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miércoles, 22 de enero de 2025

Santa Teresa se confiesa

 











Esta tarde, hemos celebrado y disfrutado la cuarta  sesión, en formato presencial, del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda Escudero. 

El comentario ha girado en torno a  un clásico: "Libro de la vida" de Santa Teresa de Jesús. Un libro escrito con el condicionante de ser un mandato del confesor, una "confesion" según el modelo de las "Confesiones" de San Agustín, no una autobiografía sino un relato de la vida espiritual, la vida interior.

 El título nos llevó a confusión, nos rechinaban las palabras de la santa, esperábamos una autobiografía al uso y la mayoría no hemos completado su lectura, necesitábamos las claves que Pedro Ojeda ahora nos ha proporcionado, las propias de una "confesión", algo que no estaba destinado en principio a la publicación. 

A partir de ahora podemos retomar la obra, le damos otra oportunidad. Y si queremos una autobiografía podemos leer "El libro de Las Fundaciones", de la misma autora. 

Una gran mujer y una gran intelectual, de origen judeoconverso, con el estigma y los problemas  que esto suponía, y ávida lectora desde la niñez, en una casa con libros, con padres lectores, algo poco habitual. 

 Leímos y comentamos el famoso texto de la "transverberación", el del ángel que le clava el dardo de fuego en el corazón, bellísimas palabras que nos recuerdan a experiencias placenteras más humanas. Y con la escultura de Bernini, cómo no.  

 Y celebramos muy dulcemente la vuelta de las vacaciones. 

He tomado notas y, como en ocasiones anteriores, tratare de reflejar, aquí el animado e interesante diálogo que mantuvimos  con Pedro Ojeda y los compañeros lectores.

María Ángeles Merino

lunes, 20 de enero de 2025

Junto a las piedras que conocieron a Teresa.

 






Último convento fundado por Santa Teresa

Que sí, Pedro Ojeda Escudero, que no podemos fallar a Santa Teresa, este martes, en el Club de lectura de La Acequia. 

Hubo un día en que quise llegar al último convento que fundó, el de Burgos en la Quinta, para leer junto a las piedras que la conocieron, ya muy malita y avejentada; pero la lluvia agitada con el viento no me permitió cruzar el puente Gasset y  me dedique a las digresiones: un colegio, un grafiti, un mercado y un perro perdiguero. ¡Cosas de jubilada!

Al día siguiente salió el sol y allá que fui, con el saco de "herejías" que me sugería la lectura de "El libro de la vida" de Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, santa y doctora de la Iglesia. 

Y el caso es que Teresa siempre me cayó bien. En el colegio nos contaban lo de la niña Teresa con su hermano Rodrigo, que se escaparon de casa para ir a tierra de moros a morir por Cristo y, mira qué bien, derechitos al cielo, qué barato les parecía.

 Las enciclopedias escolares nos pintaban a una monja con ĺa aureola de santa, una pluma enorme de ave y un libro muy gordo. Y mi maestra que canturreaba, con voz de falsete y lágrimas en los ojos: "Véante mis ojos dulce Jesús bueno, véante mis ojos, muérame yo luego". ¡Qué prisa por morirse! 

 Luego, en el instituto, leíamos lo de "Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero", paradoja, sí. Era casi la unica mujer escritora que trataban los manuales de literatura. 

Una señora que se hizo valer en un mundo de hombres, "no es mujer, es varón y de los muy barbados", eso no recuerdo quien lo dijo. Me caía bien. 

Cuando di clase a los chavales de EGB, el texto que casi siempre me ofrecía Lázaro Carreter , si no era el de la huida con su hermano era el de cuando, en una de sus fundaciones, ella y sus monjas tuvieron que ser albañilas y buscar tablones y clavos para improvisar un lugar donde adorar a "Su Majestad". Apañada y mística, que lo uno no quita lo otro. 

Y, a ver, María Ángeles, profesora de EGB, cómo explicas lo de la "unión mística" del alma con Dios. Don Lázaro nunca dio clases a treceañeros. Luego estaba San Juan de la Cruz que hablaba de la Amada y el Amado, bueno eso provoca alguna sonrisilla. Y Santa Teresa lo llamaba "medio fraile". 

A Juan sí lo leí de mayorcita, un gran poeta. La verdad es que con Santa Teresa no me había puesto en un libro enterito. Leí con agrado, eso sí, la doble biografía, literaria e histórica, que trazaron sobre Teresa los muy grandes Jimenez Lozano y Teófanes Egido. Fue cuando leímos "El mudejarillo" y la de Ávila, tratada con cariño por esos dos, me daba buenas vibraciones. 

Ahora estamos leyéndola en el Club de lectura de La Acequia  y el martes nos reunimos, a ver...

Con "El libro de la vida" de Santa Teresa, se me ocurrían "herejías", vamos a llamar así a mis salidas de tono, a mis ocurrencias. Junto a las viejas piedras, me puse a leer un texto al azar y...

María Ángeles Merino seguirá con Santa Teresa.

domingo, 19 de enero de 2025

Lecturas y una mas.







 



Todavía tengo lecturas pendientes, pero ayer me fui a la biblioteca de San Juan, que desde el año pasado no la pisaba, a echar un vistazo, antes del paseo. Para mis adentros la sigo llamando la Casa de la Cultura como cuando era estudiante y el edificio era otro , sí, la Biblioteca Pública del Estado.

Y salí con el libro propuesto para febrero en el Club de Lectura de la Acequia: "De bestias y aves" de Pilar Adón. 

Con el libro en el bolso, recorrí el camino de casi siempre, hasta el Paseo de la Isla, pasando por lo que yo llamo la "milla eclesiatica", la calle Martínez del Campo, donde siempre transitan curas y monjas. Y de ahí, detrás de las sacristanas de la Catedral, a donde casi siempre.

Abrí el libro, la portada es intrigante, con una muchacha ðe cara desagradable. no se si triste o asustada. Leí la primera frase: "En Betania no había teléfono".

Como no venía el autobús, leí un par de páginas, no sé si la protagonista que me hablaba vivía aislada en una secta, en un extraño sanatorio o era delirio de su cabeza. Avanzaba sendero abajo hacia un lago con ecos de Virginia Woolf o de Alfonsina. 

Un libro nada convencional y, para hacerlo aún más, una especie de pequeño arco iris daba sobre las páginas mientras leía.

¿De dónde? No sé, miro los árboles de enfrente, miro el techo de la garita y encima. Árboles, los bien conocidos de la Isla. Y la luz de una mañana fría y soleada. Viene el  autobús. Me olvido del pequeño arco iris.

Volvía atrapada en el ovillo de otra lectura. Una portada y dos páginas.

El martes, Teresa de Jesús, con "El libro de la vida", visitará el Club de Lectura de La Acequia. otro mundo. Los conventos de la Santa no se parecerían a esa Betania sin teléfono. ¿O sí? 

María Ángeles Merino