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domingo, 13 de abril de 2014

Los jicarazos de don Torcuato porque "todo el mundo tiene ganas de matar a alguien"



Digresión químico pedagógica. Exposición IES "Diego Porcelos".

Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

"Tampoco eran deleznables sus saberes de química, y corría la voz de que en el sótano de su casa escondía un laboratorio clandestino en el que obtenía sutiles e indetectables venenos: como que, cuando los de Villasanta de la Estrella dieron jicarazo a un arzobispo liberal, despacharon a Castroforte una comisión secreta para que obtuviera de don Torcuato el bebedizo…Esto fue...después de haberse corrido la fama de que la mujer de don Torcuato había sido enviada al otro mundo mediante una sencilla taza de café con leche. Los que suponen que la fortuna de don Torcuato procedió de la industria clandestina de venenos...le atribuyen la idea de que todo el mundo tiene ganas de matar a alguien y de que siempre hay alguien que le quiere matar a uno, lo cual, comercialmente explotado, puede producir en un período de tiempo relativamente corto un número de muertes cuyo cálculo resulta en apariencia arduo...doña Mercedes Fandiño mató a su amante para, sobre su cuerpo muerto, reconciliarse con su marido; don Armando Valeiras se deshizo limpiamente de su hijo con el mismo veneno que éste  tenía preparado para enviarle al otro mundo y heredarle; la octogenaria Micaela Vizoso, ya que sus fieles criados Fermin y Pepa no la precedían en el uso de la muerte, forzó el Destino y les pagó un entierro de primera; la señorita Piluca Cerdido...dio el pasaporte definitivo a su novio Carlitos porque la quería demasiado y era una lata; el sereno nocturno Celedonio Dacuña Prego envió al otro barrio a su colega Cresconio Dapena Dorrego...porque había luna aquella noche y Cresconio no se había dado cuenta, Celedonio le invitó a un carajillo y..."

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)


Mis saberes de química sí son deleznables, se sitúan a nivel de crucigramas y se basan en aquellos rudimentos de la tabla periódica que me enseñó en el "Mendoza" cierta profesora cuya esquela pude leer recientemente en el "Diario de Burgos", últimamente tropiezo con las esquelas de mis viejos profesores; era la  Física-Química elemental que cursé nada más comenzar los setenta, cuando el dictador no había padecido ni siquiera la flebitis.  Y don Torcuato, no, don Torcuato no tenía flebitis, solo padecía de rijosidad, enfermedad que el Generalísimo no padeció en su vida, que lo suyo, lo de don Torcuato, eran los venenos, los cuales obtenía auxiliado por sus nada deleznables saberes de Química. De los saberes de Química de don Francisco no sabemos nada, ni falta que hace.



Los de Villasanta de la Estrella obtuvieron en secreto el bebedizo de don Torcuato para despachar a un arzobispo liberal, menudo jicarazo le dieron. Jicarazo viene de jícara, una vasija pequeña para beber, sobre todo chocolate. ¿Chocolate? Me voy a tomar uno bien espesito y con churros, que un día es un día y las calorías no cuentan. 

Porque, aprovechando que el río Vena pasa por mi barrio,  he de celebrar que tras un arduo recorrido por las  librerías en busca de "Rosa Fría, patinadora de la luna", aterrizo en la Casa de Cultura, la de San Lesmes, la que inauguró el popular ministro Wert. Y allí tecleo en el ordenador a ver si hay suerte. ¡Lo tienen! ¿Cómo es que no está en su correspondiente estantería? 



Extrañada, me dirijo al mostrador y expongo el problema, la bibliotecaria teclea, apunta un número en un misterioso papelillo que me entrega al mismo tiempo de indicarme que vaya al piso de arriba, que allí me lo darán. Pero, cielos, descubro que no llevo encima la tarjeta de lectura. Así que me resigno a recorrer la  distancia que separa mi casa de la biblioteca. Atravieso el puente del río Vena, la Confederación Hidrográfica del Duero me indica el caudal del citado río, entre otros datos de interés. 


Digresión fluvial. Río Vena

En unos minutos, estoy de vuelta con la tarjetita verde en la mano. Ahora sí, ahora me dirijo a la segunda planta, muestro el el papelillo de antes y la bibliotecaria correspondiente desaparece en busca del libro, guardado, al parecer,  donde el público no puede acceder, no sé el motivo, tal vez les falte espacio. Me entrega un ejemplar de Austral algo deteriorado y me anuncia que he de devolverlo el día 21, allí mismo. ¡Bien! Lo guardo en mi bolso y tomo el camino de la chocolatería. En tan dulce compañía , leo el primer cuento: "Rosa Fría, patinadora de la luna". Me siento como una niña, patino sobre la luna y , para reponer fuerzas, unas cucharaditas de chocolate vienen bien. 


Digresión chocolatera con churros tubulares.

Pero no está envenenado como el café con leche que envió al otro barrio a la esposa de don Torcuato, al cual atribuyen la idea de que todo el mundo tiene la idea de matar a alguien y de que siempre hay alguien que le quiere matar a uno. Hombre, matar matar, no; pero...siempre hay alguien que...En fin, qué os voy a contar. 

Bueno, el caso es que las muertes se multiplicaron en Castroforte: la esposa al amante, el padre al hijo con ganas de heredar, la octogenaria a los criados sospechosos, la señorita al novio latoso, el sereno a otro sereno una noche de luna.

De todo eso se acusó a Torcuato en Villasanta; aunque ya se sabe lo que podemos fiar de los documentos villasantinos, capaces de negarle la antigüedad al mismísimo cuerpo de Santa Lilaila de Éfeso. Pero don Torcuato siguió con el Sistema Tubular, qué culto fervoroso el suyo al Vaso Idóneo, y los tubos llegaban al sótano. 

