Digresión químico pedagógica. Exposición IES "Diego Porcelos".
Comentario en torno a la novela "La saga/fuga de J.B.", de Gonzalo Torrente Ballester. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.
"Tampoco eran deleznables sus saberes de química, y corría la voz de que en el sótano de su casa escondía un laboratorio clandestino en el que obtenía sutiles e indetectables venenos: como que, cuando los de Villasanta de la Estrella dieron jicarazo a un arzobispo liberal, despacharon a Castroforte una comisión secreta para que obtuviera de don Torcuato el bebedizo…Esto fue...después de haberse corrido la fama de que la mujer de don Torcuato había sido enviada al otro mundo mediante una sencilla taza de café con leche. Los que suponen que la fortuna de don Torcuato procedió de la industria clandestina de venenos...le atribuyen la idea de que todo el mundo tiene ganas de matar a alguien y de que siempre hay alguien que le quiere matar a uno, lo cual, comercialmente explotado, puede producir en un período de tiempo relativamente corto un número de muertes cuyo cálculo resulta en apariencia arduo...doña Mercedes Fandiño mató a su amante para, sobre su cuerpo muerto, reconciliarse con su marido; don Armando Valeiras se deshizo limpiamente de su hijo con el mismo veneno que éste tenía preparado para enviarle al otro mundo y heredarle; la octogenaria Micaela Vizoso, ya que sus fieles criados Fermin y Pepa no la precedían en el uso de la muerte, forzó el Destino y les pagó un entierro de primera; la señorita Piluca Cerdido...dio el pasaporte definitivo a su novio Carlitos porque la quería demasiado y era una lata; el sereno nocturno Celedonio Dacuña Prego envió al otro barrio a su colega Cresconio Dapena Dorrego...porque había luna aquella noche y Cresconio no se había dado cuenta, Celedonio le invitó a un carajillo y..."
(Extraído de “La Saga/Fuga de J.B.”, Gonzalo Torrente Ballester, Clásicos Castalia, 2010)
Mis saberes de química sí son deleznables, se sitúan a nivel de crucigramas y se basan en aquellos rudimentos de la tabla periódica que me enseñó en el "Mendoza" cierta profesora cuya esquela pude leer recientemente en el "Diario de Burgos", últimamente tropiezo con las esquelas de mis viejos profesores; era la Física-Química elemental que cursé nada más comenzar los setenta, cuando el dictador no había padecido ni siquiera la flebitis. Y don Torcuato, no, don Torcuato no tenía flebitis, solo padecía de rijosidad, enfermedad que el Generalísimo no padeció en su vida, que lo suyo, lo de don Torcuato, eran los venenos, los cuales obtenía auxiliado por sus nada deleznables saberes de Química. De los saberes de Química de don Francisco no sabemos nada, ni falta que hace.
Los de Villasanta de la Estrella obtuvieron en secreto el bebedizo de don Torcuato para despachar a un arzobispo liberal, menudo jicarazo le dieron. Jicarazo viene de jícara, una vasija pequeña para beber, sobre todo chocolate. ¿Chocolate? Me voy a tomar uno bien espesito y con churros, que un día es un día y las calorías no cuentan.
Porque, aprovechando que el río Vena pasa por mi barrio, he de celebrar que tras un arduo recorrido por las librerías en busca de "Rosa Fría, patinadora de la luna", aterrizo en la Casa de Cultura, la de San Lesmes, la que inauguró el popular ministro Wert. Y allí tecleo en el ordenador a ver si hay suerte. ¡Lo tienen! ¿Cómo es que no está en su correspondiente estantería?
Digresión bibliotecaria. Biblioteca de Burgos el día de su inauguración
Extrañada, me dirijo al mostrador y expongo el problema, la bibliotecaria teclea, apunta un número en un misterioso papelillo que me entrega al mismo tiempo de indicarme que vaya al piso de arriba, que allí me lo darán. Pero, cielos, descubro que no llevo encima la tarjeta de lectura. Así que me resigno a recorrer la distancia que separa mi casa de la biblioteca. Atravieso el puente del río Vena, la Confederación Hidrográfica del Duero me indica el caudal del citado río, entre otros datos de interés.
Digresión fluvial. Río Vena
En unos minutos, estoy de vuelta con la tarjetita verde en la mano. Ahora sí, ahora me dirijo a la segunda planta, muestro el el papelillo de antes y la bibliotecaria correspondiente desaparece en busca del libro, guardado, al parecer, donde el público no puede acceder, no sé el motivo, tal vez les falte espacio. Me entrega un ejemplar de Austral algo deteriorado y me anuncia que he de devolverlo el día 21, allí mismo. ¡Bien! Lo guardo en mi bolso y tomo el camino de la chocolatería. En tan dulce compañía , leo el primer cuento: "Rosa Fría, patinadora de la luna". Me siento como una niña, patino sobre la luna y , para reponer fuerzas, unas cucharaditas de chocolate vienen bien.
Digresión chocolatera con churros tubulares.
Bueno, el caso es que las muertes se multiplicaron en Castroforte: la esposa al amante, el padre al hijo con ganas de heredar, la octogenaria a los criados sospechosos, la señorita al novio latoso, el sereno a otro sereno una noche de luna.
De todo eso se acusó a Torcuato en Villasanta; aunque ya se sabe lo que podemos fiar de los documentos villasantinos, capaces de negarle la antigüedad al mismísimo cuerpo de Santa Lilaila de Éfeso. Pero don Torcuato siguió con el Sistema Tubular, qué culto fervoroso el suyo al Vaso Idóneo, y los tubos llegaban al sótano.
Y yo sigo con el chocolate y los churros tubulares. No sé qué me han echado en la taza. A mi lado, está sentado un señor de aspecto decimonónico. Y oigo a la camarera que dice "las vueltas, don Torcuato". ¿Ha dicho Torcuato? Como escarpias, oiga.
Pedro Ojeda escribió: María Ángeles Merino había decidido leer a sorbos "La Saga/Fuga de J.B.". Lo he cumplido al pie de la letra.
Un abrazo para los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
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