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miércoles, 19 de septiembre de 2012

"El lector de Julio Verne" (1). Frío y calor.


La escritora Almudena Grandes nos presenta  su libro "El lector de Julio Verne"como "una novela de aventuras", donde no falta un personaje como el John Silver de " La isla del tesoro", aunque sin loro. ¿Sólo eso? Comencemos nuestra lectura colectiva, nuestra aventura.

Leemos la primera línea: “La gente dice que en Andalucia siempre hace buen tiempo”. Tras hacer añicos el tópico, acompañamos a Nino en su descubrimiento del mundo insospechado que se oculta tras las paredes de la casa cuartel donde vive, los riscos de la sierra y las páginas de los libros. Un niño de nueve años, hijo de un guardia civil, en 1947, en un pueblecito al pie de la sierra sur de Jaén, donde anida la guerrilla de "Cencerro”, la resistencia antifranquista.

 
Nuestro aventurero desbroza su nuevo mundo conducido por los mejores guías: Pepe el portugués, Julio Verne, la maestra doña Elena y el tesoro de los libros. Un forastero misterioso, un profético escritor y  una maestra represaliada con su antológica  biblioteca en cajas de fruta. Tras la singular expedición, caminamos los lectores de un “lector”, como en una aventura quijotesca.


“Pero en mi pueblo, en invierno, nos moríamos de frío”. Y el primer frío se personifica y nos mete de cabeza en el relato. Un tarde de octubre o noviembre bajamos al río a jugar con Nino. Un viento "cruel y delicado como si estuviera hecho de cristal" baja silbando de la sierra. Se le antoja "perseguirnos por las callejas y arañarnos la cara con sus uñas de cristal como si tuviera alguna vieja cuenta que ajustar con nosotros". Salda su deuda a la madrugada, cesa"empachado de sus propia furia". Cae la primera helada, se instala un prematuro invierno.

El hielo cubre el patio del cuartel "con una gasa blancuzca y sucia", el frío nos obliga a refugiarnos en la habitación de Nino. Su nariz, "apéndice helado, casi ajeno", se ha despertado antes que él. Metemos la cabeza entera "bajo las sábanas calientes, ablandadas de calor", volvemos a dormir.  El calor gana efímeramente la batalla. Una luz, una voz, un beso maternal. "Nino, arriba".

Todos los días comienzan igual, pero la "primera helada" lo cambia todo. Se mira al monte con preocupación. Eso en otras casas; en la suya, en sus tres habitaciones cuarteleras, la madre  deja "de estar para bromas", no soporta el frío, quién le mandaría casarse con "este".

Fuensanta de Martos

Porque en su pueblo de Almeria, siempre hay calor. Nino tuvo la oportunidad de comprobarlo, en marzo viajó hasta allí, una boda...Tras "el palmo de nieve" del día de la partida, conoció el "verano perpetuo" 
almeriense y la raíz del mal humor materno;  aunque  descubrió que "las cosas no son como parecen". Allí "había pobres mucho más pobres que nosotros",  se alegró de ser de tierra adentro.Porque en los montes no brotan bellas adelfas, sólo florecillas insignificantes, pero hay conejos, truchas, cangrejos, miel, agua, refugio...muchas cosas "para quien sepa encontrarlas". Por eso están llenos de gente y por eso hay tantos guardias en Fuensanta de Martos.



La nieve sucia y medio deshecha  le recibe tras el viaje, dos nevadas más, un verano "caluroso y seco". Antonino, adulto, recuerda bien 1947. Volvemos a aquella primera helada  del otoño.


"El hielo no esperó a diciembre, pero mi madre sí lo esperaba a él". Entramos con Nino en la cocina, tiritando, asombrados del primer zarpazo del frío. Su madre "refunfuña como de costumbre". Sonríe y le muestra "una funda nueva, dos trozos de manta susperpuestos, cortados a la medida  de una botella de gaseosa". Rellena de agua hirviendo, irá con ella a la escuela, donde no hay otro medio de calefacción, aparte de la estufa que monopolizan el maestro y sus huesos. Un abrazo, ya es un chico mayor,  a los pequeños sólo se les permite llevar una piedra caliente, "liada en trapos". Para la escuela y para la cama, otra categoría de ser niño.



Ya es de noche, Nino abandona feliz el "paraíso de la cocina". Chimenea, fogón  y brasero, sabiamente administrados por una mujer friolera. Desea probar el calor de la botella en la cama. "Y, sin embargo, aquella noche no pude dormir".

¿Qué es lo que desvela a Nino?

Frío otra vez.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino
Las palabras de color naranja están extraídas textualmente del libro "El lector de Julio Verne", de Almudena Grandes, Barcelona, ediciones Tusquets, 1ª edición, marzo 2012.