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jueves, 10 de enero de 2013

¡Ah, pues si leen esas!


Comentario en torno a la novela "La busca", de Pío Baroja. Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Polvo o lodo según la estación, "vida africana, de aduar". Así son las orillas del Manzanares en mil novecientos y poco.


Madrid, Puente de Toledo.

Manuel ya no puede trabajar en la pensión de doña Casiana, ha cometido la imprudencia de pelearse con el huésped comisionista, aquel que tanto le chinchaba. Su madre, la criada Petra, le acompaña a un nuevo trabajo: vivirá con su tío, un  zapatero "regenerador" de calzado viejo. Reciclaje diríamos hoy, en aquellos tiempos todo era un intento de "regeneración":

"...el zapatero  discurseó un poco a cerca del porvenir de España y de los motivos de nuestro atraso, conversación agradable para la mayoría de los españoles que nos sentimos regeneradores"

Con  chichones en la cabeza y tras descuartizar una montaña de zapatos viejos, acompaño a Manuel, con su primo  Vidal, por las "rondas miserables" del sur de  Madrid. Allí va a conocer al Bizco y los "Piratas", compañías nada recomendables.
 
Me doy de bruces con unas líneas especialmente duras, cuyas protagonistas son apenas unas niñas. El Bizco se nos hace odioso.

"Unas cuantas chiquillas de diez a catorce años charlaban en grupo. El Bizco y Vidal y los demás las persiguieron por el patio. Corrían las chicas medio desnudas, insultándoles y chillando. El Bizco contó que había forzado algunas de aquellas muchachitas
-Son todas puchereras, como las de la calle de Ceres -dijo uno de los piratas.
-¿Hacen pucheros? -preguntó Manuel.
-Sí; buenos pucheros.
-Pues ¿por qué son puchereras?
-Pu... lo demás -añadió el chico haciendo un corte de mangas.
-Que son zorras -tartamudeó el Bizco-. Pareces tonto.
Manuel contemplo al Bizco con desprecio, y preguntó a su primo:
-¿Pero esas chicas?
-Ellas y sus madres -repuso Vida] con filosofía-. Casi todas las que viven aquí."


Me quedo con la mirada de desprecio de Manuel. Y con la respuesta filosófica del primo Vidal.

 El ritmo de lectura que impone Baroja es muy rápido, se suceden personas y ambientes fundidos en un mismo conglomerado mísero y cochambroso. Hombres y mujeres en su lucha por la vida, aunque algunos abandonen la batalla y se limiten a "dormir como aletargados"

Aguas pestilentes, " un montón de trastos inservibles, cubierto de chapas de cinc...telas puercas y tablas carcomidas, escombros, ladrillos, tejas y cestos: un revoltijo de mil diablos."

Respiro aliviada, algunos trozos de galería, en la Corrala, se salvan del caótico amasijo:

"Aquí se advertía cierta limpieza y curiosidad: la pared blanqueada, una jaula, algunas flores en pucheretes de barro...un banco de carpintero, la caja de herramientas, denunciaban al hombre laborioso, que trabajaba en las horas libres"



A pesar de estos oasis, estoy agotada, literariamente hablando. Así que cierro el libro y me dedico al googleo, a ver qué dicen por ahí de la singular manera de escribir que tiene nuestro don Pío; al cual voy tomando cariño, a pesar de su fama de misógino.

"todos leen a Baroja"

 Misógino, misoginia...me viene a la memoria una anécdota bien conocida acerca de Miguel Delibes, cómo no, Pío Baroja y las mujeres lectoras.  El periodista Juan Cruz lo escribe así en "El País":

"Contaba Miguel Delibes que cuando tuvo su primer éxito editorial con La sombra del ciprés es alargada se fue a ver a su maestro Pío Baroja. Y cuando estuvo frente al ilustre misógino (y misántropo) le explicó los números de su triunfo:-Maestro, ya he vendido 3.000 ejemplares.-Esa es una cantidad muy importante, le respondió Baroja, que a continuación inquirió: ¿Y cómo es posible, cómo ha vendido usted tanto?-Bueno, me han dicho que ahora leen mucho las mujeres. -¡Ah, pues si leen esas...!"

