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lunes, 15 de febrero de 2021

Mientras descarga la tormenta, leo Húrgura de Fermín Herrero y Henar Sastre.



Mientras descarga la tormenta, las violetas

se agachan, aún más. Con las últimas gotas

se yerguen levemente, con esa timidez

sutil, bajo el espino, enterneciéndose.

Mientras descarga la tormenta, leo a sorbitos un libro de poesía: Húrgura de Fermín Herrero

Escribe el autor, en las notas del final, que sus "poemillas" han sido escritos como "como vaga imitación de los juejù dela literatura china clásica", aunque "lo único por lo que podrían relacionarse sería porque al parecer jué significa cortado" y sus versos "recurren con frecuencia al encabalgamiento"

En cuanto al título, "húrgura" es una palabra que le fascina "por su oscura eufonía alternativa" y porque le recuerda "los días y particularmente noches, criminales de invierno en los que se levantaba el cierzo ladrón tras haber nevado a modo y la cellisca, en mi pueblo cillina, cegaba, impedía desplazarse". Y sólo se conoce "a ambas laderas del puerto de Oncala, en la zona septentrional de la provincia de Soria"Húrgura con hache y en singular en su ladera, "úrguras" sin hache y en plural en la otra. 

En una tarde de húrgura, anocheciendo, venir,
cegado y aterido, hasta el poema y, luego,
en la claridad del canto, serenarse, con un solaz
de nieve y de sosiego recibir, jubiloso, el amanecer.

Puro campo soriano, lo de chino es un juego. o un cuento...chino. Húrgura es de una belleza triste, solo aliviada por la generosidad de la naturaleza y el amor a los suyos, a los que están y a los que no están. Es el paisaje personal del poeta, el de dentro y el de fuera. 

En el corral, uncir las vacas, fría
la noche. Escucho. En la cocina
la lumbre hace humo, bondad
morriña. Escucho. Así os recupero.

El lector puede componer el suyo propio. Puede hacerlo aunque no conozca el nombre de tantas flores. Aunque nunca haya estado en las tierras altas de Soria.

Acotar unos metros del ribazo y decir, 
sin tocarlas: neguillas, cabezuelas, gordolobos,
visnagas, candilejas, malvas, vezas,
milenrama, lechetreznas y arvejas. Respetarlas.


Estamos pasando una noche de verdadera húrgura, aunque sin nieve ni cellisca, agotados del ruido amenazador de la pandemia. En "la claridad del canto" nos serenamos, necesitamos entibiar "un poco la pesadumbre", que se nos pongan "los ojos pequeñitos de alegria". Las forsitias "fulgen", los pájaros se han zampado de golpe las guindas, el niño pequeño nos sorprende con su media lengua, "flotan los pétalos del pruno", "cantan los pájaros en cuanto sale el sol", las violetas se agachan y se yerguen "enterneciéndose"...

Nos enternecemos y reconocemos el dolor: el ramo de flores "enganchado a la valla de las vías", el desamparo de las manzanas heladas que es "el nuestro", "las noches más largas", el bramido del chotillo que no podrá vivir, "aquel dolor que nadie recogía", "estoy hablando de los muertos, soy de ellos","la noche sin estrellas", "la cama está muy fría"...

Y, al poeta, le vinieron estos poemas y los aireó con la maravillosa compañía de las fotografías de Henar Sastre. También sus imágenes nos serenan.

La tormenta pasará. Mientras tanto, leemos. Y tenemos a los nuestros. Entibiamos pesadumbres.

Gracias al profesor Pedro Ojeda por darme a conocer este libro en la Universidad Abierta. Y antes fue en La Acequia.

Un abrazo de María Ángeles Merino, para los que pasáis por aquí. 

Palabras en rojo tomadas de Húrgura, Fermín Herrero y Henar Sastre, primera edición, abril de 2020, editorial Páramo.

miércoles, 10 de junio de 2015

"La gratitud": Fermín Herrero con sus lectores en el Museo del Libro Fadrique de Basilea, de Burgos.


La entrada era libre hasta completar el aforo. Intervinieron, en la clausura del curso, Manuel Sancho, Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y Pedro Ojeda (Director del Club de lectura, escritor y profesor de la Universidad de Burgos)."

