sábado, 30 de enero de 2010

MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD



MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD

QUIENES SOMOS:

Los que suscribimos este manifiesto somos ciudadanos en el pleno uso de nuestros derechos civiles, y titulares de la soberanía popular, de la cual emanan los poderes del Estado.

Los firmantes nos dirigimos a todos los ciudadanos del mundo, conocedores de la situación de pobreza, hambre y enfermedad en la que se encuentra gran parte de la población humana en un momento histórico, como el actual, en el que se disponen de los suficientes medios políticos, económicos y científicos que pudieran solucionar estos problemas.

Este manifiesto tiene vocación de universalidad, y va dirigido a toda la humanidad, a cada ser humano que habita el planeta, para que tome conciencia de la terrible situación a la que se enfrentan millones de personas y de alguna manera actúe en consecuencia para terminar con esta insostenible situación. Por ello la versión original en español será traducida a diversas lenguas, pues nuestro propósito consiste en hacer oír la voz de la opinión pública en los lugares en las que se toman las decisiones políticas y económicas del mundo.

A QUIÉN NOS DIRIGIMOS:

Nos dirigimos a la clase política gobernante de nuestros países; así como a los más altos mandatarios de las Organizaciones Internacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas, y a los Presidentes y Gobiernos de los países más poderosos económicamente de la Tierra.


LES MANIFESTAMOS:

1.- Que este texto tiene su origen en la constatación de la extrema situación de necesidad y de hambre que sufre una gran parte de la población de la Tierra y en el desigual e injusto reparto de bienes que existe actualmente en el mundo. Entendemos que la ecuanimidad y la armonía en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, por lo cual es inadmisible que una gran parte de la población mundial tenga que enfrentarse a una realidad tan precaria, a tal grado de injusticia y desigualdad, a tanta hambre, pobreza y desnutrición.

2.- Que consideramos que dicha situación es intrínsecamente perversa y no admisible ni moral ni éticamente, dado que todos los seres humanos nacen libres e iguales. Igualmente, tenemos presente que todos los ciudadanos del mundo tienen esos derechos desde el mismo instante de su nacimiento y no como una promesa futura cuya conquista dependa de la realidad política, social o económica de sus países.

3.- Que defendemos que es completamente injusto, inmoral y un crimen humanitario punible ante los tribunales internacionales y la Historia que, en pleno Siglo XXI, existan seres humanos que pasen hambre en el mundo, y que mueran por ello. Que es un agravante de ese crimen que, existiendo las leyes internacionales suficientes, así como los medios técnicos, económicos y científicos para corregir dicha situación, los que ejercen el poder en el mundo no lleven a cabo las acciones necesarias para solucionar lo que generaciones futuras calificarán de verdadero genocidio en el que serán culpables todos aquellos que, teniendo los medios para solucionar el problema, no los hayan empleado.

4.- Que consideramos que esta injusta situación es contraria al Derecho Natural, a los Derechos Humanos y a las normas de la más elemental ética, y entendemos que ha llegado el momento de que la voz de la opinión pública exija de sus gobernantes el final de tal estado de cosas.

5.- Que el presente manifiesto no es un manifiesto utópico; y que tampoco es un manifiesto político, ni se pretende con el mismo la instauración de un nuevo orden político o socio-económico mundial, ni ningún menoscabo del tejido empresarial, sanitario y social del mundo desarrollado, sino la más elemental justicia con los desfavorecidos.

POR TODO ELLO, EXIGIMOS A NUESTROS GOBERNANTES:

1.- La adopción de medidas inmediatas y urgentes para paliar tal situación de hambre, enfermedad y desnutrición en el tercer mundo. Consideramos que tales medidas no constituyen una utopía, sino que son perfectamente viables y posibles.

2.- Mantener el compromiso de cumplir los Objetivos del Milenio que, establecidos por Naciones Unidas en el año 2000, definen los principios a los que ha de ajustarse la actuación de los países y del sistema económico internacional para superar, con el horizonte fijado en 2015, las injusticias que aquejan a la humanidad.