 -Sí, don Pío. Ahora "esas" leemos e incluso  algunas de "esas", profesoras universitarias, han rastreado su obra para despojarle a usted del sambenito. Como la profesora Asunción Rivas que afirma:

"Ha sido un error proverbial tachar a Baroja de misógino" 
 
“El problema, quizás, es que la observa con objetividad y no duda en describir su situación como realmente la ve”

"...un arquetipo embrutecido, dependiente y dominado por la religión"

Hay en otras novelas de Baroja otro tipo de mujer libre y culta, como la Lulú de "El árbol de la ciencia". “Pero...con dos rasgos femeninos fundamentales –la necesidad del amor y el deseo de ser madres- que las caracteriza frente a los hombres y las hace vulnerables”-

¿Y en "La busca"? Como muestra, puede servir este botón:

"Las mujeres de la casa, por lo general, trabajaban más que los hombres, y reñían constantemente. De treinta años para arriba tenían todas el mismo carácter y casi el mismo tipo: negras, desmelenadas, iracundas; gritaban y se desesperaban por cualquier cosa"

Mujeres trabajadoras, pobres y desesperadas. Así era la realidad, no había misoginia en ello. Como la pobre Salomé y el bellaco de su marido.
"Por un espíritu de humildad o de esclavitud, unido a un natural independiente y bravío, la Salomé adoraba a su hombre, y se engañaba a sí misma, para considerarlo como tremendo y bragado, munque era cobarde y gandul. El bellaco se había dado cuenta clara de la cosa, y cuando le parecía bien, con ceño terrible aparecía en la casa y exigía los cuartos que la Salomé ganaba cosiendo a máquina, a cinco céntimos las dos varas. Ella daba sin pena el producto de su penoso trabajo, y muchas veces el truhán no se contentaba con sacarle el dinero, sino que la zurraba además."
 
Volvamos al "¡Ah, pues si leen esas!".  Podemos cerrar con estas palabras de Juan Cruz, en "Él País":

"La respuesta de don Pío esconde toda una manera de ver la irrupción de las mujeres en el universo en el que él no veía, entonces, sino pantalones de dril. Lo cierto es que antes y después las mujeres han sido tan buenas o tan malas lectoras como los hombres, pero los hombres han sido más o menos como don Pío en todas las épocas y también ahora mismo. "



Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Las palabras directamente extraídas del texto se corresponden con el enlace:
http://www.escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/PioBaroja-LaluchaporlavidaI_Labusca_.pdf

miércoles, 2 de enero de 2013

"¿En qué piensas Mari Belcha...?"

 

Esta entrada pertenece a la lectura colectiva de "La busca", de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda, aunque esta vez me vaya un poquillo por los cerros de Úbeda. También podría encuadrarse dentro de las reflexiones que hicimos sobre el placer de la lectura.
Mi primera lectura de Pío Baroja, hace ya muchos años, fue el breve relato "Mari Belcha", del cual os recomiendo su lectura. Podéis pinchar aquí.
Además del placer que seguramente encontraréis al leerlo, os puede servir para contrastar con el Baroja de "La busca". Recordaréis que una  entrada anterior lleva el título  "Un famélico hormiguero. Oscuro, maloliente, caótico, ruidoso e inmisericorde. ¿Una fotografía retocada?". Nada más opuesto a esta pequeña historia de amor en un caserío vasco, llena de sentimiento y aire limpio.

