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jueves, 21 de febrero de 2013

"Esta vida tan igual y tan monótona"


 
Máquina plana tipográfica de imprimir Heidelberg año 1900, procedente de editorial Aldecoa
 Imagen tomada en  la Biblioteca Pública  "Gonzalo de Berceo", Burgos.

 
Comentario a parte del contenido de "Mala hierba", de Pío Baroja, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

¡Hola Manuel!

Esto suele repetirse cuando llevo un tiempo dándole a la tecla, tratando de explicar mis impresiones personales acerca de un personaje de ficción. Cojo confianza y acabo hablándole de tú a tú, como si la criatura ficticia fuera real. Como persona te voy a hablar, aunque sólo seas personaje. Don Pío me perdonaría, creo.

Ayer subí a la biblioteca "Gonzalo de Berceo". Como me ha salido espontáneamente ese verbo, aclaro que en Burgos subimos o bajamos cuando vamos o volvemos del barrio, antiguo pueblo, de Gamonal. Quería prorrogar el préstamo de tu segundo libro, "Mala hierba".


Fue un trámite muy rápido y, a la salida, me encontré con una máquina plana tipográfica de imprimir del año 1900. Y, dada la fecha, pensé que en alguna así trabajabas tú, junto al dulce  Jacob con su seseante lengua sefardita, aguantador de las burlas del amargo Jesús. Y te veía colocando una hoja de papel sobre la platina:

"Cogía éste una hoja de papel de un montón y la colocaba sobre la platina; venían al momento las lengüetas de la prensa a agarrar la hoja con la seguridad de los dedos de una mano; al movimiento del volante, la máquina tragaba el papel, y al poco rato salía impreso por un lado, y unas varillas, como las de un abanico, lo depositaban automáticamente en una platina baja."


Trabajabas por la mañana en las cajas, por la tarde y la noche asfixiante en la máquina. Seis reales diarios y a dormir én el suelo del taller.


Te superaste en el arte de componer, más difícil. Te habían comentado que así tendrías segura la "pitanza":

"Manuel trabajaba siempre que podía, esforzándose en adquirir ligereza; algunas noches hacía líneas, y era para él un motivo de orgullo el verlas después impresas."



Utensilios de cajista


En aquel sótano nacían nueve periódicos de diferente ideología, los "sapos", con una sola prensa movida por un motor a gas. Una columna distinta para cada uno y todo lo demás igual. Unidad y variedad, el milagro del impresor Sánchez Gómez, el "Proteo" de la tipografía. Ironía mitológica la del escritor.
 
Ya ganabas ocho reales y no vivías en el sótano, habías ascendido a inquilino de un cuartucho propio; pero todo se vino abajo aquel día en que  Jesús te preguntó si no estabas cansado de trabajar, si no te daba asco "esta vida tan igual y tan monótona". Tu respuesta, un "¡psch".
 
Tu compañero no ve a la familia como una responsabilidad, su hermana "la Fea" se arregla para vivir, ahora que vive con la Salvadora y su milagrosa máquina de coser. Pero Jesús no soporta el orden doméstico femenino, tú tampoco, no deseáis que os salven del desorden, la suciedad y el despilfarro:
 
 
Máquina de coser Singer
 
-La chica esta no nos va a dejar vivir -decía Jesús."

¿Te acuerdas de  cuando  Salvadora, chica esmirriada, vivía debajo de una escalera con su hermanillo? Baroja, acusado tantas veces de misoginia, muestra algunos personajes femeninos con la voluntad que os falta a hombres como tú.
 
 Jesús te propone el peregrino plan de ir por los caminos, trabajar un poco en cada pueblo y cobrar un socorro de dos reales que da el Ministerio de Gobernación. No confiaría yo en ese subsidio, Manuel.
 
Aquel día, con el jornal caliente en el bolsillo, os vais de tabernas, a comer y beber, nada de ahorros. Son demasiadas copas, abandonas a tu compañero que no puede ni moverse.
 
