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miércoles, 29 de abril de 2026

Rosa rosa y dos libros para un 23 de abril.

 





23 de abril: día de Castilla y de León, de San Jorge,  del libro y de la rosa. Sol en la Plaza Mayor, rosa rosa y dos libros que ya tenía pensados: "La hija" de Sergio del Molino y "Oxígeno" de Marta Jiménez Serrano. Sergio me atrapó con "Los alemanes", Marta cuando habló en la radio del enfermero del SUMMA que le salvó la vida. Los libros tiran de nosotros de muchas maneras.

El cerro de libros aumenta, ahí va la escaladora:

María Ángeles Merino Moya

Música: La vida en rosa.

martes, 30 de agosto de 2016

Hierbajo


Aquí tenéis mi hierbajo, la "crasulácea" que vive en una maceta, como si de un geranio se tratara. En una entrada anterior, dejé pendiente el contar su pequeña historia. A ello voy. 

Hace unos siete años, una alumna me obsequió con una hermosa rosa, en un humilde vaso de usar y tirar con agua, arropada por hierbas de las que crecen en cualquier parte. 

La flor vivió mucho tiempo y alegró mi mesa de trabajo.Ya no parecía rosa cuando decidí tirar a la papelera aquel obsequio hecho con cariño. Iba a arrojar también las hierbas que la rodeaban pero...

...el hierbajo había desarrollado una enorme raíz que se me quedó entre los dedos. Dije en voz alta: "esto quiero yo, echar raíces aquí". Mis alumnos me miraban divertidos.

Me lo llevé  a casa y lo planté en un tiesto. Y vivió, ya lo creo que vivió. Todos los años echa flores en verano, aunque en otoño haga la poda y vuelva a crecer. Siete cursos ya. Creo que le queda uno...

Porque yo quería echar raíces, deseaba quedarme en aquel lugar donde trabajaba feliz. Porque yo había estado...donde me habían hecho sentir como un mal hierbajo. Vencí y la humilde planta me lo recuerda cada día, en mi ventana. Ahí está, junto a las campanillas azules. 

Esta es la historia de mi hierbajo, toda una señora crasulácea. 


María Ángeles Merino



jueves, 6 de junio de 2013

"Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario", el peligro de trillar los versos y el albur de mis pensamientos.

 
 
 

Una nueva entrada girando en torno a "Campos de Castilla". Y no sé, de verdad, qué giro darle.

Junio, huele a tila y canta el mirlo. ¿Cuándo calentará el sol aunque solo sea un poquito? ¿Para cuándo una tibia mañana?



Paso la semana con este pequeño  libro grande a mano, conoce muy bien las arboledas de mi ciudad y tiene un rincón reservado en mi cartera, junto al ordenador y el "pincho", camuflado entre libros sin poesía. Leo y releo, cuidado, no pierdas el respeto a  versos tan queridos, tan familiares. No los trilles, saborea, mira que han de ser nuevos en cada lectura, no los conviertas en topicazos. Machado no se lo merece. Es poesía con mayúsculas, aunque tú te lo lleves a la sala de espera del dentista. Ahora escribe y busca un hilo conductor que le dé coherencia.

Abro "entrada nueva". Me detengo en la última imagen de una entrada anterior, la del hombre de casino provinciano .  Las cigüeñas de las ruinas del monasterio de  San Francisco, en mi ciudad,  me guían hasta: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario...".

Espera, me digo a mí misma; que ese poema, "Orillas del Duero" no es de "Campos de Castilla", sino que está incluido en "Soledades". Pero tiene mucho que ver:

Un encuentro con la primavera soriana de 1907, embrión de todo lo que vendrá después: Soria y su flechazo de amor, Castilla como símbolo, España, la ideología del momento. ¿Leonor? Tal vez ya ha puesto Antonio  los ojos en una humilde flor, en aquella pensión...

Me gusta, sigo los dibujos en el aire de las cigüeñas, oigo chillar a las golondrinas, siento en la cara las nevascas y las ventiscas, me parece sentir ese rayo de sol tibio.

¡Cuidado! ¿Qué te he dicho antes?

Los machadianos "verdes pinos", todavía sin "las polvorientas encinas", chopos... ¡El paseo junto al Duero!


Río Duero, a la altura de San Saturio.


Algo asoma entre las hierbas. Una humilde flor, las chiribitas de mi infancia. O la florecilla azul que no sé como se llama.



¿Por qué es mística la primavera soriana? ¿Asceta tal vez? Chopos, álamos, montaña, lejanía, un poeta enamorado y optimista. ¿Leonor?


Río Duero, a la altura de San Saturio.

Abro "Campos de Castilla". Lo cierro, me abandono a los caprichos de mis neuronas. Ya está, fluye el primero. Lo localizo en el libro, para transcribirlo correctamente, lo asocio con una imagen.  Piensa un poquillo, qué quiso decir Machado... Luego otra y otra. Procuraré ponerlas a salvo del trillo y del desgaste. Ahora no, Joan Manuel. Vamos a la faena...poética.

