miércoles, 6 de octubre de 2021

Leemos La hora del sosiego de Yolanda Izard



La entrada del blog de Pedro Ojeda del 30 de septiembre de 2021 anuncia el comienzo del curso del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU y manifiesta su deseo de recuperar la normalidad, después de dos años muy afectados por la pandemia debida a la Covid 19. 



Volvemos, es una alegría volver, al virtual y al presencial, aunque nunca nos hayamos ido, aunque nunca me haya ido. Me pongo manos a la obra. Voy al primero de la lista. 

Encargo y recojo en la librería La hora del sosiego de Yolanda Izard. Leo un poco en el paseo, asomo tímidamente al desasosiego de la protagonista, parece una buena lectura. Adelante con los faroles. 

Al sol de principios de otoño, con el libro y un extraño lapicero que me dieron ahí cerquita, en el Palacio de la Isla, adornado con una pluma que no, no se la he arrancado a ningún pájaro exótico de la isla protagonista. Estoy en el Paseo de la Isla, leo una novela que transcurre en una isla, vivo como ser humano en la isla del propio yo, infranqueable. La portada lo resume así:

"Atrapada por los recuerdos de una infancia atormentada y una vida solitaria que ha dejado de tener sentido, Berta, una editora de mediana edad, decide adquirir una isla en el Pacífico, para aislarse por un tiempo del mundo. Sin embargo, el barco que debía recogerla jamás regresará en su busca y se ve obligada a sobrevivir sola en un medio cada vez más hostil y a reconstruirse mediante una escritura..."


Enseguida, inevitablemente, me viene  a la cabeza Robinson Crusoe con todos los robinsones que le siguieron; pero Berta no se siente superior, no aspira a dominar ni a construir, solo desea dejar la isla como la encontró, con un respeto reverencial por la Naturaleza. Y es mujer. 


También pienso en casos mediáticos actuales, como el de la periodista Beatriz Montañez que encontró su camino en una casa de pastores abandonada, junto a un bosque, vegana y autosuficiente, a 25 kilómetros del ser humano más próximo, con la soledad como "mejor amiga que ha tenido nunca". Tampoco nos sirve, cada cinco o seis meses puede escaparse a Madrid para ver a sus amigos y, cómo no, ha recogido sus experiencias en un libro, presentado "a lo grande". 


La lucha por la supervivencia de Berta es mucho más dura y no admite tregua. Entro en el monólogo de una náufraga de la vida, no de un barco, en fusión con una naturaleza tan bella como aterradora, en soledad con su tremendo equipaje interior. No sé si busca sosiego, al menos en el sentido que solemos dar a esa palabra: quietud, tranquilidad, serenidad. Todavía no sé cuál es su día del sosiego, no he acabado la lectura. ¿El silencio? ¿Reconstruirse? ¿Encontrar la clave de sí misma? ¿Ser una con la isla? ¿Enfrentarse cara a cara con la muerte? ¿Echarle un pulso? ¿Un extraño suicidio? ¿Para descansar morir como Machado?

¿Qué recuerdos tormentosos le han llevado a aislarse en una isla del Pacífico? La infancia nómada tras la ruina familiar, las peculiares personalidades del padre egoísta, la madre imaginativa e inmadura, el hermano suicida y el esposo...A la compañía de sus muertos reales une la de sus muertos inventados, hay tres tumbas en la isla...Berta fabula, padece fiebre y alucinaciones, ni siquiera usa del tópico del libro que te llevarías a una isla desierta, no hay libros,  lo cual es raro, solo cuadernos para escribir y el ejercicio de la memoria. Ha sido editora y ha leído mucho y bueno,  goza con las palabras, es tejedora de relatos. 

Se asoma a sus abismos, tal vez los lectores encuentren algún fragmento de espejo para los suyos. Es una mujer fuerte, hambrienta y en los huesos, cada vez más despojada de lo material, solo acompañada de la perrita María, su "Viernes". La prosa no puede tener más poesía. Aconsejo el sosiego de leerla. Felicidades a Yolanda Izard. Podéis verla y escucharla aquí y aquí, presentada por Pedro Ojeda. 

¡Feliz curso 2021-2022 en el Club de Lectura de la Acequia y Alumni UBU!

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

viernes, 17 de septiembre de 2021

La tentación de leer un libro sin haber acabado otro...u otros.



En la entrada anterior, apunté la posibilidad de que don Benito me tuviera abducida, palabra que suena a cosa de extraterrestres, pero me salió así. Por cierto, en Fortunata y Jacinta, aparece un personaje que trae a cuento ese tema en una charla de café, así de avanzado era Galdós. ¿El de los extraterrestres? Sí, ya os contaré, y por si no os lo cuento, os animo a la lectura o relectura de tan grande novela, el más vivo retrato de la España de la segunda mitad del XIX,  con personajes en absoluto extraterrestres. En este verano que ya se va marchando, alterné la relectura de Fortunata y Jacinta, mirad qué viejito está mi ejemplar de la editorial Hernando, con la lectura de nueve Episodios Nacionales posteriores a Trafalgar, a los que nunca había osado entrar. Debe ser que cada lectura tiene su edad, qué empecinada estaba yo en que no aguantaba libros de guerras. Entré.


