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lunes, 15 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón: Amor, felicidad y culpa (4)


-¿Por dónde íbamos, María Ángeles?

-Quedamos en que íbamos a hablar de Feli, un personaje muy interesante. Trabaja como limpiadora en la residencia de ancianos donde Valeria Santaclara tiene habitación doble, abarrotada con sus muebles y "fruslerías". Sus compañeras se quejan de la cuádruple labor pero Feli, "se ofrece para hacerlo, y entra en aquel santuario de soledades como quien se introduce en una iglesia, reverencial y hasta fervorosa, consciente de que entre aquellas paredes se cobijan historias..."



-"Será por historias", "vidas enteras", cada cuarto las alberga, como la de la dueña de la mercería, la de la 104 que acaba de quedar libre: un bultito de un puñado de kilos que antaño fue "oronda y alegre" y con un "deseo caníbal"Un embrión de novela en ocho líneas. La noche que no paró de llover es una novela preñadísima de relatos.

"Y Feli, que en sus ratos libres, cuando le coinciden los turnos, va a un taller literario quiere conocer los detalles de la novela que podría escribirse con la vida de Valeria Santaclara...También quiere saber qué diablos contiene ese sobre cerrado que Valeria acaba de sacar de su bolso..."

-El misterioso sobre, el que vio aquel martes que "la Marquesa" volvió echando pestes de la lluvia y los taxistas, escrito "con tinta azul un poco desvaída y caligrafía de colegio de monjas". El que rezaba: "Para Valeria. El perdón.". Subrayado dos veces.

Y su propia vida, su historia familiar con el "maldito matrimonio", el "maldito/bendito divorcio "y alguna que otra cosilla"...No le faltará material convertible en literatura, que Feli tiene "muchísima imaginación", "un regalo cuando la vida se empeña en darte hostias".

"...especialmente cuando eres pequeña"

-Porque, a los ocho años, sin que nadie se lo explicara, Felicidad empezó a llamarse Feli, porque tenía esa edad cuando la felicidad desapareció de su casa:

-"...un coche que invadió el carril por el que volvían a casa..."

-Su desgracia se enreda con la de otros personajes. Esta es una novela de memorias y las memorias se enredan como zarcillos y mira qué casualidad. 

-Los cuartos que limpia albergan "vidas enteras" pero no eligió trabajar allí para cazar historias, no, eso no, sino que tuvo que coger ese trabajo porque cerró la agencia de viajes, a quién se le ocurre en tiempos de internet, y se fue de los grandes almacenes, "hasta el gorro del jefe de departamento", "un grandísimo gilipollas"

Era una buena vendedora, sin embargo, capaz de asegurar, impasible, las bondades milagrosas de las cremas de doscientos euros. Algún día escribirá sobre el "grandísimo gilipollas"...


"No necesita, pues, para la prometedora carrera de escritora que sabe que tendrá algún día, conocer las vicisitudes que se alinean en los días y los años que ha vivido los ancianos de la residencia."

-No, que a veces le cuentan como recuerdos propios lo que acaban de ver en "Amar en tiempos revueltos" o en alguna famosa película. Como se descuide Laura Castañón, Feli le escribe la novela. Esta y unas cuantas más. 

-Le encantaría dedicarse solo a atrapar historias y escribirlas. Le da mucha rabia cuando no puede ir al taller literario, aunque no hable. Aplicada, toma nota de lo que dice Rafa y se siente su cómplice cuando zanja las "gilipolleces" de "...poetas cursis y vanidosos, la tipa aquella que lo utiliza para ahorrarse la terapia, los letraheridos y los listos". El taller sería un horror si no fuera por la sonrisa y profesionalidad del profe. Para Feli, que además cuida de su padre inválido, la escritura y la complicidad son un gran respiro. 

-¿Amores?

-Feli no ha querido saber nada de hombres desde su divorcio pero ahora ha empezado a mirar a Guille "y lo ve mono". Con barba y melena, tiene la carrera de Historia y sobrevive como dependiente en Fnac mientras trata de sacar tiempo para escribir un libro sobre la represión en Gijón tras la guerra civil, tema que le apasiona o le obsesiona. Le habla de su abuelo Esteban que fue enfermero en el hospital de la Caridad y Feli puede verlo "como en una película antigua con rayaduras y cortes la secuencia". 



-Con Guille, Feli encuentra la memoria histórica y el amor:

"...en el piso de Guille donde hace un rato el aire era jadeos y los besos una torrentera, cuando le dijo con la inocencia del amor recién nacido, y la osadía del superhéroe que nunca fue, voy a hacer que recuperes tu nombre, y voy a hacer que sea para siempre, y Feli piensa que puede oír la amenaza de los aviones, los cañonazos del Cervera desde el mar..."

Guille le habla "de unos días juntos en algún sitio", Feli lo mira como una niña que contempla "la muñeca más bonita del mundo en un escaparate imposible". No puede ser: su padre, una silla de ruedas, una dependencia, "una tristeza interminable". 

Y la acompaña al autobús y "ahora él le habla de una sorpresa, de algo que no le ha dicho y quiere que vea, y algo de la novela que van a escribir juntos, y entonces ella se detiene y se pone frente a él y lo hace callar con un beso en la boca". Le da un sobre escrito y dos fotos:

"Ahí tenemos un montón de personajes, y si los miras bien, todos ellos tienen una historia que están deseando contar."

-A Feli le apasiona el mundo antiguo y encorsetado de Valeria y, a través de Guille, lo que sólo era materia literaria va a convertirse en materia histórica que va a desembocar, con dolor, qué casualidad, en su memoria personal...y en la de Valeria. 

-Feli nos va a dar una sorpresa en la novela cuando abra la puerta de su pasado...¡Esta novela está en un tris de parecer otra cosa! 