3.- La realización de acciones solidarias sistemáticas con los países más desfavorecidos y que se establezca un orden lógico y humano de prioridades en la política económica, con proyectos inteligentes que creen riqueza y puestos de trabajo en los países afectados, facilitando un desarrollo sostenible y un progreso que les ayude a la consolidación de una red sanitaria, económica y social estable que haga posible el retorno a una situación de partida igualitaria.

4.- Que se tomen las medidas necesarias para que los países ricos destinen una parte de sus presupuestos a la creación de riqueza, de empresas y de fuentes de trabajo en los países afectados; así como la adopción de un acuerdo internacional, que debería subscribirse en la ONU de obligado cumplimiento para los países desarrollados.

5.- La implantación de un código ético que regule la estrategia de las empresas multinacionales, así como la eliminación de los paraísos fiscales y la aplicación de la tasa Tobin, ú otra similar, a las transacciones comerciales internacionales, que permita crear un fondo de solidaridad gestionado por Naciones Unidas.

6.- No aceptaremos simples declaraciones de principios que no se traduzcan en políticas concretas. En definitiva, APELAMOS al sentido de la generosidad y humanidad de todos, y fundamentalmente de la clase política internacional económicamente poderosa.

Desde la tierra que espera y cree firmemente en la Solidaridad que construya un mundo mejor y más justo, a 30 de enero de 2009"

viernes, 29 de enero de 2010

"se les pasó el día y se les vino la noche... pero un cierto claroescuro que trujo consigo ayudó mucho a la intención de los duques"




"se les pasó el día y se les vino la noche... pero un cierto claroescuro que trujo consigo ayudó mucho a la intención de los duques"

Segunda parte del comentario al capítulo 34,2 del Quijote. Publicado en "La acequia".

La noche se echa encima. Noche de verano, con un claroscuro aliado de las intenciones burlonas de los duques.

Pasó el crepúsculo, ya no es momento de nubes encendidas. Sin embargo, el bosque arde o lo parece. Se oyen cornetas y otros instrumentos bélicos. ¿Pasa la caballería? El resplandor ciega los ojos, el ruido atruena los oídos. Agarenos lelilíes trompetas, clarines, tambores y pífaros. Para poner de punta los nervios más templados.

Pasmado el duque y suspendida la duquesa. Excelentes actores. Don Quijote se admira, Sancho tiembla.

Y, de repente, silencio, un terrorífico silencio. Aparece un espantajo vestido de demonio que hace sonar un cuerno, cuyo ronco sonido espanta a los presentes no conchabados.

Con toda naturalidad, el duque le llama “hermano correo” y le pregunta quién es, dónde va y qué gente de guerra es ésta. Contesta, con voz de dar miedo, que es el Diablo y va a buscar a don Quijote de la Mancha. Los de la guerra son seis tropas de encantadores que traen, sobre un carro triunfante, a Dulcinea encantada que no encantadora. Viene con Montesinos, que dará las instrucciones, a Don Quijote, para desencantar a su dama y volverla encantadora.

Don Quijote pone en duda que sea de verdad diablo. Si lo fuera, hubiera conocido, de un vistazo, al caballero de la Mancha, puesto que lo tiene delante. El del cuerno se disculpa, andaba despistado.

A Sancho le extraña que un demonio diga “En Dios y en mi conciencia”. Con ironía, apunta que es buen cristiano; lo cual demuestra que, incluso en el infierno, hay buena gente. La perspicacia de Sancho es intermitente...

El de los tres cuernos trae un recado del descorazonado Montesinos, para el Caballero de los Leones. Que le espere aquí mismo, que trae a Dulcinea, con orden de darle la receta del desencanto. Toca el cuerno, tutu tutú, y se va.

No sabemos quién queda más escamado, si Sancho o Don Quijote. El escudero, de ver cómo se empeñan en el embuste de una Dulcinea encantada. El caballero porque no puede asegurarse, a sí mismo, si es verdad lo de la cueva de Montesinos. Y ambos esperarán: intrépidamente el caballero y Sancho con reservas, que diablos y cuernos no le hacen ninguna gracia.

