Mostrando entradas con la etiqueta perros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perros. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de junio de 2012

El mejor verano de la perra Baldomera.


Agosto de 2011. Calor y hora de la siesta. Campos de siega. El monasterio benedictino de Palacios de Benaver (Burgos) proyecta su sombra sobre las baldosas. Tal vez pase desapercibido un bulto oscuro delante de los  románicos muros. 



Hacemos “zoom”. Un perro sestea plácidamente con las patas bien estiradas disfrutando del fresco pavimento y de una tranquila digestión.


Era  una perra mestiza que alguien abandonó  por aquí cerca o por allá lejos, vaya usted a saber.  Un animal sin nombre, sin chip ni pedigree. En primavera comenzó su ronda por el “barrio chico” del pueblo, flaca muy flaca, tremendamente desconfiada y  hambrienta. Buscó un rincón donde pasar las noches. Como le dieron algo de comer, decidió quedarse ; los humanos de por aquí  no le parecieron  tan  malos como otros que tristemente había conocido. Nunca, nunca dejó de guardar una prudente distancia. Hacía bien.


Y no sólo comida, también encontró a un buen compañero. Vino del barrio grande y no estaba abandonado. Eso sí, gozaba de la libertad de ser perro de pueblo. Pequeño, de color canela, tan distinto; pero no la dejaba ni a sol ni a sombra.

Baldomera , así la bauticé yo, prestó quedó preñada de su paticorto amigo. Dicen que parió una surtida camada, con características paternas y maternas en extraña mezcolanza. De ellos, sólo conocí, más tarde, a uno. Aquí tenéis al cachorro superviviente, lo recogió un hombre del pueblo que le puso de nombre “Lobito”.




Guau. Me llamo Lobito, aunque está bien claro que soy un perro. Me pusieron ese nombre por lo de “perro lobo”. Algo de eso tengo porque algo  tenía mi mamá, tampoco mucho, ya lo veis. Digo tenía porque ya no está aquí. Un día, empezó a hacer un poco de frío y se la llevaron unos hombres. La atraparon con cuerdas, la metieron en un coche grande y ya no la vi más. Una mujer decía  que eran de la protectora, otra decía algo de una perrera. Alguien se había quejado, era muy ladradora.

Espero que esté bien allá donde esté, desde aquí la digo que echo de menos sus lametones. Y que esté tranquila, que mi amo me trata bien. Guau. Guau. Aunque me ata para que no me escape. Guau. Guau.

Espero que os haya gustado compartir conmigo esta historia que tenía guardada desde el verano pasado. Un abrazo de:

María Ángeles Merino

martes, 21 de septiembre de 2010

¿Un perro en una lavadora? Sí, es Chispas, de Palacios de Benaver.



¿Un perro en una lavadora? Sí, es Chispas, de Palacios de Benaver.

Esta entrada es un recuerdo para Chispas, este perrito de Palacios de Benaver, amigo de mi añorado Curry. Esta mañana me han dicho que ha muerto. Superviviente de dos atropellos, tenía catorce años y vivía en su original casita.


La poeta Kety Morales, del blog "Los cuentos de la abuela", le dedica un poema. He aquí algunos de sus versos:

"Hoy seguro que allá donde esté
Tu amigo Curry, te está esperando
Juntos correréis uno tras otro
Sin medir el tiempo, ni los pasos"

Kety
Gracias en nombre de Curry y de Chispas. amiga.

viernes, 22 de enero de 2010

Sentada en una silla baja, leo: "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus"




Sentada en una silla baja, como Sancho, en el capítulo XXXIII, leo: "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus". No sé por qué me acordé de esta foto veraniega. Curry: ¿Te querían engañar?


Acerca de "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus"CVC dice:
"Hace referencia al refrán «A perro viejo, no hay tus tus»

Estoy con el comentario, al capítulo XXXIII, del Quijote: "De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note".
La dueña Rodríguez está en ello...
Un abrazo