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jueves, 6 de junio de 2013

"Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario", el peligro de trillar los versos y el albur de mis pensamientos.

 
 
 

Una nueva entrada girando en torno a "Campos de Castilla". Y no sé, de verdad, qué giro darle.

Junio, huele a tila y canta el mirlo. ¿Cuándo calentará el sol aunque solo sea un poquito? ¿Para cuándo una tibia mañana?



Paso la semana con este pequeño  libro grande a mano, conoce muy bien las arboledas de mi ciudad y tiene un rincón reservado en mi cartera, junto al ordenador y el "pincho", camuflado entre libros sin poesía. Leo y releo, cuidado, no pierdas el respeto a  versos tan queridos, tan familiares. No los trilles, saborea, mira que han de ser nuevos en cada lectura, no los conviertas en topicazos. Machado no se lo merece. Es poesía con mayúsculas, aunque tú te lo lleves a la sala de espera del dentista. Ahora escribe y busca un hilo conductor que le dé coherencia.

Abro "entrada nueva". Me detengo en la última imagen de una entrada anterior, la del hombre de casino provinciano .  Las cigüeñas de las ruinas del monasterio de  San Francisco, en mi ciudad,  me guían hasta: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario...".

Espera, me digo a mí misma; que ese poema, "Orillas del Duero" no es de "Campos de Castilla", sino que está incluido en "Soledades". Pero tiene mucho que ver:

Un encuentro con la primavera soriana de 1907, embrión de todo lo que vendrá después: Soria y su flechazo de amor, Castilla como símbolo, España, la ideología del momento. ¿Leonor? Tal vez ya ha puesto Antonio  los ojos en una humilde flor, en aquella pensión...

Me gusta, sigo los dibujos en el aire de las cigüeñas, oigo chillar a las golondrinas, siento en la cara las nevascas y las ventiscas, me parece sentir ese rayo de sol tibio.

¡Cuidado! ¿Qué te he dicho antes?

Los machadianos "verdes pinos", todavía sin "las polvorientas encinas", chopos... ¡El paseo junto al Duero!


Río Duero, a la altura de San Saturio.


Algo asoma entre las hierbas. Una humilde flor, las chiribitas de mi infancia. O la florecilla azul que no sé como se llama.



¿Por qué es mística la primavera soriana? ¿Asceta tal vez? Chopos, álamos, montaña, lejanía, un poeta enamorado y optimista. ¿Leonor?


Río Duero, a la altura de San Saturio.

Abro "Campos de Castilla". Lo cierro, me abandono a los caprichos de mis neuronas. Ya está, fluye el primero. Lo localizo en el libro, para transcribirlo correctamente, lo asocio con una imagen.  Piensa un poquillo, qué quiso decir Machado... Luego otra y otra. Procuraré ponerlas a salvo del trillo y del desgaste. Ahora no, Joan Manuel. Vamos a la faena...poética.

"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón"


¿Con qué mundos sutiles soñaba don Antonio? ¿Con qué mundos de pompas de jabón sueña mi pequeña?

Y de un mundo pequeñito, puro e ingrávido, paso, vete tú a saber por qué, a un verso duro para los castellanos:

"y atónitos palurdos sin danzas ni canciones"

  
¿Por qué, Antonio?¿Atónitos palurdos? ¿Sin danzas ni canciones? ¿Por qué "Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora? De acuerdo, solo es la primera parte del libro. Leonor te  hará  dar un giro copernicano a tus poemas. Déjate de tópicos y símbolos regeneracionistas.

Y ahí va el que más peligro corre de ser trillado, el más repetido, el que muchos conocen solo por la canción:
 
"Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar."

 Camino de la Vega en Campo Real.
 
Aquí tenéis un camino que yo hice mío, en Campo Real, en Madrid. ¡Cuántas veces lo recorrí ! Y lo llamaba camino. Y lo pisaba rastreando "estelas en la mar".
 
Y sigo en la mar y su camino imposible:
 
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
 
 
El día de la foto, víspera de Reyes, me asomé al mar de invierno. Ni rastro de caminos, solo espuma y unas olas enfadadas.

 
Las aguas iban y venían, en un incesante movimiento que, con ojos de niño, contemplamos atónitos los meseteños. Sí, ante el mar nos quedamos atónitos los castellanos. No hacía frío.

Frío...  un día me  encontré con una bella rosa escarchada. Y la aterida flor, me traía otros versos, "amarguras viejas":

Rosa de invierno, en Palacios de Benaver.
 
"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón."
 
  Alguien  me heló el corazón. Fue un deshielo duro. Sé muy bien a qué España pertenecía. Españolita, al fin.

 
¿Y todo para qué? Nos preguntamos con el poeta:

"¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad,
vanidad de vanidades."
 
Porque un día, bajo un puente, me encontré con ellas, y mi entrada se tituló "Machado bajo la autovía". Los grafiteros tienen su corazoncito. Y leen a Antonio Machado. Algunos.

Leer a Antonio Machado y sus preguntas:

Sí, hay ciruelos en flor, quedan violetas.


Y siempre habrá un buen amigo que suba al Espino, a depositar unas flores en la tumba de Leonor. Los lectores de "Campos de Castilla" componemos los mejores ramos para Leonor. Y para Antonio.
 
“Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...”
Tal vez siga con este juego otro día, en otra entrada. El albur de mis pensamientos.
 
Un abrazo de:
 
María Ángeles Merino
 

jueves, 23 de mayo de 2013

"Este hombre del casino provinciano que vió a Carancha torear un dia". "Este hombre del casino provinciano, que vio a Carancha recibir un día"


Comentario al poema "Del pasado efímero", de Campos de Castilla, Antonio Machado, 35- CXXXI. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
 
Antonio Machado, cansado de sus clases en el instituto, qué pesadilla de verbos franceses, qué cara de aburrimiento la de los muchachos...Mañana cortará con ellos "las viejas rosas del huerto de Ronsard", darán una tregua al Subjonctif: "que j´eusse aimé". Y será un placer escuchar a este profesor, tan triste, cuando habla de lo que verdaderamente ama.

Aula machadiana del Instituto de Baeza
 
Antonio Machado, comienza a escribir en un cuaderno rayado, sobre una mesa de mármol, en el casino de Baeza. Su mirada se dirige a la mesa de enfrente. Piensa mientras escribe, escribe mientras piensa:
 
Manuscrito original de "Del pasado efímero"
Exposición "Campos de Castilla. Hoy es siempre todavía".
 
Este hombre del casino provinciano
que vió á Carancha torear recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
húmedos ojos de melancolia
bajo el bigote gris labios de hastio
ojos velados de melancolia,
bajo el bigote gris, labios de hastío
y una triste expresion que no es tristeza
sino algo más y algo más, y menos ,el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza
Lleva un ancho sombrero torneado
de estilo cordobés
un cordobés color de caramelo
Chaqueta de corinto terciopelo
gustoa? y pantalon abotinado
un cordobés color de caramelo
un cordobés pulido y torneado
Aun luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalon abotinado
el Domingo y color de caramelo
su cordobés pulido y torneado
Tres veces heredo, tres ha perdido
al monte su caudal, tres ha enviudado
(Copia del manuscrito de la primera parte del poema "Del pasado efímero", con sus tachaduras y tildes.)
 
Ahí está ese hombre vestido de manera  trasnochada, aburrido,  triste,  melancólico, tan vacío... Señor, qué hastío produce verlo. Todos los días cuenta lo mismo, ya nadie lo escucha, que "vio a Carancha recibir un día", sí estoy harto de oírlo. Aquel día memorable, el 19 de junio de 1881, ante el toro Calceto, en Madrid. José Sánchez del Campo, Cara Ancha, mató al toro de frente y con los pies quietos...
 