Se cierra la noche y, por el cielo, discurren luces como estrellas fugaces. ¿Fuegos de artificio?

Se oyen espantosos chirridos de ruedas macizas, como las que llevan los carros de bueyes; a ellos se unen ruidos de artillería, escopetas, voces de combatientes, lelilíes moros…Parece, que en el bosque, se estuvieran dando cuatro batallas, una en cada punto cardinal. Los duques non han reparado en gastos…

Don Quijote, tan valiente, ha de valerse “de todo su corazón” para sufrir aquel son tan horrendo. En cuanto a Sancho, se desmaya en las faldas de la duquesa, buen lugar para desmayarse. La gran dama recibe al desmayado Muy humana la señora duquesa. Mas “a gran priesa” manda que le echen agua en el rostro. Se espabila coincidiendo con la llegada del primer carro. ¡Qué mujer esta! ¡Lástima haber nacido villano!

Tiran del carro cuatro cachazudos bueyes, vestidos de luto y con un hacha de cera encendida en cada cuerno. Como toros embolaos, más o menos.

Y sobre un asiento alto, un venerable anciano, con luengas barbas blancas y ropa negra de bocací. Será buen tejido…

Lo guían dos feos demonios, tan feos que Sancho cierra los ojos para no verlos. Van a juego con el venerable, ay este adjetivo *.

Bueno, a lo que vamos, se levanta el viejo y se presenta como el sabio Lirgandeo, modestia aparte.

El siguiente carro lleva a otro anciano , igualmente modesto: el sabio Alquife. Nos da el dato de ser “el grande amigo de Urganda la Desconocida”.

El que llega a continuación no transporta a otro venerable sino a un “hombrón robusto y de mala catadura”. Qué miedo, dice ser Arcalaús el encantador. Si los otros dos van de sabios, éste se presenta como “enemigo mortal de Amadís de Gaula y de toda su parentela”.

Pasan los carros y paran un poquito más allá. Cesa el horrendo chirrido y se oye ¡música! Música suave y concertada. Sancho se alegra y opina que “donde hay música no puede haber cosa mala”.

Su venerada duquesa añade que “tampoco donde hay luces y claridad”. El escudero replica que” luz da el fuego y claridad las hogueras”, pero pueden abrasarnos. Muy fino hila el futuro gobernador.

Sancho relaciona siempre la música con la fiesta. No conoce otra…

Veremos, en el próximo capítulo, de lo que va tras la música.“Ello dirá” dice don Quijote.


Un abrazo, a los que pasáis por aquí, de María Ángeles Merino.


Pedro Ojeda Escudero dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega comenta primero la impresión de la Duquesa sobre Sancho para pasar a describir la montería y más tarde la procesión de carrozas y las reacciones de los protagonistas. Después publica la aportación semanal del Sanchico, gracias a Ele Bergón, que defiende a su padre. Para él no es simple, sino un poco pardillo."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0eP9n1VjK
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"Eso sí es preparar una burla a lo grande.
Me gustan estas fotos: quién sabe si allí aparecerá otras carrozas."

Gracias,Pedro, por tus palabras. Por el páramo de Palacios, una carroza. No sé, no sé. Sor Austringiliana, igual...

jueves, 28 de enero de 2010

"y en viéndole, embrazando su escudo y puesta mano a su espada, se adelantó a recebirle don Quijote"





Cuchillería burgalesa y fiero jabalí listo para ser asaetado por lápices de colores.

Comentario al capítulo 34,2 del Quijote, publicado en "La acequia".

Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas deste libro
El duque y la duquesa se regocijan con las conversaciones quijotescas y sanchescas; pero son insaciables, quieren más y mejor diversión.

Y eso tan interesante de la misteriosa cueva de Montesinos, con el encantamiento de Dulcinea, les viene como anillo al dedo. Van a aprovecharlo para su montaje teatral. Ellos son “grandes” y pueden organizarlas a lo grande.