 

Sí, Mari Belcha. Mi edad era semejante a la tuya cuando leí esas palabras por primera vez, en un libro de texto del bachillerato. Un bello relato que no mereció la atención de la profesora, encerrada en una cárcel de sintagmas y complementos. Pero yo escapaba a la puerta de tu caserío y allí me refugiaba.
Te llaman Marí Belcha, María la Negra; pero eres blanca “como los corderillos cuando salen del lavadero” y tan tímida  que te escondes del viejo médico, el mismo que te tomó al nacer. No he olvidado aquella espera con tu familia en la cocina, al calor de la lumbre, con la abuela que llora y calienta tus  ropitas, los tíos que hablan de  cosechas, tu madre que gime bajo las mazorcas de maíz y “el buenazo” de tu padre que la cuida.  Fuera todo está blanco y vuelan los tordos.
http://www.igartubeitibaserria.net/museo/el-caserio/caserio

Y naciste y lloraste y el escritor se pregunta:
El caserío es pobre y los Reyes Magos hacen un milagro:

Y ahora te escondes, y el "medicuzarra" te mira, le pareces muy hermosa:


Y admira el cariño y la paciencia que tienes con tu hermanito. Las vacas Gorriya y Beltza, el perrillo, las gallinas o el gallo. Llora.


Ay, Mari Belcha, que descubren tus secretos.

¿Y al final?
¿Se acabó?  No, no puede ser, me pareció una tomadura de pelo. ¿Qué fue de los amores de tan dulce niña?¿Cómo puede haber un cuento sin final? La misma pregunta del comienzo ocupa el lugar del “colorín colorado”. Nadie me había hablado de relatos abiertos.

¿En qué piensas? Ahora entiendo que los pensamientos de Mari Belcha son los que cada lector desee atribuirle. ¿En qué pensáis que piensa Mari Belcha?
Baroja escondía un alma sensible y tierna.

 
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Dedico esta entrada a nuestra compañera Gelu, de "Penélope aguarda en Itaca", que me recordó este cuento con su enlace.
El enlace utilizado es el de la Biblioteca Digital Ciudad Seva:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/baroja/mari.htm

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"El placer de la lectura". Nuestras viejas lecturas duermen...

¿Recordáis esa cafetería de la derecha, amigos de "La acequía"?

 
 
Una mañana fría. ¿Cómo va a ser si no una mañana de diciembre en Burgos? Avenida del Cid, calle Santander, plaza del Cid, junto a la puerta de la Biblioteca del Teatro Principal unos dedos gigantescos y escritores. Un cartel anuncia: "La familia de Pascual Duarte", 70º aniversario, Sala de Exposiciones del Teatro Principal, del 29 de noviembre al 16 de diciembre de 2012. Un texto manuscrito, unas palabras: "Yo, señor, no soy malo, aunqu...mos todos los mortales al nace...". Un escritor, Camilo José Cela, premio Nobel, personaje él mismo tanto o más que los de sus novelas.; del que ahora se habla tan poco, a no ser por espinosos temas ajenos al mundo de la literatura, herencias y desherencias.
 
Caricatura de Mingote, junto al escritorio de Cela.
 

Mientras subo las escaleras, van despertando las palabras dormidas. Me esperan ahí, manuscritas, sobre un viejo buró, junto a unas gafas y una estilográfica. Objetos que pertenecieron al escritor, aquel que llevaron a hombros los ministros, camino de su última morada.
 
Escritorio en el que fue redactada "La familia de Pascual Duarte"
 
Facsímil del manuscrito de 1942
 


 
 
No recuerdo cuando leí este libro, asocio su lectura con la transición, a finales de los setenta. Pascual Duarte, un condenado a muerte primitivo y violento, hace pagar su frustración a navajazos tanto a  personas como a animales. Pasajes sangrientos que  me dejaron escasa huella ; sin embargo, esas primeras palabras, desde "yo, señor" hasta "nadie puede borrar ya"  debieron quedarse agazapadas en algún plieguecillo de la memoria. Y ahí seguían una mañana fría de 2012, esperando un despertar; qué distinto  el mundo, qué distinta mi persona o qué igual.
 
Leo en el folleto: "Camilo José Cela publica en 1942 su primera novela, La familia de Pascual Duarte. Al concluir su redacción, consciente de haber comenzado su carrera de escritor, sentencia: "Se acabó el divagar"...
 
 
"Esta novela se imprime secretamente en Burgos y se agota antes de que la censura logre confiscarla. La crítica del momento la aplaude y Pío Baroja, que había rechazado prologarla por su dureza de contenido, la alaba en el diario El Español..."
 