Allí estuve con mi cuadernillo, escuchando y tomando notas. Aquí tenéis mi pequeño reportaje. He procurado ser fiel, pero me puedo equivocar. No son fáciles los poemas de "La gratitud" y no es fácil coger al vuelo las palabras. 

Comienza Pedro Ojeda:

-Llevamos veinte días leyendo este poemario. ¿Difícil?

Fermín Herrero, una de las mejores voces de la poesía contemporánea. Una voz que ha ido trabajándose libro a libro, una voz esencial. La gratitud es el trabajo esencial sobre su paisaje  y el diálogo que el poeta establece con él. Como castellanos, reconocemos muchas cosas, muchas sensaciones sobre las que hoy tenemos la oportunidad de profundizar. Comprender esta poesía que nos puede parecer enigmática, pero no lo es, es lo más esencial del ser humano.

Y da paso a Fermín Herrero que, ante sus poemas, dice sentir ¡remordimiento!

-Cuando acabas un poema, notas que no vale para nada, lo notas al cabo de algunos días.

 Me presto a hablar de mis poemas, pero me resulta embarazoso.

La poesía tiene lectores pero no tiene público.

Poeta de poca gente, lo que escribo es para poca gente, los chicos jóvenes no me entienden. Los de mi pueblo tampoco. Los urbanitas tampoco. En Barcelona, tengo dos lectores extraordinarios que leen mis poemas a los alumnos y sienten que eso es castellano, el mejor elogio que me pueden hacer. En general, el camino elegido no tiene que conducir a tener lectores. Me han dado premios, ahora me han dado uno, es sorprendente para mí.



¿Escuchar a los alisos? ¿Chopos machadianos?




Yo no puedo escribir sobre los “álamos cantores del Duero”. En el primer poema de “La gratitud” no hablo de chopos sino de alisos. En Soria no hay alisos, sí los hay en Valladolid. Cuando yo escuché a los alisos me resultó sorprendente, un sonido desusado. El chopo tiene un sonido más espeso. . Una sensación pequeña. Rilke escuchaba a los árboles.




Me siento más a gusto en la creación que en el mundo.

Defender la poesía. La poesía, la lectura de poesía. Hoy se vende más poesía que nunca, poesía mala...

Tiene “La gratitud” un componente moral, virtudes que se han perdido.

Vuelta al pensamiento fundamental del siglo XX, volver a filósofos tapados por el nihilismo, una corriente del pensamiento que de alguna manera está en el libro. En ese camino, elegí el título. La gratitud es el punto máximo del pensamiento, dar gracias a la creación.

La poesía es una vía de conocimiento, no te hace mejor persona.

Sin embargo, Pedro Ojeda destaca el contenido moral de “La gratitud”. El ser humano no debe dejar huella negativa, por respeto ético al mundo y a la creación.



-La poesía es una enfermedad, una afección. La poesía es una manera de entender la vida "religiosa", sin ninguna de las virtudes. Incomprensible para la gente.

La prosa tiene que precisar, el escritor del poema tiene que quedar en la ambigüedad, en el misterio. 

Escribo de una manera muy rara, de golpe, no podría escribir poemas sueltos. Escribir hasta el último momento, como “rabinos desnudos hacia la muerte”.  Lo que llevo dentro, lo voy escribiendo. Cada cuatro o cinco años, vuelvo a mirar el manuscrito y no lo toco. 

-Un lector  pregunta por el poema del chopo que es álamo.


"y el mismo chopo. El mismo chopo. Que es álamo"



-El remordimiento de escribir tanto sobre árboles sin entenderlo. Lo de equivocarme de árbol es una “ventana pintada”. Como si me acercara a un árbol y viera mi ignorancia, nunca conoceré su esencia.



"Ignoro por completo la naturaleza 
de la savia, su pálpito, su sustancia. Cómo
he podido conjeturar tanto de los árboles
sin haberme jamás avecinado a sus entrañas
..."



- La poesía de Fermín Herrero no se impone al lector, te acompaña, no impone la visión, no se siente acogotado por el poeta. “Tu trabajo de huir de la metáfora”.

