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miércoles, 29 de abril de 2026

Rosa rosa y dos libros para un 23 de abril.

 





23 de abril: día de Castilla y de León, de San Jorge,  del libro y de la rosa. Sol en la Plaza Mayor, rosa rosa y dos libros que ya tenía pensados: "La hija" de Sergio del Molino y "Oxígeno" de Marta Jiménez Serrano. Sergio me atrapó con "Los alemanes", Marta cuando habló en la radio del enfermero del SUMMA que le salvó la vida. Los libros tiran de nosotros de muchas maneras.

El cerro de libros aumenta, ahí va la escaladora:

María Ángeles Merino Moya

Música: La vida en rosa.

lunes, 23 de abril de 2012

Locura lectora, locuras lectoras.


Hoy, 23 de abril, es un buen día para hablar de locuras lectoras. Es un fecha en que se cita mucho a  Cervantes y a su criatura don Quijote.

Los quijotescos lectores nos preguntamos:

¿Está loco el hidalgo? ¿Finge que está loco? ¿Lleva hasta sus máximas consecuencias la locura de fingir locura  y de fingir que se cree sus locuras. ¿ Finge y termina por creer su fingimiento?

 Un don Alonso que no soporta la metódica vida de un pacífico hidalgo de aldea. La "olla de algo más vaca que carnero", el palomino de los domingos, el "sayo de velarte", el  "vellorí de lo más fino", el ama, la sobrina, el galgo, la caza, su hacienda. No le basta. Se impone la huida.

Sus amados libros de caballería llenan sus ratos de ocio, vende "fanegas de sembradura" para adquirirlos, los lee todos; pero va más allá, no le basta con imaginar desde su aposento lector. Huye y  su imaginación se esfuerza en dar trazas de aventura caballeresca a todo lo que le sale al camino. Molinos, rebaños, frailes, batanes; lo que sea.

Ana Queral
Sale muy mal parado, no importa, él sigue con su fingida locura. Ya en el 1,5 un labrador vecino lo recoge muy molido pero viviendo romances. El buen hombre intenta desengañarle: “ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana”.

Porque  don Alonso conoce bien su  identidad; lo que no le impide encarnarse, cuando le place,  en sus personajes favoritos y vivir su vida.  No hay otra locura lectora que se pueda comparar a la suya. Por eso celebramos hoy el Día del Libro, en honor a Miguel de Cervantes, creador del lector más singular de la Historia de la Literatura.

Nosotros sabemos muy bien quiénes somos, y quienes no somos,  pero gracias a los libros podemos ser un poco don Quijote...o Dulcinea. O el rijoso marqués de Bradomín, o el becqueriano perseguidor del rayo de luna o de la corza blanca, o la mujer imposible  de las rimas, o el Rodrigo enamorado de la trilogía de Esquivias, o el  británico Anthony  en un  Madrid de incomprensible  preguerra civil,  e incluso el “Urtain” de Cavestany  defendiéndonos como gato panza arriba…lo que queramos. Hay miles de libros y autores esperándonos.



Aunque nuestra locura no llegue tan lejos como la de don Alonso Quijano, será una huida muy dulce e inofensiva. Nos ayudará a llevar mejor la dura realidad de estos días que vivimos.
Espero que hayáis pasado un buen Día del Libro.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

viernes, 23 de abril de 2010

¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!"


El historiador Manuel Fernández Álvarez, recientemente fallecido, dedicó toda su vida a la historia de la época en la que transcurre la existencia del autor del Quijote. En el último capítulo de su libro "Cervantes visto por un historiador" (Espasa Calpe, 2005), escribe:

"Los días finales del genial escritor lo podemos evocar muy bien por el Prólogo a su obra póstuma, "Los trabajos de Persiles y Sigismunda". Agotado por el esfuerzo, enfermo de hidropesía, con problemas en el sitema circulatorio, Cervantes trata de descansar en Esquivias, el pueblo de su mujer. Corriendo el mes de marzo de 1616, y encontrándose cada vez más maltrecho, regresa a Madrid. En el camino le ocurre con toda probabilidad el último suceso que le conmueve y que, de estar más sano, le hubiera confortado: el tropiezo con un admirador ingenuo, que se abalanza sobre él para expresarle todo su aprecio. Se trata de un estudiante desastrado en el vestir, del típico hombre que sólo vive para los libros. Montado en una burrilla, da voces a Cervantes y a los que con él iban, para que le aguardasen y le permitiesen ir en su compañía." (Manuel Fernández Álvarez,"Cervantes visto por un historiador")

Este es el Prólogo:

"Sucedió, pues, lector amantísimo, que, viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso, una por sus ilustres linajes y otra por sus ilustrísimos vinos, sentí que a mis espaldas venía picando con gran priesa uno que, al parecer, traía deseo de alcanzarnos, y aun lo mostró dándonos voces que no picásemos tanto. Esperámosle, y llegó sobre una borrica un estudiante pardal, porque todo venía vestido de pardo, antiparas, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas iguales; verdad es, no traía más de dos, porque se le venía a un lado la valona por momentos, y él traía sumo trabajo y cuenta de enderezarla.

