lunes, 19 de abril de 2021
La lectura en los tiempos del coronavirus. El doctor Centeno (B. Pérez Galdós).
martes, 23 de marzo de 2021
Trafalgar: doña Francisca, la voz del sentido común ante la locura de la guerra.
El domingo 14 de marzo, primer aniversario del confinamiento de la pandemia, volví a escuchar su voz, cuando miraba los árbolillos floridos de la orilla del río. Pensaba en la primavera del año pasado, cuando el único paisaje fue mi casa, mi calle y el cerro de San Miguel como implacable telón. Y los arbolillos se quedaron sin mirones.
Recuerdas que el protagonista es Gabriel de Araceli, un anciano que escribe su vida, desde la niñez, en primera persona, y contempla los años pasados "como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó". Mientras le dura" la superchería de la imaginación" , le parece como si un genio amigo le quitara de encima la pesadumbre de los años. Es joven, "el tiempo no ha pasado".
-¿Dónde lo dejamos?
-Era a primeros de octubre de aquel funesto 1805, nuestro héroe volvía a tener catorce años cuando le pilló desprevenido la pregunta de su "noble amo":
-Parece que el chaparrón también cae sobre nosotros, los lectores. La oímos y la vemos imponente: "con su gran papalina, su saya de organdí, sus rizos blancos y su lunar peludo a un lado de la barba". Solo con cuatro pinceladas y el retrato de la doña es completo, incluso un poco cómico.
-No sabemos muy bien qué solución proponía Francisca. Don Alonso, ante la ingenuidad de su mujer, miraba sonriendo una estampa mal pintada del Emperador Napoleón, clavada en la pared. Gabriel había dejado de verlo como un contrabandista, ahora se lo representaba de cardenal, con su famoso redingote colorado y subido a un caballo verde.
"Mira, Alonso...me parece que ya os han derrotado bastantes veces. ¿Queréis otra? Tú y esos otros tan locos como tú, ¿no estáis satisfechos después de la del 14?"
martes, 9 de marzo de 2021
La voz de Gabriel de Araceli: ni niño ni pícaro.
Este domingo, último día de febrero mocho, volví a escuchar su voz, cuando miraba distraída unas violetas, no muy lejos del pino habitual.
martes, 23 de febrero de 2021
Inés del alma mía, Inés Suárez y otras conquistadoras.
El domingo de Carnavales sin Carnaval, la volví a encontrar, bajo el mismo pino.
-¡María Ángeles! ´¿Todo bien?
-...se pueden sumar algunos despistados. Sí, yo tenía esa edición, prestada por la Biblioteca Pública de Burgos. Facebook me censuró la foto y no salía de mi asombro.
-Podemos escudriñar sus defectos y mandarla a los infiernos o dejarnos atrapar por sus entretenidas narraciones. Es lo que viene a decir Camilo Marks, escritor y crítico literario chileno. Mira, lo he encontrado aquí, en la socorrida Wikipedia.
-La escritora, con desparpajo, se concedió a si misma "la libertad de modernizar el castellano del siglo XVI para evitar el pánico entre mis posibles lectores". Tampoco se excedió con las palabras indígenas: yanaconas, mapuches, viracochas y poco más. Y le basta el cariñoso "señoray"de la criada fantasma para dar una pincelada araucana.-La Allende sabe bien lo que su público habitual quiere y lo que no quiere. El personaje de Inés busca engancharnos con nuestra complicidad. Sale a nuestro encuentro la voz de una viejecita que ha pasado lo suyo y nos lo cuenta con sinceridad: mujer trabajadora, aventurera, amante, soldado, conquistadora... La perdonamos todo, incluso cuando su espada chorrea sangre.
-Hacía mucho que no leía una novela histórica, en otro tiempo llegaron a aburrirme aquellos tochos de griales y códigos secretos.
-Este no es muy tocho de esos, que ya quisieran ser novelas históricas. No lo pasamos mal con Inés, aunque al final haya mucha violencia y me recordaba, un poco, aquella de Ramón J. Sender, muy buena pero terrible: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Podría contener trazas y también del poema épico La Araucana de Alonso de Ercilla. ¿Qué recuerdas de una novela que leiste hace casi un año?-Y consigue que la valoren, más allá de sus habilidades domésticas y de ser la amante del Capitán General. El viaje en el barco cascarón de nuez ya tuvo que ser una pesadilla estremecedora. El hacinamiento, el hambre, la sed, el océano, guardarse de las ratas y...de algunos hombres. Viajó acompañada de una sobrina que iba para monja pero desembarcó emparejada.
Inés siguió, como asistente, a Pedro de Valdivia, en la conquista de Chile, tras una marcha larga y penosa por el desierto de Atacama, bajo la amenaza de los bravos mapuches. Nuestra heroína peleará, espada en mano, como un aguerrido soldado "viracocha". Es curioso, "viracochas" llamaron los incas a los españoles, Viracocha era el Dios Creador, qué ironía gastaban.
-Inés Suárez es la mujer activa que toma las riendas de su vida y consigue cambiar lo que el destino parecía señalarle. Isabel Allende la contrapone a la hidalga doña Marina Ortiz de Gaete, la esposa oficial de Valdivia, encerrada entre cuatro paredes, bordando casullas de obispo y asistiendo custodiada a las misas del amanecer. Al parecer, Inés Suárez cuidó de que la inútil doña Marina no pasara hambre en su condición de viuda olvidada. Curiosamente, los chilenos más conocidos son del linaje de la Ortiz de Gaete, descendientes de sus hermanos. Lo mejor y lo peor: Neruda, Mistral, Allende, Pinochet y una lista interminable. Y ni Inés ni Marina tuvieron hijos.
-Es una historia silenciada la de las mujeres en la conquista y colonización de América. Como escribe Pedro Ojeda: "La conquista y colonización de América es un relato marcado fuertemente por lo masculino. Los textos escritos y la historiografía posterior ha ninguneado la presencia de la mujer en la misma hasta fechas muy recientes...".
-Encerradas en el ámbito doméstico, a ver cómo buscaban estrategias para salir del corralito, serían las más inteligentes y valientes. Con la nueva sensibilidad hacia el papel de la mujer se recuperará información, espero. Pongo, por ejemplo, en el Google "mujeres conquistadoras en América" y leo:
-La literatura nos alumbra en terrenos que la historia, tantas veces, nos oculta. La historia pone el foco, a menudo, solo en un lado.
-Pensaba que no me quedaba nada de Ines del alma mía y ya llevamos un rato hablando. A Inés Suárez no le faltó el arrojo y el valor, como a esas mujeres que ves ahí, en el paseo, empujando la silla de ruedas de un anciano. ¿Conquistadoras?
-Sí, "conquistadoras", si quieres llamarlas así, pero con todo el cariño. Viajaron en dirección contraria a la de Inés, miles de mujeres emigrantes sudamericanas que emprendieron la aventura de su vida, juntar dinero para volar sobre el océano, hasta la otra orilla, para mejorar la vida de los suyos. Muchas lo hicieron solas, sin nada, dejando a sus hijos y maridos, para trabajar como internas y abrir el camino al resto de la familia.
-Cuando las escucho hablar con dulzura a un anciano, tratarlo con paciencia, me conquistan. Conocí muchas, cuando daba clase en educación de adultos: ecuatorianas, peruanas, bolivianas, colombianas, paraguayas, dominicanas, brasileñas...Cada una con una dura historia a cuestas: abandono, malos tratos, hijos enfermos...
-No todas son sudamericanas, también las hay rumanas, búlgaras, ucranianas, marroquíes...
-También son "conquistadoras", con no menos valor que Inés Suárez. ¿Por qué me ha salido esta digresión? Estaba hablando de un libro.
-Debe ser porque acabamos de oír que el que emigra es porque quiere, que no obligan a nadie.
-Eso debe ser.
Se me hacía tarde, iba a despedirme de Austri pero ya no estaba. Se había despedido, como suele decirse, a la francesa.
¡Austri! ¿Has visto la serie de televisión?
Nada. Ha desaparecido. Espero encontrarme con ella otro día. Hablaremos de libros.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
lunes, 15 de febrero de 2021
Mientras descarga la tormenta, leo Húrgura de Fermín Herrero y Henar Sastre.
Mientras descarga la tormenta, las violetas
se agachan, aún más. Con las últimas gotas
se yerguen levemente, con esa timidez
sutil, bajo el espino, enterneciéndose.
Mientras descarga la tormenta, leo a sorbitos un libro de poesía: Húrgura de Fermín Herrero.
Escribe el autor, en las notas del final, que sus "poemillas" han sido escritos como "como vaga imitación de los juejù dela literatura china clásica", aunque "lo único por lo que podrían relacionarse sería porque al parecer jué significa cortado" y sus versos "recurren con frecuencia al encabalgamiento".
En cuanto al título, "húrgura" es una palabra que le fascina "por su oscura eufonía alternativa" y porque le recuerda "los días y particularmente noches, criminales de invierno en los que se levantaba el cierzo ladrón tras haber nevado a modo y la cellisca, en mi pueblo cillina, cegaba, impedía desplazarse". Y sólo se conoce "a ambas laderas del puerto de Oncala, en la zona septentrional de la provincia de Soria". Húrgura con hache y en singular en su ladera, "úrguras" sin hache y en plural en la otra.
Puro campo soriano, lo de chino es un juego. o un cuento...chino. Húrgura es de una belleza triste, solo aliviada por la generosidad de la naturaleza y el amor a los suyos, a los que están y a los que no están. Es el paisaje personal del poeta, el de dentro y el de fuera.
El lector puede componer el suyo propio. Puede hacerlo aunque no conozca el nombre de tantas flores. Aunque nunca haya estado en las tierras altas de Soria.























