sábado, 2 de enero de 2010

Sanchico lee a Nabokov



Sanchico lee a Nabokov

Hola troncos y troncas.

Como ahora me gusta mucho pasar por el kiosko para mirar y ver a la que será mi churry Nerea, pues me entretengo en leer los títulos de los libros que hay allí. Hoy he encontrado uno que se titula "Curso sobre el Quijote" de un tal Vladimir Nabokov, que nació en Rusia pero que se tuvo que ir a los Estados Unidos. Se lo he pedido a mi madre como regalo de reyes. Ella se ha quedado un poco sorprendida y después de insistir un poco, me lo ha comprado.

Al llegar a casa he buscado el capítulo 30 de la segunda parte, donde resume lo que escribió el Cervantes. Dice así:

"Don Quijote encuentra a un duque y una duquesa que han salido de caza. Ellos le reconocen y le invitan a su castillo, donde para entretenerse le tratarán con toda la ceremonia que se debe a un caballero andante".

Así que me he enterado que mi padre anda entretenido con unos duques. ¡Qué nivelazo! Ahora comprendo el porqué no llegan a Zaragoza.

El fin de año muy bien con la familia, pero mejor con los amigos por el barrio. No me regañéis que me porté muy bien.

Choque de manos

El Sanchico.

jueves, 31 de diciembre de 2009

"...vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima, adornada de guarniciones verdes y con un sillón de plata."



Me imagino a "la bella cazadora" como a esta reina consorte, pintada por el gran Velázquez, unos veinte años después.

Isabel de Borbón a caballo (1635-36). Museo del Prado, Madrid.

Comentario al capítulo 30, 2 del Quijote, publicado en "La acequia"

De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora

Al final del capítulo anterior, leemos: “Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, don Quijote y Sancho”. En mi comentario anterior, no entendía por qué Cervantes decía eso. Una anotación resuelve mi duda: vuelven a ser bestias porque se dejan dominar por la tristeza. Y, a su vez, la anotación remite a otra que nos dirige hasta aquellas palabras de Sancho: «Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias».

Y con aquella tristeza comienza este capítulo: “asaz melancólicos y de mal talante “. Tristeza y mal humor. Triste don Quijote que, por primera vez, desiste, abandona…De pésimo humor, Sancho puesto que menguar el caudal era “quitárselo a él de las niñas de sus ojos”. Silenciosos, en sus jumentos, se apartan del famoso río. Sepultado el caballero en sus amores y enterrado el escudero en sus dineros. Las acciones de don Quijote, todas o las más, son disparates y Sancho lo tiene presente, poco o nada va a sacar. Si un día su señor se “desgarra” y decide irse a casa, será la ocasión que busca: ni cuentas ni despedidas. Pero la fortuna enreda las cosas…

Al día siguiente, al atardecer, don Quijote sale de un bosque y divisa un verde prado. Ve gente y conoce que son unos altaneros cazadores de altanería. Se acerca y ve a una altanera y elegantísima señora sobre una blanquísima hacanea, con guarniciones verdes y sillón de plata. ¡Una gran señora vestida de verde- verde y más bizarra que la misma bizarría! En la mano, un azor, ave de altísimos vuelos. No hay duda, grande de España. ¿Osuna? ¿Infantado? ¿Medina Sidonia? No nos lo van a decir…

Don Quijote ordena, corre hijo Sancho y dile a la del palafrén y el azor que el de los Leones besa sus manos. Si me da licencia, iré a besárselas y a ponerme a su servicio. Mira cómo hablas, no metas la pata, no sueltes tu rosario de refranes. Vamos, como si fuera ésta la primera vez que Sancho lleva embajadas “a altas crecidas señoras”. Su amo no tiene noticia de que haya llevado otra que no fuera la de Dulcinea. Bien cumplió con aquella embajada, por cierto…

Sancho admite que la de Dulcinea fue la única y suelta dos refranes que no viene a cuento, o sí…quiere decir que no hay que advertirle de nada, que de todo es capaz. Don Quijote lo cree así, puede ir donde la bella cazadora, lo hará correctísimamente.

Puesto de hinojos, presenta a su señor y a sí mismo. Y, en el alambicado estilo caballeresco, solicita que le dé licencia para poner en obra su deseo, el cual no es otro que servir a “vuestra encumbrada altanería y fermosura”, cosa que le beneficiará y le contentará. ¡Sancho mete la pata y da en el blanco! ¡Altanera es esta duquesa, además de practicar la altanería!