De regreso a casa, te tambaleas. Nieva y te marean los copos de nieve; conoces a Petra, una chica "fea de veras", con la  "cara abotagada y erisipelatosa", se le ha ido la mano con los polvos faciales y semeja a un "pez enharinado que espera la sartén".  Habla por los codos, vende "Heraldos" y ejerce la prostitución, aunque esto último es lo único que no te cuenta.
 

 
 
Tras un chocolate con "una ensaimada agria"y un baile en Tetuán, ha de tener  lugar tu "iniciación del amor". Tiemblas de emoción "al pensar que llegaba el momento trágico", os detenéis "en un portal abierto, iluminado por la claridad, entre confidencial y misteriosa, que daba un farol grande con una luz muy triste".  La luz del farol se contagia de tus sentimientos. Desaparecéis.
 
 
 
Al día siguiente no te levantas, no vas a la imprenta. Jesús tampoco, en la taberna sólo saben que se fue "hecho un pepe". Te vuelves a meter en la cama, piensas que mañana no faltarás al trabajo, quieres convencerte a ti mismo.  Sientes "una inercia imposible de vencer".
 
Vuelves a levantarte tarde, la Salvadora no está dispuesta a darle a la máquina para que Jesús y tú vayáis de juerga, te ordena que no vuelvas.  Sales de casa, a una plaza de Oriente nevada e irreal, a tono con tu estado de ánimo.
 
Vuelves, a pesar de la expulsión, y te acuestas, te despiertas muy temprano y te acercas a la imprenta. No entras porque el amo va a armarte un escándalo, "los arboles  parecían aplastados por la nieve", como tú. "Reinaba un profundo silencio", la nevada te deja solo contigo mismo.
 
 
El amo ha despedido a Jesús, lo encuentras en la taberna, no quieres; pero acabas tomando unas cuantas copas. Termináis borrachos, queréis volver a vuestros cuartuchos; pero os sale al encuentro la administradora de la casa que  reclama el alquiler. Os pone en la calle de un empujón, vaya con el sexo débil. Unas copas de aguardiente y perdéis la conciencia de vuestros actos. "Todo está frío...todo".
 
Os despertáis ateridos de frío y muertos de hambre y os de acompañar, página tras página, por cobertizos, casas abandonadas y asilos. Dormís en el suelo, entre basuras, excrementos y cucarachas muertas. El agua entra por el tejado, las paredes destilan humedad y mugre, son focos de infección. O en la tarima de los asilos, junto a golfos, mendigos, cojos y tullidos que muestran sus deformidades, obreros sin trabajo y algún caído con la dignidad de una corbata sucia. Baroja nos deja unos apuntes impecables de la Beneficencia de aquel principio de siglo. Ya no dan sopa, ni de agua, ni de ajo.
 
Tienda Asilo
 
 

Dormitorio del asilo de la Montaña Príncipe Pío
 
Empeñas la capa y te abrigas el pecho con unos periódicos. Diez reales dan para algunas raciones económicas en la Tienda Asilo de Príncipe Pío.
 
Tienda Asilo
 
¿Y el trabajo? Al principio preguntabais en imprentas, ahora ya no lo buscáis. Un mes vagabundeando. Cuartel, convento o asilo, vais viviendo o sobreviviendo. Un mendigo joven os ha hablado de unas semanas en que vivió "al pelo" en un pueblo cercano, Vaciamadrid, casi deshabitado. Os ha pintado un paraíso terrrenal en la estación de Arganda: perforaba un barril de vino, llenaba la bota y lo tapaba con pez. Como el Lazarillo con el jarro de vino, el agujero y la tortita de cera. Jesús dirá "tenemos que ir a ese pueblo", y tú contestarás que "bueno". No iréis.
 
Ruinas de Vaciamadrid
 
 
Un mendigo viejo con antiparras desdeña la opinión del joven y os indica los buenos rincones de las afueras, él va en primavera a un campo santo cerca de un depósito de agua...¿Quieres vivir en un campo santo, Manuel?
 
Os quedáis dormidos y despertáis con el ruido de una pelea, interviene la autoridad...Antes de amanecer, todos salís y os desparramáis por los andurriales. Un paisaje de contornos difusos cierra un capítulo, un hermoso cuadro impresionista:
 
"De las chimeneas del taller de la estación salían columnas apretadas de humo blanco; las pupilas rojas y verdes de los faros de señales lanzaban un guiñó confidencial desde sus altos soportes; las calderas en tensión de las locomotoras bramaban con espantosos alaridos.

"Estación de Saint Lazare", Monet.
Temblaban las luces mortecinas de los distanciados faroles de ambos lados de la carretera. Se entreveían en el campo, en el aire turbio y amarillento como un cristal esmerilado, sobre la tierra sin color, casacas bajas, estacadas negras, altos palos torcidos de telégrafos, lejanos y oscuros terraplenes por donde corría la línea del tren. Algunas tabernuchas, iluminadas por un quinqué de luz lánguida, estaban abiertas... Luego ya, a la claridad opaca del amanecer, fue apareciendo a la derecha el ancho tejado plomizo de la estación del Mediodía, húmedo de rocío; enfrente, la mole del Hospital General, de un color ictérico; a la izquierda, el campo yermo, las eras inciertas, pardas, que se alargaban hasta fundirse en las colinas onduladas del horizonte bajo el cielo húmedo y gris, en la enorme desolación de los alrededores madrileños..."

"Alrededores de Madrid", Aureliano de Beruete.

Es largo, pero me resistía a no colocarlo aquí. Sus colores desvaídos son los tuyos.
 
Un incendio, la cárcel, te seguiré, Manuel. Estoy agotada de andar por " la enorme desolación"
 
Un abrazo para los que me seguís:
 
María Ángeles Merino
 
 

jueves, 14 de febrero de 2013

Manuel se despide de la blanca niña y entra en un sótano negro. Sólo el papel es blanco.

Mala hierba

Comentario en torno a "Mala hierba" de Pío Baroja, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Concluimos la lectura de la primera parte de "Mala hierba". Manuel ha sido modelo de escultor, ayudante de fotógrafo, auxiliar del inefable agente de colocaciones Mingote, actor en la farsa del falso hijo de la baronesa Aynant , vestido de marinerito,  y acompañante de la misma desaprensiva aristócrata en su huida a Cogolludo, un poblachón poco parecido a una aldea flamenca.

Cogolludo

Pero trabajar, trabajar, lo que se dice trabajar, como un digno obrero, todavía no lo ha probado.

Comienza  la segunda parte, Manuel está de vuelta de la estación del Norte. Acaba de despedirse de la baronesa y de u hija, la idolatrada Kate. Y, para sorpresa suya, se lleva la mano a los ojos y descubre que está llorando; va a echar de menos las trapisondas de la baronesa y, sobre todo, a la candorosa niña Kate, el amor de Roberto. ¿Enamorado él también? No, sino fascinado.

"Era la muchacha de un candor y de una inocencia inmaculados... sentía verdadera sumisión ante aquella naturaleza aristocrática y elegante; tenía un sentimiento de inferioridad que en nada le molestaba"
´
De cara a la Plaza de Oriente y a los atardeceres rojizos, ella le deslumbra hablándole de Londres y de París, él la asusta con historias en cuevas, descampados y tabernas, la vida pobre madrileña. Uy, esa gente debe ser muy mala, piensa la Nena, que procura no rozarse con el pueblo.


Ella siembra orden y belleza, incluso en la destartalada casa de Cogolludo:

"Había arreglado su cuarto con un orden perfecto. Sabía embellecerlo todo. Con la cama, cubierta con la colcha blanca y oculta por las cortinas; los tiestos, en la ventana, en los que empezaban a brotar las plantas; su armario, y los cromos en las paredes azules, su alcoba tenía un aspecto de gracia encantador"



Manuel  obedece ciegamente y a gusto a este "dechado de perfecciones"; pero no se le ocurre enamorarse de ella, es "demasiado buena, demasiado hermosa". No sabe que hay muchas formas de enamorarse...

A pesar de su anglosajón y aristocrático origen, Kate es una flor en medio del estercolero, algo semejante a lo que, un día, quiso Manuel ver en la Justa, la hija del trapero, la que se levantaba las blancas enaguas para no mancharse al pasar por el vertedero. La de las miradas candentes, lo más opuesto a la blanca niña Catalina.

 
Volvamos al comienzo de la segunda parte. Manuel sale de la estación del Norte, acompañado de Roberto que le pregunta por qué no se decide de una vez a trabajar. El muchacho no sabe dónde buscar, insta a su amigo periodista para que le busque algo, en una imprenta estaría bien.


Estación del Norte de Madrid
Ya está, Manuel va  a trabajar de aprendiz, sin cobrar. Hasting le lleva a casa del director de un periódico, un tal Sandoval, hombre grasiento que los recibe desnudo y aostado, a las diez de la mañana, en un cuarto mugriento y desordenado:

"Sobre la cómoda y el estante se amontonaban libros desencuadernados y papeles; en las sillas, enaguas y vestidos de mujer; el suelo estaba lleno de puntas de cigarro, de trozos de periódicos y de pedazos de algodón utilizados para alguna cura; debajo de la mesa aparecía una jofaina de hierro convertida en brasero, llena de ceniza y de carbones apagados."

Roberto consigue que Sandoval escriba una carta para el impresor Sánchez Gómez, recomendando al chico. Y el recomendador  se levanta en calzoncillos, busca el jabón entre los papeles y se lava en una palangana llena de agua sucia en la que nadan " remolinos de pelos de mujer". 

Y "un peine grasiento, algún cepillo de dientes gastado y rojo por la sangre de las encías; un cuello postizo con ribetes de mugre..." Manuel lo observa todo con curiosidad, tanta guarrería rompe sus esquemas.

Con la carta en la mano, se dirigen a la imprenta de Sánchez Gómez, el "animal" que ha de enseñar el oficio a Manuel. Cuando se lo piden, proclama que "como no le enseñe yo la...". Y suelta una tanda de barbaridades y blasfemias.

El taller no es menos sucio que su dueño: "entraron en un sótano negro, iluminado por la puerta de un patio húmedo y sucio. Un tabique recién blanqueado, en donde se señalaban las huellas impresas de dedos y de manos enteras, dividía este sótano en dos compartimientos. Se amontonaban en el primero una porción de cosas polvorientas; en el otro, el interior, parecía barnizado de negro; una ventana lo iluminaba; cerca de ella arrancaba una escalera estrecha y resbaladiza, que desaparecía en el techo." Sólo el papel sobre la máquina "parecía blanco como la nieve".


Operarios en una imprenta

Manuel abandona la golfería, aprende a trabajar en las cajas por las mañanas y en la máquina por la tarde y la noche. Va progresando: duerme en el taller, consigue un salario, aprende a componer. Ascendido a cajista, puede pagarse un cuartucho en la Ronda de Toledo. Y así Baroja encuentra un hilo conductor, para mostrarnos los distintos escalones de la pobreza, a través de los vecinos del nuevo obrero.

El escritor aprovecha las notas que ha tomado en su cuaderno de campo, yo así me lo imagino. Manuel es más un personaje guía que un protagonista.


 El carpintero y su mujer que maltratan a una niña porque es suya y hacen con ella lo que quieran. Dos gitanos viejos y ladrones, una ciega que canta flamenco y se mueve "con convulsiones de epiléptica", "dos hermanas muy golfas, muy zarrapastrosas, pintadas, chillonas, embusteras, liosas, pero alegres como cabras". Don Pío va apuntando la miseria física y también la moral. Suciedades del cuerpo y del alma.


Los de la Conferencia de San Vicente de Paúl y su ineficaz caridad, la mujer hidrópica, la Salvadora y su hermanillo viviendo debajo de una escalera, la Sinforosa amancebada con su hermano el cajista Jesús, amigo de Manuel...Y otra hermana, la Fea, maltratada por su familia, violada, dará a luz como un animal. En la paleta del novelista hay mucho más negro que blanco. Bueno, está el papel triunfante en su blancura.

Seguiremos, mucho nos tememos que Manuel abandone el trabajo y vuelva a las andadas.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

domingo, 15 de agosto de 2010

¡Lo que sabe de libros este hidalgo de pueblo!