-Como dijo Pedro Ojeda en la Sala Polisón:

"Tenemos todos un pasado, algunos varios pasados, varias puertas que no queremos abrir y ese pasado se nos viene encima y nos damos cuenta de que hemos llevado una vida falsa. ¿Qué sucede si un día abrimos esas puertas? ¿Cómo nos podemos reconciliar? ¿Cómo queda nuestro pasado? Hay que volver al pasado para seguir adelante. Ahora hay una obsesión de vivir en presente, pero tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado. Todo eso está en la tetralogía de Laura Castañón."



-Hablar, escribir...el lenguaje nos permite conocer y conocernos, reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestra vida. Todos tenemos un sobre, una puerta que no nos atrevemos a abrir. Y de la misma manera, a nivel colectivo, como nación. Es bueno que las obras literarias se ocupen de la reconciliación. ¡Hay tantos sobres todavía! 


Homenaje a los fusilados en Estépar (Burgos)

Como pusiste en los títulos, esta es una novela de amor, felicidad y culpa.  ¿No crees, María Ángeles?

-Sí, amiga Austri. Amor con mayúsculas que padece dudas, temores e inseguridades. Amor que exige renuncias, sacrificio, sí eso que ya no se lleva nada. Pensemos en la maternidad de Enma y de Laia que tendrán que dar la vuelta a sus esquemas. 

-¿Homo o hetero? Qué más da, es amor. 

-Felicidad, hay muchas maneras de entenderla, los personajes de esta novela son buena muestra. Incluso hay Valerias que van por el mundo vestidas con una coraza sucedáneo de felicidad. 

-Y muchas Feli en busca de su nombre completo, que piensan en la felicidad como un escaparate imposible. Esperemos que haya Guilles para todas ellas, o ellos.  

-Culpa, muchos sentimientos de culpa: por el mal que infligimos de forma deliberada, por el que jamás imaginaríamos haber causado y por el que creímos ocasionar sin que fuera así. 



-Y perdón, tras la culpa. De Gadea no hemos hablado y es un personaje que me gusta mucho, como antagonista de Valeria. 

-Habría mucho que hablar todavía de La noche que no paró de llover. ¡Cuando venga Laura Castañón a Burgos!

Gracias, Austri, por tu ayuda y compañía. No sé si me querrás acompañar por el México desolado de Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

-Lo pensaré.

Un abrazo de María Ángeles Merino


miércoles, 10 de enero de 2018

"La literatura calienta las almas". Crónica de un encuentro lector en la Sala Polisón. Leandro Pérez y Laura Castañón (1).



Pequeña crónica del encuentro del Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda, con el escritor Leandro Pérez. El club de lectura presencial es sostenido por Alumni Burgos (antes, Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos).

Ayer, 9 de enero de 2018, a las cinco de la tarde, en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, el Club de lectura de La Acequia, junto al público en general, disfrutamos de un encuentro con el escritor burgalés Leandro Pérez, autor de la novela La sirena de Gibraltar. Estaba previsto como un acto conjunto, con dos novelistas leídos recientemente: Leandro Pérez y la escritora asturiana Laura Castañón, autora de La noche que no paró de llover, que no pudo asistir por razones climatológicas y de comunicaciones. Echamos mucho de menos a Laura, de la que teníamos grato recuerdo de cuando dejó las cosas en sus días y nos convenció.

Leandro Pérez nos habló de su novela, con la génesis y los personajes. Disfrutamos con su amena exposición y con la de Pedro Ojeda que destacó los aspectos más brillantes de la obra. Nuestro profesor puso la rúbrica al acto con la frase: "La literatura calienta las almas". Estamos de acuerdo.


Manuel Sancho Echevarrieta, presidente de Alumni y buen lector, nos dio la bienvenida a esta Sala Polisón, "escenario de las intrigas de nuestra juventud". Nos animó a participar y a seguir leyendo, agradeciendo  la asistencia. 

La tarde que no paró de llover...y nevar.

Toma la palabra Pedro Ojeda Escudero que se dirige al público allí presente:

No hay nada como convocar cosas como éstas para que venga el invierno de verdad, nuestro agradecimiento a Manolo que acoge siempre con tanto cariño la reunión del Club de lectura.

Las actividades programadas para el Club de Lectura se ofrecen en abierto, sentíos invitados a todo lo que hagamos, a través de Alumni. No es un círculo cerrado sino que todos podéis proponer libros y actividades. La hoja del club, este año, se nos presenta muy abundante, estad atentos. Leeremos el próximo Premio de la Crítica de Castilla y León, no es que se sepa ya el ganador, no seáis malos. También participaremos en la Feria del Libro. Va a ser un año con bastantes actividades que se rematarán con viajes.

Hoy tenemos el privilegio de tener a Leandro Pérez, novela que leímos antes de la de Laura, con el intermedio de la excursión a Valladolid para el homenaje a Zorrilla, un día mágico que todos recordaremos.




Pido disculpas en nombre de Laura Castañón que se ha asustado, los medios de comunicación han asustado para estos días. Se compromete a venir en cuanto el tiempo se regularice. Conocemos ya sus dos primeras novelas, enseguida tendermos su tercera novela y ya está escribiendo la cuarta. Hablaremos de Laura Castañón. 

Dos novelas muy diferentes, la de Laura y la de Leandro, las dos actuales. Una novela negra de misterio, otra llena de vida, ¿misterio? No quiero estropear la lectura a quien no la haya leído porque en La noche que no paró de llover tenemos el misterio de Valeria, aunque no sea una novela de misterio. 

Secretos 

Es una novela compleja estructuralmente, hay una complicidad con los personajes, se escribe como se habla, los personajes no paran de hablar, la escritura como terapia, como forma de autoconocimiento, escribir ayuda a comprendernos, los personajes van a la escritura como forma de ir entendiendo. 



Tenemos todos un pasado, algunos varios pasados, varias puertas que no queremos abrir y ese pasado se nos viene encima y nos damos cuenta de que hemos llevado una vida falsa. ¿Qué sucede si un día abrimos esas puertas? ¿Cómo nos podemos reconciliar? ¿Cómo queda nuestro pasado? Hay que volver al pasado para seguir adelante. Ahora hay una obsesión de vivir en presente,  pero tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado. Todo eso está en la tetralogía de Laura Castañón. 

Publicada en buenas editoriales, Alfaguara y Destino, está creciendo en lectores y en crítica. De la tercera novela he tenido acceso al borrador y es todavía mejor que la segunda. Ahora está en deuda con nosotros. Disculpas de su parte, se ha asustado ante las dificultades para volver a Gijón. Su salud, su enfermedad, cinco horas metida en un coche...Recuerda, Laura, que tienes deuda con nosotros.

Ahora quiero disfrutar de la persona que está con nosotros: Leandro Pérez.

Continuaré, en otra entrada, con la crónica. Pedro Ojeda y Leandro Pérez rajaron lo suyo. A teclear, María Ángeles. 

"La literatura calienta las almas", Pedro Ojeda dijo.

Un abrazo para los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino


jueves, 4 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" más una pintura y unos versos.

Soledad y lluvia. Óleo a la espátula de Agustín Merino

La noche que no paró de llover.
Toda la noche extendida en agua.
Tanta era la sed del asfalto y del cemento.
De las almas atrapadas en cúbicas formas, 
creyéndose cobijadas, protegidas.
Siendo realmente presas.
Mientras cantan letanías
y salmodias que hablan de su condena.
Bajo un desamparado cielo, 
sin un redimir de luna.
(Agustín Merino)

"Sonríe y respira, y yo me digo, pero cómo va a ser, si ya han pasado tantos años, y sin embargo sé que es esa noche porque oigo la lluvia, no para de llover." 
(Laura Castañón)



miércoles, 3 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón: Amor, felicidad y culpa (3)



"Y fue entonces cuando, justo después de doblar la esquina en Marqués de Casa Valdés con Ruiz Gómez y haber echado un vistazo imprescindible al escaparate de la tienda de mascotas, descubrió que la mujer, tan alta, tan erguida, tan delgada y con la mirada impaciente de quien no está acostumbrada a esperar, justo delante del portal, tenía que ser Valeria Santaclara."(Ver Google Maps)
-¿Por dónde íbamos, María Ángeles?

-Nos quedamos en el Ne me quitte pas de Enma. La enamoradísima Enma sueña con la felicidad total, al lado de Laia Vallverdú, "la tía más valiosa, más inteligente del mundo", la de la  inolvidable "sonrisa de la noche aquella"; pero teme, está insegura, no cesa el "runrún que pone en sordina la felicidad":

"Tengo esa sonrisa grabada en la memoria, porque en ella cabía un universo entero."

"...lo cierto es que no termino de sentirme bien del todo, porque a veces el número de chispitas de sus ojos se reduce de un modo alarmante y a mí me asusta que no sea feliz. Que eche de menos Madrid y su trabajo. Que lamente estar aquí. Que no le guste la lluvia. Que no termine de encontrar su espacio. Que no le guste yo tanto como ella me gusta a mí."

Nos dan ganas de decirle a nuestra amiga Enma que no nos tache lo principal.



-¡Y que no siempre ha de ver tantas"chispitas" como las de "la noche aquella"! Si el "runrún" apaga algunas, paciencia, que el amor las volverá a encender. Esta chica desearía la felicidad de dos ratones sentados en un queso y mordiendo de otro. Antes nos decían que después de "la vida y dulzura" venía "la esperanza nuestra". 

-Vaya, ahora sales con una advertencia viejuna, tomada de una oración católica. Yo le aconsejaría, por qué no, seguir el refrán: "Mientras dura, vida y dulzura". "Carpe diem" y fuera el "runrún". No es fácil, pero se puede intentar...a ratos. Lo dicho, Enma, a seguir con tu máster de felicidad. Y no te amargues con la báscula, que la 44 es una talla muy normal en España. 



-Venga, vamos a la consulta que Laia ha abierto, con ayuda de Enma, en un pequeño apartamento de la Plazuela de San Miguel. Allí acude Valeria Santaclara, una paciente: "tan alta, tan erguida, tan delgada...el pelo cuidadosamente cardado...con la barbilla desafiando a cualquier confesión...parecía, a pesar de su edad, que sin duda era muy avanzada, sacada de un catálogo de moda de señora de alguna de las firmas de El Corte Inglés". 

-Las caras: Ralph Lauren, Lasserre...No habíamos hablado de marcas de ropa desde Cicatriz, aquella novela de Sara Mesa. ¿Te acuerdas? Nada que ver con esta.

-Sí, aquel Knut hubiera necesitado una legión de psicólogos y de psiquiatras, nada que ver; pero la ropa de marca marca mucho  y Laura Castañón va mucho más allá de los "trapos" cuando escribe: 

"Antes de sentarse esa segunda vez se había quitado la gabardina de color beis, y que seguramente era de Ralph Lauren, y había procedido a doblarla cuidadosamente. Con el jersey de angora de color crema, la falda recta de cuadros en tonos marrones y las botas hasta la rodilla y medio tacón, sentada en el borde de la mecedora, con la barbilla desafiando a cualquier confesión."
-La buena señora nos deja en suspenso, en aquella primera consulta, cuando con labios temblorosos y ojos llenos de lágrimas, anuncia que volverá el próximo martes, que "hoy no es un buen día". Y, ante el silencio de la psicóloga, deja sobre la mesa tres billetes de cincuenta euros, casi el doble del precio estipulado. 

-Es algo caro, me han dicho que suelen cobrar entre cincuenta y noventa euros; pero no es eso lo extraño. Lo que nos chirría un poco es el gesto de ambas. A las señoronas como Valeria las veo yo preguntando, con cierto remilgo, como si hablar de dinero fuera de mal gusto: cuáles son sus honorarios. ¡Y no suelen confesar que tienen "dinero para aburrir"! De Laia me extraña que no diga ni mu, tal vez no acierta a reaccionar; aunque el dinero le viene muy bien para no depender tanto de Enma. La escritora tendrá sus razones, que los personajes hijos suyos son, aunque los lectores los recreemos cada uno a nuestro estilo. Y habrá tantas Laias como lectores tenga la novela. 