Ahora estoy con Juan Martín el Empecinado, el noveno Episodio Nacional, y de la guerra he pasado a la guerrilla. Gabriel Araceli hace mucho que dejó de ser pilluelo de la playa y grumete en Trafalgar. Qué trajín, pasó por las intrigas de La Corte de Carlos IV, se amotinó un 19 de marzo, fue fusilado y resucitado un 2 de mayo, perdió a su Inés, siempre la pierde, batalló en Bailénvivió el Madrid situado en Napoléon en Chamartín,  resistió en Zaragoza, nos contó lo vivido en Gerona por su amigo Andrés, asistió a las sesiones de las Cortes de Cádiz y de la guerra a la guerrilla con Juan Martín el Empecinado que, al principio, puso en duda que el fogueado militar Gabriel pudiera combatir como guerrillero. Y con el noveno  estaba cuando pasé por la librería, a por el décimo y último de la primera serie: La batalla de los Arapiles

No sé cómo fue,  pero salí con el episodio de marras y con otro tomo mucho más gordo: Los vencejos la última novela de Fernando Aramburu. La tentación fue demasiado fuerte. Mi amiga Austri me hubiera dicho: "María Ángeles, un poco de seriedad y termina un libro antes de comenzar otro". 

Que sí, Austri, que es mi costumbre, que poco a poco voy rematando las lecturas, voy a sentarme en un banco y le echo un vistacito.

"A la extrañeza inicial siguió la decepción y luego ya todo ha sido un arrastrarse por los suelos de la vida.

...

No voy a durar mucho. Un año.

...

No me gusta la vida. La vida será todo lo bella que afirman algunos cantantes y poetas, pero a mí no me gusta. Que no me venga nadie con alabanzas al cielo del ocaso, a la música y a las rayas de los tigres. A la mierda toda esa decoración. La vida me parece un invento perverso, mal concebido y peor ejecutado. A mi me gustaría que Dios existiera para pedirle cuentas. Para decirle a la cara lo que es:un chapucero. Dios debe ser un viejo verde que se dedica desde las alturas cósmicas a contemplar cómo las especies se aparean y rivalizan..."

(Los vencejos, Fernando Aramburu, colección Andanzas, Tusquets editores, primera edición, septiembre 2021).

El personaje habla en primera persona, no le gusta la vida y se propone quitarse de en medio. A ver...Caí. 

No hay problema, Galdós y escritores de ahora mismo. Don Benito, tanto en sus novelas como en sus episodios, nos da muchas claves para entender la España crispada y enfrentada que estamos viviendo. Y la naturaleza humana es siempre la misma, aunque no sé qué personaje galdosiano podría tener algún parentesco con el protagonista de Los vencejos, solo he leído las primeras páginas. Seguro que alguno cuadra...

Sigamos leyendo. Confío en que el Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, el del profesor Pedro Ojeda, vuelva a las gestas lectoras de antaño, virtuales y presenciales. Y a ver si van desapareciendo las telarañas de La arañita campeña. 

Un abrazo a todos los que llegan hasta aquí, un blog un tanto abandonado:

María Ángeles Merino

domingo, 29 de agosto de 2021

Una lectura de Quijote veraniego y una bloguera que no arranca. De Santa Ana a "San Juan degollao".

 


Llevo un tiempo que leo pero no os escribo nada. Y sería una traición a mi viejo blog, de casi quince años, permitir que La arañita campeña fabricara telarañas. Así que, a falta de entradas largas, probaré con las cortas, unas pocas palabras para comentar mis lecturas.  Manos a la obra y no te alargues, María Ángeles, que luego se queda en borrador y a dormir.

Hoy 26 de julio, día de Santa Ana, después del desayuno, arranco la hoja del calendario y me pongo a releer un poco el Quijote, antes de las tareas cotidianas. La cinta señala el capítulo 2.12, don Quijote y su escudero van a pasar la noche "debajo de unos altos y sombrosos árboles, después del "reencuentro de la Muerte", la "sopa de arroyo" y demás agravios de los comediantes de la carreta. Leo.

No había campana de bronce que los protegiera, Sancho no quiso tomar venganza y barajó argumentos para detener a su señor que ya había comenzado a embalarse. Y eso que el "moharracho" de la vejiga  arreó en las patas del pobre rucio. Mire que "es gente favorecida", "es más temeridad que valentía acometer un hombre solo a un ejército donde está la Muerte y pelean en persona emperadores, y a quien ayudan los buenos y los malos ángeles". Al final, pulsó el resorte correcto: "entre todos los que allí están, no hay ninguno caballero andante". "Ahora sí" y percibimos el alivio de don Quijote: "Pues si esa es tu determinación...Sancho bueno, Sancho cristiano y Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos a buscar mejores y más calladas aventuras...". 

¿Qué ha pasado aquí? Don Quijote en horas bajas y Sancho atinado, crecido y sabio. Menos mal que entre los sombrosos árboles se oirá crujir de armas, dos a caballo y el discurso de otro caballero andante de los de libro. Y va a cambiarlo todo. 

-"Hermano Sancho, aventura tenemos".

...

¿Qué pasó aquí? Una relectura veraniega quijotesca y una bloguera que no arranca. Pues la entrada, esté como esté va a publicarse, fuera telarañas. Santa Ana fue el 16 de julio y hoy es..."San Juan degollao". Venga, pulsa el resorte correcto, tú también. 

María Ángeles. a ver si vuelves a lo de antes, que nos contabas con pelos y señales lo que leías. ¿La pandemia? ¿La edad? ¿Vagancia? ¿El móvil versus el ordenador? ¿Otros entretenimientos virtuales más facilones?¿La lectura de Galdós te tiene abducida? A saber. De todo un poco.