De lo que más se admira la duquesa es de la simplicidad de Sancho. Se ha tragado lo de Dulcinea encantada, habiendo sido, él mismo, el encantador y el embustero.

Preparan una montería, actividad fundamental en la corte de los Austrias, dinastía reinante en esos primeros años del siglo XVII. Y los “grandes” no van a ser menos que sus reyes. El duque nos explicará por qué es un ejercicio tan conveniente para los “príncipes” ociosos. ¿Se atreve Cervantes a insinuar una velada crítica a la monarquía?

Dan a don Quijote un vestido de monte, pero no se lo pone, de ninguna manera, que un caballero andante no lleva lujos. En cambio, Sancho acepta gustoso ese sayo verde de finísimo y costosísimo paño. Echa cuentas: podrá sacar unos maravedíes de su venta. No es la maleta de Cardenio, pero menos da una piedra.

Don Quijote va armado y en su rocín, Sancho de verde y en su rucio. Se meten en la tropa de los monteros. El cortés caballero andante toma las riendas del palafrén de la duquesa. Llegan a un bosque, donde se reparte la gente por diferentes puestos, y comienza la caza. El estruendo es tal que no se oyen los unos a los otros: ladridos, gritos, voces, el son de las bocinas…Guauuu guauuuu, tusoooo, ahí vaaaa, cuidadooo, tutú tutúuuuu.

La brava duquesa, qué mujer esta, con su venablo, se apea y se coloca en un puesto conocido, a la espera de los fieros jabalíes que han de pasar por allí. No han de pasar,si se les lleva hacia allí como a corderitos.

Don Quijote y el duque, apeados, se colocan a su lado. Y Sancho, detrás y sin apearse. Viene hacia ellos un enorme y fiero jabalí, menudos colmillos luce, qué espumarajos sanguinolentos asoman por su boca. Ay, qué don Quijote, otra vez, es el Cid Campeador ante el león y se quiere plantar ante el colmilludo. Pero este bicho no lleva trazas de darse la vuelta y enseñar los cuartos traseros, como aquel león de la jaula. Y estamos en la segunda parte y don Quijote ya no es lo que era.

También el duque tiene dispuesto su venablo, mas la valiente duquesa procura adelantarse a todos. El duque no se lo permite, a dónde va esta costilla mía tan osada...quieta mujer.

Sancho ve al animalillo y da a correr todo lo que sus cortas piernas dan de sí e intenta subirse sobre una encina demasiado alta. Cuando está a la mitad, cogido a una rama, se desgaja ésta; sin embargo no cae al suelo, quedando asido de un gancho del árbol. Ay, que su valioso sayo verde se rasga y el cerdo peludo puede alcanzarle. Comienza a pedir socorro con unos gritos tan lastimeros que muchos piensan que la fiera ya se ha puesto a la faena de despedazarle. Menudo trabajo tiene el animal...Al pie de la encina, el rucio; la lumbre de sus ojos, valiente y fiel.

Finalmente, el jabalí cae acuchillado por una lluvia de venablos, de diversas procedencias.


Don Quijote descuelga al desconsolado Sancho. Ay el sayo desgarrado, ay este sayo que valía un mayorazgo. ¡Qué exagerado eres, escudero!

El poderoso jabalí yace inerte sobre un mulo, cubierto de romero y mirto, como un victorioso despojo. Lo llevan a unas tiendas de campaña donde espera la comida aderezada y puesta en la mesa. Comida a lo grande, dada por “grandes” que no reparan en gastos. ¡Sustanciosas espumas!

¡Qué confianza tiene Sancho con la duquesa! Le muestra su llagado vestido y le manifiesta lo poco que comprende este tipo de caza. No entiende qué gusto se saca de exponerse a perder la vida, como aquel Favila comido por un oso. Don Quijote, muy redicho, ve conveniente aclararle que Favila fue un rey godo. Y Sancho que a eso va, que no querría él que príncipes y reyes se pusiese en tales peligros, para matar a un animal inocente. Monárquico escudero…

El duque interviene para señalar al ejercicio de la caza como el más conveniente para reyes y príncipes. Es como la guerra: hay estrategias, se pasa frío y calor, espabila a los ociosos y dormilones, mide las fuerzas y mantiene ágiles los músculos. Así que Sancho gobernador ha de ocuparse en la caza y le cogerá el gusto.