-¡Todos tenemos en mente a alguna señora mayor, rica, soberbia y estirada! Pero doña Valeria no se parece a ninguna de esas en que pensamos. 

- La gente de su generación no cree en psicólogos y es más de curas, mas ella sabe muy bien lo que quiere, que de la sotanas no se fía: 

- "¿Cuál es el motivo de la consulta?

...Se levantó...y se acercó hasta el balcón que daba a la Plazuela; desde allí, después de mirar brevemente hacia fuera, se giró y consideró la estancia como midiéndola.

-Este era mi cuarto.

La sorpresa de Laia quedó enseguida anulada por el alivio que le proporcionó entender de golpe aquel comportamiento extraño"

-¡Es su antigua casa de la Plazuela de San Miguel! Está sentada justo en el lugar de su cama. ¿Su infancia?

"Éramos las niñas de organdí y terciopelo..."


-Cree que viene...porque necesita armarse de valor para abrir un sobre donde su hermana Gadea, ya fallecida, escribió: "Para Valeria. El perdón". Lo que necesita, en realidad, es alguien que la escuche, para entender, entenderse:

-"Vives muchos años, y ya ves, total para qué: para que no te quede nadie y para tener que acabar comprando con dinero a alguien que te escuche y que te ayude a desentrañar qué fue de toda esa vida que se acumula en todos estos años."

-En la residencia de Valeria, trabaja Feli: la cuarta voz , la limpiadora, alumna de un taller de escritura que sueña y huye de una vida triste y escudriña vidas ajenas para armar relatos. ¡Qué interesante es la habitación de doña Valeria! 

"Y Feli, que en sus ratos libres, cuando le coinciden los turnos, va a un taller literario, quiere conocer los detalles de la novela que podría escribirse con la vida de Valeria Santaclara. "

-Cuatro personajes femeninos que nos hablan de amor, de felicidad o de culpa y nos salpican con la lluvia de sus palabras. Y Guille, el novio de Feli comprometido con la memoria histórica y Richi el hermano gay de Enma, sí también. Todavía no hemos escrito palabras como homosexual, gay o lesbiana. ¡Ni falta que hace para hablar de amor con mayúsculas!

-Y Frida, la mascota, perrita, también del género femenino. Y no te olvides de la mamá de Enma, la que no se entera:

"...no, no, mamá, cómo se te ocurre, voy a vivir con una amiga."

"...porque lo que en realidad tendría que estar diciendo era que mira, mamá, que mejor llamas, no sea que en una de esas entres por la puerta y equivoques la ocasión y nos halles labio a labio en el salón, comiéndonos la boca, vaya, y quien dice la boca, dice lo que sea."

-Lo que sea. Gracias, Austri. Continuaremos enseguida con Feli que es un personaje muy interesante. 

Como veis, mi amiga y yo vamos muy despacito, superando el bache de la semana pasada. De lo que se trata es de pasarlo bien escribiendo sobre los libros que nos gustan. 

Un abrazo de María Ángeles Merino
Y Austri.


viernes, 29 de diciembre de 2017

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón. Amor, felicidad y culpa (2).


Un ratito de felicidad este verano.

Comentario a la novela La noche que no paró de llover, de Laura Castañón. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. En forma de diálogo con Austri, mi fiel compañera de lecturas.

¡Hola, visitantes de mi blog!

Aquí me tenéis, que no arranco con la entrada y la semana pasada la pasé en blanco. 

En la del día 13 de diciembre, me echó una mano mi amiga Austri para, tal y como comentó Pedro Ojeda, lanzarme "a todo pulmón con la novela de Laura Castañón comenzando por el recuerdo del encuentro que tuvimos los lectores con ella a raíz de su primera novela...los resortes para abrir La noche que no paró de llover".

"El lector curioso" ya tenía los resortes y Austri nos adelantó algunas pinceladas en su ataque de "bocachanclez": "pareja, temores, amor, familia, consulta psicológica, memoria histórica, taller de escritura, intriga, sentimientos de culpa, tal vez un asesinato, maternidad, Gijón casi como un personaje...". 



-Llevas días y días dando vueltas a lo que quieres escribir, tienes por ahí varios borradores. Sé que disfrutaste de la lectura, en verano, y de la relectura, en invierno. Hemos pasado horas comentando, que qué amorosa Enma, con su diario forrado de violetas victorianas, un poco cursi tal vez, gordita pero nada que ver con Bridget Jonesque si Laia lee a Spinoza, en verdad que es necesaria la fría razón para escuchar a doña Valeria; que verbalizar sus culpas la humanizó y redimió, solo amó a su sobrina y la perdió, no conoció el orgasmo, a no ser con el guaje aquel, uy no, una señorita de ciudad, cada uno en su sitio; que Feli, la limpiadora encuentra en la literatura el rastro de la felicidad perdida en un accidente...Sin embargo, ahí estás estancada y tu blog sin entradas.

¿Me dejas ahora extenderme un poco? 

-Te dejo, Austri. Mira, podemos dar nuestra visión de la novela, y disfrutar con ello, para eso lo hacemos; pero nuestro papel es contar sin contar. No quisiera que algún posible lector, por nuestras torpes palabras, se desmotivara y dejara "de leer como si escucháramos" a Laia, a Enma, a doña Valeria y a Feli. Comienza:

-El lector entra "de puntillas" en la primera página y encuentra un sueño nítido, con un soñador culpable y un muerto viviente soñado, mientras "no para de llover":

"A veces sueño que respira"

El relato onírico atrapa y empuja hacia el misterio: 

"...que nunca tendrá una vida, porque yo lo maté"



-El lector se queda pensativo. Tal vez hojee y ojee, en busca de más microrrelatos sibilinos como el de la página 9, delatados por la cursiva; pero es mejor que pase a la siguiente página, donde un narrador omnisciente le va acercando a Laia, en su lucha con el viento y la lluvia, en el barrio de La Arena

-Laia es una psicóloga catalana que comienza, con amor y muchas dudas, en Gijón, una nueva vida junto a la gijonesa Enma, de la misma profesión; porque muchas cosas se le vuelven del revés, como su paraguas arcoíris. ¿Recuerdas la portada de Dejar las cosas en sus días, de la misma autora?

"Porque el paraíso, de eso Laia estaba segura, no podía estar en las calles del barrio de la Arena y sus corrientes de viento inclemente y lluvia asesina."


-Pasamos a la primera persona. Escuchamos a Enma que se nos embala en su diario, con su catarata amorosa de ilusión : 

"...la promesa de un tiempo de olas y besos, de libros compartidos y palabras, de olor a bizcochos en el horno y atardeceres cómplices con el sol ocultándose detrás de la iglesia de San Pedro, de saltar del jueves hasta el sábado, bebiendo juntos café para dos, la vida en buena compañía, fumando un bocadillo a medias, haciendo broma con las cosas serias. Mucho más felices dónde va a parar."


-El más completo cuadro de la felicidad, el soñado por Enma. La canción de Paloma San Basilio también ayuda a expresarlo, aunque los bocadillos se fumen. 

 Nos conmueve su temor al abandono:

"Y la miré y empecé justo lo que no quería ni debía hacer: a confesarle mi amor inquebrantable, a decirle que no me dejara, a suplicarle que no se fuera. A jurarle que yo haría cualquier cosa, que entendería lo que fuera necesario, que haría los cambios precisos, para que no se fuera. Añadí que era la mujer de mi vida. Y que yo quería estar todos y cada uno de mis días a su lado, Y que no me dejara. Que por favor no me dejara...Hablaba y hablaba, y mi cabeza iba a su aire tratando de traducir la letra del Ne me quitte pas..."

CONTINUARÁ

-Austri, si te parece, dejamos la entrada así y seguimos en otra. Gracias por tu ayuda.


Felicitamos el año a todos los del club de lectura y a todos los que nos visitan. 

Un abrazo de María Ángeles Merino.

Y Austri. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

"La noche que no paró de llover" más el recuerdo de "Dejar las cosas en sus días". Cuando estuvimos con Laura Castañón. (1)


Comentario a la novela La noche que no paró de llover, de Laura Castañón. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. En forma de diálogo con Austri, mi fiel compañera de lecturas.

-Comienzo una nueva aventura lectora, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, y me parece un reencuentro con una vieja amiga. Recuerdo aquella tarde lluviosa, del 26 de febrero de 2014, en que la escritora estuvo en nuestra lectura colectiva, en la Sala Polisón del Teatro Principal, y nos cautivó con sus palabras, enlazadas con las apreciaciones de nuestro profesor, previamente atrapado.

Pedro Ojeda y Laura Castañón (26 febrero 2014)

Mi cuaderno de notas fue mi aliado, a falta de agenda Moleskine. Mi letruja de escribir deprisa atrapó parte de lo que allí se decía.

Pedro Ojeda nos decía que Dejar las cosas en sus días era su primera novela, aunque no lo pareciera; que estábamos ante una novela para un público amplio: los amantes de las intrigas familiares o también, y sobre todo, los que buscan una literatura bien escrita, con sentimientos y emociones.



-También La noche que no paró de llover, su segunda novela, puede gustar a un público muy amplio, no le faltan ingredientes: pareja, temores, amor, familia, consulta psicológica, memoria histórica, taller de escritura, intriga, sentimientos de culpa, tal vez un asesinato, maternidad, Gijón casi como un personaje...

Muchas emociones y sentimientos. Enma se embala y ahí no hay punto y seguido, algo muy bien explicado por nuestra amiga Carmen Ugarte.

"Ne me quitte pas! "Ne me quitte pas! ¡Es tanto su amor y tanto su temor! La abrazaríamos, de puro tierna. ¿Qué hace Laia que no nos la tranquiliza? ¡Que deshaga el malentendido de una vez! ¡Que no, doña Valeria, que es usted la envidiosa y no la envidiada! ¡Y abra el sobre de una vez! ¡No me parece mucho el precio que le cobra la psicóloga Laia por largar sus miserias!


En este momento, me doy cuenta de la presencia de mi amiga Austri, la que me suele ayudar con los comentarios a las lecturas del club. Sufre un ataque de "bocachanclez", como diría uno de los personajes de la novela.

-Austri, amiga, no te embales tú tampoco, que a los lectores no les ha dado tiempo. Ya has hablado más de la cuenta.



-¡Hola María Ángeles! No ha sido mi intención hacer "spoiler", sólo se me han escapado algunos temas que desarrolla, con acierto, La noche que no paró de llover. Se me olvidaba la lluvia, no sólo el agua que cae gozosamente del cielo asturiano. Llovía aquella noche como en "Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville..."

-En aquella noche y en otras, Austri, no paraba la lluvia del corazón. Veo que te acuerdas bien de las clases de francés del Insti.

- No te interrumpo más. Me hubiera gustado estar aquel día escuchando a Laura Castañón. Sigue con el recuerdo y tus apuntes.

-Sigo. Pedro Ojeda le preguntó por qué, en un momento de su vida se puso a escribir.

Laura nos definió el éxito: “que los lectores hayan disfrutado”. Un objetivo conseguido con la publicación de su primera novela en 2013. Nos contó, con una sonrisa, que escribe "desde siempre", que a los cuatro años ya redactaba unos cuentos que su madre tiene bien guardados.

Escritora siempre; pero las clases impartidas en los talleres literarios, la tutela de las historias escritas por sus alumnos, “vampirizaron" todo lo que podría haber escrito. Luego llegaron las actividades profesionales y un ritmo de vida acelerado que hubo de frenar ante la enfermedad: fibromialgia y fatiga crónica. 



-Un hachazo que cambió su vida.

-Y aprendió a hacer “patchwork”. Y, cosiendo trocitos de tela para conseguir un todo armónico, surgió la necesidad de escribir una novela. El primer pedacito fue aquel paseo por la carretera de Reballines, al lado de Bustiello. Aquella casa, al lado del río. Su madre le explicó que allí vivían las señoritas de Pomar, que tenían billar y biblioteca.

¿Biblioteca? Fascinante. Laura fantaseó desde aquel momento, quiénes eran aquellas señoritas, qué hacían, cómo era su vida.



Con las señoritas de la casa de Pomar, empezó Dejar las cosas en sus días.

-Pero las señoritas de Pomar no están en la segunda novela. 

-Sí, tenemos a  una de las hermanas: Paloma Montañés. La anciana Valeria, la del sobre misterioso, habla de su amiga Paloma, muerta recientemente. Había coincidido con ella en la residencia de ancianos.  Se conocían desde los tiempos de la posguerra, cuando ambas vivían en París. 

-¿Es Paloma la mujer de la portada, rodeada de enormes amapolas?

"...en torno a los ojos se le formaban unos círculos oscuros que yo creo que tenían bastante que ver con la pena, o la nostalgia de lo que habían dejado aquí en España." (página 209)


-Puede ser, a juzgar por las parchetas de la cara. También aparece de puntillas el personaje de Aida, la sobrina de Paloma; recordarás de la primera novela, la que reconstruye el pasado...Ahora es amiga de Enma y paciente de Laia. Son personajes que viajan de un libro a otro, a la manera galdosiana, aunque tal vez la escritora las retome en otra novela...se me ocurre. Paloma tenía mucha fuerza como personaje.

-¿Y Bustiello, el pueblo minero "burbuja", donde don Benito Montañés dirige la vida de los obreros, en nombre del paternalista marqués de Comillas? 

-Ese es un universo que en la segunda novela desaparece completamente. Ni siquiera se nombra. Ahora hay otros. 

Laura también nos contó su acceso al mundo editorial, algo que siempre había considerado imposible. Todo empezó cuando dejó su novela a un amigo, relacionado con dicho mundo. La leyó, le gustó, la envió a Alfaguara y le comunicó que Alfaguara quería publicarla. Recibió la noticia con extrañeza porque siempre fue escritora,  sin conciencia de serlo. 

Considera que ha comenzado tarde y Pedro Ojeda le replica quijotesca y caballerosamente: Cervantes escribió el Quijote a una edad equivalente a lo que hoy serían noventa años. Y la novela exige cierta edad. 


Siempre supo que el camino hacia la publicación de un libro es muy difícil. Cuando dirigía a sus alumnos, escritores en ciernes, les decía "mándalo", a pesar de saber del peregrinaje que sufren los autores de editorial en editorial. Ella escribía para gente próxima, con mucha libertad, sin disciplina, escribía cuando tenía ganas. Aquel amigo, Gabi, impresionado, lo envía a Alfaguara, "quieras o no quieras". Cuando lee "acaban de llamarme de Alfaguara", le parece un "correo de hadas". 

-Una buena profesora que anima y no desanima. 

-Mi amiga Luz del Olmo, la del blog "En un acorde azul", le preguntó: ¿Por qué los párrafos tan largos". Nos explicó que los del pasado, que corresponden al narrador omnisciente, le salieron más largos, en un estilo de principios de siglo. Los del presente son más funcionales, más cortos; pero no fue consciente, el mundo del pasado le pedía construirlo de una forma menos directa. 

Luz del Olmo, Laura Castañón y María Ángeles Merino.

En La noche que no paró de llover hay también párrafos especialmente largos. Ya señalaste cuando Enma se embala y ahí no hay punto. En esta segunda novela, más bien parece obedecer a la "oralidad": como si nos estuvieran contando la historia cara a cara. Es así como lo ven Carmen Ugarte y Pedro Ojeda. 

-Parece que tienes a Enma a tu lado, en su casita de Richmond, digo en Gijón.

-También la preguntaron por sus referentes. La respuesta: leer mucho, aunque ahora lee menos, no sabe si hay algún referente que haya sido más que otro. Ha leído mucho a García Márquez, Muñoz Molina, Martín Gaite, Ana María Matute, novela norteamericana, novela policíaca, de todo hay algo. Lo que no quiso es caer en el realismo mágico.

-Peligro que se corre cuando se lee mucho a García Márquez. 


-Y acabamos preguntando por la próxima novela y una posible continuación. Nos contestó que, a medida que la novela iba creciendo, se iba dando cuenta de que había una trilogía. Nos informó de que  la segunda ya estaba en marcha, con más dificultad, más despacio, más responsabilidad. Ya tenía 120 páginas antes de salir la primera, en ese momento llevaba escritas 50 páginas más.

-170 páginas. Hasta cuando Enma canturrea:"Buscando en el baúl de los recuerdos...". O lo cambió, los escritores hacen y deshacen...

-Nos anticipó que no se resolvían grandes misterios, que había cruce de personajes y de  relaciones, que se trataban zonas en sombra. Nos anticipó: Paloma en París. 

-Poco sabemos de lo que hizo Paloma en París, en La noche que no paró de llover nos deja sombra suficiente para otra novela. ¡Sería bienvenida!


- Aquel día escribí, para cerrar la entrada:

"Comentaremos la segunda, cómo no. Y queda emplazada para nuestras lecturas colectivas: la presencial y la virtual."

La estamos comentando y, en enero, veremos de nuevo a nuestra amiga, la escritora Laura Castañón. Será una alegría. 

-Yo la veré y escucharé por primera vez. ¡Encantada!

-Luego te entra la timidez y te escondes, Austri, que te conozco. 

Nos pusimos en fila para la firma de libros. Charlamos brevemente mientras nos escribía las dedicatorias.


Con todo el cariño, Laura, a tus personajes y a tu historia. 

Un abrazo de María Ángeles Merino

miércoles, 26 de febrero de 2014

"Dejar las cosas en sus días". Laura Castañón estuvo en nuestra lectura colectiva y nos cautivó.



Comentario a la novela "Dejar las cosas en sus días", de Laura Castañón. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. 

Es un día lluvioso en Burgos, 25 de febrero de 2014. Hoy, no recorro el camino del Parral para ir a la lectura colectiva, en la Biblioteca Central de la UBU. El recorrido es urbano, llegamos al reloj del "Morito",  lugar tradicional de cita para los burgaleses que peinamos canas. Va  a tener lugar a las 16.30, en el Teatro Principal, en la Sala Polisón. 



En la última entrada, con un espíritu geométrico muy ajeno a mi personalidad, muestro mi visión acerca de  algunas caras que presenta el poliedro “Dejar las cosas en sus días” y concluyo con los primeros saltos en el tiempo que Laura Castañón nos hace vivir, a los que llamo aristas.

Son unas sábanas bordadas por las hermanas Montañés las que nos transportan al desengaño amoroso de la periodista Aida, mujer de nuestros días. Y el interés de don Benito en bautizar a su hija con el nombre del casi santo marqués, circunstancia que  recorre kilómetros cronológicos y aterriza en la negativa del grupo popular del Ayuntamiento de Gijón a desacralizar la iglesia de la Universidad Laboral para convertirla en centro de interpretación; política de ahora mismo. Nada que ver. ¿O sí? Sí, algo tiene que ver, los integristas religiosos son intemporales.

Y os prometí seguir con las aristas, mas no pienso hacerlo, me olvido de buscar costuras. Porque ayer, en la lectura colectiva que realizamos mensualmente, contamos con la presencia real de la escritora, Laura Castañón. Y tuvo lugar en el mismo edificio en que soñamos las inquietudes paradisíacas de los personajes de la trilogía de Óscar Esquivias: el teatro Principal. ¿Recordáis el Salón Rojo en que se reunía la flor y la nata de la sociedad burgalesa en el 36? Nosotros nos reunimos en la Sala Polisón, muy próxima. Y nuestras inquietudes eran literarias que no golpistas.


Allí, Laura nos cautivó con sus palabras, mucho más interesantes que mis divagaciones. Y, además, se nos ofrecían enlazadas con las valiosas apreciaciones de nuestro profesor Pedro Ojeda. 

Mi cuaderno de notas es mi aliado, a falta de agenda Moleskine. Mi letruja de escribir deprisa atrapa parte de lo que allí se dice. 

 Comienza Pedro Ojeda:

Es su primera novela, “aunque no lo parezca”. Tras años y años dirigiendo talleres de creación literaria, la Literatura no le es ajena y se nota. Estamos ante una novela para un público amplio: los amantes de las intrigas familiares o también, y sobre todo, las que buscan una literatura bien escrita, con sentimientos y emociones. ¿Por qué en un momento de su vida se pone a escribir?

Laura nos define el éxito: “que los lectores hayan disfrutado”. Objetivo conseguido con la publicación  de su primera novela en 2013. Pero escribe desde siempre, a los cuatro años ya redacta unos cuentos que su madre guarda…nos cuenta con una sonrisa. 


Escritora siempre;  pero las clases impartidas en los talleres literarios, la tutela de las historias escritas por sus alumnos, “vampirizaron" todo lo que Laura podría haber escrito. Luego llegaron las actividades profesionales y un ritmo de vida acelerado que hubo de frenar ante la enfermedad: fibromialgia y fatiga crónica. Y aprende  “patchwork”. 


Y ,uniendo trozos de tela para conseguir un todo armónico, surge la necesidad de escribir una novela. El primer pedacito, muy importante, fue aquel paseo por la carretera de Reballines, al lado de Bustiello. Aquella casa, al lado del río. Su madre le explicó que allí vivían las señoritas de Comar, las de Pomar, que tenían billar y biblioteca. 


¿Biblioteca? Fascinante. Laura fantasea desde aquel momento, quiénes eran aquellas señoritas, qué hacían, cómo era su vida.

Ya en la adolescencia, la escritora toma conciencia de las características de la zona donde vive, entre los concejos de Mieres y Aller, una burbuja en medio de los movimientos revolucionarios. Algo que nos cuesta entender fuera de Asturias, donde relacionamos siempre al principado con la épica de la minería y la revolución. Porque allí el dueño fue el Marqués de Comillas que ejerció el llamado "paternalismo industrial", al margen de los sindicatos obreros. Sólo funcionaba el Sindicato Católico, promovido por la empresa.


El Marqués era hombre de creencias muy firmes. Sus obreros habían de ser buenos obreros y buenos cristianos. Deseaba crear un poblado ideal, una sociedad ideal, con sus viviendas obreras y su "huertina". El patrón interviene en la vida de los personajes, todo tiene que ser como él quiere.

 Laura tuvo acceso, en su adolescencia, a un libro de actas que redactaba diariamente el jefe de los guardas jurados, una especie de policia alternativa. Toda la vida del poblado estaba reflejada allí, de todo se tomaba nota. Quién iba a la taberna, quién blasfemaba, quién estuvo en un mitin, qué mujer de minero se había peleado en el lavadero, increíble. Todo recogido en unos papeles perdidos que la escritora lamenta no haber fotocopiado. 



A continuación, pasa a hablarnos del acceso al mundo editorial, algo que ella siempre había considerado imposible. Todo empezó cuando dejó su novela a un amigo, relacionado con dicho mundo. La lee, le gusta, la envía a Alfaguara y le comunica que Alfaguara quiere publicarla. Recibe la noticia con extrañeza porque siempre fue escritora aunque sin conciencia de serlo. Considera que ha comenzado tarde y Pedro Ojeda replica quijotesca y caballerosamente: Cervantes escribió el Quijote a una edad equivalente a lo que hoy serían noventa años. Y la novela exige cierta edad. Vienen las preguntas.

Nuestro compañero Paco Cuesta, el de "El Alfoz", agradece a la autora "su equilibrio y su forma amable", al tratar a los dos Españas.


Paco Cuesta, foto tomada de "La acequia".

 No es una novela sobre la guerra civil, pero es inevitable, la guerra juega un papel importante...El lector, ante una novela poliédrica, ha de resolver el puzzle.




Entre el público asistente, hay quien opina que "Dejar las cosas en sus días" hace lo contrario, que no deja las cosas en sus días. Para Laura el título es una duda, una pregunta, no una afirmación. Nos cita la canción del dúo Víctor y Diego, de los años 70.  Y recuerda que algún blog, de los nuestros, la reprodujo. Creo que se refería a "El cuento que no es cuento", de nuestro amigo Pancho.

Le preguntan si se siente identificada con Aida. Contesta que sí, que es inevitable, que comparte cosas: profesión de periodista, tiene una edad parecida, algo más joven. Mas no hay tanta afinidad  como pueda parecer. Nos aclara que su vida familiar no tiene nada que ver con la de Aida. Comparten detalles como la Moleskine roja e ideológicamente tiene puntos en común, aunque  no todos.

¿Y el final? El final tiene que ver con el juego del lector, puesto que le ha sido suministrada información que el personaje no tiene. Y por fin, "la traca final" y la duda planea. Busca su complicidad  para que haga su propia composición. ¿Es mejor dejarlo así o no?

A Pedro Ojeda le gusta especialmente el personaje del médico. don Efrén, y pide una novela sobre él. En realidad, ocupa pocas páginas y, en un principio, su figura era solo paisaje pero a la autora se le impuso la fuerza del personaje. Lo llevó a cenar con el marqués en la casa de Pomar, era un comensal más, invitado como persona de importancia, pura cortesía. Pero don Efrén se puso a hablar, tomó personalidad. Y la escritora, que iba a llamarlo José, tuvo que buscarle otro nombre menos corriente.

Lo mismo le sucedió con Camino, que sólo era fruto de la necesidad de buscar un ama de cría para Claudia. Pero tuvo que explicar que era viuda y cómo se quedó viuda. Camino crece y Efrén crece, se pone de manifiesto la consistencia de estos dos personajes. Porque un personaje se impone al autor y lo lleva. Y Pedro Ojeda, para demostrarnos su consistencia , nos lee en la página 40 el pasaje en que el médico mira con deleite a Camino en misa, con el rabillo del ojo pero:

"Efrén Rubiera conocía de memoria cada pliegue, cada curva, la longitud exacta de los brazos, el modo en que el cuerpo se movía obedeciendo las diferentes posiciones exigidas por la liturgia..."

Alguien plantea si fue Efrén un cobarde, unos dicen que sí, otros que no; yo le afearía su hipocresía. 




Después pasamos al tema de la edición. Siempre supo que el camino hacia la publicación de un libro es muy difícil. Cuando dirigía a sus alumnos, escritores en ciernes, les decía "mándalo",  a pesar de saber del peregrinaje que sufren los escritores de editorial en editorial. Ella escribía para gente próxima, con mucha libertad, sin disciplina, escribía cuando tenía ganas. Aquel amigo, Gabi, impresionado, lo envía a Alfaguara, "quieras o no quieras". Cuando lee "acaban de llamarme de Alfaguara",  le parece un "correo de hadas".



Mi amiga Luz del Olmo, la del blog "En un acorde azul", le pregunta: ¿Por qué los párrafos tan largos". Nos explica que los del pasado, que corresponden al narrador omnisciente, le salieron más largos, en un estilo de principios de siglo. Los del presente son más funcionales, más cortos. Pero no fue consciente, el mundo del pasado le pedía construirlo de una forma menos directa. 

Otra lectora, nuestra amiga Carmen, le comenta el fragmento que más le emociona. Es aquel en que Camino está en su cocina y le comunican la muerte de su marido Xelu, en la mina. Carmen asegura que nunca había leído algo que expresara mejor el dolor. Las vecinas que la rodean, las flores blancas del vestido con flores que se teñirán de negro, el grito, algo bellísimo y emocionante. Laura nos comenta que mujeres de la cuenca minera  sintonizan con ello. Al final, al firmar los libros, le comento a la escritora cómo me había emocionado el testimonio de nuestra compañera de lectura. La escritora me dice que ese pasaje había llamado también la atención de la escritora Rosa Montero.

La siguiente pregunta será: ¿Cuáles son tus referentes? La respuesta: leer mucho, aunque ahora leo menos, no sabe si hay algún referente que haya sido más que otro. Ha leído mucho a García Márquez, Muñoz Molina, Martín Gaite, Ana María Matute, novela norteamericana, novela policíaca, de todo hay algo. Lo que no quiso es caer en el realismo mágico, peligro que se corre cuando se lee mucho a García Márquez. Eso último lo añado yo...


Y acabamos con: ¿Y la próxima novela? ¿Continuación? 

A medida que la novela iba creciendo, se daba cuenta de que había una trilogía. Nos informa : la segunda está en marcha, con más dificultad, más despacio, más responsabilidad. Ya tenía 120 páginas antes de salir la primera, ahora tiene 50 páginas más.

Nos anticipa que no se resuelven grandes misterios, que hay cruce de personajes y de  relaciones, que se tratan zonas en sombra. Y sabremos que hizo Paloma en París. 

Luz del Olmo, Laura Castañón y María Ángeles Merino

Comentaremos la segunda, cómo no. Y queda emplazada para nuestras lecturas colectivas: la presencial y la virtual. Nos ponemos en fila para la firma de libros. Charlamos brevemente mientras nos escribe las dedicatorias. Nos despedimos, ha sido un placer.

¿Y el final? ¿La "traca"? Tal vez escriba una carta a Andrés Braña...

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino