Comentario a mi lectura de las páginas 126 -136 de "Sonata de estío", de Valle Inclán, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
Acompañamos al de Bradomín y a la Niña Chole, bien escoltados, entre arenas, cactus y jacales miserables. Asoman " mujeres cobrizas, con la tristeza transmitida, vetusta, de las razas vencidas". El narrador, un marqués español ya anciano, no abandona la heredada arrogancia del vencedor.
Ya puesto el sol, divisan una aldea india. Una bella pintura en rojo y en azul, un toque de blanco polvoriento y el amarillo de los maizales:
La aldea está "silenciosa y humilde", "dormida"; tan solitaria como aquellas "remotas aldeas abandonadas al acercarse los aventureros españoles". Aquellos conquistaron las Américas, él emprende la de la Niña Chole.
"Un enorme nido de zopilotes", o sea buitres, en el campanario de la iglesia pregona el abandono de la aldea, la sutil ironía anticlerical de Valle, o ambas cosas.
"Distraidos en plática galante" llegan al convento de las "Comendadoras Santiaguistas", donde van a hospedarse.

Una monja donada les conduce a la hospedería. Atraviesan "un claustro sombreado por oscuros naranjos", el cementerio de las religiosas. Oímos sus pasos sobre sepulcros olvidados y el llanto de la fuente. Nos sorprenden unas lucecillas danzando en la oscuridad, es el cortejo de las "moscas de luz". La muerte y la vida:
Una monja donada les conduce a la hospedería. Atraviesan "un claustro sombreado por oscuros naranjos", el cementerio de las religiosas. Oímos sus pasos sobre sepulcros olvidados y el llanto de la fuente. Nos sorprenden unas lucecillas danzando en la oscuridad, es el cortejo de las "moscas de luz". La muerte y la vida:
"Sobre los sepulcros, donde quedaban borrosos epitafios, nuestros pasos resonaron. Una fuente lloraba monótona y triste. Empezaba la noche, y las moscas de luz danzaban entre el negro follaje de los naranjos."
Tras el "largo son" del manojo de llaves, el marqués se presenta con su título. Cuando la Madre Abadesa finalice su larga plática con el Señor Obispo , podrá conocerla. Aquí acaba su ruta y cumplirá un voto.
La monjita se derrite ante tanto señorío y pregunta si "la Señora mi marquesa también". La Niña envía una mirada burlona. Responden a dúo el "también, hermana, también". Se quedan solos, él le besa la mano y la Niña se alarma repentinamente:
" ¡Téngase por muerto como recele algo de esta burla el general Diego Bermúdez!"
Pero la alarma cesa pronto y participa gustosa en la burla.
Pero la alarma cesa pronto y participa gustosa en la burla.
Con tan ilustres invitados, ha de aparecer pronto la Madre Abadesa," flotante el blanco hábito", con la roja cruz de Santiago, como una reina; como una papisa diría yo."Amable y soberana" saluda en latín. Blanca y rubia, con un "hermoso aspecto de infanzona", nacida en Viana de Prior... pertenece a un antiguo mayorazgo desaparecido. En su tierra gallega conoció a un Marqués de Bradomín muy anciano...sí, el abuelo de este que tiene ante sus ojos.
La criolla Niña Chole duda cuando la Madre le pregunta por su origen más o menos español. Él, para ayudarla, ha de inventar " toda una leyenda de amor, caballeresca y romántica".
La protagonista de la triste y falsa historia sepulta "el rostro entre las manos sollozando con amargo duelo". La abadesa se emociona y utiliza su escapulario como abanico para darle aire.
Salen al poético jardín cerrado, a la luz de la luna; aquí los mirtos venerables se llaman arrayanes, las tortuosas sendas forman el laberinto y llora una fuente:
"El jardín estaba amurallado como una ciudadela. Era vasto y sombrío, lleno de susurros y de aromas...oscuros arrayanes bordados por blancas y tortuosas sendas: La luna derramaba sobre ellas su luz lejana e ideal como un milagro."
La "Marquesa" desea calmar su sed en la fuente. Se lo impiden dos legas, es agua bendita y sólo la Comunidad tiene bula papal para beber el agua que vierte un angelote meón. La ridícula situación nos pinta una sonrisilla.
"¡Es agua santa del Niño Jesús! Y las dos legas, hablando a coro, señalaban al angelote desnudo, que enredador y tronera vertía el agua en el tazón de alabastro por su menuda y cándida virilidad."
El marqués asegura con socarronería que la marquesa tiene bula también para eso. Y ella bebe aplicando los labios al santo surtidor. ¿Un sacrilegio?
La Madre Abadesa pregunta ruborosa si hay que disponer otra celda para el marqués. No será preciso, acompañará a la Marquesa, tan medrosa, la pobre. La superiora manifiesta su respeto por aquellos que Nuestro Señor une con "santo lazo". Y el incorregible Bradomín siente " la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fue sólo la tentación". Tan bella, con su blanco hábito. Estamos ante un don Juan, aunque sea feo, católico y sentimental. Y una religiosa queda muy bien en su relación de conquistas.
Por fin llega a la celda nupcial, "espaciosa y perfumada de albahaca". Afuera "el argentado azul de la noche tropical destacaba negras y confusas las copas de los cedros." Los árboles oscuros son los pensamientos oscuros.
Entreabre "el blanco mosquitero con que se velaba pudoroso y monjil, el único lecho que había en la estancia."
La Niña Chole duerme, en sus labios "aún vagaba dormido un rezo". Se inclina para besarlos, ella se despierta "sofocando un grito". A la pregunta de qué hace usted ahí, él repone: "Reina y señora, velar tu sueño." Le recuerda "sus derechos conyugales, reconocidos por la Madre Abadesa". ¿Conyugales?
Enojada, repite:
"¡Oh!... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermúdez!"
Sonríe, ella monta en cólera, le pone en la faz " sus manos de princesa india, manos cubiertas de anillos, enanas y morenas, que yo hice prisioneras" . Se las oprime hasta que lanza un grito, se las besa. Ella solloza, se deja caer sobre las almohadas. Él no intenta consolarla, siente "un fiero desdeño lleno de injurias altaneras". Sonríe para disimular el temblor de sus labios. Apoyado en la reja, contempla "el jardín susurrante y oscuro".
El grillo canta, llama a su hembra. La niña Chole solloza apagadamente, él se conmueve a ratos.
En el silencio de la noche, dobla una campana del convento. La Niña le llama, es "la señal de la agonía". Se santigua devotamente.
Él se acerca a su lecho. Ella exclama que "alguien se halla en trance de muerte". Él le toma las manos y amorosamente le dice si acaso fuera él. Le sugiere la presencia, en el convento, del general Diego Bermúdez.
Grita ¡no! ¡no!, él "le oprime las manos", ella llora. Él quiere "enjugar sus lágrimas", ella suplica, se queda sin voz. Se queda mirándole, "temblorosos los párpados y entreabierta la rosa de sus boca". La campana sigue, "lenta y triste". La brisa les trae aromas del jardín.
Cesa la campana y la besa. Parece consentir. De pronto, la campana dobla a muerto. La Niña Chole grita y se refugia en sus brazos.
Sus manos comienzan a "desflorar sus senos". Ella suspira, entorna los ojos y celebran, por fin , lo que él llama "nuestras bodas". "Siete copiosos sacrificios" ofrecen a los dioses, ha triunfado la vida sobre la muerte.
Miedo al infierno o miedo a un padre marido. La vital Niña Chole de la "Sonata de estío" no me parece tan distinta a la moribunda Concha de "Sonata de otoño" ; pero eso no ha pasado todavía, aunque ya esté escrito.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Pedro Ojeda dice en "La acequia":
"Mª Ángeles Merino ilumina los primeros tiempos de la relación entre la Niña Chole y el Marqués de Bradomín, subrayando todas las contradicciones reflejadas en el texto de Valle y la personalidad de los protagonistas..."
La protagonista de la triste y falsa historia sepulta "el rostro entre las manos sollozando con amargo duelo". La abadesa se emociona y utiliza su escapulario como abanico para darle aire.
Salen al poético jardín cerrado, a la luz de la luna; aquí los mirtos venerables se llaman arrayanes, las tortuosas sendas forman el laberinto y llora una fuente:
"El jardín estaba amurallado como una ciudadela. Era vasto y sombrío, lleno de susurros y de aromas...oscuros arrayanes bordados por blancas y tortuosas sendas: La luna derramaba sobre ellas su luz lejana e ideal como un milagro."
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| Arrayán o mirto. |
La "Marquesa" desea calmar su sed en la fuente. Se lo impiden dos legas, es agua bendita y sólo la Comunidad tiene bula papal para beber el agua que vierte un angelote meón. La ridícula situación nos pinta una sonrisilla.
"¡Es agua santa del Niño Jesús! Y las dos legas, hablando a coro, señalaban al angelote desnudo, que enredador y tronera vertía el agua en el tazón de alabastro por su menuda y cándida virilidad."
El marqués asegura con socarronería que la marquesa tiene bula también para eso. Y ella bebe aplicando los labios al santo surtidor. ¿Un sacrilegio?
La Madre Abadesa pregunta ruborosa si hay que disponer otra celda para el marqués. No será preciso, acompañará a la Marquesa, tan medrosa, la pobre. La superiora manifiesta su respeto por aquellos que Nuestro Señor une con "santo lazo". Y el incorregible Bradomín siente " la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fue sólo la tentación". Tan bella, con su blanco hábito. Estamos ante un don Juan, aunque sea feo, católico y sentimental. Y una religiosa queda muy bien en su relación de conquistas.
Por fin llega a la celda nupcial, "espaciosa y perfumada de albahaca". Afuera "el argentado azul de la noche tropical destacaba negras y confusas las copas de los cedros." Los árboles oscuros son los pensamientos oscuros.
Entreabre "el blanco mosquitero con que se velaba pudoroso y monjil, el único lecho que había en la estancia."
La Niña Chole duerme, en sus labios "aún vagaba dormido un rezo". Se inclina para besarlos, ella se despierta "sofocando un grito". A la pregunta de qué hace usted ahí, él repone: "Reina y señora, velar tu sueño." Le recuerda "sus derechos conyugales, reconocidos por la Madre Abadesa". ¿Conyugales?
Enojada, repite:
"¡Oh!... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermúdez!"
Sonríe, ella monta en cólera, le pone en la faz " sus manos de princesa india, manos cubiertas de anillos, enanas y morenas, que yo hice prisioneras" . Se las oprime hasta que lanza un grito, se las besa. Ella solloza, se deja caer sobre las almohadas. Él no intenta consolarla, siente "un fiero desdeño lleno de injurias altaneras". Sonríe para disimular el temblor de sus labios. Apoyado en la reja, contempla "el jardín susurrante y oscuro".
El grillo canta, llama a su hembra. La niña Chole solloza apagadamente, él se conmueve a ratos.
| Grillo hembra. |
En el silencio de la noche, dobla una campana del convento. La Niña le llama, es "la señal de la agonía". Se santigua devotamente.
Él se acerca a su lecho. Ella exclama que "alguien se halla en trance de muerte". Él le toma las manos y amorosamente le dice si acaso fuera él. Le sugiere la presencia, en el convento, del general Diego Bermúdez.
Grita ¡no! ¡no!, él "le oprime las manos", ella llora. Él quiere "enjugar sus lágrimas", ella suplica, se queda sin voz. Se queda mirándole, "temblorosos los párpados y entreabierta la rosa de sus boca". La campana sigue, "lenta y triste". La brisa les trae aromas del jardín.
Cesa la campana y la besa. Parece consentir. De pronto, la campana dobla a muerto. La Niña Chole grita y se refugia en sus brazos.
Sus manos comienzan a "desflorar sus senos". Ella suspira, entorna los ojos y celebran, por fin , lo que él llama "nuestras bodas". "Siete copiosos sacrificios" ofrecen a los dioses, ha triunfado la vida sobre la muerte.
Miedo al infierno o miedo a un padre marido. La vital Niña Chole de la "Sonata de estío" no me parece tan distinta a la moribunda Concha de "Sonata de otoño" ; pero eso no ha pasado todavía, aunque ya esté escrito.
Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Pedro Ojeda dice en "La acequia":
"Mª Ángeles Merino ilumina los primeros tiempos de la relación entre la Niña Chole y el Marqués de Bradomín, subrayando todas las contradicciones reflejadas en el texto de Valle y la personalidad de los protagonistas..."