Y yo sigo con el chocolate y los churros tubulares. No sé qué me han echado en la taza. A mi lado, está sentado un señor de aspecto decimonónico. Y oigo a la camarera que dice "las vueltas, don Torcuato". ¿Ha dicho Torcuato? Como escarpias, oiga. 

Pedro Ojeda escribió: María Ángeles Merino  había decidido leer a sorbos "La Saga/Fuga de J.B.". Lo he cumplido al pie de la letra.

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


sábado, 5 de abril de 2014

"...para godos solitarios"



"También, entonces, don Torcuato del Río, ante el desamparo en que los godos quedarían a causa de su campaña reivindicadora, inventó su famoso “Consolador a vela para godos solitarios”, que una compañía catalana estuvo a punto de adquirir y explotar; si no lo hizo fue porque aquel año apenas sopló el viento. El artilugio es ingenioso y complicado como puede verse en el diagrama publicado por La Tabla Redonda. Ofrece una eficaz sustitución del Vaso Idóneo, con la ventaja de recibir del viento, y no del antebrazo, la fuerza propulsada.”

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)


¡Qué mal quieren los celtas de Castroforte del Baralla a los "godos"!

Porque don Torcuato propone una alternativa al Vaso Idóneo:

"Un consolador a vela para godos solitarios"

El antebrazo no se les quedará de piedra, al menos.

¿Eficaz?

¿De dónde sacarán tanto viento?

¡Ay don Torcuato! 

¿O le llamamos don Joseíño?

¿O tal vez don Gonzaliño?

Porque Gonzalo Torrente Ballester coloca la realidad frente a un espejo de feria que a su vez está frente a otro espejo enfrente de otro y de otro...

Un abrazo para los que pasan por aquí.

De una lectora de "La Saga/Fuga de J.B." que ahora la lee en pequeñas dosis. Se aprecia mejor lo bien escrito que está. Me darán las uvas, eso sí. De varios años nuevos, sí. 

María Ángeles Merino

jueves, 3 de abril de 2014

¡Mía!



Digresión publicitaria y jabonosa. "olorosa a heno"

Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

“Y don Torcuato perdió así a su diaconisa, blanca a la vista, olorosa a heno, deliciosa de escuchar cuando cantaba, agridulce a los labios y suave a la mano estremecida que la exploraba, según comunicó a sus amigos, compungido, desolado por la pérdida. Y aquí se juntan los divergentes caminos, porque la perorata en cierto modo indignada y en cierto modo política de don Torcuato, puede resumirse en la frase, pronto convertida en lema, propaganda y cartel de desafío: “No podemos permitir que los godos nos roben nuestras hembras “, y el adjetivo posesivo estaba usado en un sentido más amplio y algo más enérgico que el usado por la legislación vigente.”

(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)

¡Mía!

¡Ahora sé de qué iba la historia de la criada!

¡Mía!

¡Ahora sé el porqué de la merienda de empanada y confites!

¡Mía!

¡Ahora comprendo la locura tubular! 

¡Mía!

¡Don Torcuato ha perdido a la diaconisa con que oficiaba el Culto al Vaso Idóneo!

¡Mía!

¡Me la han robado!

Compungido, desolado, desafiante.

¡Celtas todos! ¡No podemos permitir que los godos nos roben nuestras hembras! ¡Un director de circo!

Blanca, olorosa a hierba, de dulce cantar y hábiles manos.

¡Mía!

¡El posesivo más amplio y más enérgico!

¡Míaaaaaaa!

Ayer os dije que seguiría leyendo la saga/fuga pero que no comentaría. Y hoy sigo leyendo y se me ocurre la idea de redactar pequeñas entradas. Leo unas líneas más y ¡ahora comprendo! He de escribirlo. ¡Eureka!

Un abrazo para los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino

Nota: aunque me ponga a patinar en la luna, creo que escribiré microentradas como esta, en torno a la novela más densa que vieron los siglos del mundo.

miércoles, 2 de abril de 2014

"Las luces de las linternas perforaban la oscuridad...se perdían en infinitud de tinieblas..."

"Las luces de las linternas perforaban la oscuridad...se perdían en infinitud de tinieblas..."

¡Don Joseíño, don Joseíño! Existente o inexistente, me dirijo a usted para expresarle mis impresiones. Yo con mi linterna para perforar la oscuridad...o intentarlo al menos.


Digresión fotográfica y románica, estoy dentro de la ermita románica de San Fagún.

Pesco en un mar de palabras y ahora le atrapo,  a usted y al resto de caballeros de la nueva Tabla Redonda, linterna en mano, sumergidos en las tenebrosidades existenciales de aquel sótano, donde tantas horas pasó don Carmelo Taboada, que en la paz de las lampreas descanse, sin más compañía y desahogo que la doña Coralina de madera pintada. Llego en el momento en que recuperan tan importante  escultura, su reina Ginebra.


Pesco en un mar de palabras y preparo las cañas. Digresión fotográfica y  marítima.

Y, como usted es el erudito, le llueven preguntas. Que si doña Coralina fue contemporánea de Castelar, más o menos, que si cantaba en Madrid, y  usted que cantaba más en París y grandes capitales y  que rivalizaba en belleza y popularidad con la Emperatriz Eugenia. Y Belalúa que manifiesta no saber nada de esa "Eugenia". No se esfuerce, don Joseíño,  que las palabras solo interesan como tapaderas de sus “sicalípticas fantasías”. 


La Bella Otero, referente de Coralina Soto.

Van a lo que van, apostaría usted, bien apostado, que todos los reunidos allá abajo, incluido mi don Joseíño, a la vista de la churretosa escultura, aprovechan para desnudarla mentalmente. ¡Hala! Fuera vegetales interpuestos o sobrepuestos. Y a practicar “operaciones de dilatada duración, desde antiguo reputadas de placenteras, aunque amargamente dolorosas y frustradas cuando el cuerpo dorado de la imagen no pasa de fantasma”. 

¿No le da vergüenza, don Merlín? Nombre de gato dice Julia, esa sí es una buena chica, de carne y hueso, como la ansiada chuleta, la que iba a ser costeada con los honorarios que debería haber pagado la señorita Vieites, la que mostraba un pecho y luego otro, una fresca, por las clases de Gramática para las oposiciones al Magisterio Nacional. Mas, con la plaza en la mano, si te he visto no me acuerdo; y, aprovechando que el Mendo pasa por Castroforte, don Celso le despide de la Academia con un finiquito de insultos. 


Merlín, nombre de gato. Digresión fotográfica y gatuna.

No le regaño más. Volvamos a las "operaciones", un minuto y “siete suspiros de morfología varia pusieron fin a aquel silencio patético remate”. Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay. Me parece oír los siete variopintos suspiros de los siete rijosos caballeros artúricos.


Siete suspiros. Digresión fotográfica y pastelera.

 Usted que ha pasado tantas horas entre polvorientos papelotes, venga, cuénteles la verdadera historia de la Tabla Redonda, se la pide su público. Mire qué preocupados están por los cuernos que la reina Ginebra ha de colocar, "metafóricamente", sobre el rey Artús, el monárquico luso don Annibal. Y advierta qué ojos golosos cuando califica usted la solicitada historia como política y  pornográfica. ¿Pornográfica? Uy, qué gustito les da, cómo se entere don Acisclo, venga, escríbala ya, aunque sea para leerla en privado. 

Y la escribe, con la del "Palanganato" de propina. Leemos el título: "Disertación histórico crítica sobre la Tabla Redonda y el Palanganato, y sobre algunas personas y algunos hechos con ellos relacionados, por J.B.". 


¿Será este el "Palanganato"?

Me coloco la linterna y adentro. Cita usted al doctor Amoedo, el cual asegura que todo comenzó con la llegada de Argimiro el Efesio, pero usted desecha tan remota teoría porque ¿quién nos demuestra que dicho heleno aterrizara alguna vez en Castroforte y  se llamase así? Se podía llamar Teucro, como el de Pontevedra que pasó por Troya.




Las verdades como piedras pierden mucho en dos mil años, es mejor buscar una fuente documentada, como hizo Castiñeira, cronista más cauto que elige a Celso Emilio el Romano como punto de partida. Pero también queda muy lejos y los efectos de la niebla siguen siendo los mismos. Así que ni griegos ni romanos, ni Castiñeira.



"...y los efectos de la niebla siguen siendo los mismos..."

Y aterrizamos en don Torcuato del Río, notable personaje, del cual  vuestro padre don Gonzalo dijo: "Don Torcuato tiene también una referencia real muy concreta: Murguía". Manuel Murguía, autor de una "Historia de Galicia" y esposo de la gran poeta Rosalía de Castro, buen referente, no muy bien parado aquí.



Porque don Torcuato "se mostró siempre partidario de entender las cosas a partir de sí mismo".Lo cual, dice usted, tiene la ventaja de proporcionarnos fechas importantes y precisas porque todos los días de su vida fueron trascendentales, si exceptuamos el sarampión de niño y la gripe ya más mayorcito. Nadie hubiera sospechado la importancia de aquel recién nacido pequeñísimo pero tan dotado virilmente que su abuela dijo que iba para cura. 

A ver, algo importante de verdad. Eso es, don Torcuato proclamó en el balcón del Ayuntamiento el Cantón Federal e Independiente de Castroforte del Baralla. Y cuando pensaba que iba a seguir por ahí, va usted y me dice que se siente atraído por aquella fecha en que dio de merendar a sus amigos. El pretexto era la publicación reciente de la monumental "Historia de la rivalidad milenaria entre Castroforte del Baralla y Villasanta de la Estrella", con apéndice y todo. Venga, centrémonos en la historia castrofortina. Mil años de historia quedaban fuera de duda y esclarecido el misterio de las lampreas. Del Santo Cuerpo solo hablaba de paso; pero, dado el ateísmo del historiador, eso no extrañó a nadie.




"Cuando llegaron los de la trinca"...Castañeira, Baliño, Amoedo, Barallobre y el Vate Barrantes, esperaban encontrar los siete volúmenes de la obra encima de la mesa. Y lo que había era una monumental empanada, vino y confites. Don Joseíño déjese de meriendas y vaya al grano. Pues no, va usted y me cuenta que don Torcuato no se quitaba la chistera en casa y sus amigos tampoco. Que las capas y gabanes desaparecieron camino de las perchas entregados a un artefacto de la invención del anfitrión que, de golpe y porrazo, nos lo muestra usted como una mezcla de mago e inventor de extraños artilugios.


Era 1864 y había noticias frescas de Madrid, "donde la cosa no andaba del todo bien" a causa de los intelectuales y...de una criada que había venido a casa de los señores de Ruiz Armada procedente de Villanueva de Arosa. ¡No! ¡Lo de la criada no! ¡Historia! ¡Por favor!

Los invitados también esperaban que Torcuato sacara el libro, después de los confites. Pero para entonces se habían metido en disputas por si la criada era rubia o morena , si la criaturita que había traído consigo era de su marido que la había abandonado o era hijo de soltera. ¡Socorro! ¡Cotilleos no! ¡Estoy leyendo una disertación histórico-crítica! 

Menos mal que Baliño, más enterado, cierra la discusión: "No se hable más. El marido se fue a vivir con otra. lo sé de buena tinta". Todos quedan en silencio. Don Torcuato dice: bueno, bueno, bueno, bueno. Todos se estremecen, saben el significado de cuatro buenos, dichos con ese tono. Si eran solo tres, solo contaba su última aventura. Pero son cuatro y Barallobre guiña el ojo a Castiñeira, con el significado de "ahora nos va a sacar desnuda a la criada"

Pero no, se va don Torcuato y vuelve con una bolsa de arpillera de las que saca unos tubos. Algo excepcional  e inesperado, no hay guiños sino temblores. Todos se acuerdan del veneno del que se había hablado un año antes. ¿Ahora veneno? ¿Después de lo de la criada y los tubos? Y Amoedo que piensa en eructos de lamprea. Y Castiñeira en que no ha hecho testamento y sus sobrinos se matarán por la herencia. 



¿Que me espere dice? Bueno, a ver qué hace don Torcuato con los tubos. Los coloca en la repisa de la chimenea, sobre un soporte de madera. Carraspea y anuncia que hoy es un día especial, no por el libro que acaba de publicar sino por la inauguración del "Homenaje Tubular al Sistema Métrico".

Digresión pedagógica: el homenaje más tubular que he encontrado para el Sistema Métrico. Exposición IES "Diego Porcelos".


Y también "Fantasía Matemática de Tuberías Proliferantes y Polimorfas". Porque la gloria, la de don Torcuato, no le vendría, cree él, por sus trabajos de historiador, ni por sus invenciones mecánicas, ni por sus venenos indetectables, no.  ¿Venenos? ¡Ahora comprendo lo de los temblores! La fama le vendrá de la mano del Homenaje Tubular y de la "Proclamación Federal e Independiente del Cantón de Castroforte del Baralla", acontecimientos relacionados, él sabrá cuál es el nexo de unión. Aunque...¿quién pide nexos en "La Saga/Fuga de J.B.?

Ahora nos asegura usted que, durante muchos años, lo que se enseñaba a los forasteros era el Corpo Santo y el Homenaje Tubular. Y que se conservaba visible cuando Unamuno visitó Castroforte, a principios del XX. Al parecer, don Miguel quedó perplejo ante el tejado erizado de tubos, ante las ventanas que arrojaban tubos, ante los tubos que asomaban por las tapias del jardín ¡Menuda invasión tubular! El viento arrancaba música a los orificios y el escritor visitante no pudo menos de sorprenderse y comentar lo extraña que debía ser la mente autora de aquello. El peine de los vientos, un precursor de Chillida. ¿Que quién es ese?  Ya le contaré a usted. Y, lo que me faltaba por oír, que Unamuno se inspiró en los tubos para su ensayo "La locura del doctor Montarco".  No desvaríe, don Pepeíño.





Me voy de nuevo con don Torcuato que os explica todos los detalles de su invento: un tubo de zinc de un metro, perforado por diez agujeros, el Tubomadre, los tubos hijos , un tubo y otro y otro, ya apuntan al cielo, qué locura, qué maravilla. ¿Qué fue del Homenaje Tubular? Diz que desapareció en la guerra civil, los tubos fueron fundidos en señal de patriotismo. Y usted, don José, asegura que posee la clave del número de tubos...




Los tubos le llevan a la guerra y la guerra a sus años de presidio, y al hambre. Y al color plomo de las aguas del mar, junto al lazareto don Simón, desde donde contemplaba los atardeceres más hermosos de su vida, con un poco de rosa, muy bellos, mas sin esperanza, sin saber si le iban a indultar o acogotar al día siguiente. ¡Y vos sin más consuelo que los atardeceres! 




Y vuelta a los tubos de don Torcuato, venga a añadir tubos que tardaron, los muy ladinos, en asomar por las ventanas. Por fin, confesará la  intención política y filosófica. Porque el primer tubo que asoma lo hace para inmortalizar la alegría por la independencia política de Castroforte, estaba calculado. ¡Aterrizamos! ¡Viva el Cantón! ¡Por fin unos gramitos de Historia!

Un arte nuevo, una Teocosmogonía, el número de mujeres burladas por don Juan, basta. Me rindo, ni un tubo más. Creo que van a asomar por mi cabeza. Y no hay nada que celebrar, que yo sepa. 

Voy a ver si pillo la cosmogonía de los de la Tabla. "En el principio fue la Nada. La Nada será en el fin. Nada sería también el intermedio si la Nada no se hubiera doblado sobre sí misma, engendrando, así, el fulgurante protoátomo del que surgieron los Dioses". Un comienzo científico y poético. Y adecuado a las especulaciones religiosas en que se funda el culto al Vaso Idóneo. Porque todos los de la Tabla Redonda participaron en dicho culto, lo dejó escrito el Vate Barrantes. 


Culto al Vaso Idóneo

"Todo fue el Coito de la Mitad Macho de la Nada con la Mitad Hembra". Ya veo en qué consiste el culto al Vaso idóneo, Vas naturale o vagina. Leo: "Entonces queda claro y sin vuelta de hoja que la causa que andamos buscando hay que encontrarla...en el instante mismo en que Lilaila Souto Colmeio, moza de Gunderiz en el alfoz de Castroforte...fue violada por un vecino suyo, de mal nombre O Coneiras".

Y, al llegar aquí, la documentación proporciona dos versiones que conducen al mismo fin: que Lilaila, con dieciséis años, desapareció "semirraptada o cosa semejante", por el director de un circo que actuaba en Castroforte por aquellos días. 

Hasta aquí le acompaño, don Joseíño, en su disertación histórico crítica. Le seguiré, leeré el resto de la novela muy despacio, como aconseja Pedro Ojeda, aunque no haya comentarios escritos. A partir de ahora, podré decir que leí y comenté "La Saga/Fuga de J.B. " desde la página 75 a la 172, no es poca cosa, que no he visto libro más denso en mi vida. 

Porque en abril toca patinar en la luna. 

Un abrazo para los que habéis llegado hasta aquí de:

María Ángeles Merino


miércoles, 26 de marzo de 2014

"La Saga/Fuga de J.B.": la metamorfosis de José Bastida en rubio y apuesto caballero celta.



Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

¡Don Joseíño, don Joseíño, que no fueron las clases particulares!

¡Don Joseíño, don Joseíño, que las fuerzas vivas de su ciudad no podían permitir la instalación en Castroforte de otra Tabla Redonda, de infame memoria!

¡Don Pepiño, don Pepito, que no fueron las clases a la descocada Vieites! ¡ Ni siquiera el taladro de don Taladriz! ¡Que detrás de todo se agazapaba don Acisclo y compañía! Que con la Iglesia topamos siempre…y con los que llevan mandando desde los tiempos de Recesvinto.. ¿Qué le voy a contar a usted de "godos"? 

Iglesia visigoda de San Juan de Baños (Palencia)

Que no me cabe ya la menor duda; que el autor de sus días, don GTB, le llevó a nacer en unas páginas diferentes a las de la novela en uso. Porque aquí el lector se relaja, piensa que ha atrapado el hilo del relato, se confía y, a las pocas líneas, zas, la historia grande desemboca en otras medianas y más chicas. Y fluye un río de personajes y personajillos. Y, como es un lector paciente, de lo contrario el libro descansaría en el suelo o, con suerte, en el primer hueco libre de la estantería, no pierde la esperanza de volver al hilo conductor. Pues no, esquinazo y a otra. Páginas y más páginas. ¡Un zigzag como el de la sorprendente columna románica que conocí hace pocos días! ¿Por qué un columna así? ¿Por qué una novela así? 

Columna románica en zigzag, Moradillo de Sedano.

Vuelvo a la novela, a las páginas en las que le encontramos a usted, José Bastida, inmerso, casi asfixiado, yo también, en el ambiente de unos estrafalarios personajes castrofortinos  que, como medio de oposición a las reaccionarias fuerzas "godas", deciden restaurar una antigua tertulia de café llamada La Tabla Redonda, cuyos  miembros adoptaban los nombres de la leyenda artúrica: el rey Artús, Merlín, Lanzarote, Bohor, Galaor...Y no podía faltar la reina Ginebra, encarnada en el busto de madera de la bailarina Coralina Soto, para presidír las reuniones.

El periodista don Parapouco Belalúa, el portugués monárquico y emigrado político don Annibal Mario Mac Donald Pinto etc etc, don Perfecto Reboiras  dueño de la botica y del loro orador, don Arsenio Peleteiro especialista en bastardos, el dueño del café don Emiliano alias Pito Bebendo por su gesto de echar para atrás la cabeza y usted, mi apreciado don Joseíño Bastida. Son los nuevos caballeros de La Tabla Redonda.


Los cuales tienen a bien  recordar el fin de sus inmediatos predecesores en torno a tan famosa mesa. Fueron condenados a muerte, ahogados, bueno...todos no. Nombran a un J.B, Jacinto Barallobre, atención, que también salvó la vida. Y a un Carmelo Taboada que  fue escondido en el sótano por Pito Bebendo que, ahora, al oír su nombre, suda copiosamente y confiesa. Lo ocultó un tiempo, salvó la vida pero "murió del berrenchín al enterarse de la toma de Barcelona", tiró su cadáver al río Mendo, se lo comerían las lampreas y  os advierte de la imposibilidad de devolveros el cadáver, son muy tragones esos bichos. Y vampiros de río.


Belalúa te ha hecho escribir un suelto para el Diario, explicando lo que la Tabla Redonda había hecho por el pueblo, para que la gente fuera enterándose. Y se van a enterar, ya lo verás. 

Una vez redactado el artículo, allá os fuisteis al Café. Todos se sentían componentes de pleno derecho , con la excepción de usted, don Joseíño, tan apocado. De dos en dos, bajo los soportales de la Plaza, como "silenciosos conspiradores románticos", si no fuera porque hablaban en voz alta, como buenos españoles. Y porque Don Annibal engolaba la voz, muy en su papel de rey Artús. ¡Valiente corte artúrica!



En el Café, vais derechitos a la mesa oval del rincón, la más grande, brillante y gastada. Os instaláis y tomáis café, don Annibal en el lugar presidencial. Preguntáis por el busto de Coralina, don Pito debe saberlo. Dice que lo retiraron cuando la guerra, como era tan sicalíptico, aclara...¡Curiosa palabra para decir erótico o sexualmente malicioso! Sicalíptico, lo apunto.

Peleteiro señala el puesto donde usted se sienta y lo identifica como el de Bohor. Y se obra el milagro, desaparece el cuerpo anémico y el traje raído. Vos crecéis, se os endurecen los músculos y asoma la rubia melena del celta. Unas hermosas doncellas os colocan el manto de púrpura y aljófar,  tal vez esta noche pierdan su doncellez gracias a vuestra intervención, pensáis. ¡Iluso!

¡Soñáis don Joseíño! Me parece que habréis de conformaros con la posibilidad de que Julia olvide al seminarista o tal vez Bárbara, la profesora de Latín, se fije en usted, difícil pero más fácil que metamorfosearse en caballero celta. "Ande don Joseíño, coma, que está usted muy delgado", bella frase de amor es esta de Julia, sin duda.  Y usted podrá contestar con aquel soneto que comienza: "Volgá panora bi colmán tan daire". No se entiende pero los acentos lo expresan todo. ¿Qué es la poesía sino música?


Por fin, don Emiliano os conduce al sótano del café y os muestra el busto de madera policromada de doña Coralina Soto, con un pezón escorado. Fue la compañía de un solitario y escondido don Carmelo, así está ella  de churretosa, qué guarrería. Ya tenéis vuestra reina Ginebra, muda y complaciente. Es preciso asearla un poquiño.

Belalúa inventa un procedimiento democrático para cubrir los cargos .Una lista de notables en la que figuréis los seis y un montón de caballeros de derechas "reclutados con el propósito de engañar a la autoridad constituida y desechar toda sospecha de que la Tabla pudiera conservar el color político de antaño". Se vota a través de unos cupones publicados en el periódico. Al principio, los de derechas son mayoría, pero poco a poco vuestros nombres acaban en franca mayoría. Algo de trampa hacéis...

Y entonces es cuando el ecelesiástico don Acisclo,  se presenta en el despacho del Poncio, autoridad civil. Con el poder que le dan los hábitos, arma un pitote que se resume en el recuerdo de los antiguos componentes de la Mesa Redonda. Sí, eran todos masones y muertos de "muerte involuntaria". Y que los nuevos no son precisamente como los Caballeros de Adoración Nocturna sino más bien ateos y librepensadores.



Don Acisclo trona en la iglesia contra la filtración del ateísmo y la anti España, camuflada bajo la forma de inocente tertulia de buenos ciudadanos. Los de derechas retiran sus candidaturas. Qué casualidad, coincide el jaleo con las oposiciones de Magisterio. La señorita Vieites aprueba y se va sin pagarle sus honorarios, adiós a las mil quinientas pesetas. Y al chuletón antianémico.

Don Celso Taladriz os llama a su despacho, saca a relucir vuestro pasado de "extremista peligroso", proclamando que  la Tabla Redonda pretendía hacer saltar los fundamentos de la Religión y la Patria, así con mayúsculas. Os insulta: perro, sabandija, babosa, tití, serpiente de Lucifer...Y que, al dar clases particulares sin permiso, habéis contravenido las reglas de la Academia y quedáis despedido. Un pretexto. A la calle, con cincuenta y siete pesetas en el bolsillo.



En la rúa, el de la camisería le llama a usted cerdo, el de la joyería asqueroso, el de tejidos bicho, el de vinos y comidas tío mierda. Muy fina la gente de orden cuando insulta. Se mete usted en el Café, allí don Emiliano y el camarero no le insultarán, piensa. Pero le espera Monsieur Bastide con sus sintagmas y su risita burlona. Se sienta y se pone a escribir poemas, pobre don Joseíño. Ni siquiera sus amigos imaginarios están a la altura de las circunstancias.

En el Café le dejo, de momento. No, no era por las clases particulares. Ya ve usted. Linchamiento ideológico.

Un abrazo a los que habéis tenido la paciencia de llegar aquí:

María Ángeles Merino

miércoles, 19 de marzo de 2014

"La Saga/Fuga de JB": de la estatua del almirante a la biblioteca y desde allí al perfume de los brazos de Julia.


Cerca de Cervantes, se alza un arco románico, arrancado un día de las orillas del Tirón para sufrir deterioro junto al Arlanzón, on on. Platanos, chopos, tejos, castaños de Indias, prunos florecidos y  carteles botánicos pintarrajeados. Es mi paseo habitual por el parque de la Isla. A veces, ando y leo, como un cura de antes con su breviario, salvando el riesgo de tropezar con los escasos paseantes, qué hace esta mujer, por dónde va. Todo se pega, don Joseíño, y felicidades en el día de su onomástica.



Avanzo muy poco en la lectura de este libro. Leo en “La saga/fuga de J.B.”, a partir de la disparatada sesión espiritista que Bastida tiene a bien protagonizar para no morir de hambre y disponer de un techo abuhardillado y húmedo. El nazi hablando en latín escolar de Cicerón me pintó una sonrisa. De vez en cuando he de hacer un alto porque me pierdo entre tanta digresión. 

Ahora el libro descansa junto al monumento a Cervantes, un buen lugar para las palabras de Gonzalo Torrente Ballester, un autor que se sentiría muy a gusto reencarnado en Miguel de Cervantes, si fuera posible la reencarnación regresiva. Al menos, así lo manifestó un día ante las cámaras de la televisión, lo podéis comprobar en esta selección de entrevistas en TVE que os aconsejo para acercarnos al escritor y al ser humano. Imprescindibles.


Bueno, don Gonzalo, don Miguel nos ofrecía con más orden sus geniales digresiones. Porque esto es de locos, mucho más que don Quijote, va usted a parar. No dudo que sus motivos tendría para ofrecernos un libro con tamaña estructura y si el censor se despista...miel sobre hojuelas. Usted mismo se extrañó del éxito de esta novela por ser difícil y "la más intelectual" de sus novelas. 


Y a don José Bastida, autor narrador y paupérrimo profesor cesante de Gramática, lo retomo en la 122 de Castalia, cuando el periodista que él bautiza como Parapouco Belalúa, Pepe Rey, le pide ayuda, dados sus conocimientos del pasado local, para la confección de un artículo contra la "polacada", la decisión del alcalde de retirar, de la plaza de los magnolios, la estatua del almirante Ballantyne ; héroe local, con nombre de güisqui. que yo también me concedo el derecho a la digresión.


Veamos la difícil singladura lectora. Belalúa le plantea la cuestión de la estatua, sus problemas  con la censura y sus vericuetos para sortearla, necesita algo referente a la vida del Almirante Ballantyne que Bastida seguramente conocerá, dada su capacidad de bucear entre viejos papelotes. Solicita su ayuda. Pues no, porque a partir de la Restauración, la de Cánovas, en los archivos hay muy poco y en la colección del periódico castrofortino, bien papeleteada, no mucho más. Llegamos a un momento estrella:

“Entonces, no sabrá lo que pasa con la ciudad”. “Lo que pasó, lo conozco, más o menos. Lo que pasa, desde luego, no.”

Acércate, Bastida, porque Parapouco tiene una teoría y te la va a explicar, eres la primera persona a quien se la cuenta, la condición es que la olvides inmediatamente, dada tu condición de “persona sospechosa” . ¿Sospechoso? ¿La Policía dixit? Le replicas que te llevas tan bien con ella que el Comisario te saluda con un  “¿Pero, hombre, Bastida, ¿de dónde habrán sacado en Madrid que es usted peligroso?”. 

La teoría de Parapouco es que, aunque Castroforte sea la quinta provincia gallega, desde la época de la Restauración de Cánovas del Castillo se mantiene en secreto su existencia. En la carretera no hay rótulos que digan: “A Castroforte del  Baralla”. Y , aunque la ciudad tenga oficinas con sus funcionarios y banqueros, resulta que todos son policias encubiertos, desde el bedel al director. Lo pudo comprobar cuando acudió a congresos de periodistas y sus credenciales figuraban extendidas a nombre de "La Voz de Monforte de Lemos", periódico inexistente.

Y resulta que el periódico de Castroforte, decano de la prensa de Galicia, tampoco existe; aunque  hayas estudiado uno a uno todos los números de la colección que se guardan en la biblioteca. Que ya el portero te habla como si fueras de la familia.¿Que quién soy yo que tiene el atrevimiento de tutearte?

 Soy una lectora de vuestra crónica, saga en forma de fuga musical, así que no me han de extrañar las diferentes voces. Por cierto, que es la primera vez que leo una obra literaria en cuyo título aparezca la raya inclinada: "La Saga/Fuga...". Si alguno conoce otra, que levante el dedo. Perdone la confianza que nace de haber tomado algún té o algún café en su compañía, de papel pero compañía. 



Y hablando de la biblioteca, se le aparecen allí  sus interlocutores habituales, sus amigos imaginarios. Ay, una buena chuleta y se disiparían las visiones. Es allí donde Bastide, Bastid, Bastidoff y Bastideira se portan mal por primera vez y ha de regañarles, no vaya a ser  que den en irrespetuosos como los niños del colegio. Porque dos de ellos se funden en una extraña metamorfosis, de manera que los ojos del ruso se colocan en las órbitas oculares del francés y el portugués adopta la voz del ruso, off, off en lugar de eira eira.  Don Joseíño, debe usted comer más, que la debilidad le juega estas malas pasadas. 

Sigo. Volvemos a la inexistencia oficial de Castroforte. Belalúa te pregunta si te sorprende. Le contestas que sorprende y da miedo, pero "la vida sigue" y "hay que trabajar". El periodista desea tomar precauciones antes de enviar su artículo a la censura, incluso antes de escribirlo. Por eso te consulta. 

Según sus conocimientos, el almirante Ballantyne era un marino inglés que defendió la ciudad frente a las tropas de Napoléon. Asombrado de su ignorancia histórica , le corregís: Ballantyne era un irlandés al servicio de Napoleón. ¡No puede ser! Don Parapouco está escandalizado, si los funcionarios "godos" se enteran no sólo lo retiran, ¡lo mandan fundir! ¡El almirante un afrancesado, ni hablar! Y lo de la estatua no es lo peor, el alcalde acaricia la idea de demoler la ciudad vieja para construir edificios de apartamentos. Y que si la Colegiata está declarada Monumento Nacional y los de la Tabla Redonda...me pierdo.

Para consolar al cuitado periodista, vos, Bastida, le dais una buena idea para  artículo tan importante. "¿No sabe usted que don Miguel de Unamuno estuvo en la ciudad  a principio de siglo?". A Belalúa le resplandece la mirada cuando añades que Unamuno la incluye en sus libros de viajes y que dio una entrevista  a "La Voz de Castroforte". Te pide que se la busques; mas, de repente, le entran dudas. Porque los frailes y los curas la suelen tomar con Unamuno, no muy clerical. Ventila sus temores, es su tabla de salvación, búscasela Bastida. 


"Andanzas y visiones españolas", Miguel de Unamuno.

La encuentras pero, al final, el secretario sugiere que es mejor atribuirla a don Ramiro de Maeztu, "persona de reputación más intachable". Y el artículo sale con la atribución a Maeztu de las palabras de Unamuno, estupendo. Redactado con gran dificultad, inflado de coba y frases grandilocuentes; lo cual no impide que al barrigudo alcalde Irureta , un picajoso testarudo, le siente fatal. Y..."o poco he de poder, o les dejaré sin estatua", que se chinchen

Y sigue un loro, y las chicas del Pasaje de la Violada que se inyectan Salvarsán y la Marcha Turca de Mozart, y los de "La Tabla Redonda" y doña Coralina. Me rindo. Así es la saga/fuga. El censor debió sacar la bandera blanca a estas alturas. Ya sabemos lo que dejó escrito, pobre.

Me pongo seria y proclamo: ¿Cómo que Castroforte del Baralla no existe? ¿No es todo esto un guiño irónico  a la manipulación de la Historia y de la Literatura de la España franquista que el escritor conoció tan de primera mano? 

Vuelvo al momento en que vas a buscar la entrevista a la biblioteca. La biblioteca huele a tinta de imprenta, te gusta mucho pero no tanto como el pachulí con que Julia se perfuma los sábados cuando espera a su novio seminarista, "una fragancia suave y delicada que parecía desprenderse de su piel como propia emanación". Lo descubriste aquel día en que Julia advirtió que te crecían pelitos como maleza en la punta de tu nariz. Fue a buscar unas pinzas, te dolió un poquito, ella confiaba en dejarte más guapo. Empezó a dar tironcitos y te dejó las narices mondas pero "sembradas de orificios grandes como esos conos que abre la artillería en los sembrados". Mereció la pena porque: "estaba tan cerca de mí que nada mas sentir el primer dolor me llegó el perfume de sus brazos, tan atractivo". 



De la biblioteca al olor a tinta, de la tinta al pachulí, del pachulí a la piel de Julia, de la piel a los pelitos de la nariz, de la nariz a las pinzas, de las pinzas al dolor de los tironcitos, del dolor al perfume de sus brazos y ...el amor, poco pero amor. Así es este libro. A ver por dónde sigo. Voy a la caza de momentos de sonrisa cómplice que me compensen el tiempo en que me siento como Pulgarcito buscando las miguitas de pan. 



Un abrazo para los que habéis tenido la paciencia de acompañarme hasta aquí. 

María Ángeles Merino

miércoles, 12 de marzo de 2014

Bastida, Bastide, Bastid, Bastidoff y Bastideira. Las cinco personalidades de don Joseíño.


Voy saliendo de la niebla

Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

En mi última entrada, la primera en torno a “La saga/fuga de Torrente Ballester”, manifestaba mi desamparo ante la nueva aventura lectora. Solicitaba el auxilio de los "veciños"  y de nuestro ínclito profesor. Incluso debí contagiarme del ambiente mágico reinante en el enloquecido Castroforte del Baralla, ya que imploré a Santa Lilaila. No podía con la empanada...tanta gente vociferante, tamaña masa de lamprea y cuerpos santos incorruptos. Todo en medio de la niebla y la incipiente luz del amanecer.



Allí ya me hacía cruces ante la marítima y milagrera balada apócrifa que me esperaba  y la perspectiva de seguir, a partir del primer capítulo, la senda manuscrita y monologada de José Bastida, profesor de Gramática pobre, hambriento y represaliado. Y visionario, añado ahora, y espiritista por necesidad, pobre hombre.

Al parecer, siguiendo la introducción de Becerra y Gil, tras un largo proceso de gestación de la obra, con una primera versión quemada en la chimenea, Torrente Ballester decidió que la saga fuga no podía contarla él sino que  necesitaba otro narrador y el único posible era José Bastida, “a pesar de todos los inconvenientes”. Acabáramos.



Y  el paupérrimo personaje será el autor narrador de una crónica que se remonta a  la Edad Media, “en forma de saga y vehiculada en el paralelismo de diferentes épocas”. Porque, al parecer, siempre va a haber un J.B protagonista y defensor de la ciudad frente a uno o varios antagonistas que pretenden someterla. Todo invención del cronista. ¿O no? El autor dice sospecharlo así.






La balada irónica y oceánica que precede al primer capítulo nos conduce, a través de las olas y las exhortaciones, al momento en que el marinero Jacinto Barallobre, JB, “una noche, hace ya mucho tiempo”, en medio de la mar "Tenebrosa", se ofrece a recuperar el Corpo Santo de una mujer muerta que viaja en su urna de cristal, en una barca iluminada por luz sobrenatural. La épica composición presenta más anacronismos que una película de romanos con reloj; no puede ser sino apócrifa y suponemos, más adelante, que obra del cronista Bastida. 


Balada del Santo Cuerpo Iluminado, el "Os Luisiadas" de Castroforte del Baralla.

Se nos pinta una sonrisa cuando el narrador alterna el tono grandilocuente con el cutre y coloquial, como en el chusco acuerdo del primer JB con el Señor Obispo: podrá llevarse el "corpo", será para sus hijos y nietos, pero "el puñetero gallego desconfiado" habrá de retejar cada vez que llueva y haya goteras en la iglesia donde instale a la santa.  Que volverá a la mitra, la del obispo, si no se cumple así. Entre olas y guiños a la leyenda del Apostol Santiago, tan verdadera como la de Santa Lilaila, pasamos al primer capítulo, que ya era hora.




José Bastida habla en primera persona: "Evidentemente yo hubiera podido escoger...". Profesor de Gramática, feo, pobre, hambriento soñador de chuletas jugosas y solitario...considera imposible hablar con alguien que no sea con Julia y con esta..."como plato de segunda mesa". Como no puede hablar con casi nadie, lo hace con nosotros.

Al principio, daba clases en un colegio de Castroforte, donde sufría las burlas de los alumnos y sentía vivos  deseos de acogotar al director don Celso. Y lo hubiera hecho de seguir el consejo del anarquista Bastidoff, una de sus imaginarias compañías. Don Celso lo despedirá por impartir clases particulares sin permiso y sin compartir honorarios, a quién se le ocurre. Se las daba a la señorita Vieites que preparaba oposiciones de magisterio y no distinguía las causales de las consecutivas.  El aula era la habitación de la opositora, en la misma pensión del "Espiritista", aquella en que vivía Bastida. Las mil quinientas pesetas que la alumna iba a abonarle le servirían para comer una chuleta sangrante y restaurar sus fuerzas decaídas. 



Julia, la hija del dueño de la pensión, la única persona real con quien puede hablar, ya le advirtió que la Vieites era una lagarta y que le cobrase por adelantado. Pero don Joseíño no se atrevía a molestar a una "chica de dinero". La adinerada aprobó y si te he visto no me acuerdo. Ni dinero ni chuleta. 


Tenía razón Julia: lagarta lagartísima que, entre las causales y las consecutivas, va y le muestra un pecho y luego otro, ante los atónitos ojos del treintañero que jamás había visto pecho femenino alguno. Nunca se había sentido tan humillado...En compensación, Julia le quiere un poquito, aunque tenga un novio seminarista que la visita los fines de semana. En secreto, le entrega algunos suplementos alimenticios; es una chica realista y de buen corazón, además de guapa. 
La solución económica viene de la mano del "Espiritista", el dueño de la pensión. Con otros siete vecinos ha creado el "Círculo Espiritista y Teosófico del Baralla". Piensa que el desgraciado profesor posee cualidades de medium y le contrata como tal. A cambio, le da cama y comida, la mínima para que no muera de hambre. Espera que Bastida le ponga en contacto con el nazi Goebbels, para que le confirme que Hitler no ha muerto. 



Como no tiene trabajo, Bastida se dedica a buscar documentos relacionados con Castroforte, en los archivos de la ciudad. De ahí va a salir su crónica redactada con mucho tesón,  a pesar de no ser castrofortino.
Don Joseíño habla con cuatro amigos imaginarios: el francés M. Joseph Bastide, el inglés Mr John Bastid, el ruso Bastidoff y el portugués José Barbosa Bastideira. Cada uno tiene su personalidad pero todos son ficticios. Y todos esos desdoblamientos van a colaborar en el tejido de la mejor crónica fantástica para una ciudad fantástica.

Seguiremos con la saga/fuga. El escritor no nos lo ha puesto fácil, pero confiamos en ir entrando. ¿O no? 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino