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lunes, 2 de noviembre de 2009

¡Jua! qué gracioso el Basilio, hacerse el casi muerto



Ele Bergón dijo:

¡Jua! qué gracioso el Basilio, hacerse el casi muerto, al estilo de las pelis, con sangre pero sin ella. Está diver. Y todo para conseguir que la bella Quiteria se case con él ¿engañándola? Lo que hacen algunos por conseguir a la chica que les gusta. ¡ Claro que no sabemos lo que pasará después! ¿Se llevarán bien? ¿Tendrán hijos? ¿Discutirán? ¿Se divorciarán? Vete tú a saber...
Y al Camacho, qué rápido lo convence el cura y qué voluble el hombre. Nada, que aquí no ha pasado nada y qué ella se lo pierde. Bueno majo si eso te convence, allá tú.

El único que se da cuenta y se mosquea es mi padre Sancho y es que es más listo de lo que aparenta, como le pasa a mi profe de lengua que se hace así como la simpática, pero ya, ya... El otro día me separó del Rubén, y me puso con el tontaina del Felipe. Me enfadé mogollón, tiré la cartera, no atendí nada en clase, no hice ningún ejercicio y no quiero volver a su clase y es que los profes parecen guais, pero luego son unos huesos. Todo es un rollo y el insti más.

Choque de manos coleguis, espero se me pase el enfado.

El Sanchico.


Pedro Ojeda Escudero dijo en "La acequia":

El Sanchico se disculpa por no llegar a tiempo la semana pasada, pero es que se estaba dando a la comida... Nos lo cuenta Ele Bergón a través de Abejita de la Vega y, como llegó tarde, esta vez hace los deberes a tiempo y comenta divertido la argucia de Basilio y eso que está enfadado con su profesor de lengua.

Ya ves, Sanchico, lo que dicen de ti. Anda, haz las paces con el de Lengua.

sábado, 31 de octubre de 2009

Soy el cura que los casó... ¿a Camacho y Quiteria? (2)



El Quijote coronado de funesto ciprés, como Basilio.



El cura en su capítulo.

Continuación al comentario del capítulo XXI,de la segunda parte del Quijote. Publicado en "La acequia".

Se dirige a ella, a la “desconocida Quiteria” y le advierte de que no puede tomar esposo mientras él viva, según la “santa ley” profesada por ambos. ¿Santa Ley? ¿Acaso están casados ante la Santa Madre Iglesia Católica? Porque si no es así, aunque Quiteria le hubiere dado, en alguna ocasión, su palabra…sigue siendo una mujer libre. No sé de qué obligaciones habla este muchacho, que si ha estado esperando a mejorar sus bienes de fortuna… ¿Para ser tan rico como Camacho? Necesitaría vivir cien vidas…por lo menos.

Vamos, pequeña, no atiendas las razones de este loco y cásate con el que te ofrece seguridad y bienestar. El amor surgirá más adelante…una obediente y sumisa esposa puede ser muy dichosa.

Pero ¿qué dices? ¿Qué te vas a quitar la vida para que Camacho tenga colmada la ventura? ¡El suicidio es un pecado grave y no podrás ser enterrado en suelo sagrado! Basilio, hijo mío, encontrarás otra mujer, la pobreza no tiene por qué ponerte en la sepultura. Parecerás rico a una esposa de más humilde condición. Te olvidarás de la ingrata…mujer al fin y al cabo, no hay que pedirle firmeza.

¡Ay! ¿Qué haces? ¡Ay, que el bastón escondía un estoque! ¡Ay, que se ha arrojado sobre él! ¡Traspasado de sus mismas armas! ¡Bañado en su sangre! ¡Misericordia, Señor, Misericordia! ¡Acudid! Aún no ha expirado… ¿Dónde va el caballero andante? Señor, no le quitéis el estoque, que he de confesarle y si se lo sacáis morirá.

El enamorado vuelve en sí y se dirige a Quiteria, calificándola de cruel. ¡Y le pide la mano de esposa! No está dispuesto a emprender su viaje al más allá, sin casarse con ella. Uy, que esto tiene truco…Le pido que atienda a la salud de su alma y me chantajea: si Quiteria no le da la mano de ser su esposa, no se confiesa. Un moribundo exigente, lo nunca visto.