 
.Otra vez lo está contando, Señor, que se calle de una vez...Otros días mi pensamiento vuela hasta Soria y las colinas plateadas, huyo con mi niña Leonor de la mano; pero hoy no, hoy no puedo dejar de oír su taurina e insoportable cantinela. No hay remedio, escribiré sobre "este hombre de casino provinciano".
Descargo mi desprecio en los acentos: hómbre, casíno, provinciáno, vió, Caráncha, toreár. No, toreár, no, por Dios, recibir es mucho más que torear. Recibír, día, mústia, téz, cáno, melancolía...Cada día lo veo más mustio, más cano, incluso el bigote y...se me hace más insoportable su presencia. "Húmedos ojos de melancolía", no, elimino húmedos, parecería que se fuese a echar a llorar y no es el caso. ¿Llorar? Mucho he llorado en los últimos tiempos, huí de Soria y sus grises alcores; pero este poblachón entre manchego y andaluz no da alivio a mi pena
¿De dónde habrá sacado el sombrero cordobés color de caramelo? ¿Y el traje de "corinto terciopelo", digno de un Señor del Gran Poder? Seguro que ya durmió tamaña prenda en el carcomido baúl de su abuelo...A ver cómo escribo lo del cordobés, y lo de su chaqueta y su pantalón abotinado. Tacho lo de "lleva...", ya se entiende que lo lleva.
El camarero sonríe, cómplice. ¿Su cafelito, don Antonio? Ahora mismo.


"Aun luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado el Domingo y color de caramelo su cordobés pulido y torneado". A ver cómo suena así, reviso sílabas, acentos, rima, ritmo...Tal vez suprima lo del Domingo.
¿Qué cuentan de este individuo? Arruinado tres veces, "tres veces heredó tres ha perdido al monte su caudal, dos ha enviudado". Tres, tres, dos. Hoy no hay partida y no hará otra cosa sino mirarme. Echa de menos a sus compañeros de tapete que le animan con sus conversaciones de toros, bandoleros, matones, olivares y... política.

Este toro no es Calceto

Cuando se siente inspirado, extrae algo de la oquedad de su cabeza y expulsa aquello de "vendrán los liberales cual torna la cigüeña al campanario".

 
Seguiré en casa con el poema, no aguanto más la presencia de este viejo señorito aterciopelado, icono vivo de la España que no me gusta:
"...Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
("Del pasado efímero")
 
Hasta siempre, don Antonio. "Hoy es siempre todavía". Sin pretenderlo al principio, esta vez he dado voz al mismo Antonio Machado. Ha salido así y así lo dejo. Una última pregunta: ¿Existen todavía "hombres del casino provinciano"? Aunque no vistan de corinto terciopelo...
Un abrazo de:
María Ángeles Merino

jueves, 9 de mayo de 2013

Machado sueña a Soria

 

Arruinado castillo de Soria
 
Comentario en torno al poema "Campos de Soria" (CXIII), "Campos de Castilla", de Antonio Machado. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
 
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero arruinado,
 sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
 
Contemplo el "castillo guerrero arruinado". La fuerza de las erres machadianas me acompañan: Extremadura, guerrero, arruinado, roídas, denegridas. Rrrrrrrr. La poesía ha de entrar por el oído, "es, primero, ritmo" nos  dice  Pedro Ojeda. Después, nace la imagen mental: ruina, negrura, el paso del tiempo que roe y roe. Soria y su cabeza en extremo dura. ¡Extremadura? ¿No queda eso un poco lejos? La criba de la razón no corre prisa, gocemos de la belleza.

Palacio de los Ríos y Salcedo.



Palacio de los San Clemente (Marichalar)

¡Muerta ciudad de señores
 soldados o cazadores;
de portales con escudos
 de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,
que pululan por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
 cuando graznan las cornejas!
 
Eles, ahora son las eles. Lllllllll. Soldados, portales, linajes, hidalgos, famélicos, galgos, flacos, pululan, ululan. Y, al final, se vengan las erres y graznan las cornejas. Me asomo a sus oscuros portales, uuuuuuu, me detengo en los pétreos linajes , oigo ulular a unos imaginados galgos. ¿Cómo graznan las cornejas? Ríos y Salcedo, San Clemente, Marichalar...linajes que pululan por las calles sorianas.

 

Al fondo, el Duero y San Saturio.
 
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
 su curva de ballesta
 en torno a Soria, obscuros encinares,
 ariscos pedregales, calvas sierras,
 caminos blancos y álamos del río,
 tardes de Soria, mística y guerrera,
 hoy siento por vosotros, en el fondo
 del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
 donde parece que las rocas sueñan,
 conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!..
 
Desde la parte alta de la ciudad, descubro las "colinas plateadas", los "grises alcores" y las "cárdenas roquedas". ¡Y la famosa " curva de ballesta! Viejas y bellas palabras que me saludaron por primera vez en mis tiempos de estudiante: folios, bolígrafo  y un esfuerzo al  redactar. Y se quedaron ahí dentro. Hasta un día de finales de junio, en 2012, en que pude contemplar el paisaje que enamoró a Machado. 

 ¿Sueñan las rocas de Soria?  Cárdenas, álamos, mística, las esdrújulas marcan un ritmo. Palabras que quisieron expresar "tristeza que es amor".


Colinas en torno al Duero
 
¿Y los "álamos del amor"? ¿Dónde están mis  "álamos del amor"? Aquellos con las ramas  cuajadas de ruiseñores, metamorfoseadas en "liras del viento perfumado en primavera".
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
...
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;


San Saturio
...
Álamos, amór, ayér, tuvísteis, ruiseñóres, vuéstras, rámas, llénas, álamos, seréis, mañána, líras, viénto, perfumádo, primavéra. ¿Oís la música de los acentos? No, no se me ha olvidado la ortografía de la tilde, solo señalo las notas para las liras machadianas. La música de un poeta.
 
¿Más música? La del agua del Duero "que corre y pasa y sueña":
...
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
 álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
 

"que corre y pasa y sueña"
 
Sueño con el agua que soñaba Antonio Machado. 
 
Soria, sueño de un poeta: piedras, rocas, álamos, Duero...y Leonor. Sueño, no hay palabra más machadiana.
 
Leonor junto a la iglesia en que se casó. Era una niña vestida de anciana.
 
Un abrazo, para todos los que os detenéis aquí, de:
 
María Ángeles Merino
 
Los versos están tomados de: © RinconCastellano 1997 – 2011 www.rinconcastellano.com

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jueves, 26 de julio de 2012

Esto es Numancia...

Ruinas de Numancia, al fondo monumento a la sitiada ciudad  y a sus celtibéricos héroes.

En mi entrada anterior, os anticipaba el contenido de la presente: la visita a las ruinas de Numancia y la constatación de que su resistencia fue, cómo no, numantina. Buen tema para este convulso verano que, estoy segura, ninguno de nosotros olvidará en toda su vida. Ahora vamos por: "España cercada por los mercados, veta las operaciones especulativas".  La situación tiene visos numantinos, aunque no tengamos clara la identidad de los "romanos".

Primas de riesgo

Aquel día, 27 de junio, tras la contundente comida en Valonsadero llega una reposada sobremesa bajo los chopos. Se acabó, hemos de  dirigirnos a las ruinas de Numancia, a un collado tan mustio como el de Itálica famosa. El cerro de la Muela de Garray, a siete kilómetros de Soria, se nos muestra como  "campo de soledad" bajo un  fuerte sol de junio. Añoramos aquellas arboledas...

Cerro de la Muela de Garray

Entramos en el recinto turístico. Tras asistir a la proyección de un vídeo, recorremos el circuito programado. Contamos con las documentadas explicaciones de una buena conocedora del tema, arqueóloga y profesora de nuestro centro.

  La Historia nos relata que "Los celtíberos, encabezados por Numancia, la ciudad más poderosa de los arévacos, mantuvieron una dura resistencia de veinte años, entre el 153 y el 133 a.C., venciendo sucesivamente a los generales romanos, hasta que Roma finalmente, envió al más famoso, Publio Cornelio Escipión, que cercó Numancia, disponiendo siete campamentos y fuertes en los cerros próximos, uniéndolos con un sólido muro de 9 kilómetros de perímetro, defendido por delante, con un foso y una estacada de madera,y disponiendo dos fortines en el punto de encuentro de los ríos Tera y Merdancho con el Duero para controlar sus aguas.Después de once meses de duro asedio la ciudad cayó por inanición, en el verano del 133 a.C.,tomándose la muerte cada uno a su manera y siendo vendidos los supervivientes como esclavos. La ciudad fue arrasada y repartido su territorio entre los indígenas que habían ayudado a Escipión."

Mapa de Numancia
Si Troya tuvo su Schliemann, Numancia contó con el entusiasmo del arqueólogo Schulten que, entre 1905 y 1914,  excavó  esta ciudad celtíbera y los campamentos romanos de sus alrededores. No fue su descubridor pero él siempre actuó como si lo fuera.

Schulten

Contemplamos los molinos de mano con los que molían el grano o las bellotas. Los más simples son los "barquiformes": "una piedra fija, en forma de quilla de barco, y otra superior más pequeña, con la que se ejercía un movimiento de vaiven".  


Un poco más complicados, no mucho, son los circulares: dos piedras acopladas y engranadas por un eje central, " fija la inferior y móvil la superior, que con su movimiento de rotación molía...saliendo la harina por el intersticio que deja la unión de las dos piedras".


Muele que te muele, los numantinos ganaban el pan con el sudor de su frente y con el agotamiento de sus brazos. Y cuando los molinos ya estaban muy desgastados, los aprovechaban para empedrar las calles. Lo peor vino cuando ya no había nada que moler, los romanos esperaban que se rindieran por hambre.


Entramos en una casa reconstruida. Es de planta rectangular y tiene "las paredes de base de piedra y recrecidos de postes de madera y adobes, rematada con un techado de vigas de madera, cubiertas de paja..."





La habitación central servía para dormir, comer y reunirse en torno al hogar. Allí hablarían de sus preocupaciones cotidianas y de esos romanos que no cesaban en su empeño de invadirles.



Sus objetos cotidianos no son tan refinados como los romanos pero no les falta su vajilla decorada en blanco, negro y rojo. Eran también buenos orfebres y metalúrgicos. Aún así, los romanos les consideran salvajes.


La estancia delantera la usan para hilar, tejer y moler. Labores de numantinas que, concentradas en su telar, tal vez olvidaban el peligro que acechaba su ciudad.

Al ver este telar me acordé de nuestra amiga Penélope Gelu.

Otra estancia trasera servía de almacén y despensa. También guardaban sus aperos de labranza, no muy diferentes de los que se conservan aún en los desvanes de las casas de pueblo.




Me llama la atención este símbolo , trazado en una ventana, porque se parece mucho al lauburu vasco, sólo se diferencia en que tiene tres brazos en vez de cuatro. Es un trisquel, un símbolo sagrado celta. Colocado en puertas y ventanas, ahuyentaría los peligros, pensarían.



Telares, aperos, molinos...y cómo no, las armas. Con lanzas y escudos guerrearon con los romanos, aunque tenían todas las de perder. Veo un escudo semejante a la rodela de don Quijote.




Salimos de la casa celtibérica, sorteando piedras. "La casa de las columnas", al estilo romano, contrasta con la celtibérica que acabamos de visitar. Una cultura venció a otra.


Abandonamos Numancia, dejamos atrás la tierra soriana. Como despedida las palabras de Antonio Machado, que tanto la amó:


 Con mis deseos de "alegría, luz y riqueza" para este país nuestro tan maltratado en estos momentos.

Un abrazo para todos los que entráis aquí de:

María Ángeles Merino