Triptico de la exposición
Dureza de contenido, estoy de acuerdo con don Pío.  En realidad,  disfruté mucho más con "Viaje a la Alcarria" o "La colmena", de otro tipo de dureza. Y, como si me estuvieran leyendo el pensamiento, siempre fui más de Delibes, en una vitrina me espera la caligrafía de don Miguel, en aquella primera carta a Cela:
 
 
 
 
Carta manuscrita de un Delibes principiante a Cela.
Leo :"Los fondos que se pueden contemplar en esta pequeña muestra pertenecen al legado que Camilo José Cela donó a la fundación que lleva su nombre en Iria Flavia...material...que permite conocer el proceso creativo, las vicisitudes por las que pasó la edición de la novela, ...anécdotas...el proceso de edición, como las cruzadas con la editorial Aldecoa o con el escritor y académico Ricardo León, al que Camilo José Cela hace partícipe de sus dudas respecto a la novela."

 

Mi atención se centra en nombres como Buero Vallejo o Alberti,  en anécdotas como los primeros ejemplares viajando en  Continental Auto o el tuteo de un  gobernador civil de por aquí. Traducciones al esperanto, al Braille o al euskera. La relación con Burgos a través del "Homenaje Milenario a la Lengua Castellana Escrita"...Es imposible leerlo todo, otro día vuelvo por aquí, estará hasta el día 16 de diciembre.
 
Carta de Buero Vallejo a Cela.
 
Y regreso a Miguel Delibes, mira que soy pesadita; porque buscando enlaces me salen al encuentro unas palabras del escritor vallisoletano pronunciadas poco después de morir el de Iria Flavia:

Me quedo con "los frutos más sazonados", la cosecha que se inaugura con "Yo, señor, no soy malo..."
Nuestras viejas lecturas duermen, es buen ejercicio despertarlas de vez en cuando.
Un abrazo de:
María Ángeles Merino

jueves, 6 de diciembre de 2012

"El placer de la lectura". También en clase. ¿Com pe ti ti vi dad?



En mis entradas anteriores os lo contaba, el placer de la lectura me ha acompañado casi toda la vida. Pero, desde que trabajo en la enseñanza, no cejo en mi empeño de contagiar a los alumnos, para que  lo pasen tan bien como yo. Saludable enfermedad, gozosa epidemia. Y no lo puedo evitar, leo, aunque la materia nada tenga que ver con mis clases, como si mañana tuviera que contárselo a alguien, un hábito automático, inconsciente. Supongo que propio de la profesión.

Por eso, comprendo al profesor Pedro Ojeda cuando escribe:"Ya no puedo leer de forma inocente... Leo como si fuera a explicar ese texto al día siguiente a mis alumnos". Enseñando se aprende, "docendo discitur" dijo el sabio Seneca, maesro de aquel "agradecido" alumno Nerón, ya sabéis el final...


Recuerdo tantas buenas lecturas compartidas, por ejemplo...En aquellos tiempos de la EGB, mis alumnos de entonces, regocijados en la traviesa compañía del Mochuelo, el Tiñoso y el Moñigo, los de "El camino" de Miguel Delibes. La lupa, el sol y la negra panza del gato. Y "esperar al rápido dentro del túnel con los calzones bajados".



Un regocijo comparable al de aquellas alumnas de Educación de Adultos, muy críticas con los reproches de Menchu, la de "Cinco horas con Mario", qué estúpida es esta mujer, el marido un buenazo. Delibes, Delibes, siempre Miguel Delibes. Bueno, también vivieron la tragedia de las reprimidísimas hijas de Bernarda Alba, aquí va a pasar algo, me decían, no nos anticipes nada.

 
Y aquellos alumnos tan familiarizados con los olivos, los de Campo Real, leyendo aquello de " no los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada el trabajo y el sudor". Y la quijotesca batalla de don Quijote con los cueros de vino tinto, la que ha liado este hombre, lo ha puesto todo perdido, qué pena de vino, con lo bueno que es el vino manchego. Y, otro día, leen: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan..." Sí, esta mañana las hemos oído chillar, la primavera de Soria es un poco parecida a la de Campo Real.


Pero tanta lectura vivida ¿servirá a los alumnos de ahora para mejorar su "competitividad"? Porque, amigos míos, mirad como viene la próxima ley de educación. No hemos de lograr seres humanos que construyan su personalidad, que desarrollen sus capacidades, cultos, críticos, felices de aprender, no. Leed:

"Primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE (2012) (Ley Wert): "La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global."


Comparad con el preámbulo de la LOE de 2006:

 "La educación es el medio más adecuado para construir su personalidad, desarrollar al máximo sus capacidades, conformar su propia identidad personal y configurar su comprensión de la realidad..."

Competi - ti - vidad, cuántas tis. Competi - tivos y empleables, nada más. Eso sí, en empleos de alta cualificación. ¿Para todos?



Compañeros docentes, sigamos leyendo, nuestros alumnos no tienen la culpa. Serán buenos lectores y competitivos, seguro. Y muchas más cosas. Su aventura comenzará en la escuela pública, de todos y para todos.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino


Hoy ando un poco retrasado, acabo de regresar de un inesperado, y triste, viaje a tierras de Zamora.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

"El placer de la lectura", siguen las aventuras.



 
 

Regreso al relato de mi aventura con los libros, “el placer de la lectura” que nos propuso Pedro Ojeda. Lo dejé en "Viene la adolescencia y María Ángeles no sabe qué leer".

Y recuerdo a
un ilustre y poco convencional profesor, tanto que hoy la plaza del Instituto lleva su nombre, en el momento justo de preguntarme “¿qué libros lees?”. Y todavía chirría en mis oídos el eco de mi contundente respuesta: “ninguno”. Verdad o mentira a medias, estaba atravesando un breve desierto lector; pero había oasis: mis libros de siempre, manoseados y releídos. ¿Cómo hablar de ellos a un señor tan serio e intelectual?

Instituto Cardenal López de Mendoza, en Burgos. Plaza de Luis Martín Santos.
Se imponía un cambio de rumbo en mis lecturas. Algunas compañeras de clase leían a José Luis Martín Vigil, un jesuita autor de “novelas de formación adolescente” o novela social: “La vida sale al encuentro”, “Cierto olor a podrido”, “Los curas comunistas”. Ni siquiera un vistazo, aquello no me atraía nada, no era el espejo en que yo quería mirarme.


En clase de Literatura, le dábamos al comentario de texto, nos devanábamos los sesos con la adecuación fondo forma y memorizabamos el obeso libro de texto, con su lista interminable de autores y obras. Debíamos leer también algunos libros, para los que no nos daban orientación ni guión alguno. Lo tenéis que leer y ya está. Vais a la librería, compráis "El conde Lucanor", por ejemplo, y a leer lo que "fablaba" el señor conde con su fiel ayo Patronio, en castellano del siglo XIV. Es un libro fácil, unos cuentecillos...pensarían. Todavía lo conservo, es de la colección Austral, edición de 1971. El tiempo ya se ha puesto amarillo en sus páginas.


La animación a la lectura era inexistente, se sobreentendía. Deberíamos recordarlo cuando alguien idealiza aquel bachillerato, aquella forma de aprender. Ahora, los de la ESO comienzan con libros como "Campos de fresas" de Jordi Sierra, donde los personajes son tan adolescentes como los lectores y viven problemas de drogas, conflictos con los padres...lo actual. Todo muy blandito para que lo mastiquen bien.


Más tarde, les encargan leer las primeras obras literarias, han de hacer un "trabajo". Si no les "mola" leer, siempre hay algo que pillar en Internet, control más C, control más V, mira aquí hay alguien que escribe sobre las leyendas de Bécquer, "chachi"...Afortunadamente, existieron y existirán jóvenes hambrientos de letras. Encontré, entre ellos, por fin, el espejo lector en que mirarme.