La señora felicita a Sancho, ha dado la embajada en el estilo retórico adecuado y debe levantarse, que “escudero de tan gran caballero, como es el de la Triste Figura”, no ha de estar arrodillado. Que venga a servirse de la pareja ducal, “en su casa de placer”. La duquesa sonríe para sus adentros, piensa en la oportunidad única que se les presenta, lo que se van a reír ¡los auténticos don Quijote y Sancho, los de ese libro tan divertido, en carne y hueso!

El escudero admira su hermosura, sus exquisitos modales y, sobre todo, el que tenga noticia de su señor, del Caballero de la Triste Figura. La pregunta siguiente ya le deja estupefacto, si es uno cuya historia anda impresa con el título “del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha “, que tiene por señora a Dulcinea…

Sancho se lo confirma y añade que el escudero que anda en tal historia es él mismo, si no es que le “trocaron en la estampa”. La sombra de Avellaneda planea sobre estas palabras…

Don Quijote es bien venido a los “estados” de esta duquesa, tan contenta, que habla como una señora feudal del Medievo. El señorío pervive… ¿no estamos en el siglo XVII?
Con grandísimo gusto vuelve Sancho a su amo y le cuenta cómo se había expresado la gran señora, exagerando su hermosura, donaire y cortesía.

El caballero, todo hueco, y muy bien plantado sobre Rocinante, fue a besar elegantemente las manos a la duquesa.

El duque ya ha sido informado y tiene gran deseo de conocerlo. Lo planean: le seguirán el humor, le tratarán como a un caballero andante, no escatimarán en todas las ceremonias, las habituales en esos novelones caballerescos, que tan vorazmente leen.

En el momento de apearse del rucio, Sancho se enreda con una soga, quedando colgado y en el suelo. Don Quijote piensa que Sancho ya está sujetándole el estribo y cae, con silla y todo. Avergonzado, maldiciente y maltrecho; le auxilian los cazadores, por orden del duque. Renqueando, va a hincarse de rodillas ante los dos señores, noooo por Dios…El duque se apea y ¡lo abraza! Cuánto le pesa tan mal comienzo en su tierra, casi besándola.

Sucesos de escuderos, los hay peores que éste, dice el duque. Don Quijote es un hidalgo, el escalón más bajo de la nobleza y se derrite ante la gran nobleza. Aunque hubiera caído a un abismo, qué gloria haberlos visto, siempre a su servicio. Y riza el rizo hablando de la “digna consorte vuestra, y digna señora de la hermosura y universal princesa de la cortesía “


El duque comienza la artillería socarrona llevándole la contraria, hermosa es su señora esposa, pero donde esté Dulcinea no se puede hablar de hermosura… Y Sancho se adelanta para lisonjear a la duquesa: si la naturaleza es un alfarero que sabe hacer un vaso hermoso, bien puede hacer alguno más. Y la mujer del duque “no va en zaga” a Dulcinea. Ay, que las palabras le traicionan…Muérdete la lengua, escudero. No se te escape que nunca viste a tal belleza…

Don Quijote se vuelve hacia “su grandeza” para contarle que no tuvo caballero andante escudero más gracioso, hablador y sincero retratista de su amo. Lo sacará verdadero.
La lectora defiende a este personaje que ha llenado muchas horas de su ociosa vida. No es un tonto gracioso como sus bufones, es gracioso maguer discreto. Y, maguer rústico, qué bonito lo que ha dicho de su hermosura.

Y también el duque lo defiende. Si es hablador, tanto que mejor; que hay gracias que no se pueden decir con pocas palabras.

Los duques invitan al señor Caballero de los Leones, antes de la Triste Figura. Se le acogerá en su cercano castillo, tal y como se debe a tan alta persona, tal y como esta noble pareja suele recibir a los caballeros andantes.

Ya se van los tres a caballo: don Quijote, la duquesa en medio y el duque. Pero a la de en medio lo que le gusta infinito es oír las “discreciones” del escudero. El discreto se entreteje y ya es el cuarto. Los duques tienen “a gran ventura “acogerles, menuda acogida. El castillo de los duques va a dar mucho de sí.

Feliz Año Nuevo 2010

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

Quizá la tristeza no nos vuelva bestias sino más humanos: no en todo va a ser cierto Cervantes.Excelente resumen. Y muy bien ilustrado. Feliz año, Abejita.

Pedro: yo también le quito, por esta vez la razón a Cervantes. La tristeza, qué duda cabe, nos hace más humanos.Feliz año, Pedro.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

¡Feliz 2010! No se cayó , vive en el agua.



El 10 de junio de 2009 yo decía: "Se cayó". Así me sentía...



Meses después, pude comprobar que el árbol no se había caído sino que vivía en el agua. Me sentía mucho mejor...

En este año 2009 se me cerró una puerta, en realidad me dieron en las narices con ella. Pero se abrió otra, la que yo siempre quise.

Tengo a mi familia ...

Tengo a mis buenos amigos . Algunos no están aquí, pero siguen conmigo.

Y a Curry, el mejor en la categoría de cuatro patas.

Y escribo mucho, nunca había escrito tanto y...me gusta. El culpable...

Y , en este blog, entra gente estupenda a la que deseo:

¡ Feliz Año Nuevo 2010!


lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Qué hacen con una barca por el Ebro? Y ¿En qué parte del Ebro están? ¿Dónde nace? ¿ O han llegado por fin a Zaragoza?




Éste sí es el Ebro.

Ele Bergón dijo...

¡Buf! qué llego tarde, pero es que estos días de vacas, pues como que no apetece mucho esto de escribir, pero es que me traéis malas noticias de mi padre Sancho. ¡Qué empeño tiene en seguir con El Alonso si por su culpa sólo recibe golpes y más golpes y disguto tras disgusto. Estoy furioso.

¿Qué hacen con una barca por el Ebro? Y ¿En qué parte del Ebro están? ¿Dónde nace? ¿ O han llegado por fin a Zaragoza? o por el contrario, ¿se han desviado y han llegado al mar? Vete tú a saber porque con estos dos cualquier cosa se puede esperar de ellos y luego dicen que nosotros los adolescentes somo un desastre, pues anda que algunos que tienen ya muchiiiisimos años parecen crios de dos años.

¡Como presume el Alonso de tanto meridiano, paralelo, equinocios, solsticios y demás. Ya lo he estudiado yo en Sociales un montón de veces y creo que esta vez lo he aprobado. Claro que la profe es más maja....

Feliz Año Nuevo a todos, troncos

Choque de manos

El Sanchico


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"El Sanchico, vía Ele Bergón, según nos dice Abejita, nos felicita las fiestas de forma bien original y después se preocupa por su padre, pero se le nota que va mal en geografía, perdón, cono. Amenaza con ser un poco gamberro al no estar su padre, pero sé que es un buen chaval."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/search/label/Para%20una%20lectura%20de%20El%20Quijote#ixzz0b6Sfk9UL
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domingo, 27 de diciembre de 2009

"...la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales"(2)


Vieja aceña en el río Ruyales (Burgos)

Segunda parte del comentario al capítulo 29,2 del Quijote. Publicado en "La acequia".

"De la famosa aventura del barco encantado"

Desde los amorosos pensamientos que el Ebro inspira a don Quijote hasta los piojos que se esfuman, al llegar al ecuador. Así de brusco es el contraste, barroco contraste.

Con lo de los hematófagos estaban, cuando descubren unas grandes aceñas, en mitad del río. No sé qué tienen los molinos harineros para don Quijote, eólicos o hidráulicos… Lo cierto es que tienen la virtud de activar sus fantasías caballerescas.

Las aceñas no son aceñas, sino” ciudad, castillo o fortaleza “.Caballero oprimido o dama real malparada, sea quien sea, espera el socorro de su valeroso brazo.

Qué sabrá este majadero. Aceña dice, aceña `para moler trigo. Si sabrá nuestro caballero de las malas artes que se gastan estos encantadores. Follones, malandrines, vestiglos…que no metamorfosean la realidad sino tan sólo su apariencia. ¡Ay, su Dulcinea, refugio de sus esperanzas, trocada en rústica brincadora!

Los molineros ven al barco caminar hacia las ruedas de su aceña. Fantasmalmente blancos, rostros y vestidos enharinados, salen con varas largas para detenerlos. Vocean a esos dos del barco, tal vez sean unos desesperados que buscan ser despedazados por las ruedas. Extraños suicidas.

Don Quijote, desafiante, se pone de pie en el barco y les exige que dejen en libertad al oprimido. No sabe de qué “oprimido” u “oprimida” se trata, pero es igual. A su persona está reservada dar final feliz a esta aventura,” por orden de los altos cielos”. Y este escudero que no se lo cree, ahora verá.

Echa mano a su espada y la esgrime contra los molineros. El barco ya está entrando en el canal de las ruedas. Sancho pide devotamente al cielo que le libre del peligro que se le echa encima. El cielo le salva “por la industria y presteza de los molineros”. A Dios rogando…

Pero el barco vuelca y tienen que sacarles del agua los molineros. Don Quijote nada “como un ganso”, mas los gansos no llevan pesadas armas.

Ya están en tierra, han tragado mucha agua y están empapados. Sancho, devotísimo, sigue rezando, pidiendo fervorosamente a Dios que le libre de las ocurrencias de su señor. Le desnudan…

Llegan los pescadores, les han hecho pedazos las ruedas de las aceñas y piden que don Quijote pague el destrozo. Sosegadamente, dice que pagará, pero tienen que dejar libre al oprimido u oprimidos del castillo.

¿Castillo? ¡Oprimidos? ¿Qué dice este hombre? Aquí sólo tienen a los que vienen a moler su trigo.

Sorprendentemente, don Quijote se da por vencido. Han debido encontrarse dos encantadores que se estorban mutuamente. Uno le da el barco y otro lo arroja al agua. Y ante estas trazas contrarias, se rinde, no puede más. Y que le perdonen los que quedan encerrados, para otro caballero debe de estar reservada esta aventura.

El de la Triste Figura llega a un acuerdo con los pescadores y desembolsa cincuenta reales por el barco, que Sancho paga muy a su pesar.

Pescadores y molineros admirados, no entienden nada de la palabrería quijotesca. A estos locos, mejor dejarlos en paz y, además, han pagado. Cada mochuelo a su olivo
.
Don Quijote y Sancho vuelven a sus bestias y a ser bestias. ¿Por qué esto último? No sé. Eso dice...

Lo que si sabemos es que nuestro héroe ha arrojado la toalla.

Un abrazo a todos


Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"¿Arrojará la toalla definitivamente? ¿O aún hay esperanza para la aventura?
Me gusta la foto de la aceña."

Esta lectura del Quijote es más que una lectura. Como diría Sanchico, es una superlectura con un superprofe. Aprovecho para desearte un Feliz Año 2010, año en que acabaremos esta tarea. ¿No? Me dará penita...Los mismos deseos para todos los que pasáis por aquí.
María Ángeles Merino, Abejita de la Vega o...Sor Austringiliana.

viernes, 25 de diciembre de 2009

"...la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales"(1)



No es el Ebro, pero también merece palabras bonitas. Es mi río...

Primera parte del comentario al capítulo 29,2 del Quijote, publicado en "La acequia".

"De la famosa aventura del barco encantado"

Este capítulo comienza con ecos de Garcilaso de la Vega. Don Quijote cual Nemoroso, pero eufórico, no apesadumbrado. Mil amorosos pensamientos se renuevan en su memoria. El Ebro con su alegre vista y don Quijote. El viejo hidalgo contempla las amenas riberas, el curso sosegado, las abundantes y cristalinas aguas.

Feliz, así se siente, así se quiere sentir. ¿Verdad o mentira lo de la cueva de Montesinos? Verdad, se atiene a la parte de verdad, la de los dulcísimos pensamientos. La parte mentirosa no interesa, ésa es toda para Sancho que vive en la tosca realidad.

A la vista se le ofrece un barquito sin remos, ni jarcias, ni dueño. Está atado a un tronco y tiene la virtud de activar su locura caballeresca. Ni corto ni perezoso, se apea de su jumento. Vamos Sancho, subamos, ata a las bestias en ese tronco.

No es un barco cualquiera, es un barco de socorro para caballeros andantes. Debe ir a auxiliar a algún cuitado caballero. Y ¿por qué? Porque es lo que se usa en las disparatados novelas caballerescas.

Cuando un caballero andante está en peligro no puede ser salvado sino por otro, de su misma condición. Y como están un poquitín lejos, dos o tres mil leguas de nada; el salvador viaja en una nube o en un mágico barco mágico. Y a gran velocidad, “en menos de un abrir y cerrar de ojos”, caballero y escudero serán transportados por “longicuos caminos”. ¿Logicuos? No es maravilla que el escudero no entienda el latinajo.

Ay, Sancho acata resignado la orden, pero callarse... ni debajo del agua: el barco no es de encantadores sino de pescadores. Menudas sabogas pescan. ¿Y qué pasará con su rucio, tan propenso a desaparecer? ¿Y al sufrido Rocinante? Ay, que las bestezuelas tendrán que esperar a algún “encantador” que baje de una nube y les dé su paja y cebada.

A santiguarse y a “levar ferro”. No, señor caballero andante, basta con cortar la amarra, que éste es un barco pequeñito.

El barquito se aparta de la ribera, ya está a dos varas, y Sancho tiembla. Oye rebuznar al rucio y ve a Rocinante intentando desatarse, para seguirlos a nado. Dios mío, esto es demasiado. Aguantad ahí ,carísimos amigos, hasta que este loco entre en razón y podamos volver.

Comienza a llorar amargamente y don Quijote, colérico, desgrana un rosario de improperios. Qué temerá este cobarde, por qué llorará este corazón de mantequillas, quién persigue a este ánimo de ratón casero, qué le falta a este menesteroso en la abundancia. El señorito no va a pie ni descalzo, viaja sentado en una comodísima tabla, navegando por este agradabilísimo río que pronto se abrirá al mar.

Como en la cueva de Montesinos, el tiempo se estira. Aquí mucho más. Don Quijote acaba de salir y ya le parece que ha caminado ochocientas leguas, por lo menos. Caballero andante, navegante y geógrafo. Si tuviera un astrolabio con que tomar la altura del polo, nos diría lo caminado. De todas maneras, están ya cerca de la línea equinoccial y habrán recorrido 180 grados del globo terráqueo.

Ante la erudición geográfica que despliega don Quijote, Sancho no entiende nada y cambia risiblemente las palabras. La línea es leña, el cómputo es puto, el cosmógrafo es gafo y Ptolomeo es un meón que todo lo mea. Cervantes siempre reserva algo para los que buscan un libro para reír. Si, a continuación de la carcajada, rascan un poco más, se sorprenderán.

Ante la enorme ignorancia escuderil, el caballero se ríe y decide explicar lo de la línea equinoccial con algo más facilito, más de andar por casa. Le cuenta que los embarcados para las Indias conocen enseguida que han pasado la línea equinoccial. Lo saben porque los piojos se les mueren, no queda ni un hematófago. Las cabezas, la ropa y las partes pudendas se quedan libres de tanto bichillo polizón.

Así puede Sancho comprobarlo. Le dice que se pasee la mano por el muslo, en busca de esos animalejos que acompañaban, lo más natural, a los seres humanos de hace cuatro siglos. Si topan “cosa viva”, no han pasado la famosa línea imaginaria.

El escudero no cree nada de lo que le dice, ahí están Rocinante y el rucio, a cinco varas de distancia.

¡Otra vez la erudición geográfica! Exhorta a Sancho para que haga la averiguación, él que ignora qué cosa son coluros, líneas, paralelos, clíticas… La hace, se tienta y llega, con la mano, a la corva izquierda. No han llegado a donde su señor dice, no ha topado uno, sino algunos…Se sacude los dedos, se lava la mano en el río y nos imaginamos al puñadito de piojos. No sé si nadan o se hunden en el Ebro. ¡Piojos al agua!
(Continúa)


Feliz Navidad a todos

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"Me gusta y mucho lo del barco de socorro para caballeros andantes. Te perdono la trampa de la foto..."

Pedro, es que me pierde mi amor por el Arlanzón...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad a todos los que me visitáis



Escaparate de una tienda de calzados en Marbella (Málaga)

Os deseo a todos Feliz Navidad, sí yo soy aquella que clamaba "¡Socorro, la Navidad!"

Copio estas palabras que me ha enviado Silvia Camacho, para desearos:

"Que esta Navidad convierta...cada deseo en flor, cada dolor en estrella, cada lágrima en sonrisa y cada corazón en dulce morada."