jueves, 11 de agosto de 2011

"...las huellas de los descarnados pies de los esqueletos".


Comentario a las leyendas de Bécquer, "El monte de las Ánimas" y "El Miserere", para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

¡Hola María Ángeles!
Me llamo igual que tú.  Bueno, en realidad somos la misma persona, aunque  yo  viva en otro tiempo. Tengo quince años y en abril cumpliré los dieciséis. Estamos en 1973. En el mundo, y en España, están ocurriendo cosas importantes; aunque yo no preste demasiada atención a los telediarios en blanco y negro. Acaba la guerra del Vietnam, hay una crisis del petróleo, Carrero Blanco preside el Gobierno franquista, se amplía la Unión Europea pero nuestro país no puede entrar...

Estudio sexto de bachillerato, en un instituto burgalés, con nombre de cardenal. Tengo que leer algunas leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Es una de las lecturas que mi  profesora de Literatura ha señalado , aunque no nos haya dicho lo que tenemos que hacer después de haberlas leído, ni nos ha contado nada de ese autor.


Tengo en las manos “Leyendas y narraciones”, de Gustavo Adolfo Bécquer, de la editorial Libra, colección Púrpura, 1970. Como no hemos estudiado todavía la literatura del siglo XIX, sé muy poca cosa de ese Bécquer. Conozco lo de "volverán las oscuras golondrinas", no sé cuándo ni cómo lo aprendí; pero soy capaz de recitar algunos de sus versos. 
Golondrinas fotografiadas esta misma mañana (Palacios de Benaver)
No sé si aquellas golondrinas  volverán o no volverán; pero, a mí, lo que me gustaría es tener un balcón con campanillas azules y que mi enamorado ,"oculto entre las verdes hojas" suspirara por mí. ¡Esos versos los copié sobre mi carpeta! Los chicos de ahora no saben decir cosas así.

Dejemos los versos, que las leyendas son prosa. Aunque mi compañera de pupitre, una chica muy intelectual, asegura que también son poesía, aunque esté escrito todo seguido. Es muy lista  y lee unos libros extranjeros muy raros, de los que no venden en Santiago Rodríguez.

Leo algunas. Me gustan la del rayo de luna, la de los ojos verdes y , aunque termine mal, la de la corza blanca que se convierte en mujer y él la mata. Me han impresionado "El monte de las ánimas" y "El Miserere", sobre todo por esas procesiones de esqueletos que vuelven a la vida, envueltos en los jirones de sus sudarios, dejando impresas  las huellas de sus descarnados pies ¡Qué miedo! Esta noche no voy a pegar ojo. Al final, me duermo y ...


Ahora  mi cama es enorme y señorial,  está cubierta por un elegante dosel de seda.  Relincha un caballo. Me asomo por una ojival ventana y distingo el esqueleto de un corcel, sobre él va caballero un hombre cubierto con una negra capa.


Chirrian, una tras otra,  las puertas que dan paso a mi habitación, que deben ser muchas. Abre la última, contemplo  horrorizada a un joven todo ensangrentado. Es muy guapo, se me presenta como Alonso  y pregunta dónde está Beatriz.  Dice que ha de entregarle su banda azul.



Al oír su dulce voz, pierdo el miedo y le digo que esa mujer vive en Soria, que no en Burgos. Se despide de mí cortésmente y desaparece. Creo distinguir el  galope del caballo entre aullidos de lobos. Me refugio en las sedas de mi extraño lecho.


Dan las doce en un  reloj lejanísimo. Oigo "las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas".


Alguien pronuncia mi nombre; con una voz "ahogada y doliente". No sé cómo , pero ahora estoy caminando, siguiendo el curso del río. No reconozco mi ciudad.



Me detengo junto a un  viejo edificio renacentista, es mi Instituto. Está en  ruinas, las llamas lo han calcinado y lo han reducido a escombros.

Se perciben "unos cantos lúgubres y aterradores". Tras la vibración de la última campanada, todo cobra vida. Las piedras se reúnen con las piedras y el antiguo Colegio de San Nicolás se levanta intacto. Se recompone el escudo de los Mendoza.

 

Mis cabellos se erizan de horror.  Los esqueletos enterrados en el atrio de la capilla se levantan de golpe, mal envueltos en "jirones de sus sudarios" y  con las capuchas caladas. "Con voz baja y sepulcral" y "una desgarradora expresión de dolor" , mueven sus descarnadas mandíbulas y entonan el "Miserere".



Los veo desfilar mientras se van cubriendo de carne  sus amarillentos huesos. ¿Los conozco?
Sí y no, son los del telediario. Franco, Carrero Blanco, Nixon, los soldados del Vietnam, los manifestantes de Londonderry, el rey Hassan de Marruecos, Elvis Presley, el boxeador Foreman, el ex presidente argentino Perón y muchos más.

Y , casi al final de la comitiva, va una mujer joven que se parece, se parece a ...¡es mi profesora de Literatura! Me ha costado reconocerla, así, con hábito y capucha. Es inconfundible. ¡Lleva el libro de texto entre las amplias mangas!


Sentado sobre el pretil del río, está un hombre andrajoso, rodeado  de viejas partituras musicales. Trata de copiar en pentagrama el Miserere  que está oyendo y exclama: "¡Eso es; así, así, no hay duda..., así!" Escribe, escribe con una rapidez febril.

Por último, aparece una figura muy conocida. ¡Es Gustavo Adolfo Bécquer! Se sienta junto al músico y le dice que no se preocupe, que él tampoco consigue expresar lo que quiere.

Me despierto en mi cama de siempre. En la mesilla de noche, tengo el libro de las Leyendas. ¡Uf! Todo ha vuelto a la normalidad. No me despido de ti, María Ángeles mayor, porque siempre estoy contigo, aunque cumplas años y años.

Un saludo para todos los que pasáis por aquí de :

 María Ángeles Merino, la de 2011.

Nota: A María Ángeles de 1973 le digo que no se preocupe por esa profesora, que superará esas dificultades y que nadie podrá matar su afición a la lectura.

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

Mª Ángeles Merino, nuestra Abejita de la Vega, comenta El monte de las ánimas y El miserere, dos leyendas fantasmales. Para ello se traslada a 1973, en un juego entre la lectura y lo autobiográfico en el que todos podremos reconocernos.

viernes, 5 de agosto de 2011

Quiero coche nuevo

La Mosca de este blog anda pensando cambiar de coche. Hoy hemos ido a probar uno que nos habían recomendado. Pero nada más llegar, todo han sido pegas:

Que si consume 18 litros a los 100...

Que son 120 euros rellenar el depósito... Encima de gasolina, no lo hay de gasoil.

Que si cada 40.000 km hay que cambiar el embrague (lo que implica desmontar el motor)...

El seguro es un ojo de la cara, y parte del otro...

Las carreteras no permiten sacarle todo el potencial al coche...

No tiene aire acondicionado...

El motor ruge tanto que más que caballos, parece tener leones...

Y encima vale 200.000 euros.

Eso sí, el color era muy bonito.




Total, que aguantaré con mi Megane.

miércoles, 3 de agosto de 2011

"La promesa" de Bécquer y un sueño.


Comentario a la leyenda "La promesa", de Gustavo Adolfo Bécquer. Lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Escudero.

Sueño…  Camino  sobre  las margaritas, en una inmensa pradera. Voy leyendo en “La promesa”: “Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos”. Pero, ante mis asombrados ojos, las letras pierden repentinamente su forma , se inflan y moldean la figura de una mujer joven , vestida a la moda del Medievo, que se escapa  de su cárcel de papel. ¡Es la Margarita de la leyenda!
Desde el trampolín de las páginas, Margarita  se deja caer sobre las flores de su nombre. Muchas  lágrimas corren a lo largo de sus  mejillas, luego se deslizan por sus dedos y caen en tierra, donde  las disgustadas chiribitas reciben el salado riego.
Un instante después, las letras del libro adoptan la forma de un gentil caballero medieval que salta y se reúne con la joven muchacha. ¡Es Pedro!
Se despiden, en un silencioso y bello atardecer. Se acaba de “borrar el rastro de luz que el sol había dejado al morir en el horizonte”.
Último atardecer de julio, en 2011 (Palacios de Benaver)
Foto tomada de "En un acorde azul"
Pedro manifiesta que ha de ir a la guerra como escudero de su señor el conde de Gómara,  que ha de “reunir su hueste a las del rey Don Fernando, que va a sacar a Sevilla del poder de los infieles”. Y asegura que volverá a cumplir su "promesa".
Margarita le ruega que vaya a mantener su honra, pero que  vuelva… a traerle la suya.
Pedro y  Margarita desaparecen de mi vista. ¿Dónde se han metido? Ahí están, junto a una flor. De repente, toman otra vez forma de letras y se zambullen entre las páginas.