El que se hacía llamar don Quijote se pone a decir en altas voces que el herido pedía una cosa justa y hacedera. Que Camacho quedaría tan honrado recibiendo a Quiteria como viuda de Basilio que como soltera. Camacho no sabe qué hacer ni qué decir. Los amigos de Basilio piden, a voces, que Quiteria consienta para que su alma no se pierda. Piadoso deseo , mas…

Camacho se ve forzado a decir que “si Quiteria quería dársela, que él se contentaba”. Ahora hay que convencer a la novia. Para ello, los amigos del herido se dirigen a ella con lágrimas o con razonamientos. Me parece haber visto esto en alguna comedia… Más dura que un mármol a sus quejas, como diría el gran poeta Garcilaso. Ella como una estatua y yo pidiéndola que se apresure, que su alma…

(Continúo, que los curas vamos despacito)

viernes, 30 de octubre de 2009

Soy el cura que los casó... ¿a Camacho y Quiteria?( 1)




Comentario al capítulo XXI, segunda parte de "El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha"Publicado en "La acequia"

"Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos"


“Los novios venían acompañados del cura”…y ese cura soy yo. Llego acompañado de los escandalosos jinetes que reciben a los contrayentes. ¿La hermosa Quiteria y el rico Camacho son los contrayentes? Bueno, no adelantemos acontecimientos.

Ustedes disculpen, me presento. Soy un personaje secundario del Quijote. No se oye mi voz, aunque el escritor cuenta lo que hago y digo, no mucho. Vivo en el segundo tomo del Quijote, esperando a que alguien llegue al XXI. Lo confieso: me hubiera gustado ser como Pero Pérez, el cura de la aldea quijotesca, el amigo del barbero. Aparece con voz propia, en varios capítulos y ¡en los dos libros! No me quejo, peor lo tiene el “mozo de campo y plaza”, el que ensillaba y podaba, al comienzo de la obra.

Como decía antes, llego acompañado al “teatro que a un lado del prado estaba, adornado de alfombras y ramos, adonde se habían de hacer los desposorios”. ¿Teatro? No adelantemos acontecimientos…

Espera allí la gente honrada de pueblos cercanos y no tan cercanos; junto a…mendigos, truhanes, mozas del partido, lazarillos con ciego, peregrinos desviados…y ¡un caballero andante! Sí, como recién salido de esas novelas que, ya en el seminario, y a escondidas, llenaban mis escasas horas de ocio. Armadura, lanza, algo metálico en la cabeza, un rocín y un labriego como criado…o escudero. Éste repite lo que las mujeres comentan, comiéndose a la novia con los ojos. Corales, terciopelo, lienzo blanco, sortijas de azabache, anillos de oro, perlas, cabellos rubios, dijes, pendientes, el brío, el talle… Chapada, chapadísima, como para desposar con un banquero flamenco…pero con la cara descolorida, como de no haber dormido. Lo natural en una doncella…

Oímos grandes voces, aparece un apresurado personaje, pide que lo esperemos. ¡Es Basilio! ¡El viejo amor de Quiteria! Viene con un sayo negro y carmesí, va coronado con una corona de ciprés y porta un bastón acerado. Todos estamos suspensos y temerosos, esperando en qué va a parar todo esto. Hinca el bastón en el suelo, mira a Quiteria y le expone sus razones con voz temblorosa y ronca.

(Continuará, que los curas vamos despacito)


Un abrazo

jueves, 26 de marzo de 2009

Tanto les supo el cura decir, y tantas locuras supo don Quijote hacer...

Foto tomada en el paseo del Espolón (Burgos).

Esta vez el comentario lo divido en dos partes. Lo de la jaula lo dejo para luego.

A uno de los cuadrilleros, el pateado por don Fernando, se le refresca la memoria acerca de un pergamino con el mandamiento contra don Quijote, por haber liberado a los galeotes, con la orden de llevarle preso.

Recordamos aquel discurso quijotesco del final del capítulo anterior, que se dirige a esa gente, “soez y mal nacida”, concluyendo con los cuatrocientos palos que cualquier caballero andante propinaría, él solito, a cuatrocientos cuadrilleros que se le pusieran delante.

El cura persuade al cuadrillero, haciéndoles ver la inutilidad de apresar a quien luego han de soltar por loco. Leemos, además, que “tantas locuras supo don Quijote hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no conocieran la falta de don Quijote”.Las locuras las imaginaremos porque… no nos precisa Cervantes en qué consisten esas últimas locuras tan oportunas. Sólo sabemos que fueron muchas. Nuestro caballero andante se librará de ser apresado, gracias al cura y a él mismo.

Los cuadrilleros no sólo se apaciguan sino que hacen de medianeros entre Sancho y el barbero. Ambas partes quedan satisfechas “porque se trocaron las albardas y no las cinchas y las jáquimas”. En lo que toca al yelmo de Mambrino, todo queda saldado con los ocho reales que paga el cura “a socapa”.