-“El hoyo de la poesía” es la metáfora. Enemigo de la metáfora.


-Pedro Ojeda recuerda un poema que comentó en "La acequia". Contiene una enumeración de palabras en desuso, difíciles para el lector.  Consigue Fermín Herrero, como en el mejor Machado, que el lector se empape de esa conversación interior del poeta con su propia conciencia, que va describiendo las cosas que tiene delante -el paisaje, los seres humanos- para dotarlas inmediatamente de un significado que las trasciende. 


"El sol, el acebal, el ventarrón, la bardera
de nubes, los barbechos abajo,los rebollares
de la dehesa, chaparrales, el sotillo junto
al río...

-Un lector da su visión. Ve "La gratitud" como un proceso de depuración,  hay poemas  más cerrados y poemas más abiertos. Se suprimen palabras, son tan elípticos que le parece estar delante de un cuadro abstracto. El lector va buscando significados, se tiene que conformar con las sensaciones que provocan. ¡Difícil pillar la métrica si la tiene! El lector se tiene que conformar con sensaciones, dejarse llevar por versos sueltos. ¿Solución?




-Fermín Herrero le dice que los más metafísicos no tienen solución.

-¿Y ese poema de la página 46 que habla de "disciplina" y "jardín japonés", así sin artículo? Parece un cuadro abstracto.


"Quizás la disciplina. En un país
lluvioso, jardinero japonés que supiera
escuchar a todos los árboles..."



-Para Pedro Ojeda, el lector va buscando la esencia, el rastro. La mayor parte de la poesía de hoy se entiende a la primera y él sospecha del poema que se entiende a la primera. Opta por la poesía que nos mejora, nos quita los verbos, nos quita el sustantivo. Nos lleva a releer.

-Los poemas me los dirijo a mí. Pretendo rescatar la sintaxis campesina que está hecha de elipsis, que deja las frases a medias. 

¿Cómo llegar al sentido y su imposibilidad? ¿Es posible llegar a la disciplina, al jardín japonés?Sería imposible escuchar a los pájaros. Aún siendo un jardín japonés hay que tener en cuenta la helada. 


¿Qué nos queda? ¿Disciplina o dejarse llevar por el vacío?

¿Explicar la poesía? "El fin de la poesía", como dijo en cierta ocasión, muy enfadado, José Hierro.


-"Explicar el poema, lo matas". El poema se te impone.

-Fermín Herrero: La poesía es el misterio que tienen todas las cosas.

-Pedro Ojeda tiene una pregunta encargada. El poema que comienza "Por una burra me vendieron". Sorpresa, bofetón, qué sucede, estoy en otro poemario. ¿Cómo se construye este poema? 


"Por una burra me vendieron, allá
sobre el año cincuenta. Sólo le parecía
mal a la maestrilla..."

-El poeta comenta que el poema le trajo problemas. Es una historia real que le contó una maestra de un pueblo soriano. La de una mujer, una niña, cambiada por una burra. Una mujer que no podía tener hijos se la pidió a sus padres. Un bloguero lo leyó e hizo averiguaciones, a la protagonista tal vez no le gustó...País de cabreros que ahora es país de blogueros intratables...dice. ¿Por qué este poema? Por gratitud a la creación.

-Un lector le pregunta si escribe prosa.

Empecé escribiendo cuentos, pero no valía. Escribo en "El Norte de Castilla", en el suplemento, acerca de mis escritos. "Novela no, no valgo".

- "Estamos hablando de otro mundo"

-"Mis padres no tenían ningún libro, en una generación ha habido un salto". Ser de familia humilde es una ventaja de partida, haber conocido la pobreza...

-Ese reconocimiento a las personas que nos han precedido.

-Personas que han levantado el país...

¿Alguna pregunta más? 

-"Somos ya los lectores de su próximo libro. Que no espere cuatro años".

Fermín Herrero nos firma nuestros ejemplares de "La gratitud". El mío va dedicado a una "bloggera de pro". Gracias, Fermín, fue un placer leerte y conocerte en persona; a pesar de la dificultad de tu poesía. 




