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lunes, 11 de octubre de 2010

"¡Jo! ¡Cómo miente la Alisidora! ¡Casi tan bien como el de Tordesillas!



Altisidora con don Quijote.

Ele Bergón, mi amiga Luz del Olmo, dijo:

Hola coleguis:

Estamos de puente y yo voy y sigo enganchado a vosotros. Pues que sepáis que me ha sido un poquito difícil el dar con un ordenador, pero aquí estoy .

Ja,ja, ja, el Alonso no es más tonto porque no le dejan, me refiero a su relación con la Altisidora " con el desdén que yo siempre la he tratado", pes peor para ti. ¡Si no te comes una rosca! porque ya me contarás la vida amorosas que llevas y cuando se te presenta una oportunidad, vas y la desprecias. En fin, allá tú, pero no creo que estés para hacer desdenes.

Completamente de acuerdo con lo que dice mi padre Sancho, que le dejen dormir tanrquilo. Se lo merece.

Tanta explicación para decir que el Duque es un impresentable, ya lo sabíamos todos, si los únicos, como siempre, que no se enteran son el Alonso y mi padre Sancho, los demás sabemos del pie que cojea.

¡Jo! como miente la Alisidora! casi tan bien como el de Tordesillas! por eso acaba en los infiernos. Mira que inventarse otro Quijote, ya le vale ya.

Ahora viene otra vez el músico para lucirse un poco y ¡ay peligro los Dques! pero parece que mi padre está sembrao y es que , a pesar de todo, en este viaje ha aprendido mucho.

Hasta se da cuenta de todo lo que quiere a mi madre Teresa Panza" quiero más que a las pestañas de mis ojos" y es que cuando te separas de la persona que quieres pues notas que la necesitas. Eso me pasa a mi con la Nerea, que aunque ya no estemos juntos, pues la echo mucho de menos ¿ y si lo intentáramos otra vez?

La Altisidora, pues eso, que se vaya a "hacer randas" . La Abejita sabe lo que es aunque está visto que a la Altisidora no le debe gustar porque rápidamente se le va pasando "el enamoramiento " por el Alonso .

No sé que pensar de esta frase de mi padre " ¿a fee que si les hubiras conmigo, otro gallo te cantara! ¿Acaso él le hubiera hecho caso? ¿ O la habría espabilao en un pis pas?. No sé no sé.

Choque de manos.
El Sanchico

sábado, 9 de octubre de 2010

Altisidora despechada y Avellaneda a los infiernos.

Segunda parte del comentario al capítulo 2,70 del Quijote, publicado en "La acequia".


Tras unas palabras malhumoradas, en las que sale a relucir su maltrecho asno, Sancho pregunta, con curiosidad, a Altisidora, qué hay en el infierno, puesto que ella estuvo allí. La honesta enamorada no entró allí, que quien allí entra no sale.


"¿Qué hay en el infierno?... yo no debí de morir del todo, pues no entré en el infierno, que si allá entrara, una por una no pudiera salir dél , aunque quisiera"

Se quedó en la puerta y vio un peculiar partido de pelota. Doce diablos, en calzas y jubón, con puños de encaje. Las palas son de fuego y unos libros hacen de pelotas. Allí nadie se alegra, aunque gane; allí todos gruñen, regañan y maldicen. Por algo es el infierno…



"estaban jugando hasta una docena de diablos a la pelota...lo que más me admiró fue que les servían, en lugar de pelotas, libros...A uno dellos...le sacaron las tripas... Mirad qué libro es ese»... Esta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha..."

Entre aquellos libros hay uno muy nuevo, al que deshojan de un papirotazo. Un diablo quiere saber qué libro es ése y otro le responde que se trata de “Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha”, no la de Cide Hamete sino de uno que dice ser de Tordesillas. ¡Hasta aquí quería llegar Cervantes! Hasta llevar la obra de Avellaneda a los mismísimos infiernos.

A la pregunta de si es malo, al diablo lector opina que lo es tanto que ni a propósito. Pide que lo aparten de su vista y lo conduzcan al más profundo de los abismos. Altisidora dice recordar bien esta “visión”, puesto que nombraban a su amado…

Don Quijote protesta, visión debe haber sido; puesto que él es el único con ese nombre. Y no le importa lo que digan de alguien que no es él.

Ya te tiene dicho, Altisidora, que le pesa que pongas en su persona los pensamientos, puesto que él nació para ser de Dulcinea y es imposible que otra hermosura ocupe su lugar. Te pide que te retires honestamente…

Como un basilisco se pone la doncella. Le llama bacalao por lo delgadito, almirez por lo majadero y huesito de dátil por duro y desechable. Si le embiste, le ha de sacar los ojos, qué fiera.


"¡Vive el señor don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil..."

Ahora, despechada, da la vuelta a su discurso ¿Qué se cree este terco? ¿Pensaba acaso que ella muere por él? ¿Dolerse ella? ¿Morirse ella? Todo fue fingimiento, entérate don Bacallao.

Sancho da la razón a la chica, que cosa de risa es ese “morirse” que tienen los enamorados.
Platicando están cuando entra aquel músico que cantó las estancias, el cual expresa su admiración hacia las famosas hazañas de don Quijote. Al caballero andante le pilla despistado y no le reconoce. El mozo se presenta y don Quijote le alaba su buena voz; pero le pregunta qué tiene que ver Altisidora con las estancias de Garcilaso.


"¿qué tienen que ver las estancias de Garcilaso con la muerte desta señora?" http://www.conplumaypapel.com/

El músico contesta, con gran desparpajo, que lo que se lleva entre los poetas jovenzuelos es la total libertad para hurtar de otros, venga a o no a cuento. Licencia poética llaman a su desvergüenza. Ay, el aragonés de Tordesillas.

Don Quijote se queda con las ganas de responder, porque entran a verle el duque y la duquesa. La plática es larga y dulce. Sancho deja admirados a los duques, por listo y por tonto a la vez.

Nuestro caballero pide licencia para partir, que a los vencidos no les conviene habitar palacios, vete a saber por qué. Se la dan de “muy buena gana”, ya les cansa este juguete caballeresco , tal vez.

La duquesa le pregunta por Altisidora y don Quijote le da su diagnóstico acerca de los males de tal doncella. Todos nacen de la ociosidad y el remedio es tener una “ocupación honesta y continua”. Este discurso tan tradicional, en torno a la conveniencia de tener ocupadas, a las doncellas, en minuciosas labores, para impedir el vuelo libre de su imaginación…ya se lo habíamos oído a Cervantes. Que “la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”. Tal vez, el escritor esté pensando en las de su casa: hermanas, hija y sobrina. Las malas lenguas…

¿Y en qué ha de ocupar la duquesa a Altisidora? Puesto que ha dicho que se usan valonas con randas en el infierno, es que las sabe hacer. No la deje de la mano, póngala todo el santo día a menear los bolillos y su imaginación se estará quietecita.

>"Ella me ha dicho aquí que se usan randas en el infierno, y pues ella las debe de saber hacer, no las deje de la mano, que ocupada en menear los palillos no se menearán en su imaginación la imagen o imágines de lo que bien quiere" Cuadro de Vermeer.

Es su consejo y el de Sancho, que nunca vio a randera alguna morir de amor. Y el escudero aporta su experiencia: cuando está cavando no se acuerda de su querida Teresa. Así que, la duquesa, hará que Altisidora se ocupe de hacer labor blanca, que sabe hacerla muy bien.

Altisidora dice no necesitar ese remedio para borrar de la memoria al “malandrín monstrenco”. Y pide licencia para retirarse, que no desea ver su fea cara.

El duque sentencia que el que injuria, está cerca del perdón. Bueno, si su señoría lo dice. Altisidora se retira y Sancho proclama la mala ventura de esta doncella, por haberlas habido con su amo, “alma de esparto”. Si con él las hubiera, otro gallo le cantara. Un poco picarón se muestra este escudero. Sancho, Sancho.
Callan, se visten, comen y parten.

Un abrazo de María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega enfoca su comentario desde la explicación de Cide Hamete y su intervención como narrador opinante. No os perdáis sus ilustraciones. También bien ilustrada la continuación de su comentario, que acierta en su enfoque desde el título."

jueves, 7 de octubre de 2010

Explicación de Cide Hamete y destape de Altisidora.

Primera parte del comentario al capítulo 2,70 del Quijote, publicado en "La acequia".

"Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no escusadas para la claridad desta historia"

A Sancho lo instalan en el mismo lujoso aposento en que alojan a don Quijote, en una “carriola”, algo así como una cama nido. No le hace gracia, bien sabe que su amo no le va a dejar pegar ojo, sin dejar de darle a la lengua. Y él está para pocas palabras, doliéndole todavía, como todavía le duelen, cachetes, pellizcos y pinchazos. En una choza, él solo, qué a gusto se sentiría.

Sus temores se cumplen. Apenas entra en el lecho, le pregunta su opinión acerca del suceso de esa misma noche. Don Quijote está maravillado de la poderosa fuerza del “desdén desamorado” que mató a Altisidora, sin espada ni venenos.


" Grande y poderosa es la fuerza del desdén desamorado, como por tus mismos ojos has visto muerta a Altisidora , no con otras saetas, ni con otra espada, ni con otro instrumento bélico, ni con venenos mortíferos..."

Responde Sancho, malhumorado. Lo que es por él, ya podría haberse muerto y él en su casita tan ricamente. Ni la quiso ni la dejó de querer. ¿Qué tendrá que ver la salud de esa antojadiza doncella con sus martirios? Le libre Dios de encantamientos y su merced le deje dormir.


"Con todo esto , suplico a vuestra merced me deje dormir y no me pregunte más, si no quiere que me arroje por una ventana abajo."

“Duerme, Sancho amigo”, duerme si el acribillamiento sufrido te lo permite.
A Sancho lo que más le duele es la afrenta de unos guantazos femeninos, dueñiles. Y avinagrados. Insiste en dormir, tanto alivia el sueño…


"torno a suplicar a vuesa merced me deje dormir, porque el sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertos."

Con Dios se duermen los dos y se cuela Cide Hamete a dar cuenta de algún detalle, cuya ausencia hace cojear esta historia.

El morisco narrador nos cuenta lo que movió a los duques a preparar la representación que hemos presenciado, con fúnebre túmulo, jueces mitológicos y doncella resucitada.

Al parecer, cuando Sansón Carrasco, como Caballero de los Espejos, es vencido, quiere intentarlo de nuevo.


"Cide Hamete, autor desta grande historia... dice que no habiéndosele olvidado al bachiller Sansón Carrasco cuando el Caballero de los Espejos fue vencido y derribado por don Quijote... quiso volver a probar la mano" Cuadro de Ana Queral.

Se informa, a través del paje que lleva la carta a Teresa Panza, del paradero de don Quijote. Se prepara con nuevas armas y caballo. Ahora pone en el escudo una blanca luna y va acompañado, no del conocidísimo Tomé Cecial, sino de un labrador desconocido.

Llega al castillo del duque después de la partida de don Quijote. Es informado de lo del desencanto de Dulcinea, a costa de las posaderas sanchiles. También sabe de las mentiras de Sancho, las cuales dan a entender, a su amo, que Dulcinea ha sido metamorfoseada en labradora. Y conoce la mentira, la peor intencionada, la que remata las anteriores: la de la duquesa a Sancho, asegurándole que la del Toboso está encantada y bien encantada.


" cómo la duquesa su mujer había dado a entender a Sancho que él era el que se engañaba, porque verdaderamente estaba encantada Dulcinea..." Cuadro de Ana Queral.

El bachiller, divertido y admirado, ante un amo tan loco y un criado tan agudo como simple.
El duque no quiere perder ripio y le pide que no deje de informarle si lo encuentra, lo venza o no. Sale a buscarle, no lo localiza en Zaragoza: mas ya conocemos lo que pasó en Barcelona. Vuelve al castillo y se lo cuenta, junto con las condiciones de la batalla. Y expresa al duque su intención de curarle de su locura. Un añito en la aldea y como nuevo, allí lo espera. Así que se despide y se va a su lugar.
.
El duque no quiere perder la oportunidad de preparar otra burla, de esas que tanto le gustan. Da órdenes de tomar los caminos y traer a don Quijote, por las buenas o por las malas.


"haciendo tomar los caminos cerca y lejos del castillo, por todas las partes que imaginó que podría volver don Quijote..."

Lo hallan y avisan a su señor, el cual manda preparar el túmulo de Isidora, tal y como lo vimos en el capítulo anterior.

Al llegar aquí, Cide Hamete nos da su punto de vista personal, algo que no suele estar permitido en el mundo de los subnarradores. Para sí tiene el morisco que burladores y burlados participan de la misma locura. Y, en lo tocante al gremio de los tontos, no lo son menos los duques, puesto que ponen tanto empeño en burlarse de dos tontos.

Amanece para todos y para los “dos tontos”, aunque uno duerme a pierna suelta y el otro vela. Don Quijote va a levantarse con presteza, fuera las “ociosas plumas”. Pero ha de refugiarse tras las sábanas y las colchas, ante la invasión de la desvergonzada resucitada Altisidora, en su íntimo aposento.


"Altisidora...entró en el aposento de don Quijote, con cuya presencia turbado y confuso se encogió y cubrió casi todo con las sábanas y colchas de la cama..."

Guirnalda, cabellos sueltos, corta túnica blanca, flores de oro, bastón de ébano. Un lujoso disfraz para una efímera actriz.

El confuso y mudo caballero no acierta a hacer cortesía alguna. Altisidora se sienta junto a la cabecera, suspira y pronuncia un melifluo discurso de censura a las recatadas doncellas que publican los secretos de su corazón. Se confiesa como una de ellas, enamorada pero honesta, tanto que reventó su alma de tanto callar y perdió la vida. Tan riguroso y duro ha sido don Quijote de la Mancha con ella. Más “duro que mármol” a sus quejas, como aquella Galatea lo fue con Salicio, el de la égloga. Si no fuera por los martirios del buen escudero, muerta estaría…


(Sigue)

lunes, 4 de octubre de 2010

La Altisidora ni estaba muerta ni na y encima le dice el Alonso que ¡ se tiene que azotar por la Dulcinea!



Ele Bergón dijo:

¡Buf, no se si llego!

Esto no hay quien lo aguante. Los Duques son insoportables con sus burlas, les tengo una manía.. Pero es que mi padre ¿tiene que salvar a todas las que son feas o se hacen las muertas? y el tontaina del larguirucho diciendole que tenga paciencia. Si es que no sé ni cómo le aguanta y lo deja ya con sus tonteces.

Punzamientos, alfileres, que le toquen las dueñas ¡con la manía que les tiene!

Todo mentira, mentira cochina. La Altisidora ni estaba muerta ni na y encima le dice el Alonso que ! se tiene que azotar por la Dulcinea! Esto pasa de castaño oscuro.

¡Buf! que cabreo tengo y contigo también abejita, ya ajustaremos cuentas ya que contento me tienes.

No digo más

Choque de manos porque sois mis amigos que si no....


El Sanchico que esta echando chispas


Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Abejita de la Vega, en su comentario al capítulo muestra agudeza desde la inversión del orden de los protagonistas. No os perdáis todos los juegos de sus ilustraciones. Después publica la nota del Sanchico -gracias a Ele Bergón-, en el que el muchacho está que trina con todos: ha descubierto que el mundo es mentira. Lo que no sé es qué tiene contra Abejita..."

jueves, 30 de septiembre de 2010

Altisidora, la bella durmiente del ducal castillo.


Dedico esta entrada a la pequeña Carmen que me dejó su querido libro de cuentos.


Comentario al capítulo 2, 69 del Quijote, publicado en "La acequia".

Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande historia avino a don Quijote.

Pongámonos en el lugar de Sancho y don Quijote, que no de don Quijote y Sancho.

Entran en volandas en un patio iluminado con cientos de fantasmales antorchas encendidas. En medio se alza un túmulo funerario, cubierto de negro terciopelo y rodeado de blancas velas encendidas, en plateados candeleros. Allí yace una hermosa doncella, tan hermosa que “hacía parecer con su hermosura hermosa a la misma muerte”. Almohada de brocado, guirnalda de flores, manos cruzadas y la palma de la virginidad en la mano; como las princesas de los cuentos.




"se mostraba un cuerpo muerto de una tan hermosa doncella, que hacía parecer con su hermosura hermosa a la misma muerte"

A un lado, sobre una tarima, teatralmente sentados, unos fingidos personajes disfrazados de reyes. Sientan a los “presos”, los otrora invitados, mandándoles callar con el gesto del dedo en la boca. No hace falta insistirles en el silencio, han enmudecido. ¿Qué pesadilla están viviendo?

Suben al tablado dos principales personajes, con su séquito. Don Quijote reconoce a los duques y su perplejidad se suma a la de haber identificado a la hermosa Altisidora, en el funerario túmulo.

Caballero y escudero inclinan la cabeza, a lo que los saludados contestan igualmente.

Un criado viste a Sancho como a un penado de la Santa Inquisición: con ropa negra, toda pintada con llamas de fuego y cucurucho en la cabeza, con bonito estampado de diablos. Se mira y remira. Como no arde ni le llevan, se tranquiliza el amigo Panza. Don Quijote, a pesar de su miedo, no deja de reírse de las trazas de su criado.


"quitándole la caperuza le puso en la cabeza una coroza , al modo de las que sacan los penitenciados por el Santo Oficio"

El silencio guarda silencio; pero debajo del túmulo, hay unos flautistas invisibles que lo rompen, con una apacible musiquilla. Y, junto a la almohada, se coloca un guapo arpista, que canta dos estancias con una suave voz.

La primera estancia señala la crueldad de don Quijote como causa de la muerte de Altisidora. Mas, al parecer, hay remedio porque “en tanto que en sí vuelve", las dueñas se visten de luto y él canta “su belleza y su desgracia”.

La segunda pertenece a la Égloga III de Garcilaso y expresa la voluntad del poeta de seguir cantando a su amada tras la muerte, “la voz a ti debida”, parando así “las aguas del olvido”.


"y aquel sonido
hará parar las aguas del olvido"


Los disfrazados de reyes representan a Minos y a Radamanto, jueces de los infiernos. Minos pide al del arpa que lo deje ya, puesto que sería infinito cantar las gracias de Altisidora, tan famosa. Y asegura que no está muerta sino viva, sólo es preciso que Sancho cumpla cierto castigo y la doncella volverá a la vida. Su compañero de juicios, Radamanto, ha de decir cuál será la pena.

Y Radamanto con una “ea”, anima a los criados de la casa para que acudan a “sellar” el rostro de Sancho con veinticuatro “mamonas”, cachetes más o menos. Completarán la faena con doce pellizcos y seis alfilerazos en “brazos y lomos”. Con esto sanará la del túmulo.

Sancho Panza explota, de ninguna manera se va a dejar, como si le dicen que se vuelva moro…


"¡Voto a tal, así me deje yo sellar el rostro ni manosearme la cara como volverme moro!"

¿Qué tendrá que ver su cara con la “resurrección” de Altisidora? Por ahí se están acostumbrando a mortificarle para desencantar doncellas, como la vieja del proverbio, la cual cogió gusto a los bledos y no los dejó ni verdes ni secos.


"Regostóse la vieja a los bledos..."


Si Dulcinea está encantada, él se ha de azotar. Se muere Altisidora y, para resucitarla, han de abofetearle, pincharle y acardenalarle. No hay tus tus con Sancho, perro viejo.

Radamanto amenaza: “¡Morirás!”. Ha de ablandarse, humillarse, sufrir y callar. Ha de ser mamonado, acribillado y pellizcado. Y dicho y hecho. Da la orden los criados para que se pongan a la faena.

Por el patio viene una procesión de dueñas, con las manos en alto. No, eso sí que no. Bien podrá Sancho dejarse manosear de todos, pero jamás de unas dueñas. Aguantaría uñas de gato, dagas o tenazas de fuego; mas no consentirá que le toquen esas brujas.

Don Quijote le pide paciencia y se lo hace ver de otra manera. Debería dar gracias al cielo que le concede el poder de desencantar y resucitar.

Persuadido, ofrece rostro y barba a la primera, que le da una torta bien dada y se retira con una reverencia. Todas las dueñas le sellan la cara y gente de la casa le pellizca. Lo que no puede sufrir es que lo puncen con alfileres. Coge un hacha encendida y echa a todos sus verdugos.


"pero lo que él no pudo sufrir fue el punzamiento de los alfileres"

En esto, Altisidora, algo cansada de estar tumbada, se vuelve de lado. Todos a una voz proclaman la vuelta a la vida de la casi muerta.

Don Quijote se pone de rodillas delante de Sancho y le dice que ahora es tiempo de propinarse algunos de los azotes que debe darse por Dulcinea. A Sancho eso le parece una acumulación insoportable de mortificaciones, para curar males ajenos. Él no tiene por qué ser “la vaca de la boda”, la que recibe todos los palos, para divertir al personal.

Altisidora se sienta en el túmulo; suenan chirimías, flautas y voces que aclaman a la resucitada. La reciben y la bajan de la tarima. Se hace la desmayada y se inclina ante duques y reyes.

Expresa un reproche para don Quijote por su crueldad que la ha tenido en el otro mundo más de mil años, qué exageradilla.

Y, cómo no, agradece su vuelta a la vida al compasivo Sancho. Como premio, puede disponer seis de sus camisas, algo rotas pero limpias. Ya veo a Teresa cosiéndolas para hacer otras seis, pero de hombre. No creo que haya suficiente tela.

Sancho se quita la coroza, se arrodilla y besa las manos a su benefactora. El duque ordena que le quiten el atuendo de reo y le pongan su sayo y caperuza. No, no se lo quite, señor duque, que lo quiere llevar a su aldea, como recuerdo del raro suceso.
La duquesa le dice que se lo dejan, cómo no. Ya sabe el escudero qué buena amiga tiene en esta gran señora.

El duque manda que todos se recojan y lleven, a caballero y escudero, hasta las habitaciones que tan bien conocen.

Un abrazo de María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dijo en este blog:

"Qué buena perspectiva, desde el orden inverso de los protagonistas: y la ilustración, con el cuento de la bella durmiente y las imágenes bucólicas, todo un acierto."

jueves, 16 de septiembre de 2010

"...querría, ¡oh Sancho!, que nos convirtiésemos en pastores, siquiera el tiempo que tengo de estar recogido..."

Comentario al capítulo 2.67 del Quijote, publicado en "La acequia".

De la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de su promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos.


Dulcinea sigue encantada y Sancho sin azotarse. Y… ¿qué vida ha de llevar en su retiro forzoso? Tras la derrota, los pensamientos acuden, fatigan y pican mucho más a don Quijote. Son como moscas a la miel.


"Si muchos pensamientos fatigaban a don Quijote antes de ser derribado, muchos más le fatigaron después de caído."


En ello está cuando llega Sancho con sus loas a la liberalidad del lacayo Tosilos, irritándole sobremanera. ¿Lacayo? Parece que se le olvida, a este mentecato, como metamorfosearon, en su día, a Dulcinea y al bachiller Carrasco. Nada de lacayo, Tosilos está en nómina como encantador.

Y Don Quijote ahora siente curiosidad por la cantautora Altisidora, si acaso Sancho preguntó a Tosilos por ella. Anhela saber si ha llorado, si ha olvidado su amor por el caballero andante. ¿Boberías?

Cuadro de Ana Queral.
"...¿preguntaste a ese Tosilos qué ha hecho Dios de Altisidora...?"


Nada de boberías, Sancho. Una mujer que ha dado muestras de fijarse en el desgalichado de don Alonso no es cosa baladí. Un caballero puede ser desamorado pero no desagradecido. La del arpa quisole bien, diole los famosos tocadores, llorole, maldijole, vituperole, quejose, diole señales de adoración , qué encanto de mujer, qué deliciosas maldiciones. La vanidad masculina no perdona ni a los andantes…

En justa compensación, no puede proporcionarle tesoros, que los de los caballeros andantes son sólo apariencia. Ni siquiera esperanzas, que ésas son para su señora Dulcinea. Sólo castos recuerdos puede darle, siempre que sean compatibles con los de su tobosina dama.

¿Ha dicho Dulcinea? Sí, ésa a la que Sancho agravia con su tardanza en azotarse, guardando intactas sus carnazas, para la merienda de los gusanos. ¡Antes comidas de lobos! No exagere vuestra merced.

Pero al escudero no le convence eso de que tres mil azotes en sus posaderas puedan desencantar a la desencantada.


"...es como si dijésemos: "Si os duele la cabeza, untaos las rodillas"..."

Su señor, en ninguna novela caballeresca ha podido tener noticias de un desencantado por azotes, es un disparate. Aún así, se los dará, esté tranquilo, cuando tenga ganas y tiempo cómodo ...

Don Quijote expresa sus deseos de que Sancho caiga “en la cuenta y en la obligación” de ayudar a su señora, la suya.

Van platicando y van siguiendo su camino. Llegan a aquel lugar donde fueron pateados por toros, el mismo donde conocieron a los singulares pastores de una renovada Arcadia.


Detalle de cuadro de Ana Queral.
"En estas pláticas iban siguiendo su camino, cuando llegaron al mesmo sitio y lugar donde fueron atropellados de los toros."

¡Ya está! ¡Ya sabe lo que va a hacer en su retiro obligado! Comprará unas ovejas y todo lo necesario para el pastoral ejercicio. Don Quijote y Sancho serán Quijotiz y Pancino.

Y Cervantes nos pinta un genial cuadro pastoril y paródico.
Patearán los campos y llevarán la dulcísima vida de los pastores de novela pastoril. Cantando, endechando y bebiendo de cristalinas aguas.




"bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos o de los caudalosos ríos."

Con abundantísima mano darán dulcísimo fruto las encinas, asiento los durísimos alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras los prados floridos, aliento el aire puro…todo apacible, nada desagradable.


"olor las rosas"






"alfombras de mil colores matizadas los estendidos prados"

En medio de tanta hermosura, habrá cantos, lloros alegres y versos inspirados por Apolo. Y serán eternamente famosos.

Sancho dice que le cuadra este pseudopastoril género de vida, el cual no incluye pasar frío ni calor, caminatas, dormir en el suelo, olor a oveja, garrapatas, cagarrutas…

Y, para seguir con la broma, mete en su imaginario aprisco al bachiller Sansón Carrasco, a maese Nicolás el barbero y al cura.

A don Quijote le parece buena idea y les bautiza con pastoriles nombres: Sansonino, Carrascón, Miculoso y Curiambro. Miculoso es como Nemoroso y Cervantes aprovecha la ocasión para recordar a su admirado Garcilaso de la Vega.

También hay que escoger nombre para las amantes pastoras. El de Dulcinea no hay que cambiarlo, puesto que cuadra para pastora como para princesa. La de Sancho no tendrá otro nombre que Teresona, nombre acorde con su gordura y con el suyo de Teresa. El escudero no quiere quedar como adúltero, quiere dejar claros sus castos deseos. En cuanto al cura, por si las moscas del Santo Oficio, dará ejemplo y no tendrá pastora. El bachiller, como soltero, puede elegir.

Don Quijote se anima y pone música a esa bucólica vidorra que se han de dar: churumbelas, gaitas zamoranas, tamborines, sonajas, rabeles y albogues.

Sancho no conoce los albogues y don Quijote le describe este rústico instrumento, unos platillos de latón para marcar el ritmo, en los bailes. ¿Chinchines?

Albogues es nombre morisco y nuestro caballero andante aprovecha la ocasión para dar una lección acerca del origen árabe de las palabras que comienzan por –al y las que acaban en -í. Y desgrana ejemplos: almohaza, almorzar, alhombra…maravedí.


"Y este nombre albogues es morisco, como lo son todos aquellos que en nuestra lengua castellana comienzan en al "

¿Por qué la explicación etimológica? Los albogues la trajeron de la mano y ya está. Enlaza con la condición de “algún tanto poeta” de él mismo y del bachiller, lo cual ha de ser mucha ayuda para el ejercicio pastoril. Y apostaría que también el cura y el barbero tienen “puntas” de poetas.

¡Infinidad de bucólicos versos han de componer! Don Quijote quejoso de ausencia, Sancho firme enamorado, Carrascón desdeñado y Curiambro …no entiendo de qué irá el cura.

"y el cura Curiambro, de lo que él más puede servirse"

Sancho responde, pesimista, que no ha de llegar ese día. Pero, enseguida comienza a pintar su “ejercicio pastoril”. Cucharas de madera, migas, natas, guirnaldas y todas las “zarandajas” pastoriles que le darán fama de “ingenioso”.

Dice Sancho que su hija Sanchica les llevará la comida al hato. Mas, no…que hay pastores maliciosos y por los campos andan también los malos deseos. No vaya a ir por lana y vuelva trasquilada la pobre chica. Encaja tres refranes más y don Quijote le dice que bastaba con uno. Muchas veces le ha aconsejado no soltar tantos refranes pero es predicar en desierto y Sancho hace tanto caso como el niño que dice: «castígame mi madre, y yo trómpogelas».

¡Dos refranes, don Alonso! Sancho se da cuenta y encaja el de la sartén y la caldera. Su señor se defiende, que los suyos son traídos muy a propósito, encajando como anillo al dedo. Le explica que los refranes son “sentencias breves, sacadas de la experiencia”, mas el refrán que no viene a propósito es disparate.

Dejan el tema refranero porque la noche se echa encima y han de apartarse un poco del camino real.

La cena es mala y tardía. Sancho añora las abundancias pasadas, en castillos y casas bien abastecidas. Mas no es posible “ser siempre de día ni siempre de noche”, ahora lo que toca es la estrechez de la andante caballería por selvas y montes. A pesar de ello, Sancho duerme, como un bendito, toda la noche, mientras su amo vela.

Un abrazo de María Ángeles Merino



Pedro Ojeda dijo en este blog:

"Lo malo es que para don Quijote ya no es broma sino última forma de agarrarse al ideal. Cuánto trabajo de ilustración acertada y divertida."

jueves, 8 de julio de 2010

Don Quijote no desea estar entre algodones. A Sancho, tal vez, no le importara ....



Coloco aquí a un don Quijote y a un Sancho, pequeñitos y de barro. Los dejo descansar sobre una nube de algodón que se posa en dicho capítulo. El caballero andante no desea estar entre algodones. Al escudero, tal vez, no le importara ... En realidad, los duques no les han dado precisamente una vida ociosa ni regalada. ¡No les han dejado en paz un momento!

Capítulo 2,57 del Quijote, publicado en "La acequia".

Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la duquesa.

Don Quijote, guiado por sus lecturas, sabe que un caballero andante huye de la ociosidad. El mundo necesita de sus servicios y ha de abandonar esta vida, entre algodones, que lleva en el castillo. Para ello, ha de pedir licencia ,a los duques, para partir; y ellos se la dan, con muestras de pesar. Se acabó la diversión, vaya por Dios.

Sancho Panza recibe aquellas cartas que escribió su Teresa. Y llora con ellas. Se lamenta por aquellas grandes esperanzas engendradas en el pecho de su buena mujer. Pero está contento, su Teresa no olvidó remitir las bellotas para la duquesa. Y nadie puede hablar de cohecho bellotero porque cuando se las envío, ya era Sancho gobernador. Y, de todas maneras, se justifica, es razonable mostrarse agradecido siempre que se recibe algo. E insiste, machaconamente, en que desnudo nació y desnudo está, ni ha perdido ni ha ganado.

Don Quijote se presenta armado en la plaza del castillo, dispuesto para partir. Desde los corredores mil ojos le siguen, incluidos los de los duques.

Sancho no cabe en sí de gozo. Alforjas, maleta, repuesto y…doscientos escudos de oro que le dio el mayordomo, para el camino. Su amo aún no sabe nada del bolsico recibido.

Entre dueñas y doncellas curiosas, se alza una voz quejumbrosa. Es Altisidora, deseosa de complacer a los duques con una prórroga de la burla, una romancera despedida despechada que no está en el guión.

El mal caballero, falso y monstruo horrendo, ha de escuchar las recriminaciones que le hace la poetastra, jugando paródicamente con Virgilio, con Ovidio o con Lope de Vega que pilla mucho más cerca.


Ana Queral pinta al Quijote.

Su contenido no tiene desperdicio burlesco. Don Quijote es el “fugitivo Eneas” y el pobre Rocinante es “una mal regida bestia”. La que canta, aparte de “corderilla”, es “la más hermosa doncella” en los montes de Diana y en las selvas de Venus. No tiene abuela esta muchacha. Luego dirá que sus piernas se igualan al mármol del mejor , blancas o negras, qué más da.

Ya están los oyentes a punto de reventar de risa cuando Altisidora acusa de ladrón al impío. Se lleva sus “entrañas” entre las garras, cual un ave de rapiña. Y no contento con eso, roba sus tres gorras de dormir y ¡una liga! Comprometedora está esta Altisidora.

Sigue con las maldiciones. Que Dulcinea no salga de su encanto por las duras entrañas, y tiernas posaderas, de Sancho. Que todo le salga al revés, que le tengan por falso en todas partes, que pierda jugando a las cartas, que sangre si le cortan los callos y le dejen la raíz si le sacan una muela. De Dulcinea a los raigones, se ha despachado a gusto la del “harpa”. Desde el mundo ideal que sueña don Quijote hasta las curas chapuceras de algún barbero cirujano…Barroco contraste.

Mientras Altisidora se queja así, don Quijote la mira en silencio. Se vuelve,muy, muy nervioso, hacia Sancho y le pregunta, por sus muertos, si tiene las prendas de la “enamorada doncella”. El escudero reconoce tener los tres tocadores; pero lo de las ligas está tan lejos de la verdad como los cerros de Úbeda.

La duquesa queda admirada del desparpajo de Altisidora. La tenía por atrevidilla pero no tanto. Además del contenido de la cancioncilla, ya es una osadía no advertirla , de esta prolongación de la burla.

El duque aguanta la risa para reforzar la farsa , con unas severas palabras hacia el atrevido caballero, que ha osado llevarse, por lo menos, tres tocadores; circunstancia que no se corresponde con su fama.

Y si no devuelve las ligas, el duque le desafía “a mortal batalla”, sin temer a “malandrines encantadores” que le cambian la cara, como han hecho con Tosilos. Los presentes no pueden más, van a estallar las carcajadas como esto se prolongue.

Don Quijote responde que no, por Dios. Dios no lo querrá. ¿Cómo va a desenvainar su espada contra su ilustrísima, de quien tanto ha recibido? Devolverá los tocadores. Ni caballero ni escudero tienen las dichosas ligas. Que busque y rebusque Altisidora en sus íntimos cajones y aparecerán. Seguro.


Al viejo hidalgo le duele especialmente lo de ladrón, acusación tan grave, algo tan lejos de su condición antes, ahora y en el futuro, con la ayuda de Diosa. Palabras de enamorada, qué culpa tiene él. Y suplica a Su Excelencia le tenga en su prístina buena opinión y le dé licencia para seguir su camino.

Contesta la duquesa y le expresa el deseo de que Dios se lo dé inmejorable y las buenas nuevas lleguen a sus ávidos oídos. No se resignan, no, a perder de vista su pasatiempo favorito. ¡Qué bien lo han pasado viviendo con un caballero andante! Mejor que con los libros, sí. Pero que ande ya con Dios, que va abrasando con su fuego a las enamoradizas doncellas. En cuanto a la suya, la castigará para que no se desmande…

La que presuntamente va a ser castigada, cierra el capítulo pidiendo perdón por lo de las ligas. Ahora se da cuenta, la muy descuidada, que las lleva puestas. La muy graciosa se acuerda ahora de un cuentecito, el de aquel que buscaba el burro y sobre él iba montado.

Sancho expresa su satisfacción. Si hubiera querido ser ladrón, qué mejor ocasión que la de su gobierno.

Don Quijote hace mil reverencias a los duques y a todos. Sale del castillo con Sancho, en dirección a Zaragoza. ¿Los veremos allí?

Un abrazo de María Ángeles Merino para todos


lunes, 26 de abril de 2010

Mientras mi padre sigue siendo un buen gobernador y yo su hijo, el larguirucho parece que no quiere enamorarse de la tal Altisiodora.


Ele Bergón dice:

Hola troncas, incluye también a los troncos.

En primer lugar muchas gracias a tucci, jan, cosmo, asun, pancho kety merche y superprofe por vuestros comentarios de hace una semana. También las gracias para los habituales que no estáis nombrados porque dice mi madre “Sanchico, es de buen nacidos, ser agradecidos”.

Mientras mi padre sigue siendo un buen gobernador y yo su hijo, el larguirucho parece que no quiere enamorarse de la tal Altisiodora (vaya nombrecito ¿será una Isidoro alta?), pero yo creo que en el fondo le pone aunque el no quiera. Sigue con su perra de que solo quiere a la tal Dulcinea, pero yo creo que podría dejarse de tonterías y aprovechar la ocasión. Si le da por la poesía y por la música ....eso me indica que si que si, que la Isidora alta le gusta. Por cierto ¿que quiere decir eso de que con las honestas se casan? No lo acabo de entender.

Anda que la que le lían el duque y la duquesa es buena . Los cencerros, los gatos, los gatos con cencerros y el Alonso se queda pasamao. A ver, él y todos porque yo creo que en este caso se han pasao. Menos mal que mi padre estaba en su ínsula que si no seguro, seguro, que algo le toca. En esta ocasión me da pena el Alonso y eso que no me cae muy bien, pero lo imagino con el gato en la cara y … no me gusta nada y la tal Altisidora a curarle y echar mas leña al fuego.

En mi familia estamos esperando como agua de mayo, la carta de mi padre que no llega y digo yo: ¿No hubiera sido mas fácil y rápido mandar un SMS o un e-mail o poner algo en el muro de facebook o twenty e incluso y mejor dejar un pequeño comentario por aquí? ¡Ay! que mi padre todavía tiene mucho que aprender de las nuevas tecnologías y mas ahora que ha llegado a gobernador.

Choque de manos troncos que incluye a las troncas.

El Sanchico.

jueves, 22 de abril de 2010

"Espanto cencerril y gatuno"



El gatito "que se ocultaba en una casa de de Pardilla" (Burgos). Foto de Elvira, amiga de Ele Bergón.



La voluptuosa gata preñada de Palacios de Benaver(Burgos)



Uno de los hijos, el rubio,que tuvo la de Palacios de Benaver.




El gato solitario que inspiró a Kety.



El curioso gatito de Citores del Páramo (Burgos).





Un gato capaz de sobrevivir en el jardín de un I.E.S. Famélico y huidizo.





Otro del I.E.S., tan famélico y huidizo, como su compañero.



Gatos y cencerros. Mis gatos blogueros: Beny ,Rubio, Solo, City, Dieguito, Marín y Pardillo. Recordad: la gata preñada de Palacios de Benaver, su hijo rubio, el gato solo que inspiró a Kety, el de Citores del Páramo, los dos del "Insti" y el gatito de Pardilla (el pueblo de Ele Bergón). Mi cordel de mininos y cencerros.

Comentario al capítulo 2,46 del Quijote,publicado en "La acequia".

Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora

Los pensamientos son pulgas que no dejan dormir al “gran don Quijote”. La música de Altisidora, o mejor dicho la letra, eso es lo que no le deja sosegar un punto; punto que se suma a los que se escaparon, enloquecidos, en sus pobres medias verdes. A pesar de la mala noche, tan larga cuando no se duerme, la mañana llega con presteza.

Nuestro caballero abandona las blandas plumas, se viste su traje agamuzado y se calza con las botas que camuflan los puntos fugitivos. Mantón de escarlata, montera verde plateada y tahalí con tajadora espada. El rosario en las manos y, con gran empaque y contoneo, sale a la antesala, donde esperan ya los duques. Pero antes ha de pasar por una galería donde Altisidora, con su amiga, espera el momento de desmayarse. Ahora viene, desmáyate compañera. ¡Ya puedes caerte, sin miedo a desnucarte! Aquí está tu fiel amiga, para recibirte en sus amorosas faldas. ¡Aire, hay que darla aire! Desabrochémosle el corpiño o hagamos intención de hacerlo…

Don Quijote manifiesta saber la causa de esos vahídos. En el fondo, se siente orgulloso de su éxito entre las féminas. La fiel amiga protesta. A la sanísima Altisidora, nunca la ha oído un ¡ay! ¡Mal hayan los caballeros andantes desagradecidos! Esta mujer habla como un romance… Le insta a que se vaya, para que, la criaturita, pueda volver en sí.

Don Quijote se conmueve ante tan peculiar admiradora. El desengaño será el remedio. Que le pongan un laúd, que él consolará a la doncella, o sea…a desengañarla. No vayan a pensar mal…o bien.

Se le ha de proporcionar el laúd, opina la fingida desmayada, que la música de don Quijote no será mala…para reír un ratito.

A las dos, les falta tiempo para dar cuenta a la duquesa de lo que pasa. Ésta, muy alegre, concierta con el duque y sus doncellas para reír, sin hacer daño. Sana diversión, nada más.

El día ha sido corto para los duques, qué entretenidos los ha tenido don Quijote, con tan “sabrosas pláticas”. Y, la duquesa, tiene tiempo, además, de enviar al paje que hizo de Dulcinea, hasta la casa de Teresa Panza, con la carta de su marido y un lío de ropa. Ha de fijarse bien el emisario, puesto que ha de contar, después, todo lo que pase con la gobernadora, con pelos y señales.

Llega la noche y don Quijote se retira a su aposento, donde alguien ha dejado una vihuela. Aunque no es exactamente lo que pidió, no hay problema para templarla.

Abre la reja, al oír a su auditorio, expectante en el jardín. Afina el instrumento lo mejor que sabe. Se aclara la voz y se pone a cantar el romance que ha compuesto, para esta ocasión, con voz “ronquilla” y “entonada”.

La dedica un sermoncillo tradicional. “La ociosidad descuidada”, ése es el culpable de las “amorosas ansias” que sufre Altisidora. El antídoto: estar siempre ocupada, cosiendo, bordando…Perdone que le interrumpa, autor de los versillos; que en mi modesta opinión, dar puntada tras puntada no impide, a la imaginación, seguir su curso. Sí, ya sabemos del refrán:” para la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”.

Los andantes caballeros no se casan con las “libres”, con ésas sólo pasan el rato, requebrándolas. Se casan con las recogidas, honestas y alabadas. Ya lo sabes, pequeña Altisidora. Si no lo haces así, te quedas para vestir santos.

Hay amores efímeros que no dejan huella en el alma. Y no intentes competir con Dulcinea, que fue la primera y su huella es imborrable. Y el enamorado más firme, ése es don Quijote.

Altisidora escucha el canto, junto a los duques y casi toda la gente del castillo. En el jardín no debe caber un alfiler.

De pronto, algo se descuelga desde encima de la reja y cae a plomo sobre el de la vihuela. Un cordel con más de cien cencerros y, tras ellos, un enorme saco de gatos, cada uno con su cencerrito en el rabo. Menudo trabajo cencerril han tenido: atar más de cien cencerros a cien rabos de gato.

El ruido sobresalta, incluso, a los autores intelectuales de la broma, léase los duques.

Don Quijote se queda pasmado, mirando a dos o tres gatos, que entran por su reja y como, enloquecidos, al buscar la salida, apagan las velas. Mientras tanto, no cesa la música producida por el cordel de los grandes cencerros, un nuevo instrumento de cuerda. Los que no están en el busilis, están suspensos y admirados.

El caballero andante se levanta y echa mano a la espada, tira estocadas por la reja y manda fuera, a grandes voces, a los “malignos encantadores”. Se vuelve hacia los gatos del aposento, les tira cuchilladas y los mininos escapan por donde entraron. Mas hay uno, rezagado, el cual se ve tan acosado que le salta a la cara, muerde, araña y no tiene piedad de sus pobres narices.

Don Quijote, muy dolorido, da grandes gritos. El duque y la duquesa acuden a la estancia, abriendo con la llave maestra. Ven al pobre caballero intentando arrancar al gato estampado en su cara. Acude el duque a “despartir” la pelea, mas no lo consiente el arañado. Que no se lo quite nadie, dejadle solo, que este “encantador” ha de enterarse quién es don Quijote de la Mancha.

El gato no entiende de Quijotes ni de Manchas. Gruñe y aprieta, con saña hasta que, el duque, consigue arrancarlo de las narices caballerescas y lo arroja fuera.

El rostro del arañado es una criba, mas lo que más le duele es que no le han dejado “fenecer la batalla”. Le traen un carísimo remedio, el aceite de Aparicio. La misma Altisidora le pone las vendas, mientras le recrimina. Todo esto le sucede por duro y pertinaz. Y ruega a Dios que, a Sancho, se le olvide azotarse. Así Dulcinea no saldrá de su encanto y nunca la gozará don Quijote, mientras ella viva, que le adora. ¡Qué víbora!

El de las vendas, no dice nada, sólo suspira profundamente, se tiende en el lecho y da las gracias a los duques, por su buena intención. Éstos le dejan descansar y se van, pesarosos. Se les ha ido la mano, la burla ha sido demasiado pesada. El burlado pasa cinco días en cama, y allí le sucede...¿otra aventura?

Mas el historiador lo deja ahora en suspenso, para acudir al gracioso gobierno de Sancho Panza.

Un abrazo de María Ángeles Merino