"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón"


¿Con qué mundos sutiles soñaba don Antonio? ¿Con qué mundos de pompas de jabón sueña mi pequeña?

Y de un mundo pequeñito, puro e ingrávido, paso, vete tú a saber por qué, a un verso duro para los castellanos:

"y atónitos palurdos sin danzas ni canciones"

  
¿Por qué, Antonio?¿Atónitos palurdos? ¿Sin danzas ni canciones? ¿Por qué "Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora? De acuerdo, solo es la primera parte del libro. Leonor te  hará  dar un giro copernicano a tus poemas. Déjate de tópicos y símbolos regeneracionistas.

Y ahí va el que más peligro corre de ser trillado, el más repetido, el que muchos conocen solo por la canción:
 
"Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar."

 Camino de la Vega en Campo Real.
 
Aquí tenéis un camino que yo hice mío, en Campo Real, en Madrid. ¡Cuántas veces lo recorrí ! Y lo llamaba camino. Y lo pisaba rastreando "estelas en la mar".
 
Y sigo en la mar y su camino imposible:
 
"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
 
 
El día de la foto, víspera de Reyes, me asomé al mar de invierno. Ni rastro de caminos, solo espuma y unas olas enfadadas.

 
Las aguas iban y venían, en un incesante movimiento que, con ojos de niño, contemplamos atónitos los meseteños. Sí, ante el mar nos quedamos atónitos los castellanos. No hacía frío.

Frío...  un día me  encontré con una bella rosa escarchada. Y la aterida flor, me traía otros versos, "amarguras viejas":

Rosa de invierno, en Palacios de Benaver.
 
"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón."
 
  Alguien  me heló el corazón. Fue un deshielo duro. Sé muy bien a qué España pertenecía. Españolita, al fin.

 
¿Y todo para qué? Nos preguntamos con el poeta:

"¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad,
vanidad de vanidades."
 
Porque un día, bajo un puente, me encontré con ellas, y mi entrada se tituló "Machado bajo la autovía". Los grafiteros tienen su corazoncito. Y leen a Antonio Machado. Algunos.

Leer a Antonio Machado y sus preguntas:

Sí, hay ciruelos en flor, quedan violetas.


Y siempre habrá un buen amigo que suba al Espino, a depositar unas flores en la tumba de Leonor. Los lectores de "Campos de Castilla" componemos los mejores ramos para Leonor. Y para Antonio.
 
“Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...”
Tal vez siga con este juego otro día, en otra entrada. El albur de mis pensamientos.
 
Un abrazo de:
 
María Ángeles Merino
 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Será la rosa "Concha".








La rosa "Concha" en distintos momentos.


En la entrada de "La acequia" de ayer, "Una rosa en noviembre", Pedro Ojeda nos ofrecía una bella rosa de otoño y una reflexión.


 Mi comentario fue este:


Este otoño, fui observando un rosal del Paseo de la Isla, más allá o más acá del monumento a Cervantes, a la altura del hospital de San Juan de Dios.

En mis entradas en torno a la "Sonata de Otoño", colocaba las fotos de una de sus rosas en distintos estados de marchitez; acabo de inventar una palabra.

No estoy segura, pero creo que siempre era la misma flor.

La última, la que coincide con la muerte de Concha, casi no parece una rosa, tan ajada está. Pero conservan un punto de belleza, siempre.

Me has dado la idea, las pondré juntas, en una entrada. Será la rosa Concha.

Decadentes y hermosas, dices. Sí...

Tu rosa es bellísima.


Besos

sábado, 29 de octubre de 2011

"Sonata de otoño"(2). Entre mirtos, mirlos y laberintos.

"El viejo rosal de nuestros amores volvía a florecer..."

Comentario a algunos pasajes exteriores del libro "Sonata de otoño", de Valle Inclán. Esta entrada forma parte de la lectura colectiva de "La acequia", de Pedro Ojeda.

El otoñal marqués de Bradomín se pone en camino, poco antes de amanecer, hacia "el viejo palacio de Brandeso", donde Concha vive sus últimos días.  El viejo rosal de sus amores va a  florecer muy fugazmente,  los dos lo saben.

El paisaje se le ofrece  en sintonía con su estado de ánimo: monótono, desolador, ceniciento, inacabable.

"Cuando salimos al campo empezaba la claridad del alba..."


"Vi en lontananza unas lomas yermas y tristes, veladas por la niebla. Traspuestas aquéllas, vi otras y después otras. El sudario ceniciento de la llovizna las envolvía. No acababan nunca. Todo el camino era así."



Llega a Brandeso entre la  luz mortecina del atardecer y  los árboles sombríos:

 "El sol poniente dejaba un reflejo dorado entre el verde sombrío, casi negro de los árboles venerables..."