Segunda parte del comentario al capítulo 2,62 del Quijote, publicado en "La acequia".

"Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse"

A don Quijote le apetece pasear a pie, por la ciudad, sin que la chiquillería vaya detrás del caballo. Sale con Sancho y dos criados de don Antonio. Yendo por una calle, dan con una imprenta; lo cual le contenta mucho, por ser ésta la primera que ve en su vida.

Movido de su curiosidad, entra y contempla su actividad normal: tirar, corregir, componer, enmendar y manejar la maquinaria. Va de cajón en cajón, haciendo preguntas y los oficiales le contestan. En uno de ellos, el oficial está componiendo un libro para darlo a la estampa, junto al traductor que lo ha trasladado del toscano al castellano. Pregunta don Quijote a éste, cómo traduce algunas palabras toscanas, ya que nuestro hidalgo se precia de conocer bien esa lengua. Elige algunas muy conocidas en la España de entonces: piñata es olla, piache es place, più es más…Irónicamente proclama lo adelantado que está el traductor en ese idioma, con su florido ingenio y su loable trabajo.

Ahora el loco caballero andante habla como persona culta, sensata y refinadísima. Y nos da su razonada opinión acerca de si se puede traducir o no. Su opinión es negativa, a no ser que se trate del latín o del griego. Con una acertada imagen compara a quien traduce como a quien mira un tapiz flamenco al revés. Aunque se distingan las figuras, hay hilos que no dejan apreciar la claridad y el color del lado recto. Tiene algo de razón don Quijote, en las traducciones hay matices que se nos escapan…Mas ¿qué haríamos sin traducciones?


"...el traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel." Ya lo sabes, hermano, ni ingenio ni elocución.

Es loable el trabajo de traducir, reconoce. Y lo que añade a continuación no es muy considerado con el gremio de traductores: “en otras cosas peores se podría ocupar el hombre”. Como excepción cita dos buenas traducciones, y sus autores, que se libran de la quema.

Dejando las traducciones a un lado, pregunta al autor traductor si el libro se imprime por su cuenta o ha vendido el privilegio a algún librero. Le responde que lo hace por su cuenta y piensa ganar mil ducados, por los dos mil cuerpos de la primera impresión. A Don Quijote le parecen ingenuas sus cuentas y le augura un futuro muy negro, con el cuerpo molido de cargar los dos mil tochos. El autor ya es conocido y no está dispuesto a darle los beneficios a un librero, que él busca dinero, no fama a secas. ¿Por qué sabe tanto de esto un hidalgo de pueblo?

Y después de la corrección de un catecismo, lo mejor para pecadores, pasa adelante y se tropieza, nada menos que con la “Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”. ¡El apócrifo!

Don Quijote , sosegadamente, dice que ya tiene noticia de tal libro, aunque pensaba que ya estaba quemado por impertinente; pero le llegará su San Martín, como a todo cerdo. Que las historias, fingidas o verdaderas, son más deleitables si se acercan a la verdad. Es lo que siempre defendió Cervantes.


"...su San Martín se le llegará como a cada puerco..."
Algo enfurruñado, sale de la imprenta don Quijote. A ver si se le pasa, que han de ver las galeras en la playa, que don Antonio ha avisado al cuatralbo de que había de verlas su famoso huésped, don Quijote de la Mancha. A Sancho le hace ilusión.

Un abrazo de María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega halló una abeja laboriosa junto a un trigal burgalés para comentar las noticias anteriores. Después comenta el capítulo, comenzando por las bromas de don Antonio en la mesa y sobremesa, bien ilustradas y terminando con el resto de pormenores... sin olvidarse de lo del cerdo. Después publica la nota del Sanchico -gracias a Ele Bergón- que nos cuenta la preocupación familiar por Sancho: dispuestos todos a viajar a Barcelona."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0ws55C1Hb
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Pedro: ¡Qué lección le da Cervantes al tal Avellaneda! Le llegó su San Martín, por eso no me olvidé del cerdo, en mi entrada.

Es un placer aprender así. Un abrazo.