Me despierto con el libro en la mano, lo cierro y coloco una margarita como punto de lectura. ¿De dónde sale esta flor? .
Dejo para  el día siguiente  lo de "Apenas rayaba en el cielo la luz del alba...".

Primer amanecer de agosto de 2011, en Palacios de Benaver (Burgos)

Así lo hago,  comienzo con el ruidoso amanecer pero, en realidad, es la hora de la siesta" y ...

¡Qué estruendo! "La aguda trompetería del conde" me hace cerrar el libro de golpe.  Puede más mi curiosidad y lo abro tímidamente. Ahí va  el conde de Gómara acompañado de soldados, campesinos, farautes, heraldos, trompeteros, peones, timbaleros, escuderos...Todos escapan de las páginas y desfilan por un campo de las margaritas, el de mi Margarita.

Allí está Margarita que grita, al reconocer a su misterioso amante. ¡No es el escudero Pedro! ¡Es el señor conde de Gómara!

La oigo hablar como en los viejos romances:

"-¡Ay de mí, que se va el conde



y se lleva la honra mía!"


Pero entre los personajes de la leyenda, está un muchacho que dice ser su hermano. Lo ha oído y le reprocha:

"Nos has deshonrado..."

Margarita contesta, defendiéndose:





"Me juró que tornaría."

El hermano asegura:

"No te encontrará, si torna,
donde encontrarte solía"
Tras estas palabras, Margarita es asesinada por su hermano, mientras un juglar  se lamenta:

"¡Mal haya quien en promesas de hombre fía!"


Pero ese de la música ¿por qué no hace algo en lugar de cantar? Yo tampoco puedo ayudarla, estoy viviendo  un sueño. Me  despierto asustada.

"Nos has deshonrado" dice el romance. ¡La mujer y el honor de la familia!  Me viene a la memoria una noticia terrible que leí en "El País" hace muy poco: "Un pakistaní mata a seis de sus hijas por honor”. Todavía quedan Margaritas en este siglo XXI. Mal haya quien en promesas de hombre fía, pero mal haya , mucho más, quien mata y se justifica con una supuesta deshonra.


http://www.mediterraneosur.es/fondo/asesinato.html

Llevo dos sueños viviendo, a mi manera, "La promesa". Aunque Margarita ha muerto, queda algo más. ¿Qué ha pasado con el escudero conde? Esta noche , termino su lectura.

Así lo hago. pero cómo no, sueño con el conde. Lo veo en su lujosa tienda de campaña, silencioso, triste, como un sonámbulo, contando sus cuitas al fiel escudero. Aterrorizado, cuenta que , vaya a donde vaya, lleva  delante de los ojos una hermosa y blanca mano. Le salva de los peligros, coge las bridas del caballo desbocado, parte la saeta que va a herirle...


"Embargado de  un terror profundo", dice: "Mírala aquí apoyada suavemente en mis hombros" .

Sale de la tienda, tal vez un poco de aire fresco le siente bien. Un animado grupo rodea a un juglar. El cantor, anuncia con voz gangosa, que va a cantar el "Romance de la mano muerta".

El conde permanece inmóvil escuchando la cantiga. El juglar le informa de que la repiten los aldeanos de campo de Gomara y se refiere a una desdichada ofendida por un poderoso. Dios ha permitido que al enterrarla quede "siempre fuera  la mano en que su amante le puso un anillo al hacerle una promesa".


Acompaño al señor conde hasta la tumba de Margarita, donde tiene lugar el extraño casamiento. Arrodillado sobre la humilde fosa, toma la mano muerta, un sacerdote bendice la unión y la mano se hunde para siempre.


La fosa se cubre de flores y más  flores. Cuando me despierto, tengo el libro de las "Leyendas" en la mano y ...una margarita.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


"Mª Ángeles Merino, nuestra Abejita de la Vega, da toda una lección de cómo se interioriza, actualiza e ilustra una leyenda como La promesa."

miércoles, 27 de julio de 2011

"La corza blanca", una leyenda de Bécquer



Comentario a la leyenda "La corza blanca", de Gustavo Adolfo Bécquer, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Una corza blanca...¿cómo ha de ser una corza? ¿es un ciervo? Googleo y encuentro respuestas. Se trata de un cérvido pequeño, perteneciente al género capreolus. Su color  pardo rojizo se vuelve grisáceo en invierno, con una llamativa mancha  blanca en la grupa. Evidentemente, le gusta pasar desapercibido, hace bien teniendo en cuenta a los cazadores humanos. ¿Una corza completamente  blanca? Un sueño, un imposible...


La corza blanca bebe en el  río. ¿Y Bécquer dónde bebe?

 Según las anotaciones de  la edición de  Cátedra, al poeta le fueron relatadas algunas tradiciones sorianas, inscritas en  "un extenso ciclo narrativo tradicional que trata de la transformación de una muchacha en animal, casi siempre de color blanco (corza, cierva, liebre)". Es el tema de la "biche blanche", muy común en el folklore europeo. Como cercano a la leyenda becqueriana cita también el cuento "La biche aux bois", de Mme. de Aulnoy, editado junto con los cuentos de Perrault.


Y , además, pudo tener presente el "locus amoenus" de la Égloga III de Garcilaso de la Vega, para las escenas de las mujeres bañándose en el río: "Cerca del Tajo, en soledad amena, de verdes sauces hay una espesura...".


¿Una corza blanca? Una vez vi, muy fugazmente, a un corzo. Un cazador me dijo que lo era... Caminaba por la carretera que va desde Villanueva de Argaño hasta  Palacios de Benaver, paralela al río Ruyales. 


Tal vez fue a beber, oyó mis pasos y salió disparado, en dirección al páramo. Desde entonces, por allí, lo más parecido a un corzo , que yo haya visto,  es el de esa señal que advierte del paso de animales salvajes, como si ellos conocieran el código.

Hace poco, volví por allí, con el libro de las "Leyendas", en la mano. Este río también "jugueteaba con alegre murmullo entre las piedras rodadas".

Los sauces  "inclinados sobre la limpia corriente humedecían en ella las puntas de sus desmayadas ramas".

Allí mismo emprendo, en compañía de Gustavo Adolfo, un viaje hacia el Medievo romántico:


 "En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los combates."

 

El "famoso  caballero" vive con su hija Constanza, llamada "la Azucena", por su belleza y extraordinaria blancura. Como a la mujer de la rima 52, XIX , la " hizo Dios de oro y de nieve".


 
Aquel día, don Dionís pasa las horas de la siesta en una  amena cañada que llaman  de los cantuesos, junto a un cantarín riachuelo.


Bien acompañado por su hija y sus complacientes monteros, disfruta refiriendo aventuras de su vida de cazador. La conversación es interrumpida por el ruido de una esquila. Tras ella va un pastor llamado Esteban, con sus cien blanquísimos corderos. Aquí todo es blanco, como veis.

Uno de los monteros comenta a su señor que el zagal asegura  haber oído hablar a los ciervos, confabulados para no dejarlo en paz.  El muchacho, algo asustado, es conducido a presencia de don Dionís.
Y, ante el asombro de todos, relata que una noche se colocó allí mismo, escondido, para vigilar el paso de los ciervos hacia el río.  Y que oyó tres o cuatro voces distintas, como de muchachas, riendo y bromeando. Y, a sus espaldas, otra voz  advertía a sus compañeras de la presencia del “bruto de Esteban”.
Estallan las estrepitosas  carcajadas de todos los presentes. Don Dionís  también participa del general regocijo y Constanza ríe como una loca. 
El zagal, cada vez más inquieto, mira a su alrededor, fija "sus espantadas pupilas en la hija risueña de don Dionís". Ha de revelar algo más:  vio entre las matas "una corza blanca como la nieve", seguida de otras de su color natural. Y rien, rien.
Don Dionís, burlón, le aconseja "paternoster y garrotazo", para ahuyentar al diablo tentador. Prosigue la interrumpida cacería.

El relato de Esteban anticipa el "funcionamiento de lo maravilloso": apariciones nocturnas, corzas reidoras y la corza blanca protagonista. Es la primera vuelta de tuerca del misterio.
A continuación, entre los monteros, sobresale Garcés, el solícito enamorado de Constanza; tan bella pero blanco de  las malintencionadas murmuraciones. Traída de lejanas tierras, no muy limpia de sangre, tal vez hija de una gitana, su extraño carácter, el contraste de sus ojos oscuros con su piel blanca...
Bécquer va sembrando  indicios e insinuaciones acerca de la misteriosa Constanza. Ya teníamos sus pequeños pies que ella desea ocultar, el horror de  Esteban al  reconocer el eco de su risa...
Garcés le da vueltas, pregunta a pastores. ¡ La han visto! Antes de tres días ha de traerla al castillo, viva o muerta. Constanza se burla, fija sus ojos en él y rompe a reír como una loca. Será esa misma noche. Arma su ballesta y va a la caza del misterioso animal.
Antes de que aparezcan las corzas, el poeta nos regala un bello paisaje nocturno, acompañado de voces misteriosas y un canto coral.
Álamos, sauces, carrascales, madreselvas, campanillas azules, remanso del río...
Garcés se duerme. Después de dos o tres horas, entreabre los ojos y:
Las voces son ahora una coral  que canta al cazador sorprendido por el sueño y lo invita a gozar de la noche.
Y , en un enfoque cinematográfico, aparecen las corzas en juguetón tropel, para después centrarse en la corza blanca  "más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de modo que parecía no tocar el suelo con los pies".
Bajo la luz de la luna, las corzas desaparecen. Ahora el cazador se convence de que no hay nada que no sea familiar a "un cazador práctico en esta clase de expediciones nocturnas." Se ríe de su miedo e intenta averiguar dónde está su pieza de caza.
Foto tomada de "En un acorde azul"
 Llegamos al momento de la metamorfosis:
Bécquer nos presenta un cuadro de lírico erotismo. Despojadas de sus túnicas, entran y salen en el agua, haciendo saltar chispas luminosas . Se mecen en las ramas, danzan, entrelazan sus manos, aspiran el perfume de las flores...
¿Dónde está Constanza?
El atónito montero la descubre bajo un dosel de verdura. La mira y se convence de que no es un desarreglo de su imaginación, ahí está, " como una flor que se rinde al peso de las gotas de rocío".
Constanza sale , sin velo alguno, del bosquecillo. El coro de sus compañeras canta una dulcísima melodia, invitando a gozar del amor. Garcés, mordido por los celos, desea romper el encanto, separa el ramaje que lo oculta y salta al margen del río. Todo se desvanece como el humo, ahora sólo hay corzas. El cazador pagará cara su trangresión.
La corza blanca quiere huir y se enreda, él la encara con su ballesta. Oye una voz que le dice: "Garcés, ¿qué haces?". Deja caer su arma, la corza huye y se ríe burlona. Recoge la ballesta y deja volar la saeta que se pierde en la oscuridad. Oye unos gemidos.
Al oír los lamentos, exclama: "¡Dios mío, si será verdad! ". Loco, fuera de sí, corre hacia donde ha disparado. Horrorizado, contempla a su amada, herida por su propia mano, agonizando, revolcándose en su sangre.
Cierro el libro, allí junto al pequeño arroyo. Levanto la vista y veo huir a un corzo. No sé,  tal vez era una corza. Su color era...prefiero no revelaros su color.

Porque de cualquier rincón oscuro puede surgir el dardo que mate a la imaginación.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda, del blog "La acequia" dice aquí:

"Por tierras de Burgos abundaban las corzas. No sé si blancas, pero seguro que igual de bellas. ¿Las hay blancas hoy todavía? Qué bella leyenda, qué buena entrada. "

jueves, 21 de julio de 2011

"Los ojos verdes" de Bécquer y un sueño.


Comentario a la leyenda "Los ojos verdes", de Gustavo Adolfo Bécquer.


Leo y releo "Los ojos verdes", me atrapa su poesía; pero a ver cómo  os lo cuento, me pasa como a Bécquer. Que me perdone el gran Gustavo Adolfo por la irreverencia.

Googleo un poco, el verbo no tardará en estar en el de la RAE, guiada por las anotaciones de la edición de Cátedra. Pascual Izquierdo me remite al tema de "la dama del lago", al "Caballero Cifar",  a "La Fuente de la mora encantada", al "Der Fisher" de Goethe, a "La ondina del lago azul" de Gertrudis Gómez de Avellaneda y a otras que no consulto. Pero la pluma de Bécquer voló sola, la leyenda fue fruto de su imaginación.


Ondinaslamías, xanas, mourasanjanas, náyades, espíritus femeninos de las aguas. Fuentes clásicas, fuentes centroeuropeas, folklore vasco, folklore asturiano, cántabro, gallego...Estas sirenas fluviales me están atrayendo con su canto, iré al río, al río cercano, a buscarlas.


Paseo entre árboles. Me siento en  las orillas del Arlanzón, con el libro de las "Leyendas" en la mano.


Leo: "Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tales cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano..." La  monotonía del agua me adormece y veo...




¡Una pluma que escribe sola ! ¡Y  Gustavo Adolfo Bécquer quiere detenerla! Por fin, la atrapa y se pone a escribir.
¿Que si es Gustavo Adolfo Bécquer? Está claro, es su imagen más conocida, el de los billetes de cien y los sellos de dos.


El poeta escribe, escribe. De repente, oigo una música muy conocida, rápida, trepidante. ¡Es la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini! ¿Qué tendrá que ver con Bécquer?


¡La cacería! Braman  las trompas.Vamos a caballo. ¡Deprisa, deprisa! Un ciervo herido, sangre en las zarzas, salta sobre los lentiscos, alguien grita: ¡Por San Saturio! Los imperativos también cabalgan a una enorme velocidad, ahí van cortadle, azuzad, soplad y hundidle...Ladran perros, resuenan  voces y el eco burlón lo repite todo : cortadle adle adle...El Moncayo se ríe.


El ciervo desaparece tras una carrasca y todos los de a caballo  nos detenemos a la voz de "Alto todo el mundo! que da Íñigo, el que dirige la cacería. Pero llega, colérico, un cazador joven al que todos reverencian ; me dicen que es Fernando, el primogénito de los condes de Almenar.


¿Qué hace ese imbécil? Él de ninguna manera va  a dejar escapar al ciervo, el primero herido por su venablo, para que se despachen a gusto los lobos.

Íñigo da razones. No podemos seguir por ahí, la trocha conduce a la Fuente de los Álamos. En sus aguas habita el espíritu del mal, quien enturbia su corriente paga caro su atrevimiento.

Fernando y su caballo "Relámpago" parten como un huracán, en dirección al lugar prohibido.

El sueño se vuelve confuso . Estoy en un castillo medieval.  Es extraño, ahora Fernando está triste, no parece el mismo. Cuenta lo que vio en la fuente maldita, con hermosísimas palabras. ¡Cómo cantan a la par los verbos y  el agua de la fuente! ¡Cómo susurran a dúo las eses y las abejas! Es increíble, estoy oyendo los mil rumores de la soledad.

Foto tomada de "En un acorde azul"
Fernando asegura a su paciente  montero que vio " brillar en su fondo una cosa extraña, muy extraña; los ojos de una mujer".  Agua, sol, plantas acuáticas y unos ojos verdes en el fondo. Yo también los veo, en un bellísimo torbellino acuático.


Oigo a Íñigo rogando a su señor que no vuelva allí, que morirá si lo hace. Dice no, no, no.
Se apagan los ruegos del fiel servidor, ya no estoy en el castillo de Almenar. He vuelto a la Fuente de los Álamos, con Fernando. Él no me ve.
El primogénito está sentado al borde de una roca, de rodillas a los pies de una misteriosa mujer. Insiste una y otra vez : ¿quién eres?
Ahora veo al poeta, sentado en otra roca. Le está dictando a su pluma que escribe en el agua:

"Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo, como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas, como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro."

Doña Mencía de Velasco, mujer de alabastro, capilla de los Condestables, catedral de Burgos
La extraña mujer habla, por fin. Y le declara su amor, a pesar de ser un espíritu puro, a pesar de no ser terrenal. Porque Fernando es superior a los demás y es digno de ella. Va a premiarle con su amor.

Mientras ella habla, él está absorto en su hermosura y cada vez se aproxima más al borde de la roca.


El poeta repite la palabras seductoras de la ondina, porque alguien me ha dicho que se trata de una ondina...

 "¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales... y yo... yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie... Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino... las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven... ven... "


Va oscureciendo, Fernando cae al agua y la ondina le recibe en sus brazos , el beso debe de ser de nieve.


Chispas, círculos de plata en el agua, Fernando desaparece en manos de una mujer incorpórea e  intangible.



El poeta escribe una de sus "Rimas" en el agua.

Me despierto de este bello sueño.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya.

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, googlea a Bécquer y lleva su leyenda, con ordenador y todo, al Arlanzón. Un placer leer esta entrada"