Sigo mi aventura lectora. Voy echando sus cimientos.
 El Lazarillo y sus tretas para poder comer. Beatriz muerta de horror ante la banda azul que perdió en el Monte de las Ánimas y al mecer las azules campanillas de mi balcón creo que suspirando pasa el viento murmurador. Júrame tan solo que me amas, Romeo, y yo dejaré de ser una Capuleto, pero no jures por la luna. Y los niños de Macondo contemplan atónitos un trozo de hielo.  Que de noche le mataron al caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo.
Y , qué angustia, Dios dejará un día de soñarme, porque soy "un ente de ficción" como Augusto Pérez, el protagonista de "Niebla" de Unamuno.


Las huellas de nuestras primeras lecturas adultas son las más profundas, claro, he dicho que son cimientos.

Más tarde, descubrí a Delibes. Fue un encuentro casual, tuve que ayudar a alguien, el libro era "Las ratas", vaya titulito, pensé.  Contemplo los tesos mondos con pueril fruición, junto al Nini, un niño sabio. En campos de corregüelas, oímos la algarabía de los grajos, pisamos barbechos y nos asomamos a las huras. Después, ya no era por casualidad, me fui al encuentro de Daniel el Mochuelo y de casi todos los demás. El día en que murió don Miguel, quise reunirlos en mi blog.



A la vista del contenido de este blog, tal vez os parezca raro que todavía no haya nombrado a Cervantes. El Quijote lo leí más tarde. A los veintitantos años, compré un ejemplar de la edición de Martín de Riquer, comencé su lectura y no me desagradaba pero...es un libro que se lee mejor en la madurez. Tal vez porque don Quijote sea un cincuentón metido en aventuras, tras haber pasado años y años de vida hidalga y apacible en su aldea. Porque es un personaje que ya está de vuelta, puede ser eso. Sí, con el de la Triste Figura he pasado muy buenos ratos. Y no digamos en nuestra lectura colectiva, la de "La acequia". Placer de la lectura y de la escritura. ¿Y qué es la escritura sino el leerse a uno mismo?


Leo el Quijote, en mi viejo libro.
 ¿Cuántos libros habré leído? ¿Cuántas horas habré pasado leyendo?  Leer, leer, en el tren, en el autobús, en la cama, en el sofá, en el banco de un parque, sentada en un césped, deliciosos refugios.
 
Pedro Ojeda nos habla de "la soledad del lector", de un "tiempo solitario" que nos prepara para el tiempo que sucede al cerrar el libro.
 
 Nos reprochan nuestro aislamiento, dicen de nosotros, los ávidos lectores, que estamos en las nubes.  Subimos a las nubes, sí,  para ser capaces de afrontar y entender lo de aquí abajo. Porque conocemos muy bien el mundo real, demasiado lo conocemos.

Y no somos, de ninguna manera, "
el príncipe que todo lo aprendió en los libros".

Un abrazo de la lectora:
 
María Ángeles Merino

jueves, 15 de noviembre de 2012

"El placer de la lectura", primeras aventuras.

"El placer de la lectura" nos propone Pedro Ojeda. Cada lector tiene su aventura, contaré la mía.


Comienza el día que cumplo cuatro años, mi madre tiene un importante regalo para mí. Me lo  ha contado muchas veces, la semana que viene  cumple ochenta y nueve.

Cuenta que me dijo: "siéntate ahí,  tienes que aprender a leer,  ya tienes cuatro años". Y añade la intervención de una espontánea vecina que, desde el patio de luces, replica: "María Ángeles, deja en paz a la niña, que es muy chica". Y mi madre empecinada: "mi hija no va a dar guerra a ninguna maestra".

¿Por qué esa prisa  en entregarme la dorada llave de la lectura? Quiere lo mejor para mí, sin duda. Y es una  maestra apartada prematuramente del magisterio, ahora no tiene plaza en la capital, imposible ejercer en un pueblo, casada, con dos niños. No recuerdo mis sentimientos de aquel día, ante la cartilla "Rayas". Tampoco mi memoria  guarda registros de arduos silabeos. Un año después, en el colegio, el regalo adquirido  me evita sinsabores, la "mano dura" y el "palo largo" no siempre son metáforas, bien lo recuerdo.


Se hace la luz. Tengo en las manos mi primer libro, es mío y  no es una blanda cartilla de niña pequeña. Tiene las pastas duras y se titula "Un regalo de Dios". Flores, pajaritos en sus nidos, mariposas, un buzo bajo el agua, abejas, toscos dibujos, qué bonito. Una visión religiosa de la Naturaleza, evolucionismo, no, por Dios. 



Los niños de hoy, borrachos de imágenes, no prestarían ni un minuto de atención a un libro así.

Nunca olvidé este buzo, no sé por qué.
Dicen que los de mi generación, que aprendimos a leer sin televisión, espoleamos  más la imaginación cuando leemos, tal vez. La radio siempre encendida, en aquella cocina, si hablaban de un negrito del África tropical yo tenía que imaginar al negrito.



Pasa el tiempo. Estoy en el colegio, la maestra abre el armarito, se reparten cuarenta libros todos iguales, una niña lee, las demás siguen la lectura, no sabes cuándo te va a tocar a ti, María Ángeles se adelanta como el almendro y puede tener problemas. Cuentos, muy moralistas, historias patrióticas, historias sagradas, un Quijote adaptado, todo me gusta. Por Dios, que se olvide la maestra de los ángulos obtusos y del punto de cruz. Toda la tarde leyendo, qué gusto.



En casa, leo lo que de vez en cuando cae. Leo y releo. ¿Qué leemos las niñas de los sesenta y setenta? "Mujercitas", Jo es nuestra heroína, "Corazón" de Edmundo de Amicis, aquella escuela italiana llena de niños tan heroicos como Garibaldi, Alicia y el conejo que teme que la reina le corte la cabeza, "Sissi" y sus pesadumbres con su odiosa suegra, adaptaciones de Dickens, huérfanos a los que persigue la desgracia, Celia de Elena Fortún, una niña de Serrano que quiere ser libre, cuentos de Grimm, de Perrault, fábulas de Esopo y de Samaniego...Aquella colección de Bruguera, "Historias  selección", con las cabecitas de los personajes a la vista. Yo miraba y remiraba mi pequeña estantería.


Y la de mi hermano, Moby Dick, la isla del tesoro, Julio Verne, Ben Hur, Alejandro Magno...Esos también los devoro, aunque no sean míos. Ven, capitán Trueno, haz que gane el bueno. Sí, también tebeos, no conocíamos los cómics.

Y, un poco más adelante, los de Enid Blyton, muy ingleses, muy clasistas, llenos de colegialas que beben cerveza de jengibre, qué será esa porquería, y juegan al lacrosse, yo juego a campos quemados, no creo que sea lo mismo. Me los zampo. Como veis, leo lo  bueno y lo malo. De mayores, analizamos.


¿Cuándo me doy cuenta de que, en los libros, no sólo cuenta lo que se cuenta sino como se cuenta? Eso me viene de la mano de Juan Ramón Jiménez. En mi colegio, antes "Generalísimo etc, etc", ahora "Río Arlanzón", se lee y se dicta "Platero y yo". Y Platero se bebe un cubo de agua con estrellas, y los higos tienen una cristalina gotita de miel, y la niña Chica era la gloria de Platero, pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón que no lleva huesos. ¡Qué palabras tan bonitas las de ese señor tan serio y con barbas! Y la niña más lista de mi clase, la del puesto número uno, que va y me dice que no le gusta ese libro porque, en realidad, no cuenta nada. Bueno, para ella los obtusángulos, que le aprovechen. Yo me quedo con Platero, platerón, platerillo, platerete.


Seguiré contando mi aventura lectora. Viene la adolescencia y María Ángeles no sabe qué leer.

Un abrazo para todos los lectores que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino que dedica esta entrada a Penélope Gelu, la del blog "Penélope aguarda en Ítaca", que tuvo su primera aventura lectora en los mismos pupitres que yo, con las mismas "señoritas".

Y todo el cariño para mi madre que me entregó la llave. Y para mis maestras: Esperancita, Casilda, Clementina, Marina, Felicidad, Carmen y Lorenza. Un recuerdo muy especial para Felicidad Portillo que nos hizo llorar a moco tendido el día en que se murió Azorín.