento, un vuelo de hojas secas, a la espera de los "árboles amarillos" y las "suaves hogueras de oro claro". Lento caminar hacia el otoño.
Se estrella la primera castaña, florece en fucsia el árbol de Júpiter, las bayas del acebo van del amarillo al rojo.
10 de septiembre. Mamá, los niños vuelven al colegio, me gustaría volver a mí también. Sentarme en un pupitre y leer Platero y yo: "El otoño". La señorita Felicidad lleva moño y bata muy blanca, le gusta leer. Empieza tú, María Ángeles:
"Ya el sol, Platero..."
María Ángeles Merino Moya
Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Redescubrí el mar.
El mar no defrauda nunca. Pueden hacerlo la arena y las piedras, nunca el agua y, menos aún, en nupcias con el cielo y las nubes. Mi hermano, mi sobrina y yo asistimos a un impresionante despliegue de azules, blancos y amarillos. ¡Qué fotaza la de Agustín!
miércoles, 26 de agosto de 2026
Peregrinos y el libro de una coreana. Han Kang.
Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Unos porque no ven el momento de pillar el albergue. Ay este Burgos que, a lo largo, no se acaba nunca: río arriba, un puente y otro puente, los picos de la Catedral parecen estar cada vez mas lejos. Menos mal que no hace calor. "Buen camino" les dicen y te contestan con una sonrisa débil.
Los no peregrinos también se apresuran, hay que hacer músculo, la vida es un arduo camino, si no de Santiago de otros santos. Una mujer comenta a otra que tiene al lado: "yo no me rio nunca". Y sentada en el pretil del río, la miro con un poco de lástima. Buena mujer, no diga eso.
He cogido un libro en la biblioteca, de la Nobel coreana Han Kang. Leí "La clase de griego" y "La vegetariana", duros y poéticos, bien traducidos, lo cual se agradece. Los comentaré por aquí. Un profesor ciego con una alumna muda. Una mujer que deja de coner carne y quiere ser árbol. Más o menos. Mucho más.
Leo un poco de este otro: "Actos humanos". Una sanguinaria matanza, Mayo de 1980, una ciudad que se moviliza contra una dictadura militar, los muertos en una pestilente morgue y alguien que los busca.
Ay, no sé si debo leer esto ahora. Pasa una peregrina con aspecto de coreana. Pasan muchos por el camino, les podría preguntar...Ay, María Ángeles, que va cansada, tiene prisa, no está para literaturas y no te entendería.
Pasan peregrinos y no peregrinos, apresurados. Una peregrina me dice "hola", al notar mi curiosidad. Mira mamá, qué simpática.
María Ángeles Merino Moya




















