Queda ahora una pendencia no sosegada, lo del señorito don Luis que, de momento, no quiere volver a la casa paterna. Uno de los criados le acompañará a los dominios de don Fernando y doña Clara como unas castañuelas.

Después de esto, como un Guadiana, reaparece Zoraida que no entiende ni jota; pero se alegra o se entristece “a bulto”, o sea a ojo. Mi español, ese morenazo al que yo eché la caña, muestra alegría, pues yo no voy a ser menos. Ahora parece que pone mala cara, yo hago lo propio.

Los ocho reales que recibe el barbero espabilan al ventero que pide lo de sus cueros y su vino. El cura pone el apaciguamiento y don Fernando los dineros. Ya no estamos en el campo de Agramante sino en la paz “octaviana”. Poderoso caballero…

Libre ya de pendencias, don Quijote decide que es tiempo de ponerse de camino y acabar el contencioso de Micomicona; que la diligencia es madre de la buena ventura, no vaya el enemigo a adelantarse, sabiendo que vamos a por él. Se pone de hinojos ante Dorotea que, inmediatamente adopta su papel favorito de princesa y el lenguaje grandilocuente de las novelas de caballerías. ¡Qué bien conoce estos libros la lectora de libros piadosos! Agradece el deseo de favorecerla en su gran cuita y no tiene más voluntad que la del señor caballero. A restaurar señoríos se ha dicho. En marcha.

Mas… ¿qué le pasa a Sancho que menea la cabeza? Responde con unas palabras misteriosas que ni su señor entiende, ni nosotros tampoco: “¡Ay señor, señor, y cómo hay más mal en el aldegüela que se suena, con perdón sea dicho de las tocadas honradas!”

¡Tocas honradas o tocadas honradas? ¿Qué le pasa a Sancho? ¡Qué mal puede haber en la aldea? ¿Por qué maliciosamente convierte las tocas en tocadas? El escudero no concibe una reina que hociquee, vaya verbito con sus dos es, como una criatura terrenal, con varón nacido de mujer. Por cierto, voy a buscar el verbo hociquear en el diccionario de la RAE, aunque me imagino a qué se refiere… ¡Vaya, vaya! ¡Uno de los significados de hocicar u hociquear, figurada y familiarmente, es besar! La conclusión que saca Sancho: esta reina “no lo es más que mi madre”.Que se enteren las testas coronadas: las reinas no besan.

Se sonroja la del bello pie “porque era verdad que su esposo don Fernando…había cogido con los labios parte del premio que merecían sus deseos”. ¡Mira el grande de España!

Dama cortesana, puta… ¿a dónde va a ir a parar este deslenguado? Don Quijote lanza “vivo fuego por los ojos”, es el basilisco que mata con la mirada. Diez adjetivos, diez, uno detrás de otro, sin respirar: “bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente “. No para ahí la cosa, todavía faltan estas lindezas :” monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro”. Sancho no sabe en qué rincón meterse.

Pero la discreta Dorotea va a arreglarlo. Como de costumbre, todo es fruto de un encantamiento y debe perdonarlo. Don Quijote está encantado, nunca mejor dicho, con esta explicación. Sus cejas y carrillos vuelven a su posición normal, jura por Dios que “ha dado en el punto”, “alguna mala visión se le puso delante”, Sancho solo no es capaz…

Don Fernando dice que debe perdonarle realizando una regresión hacia el momento anterior al encantamiento. Y lo expresa con la fórmula que empleaba la Inquisición:” reducille al gremio de su gracia”.Y añade “sicut erat in principio” como reza, nunca mejor dicho, la oración Gloria Patri. ¿Por qué esta alusión al Santo Oficio? ¿Casualidad? No sé, Cervantes es de los que no dan puntada sin hilo…

Don Quijote expresa su voluntad de perdonarlo y el cura va por Sancho; el cual viene muy humilde, y, hincándose de rodillas, pide la mano a su amo; y él se la da, y, después de habérsela dejado besar, le bendice. Todo es encantamiento en este castillo, Sancho lo cree así, pero lo de la manta, no. Lo de la manta, que le pregunten a mis huesos, sucedió por vía ordinaria.

El ventero cuenta a los presentes lo de la volatería de Sancho que es celebrada con muchas risas .Cervantes quiere precisar “que jamás llegó la sandez de Sancho a tanto, que creyese no ser verdad...lo de haber sido manteado por personas de carne y hueso”.

María Ángeles Merino

Que seguirá comentando el capítulo, a la mayor brevedad. Iré a buscar la jaula, pobre don Quijote. Un saludo para Pedro y los paseantes.