Catedral de Burgos,monumento funerario en el arranque de la girola.
Puertecita misteriosa, al lado del sepulcro de F. de Villegas. Pero don Cosme no se refiere a esta puerta. ¿O sí?
En la Catedral, ante la pétrea figura yacente del primer traductor al castellano de la Divina Comedia, don Cosme inicia al soñador seminarista en los misterios de la estatua. No representa a un muerto, es un lector que detiene su lectura y señala la página con el dedo, señalando el Purgatorio. No, no está hablando en metáfora, es un lugar real y el camino a seguir también lo es. Cuatro siglos lleva diciéndonoslo el arcediano y , al parecer, nadie se ha enterado.
Detalle del sepulcro del arcediano Fernández de Villegas. Misterioso dedo y misterioso libro.
Hacia la girola quedan dos capillas en restauración.
Volvemos al Salón Rojo. Allí no les ha nombrado al arcediano Fernández de Villegas, el inspirador de sus dantescos delirios. Pero sí les ha propuesto una expedición al Purgatorio, bajo patrocinio de alguno de los ricos asistentes, como Don Perfecto Ruiz Dorronsoro, el dueño de la fábrica de zapatillas. Al Purgatorio con zapatillas "Argentina".
Foto de la fábrica de don Perfecto Ruiz Dorronsoro (página del libro "Veinticuatro mil días en Burgos", de Agustín Merino, mi padre)



Al parecer, el personaje del tebeo, doña Urraca, está inspirado en la tradicionalista Rosa Pastor Urraca.
La urraca, digo doña Rosa, está hablando al director del periódico burgalés “El castellano”.
Cabecera fervorosa de "El castellano". Foto tomada de la página 177, del libro "Burgos, la ciudad vivida", de Fernando Ortega y Carlos de la Sierra.
Le dice que sólo les falta que un canónigo “mochales”, qué adjetivo más antiguo, maltrate a la pobrecita Iglesia. Cuando se enteren en el arzobispado...¡ Con la animadversión que el arzobispo Castro tiene al penitenciario pero culto don Cosme, el confesor de los pecados más gordos! Acordaos de la adúltera doña Clarita, lectora a la fuerza de "Madame Bovary". Esquivias dice que le gusta mucho Flaubert, fui testigo. A mi también, aunque considere a la Bovary como la más tonta de las tontas literarias. Y perdón por la digresión.
Edificio del arzobispado, en Burgos.
Foto del antiguo edificio del "Diario de Burgos", ya derribado. Cuando estaba a punto de desaparecer, alguien puso la uve.
Y, para aumentar su expresión de espanto, por ahí anda la señorita escritora María Cruz Ebro, , una mujer intelectual y adelantada a su tiempo, autora de novelas censuradas. La “lechuza curiosona”, gordita y poco agraciada, sonríe mientras escucha a un exultante don Cosme y al atildado periodista del “Diario de Burgos”, Julio Martínez Palacios, que le hace preguntas. Doña Urraca se pone enferma de ver a estos dos ,que no son precisamente de su cuerda, y anima a marcharse al dire de “El castellano”.

Retrato de María Cruz Ebro, ni tan gorda ni tan lechuza.
Esta novela de María Cruz Ebro fue retirada. Tomada de la página 447 del libro, ya citado, de Agustín Merino
Pero este ha de dar una orden a su "pisaverdes" redactor , que está contando un chiste, largo y sin gracia, a la bella Conchita Plaza. Cuando el chistoso ve al jefe, se calla y se pone en posición de firmes. La guapa se escabulle aliviada. Con voz áspera, el jefe le ordena que , cuando termine el artículo, lo deje en la mesa y, sobre todo, que no se le ocurra contar la propuesta del padre Herrera. Sutilezas teológicas y nada más.
Ahora están solos,el del "Diario de Burgos" y María Cruz Ebro, la cual perora contra la existencia del Purgatorio y contra lo de la resurrección de la carne. Eso de que la Conchita Plaza se quede resucitada y lozana, para toda la eternidad; mientras ella permanezca igual de gorda...¡Ni hablar! Prefiere la metempsicosis y que , ambas, sufran la reencarnación en perras o gorrinas.
Se mete en la conversación un anciano que pide , muy remilgadamente, el permiso para dar su opinión. Cortésmente extiende su tarjeta. Es don Agustín Garrús, catedrático de volapük,lengua artificial , y presidente de una americana sociedad filantrópica. Y vive en el hotel "Norte y Londres", cerquita de esa Comandancia donde tanto se está cociendo.
Foto navideña y actual del hotel "Norte y Londres".
Garrús tiene su propia teoría: la desencarnación o reencarnación al revés. La Ebro, algo guasona, le invita a un chocolate, en su casa, para que se lo cuente a sus amiguitas. La conversación sigue con finezas versallescas y roturas de cristales.
Don Cosme está ahora con el director del Instituto y el catedrático del mismo, y ex alcalde, don Eloy García de Quevedo. Este último , en el Burgos de aquella época, era el perejil de todas las salsas.
Detalle de una foto del claustro de profesores del Instituto De Burgos. Don Eloy García de Quevedo y la profesora de lengua francesa. Tomada del libro "Burgos de memoria", de Luis Ángel de la Viuda
Instituto "Cardenal López de Mendoza", entonces era el único que había en Burgos.
Al grupo se une el doctor Albiñana, con muchas ganas de hablar. Champán, tabaco, abrazos, voces, habanera de Chabrier y carcajadas. Un desamparado Rodrigo, con sus faldones de seminarista e ignorado por los camareros, piensa que si esto es el mundo, no parece tan peligroso ni tan atractivo. Aunque esos cuerpos jóvenes desnudos, los del cuadro de tema mitológico , no están nada mal. Se aparta, fuera tentaciones.
El padre Herrera sigue de grupo en grupo. Albiñana, sobrado de tequila, le abraza y le califica de cojonudo. Ahora dice que está componiendo una "Conchitomaquia", dos mil versos en honor de la Plaza. Serán mejores que los de Zorrilla, el duque de Rivas y "todos esos tíos". Si Conchita llega a nacer en el Peloponeso, habría sido causa de muchas guerras. Este hombre está ocurrente. Un "pollo litri" le adula y él se crece. Sigue enhebrando disparates, ahora es un cuadro de la Virgen pintado por Marceliano Santamaría, con los rasgos de la famosa beldad burgalesa.
Busto de don Marceliano Santamaría, al final del Espolón.Tomada de la página 138 del libro, ya citado, de Agustín Merino)
Museo Marceliano Santamaría, en el Monasterio de San Juan.
Cosme se honra con que sensibilidades políticas tan distintas, el republicano don Perfecto y el nacionalista español Albiñana, muestren la misma simpatía hacia su propuesta. Pero nada de simpatía, el doctor piensa acompañarle y bajar al Infierno.
¿Infierno? No. La excursión es al Purgatorio. Y no se baja, se sube puesto que el Purgatorio es una montaña. Albiñana está decidido, subirá al Purgatorio.

Dante, Florencia y la montaña Purgatorio.
Sigue la verborrea etílica del doctor Albiñana...Seguiremos.
María Ángeles Merino