lunes, 9 de febrero de 2026

Soledades y claros del bosque.





Me pareció ver a una amiga de lecturas, desde Barrantes, en la pequeña cuesta que sube a Santa Águeda, hacia un pequeño ultramarinos que abre los domingos y es amigo de los peregrinos. Subí, me asomé al interior de la tienda, a la cola de los "olvidos". No estaba allí, en otro momento hablaré con ella de los Claros del bosque, de la Zambrano

Seguí por la calle de Santa Águeda, camino de Santiago al revés, que santos aquí, en Burgos, no nos faltan. Abria el suplemento dominical, hablaba con Rosa Montero, a través del artículo: "Sobre las soledades". Sí, Rosa, convivir con la soledad, un aprendizaje esencial, muchos no dominan la vital asignatura, conocemos a "demasiadas personas estupendas atrapadas en esa mutilación existencial que es el miedo a estar solas". 

Viene de la niñez. Maria Ángeles nunca fue de mucha calle, ni de muchas amigas, amigos menos, qué brutos los chavales de mi tiempo.   Mejor buscar un rinconcito para los  libros, las muñecas y los cuentos. Jugaba, me hacía compañía. 

Y ahora juego con este aparatejo, engancha, más de lo que quisiera, luego dicen de los niños. Paseo sola y leo, andando, no importa. Cuidado con las piedras del camino, dicen que, por aquí mismo, el Cid hizo jurar al rey Alfonso si fue o consintió en la muerte de su hermano. Buena literatura, excelentes cuentos para mayores, por qué necesitamos que nos cuenten, buena pregunta. 

Buen camino, va algún peregrino y gente a misa a la iglesia de Santa Águeda, hace poco fue su día, recuerdo los hermosos cantos nocturnos de una noche del 4 al 5, coros en la calle, en el  valle guipuzcoano donde viví mis veintitantos y mis treinta y pocos, con ruido de bastones despertando a la tierra, llamando a la primavera. Recuerdos encadenan recuerdos. 

La memoria, buena compañera también. Esta tarde, pienso, correré por los claros del bosque, voy muy lenta, cuesta. 

Acelero el paso, me esperan. A ratos,  disfrutamos del soliloquio con nuestro yo. Nuestro mejor amigo, el que lo sabe todo de ti o cree que lo sabe, también distorsiona, enmascara, borra, cuidado. La conciencia, ahí dentro vive el pensamiento, el que corre "por los claros del bosque", "en instantes como centellas de un incendio lejano". 

Leo:

"Y así se corre por los claros del bosque...abriéndose así un claro en la continuidad del pensamiento que se escucha: la palabra perdida que nunca volverá, el sentido de un pensamiento que partió..."

"Y de lo que llega, falta lo que iba a llegar, y de eso que llegó, lo que sin poderlo evitar se pierde."

"Y de lo que apenas entrevisto o presentido va a esconderse sin que se sepa donde, ni si alguna vez volverá ese surco apenas abierto en el aire, ese temblor de algunas hojas, la flecha inapercibida que deja, sin embargo la huella de su verdad en la herida que abre, la sombra del animal que huye, ciervo también él herido, la llaga que de todo ello queda en el claro del bosque. Y el silencio..."

¿El ser de las cosas? "La pregunta clásica que abre el filosofar."

"¿Adónde te escondiste?...". 

¿Un ciervo herido? Salto, como con un resorte, a otro libro que guardo en la estantería desde 1978. San Juan de la Cruz, en la colección Austral, Obras escogidas.

"¿Adónde te escondiste, 

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido,

salí tras ti clamando, y ya eras ido..."

(Cántico espiritual. Canciones entre el Alma y el Esposo. San Juan de la Cruz)

María Zambrano "tras el maestro que nunca se le dio a ver: el Único, el que pide ser seguido y luego se esconde detrás de la claridad..."

¿Qué busca la filósofa María Zambrano?

"Y al perderse en esa búsqueda, puede darsele el que descubra algún secreto lugar en la hondonada,que recoja el amor herido, herido siempre, cuando va a recogerse."

¿La Conciencia? ¿El ser de las cosas? ¿Dios? ¿El Amor? Filosofía, Mística y Poesía. Así es. O así me parece, María Zambrano.

Ya veis, yo, buscando claros en un bosque filosófico.

San Juan de la Cruz, una fuente donde bebió esta gran filósofa, poeta y amiga de los místicos. El ciervo huía, Maria herida.

¿Era Dios lo que buscaba María en los intermitentes claros del bosque?

El sol entra en mi habitación, después de tanta lluvia.

Ya veis, las soledades de un domingo. Oigo una voz: ¿Me llevas a la cama? Mi madre se aburre con la televisión, no entiende, me dice. ¿Quién entiende algo?

Mañana vuelvo a la calle Santa Águeda, a ver si encuentro a mi amiga lectora y charlamos en torno a Claros del bosque de María Zambrano, entre las dos mejoraremos nuestras entendederas filosóficas. 

Es la lectura de febrero, en el Club de Lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda.

María Ángeles Merino Moya

Claros del bosque, María Zambrano, Alianza Editorial, páginas 34 y 35)





1 comentario:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Esto es pasear en buena compañía.