Mi compañera María Jesús Caballero  le recuerda que le conoció de pequeñito, en Ausejo de la Sierra. Fermín había leído ya la anécdota en este blog, lo de Ferminito, el niño de los ojos abiertos, y la buena memoria de la hija de la maestra de Cuéllar. 

Por cierto, que por allí vimos a un niño muy guapo, muy atento a todo lo que pasaba en torno al escritor. ¿Ferminito?

Afuera, nos esperaba la lluvia. 

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


Utilizo el color azul para las palabras de Pedro Ojeda.
El color naranja para las de Fermín Herrero.

miércoles, 3 de junio de 2015

"La gratitud" de Fermín Herrero: "Aflicción"

 
"Aflicción"
 
 
Fue un placer soñar al poeta niño que escucha a los alisos y toma la medida del mundo, siempre con los ojos bien abiertos.


Lo dejamos al atardecer, con el lila de los brezos y el fulgor de la sierra solitaria. Un horizonte que da paso a la aflicción.

Leo varias veces los poemas de "Aflicción", con los oídos interiores bien abiertos. Su ritmo es pausado, reflexivo, desengañado. Busco los acentos, las pausas...las piedrecillas en el camino. Construyo mi lectura, la interiorizo, interpreto sentimientos e imágenes, todo a mi manera.

"Busco los acentos, las pausas...las piedrecillas en el camino"
 

Y, ahora que nadie me oye, recito en voz alta. Es mi versión, mi melodía. Me escucho, soy mi público. Porque recuerdo una entrada de "La acequia", de cuando leíamos a Neruda, donde  el profesor Pedro Ojeda, nos animaba a hacerlo, dado que "la poesía es ritmo". 

No sé yo...¿Habré desentrañado bien las claves rítmicas? ¿Habré seguido bien las piedrecillas? ¿Eran esas las que debía seguir?  Fermín Herrero, sin duda, puso un ritmo armónico a sus palabras. Mi lectura sigue mi ritmo, posee su música, la mía...no sé yo.

Recitar



Sentimientos, imágenes. Leo, ahora para dentro. Me recibe el verbo agriar, un verbo con un hiato que corta como cuchillo: agría.

"Cómo me agría todo, de golpe, aun
siendo lo de costumbre..."


Un sabor agrio que invade lo cotidiano. Comprendemos.

"...Conforme comprendía
que el goce y el dolor tienen la misma
naturaleza, son inseparables, no se compensan".



¿Se compensan el goce y el dolor? ¿O son hermanos inseparables?


"...Cómo
he podido conjeturar tanto de los árboles
sin haberme jamás avecinado a sus entrañas
...
...Cómo he podido conmoverme
sin averiguar si en el fondo había algo
o sólo en la corteza lo ilusorio..."


Conjeturamos de los árboles, de los hombres, tal vez de la misma poesía. Nos equivocamos.

"...la torpeza
y el mismo chopo. El mismo chopo. Que es álamo."


El chopo era un álamo. Nos ha engañado la ilusión de su corteza.

Un famoso chopo soriano ¿O es un álamo?


"De qué le vale a un hombre haber arrinconado
sus pesares, pedirle cuentas a la congoja para
salvaguardar su regocijo, hacer ceniza de cualquier
deseo, en fin, tirar de la niñez hasta volverse
boca, palabra, canto, poner en cada cosa
los ojos de chiquillo, verter su asombro...


"...poner en cada cosa los ojos de chiquillo, verter su asombro..."

¿Y si arrinconamos nuestros pesares?
¿Y si pedimos cuentas a la congoja?
¿Y si hacemos ceniza de cualquier deseo?
¿Y si nos refugiamos en el niño asombrado que fuimos?

"...De qué
le sirve si al salir de casa estuvo a punto
 de pisar tres gurriatos, caídos del tejado, todavía
en chichotas, latiendo, despanzurrados contra el suelo."

Nos detenemos, cuidado, que pisamos a tres "gurriatos...todavía en chichotas". Las palabras campesinas caídas en desuso son más contundentes. Todavía late su pequeño corazón, en su cuerpo "despanzurrado". No hay remedio.


"...Y oye el canto de la perdiz. Y se pregunta."

Oímos el reclamo de la vida. Nos preguntamos, no hay respuesta.

"...Ninguna muerte mía
aún y sin embargo están doblando
las campanas aquellos días sin resuello
porque ya quema el tiempo, aniquila."

Las campanas no dan tregua.


"Camina muy despacio y en cada verso
se silencia porque no encuentra a nadie
que responda.."

...Empieza a andar de nuevo, hormigas, las hormigas."

Sólo hormigas. Silencio. ¿Quiénes son las hormigas?


"En medio del embalse vigila la espadaña
con aire de derrumbe. El agua sube por los sardones
los arbustos parecen emerger de lo líquido..."

El agua nos cubre, no sabemos cuánto nos anega.

 
"...el río baja muy revuelto
cuando ayer mismo limpio venía, quedo
me hablaba, como no queriendo. La de veces
que le habré oído solo, completamente solo, después
de las tormentas...El corazón se aprieta una miaja
..."
 
Se revuelve, pero resiste en solitario a todas las tormentas. Una miaja.
 
 
 
Sol, acebal, ventarrón, bardera de nubes, barbechos, rebollares de la dehesa, chaparrales, chaparrales, sotillo, cañadas, tesos, barranqueras y roturos, risqueras, herbazales, tolmo, jaral, currucas y tordillos, aguilucho, torzuelo, uñagatas y mielgas, aliagas, tobas y romero. "...Nada".
 
¿Nada? ¿Todas esas hermosas palabras? ¿Estás seguro, Fermín?
 
"...Nada. Puede
que sea mi carencia su sentido"
 
 
"...Al pararme a pensar
de cuanto tuve sólo conservo su inconstancia."
 
Olvidar, sólo el transcurso es nuestra recompensa. No hay antes ni después, ahora.
 
"...En mí hablan muy despacio
las mujeres..."
 
"...como cuando el mar nos devuelve
la solidez del útero..."
 
"...aunque era largo
el sabor de la fruta verde. Cuántos años."
 
Mujer, solidez, mar, útero y el sabor de la fruta verde.
 
 
"En la quietud del pueblo está nevando. Qué tardía
su templanza, cuánto habría necesitado
escuchar a la nieve en mi mocedad..."
 
Nadie escucha la nieve en mocedad. No hay tiempo ni oídos para ello.
 
 
"...iré del rencor al desánimo hasta
que no esté para nadie. Me temo que no lograré
evitar la amargura cuando decaiga y envejezca."
 
Pero "uno se hace a todo".
 
 
"En la luna de agosto muerta
la golondrina, la primera. Un viento
oscuro, no mirar, no volver a mirar
si ya no puedes darle hálito, dejar
de lado la aflicción..."
 
 
¿Qué hacer cuando llegue el viento oscuro?
 
"En su regazo, bajo la luna llena
seguir imperturbable, ante lo atroz juntar
la nieve, hacerse niño en la rosa final"
 
 
Dejamos de lado la "Aflicción". De la mano del poeta vamos a "Razón de ser".
 
Un abrazo de María Ángeles Merino
 

Los versos en naranja están tomados de "La gratitud", Fermín Herrero, colección Visor de Poesía, VISOR LIBROS, ISBN 978-84-9895-878-2014.

miércoles, 27 de mayo de 2015

"La gratitud": "Escucha a los alisos". Escucha a Fermín Herrero.

 
 
 
Comentario en forma de pequeño relato a la primera parte del poemario "La gratitud", de Fermín Herrero: "La medida del mundo". Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Escucha a los alisos. Eres viento. Allí donde
te encuentres, sea en esta orilla o disertando
sobre el ser y la nada, eres viento...
...
 
(Inicio del primer poema de "La gratitud", Fermín Herrero, colección Visor de Poesía, VISOR LIBROS, ISBN 978-84-9895-878-2014)


 


En nuestra lectura colectiva del mes de abril, Pedro Ojeda ya nos proporcionó unas útiles orientaciones para esta lectura del mes de mayo: el poemario "La gratitud" de Fermín Herrero. Ahora me han venido bien sus precisiones porque leer poesía no es fácil, al menos no lo es para mí. El profesor nos trazó unos surcos con los cuales he ido entrando en el mundo poético de “ La gratitud”.

Pedro Ojeda nos recuerda que “La gratitud” es un poemario, una unidad, que cada poema sólo se puede entender en relación con el anterior. Que hay una unidad temática, una unidad de imágenes y una misma visión.

Que “La gratitud” es gratitud al paisaje y al paisanaje. Al paisaje que ha hecho a este soriano “hasta las cejas” que vive la tierra en unos versos que saben a tierra, a campo. Campo heredado de sus ancestros que ha de pasar a sus descendientes. Porque el hombre sólo es el eslabón de una cadena: abuelos, padres, hijos…Y debe una enorme gratitud a los suyos. Especialmente sobrecogedor, Pedro Ojeda nos comenta el dedicado a la muerte de su abuela.

Que “La gratitud” nos ofrece una visión de la vida pausada, nada acelerada.

Que las metáforas parten de los ciclos naturales y las iremos desentrañando.

Que muchas de las palabras son las propias del campo soriano.

Y, por último, que Fermín Herrero trabaja las formas clásicas de forma moderna, de manera que los versos alejandrinos no parecen alejandrinos.

 
Con los surcos trazados, leí la primera parte: “La medida del mundo”. Y no me salía un comentario convencional. Pero una soriana, una persona de especial sensibilidad, alumbró mi camino. Recordaba muy bien a Fermín Herrero…cuando era un niño. Y con su pequeña anécdota, real, breve y muy vivida, me puse a escribir este relato. Imaginé el germen de sus versos. Escrito con todo mi respeto y admiración hacia el poeta Fermín Herrero. Ella me hablaba de...Ferminito.

Ferminito está sentado en el poyo de la casa que da a la carretera. Es un niño que mira con los ojos muy abiertos, unos ojos muy inteligentes. Escuchamos a los alisos, escuchamos a Ferminito.

Ya se ha ido la maestra doña María. Han venido a recogerla en ese coche pequeñito que la lleva a la capital. Se va con las otras maestras, las de los pueblos de aquí cerca. Me dicen que soy un niño muy bueno y muy observador. Siempre pregunto.

Se va doña María porque nadie se queda en Ausejo de la Sierra, mi pueblo.

Solo los que vivimos aquí, qué remedio, como viven padre y madre, y el abuelo y la abuela, y los padres del abuelo y la abuela...Y sigue una cadena hacia atrás que no tiene fin. ¿O sí?
Ahora que doña María se ha ido, entro en casa, madre me dejó la merienda encima de la mesa de la cocina. Un trozo de hogaza y unas nuececillas de la huerta, qué ricas. Lo envuelvo en el pañuelo y me voy junto a mis amigos los alisos, esos árboles que pierden sus tirabuzones, los amentos, como dice doña María.


Me gusta escucharlos, juego con ellos a ser viento, yo también soy viento y le ayudo a mecer las hojas. Aliso, alisio, un árbol que es casi un viento. Me escucho, me hago compañía. Junto al río, pienso en los que ya no están. “Gratitud”, me dicen, no olvides la gratitud a los tuyos, les debes mucho.

No me verá el plantón de encinas que están poniendo en la ladera de la loma...

Le debo mucho a mi abuelo, que puso el plantón de encinas en la loma. Mi padre puso otro para mí. Y yo pondré otro para mi hijo, y mi hijo para el suyo. Habrá sombra y escondite para todos. Es una cadena, yo soy un eslabón, nada más. Es-la-bón, creo que lo digo bien". Pasamos todos. En un libro de la escuela, he leído que "lo nuestro es pasar". Lo dejó escrito un poeta de Sevilla que vivió en Soria.


Si has de hablar, que no sea como
los cuervos que parecen siempre cabreados...

 Oigo a los cuervos, "siempre cabreados". Habrán tirado alguna borrica muerta en el muladar. Estarán contentos por la comida, pero no lo parecen. En casa me dicen que no hable nunca enfadado o me pareceré a esos pájaros negros. Y que tenga mucho cuidado el día en que tenga que hablar más allá del monte, donde nadie me conocerá.

Madre me avía cada mañana, con cariño calienta la muda junto a la chapa, para que no la sienta tan fría. Me colma ese calor sobre mi piel. Se las ve muy negras a veces, el tiro no tira, dice.

El sueño de la hierba se renueva en los prados
aunque ya nadie saca el dalle...
 
Sueña la hierba, el dalle la siega y se renueva. El sudor hace que crezca más bonita, como cuando me cortan el pelo.

Hay que seguir: cualquier respiro, cualquier
pasión ganada al tiempo...

Hay que seguir. Padre me dice que todo es un misterio. Pero hay que seguir.
 
Al lado de la antigua yesería, un talud
de media luna donde anidan las cornejas...


Me acerco a los escombros de la yesería. Las cornejas salen de sus huecos en revuelo y me gruñen. Ni caso. Sorprendo a un conejo que huye a su madriguera, salta entre colchones arqueados. Al conejo le gusta lo blando, qué cómodo el conejo. A mí también me gusta hundirme hasta las orejas en mi colchón de lana.

 
En lo blando, en lo muelle, donde fuere más útil
horadar el refugio, acurrucarse...

 
Me gusta acurrucarme en lo blando, acocharme y huir del peligro. No tengo miedo si padre está cerca.
 
En la niebla cerrada, espesándose, como una aparición
as vacas, tan campantes...
 
Como las vacas tan campantes, aunque oigan los disparos de la caza. Las veo espesarse entre la niebla y como si nada. Los buitres, sí. Veo cuatro buitres a ras de los matorrales. Los sabuesos aúllan tras los acebos y se oyen disparos sueltos. ¡Pum! Cae la presa.

¡Qué bonito cuando sale el sol! . Primero a corros, después se alzan los rastrojos, asoman los chopos del Rulaque, el humo envuelve al pueblo.

Por los altos, al comenzar noviembre, un blancor
prematuro, el destemple en las manos, un zarzagán
que afeita en seco...


¡Pronto habrá nieve en los altos! En noviembre, un blancor allá arriba, las manos destempladas y el zarzagán que afeita en seco, como dicen los hombres de por aquí. Muchas veces tengo que apretar el paso, porque me distraigo y se echa la noche encima.


Nieve en los altos sorianos

La leña verde echa un humo negrísimo
y le cuesta prender si prende...
Llego a casa, padre echa leña seca a la chimenea, de la que no cuesta prender.
 
 
Porque la leña verde echa un humo negrísimo y le cuesta prender, si prende. Y no hay ardimiento, no hay iluminación. Hay quien tiene que usar leña verde. La leña verde se parece a las palabras falsas.
No diré del otoño la elegía sino
su austeridad. Y su remanso...
Me gusta el remanso del otoño. Los árboles se deshojan lentamente. Las hojas se caen como si volaran, dan vueltas y vueltas antes de llegar al suelo. Las sigo con la mirada.
Este año se han adelantado las aguas. Las aguadas han deshecho las huellas que dejaron mis zapatos. Padre me dice que un día ya no quedará nada de nuestros pasos en la tierra. Oigo caer la lluvia, junto a la ventana.

Me gusta la lluvia y el olor de los membrillos que madre pela despacio, despacio.
Casi siempre, si llego, es muy cansado
y sin preguntas, roto...
El sol se apaga y yo me apago. Pero...en la luz de poniente, estará brillando como nunca el color lila de los brezos. ¡El fulgor que despide a la sierra! Fulgor qué bonita palabra, la encontré ayer en el diccionario gordo de la escuela.
Fulgor del atardecer
¡Adiós sierra! Hasta mañana. Volveré a tomar medidas al mundo, a mi mundo. Pequeño pero es el mío. Cuando sea mayor, escribiré de el, con palabras como las de los poetas, como el de Sevilla.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Mi agradecimiento a mi compañera María Jesús Caballero que recordaba muy bien a Fermín Herrero. Ella es la hija de una de las maestras que recogía a doña María, en el coche pequeñito, cree recordar que era un seiscientos. Allí, sentado en el poyo de una casa junto a la carretera, Fermín Herrero tomaba las medidas a su mundo.
Los versos en naranja están tomados de "La gratitud", Fermín Herrero, colección Visor de Poesía, VISOR LIBROS, ISBN 978-84-9895-878-2014.