María Ángeles Merino os envía un saludo. 

https://aranitacampena.blogspot.com/2009/08/unos-arboles-altos-y-frondosos-una.html

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-ingenioso-hidalgo-don-quijote-de-la-mancha-6/html/05f86699-4b53-4d9b-8ab8-b40ab63fb0b3_70.html

lunes, 19 de abril de 2021

La lectura en los tiempos del coronavirus. El doctor Centeno (B. Pérez Galdós).



Una entrada de hace un año que se me había quedado en borrador. 

Era el confinamiento y no sabía qué leer. Por suerte, en un estante de mi biblioteca, tan anárquica, algunas novelas de Pérez Galdós esperaban pacientemente la relectura, todas de ediciones ochenteras: Hernando, Aguilar y Anaya. Porque el gran don Benito Pérez Galdós comenzó a interesarme allá por los ochenta, cuando se emitíó la versión televisiva de Fortunata y Jacinta, una serie de gran calidad que empujó a muchos espectadores a ser lectores. 

A ver, qué tengo ahí, elijo una que no recordaba en absoluto: El Doctor Centeno. En la portada me recibe un muchachito desgalichado en un paisaje urbano del viejo Madrid, parece interesante un Lazarillo a la madrileña. ¡Adelante!



Chiquito pero héroe, un joven desarrapado yacerá desmayado en el suelo, frente al  imponente Real Observatorio Astronómico de Madrid. Es Celipe, Felipe, Felipín alias doctor Centeno, un personaje que viene de Marianela, va a Tormento y pasará por otras novelas de Galdós. La cuesta era demasiado empinada y acudirán a socorrerlo unos estudiantes, uno de derecho y otro de medicina. El de derecho era Alejandro Miquis, mal estudiante, sablista y derrochador compulsivo, escritor de comedias nunca representadas, enfermo de tuberculosis y de romanticismo, trasunto del mismo autor. 

Felipe había viajado a pie hasta Madrid, desde su pueblo minero y cántabro, con el sueño de estudiar medicina, a pesar de su escasísima instrucción. Por mediación de Miquis, se colocará de criado en casa del rijoso cura Pedro Polo y, al mismo tiempo, asistirá a la escuela primaria que este último regentaba, el horror de los horrores pedagógicos. No podrá aprender mucho allí el pobre Felipín y menos mal que una travesura le hará caer en desgracia y será expulsado de aquel infierno de palmetazos y tirones de orejas. 

Nuestro héroe pasará de Polo a Miquis que lo acogerá como ayudante para todo, incluido pedir dinero a los amigos. Amo y criado vivirán, como pupilos, en la caótica pensión de doña Virginia, refugio de estudiantes pobres, espejo de aquella en que vivió Galdós de jovencito, recién llegado a la Península. Los lectores dudaríamos si nos preguntaran por el protagonista, si está es la novela de Felipe Centeno o la de Alejandro Miquis. ¿O es la de los dos? 

 Felipe quería saber y ser doctor, de ahí lo de "doctor Centeno". Asistirá incluso al instituto pero los estudios serán demasiado para él y lo dejará por imposible. El aprendizaje a su alcance será el de las calles de Madrid, en las que vivirá la tensión prerrevolucionaria que desembocará en la " Gloriosa" que destronará a Isabel II, en 1863. Como decía su amigo Juanito, el de la imprenta: se iba "a armar una muy gorda".  

Alejandro recibirá una considerable cantidad de dinero de su tía Isabel que dilapidará con rapidez y, para sablear a las amistades, estará siempre a mano el pobre Felipín. Cuando Miquis enferme de tuberculosis, el "doctor Centeno" tendrá que ir en busca de medicinas y médicos y llegará a realizar una especie de autopsia, llamémoslo así,  a un gato muerto para examinar sus pulmones y comprender el mal de su amo y amigo. La muerte de Miquis estaba anunciada pero él, enfermo también de romanticismo, no dejará de soñar con la publicación de sus comedias, el mismo afán que tuvo Galdós joven. Un detalle importante, Alejandro Miquis era natural de El Toboso, como la tía Isabel, todo un mundo su casa y su balcón. 

El quijotesco Alejandro Miquis morirá. El grande Osuna nunca será representada. La novela terminará con un diálogo entre Felipe Centeno y otro gran personaje galdosiano itinerante: el desdichado José Ido del Sagrario. Servirá para enlazar con la siguiente: Tormento. 

Parece que a Felipe le van a ir mejor las cosas. Ha aprendido mucho del mundo de Pedro Polo y del mundo de Alejandro Miquis. Lo bueno y lo malo. 

Y yo seguí leyendo o releyendo a Galdós, en sus páginas bulle la vida. 



María Ángeles Merino


martes, 23 de marzo de 2021

Trafalgar: doña Francisca, la voz del sentido común ante la locura de la guerra.

Mi madre colabora en mis entradas

 Comentario parcial sobre la novela Trafalgar de Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales), para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda. 

Recordáis aquel domingo, último día de febrero mocho, en que me sorprendió de nuevo la voz de Austri, cuando miraba unas violetas, no muy lejos del pino donde suelo encontrarla. Ya sabéis, la amiga misteriosa que me sale al paso en mis paseos, sobre todo si me siento a leer en un banco o en la orilla del río. Siempre demuestra estar muy informada de los libros que comentamos en el Club de Lectura de La Acequia. Me consta que los lee, a juzgar por sus comentarios.

El domingo 14 de marzo, primer aniversario del confinamiento de la pandemia, volví a escuchar su voz, cuando miraba los árbolillos floridos de la orilla del río. Pensaba en la primavera del año pasado, cuando el único paisaje fue mi casa, mi calle y el cerro de San Miguel como implacable telón. Y los arbolillos se quedaron sin mirones. 