 "...los cedros y los cipreses, que contaban la edad del Palacio."



"Con el alma cubierta de recuerdos, penetré bajo la oscura avenida de castaños, cubierta por hojas secas"


En el fondo distingue el Palacio. Concha es "una sombra blanca", que saluda "agitando sus brazos de fantasma", tras la vidriera. A partir de aquí, casi todo transcurre dentro, salvo la escenas que tienen lugar en el viejo jardín ; el de los mirtos y los mirlos.

Los mirlos son la ocupación ingenua de Florisel, un pequeño "siervo de la gleba", elegido por Concha para ser "paje" de Bradomín. Después de pasar por su entrenamiento,  silban la "riveirana", en lugar del canto natural de los mirlos. Yo lo conozco muy bien, los oigo a todas horas, anidan por aquí cerca.

Así cantan los mirlos venerables que oígo todo el día.
 ¡Un mirlo cantando una céltica muñeira! Concha  compra y da la libertad a los  bien "adeprendidos", "desearía que silbasen  la riveirana sueltos en el jardín, pero ellos se van lejos".


Concha, con la falda llena de rosas, como una santa antigua, le llama desde el jardín:

Santa Casilda (Zurbarán)

"Y Concha me enseñó su falda donde se deshojaban rosas, todavía cubiertas de rocío, desbordando alegremente como el fruto ideal de unos amores que sólo floreciesen en los besos"


Y ahora vamos con el jardín más nostálgico del mundo, el de todos los manuales de Literatura española. Nostálgico, señorial, monástico, venerable, ay muy venerable.

"Yo recordaba nebulosamente aquel antiguo jardín donde los mirtos seculares dibujaban los cuatro escudos del fundador, en torno de una fuente abandonada..."

Mirto o arrayán.


"El jardín y el Palacio tenían esa vejez señorial y melancólica de los lugares por donde en otro tiempo pasó la vida amable de la galantería y del amor."


"...Bajo el cielo límpido , de un azul heráldico, los cipreses venerables parecían tener el ensueño de la vida monástica"


Concha y Xavier viven un intermedio feliz y su felicidad es el sol que acaricia las flores y  la brisa que danza como un hada sobre la yerba:

"La caricia de la luz temblaba sobre las flores como un pájaro de oro"


"...y la brisa trazaba en el terciopelo de la yerba, huellas ideales y quiméricas como si danzasen invisibles hadas"


Concha, al pie de la escalinata, disfruta del perfume de las rosas. Algunas se han deshojado, llora. Envuelta en el fanal  dorado del otoño, parece una pintura gótica.

"Y hundió en aquella frescura aterciopelada sus mejillas pálidas...
Alzó la cabeza y respiró con delicia, cerrando los ojos y sonriendo, cubierto el rostro de rocío, como otra rosa, otra rosa blanca."


"Sobre aquel fondo de verdura grácil y umbroso, envuelta en la luz como en diáfana veste de oro , parecía una madona soñada por un monje seráfico."


Pasean por el jardín, las hojas secas son su séquito:

"Recorrimos juntos el jardín. Las carreras estaban cubiertas de hojas secas y amarillentas, que el viento arrastraba delante  de nosotros, con un largo susurro"


Llegan al fondo del laberinto, la fuente murmura su sueño:

"En el fondo del laberinto murmuraba la fuente rodeada de cipreses, y el arrullo del agua parecía difundir por el jardín un sueño pacífico de vejez, de recogimiento y de abandono."


Se sientan en un banco de piedra. Ante ellos, se abre la puerta del laberinto misterioso y un sendero umbrío. No les queda mucha tiempo, han de aprovecharlo.

Laberinto verde
" Enfrente se abría la puerta del laberinto misterioso y verde. Sobre la clave del arco se alzaban dos quimeras manchadas de musgo y un sendero umbrío , un solo sendero, ondulaba entre los mirtos como el camino de una vida solitaria, silenciosa e ignorada".

Florisel pasa a los lejos, llevando la jaula de los mirtos. Xavier quiere saber por qué Concha le llama así. La respuesta le deja pensativo:

"-Florisel es el paje de quien se enamora cierta princesa inconsolable en un cuento."


Concha mira a lo lejos, ríe; su risa suena extraña y el de Bradomín siente frío y celos.

"¡El frío de comprender todas las perversidades!

Le parece que Concha se estremece. Está enfriando.

"La verdad es que nos hallábamos a comienzos de otoño y que el sol empezaba a nublarse".

Vuelven al Palacio. Le acompañaremos otro día, bajo la luna y en compañía de esa fuente que canta monótonamente en mis versos favoritos.

"En el fondo del laberinto, cantaba la fuente como un pájaro escondido..."


Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

Entre mirtos y laberintos se mueve Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, para comentar -sin que se le escape ninguna de las palabras mágicas y musicales de Valle- el viaje del Marqués hasta la casa de Concha.