El aludido no está de acuerdo y parafraseando un refrán machista destinado a las sufridas mujeres casadas: “el buen gobernador, la pierna quebrada y en casa”. Nada de holgarse en el monte, el gobernador ha de permanecer en su puesto, la caza para los holgazanes. Más claro, agua. Ya saben reyes y príncipes:”Ni cazas ni cazos”. ¡Cuidado Cervantes con la monarquía, que es absoluta!

Cartas y bolos, sólo los domingos y fiestas de guardar. Ése es el plan de ocio del escudero gobernador. Y, cuando don Quijote le advierte que “del dicho al hecho hay gran trecho”, comienza a ensartar refranes: las prendas del buen pagador, el que madruga, las tripas y los pies…El galimatías refranesco que tanto suele irritar a su amo.

No sé por qué se enfada, si él acaba de decir, precisamente, un refrán. Pues lo hace, maldito seas, tengan cuidado con él, que les molerá las almas, con sus refranes mal encajados…

Mas la duquesa le defiende, estima más los refranes de Sancho que aquellos bien traídos y acomodados. Con estos me divierto mucho más. Entérese don Quijote. El escudero se derrite de gusto, qué gran señora ésta y cómo habla… (Continúa)


Hasta mañana, un abrazo a todos los que por aquí pasáis.

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"En efecto, la Duquesa quiere divertirse. Lo que más llama la atención es que nos sea tan natural que no parara en derroches para ello: debió ser así en la realidad. Por cierto: no sé yo si a ese jabalí le hubiera dejado matar don Quijote..."

Menudo montaje teatral, Pedro, organizan estos impresentables. Gracias por tus palabras, tan atinadas.

domingo, 24 de enero de 2010

Y a mi padre le han pillao con eso de la Dulcinea, la inventada novia del Alonso


Resumen ilustrado del Quijote

Ele Bergón dijo...

Mi queridos troncos y troncas

Después de una semana en blanco, estoy aquí otra vez.

Es verdad eso que dice mi madre Teresa

-Sanchico, no mientas, que antes se coge a un mentiroso que a un cojo.

Y a mi padre le han pillao con eso de la Dulcinea, la inventada novia del Alonso. Lo que yo sospechaba. No existe, es una alucinación del larguirucho y mi padre le ha seguido el juego.

La Duquesa y mi madre coinciden:
Si uno que dice que no está loco, sigue a otro que lo está, pues los dos se llevan muy poco.

Es que mi padre es la pera, en cuanto le nombran a su ínsula, se vuelve más loco todavía. ¡La cantidad de refranes que va soltando, así porque sí. En fin que la Duquesa le acaba diciendo que a a ver si el engañador es el engañado. ¡Qué gracia! Como me pasa a mi con la del Kiosko, parecía que le gustaba y hace unos días me sóltó que yo era un crío y que la dejase en paz. Cogí un rebote.... que he estado todos estos días enfadado. Así que en clase, me he sentado en mi pupitre, no he hablado a nadie, no he hecho nada de lo que decía la profe y además no he sacado ni los libros. No sé cuando se me pasará.

Hoy he empezado a escribiros. Quizá mañana saque los libros, porque el profe la profe tienen un rebote....

Choque de manos

El Sanchico.

"...créame Sancho que la villana brincadora era y es Dulcinea del Toboso" (2)



¿Cómo se imaginaría Cervantes el castillo palacio de los duques? ¿Algo así?
Esta mañana he conocido este castillo, restaurado y convertido en establecimiento hotelero, en Olmillos de Sasamón (Burgos).

Segunda parte del comentario al capítulo 33, 2 del Quijote, publicado en "La acequia"

Sigue hablando la dueña Rodríguez.