Llegando a nosotros dijo:

-¿Vuesas mercedes van a alcanzar algún oficio o prebenda a la corte, pues allá está su Ilustrísima de Toledo y su Majestad, ni más ni menos, según la priesa con que caminan?; que en verdad que a mi burra se le ha cantado el víctor de caminante más de una vez.

A lo cual respondió uno de mis compañeros:

-El rocín del señor Miguel de Cervantes tiene la culpa desto, porque es algo qué pasilargo.

Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes, cuando, apeándose de su cabalgadura, cayéndosele aquí el cojín y allí el portamanteo, que con toda esta autoridad caminaba, arremetió a mí, y, acudiendo asirme de la mano izquierda, dijo:

-¡Sí, sí; éste es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y, finalmente, el regocijo de las musas!

Yo, que en tan poco espacio vi el grande encomio de mis alabanzas, parecióme ser descortesía no corresponder a ellas. Y así, abrazándole por el cuello, donde le eché a perder de todo punto la valona, le dije:

-Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. Yo, señor, soy Cervantes, pero no el regocijo de las musas, ni ninguno de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced; vuelva a cobrar su burra y suba, y caminemos en buena conversación lo poco que nos falta del camino.

Hízolo así el comedido estudiante, tuvimos algún tanto más las riendas, y con paso asentado seguimos nuestro camino, en el cual se trató de mi enfermedad, y el buen estudiante me desahució al momento, diciendo:

-Esta enfermedad es de hidropesía, que no la sanará toda el agua del mar Océano que dulcemente se bebiese. Vuesa merced, señor Cervantes, ponga tasa al beber, no olvidándose de comer, que con esto sanará sin otra medicina alguna.

Eso me han dicho muchos -respondí yo-, pero así puedo dejar de beber a todo mi beneplácito, como si para sólo eso hubiera nacido. Mi vida se va acabando, y, al paso de las efeméridas de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. En fuerte punto ha llegado vuesa merced a conocerme, pues no me queda espacio para mostrarme agradecido a la voluntad que vuesa merced me ha mostrado.

En esto llegamos a la puente de Toledo, y yo entré por ella, y él se apartó a entrar por la de Segovia.

Lo que se dirá de mi suceso, tendrá la fama cuidado, mis amigos gana de decilla, y yo mayor gana de escuchalla.

Tornéle a abrazar, volvióseme a ofrecer, picó a su burra, y dejóme tan mal dispuesto como él iba caballero en su burra, a quien había dado gran ocasión a mi pluma para escribir donaires; pero no son todos los tiempos unos: tiempo vendrá, quizá, donde, anudando este roto hilo, diga lo que aquí me falta, y lo que sé convenía.

¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!"

Tomado de:
cervantes.uah.es/Persiles/persilpre.htm


Espero que hayáis pasado un feliz Día del Libro, de Castilla y León, San Jorge...

Mi homenaje a Cervantes, en su día. También al historiador Fernández Álvarez, el cual comparte , en mi perfil, en el apartado de libros favoritos, un lugar junto a Miguel de Cervantes y Miguel Delibes.

Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Abejita de la Vega comenta el capítulo llenándolo de gatos y cencerros, como corresponde. Después publica la nota del Sanchico, gracias a Ele Bergón: el chaval es una nueva generación en las cosas del amor, hasta que crezca... Pero antes ha hecho un excelente paréntesis para regalarnos un emotivo recuerdo del historiador Manuel Fernández Álvarez, recientemente fallecido y que en sus últimos años se convirtió en uno de los mejores divulgadores de la historia española a través del difícil género de la biografía, enlazándolo todo con la celebración del día del libro."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0mKSVo2R3
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Gracias, Pedro, por tus palabras. Esta vez me ha ayudado el profesor Fernández Álvarez, autor de excelentes y amenas biografías de personajes históricos. Ya no me queda ningún autor vivo, en mi perfil. Pensaré en alguno que lo esté.