-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?

-¡Austri! Sí, todo bien. Salud y ánimo, compañera de lecturas.

-Amiga, vamos a comentar otro poco Trafalgar (1873), la primera novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, la lectura de marzo...Que, como sueles decir, siempre estoy al día de las actividades del Club de Lectura de La Acequia. 

Recuerdas que el protagonista es Gabriel de Araceli, un anciano que escribe su vida, desde la niñez, en primera persona, y contempla los años pasados "como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó".  Mientras le dura" la superchería de la imaginación" , le parece como si un genio amigo le quitara de encima la pesadumbre de los años. Es joven, "el tiempo no ha pasado".

-¿Dónde lo dejamos? 

-Era a primeros de octubre de aquel funesto 1805, nuestro héroe volvía a tener catorce años cuando le pilló desprevenido la pregunta de su "noble amo":


-No había tenido tiempo, pero don Alonso Gutiérrez de Cisniega, capitán de navío retirado, le había llamado "hombre" y no podía negar su valor ante "quien había derramado su sangre en cien combates gloriosos". Así que el muchacho contestó "con pueril arrogancia". 


-El bueno de don Alonso, severo y blando, sonrió y le hizo seña de sentarse, le iba a  contar algo importante; pero, en ese momento, entró "iracunda" su mujer, doña Francisca:


-Parece que el chaparrón también cae sobre nosotros, los lectores. La oímos y la vemos imponente: "con su gran papalina, su saya de organdí, sus rizos blancos y su lunar peludo a un lado de la barba". Solo con cuatro pinceladas y el retrato de la doña es completo, incluso un poco cómico. 

-Sí, nos parece ver la enorme cofia y los pelos del lunar. 

-Y las sayas crujen de puro almidonadas. El lector siempre añade algo de su cosecha.

-Don Alonso decía que necesitaba ir, que le había escrito Churruca, que la escuadra combinada debía salir al encuentro con los ingleses y provocar el combate. Doña Francisca replicó, ahora les tocaba a otros machacar duro a "esos perros ingleses"Ahí estaban "Gravina, Valdés, Cisneros, Churruca, Alcalá Galiano y Álava".



-Es la voz del sentido común, como tantas veces lo es la de la mujer, como tantas veces lo es la del pueblo, ante la locura de sus gobernantes. Qué sabía Francisca del sentimiento patriótico y militar de su esposo, qué sabían el ama y la sobrina del espíritu caballeresco. Don Alonso, marino quijotesco, necesitaba ir, no podía eludir la aventura, tenía una cuenta pendiente. Movió el brazo con un gesto forzado que no convencía,  ella seguía chillando. 


-Él no hará ni caso y ella lo sabe, aún así desplegará toda su artillería. No, no irás, allí no hace falta una "estantigua como tú", "ese calzonazos de Marcial" te ha calentado los cascos con las batallas, que vaya él a perder la pierna que le queda. Si "a sus quince" hubiera sabido lo que era casarse con un marino, ni un día de reposo, que viene un despacho de Madrid y se lo mandan "a la Patagonia, al Japón o al mismo infierno"...Y "si no se le comen los señores salvajes" vuelve "enfermo y amarillo" y, como el ama de don Quijote: "no sabe una qué hacer para volverle a su color natural". 

-Había quien se había ganado, tiempo ha; todas las iras de doña Francisca: Napoleón, "ese caballerito que trae tan revuelto al mundo". Llegaron los despachitos y allá que voló don Alonso: a Tolón, a Brest, a Nápoles, acá o acullá, donde le diera la gana al "bribonazo". Ay, si todos hicieran lo que ella dice, pronto las pagaría todas juntas...

-No sabemos muy bien qué solución proponía Francisca. Don Alonso, ante la ingenuidad de su mujer, miraba sonriendo una estampa mal pintada del Emperador Napoleón, clavada en la pared. Gabriel había dejado de verlo como un contrabandista, ahora se lo representaba de cardenal, con su famoso redingote colorado y subido a un caballo verde.



-El pacifismo no estaba muy bien visto en tiempos de Galdós y don Benito aprovecha el personaje de Doña Francisca para despacharse a gusto. El mar es una de las mejores obras de Dios pero los barcos de guerra no merecerían sino ser quemados. No se puede expresar mejor la inutilidad de la guerra:


-Es algo que se podía poner en boca de una débil mujer, no en la de un aguerrido varón. Se le estremecían las carnes cuando oía un cañonazo, convertiría los cañones en campanas, mujer tenía que ser, ajena al varonil ardor guerrero, tan insensato. 

-Al final de la bronca, lo que más le podía escocer: 

"Mira, Alonso...me parece que ya os han derrotado bastantes veces. ¿Queréis otra? Tú y esos otros tan locos como tú, ¿no estáis satisfechos después de la del 14?"

-El 14 de febrero de 1797 fue un triste recuerdo, don Alonso reprimió un juramento de marino, por respeto a su esposa. La dama estaba cada vez más furiosa pero no quería seguir hurgando en la herida. Desvía la culpa al "picarón de Marcial",el "endiablado marinero" que quería embarcarse con "su pierna de palo, su brazo roto, su ojo de menos y sus cincuenta heridas, que vaya en buena hora". 
-A continuación suavizó el tono, asomó el cariño. No irá porque está enfermo, ya ha servido bastante al Rey y no le han recompensado, muchos galones y ni siquiera le hicieron almirante. 


-Don Alonso estaba decidido: debía ir a la escuadra, no podía faltar a ese combate, tenía una cuenta pendiente con los ingleses. 

-Enfermo y medio baldado, don Alonso irá a la batalla de Trafalgar, Gabriel le acompañará. 

-Un adolescente y dos minusválidos se escaparán de casa, a la manera quijotesca, para embarcarse en una cruenta batalla naval que ni siquiera era cosa de España, arrastrada por una alianza forzada y forzosa con la Francia de Napoleón, el genio de la guerra que el niño Gabriel imaginó como contrabandista en potro jerezano. Galdós no podía contar mejor el triste momento histórico que vivió España a principios del XIX.
-

-El "amor santo de la patria" todavía hacía llorar al anciano Gabriel de pluma temblona. Nos contará una catástrofe y muchas más, pobre España en manos de tan malos gobernantes. Enganchan los Episodios Nacionales. Galdós cuenta la historia insuflándole vida, la de la gente corriente, la que no figura en los manuales. 

-A ti te han enganchado, de tal manera que, mientras tratabas de confeccionar una entrada sobre Trafalgar, andabas con la lectura de El 19 de marzo y el 2 de mayo. Y, claro, cuando tenías que subir al Santísima Trinidad en Cádiz, estabas en el motin de Aranjuez, mucho ruido. Últimamente, escribes poco y te cuesta más. O estás más perezosa.

-Así es. No he escrito nada de Rosita, la hija de don Alonso y doña Francisca, el primer amor de Gabriel. Amor infantil, pero amor. Luego será Inés...

Niños inflando una vejiga (Goya)

¡Austri! 

Ha desaparecido.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

Libro: Trafalgar. La Corte de Carlos IV. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial. 2008.

martes, 9 de marzo de 2021

La voz de Gabriel de Araceli: ni niño ni pícaro.



Recordáis aquel domingo de Carnavales sin Carnaval  en que me sorprendió la voz de Austri, bajo un pino llorón del parque. Ya sabéis, la amiga misteriosa que me sale al paso en mis paseos, sobre todo si me siento a leer en un banco o en la orilla del río. Siempre demuestra estar muy informada de los libros que comentamos en el Club de Lectura de La Acequia. Me consta que los lee, a juzgar por sus comentarios.

Este domingo, último día de febrero mocho, volví a escuchar su voz, cuando miraba distraída unas violetas, no muy lejos del pino habitual.


-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?

-¡Austri! Sí, todo bien. Salud y ánimo, compañera de lecturas.

-No llevas el libro en la mano, ni en el bolso, pero es igual, mira lo llevo yo. Este mes de marzo estáis leyendo Trafalgar (1873), la primera novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. 

-Austri, tú siempre al día de las actividades del Club de Lectura de La Acequia. 

-Trafalgar se te cayó hace un tiempo, cuando compraste ese tomo que contiene Trafalgar y La Corte de Carlos IV. Ya ni te acuerdas con qué periódico se vendía, no seguiste la promoción. Decías que no podías con tanta guerra, que te pasaba lo mismo que en tus años de adolescente pedante, cuando no habías sido capaz de leer Guerra y Paz de Tólstoi, que tanta batalla se te había indigestado. 


-Ahora me ha enganchado y siento no haber seguido la colección. Desde aquel día del confinamiento en que eché mano, al azar, a la estantería y saqué El doctor Centeno, no he dejado de leer y releer novelas de Galdós y, al principio, no pensaba en el centenario (1920-2020), aunque bien está celebrarlo así, que bien lo merece el mejor escritor español, después de Cervantes. 

Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial, 2008. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, 23 volúmenes (con El Mundo).

Pero, bueno, ¿quién te cuenta a ti eso? Es cierto, ahora no entiendo por qué se me resistía Trafalgar. En esta lectura,  Gabriel de Araceli me atrapó enseguida y le acompañé sin resistencia a la batalla. Y, a continuación, a La Corte de Carlos IV,  donde se empapa de teatro, intrigas y acontecimientos históricos en primera línea, además de enamorarse de la juiciosa Inés. 

-Y de cabeza con él al tercero: El 19 de marzo y 2 de mayoLa pobre Inés cae en manos de unos malos malísimos y don Benito arma un buen folletín. Atrapada estás y, a falta de libro, bueno es un enlacepero ahora toca hablar solo de Trafalgar y no adelantarte como el almendro.


-De acuerdo. Comenzamos a leer Trafalgar y nos recibe una voz muy cortés y comedida. 


Es la voz de un adulto que casi se disculpa por decir "algunas palabras" sobre su infancia, "ruda" y "soez", en el  barrio gaditano de la Viña que no era precisamente "academia de buenas costumbres"; pero el "gran suceso" del que fue testigo , "en la primera edad", merece todas las explicaciones: la batalla de Trafalgar.

-..."la terrible catástrofe" en que sucumbió la marina española, en alianza forzada y desastrosa con Francia, contra la armada británica. Algo que sigue muy presente, a pesar de las inexactitudes, en la memoria del anciano que nos escribe con las manos heladas y el "entendimiento aterido", intentando recalentar sus "mustios pensamientos" "con la representación de antiguas grandezas". 


-Para dar principio a su historia, imita el arranque del Buscón, más amargo aún que el Lazarillo. Declara no tener noticia de ninguno de sus ascendientes, si no es su madre a la que conoció por poco tiempo o a Adán, linaje indiscutible para quien toma la Biblia al pie de la letra. Solo ese punto tiene en común con el pícaro de Segovia, "afortunadamente", dice , nada más. Gabriel de Araceli es un "antipícaro" que, al contrario del pícaro, va en busca del honor y prestigia el honor. 


-Nos va a contar su vida y su ascenso social, desde la nada de un pilluelo de la playa. El joven  Gabriel es un ingenuo que se empeña en cumplir lo que para la mayoría es un sueño. Modela su personalidad, se educa con escasos medios y, sobre todo, se autoeduca en el trato con los demás. Confía en el barniz que disimule su humilde cuna. Practicará virtudes impensables en un Pablos o en un Lázaro: el patriotismo, el deber, la conciencia, la ayuda a los demás. No olvidemos que tiene nombre de ángel y apellido celestial. 

-Araceli es el pueblo y la historia le roza siempre, en los acontecimientos históricos clave ahí va a estar, lo va a ver con sus ojos y oír con sus oídos. El escritor  se las tendrá que ingeniar para hacer posible el cameo o tirar de lo que le cuentan. Hará lo mismo en las series siguientes con el liberal Salvador Monsalud, el romántico Fernando Calpena, el provinciano moderado José García Fajardo y el periodista republicano Tito Liviano. 

-En primera persona es más difícil, el escritor tiene que organizar los pertinentes traslados. Los del Cuéntame son herederos de los Episodios Nacionales, por supuesto sin la calidad literaria de don Benito. 

-El anciano dirige la mirada hacia lo que fue y se ve jugando junto al mar, con otros de su edad. Ahora sí, ahora es un niño inocente que no concibe otra vida distinta a la suya, junto al mar. Nadar y coger cangrejos para vender sus ricas "bocas" o comerlas, esa era la vida normal de cualquiera, eso asignó "la Providencia" al hombre. No, la palabra "Providencia" nunca hubiera salido de la boca de un niño. 

-Y, de vez en cuando, las pedreas contra los del barrio rival. Con espíritu guerrero, tanto que "manchaban el suelo de heroica sangre". Este muchacho tiene vena militar. 

-No te adelantes. Cuando tuvo edad de ganarse unos cuartos, servía de "introductor de embajadores" a los visitantes ingleses. Con ironía habla del muelle como "escuela ateniense para espabilarse en pocos años", él fue alumno aprovechado, así como "en el merodeo de la fruta". Pero de pronto, el Gabriel anciano recuerda con vergüenza tales actividades y da a gracias a Dios de haber ido por "más noble camino". 


-No nos va a dar detalles de su habilidad para merodear fruta, prefiere contarnos el placer que le causaba contemplar los  barcos de guerra fondeados, afición premonitoria. Como no podía verlos cerca, ponía en marcha su fantasía. Jugaba a las batallas navales con otros chicos, era la época de los grandes combates navales. Ellos mismos se fabricaban sus pequeñas naves, las velas eran de trapo o papel y el mar era cualquier charco. Si "venía algún cuarto" compraban pólvora  y la fiesta naval era completa.

-Creo que Galdós era muy amigo de observar los juegos callejeros de los niños. Recuerdo, en El doctor Centeno, la pintura inolvidable de unos  chavales jugando a las corridas de toros, uno se colocaba una cabeza de toro de cartón, otro hacía de toro, había picador, banderilleros, público...Me quedé pensando cómo me podía gustar tanto ese pasaje si yo odio los toros. En el libro que nos ocupa, la batalla naval de juguete también es de antología:

"Nuestras flotas se lanzaban a tomar viento en océanos de tres varas de ancho; disparaban sus piezas de caña; se chocaban remedando sangrientos abordajes..."


-Aquellos niños de la playa  se figuraban que las escuadras se batían con otras porque les daba la gana o para probar su valor, como dos que se citan "para darse de navajazos". El viejo Araceli se ríe de las ideas que el chiquillo Gabriel se hacía de las cosas. Así, oía hablar de Napoleón y se lo figuraba como un contrabandista de los que veía procedentes de Gibraltar: "caballero en un potro jerezano, con su manta, polainas, sombrero de fieltro y el correspondiente trabuco". 


-Y el del potro conquistaba Europa que era una gran isla. Y dentro de la isla las naciones que él iba conociendo a través de  los  pasajeros que llegaban en los barcos. España era la mejorcita y por eso los ingleses querían quedársela, un patriotismo primitivo el de los chicos de La Caleta que nuestro héroe abandonará en cuanto conozca la guerra de verdad. 

-Ese patriotismo primitivo de "España es la mejor", no ha desaparecido...

-El narrador se ha recreado en sus recuerdos infantiles y ahora le llega el turno a los sentimientos. El único ser que le compensaba de la miseria era su madre, con su "desinteresado afecto". No hay cariño en la madre del Buscón  ni en la madre del Lazarillo, lo hay en la de Gabriel de Araceli. Muy hermosa, viuda, lavaba y componía la ropa de los marineros. Lo mantenía con un trabajo duro y el amor por su hijo "debía ser muy grande"

-También recuerda cuando cayó enfermo de la "fiebre amarilla", una epidemia que asoló Andalucia. Cuando sanó hubo de llevarlo en procesión a la Catedral, a cumplir la promesa de andar de rodillas durante más de una hora. En el retablo dejó un ex-voto,un niño de cera que él creyó su "perfecto retrato". 


-Nos puede parecer extraño pero aquella promesa constituía una gran manifestación de cariño. Su madre era buena pero tenía un hermano muy malo y cruel, no puede recordar a su tío sin espanto. Era marinero y cuando estaba en Cádiz llegaba a casa "como una cuba", maltratando a su madre de palabra y a él de obra. 

-El trabajo penoso y mal retribuido, junto con las atrocidades de su hermano, aceleraron su fin. La muerte de su madre le presentó la vida humana "bajo un aspecto muy distinto". La impresión sentida no se borró nunca de su alma, recuerda "oír lamentos de dolor, y sentirme yo mismo en los brazos de mi madre; recuerdo también, refiriéndolo a todo mi cuerpo, el contacto de unas manos muy frías, pero muy frías". 
 
-Dice también haber visto entrar en casa "unas mujeres, cuyos nombres y condición no puedo decir". ¿Por qué estos remilgos después de tantos años? 

Después, las velas amarillas, rezos, cuchicheos de viejas, carcajadas de borrachos y la idea de la orfandad, hallarse "solo y abandonado en el mundo".


-Cansado de los malos tratos de su tío, se fue de la casa, en busca de fortuna. En este momento corre el riesgo de caer en la picaresca. Se fue a San Fernando y a Puerto Real, se juntó con "la gente más perdida de aquellas playas, fecundas en héroes de encrucijada". Con ellos fue a parar a Medinasidonia, donde tuvo que huir de unos soldados de marina que hacían la leva.

-Su buena estrella le llevó a casa de los que serían sus "ángeles tutelares". Se apiadaron de él y mostraron interés "por el relato que de rodillas, bañado en lágrimas y con ademán suplicante," hizo de su triste estado, de su vida, y sobre todo de sus desgracias.

-Lo libraron de la leva y quedó al servicio de Alonso Gutiérrez de Cisniega, capitán de navío retirado, y su mujer, ambos de avanzada edad. Enseñáronle muchas cosas que no sabía y, como le tomaron cariño, adquirió la plaza de paje de don Alonso, al cual acompañaba al paseo, pues no movía el brazo derecho y con mucho trabajo  la pierna correspondiente. 

-No podía imaginar que el minusválido don Alonso iba a preguntarle un tiempo después: 


- El anciano narrador, mira con curiosidad y asombro los años que se fueron "como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó". Mientras dura el embeleso de esta contemplación, parece que un genio amigo viene y le quita de encima "la pesadumbre de los años, aligerando la carga de su ancianidad".

-Nos hemos engolosinado con el primer capítulo. Seguiremos, Austri. ¡Austri!

Ha desaparecido. 

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Enlaces:

Libro: Trafalgar. La Corte de Carlos IV. Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Espasa Calpe para Grupo Unidad Editorial. 2008.

martes, 23 de febrero de 2021

Inés del alma mía, Inés Suárez y otras conquistadoras.


Comentario sobre la novela Inés del alma mía de Isabel Allende, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda. 

Recordáis aquel día de centellas en que me sorprendió la voz de Austri, bajo un pino llorón del paseo de la Isla. Ya sabéis, una amiga que suele ayudarme a comentar libros, un personaje algo fantasmal que asegura conocerme desde la infancia. Me la encuentro en mis paseos, sobre todo si me siento a leer en un banco o en la orilla del río. Siempre demuestra estar muy informada de los libros que comentamos en el Club de Lectura de La Acequia. Me consta que los lee.

El domingo de Carnavales sin Carnaval, la volví a encontrar, bajo el mismo pino. 

-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?

-¡Austri! Sí, todo bien. Salud y ánimo, compañera de lecturas.

-No te había visto desde el sábado de la cencellada, cuando nos pusimos con Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor de José  Ignacio García. Quisiera comentar contigo algún relato más, un día de estos. Ya vi que recuperaste la entrada que hiciste en tu día sobre Inés del alma mía, de la escritora chilena Isabel Allendelectura colectiva que quedó en suspenso por la pandemia. Como ha escrito Pedro Ojeda, partes "acertadamente de la implicación emocional con la figura de la protagonista como gran valor de la novela”. ¿Hablamos un poco de ella?

-Sí, aunque hace casi un año que la leí y me queda un poco lejos ¿Te gustó? 

-Es un libro sin complicaciones, una recreación histórica correctamente documentada, entretenida, comercial, con los ingredientes habituales: historias de amor y costumbrismo para las mujeres, sexo, guerras y aventuras para los hombres. Si además, en la portada ponen la imagen contundente de una guapa morenaza con el pecho al aire...

-...se pueden sumar algunos despistados. Sí, yo tenía esa edición, prestada por la Biblioteca Pública de Burgos. Facebook me censuró la foto y no salía de mi asombro. 

-Podemos escudriñar sus defectos y mandarla a los infiernos o dejarnos atrapar por sus entretenidas narraciones. Es lo que viene a decir Camilo Marks, escritor y crítico literario chileno. Mira, lo he encontrado aquí, en la socorrida Wikipedia.

-La escritora, con desparpajo, se concedió a si misma "la libertad de modernizar el castellano del siglo XVI para evitar el pánico entre mis posibles lectores". Tampoco se excedió con las palabras indígenas: yanaconas, mapuches, viracochas y poco más. Y le basta el cariñoso "señoray"de la criada fantasma para dar una pincelada araucana.

-La Allende sabe bien lo que su público habitual quiere y lo que no quiere. El personaje de Inés busca engancharnos con nuestra complicidad. Sale a nuestro encuentro la voz de una viejecita que ha pasado lo suyo y nos lo cuenta con sinceridad: mujer trabajadora, aventurera, amante, soldado, conquistadora... La perdonamos todo, incluso cuando su espada chorrea sangre.

-Hacía mucho que no leía una novela histórica, en otro tiempo llegaron a aburrirme aquellos tochos de griales y códigos secretos.

-Este no es muy tocho de esos, que ya quisieran ser novelas históricas. No lo pasamos mal con Inés, aunque al final haya mucha violencia y me recordaba, un poco,  aquella de Ramón J. Sender, muy buena pero terrible: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Podría contener trazas y también del poema épico La Araucana de Alonso de Ercilla. ¿Qué recuerdas de una novela que leiste hace casi un año?


-Se me olvidaron pronto las hazañas bélicas, ay ese Láutaro traidor casi criado a sus pechos, y la relación tórrida con Valdivia. Los libros dejan un poso, mayor o menor, o puede ocurrir que no quede nada. Recuerdo a un personaje femenino que salía adelante en un mundo desconocido, peligrosísimo e hipermasculino.

-Y consigue que la valoren, más allá de sus habilidades domésticas y de ser la amante del Capitán General. El viaje en el barco cascarón de nuez ya tuvo que ser una pesadilla estremecedora. El hacinamiento, el hambre, la sed, el océano, guardarse de las ratas  y...de algunos hombres. Viajó acompañada de una sobrina que iba para monja pero desembarcó emparejada.

Inés siguió, como asistente, a Pedro de Valdivia, en la conquista de Chile, tras una marcha larga y penosa por el desierto de Atacama, bajo la amenaza de los bravos mapuches. Nuestra heroína peleará, espada en mano, como un aguerrido soldado "viracocha"Es curioso, "viracochas" llamaron los incas a los españoles, Viracocha era el Dios Creador, qué ironía gastaban. 

-Inés Suárez es la mujer activa que toma las riendas de su vida y consigue cambiar lo que el destino parecía señalarle. Isabel Allende la contrapone a la hidalga doña Marina Ortiz de Gaete, la esposa oficial de Valdivia, encerrada entre cuatro paredes, bordando casullas de obispo y asistiendo custodiada a las misas del amanecer. Al parecer, Inés Suárez cuidó de que la inútil doña Marina no pasara hambre en su condición de viuda olvidada. Curiosamente, los chilenos más conocidos son del linaje de la Ortiz de Gaete, descendientes de sus hermanos. Lo mejor y lo peor: Neruda, Mistral, Allende, Pinochet y una lista interminable. Y ni Inés ni Marina tuvieron hijos. 

-Es una historia silenciada la de las mujeres en la conquista y colonización de América. Como escribe Pedro Ojeda: "La conquista y colonización de América es un relato marcado fuertemente por lo masculino. Los textos escritos y la historiografía posterior ha ninguneado la presencia de la mujer en la misma hasta fechas muy recientes...".

 -Encerradas en el ámbito doméstico, a ver cómo buscaban estrategias para salir del corralito, serían las más inteligentes y valientes. Con la nueva sensibilidad hacia el papel de la mujer se recuperará información, espero. Pongo, por ejemplo, en el Google "mujeres conquistadoras en América" y leo:

Ellas también hicieron las Américas, tras las huellas de Colón viajaron mujeres épicas que fueron engullidas por el olvido. Miles de españolas viajaron en el siglo XVII para explorar estas tierras. En el tercer viaje del  almirante (1497-1498) iban a bordo treinta mujeres, aunque en los últimos años se ha constatado la presencia de embarcadas en el segundo (1493) y algún historiador sostiene que podían haber participado en el primero. (1492). Se desconoce con exactitud, pero entre 1509 y 1607 se han contabilizado 13.218 pasajeras. 


Cuando hablamos de las mujeres que viajaron a tierras americanas, me acuerdo de un personaje cervantino: doña Clara, la hija del oidor que va a Sevilla, a embarcar hacia un destino en las Indias. Estaba previsto que Clarita viajara y viviera en esas tierras, aunque su deseo fuera quedarse con el "mozo de mulas". El texto cervantino nos sugiere que, a principios del XVII, era ya normal que una mujer pasara al Nuevo Mundo. 

-La literatura nos alumbra en terrenos que la historia, tantas veces, nos oculta. La historia pone el foco, a menudo, solo en un lado. 

-Pensaba que no me quedaba nada de Ines del alma mía y ya llevamos un rato hablando. A Inés Suárez no le faltó el arrojo y el valor, como a esas mujeres que ves ahí, en el paseo, empujando la silla de ruedas de un anciano. ¿Conquistadoras?

-Sí, "conquistadoras", si quieres llamarlas así, pero con todo el cariño. Viajaron en dirección contraria a la de Inés, miles de mujeres emigrantes sudamericanas que emprendieron la aventura de su vida, juntar dinero para volar sobre el océano, hasta la otra orilla, para mejorar la vida de los suyos. Muchas lo hicieron solas, sin nada, dejando a sus hijos y maridos, para trabajar como internas y abrir el camino al resto de la familia. 

-Cuando las escucho hablar con dulzura a un anciano, tratarlo con paciencia, me conquistan. Conocí muchas, cuando daba clase en educación de adultos: ecuatorianas, peruanas, bolivianas, colombianas, paraguayas, dominicanas, brasileñas...Cada una con una dura historia a cuestas: abandono, malos tratos, hijos enfermos...


-No todas son sudamericanas, también las hay rumanas, búlgaras, ucranianas, marroquíes...

-También son "conquistadoras", con no menos valor que Inés Suárez. ¿Por qué me ha salido esta digresión? Estaba hablando de un libro.

-Debe ser porque acabamos de oír que el que emigra es porque quiere, que no obligan a nadie.

-Eso debe ser.  

Se me hacía tarde, iba a despedirme de Austri pero ya no estaba. Se había despedido, como suele decirse, a la francesa. 

¡Austri! ¿Has visto la serie de televisión?

Nada. Ha desaparecido. Espero encontrarme con ella otro día. Hablaremos de libros.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino