"Orillas del Manzanares", Aureliano de Beruete, Museo del Prado.
¡Hola Manuel! Y la compañía....
"Iba ya inclinándose el sol cuando el repatriado y Manuel se levantaron y fueron hacia Madrid"
Me despedí de vosotros en aquel atardecer, camino de Madrid, desde un convento extramuros. Ahora, Puerta del Sol y Calle Mayor abajo, os sorprende una noche templada, realmente fantasmal:
"Hacía una noche templada, de niebla, de una niebla azulada, luminosa, que temblaba al soplo del viento; los globos eléctricos del Palacio Real brillaban entre aquella gasa flotante con una luz morada."
"El Manzanares", 1908, Aureliano de Beruete, Museo del Prado.
Te despierta un "rumor chillón de cornetas", es la guardia de Palacio. "Palpitaba suave y gris el resplandor primero del día" cuando resuena el estampido de un arma de fuego. Es un joven que se ha suicidado, os dice un hombre de blusa que pasa corriendo. Os acercáis al lugar en que yace ensangrentado un muchacho bien vestido, con un revólver en la mano.
El repatriado conoce el procedimiento habitual rateril: se acerca al muerto, le extrae dos sortijas, oro y brillante, le quita la chaqueta y registra los bolsillos, no lleva dinero, le quita el reloj, más oro...
Tu reacción es huir de allí, ni hablar. Tu compañero araña un agujero en la tierra y entierra las joyas envueltas en un papel, "con una rapidez extraordinaria". Hay que esperar, "en la guerra como en la guerra", os echáis y os hacéis los dormidos. Ahí quietos, hasta que se lleven al muerto. ¡Menuda práctica la del antiguo soldado!
"Orillas del Manzanares", 1907, Aureliano de Beruete, Museo del Prado.
Queda el lugar desierto y desenterráis el botín. Propones ingenuamente llevar la sortija a una platería y empeñar el reloj. Ni una cosa ni otra, esos harapos os delatarían, iríais derechos a la cárcel. El repatriado conoce a un tal Marcos Calatrava, un experto que os sacará del apuro, un tipo raro pero muy eficiente.
Es, para vosotros dos, uno de los días más largos de vuestra existencia. Sentís un hambre canina, con el pensamiento puesto en la venta de unas joyas que os permitirían zampar a vuestro antojo. El miedo os impide satisfacer la necesidad, una horrible sensación. El oro no se come.
Esperáis a Marcos Calatrava en una taberna de la Calle Mayor, donde despacha habitualmente. Cuando llega, tu compañero le cuenta el caso. No hay problema, lo arreglará su "secretario". La cena tarda, con la "carpanta "que tenéis...No tarda en aparecer "un muchacho elegante, con botas amarillas, sombrero hongo y un pañuelo de seda en el cuello". ¡Tu primo Vidal es el esperado secretario!
No tarda ni diez minutos en realizar la gestión, vuelve con dos papeletas de empeño y unos billetes. El repatriado los reparte y te corresponden cinco duros. Como sois familia, Calatrava decide que cenéis aparte, tendréis que hablar. Tus tíos están bien, su hijo Vidal no los ve pero asegura que lo están. Le preguntas por el "Bizco", aquel randa, malvado compañero de algunas raterías. Vidal tiembla, no quiere ni oír hablar de él, lo buscan por el asesinato de Dolores "la Escandalosa".
Contemplas a tu primo: cabeza lustrosa, raya en medio y rizos. Te sorprende su gran aplomo de movimientos, su sonrisa de hombre guapo, su simpatía. Pero " sus ojos sagaces, falsos, descubrían la mentira de sus frases; no acompañaba a la afabilidad de su palabra cariñosa y de su sonrisa amable la expresión de sus ojos. En éstos no se leía más que desconfianza y cautela." No es posible mentir con los ojos.
¿Trabaja el "secretario"de Calatrava? Según a lo que llames trabajar: nada de taller, tres queridas, vive al pelo, de vez en cuando "se las echa uno de incomodado y se le arrima a una un par de bofetadas...". Ahora tiene una bonita chiquilla chalada por él, tanto que le regaló un reloj de oro. Y te quedas pasmado cuando añade que un marqués le hace el amor... Don Pío nos ofrece una magistral pintura del chulo... Además de las mujeres, trabaja de timador y te ofrece entrar en su mafia, lo que él llama la "combi". No sabes en la que te vas a meter.
Te lleva al teatro Romea a "una funcioncilla estúpida, plagada de chistes absurdos y groseros, de la manera más sosa que puede imaginarse, entre las interrupciones y los gritos del público". Al fin descubres que bajo los polvos de arroz de las artistas hay granos y roséolas. Te reencuentras con "vestales del arroyo", la Chata y la Rabanitos; recuerdas tus tiempos de randa callejero, los del libro "La Busca".
En el piso de tu primo, te despojas de los harapos. La cama te parece tan blanda que tardas en dormirte. Despiertas a las doce:
"Hacía tanto tiempo que la primera sensación de su despertar era de frío, de hambre o de angustia, que al encontrarse entre mantas, abrigado, en un cuarto estrecho y de poca luz, pensó si estaría soñando"
Te preguntas si habrá venido "la buena". Miras tus harapos, piensas que no pueden verte con esos pingajos, te echarían. Buscas refugio en la cama. Vidal te saca de allí, te presta ropa suya que te viene grande; sus botas, por el contrario, te quedan estrechas y justas. Arrojas tus prendas viejas a un solar, tu primo recalca la facha de golfo que tienes.
Replicas que cada uno tiene facha de lo que se es. Y resumes tu curriculum vitae:
"Sí; he sido criado, panadero, trapero, cajista y ahora golfo, y no sé de todo eso lo que es peor."
Has pasado tanta "carpanta", pobre Manuel, que te arrojas sobre la media tostada del desayuno. Vidal te explica así la nueva etapa que vas a comenzar:
"Tú y yo, yo sobre todo, hemos nacido para ser ricos; pero ha dado la pijotera casualidad de que no lo somos. Ganarlo no se puede; a mí que no me vengan con historias. Para tener algo hay que meterse en un rincón y pasarse treinta años trabajando como una mula. ¿Y cuánto reúnes? Unas pesetas cochinas; total, na. ¿No se puede ganar dinero? Pues hay que arreglarse para quitárselo a alguno y para quitárselo sin peligro de ir a la trena."
Tu actividad laboral va a desarrollarse en casas de juego vas a entrar "en la comba" y ayudarás a desplumar a los pardillos. ¿Granujada? Tu primo te lo aclara:
"Hombre, eso depende de lo que tú llames granujada. ¿A engañar le llamas granujada? Pues hay que engañar. No hay otra cosa: o trabajar o engañar, porque lo que es regalarte el dinero, que te conste que no te lo han de regalar."
"Negociar y robar es lo mismo, chico. No hay más diferencia que negociando eres una persona decente, y robando te llevan a la cárcel."
De acuerdo. Entras en la "comba". Ejerces de timador en casinos infectos, comienzas una vida que te hace infeliz y del pozo te sacarán Jesús y la Salvadora. Jesús con la doctrina anarquista y la Salvadora con su salvación doméstica. Vidal y el Bizco acabarán mal. Seguiremos hablando de tu salvación, Manuel.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Las palabras extraídas directamente del libro están tomadas de:
http://es.wikisource.org/wiki/La_lucha_por_la_vida_II:_080