No sé por qué se dirige a mi señora con el absurdo tratamiento de “vuestra altanería”. Querrá decir alteza…Aunque ha recibido un jarro de agua fría, se muestra cristianamente resignado, tal vez suba mejor al cielo como escudero…

Y empieza a ensartar refranes, que si el pan francés, que si los gatos pardos, los estómagos, las avecitas, el paño de Cuenca...el Papa, el sacristán y al meternos en tierra, todos iguales. ¡Qué revoltijo de refranes!

Y si no le dan la ínsula por tonto, no le importa, que podría ser para su mal. ¡Y sabe de reyes godos! Que si Wamba pasó de labrador a rey, don Rodrigo pasó del trono al agujero de las culebras. Demasiado para un labriego, aunque los romances cuentan todo eso…y no mienten. Hablando de esto, intervengo yo, para insistir en que el romance no miente e incluso recito un par de versos. No sé por qué me gusta tanto de eso de “ya me comen por do más pecado había”.

Y hago reír a mi duquesa, cuando afirmo que mejor ser labrador que rey, puesto que a los reyes les han de comer bichos repugnantes. Ahora, tras el varapalo, quiere tranquilizar al escudero y le asegura que el duque es un caballero no andante que cumple con su palabra y, así, cumplirá con lo de la ínsula. Sancho empuñará su gobierno y ella le encarga que mire cómo ha de gobernar a sus vasallos.

Eso de gobernarlos bien, no le parece difícil. Cree que basta con ser caritativo y tener compasión con los pobres. Muy blandito le veo yo. Suelta más refranes, que si es perro viejo y entiende los tus tus…. A los malos no les dará ni pie ni entrada, menos mal. Piensa que todo es comenzar y, a los quince días, pan comido. Cómo puede creerse que va a ser gobernador de verdad, qué habrán preparado para este pardillo…

La duquesa le da la razón, que nadie nace enseñado…Y le hace volver al encanto de Dulcinea, que es de lo que desea hablar. Y deja caer algo que le deja con la boca abierta: la villana brincadora era realmente Dulcinea del Toboso. Si Sancho cree que ha sido una invención suya, es por las malas artes de los encantadores que persiguen a don Quijote. Los duques tienen encantadores benéficos que les informan y por ellos lo han sabido. A los ricos no les falta de nada, incluso tienen encantadores a su servicio.
A la del Toboso, la veremos en su verdadero estado y el escudero saldrá del engaño en que vive. Pero ¿qué majaderías estoy diciendo?

Sancho relaciona lo que le está diciendo la duquesa con el suceso de la cueva de Montesinos, que si don Quijote decía que Dulcinea llevaba el mismo traje y hábito que Sancho dijo… que llevaba… cuando la encantó…por su gusto…No entiendo a este villano. Luego dice que fingió aquello por escapar de una riña, no por ofenderle…

Mi señora pide que le cuente lo de la cueva de Montesinos. Y punto por punto se lo cuenta. Y la duquesa saca en conclusión que era la misma y verdadera Dulcinea, la de la cueva y la de la salida del Toboso.

Esta mujer va a volver loco al villano, el cual se defiende como gato panza arriba. Que si Dulcinea está encantada, peor para ella. Con encantadores no ha de meterse, que son gente peligrosa, allá su amo… Él vio una labradora y si era la del Toboso metamorfoseada…no es culpa suya; que le dejen en paz y no anden con dimes y diretes. Que Sancho no es un “quienquiera”, que anda ya en libros, según le dijo un tal Sansón, bachillerado por Salamanca.

Se me hace difícil creer que haya un libro que se ocupe de este majagranzas, aunque mi señora me lo asegura y la he visto con uno titulado “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha “. Creo que todo este teatro que han montado viene de ese maldito libro…Y el duque nunca le vi reír con tanta gana…

El villano vuelve al punto de su interés, puesto que posee buena fama, que le encajen ese gobierno y verán maravillas.

La duquesa suelta algunos latinajos de ésos que aprendió con el dómine. Mi padre, aunque hidalgo, no me proporcionó instrucción…Que si sentencias catonianas, que si un tal Verino que era florentino…

Las apariencias engañan y “debajo de mala capa suele haber buen bebedor”, pero lo entiende como si la duquesa le estuviera llamando borracho. Y se defiende, sólo bebe por sed o cuando se lo ofrecen, por cortesía. Además, yendo por ahí, de escudero andante, agua y gracias. Buenos tragos dará a la bota, como si lo viera…

Tras asegurarle que lo cree así, le manda a descansar, que ya hablarán de encajar el gobierno. El escudero le besa las manos de nuevo y le suplica que tenga buena cuenta con…su rucio. ¿Qué tendrá este hombre con su asno? La duquesa pregunta por el animalito, ya no se acuerda de cuando me llamó vieja por no atender a su rucio. O si se acuerda…

Sancho le cuenta lo de mi enfado y añade que lo de pensar jumentos es algo propio y natural de las dueñas. Pero…qué sabrá este borrico, nunca mejor dicho, de dueñas, la autoridad en las salas de la nobleza. Y que un hidalgo de su lugar…¡majadero!

Mi señora me manda callar, amén. Y para que se sosiegue el señor Panza, el rucio queda ¡a cargo de ella misma! Dice que lo pondrá sobre las niñas de sus ojos.

Todavía le queda un poco de juicio en esa cabezota y declara que eso no lo consentiría, de ninguna manera. Y, como le recuerda la de las niñas, cuando sea gobernador podrá llevarle con él, regalarle e incluso dejarlo descansar.

Y la última que suelta, produce el efecto de hacerla casi estallar de la risa. Va y dice que él ha visto “ir más de dos asnos a los gobiernos, y que llevase yo el mío no sería cosa nueva.”. En esto sí que anda atinado…lo reconozco.

Mi señor y mi señora preparan otra burla, le contaré a vuestra merced.

Un abrazo a Pedro, preciosa voz, y a los que pasáis por aquí.


Pedro Ojeda Escudero dijo en "La acequia":

Abejita de la Vega ha decidido sentarse en una silla baja de forma muy cervantina (¡qué retrato quijotesco para la colección!) para comentar el capítulo de la semana. Después lo desgrana en varias entradas, como siempre, para que disfrutemos más. De nuevo es la voz de la dueña Rodriguez la que comenta lo que sucede en la cámara de la Duquesa, incluso la forma en la que su ama le saca toda la información a Sancho. También nos cuenta la opinión del Sanchico, vía Ele Bergón, que ve cómo a su padre le han pillado con la mentira.

Y yo digo:

Puedo prometer y prometo que todas las semanas hago firme propósito de escribir menos, pero cada vez escribo más...Desgrano en varias entradas, como tú dices...
Gracias, Pedro, por seguir a esta dueña Rodríguez, cincuentona y cascarrabias.
¿Diez meses! ¿Y después?

Un abrazo de María Ángeles Merino

"...créame Sancho que la villana brincadora era y es Dulcinea del Toboso" (1)





Encantadores dibujos infantiles, sacados de un "Resumen ilustrado del Quijote"

Primera parte del comentario al capítulo 33, 2 del Quijote, publicado en "La acequia"

¡Otra vez la dueña Rodríguez! A ver qué me dice esta vez.

Saludo a vuestra merced y le cuento…que el limbo de los secundarios es muy aburrido y tengo ganas de hablar.

Mi señora, la duquesa se ha vuelto tan mentecata como esta pareja, doctorada ciertamente en mentecatería; la cual tiene a bien honrarnos con su presencia, en este señorial palacio. Hablo, ya me entienden vuestras mercedes, del que se hace llamar don Quijote, al cual, por orden de mi señor, hay que tratarle como a un antiguo caballero andante, tal y como lo cuentan esos librotes que merecían ser quemados. Y hablo de su escudero, ese ignorante que tuvo la osadía de ordenarme a mí, una Rodríguez de Grijalva, que cuidara de su sucio asno.

Me quedo de piedra cuando le oigo decir, dirigiéndose al llamado Sancho Panza, que “si no tenía mucha gana de dormir” , viniese a pasar la tarde con ella y con sus doncellas en una muy fresca sala”. Y el osado labriego responde que, privándose de sus cinco horas de siesta, por servirla, acudiría a su mandado.

Sancho termina de comer en el tinelo, junto a los pícaros de la cocina, me cuentan que éstos no le dejaban en paz con sus gracias de mal gusto, y se presenta en el estrado de la duquesa, una sala muy fresca. Allí nos reunimos doncellas y dueñas de la casa, con nuestra labor en la mano y la lengua suelta, en las calurosas tardes del estío, para la acompañar, como las damas que acompañaban a doña Alda, aunque no seamos trescientas y lo que hilamos sea lana, que no oro.

El falso escudero no se atreve a sentarse en la silla baja que se le ofrece; pero “accede a sentarse como gobernador y hablar como escudero”, según le indica mi señora que sentaría a este destripaterrones en el escaño del Cid. ¡Lo que hay que oír!

Todas, doncellas y dueñas, le rodeamos en silencio. La duquesa toma la palabra y se dirige al “señor gobernador” para que le “asolviese” ciertas dudas que tiene sobre la historia del gran don Quijote impresa. Una gran dama imitando las disparates de un iletrado, qué ganas de burla tiene mi niña, perdón… mi señora. Para mí, sigue siendo aquella chiquilla que se escondía debajo de mis tres sayas. Y sigue con sus chiquilladas…

El buen embustero Sancho cambia la color cuando mi señora le plantea que, si nunca vio a Dulcinea, si nunca le llevó la carta de don Quijote, cómo pudo contar que la halló cribando trigo; siendo todo mentira y daño para la buena fama de la del Toboso, además de incompatible con la fidelidad escuderil.

El fingido escudero, como respuesta, se levanta despacito y, con el dedo sobre los labios, levanta los doseles, para asegurarse de que no nos escucha nadie a escondidas. Parece un cómico de esas disparatadas comedias, tan alabadas hoy en día.

A continuación, nos revela que, aunque algunas veces diga cosas sensatísimas, tiene a su señor “por loco rematado”. Y, a pesar de ello, le hace creer cosas sin sentido como la respuesta de la carta o lo de Dulcinea encantada. ¡Qué poca vergüenza gasta este villano!

Ruega mi señora que le cuente la novedad del encantamiento y Sancho obedece. ¡Con qué gusto lo escuchamos doncellas y dueñas! ¡Y no es menor el regocijo de nuestra ama!

En sus ojos brilla una chispa de malicia y pasa a exponer, al desvergonzado escudero, un escrúpulo de conciencia que le habla al oído: si don Quijote es mentecato, Sancho lo conoce y, con todo, le sigue y va atenido a sus vanas promesas, debe de ser más loco que su amo. Y pone el dedo en la llaga cuando concluye que si no sabe gobernarse a sí mismo ¿cómo gobernará a otros?

Sancho reconoce que el razonamiento duquesil es correcto, pero…es de su pueblo, ha comido su pan, le quiere bien, le dio sus pollinos ¿Qué va a hacer este estómago agradecido sino seguirle hasta la muerte? Bueno…reconozco que asoma el cariño hacia su amo, en las palabras de este bruto.
(Continúa)
Un saludo de María Ángeles Merino a los que pasáis por aquí.

viernes, 22 de enero de 2010

Sentada en una silla baja, leo: "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus"




Sentada en una silla baja, como Sancho, en el capítulo XXXIII, leo: "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus". No sé por qué me acordé de esta foto veraniega. Curry: ¿Te querían engañar?


Acerca de "soy perro viejo y entiendo todo tus, tus"CVC dice:
"Hace referencia al refrán «A perro viejo, no hay tus tus»

Estoy con el comentario, al capítulo XXXIII, del Quijote: "De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note".
La dueña Rodríguez está en ello...
Un abrazo