viernes, 6 de noviembre de 2026

Con la lectura de "El viaje de los niños sin nombre" de Yolanda Izard (2).

 

Viene de la entrada anterior. 

-(L.): Me creaba desazón, no se si lo he leido para acabarlo pronto. Sin embargo, era porque me gustaba mucho, hasta en casa lo notaban que me desazonaba. Recordaba que la guerra de Ucrania está a dos horas de avión, son ya cinco años y nos hemos acostumbrado. Está durando más que la Primera Guerra Mundial que llamaron la Gran Guerra. 

-(P.O.): Se ha producido una transformación de las guerras, ahora son drones controlados por IA. 


-(L.): Me ha pasado a mí también: leerlo súper rápido, como cuando leí el libro "Ana no". Quería pasar, pasar. 

-(L.): Quiere decir que el libro tiene un efecto. 

-(L.): Me ha encantado, no quería acabarlo, he disfrutado de cada descripción, en cada cosa que pasaba: el mirlo canta, olor a lavanda...Un consuelo: algunos niños se han salvado. El realismo mágico, los dibujos de la abuela...Irina se despide de su casa, lo más sensible y lo más profundo.

-(L.): Se despide incluso de las gallinas..

-(L.): Lenguaje poético muy interesante. No tenía ganas de acabar, es la vida misma, es la constatación de cómo somos.

-(P.O.): La compasión, la enfermera.

-(L.): Yo he visto mucho del mundo de los cuentos: Pulgarcito, Ricitos de Oro...También de las pinturas de Yolanda con niños en el aire. Y de Pedro Páramo, de Juan Rulfo: están vivos pero están muertos.

-(P.O.): Recorren muy poco espacio, caminan en círculo, es una novela que da vueltas. No es una novela estructurada con un argumento tradicional, es una estructura no lineal. Despersonalización: en una guerra todos perdemos la identidad. Nos podemos preguntar en qué personajes nos reconocemos más, todos podemos vernos ahí. ¿Por qué  los niños no tienen nombre? Hay una busca de identidad, ante la despersonalizacion. Se despersonaliza todo: los "menas", los "rojos", los ,"fachas"...

-(L.): Te encuentras en la situación de la enfermera con los niños, después de la bomba en la escuela. ¿Qué haces?

-(P.O.): ¿En qué lado vas a estar? ¿Sales corriendo? ¿Podías haber ayudado a unos sí y a otros no?

-(L.): En una situación extrema es donde se ve a la persona fuerte, no todo el mundo tiene esa capacidad. 

-(L.): O tiras hacia adelante o te quedas petrificado, bloqueado. 

-(L.): La gente que ha pasado por una situación extrema reacciona de forma dispar, no sabes cómo vas a reaccionar. 

-(P.O.): El mal existe pero no tiene ojos.

-(L.): Yo me lo planteo de otra forma. No leo un libro para analizarlo, lo vivo, luego analizo. No veo tanta despersonalizacion, los cuenta para que no se le pierdan, los niños le contestan con el número de cada uno. Tienen una identidad para salir adelante. 

-(P.O.): Cuando lees, lees para meterte, para incorporarte al libro. Cada uno es hijo de sus lecturas. Hay libros que, en ese momento, no te llaman. 

En Yolanda Izard es importante la búsqueda de un hogar, construir una familia. Encuentran un hogar, esa casa abandonada, aunque no sea permanente, es la felicidad. 

-(L.): No quiere saber nada de ellos, para no tener que dar datos.

-(P.O): Tiene su lado feminista, su perspectiva de género. La madre, la abuela...

-(L): Lo dice: soy su madre. Se compromete. Identificacion es una cosa, otra cosa es la identidad.

-(P.O): El  "Yo soy yo y mis circunstancias" de Ortega y Gasset. El ser humano con horizonte. 

-(L.): Para seis no es necesario ponerles un nombre, un número...

-(P.O): La guerra está a dos horas y media. 

-(L.): Hay guerra en Sudán y no se entera nadie.

-(P.O): Esto nos toca más. 

Los niños están dando vueltas hasta la frontera. 

-(L.): Estoy buscando una geografía de Ucrania. No todo se ha perdido, hay esperanza.

-(P.O): En la novela y en el mundo: siempre hay motivo de esperanza. Hay que pasar por el sufrimiento, el  ascetismo, incluso sufrimiento físico. 

-(L.): Pasajes de belleza y de un capitán Marchenko que ama por encima de todo a su mujer Ada y dice cosas tan bellas que contagia a todos, embelesados, de ese amor, todos han perdido a su Ada.

-(P.O.): El poder de la palabra, la escritura como terapia. Escribir sana el sufrimiento. 

-(L.): Hay quien dice que todo el que escribe lo hace porque le ha pasado algo. 

-(P.O.): Lo del ojo clínico de los mellizos no es tan extraño. Los médicos de antes te averiguaban la enfermedad por el olor del aliento, del pis...

Termina la sesión lectora, la próxima será la poesía de San Juan de la Cruz. 

-(L.): Bueno, ya leímos el curso pasado a Santa Teresa. 

Esta ha sido una muy buena reunión, lectora próxima estará a la altura. 

María Ángeles Merino Moya 


jueves, 5 de noviembre de 2026

Tarde de octubre: "Las lumbres del ocaso prenden las últimas rosas...".

  


"Sobre los rosales, aún con flor, cae la tarde lentamente. Las lumbres del ocaso prenden las últimas rosas, y el jardín, alzando como una llama de fragancia hacia el incendio del poniente, huele todo a rosas quemadas." (J. R.J.).


Se va marchando octubre, el mes de los atardeceres encendidos. Cuando era alumna de la señorita Felicidad, tal vez leía "Tarde de octubre", en aquel Platero y yo, tal vez me preguntaba cómo huelen las "rosas quemadas". Al salir del colegio, quizás sonreía ante las "lumbres del ocaso". 

Ayer, volvía a casa, en coche, al atardecer y me sentía como la niña que fui, rodeada de fuegos. Me acerqué por ver si olía  " a rosas quemadas", en el pequeño jardín. Sonaba la campana de las benedictinas, los pájaros ya se habían ido a acostar. 


La señorita Felicidad era muy buena maestra,  pero no explicaría lo de las "lumbres del ocaso" ni las "rosas quemadas". En mi escuela, las cosas eran lo que eran y nada más. Demasiado para un dictado escolar. Y la poesía no se explica, María Ángeles. 



Juan Ramón Jiménez se lo contaba a Platero, a sí mismo, a saber los poetas a quién se dirigen. ¡Pero qué pintura en solo líneas! Pintura y aroma. Palabras, las leo en voz alta. 

Y octubre se va. 

Van 69 personas fallecidas, en el tren, en Urda (Toledo). Miré al cielo. 

María Ángeles Merino


Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.

https://www.poeticous.com

/juan-ramon-jimenez/platero-y-yo-88-tarde-de-octubre?locale=es

miércoles, 28 de octubre de 2026

Con la lectura de "El viaje de los niños sin nombre" de Yolanda Izard (1).

 




Ayer, por la tarde, tuvimos la reunión mensual del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por nuestro profesor Pedro Ojeda Escudero, a la hora y lugar habituales,  las cuatro y media de la tarde, en la Facultad de Educación, aula 2B. Ha sido la primera de 2026-2027 que, estoy segura, será de buenas lecturas y comentarios, algunas inolvidables, como fue en cursos pasados, que ya tenemos una larga trayectoria. 

Recibimos a los nuevos compañeros, uno de ellos nos sugirió presentarnos uno por uno y así lo hicimos. Pedro nos recuerda las normas del club, lo de obras en castellano y demás.  A continuación, enseguida entramos en harina porque El viaje de los niños sin nombre de Yolanda Izard  no podía dejarnos indiferentes y llegamos ya, la mayoría, con la emoción puesta. Gracias, amiga Yolanda, tu libro es para leer, releer y reflexionar. En la contraportada leemos:
-(P.O.): De Yolanda Izard ya hemos leído dos obras: la novela La hora del sosiego y los relatos de Solo triste de oboe.  Es una escritora bejarana, con especial atención a los débiles y al sufrimiento para encontrar la paz, una actitud ascética que no masoquista. Ella no se ha centrado en una historia concreta, no hay una historia detrás, es una historia de historias que trasciende la guerra de Ucrania. No quería poner Putin, se le escapó una vez.

 ¿Alguna dificultad? ¿Qué os ha sorprendido?

-(L.): Ese paso, atrás adelante, el uno con el otro, es muy bonita. Es triste decir que es bonito algo tan fuerte. 

 -(L.): Admite una segunda lectura. Me ha gustado cómo está escrito. Es una novela antibelicista.

-(P.O.): Un posicionamiento.

-(L.): El personaje de Fédor, un pacifista obligado a ir a la guerra, con sentimiento de culpa en su carta a Irina. 

-(L.): Peculiar el del manzano, habla un árbol. También el de la abuela, hay variedad de estilos. Impactante el testimonio del final de la familia Petrenko, contado por su hija Tamara. O los mellizos Aleksei y Oleh que pueden prever las enfermedades.


-(L.): Pero no pueden salvar vidas si no tienen título. 

-(L.): Un tema de actualidad: el de la no identidad, es un mecanismo de defensa. 

-(L.): Me ha gustado muchísimo, la he leído y releído. Cosas tan sensibles, la defensa del indefenso. 

-(P.O.): Sentir no, acompañar. La compasión.

-(L.): Compasión: la palabra preferida del Papa Francisco.
 
-(L.): Me parece una novela floja, me ha costado hasta el capítulo 10. En cualquier guerra hay destrucción, despersonalización. Siento tener que decir que está mal estructurada, cuesta seguir el argumento. No crea personajes, el mejor el de los gemelos, Utiliza recursos del realismo mágico: el manzano, la abuela muerta. La enfermera está sin definir, numera a los niños del 1 al 6 y ella se pone el 7, por solidaridad. ¿Es española?

-(L.): Es antibelicista. El tema del anonimato, la guerra te borra todo. El manzano puede simbolizar el pecado. 


-(P.O.): Lo que dividió a la humanidad. No era una manzana.


-(L.): Viaje para atrás, para adelante. El perro tiene nombre. Me ha gustado, aunque la veo más de ensayo que de novela. 

-(L.): Prosa poética y bien poética. 

-(L.): El mundo de los cuentos está muy presente. La casita abandonada, los niños abandonados por sus padres.

-(L.): La guerra arranca hasta el nombre. Y la enfermera los llama por un número, del uno al seis. Me recuerda a los campos de concentración, les ponían un nombre para despersonalizar. 

-(L.): `Personajes que están medio vivos o medio muertos, como el gato aquel. O viven en un inframundo como los de Pedro Páramo de Juan Rulfo. La niña Pietra que está muerta pero no está sola, está con la ratoncilla embarazada con los ratoncillos no nacidos y la culebrilla de plata que se acababa de comer, las hojas, el roble...

-(L.): Cuando yo me enfrento a una novela no analizo personajes ni estructuras, no me importa que rompa las reglas. Lo más importante es que me tocó tremendamente. Para mí eso es más importante que el personaje esté más definido. Una belleza, una sensibilidad, algo que me toca. 

-(P.O.): Trabaja desde la poética los mayores dramas. 

...

 
Seguiré pasando e interpretando mis notas, con la mayor fidelidad posible. Un abrazo a los que pasáis por aquí:

María Ángeles Merino


miércoles, 23 de septiembre de 2026

La flor del camino. ¿Qué le diera yo al otoño?

 





Platero y yo: 50 – La flor del camino.







Leo en mi viejo libro escolar y vuelvo a ser una alumna de la señorita Felicidad. Leo y pasan delante de mi pupitre " tropeles" y lo busco en el diccionario: abundancia y multitud de personas o cosas..

Flores del camino: amarillas, malvas o blancas, tiernas y débiles, pero siempre enhiestas. Por mi paseo de la ciudad, la Quinta o la Isla, los "tropeles" son otros, ni toros, ni cabras ni potros sino jubilados en grupo y en soledad, parlanchines o silenciosos, peregrinos de "buen camino", algún "atleta" aficionadillo y muchas sillas de ruedas empujadas por mujeres de probada paciencia. 


Las flores ahí, a un lado, sin vallados, a la espera del agua de la nube, la abeja, la mariposa...¿Por qué se levanta el pajarillo? Del animal de cuatro patas nada bueno puede esperar. Pisamos y rara vez miramos. Tropeles.


¿Tropeles? Por el campo, en la carretera a Palacios de Benaver, ayer, solo vi al águila y al aguilucho que  siempre se niegan a salir en mi fotografía. Ni un humano,  Vuelan guardando las distancias, alguna vez oigo su ruidito; los ratoncillos y conejos andarán bien escondidos, las flores pueden servir de escondite, junto al campo casi desnudo. Se salvaron de los herbicidas, escoltaron los cultivos y la carretera. El trigo cayó en el rulo de la cosechadora y espera el girasol. Tal vez pasen corzos, jabalíes, zorros, a beber al Ruyales...¿Tropeles? 


La flor del camino de Juan Ramón es una flor literaria, vive un día de primavera y, sin embargo, es eterna. Y el poeta le hace preguntas.


 
La niña María Ángeles se queda pensativa. Platero y yo no es un libro para niños, aunque se leyera en las escuelas. 

¿Qué le diera yo al otoño? 



María Ángeles Merino



Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.



domingo, 20 de septiembre de 2026

"El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel..."

 

 "Otoño al rescate" (Manuel Vicent, 20 de septiembre de 2026)

En su columna del domingo, Manuel Vicent toma su atinada paleta de palabras y nos anuncia la llegada del "Otoño al rescate". 

"...El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje son los mismos que se pisaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darte cuenta ya es de noche y oyes la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a una mañanita de niebla dorada por un sol muy amable. Bandadas de garzas cruzan el cielo hacia el sur y en los valles suena la berrea de los ciervos."

¡Yo quiero un otoño así, Manuel Vicent! "Después de los violentos aguaceros" de este verano que se va. ¡Qué venga a nuestro rescate!

Huele a otoño, mamá. Pronto, la "luz de moscatel" en nuestra ventana y en el campo. 

María Ángeles Merino Moya





https://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com/2026/09/el-otono-llega-para-salvarnos-con-los.html?m=1

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas...

 


Imagino que estoy en el colegio, soy alumna de la señorita Felicidad, tengo diez años y me gustan los dictados. Escribo, palabra a palabra, "El otoño" de Juan Ramón Jiménez que le dice a Platero:

"Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas y los labradores madrugan más que él. Es verdad que está desnudo y que hace fresco.

¡Cómo sopla el norte! Mira, por el suelo, las ramitas caídas; es el viento tan agudo, tan derecho, que están todas paralelas, apuntadas al sur.

El arado va, cono una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz, Platero; y en la ancha senda húmeda, los árboles amarillos, seguros de verdecer, alumbran, a un lado y otro, vivamente, como suaves hogueras de oro claro, nuestro rápido caminar. "

(Platero y yo, Juan Ramón Jiménez)

El otoño se anuncia en mi paseo, en el pueblo y en la ciudad. Más que el sol soy yo la que siente pereza de salir de mis sábanas y los labradores de Palacios de Benaver ya recogieron y empacaron, el campo quedó con unos pocos pelillos ralos, otro color, otra luz. 

Solo los girasoles montan guardia, secos y cabeza abajo. No se ve un alma, la cosechadora guardada, no madrugan, descansan en espera de octubre , cuando toque levantar la tierra. ¡Arriba terrones!


Hace fresco, sopla el viento, un vuelo de hojas secas, a la espera de los "árboles amarillos" y las "suaves hogueras de oro claro". Lento caminar hacia el otoño. 

 Se estrella la primera castaña, florece en fucsia el árbol de Júpiter, las bayas del acebo van del amarillo al rojo. 


10 de septiembre. Mamá, los niños vuelven al colegio, me gustaría volver a mí también. Sentarme en un pupitre y leer Platero y yo: "El otoño". La señorita Felicidad lleva moño y bata muy blanca, le gusta leer. Empieza tú, María Ángeles: 

"Ya el sol, Platero..."

María Ángeles Merino Moya


Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.

https://aranitacampena.blogspot.com/2011/10/aun-no-se-habia-atrevido-la-pesada-reja.html?m=1


sábado, 5 de septiembre de 2026

Redescubrí el mar.

 







"El mar es muy grande y tiene mucha agua" 

Aquí estoy, en la otra punta, en la playa de Cancelada, en Estepona (Málaga). 


A lo lejos, a un lado, puedo ver Algeciras y el peñón de Gibraltar, enfrente asoma brumosa la costa de África. ¡Ay ese salto mortal que busca la vida y encuentra la muerte y el odio!



La de "el mar es muy grande y tiene mucha agua" la convertí hace tiempo en frase mía, remedando, con cariño y el mayor de los respetos, a aquellos niños que contaron cómo sería el mar que nunca habían visto, los alumnos del maestro Benaiges que prometió el mar. 



Es un recuerdo al escritor amigo José Antonio Abella que lo investigó, documentó, narró y nos emocionó, en su inolvidable libro "Aquel mar que nunca vimos". Sí, hay película, pero si habéis leído el libro sabe a poco.




Porque no ha habido mar en muchos años, en mi vida y yo manifestaba así mi nostalgia: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". A mi sobrina no le hacía gracia oírmelo. 



El mar no defrauda nunca. Pueden hacerlo la arena y las piedras, nunca el agua y, menos aún, en nupcias con el cielo y las nubes. Mi hermano, mi sobrina y yo asistimos a un impresionante despliegue de azules, blancos y amarillos. ¡Qué fotaza la de Agustín!



Allá fui a redescubrir el mar. Las olas que vienen y van, la mirada absorta de una mujer de tierra adentro, sinfonía de azules para una meseteña de amarillos y pardos.  Las "ondas", como la cantiga que me pusieron en el lejanísimo examen de Reválida y yo nunca olvidé, qué susto, quién podía ser ese tal Martín Codax:



Mi amigo lleva tardando toda la vida sin mi. Debe haberse perdido en algún naufragio o lo retiene alguna Calipso. 

Mi hermano Agustín señala, la foto va con aumento, sí, es África. Una chica se hace "selfies" bailando cara al mar. Un hombre pasea a un perro salchicha y a un galgo. Pasa un pescador de caña, la Costa del Sol luce su montaña y me sale una rima facilona. El agua está fría, un bañista se atreve y no es ningún niño. 


Nos descalzamos y sacudimos la arena de las sandalias. Luego te paso las fotos, tita, dice Paola. 

Comparto una foto, la mejor, en el Facebook y escribo mi cantinela: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". 

¿Qué mejor descripcion que la de un niño que nunca lo vio? 

Adiós, mar. Hasta el próximo redescubrimiento. Si, mamá, hemos estado con Alex, Aitana, Ale y Olivia, muy bien y muy guapos. 


María Ángeles Merino